Pocos aspectos de la vida contemporánea son tan controvertidos como la familia. Con frecuencia, se
admite que la institución familiar gozaba de una situación de profunda estabilidad hasta los años
sesenta, mientras que después, en un período muy breve, la familia llegó a una situación de crisis de
la institución matrimonial, de la natalidad e incluso del conjunto de relaciones familiares. Tras casi
veinte años de estudios sobre el tema, la supuesta "crisis" de la familia cada vez es menos admitida
por los estudios sociológicos o antropológicos, pero sigue hablándose de una "nueva" familia que rompió
los esquemas de las familias de los cincuenta y sesenta. En este panorama, la idea de la familia
"incierta" que preconizaba Roussel en su conocido libro con ese título (1989) sigue vigente no sólo en
los estudios, sino incluso en la forma en que muchos se expresan sobre las familias. Se insiste en que
hemos pasado de un modelo hegemónico familiar a una diversidad de modelos y de formas familiares, de
entre los cuales los estudios prefieren toda una serie de casos que se engloban bajo la etiqueta de
"nuevas familias", las cuales aparentan tener problemas de definición teórica y cultural. Parejas
cohabitantes, familias reconstituidas, parejas homosexuales y monoparentales son los casos más citados
que parecen caracterizar este universo de relaciones familiares. Se ha hablado, incluso, de la familia
posmoderna, caracterizada por su perfil de incertidumbre, de inseguridad, de duda, no tanto como el
modelo familiar que substituiría la moderna familia conyugal, sino como un estadio en el que se rompe
la progresión de la evolución de la familia y esta institución se enfrenta a un incierto
futuro(Stacey, 1992: 94).
No es aquí el momento de criticar el concepto de nuevas familias y el hecho de que muchas de las
realidades que se presentan como nuevas no son tan recientes históricamente ni que el hecho de dicho
concepto sea con frecuencia ambiguo para englobar realidades familiares de naturaleza muy distinta,
que no siempre representan un cuestionamiento de la institución familiar.2 En este trabajo pretendemos
incidir en dos cuestiones que nos parecen fundamentales para entender estas nuevas realidades
familiares, y que con frecuencia se olvidan en los análisis que se llevan a cabo sobre el panorama
familiar actual: la enorme capacidad de la familia para conceptualizar, agregar y construir nuevas
identidades familiares, sin que ello suponga la creación de nuevos modelos de las relaciones de
parentesco para comprender la dimensión de estas nuevas identidades.
Con frecuencia no sabemos como referirnos a las nuevas realidades familiares. Hablar de la "esposa" o
del "suegro" nos remite a unos conceptos claros, con una significación específica y una serie de
derechos y deberes asociados. La terminología, como nos ha enseñado la antropología clásica, es un
elemento decisivo para comprender el carácter de las relaciones entre personas. En cambio,
aparentemente, en las nuevas familias las definiciones terminológicas no son muy claras, y se indica
la inexistencia de dichos términos para referirse a algunas formas familiares. Pero más que no existir
términos específicos (las personas se llaman siempre de alguna forma), lo que ocurre es que estas
definiciones van creándose en cada caso. Así, a veces se recurre a conceptos y definiciones que no
siempre proceden del parentesco estricto, como los conceptos derivados de las relaciones de amistad,
de manera que la superposición entre parentesco y amistad (algo considerado como distinto en las
teorías sociológicas y antropológicas), es muy frecuente en las definiciones de las familias de hoy.
Como señalan Théry y Dhavernas (1993:187),
"la amistad se superpone al compromiso que representa la unión (legítima o no) de dos adultos".
Segalen (1995:19) cree que, ante la
precariedad de los lazos conyugales, la familia actual está descubriendo la importancia del parentesco
y que los fenómenos de perpetuación familiar se reforzarán en los próximos años en toda Europa. A pesar
de ello, la dimensión del parentesco casi nunca está visible en los numerosos estudios que se llevan a
cabo sobre las nuevas familias. Parece que todo se reduzca a la pareja conyugal y a sus hijos. Pero en
nuestra hipótesis, no sólo es clara la pervivencia y la importancia de los lazos familiares, sino que
-por paradójico que pueda parecer- una de las consecuencias de la adopción de las nuevas familias
(y de las causas que la hacen posible) es la existencia de redes de parentesco que las sostienen y
hacen posible, ya sea prestándoles un soporte que complementa los problemas que puedan derivarse de
una realidad familiar concreta o bien adaptándolas en su conjunto de relaciones. Se trata de redes que
también deben construirse y reconstruirse en cada situación familiar, redefiniendo y adaptando a las
nuevas situaciones los lazos existentes. Por ello, nos parece muy interesante comprobar cómo se
articulan las relaciones de parentesco en distintos ejemplos de nuevas familias. De esta forma
descubrimos cómo las nuevas realidades familiares no pueden entenderse sin esas relaciones de
parentesco y sin la tensión resultante entre lo biológico y lo social.
Para estudiar estas cuestiones, hemos llevado a cabo entrevistas en profundidad a personas que viven
en estas nuevas realidades familiares, en el contexto de Barcelona y su
área metropolitana.3
Aunque hemos procurado que entre nuestros informantes estuviesen representadas las distintas formas
posibles de nuevas familias, nuestra investigación se sitúa más allá de los datos estadísticos, dando
la palabra a los protagonistas de estas situaciones y exponiendo sus valoraciones. Por ello, más que
concluir y señalar distintas situaciones familiares, este texto nos presenta los propios relatos de
nuestros informantes y cómo éstos perciben la construcción de las relaciones familiares y de
parentesco. Aunque el conjunto de la investigación incide en otras formas
familiares, 4 en las páginas siguientes analizaremos los problemas señalados
en dos tipos de situaciones que nos parecen especialmente relevantes: las parejas de hecho y las
familias reconstituidas formadas tras la separación y el divorcio. Se trata de dos situaciones en las
que puede comprenderse mejor las tensiones y soluciones por las que optan los miembros de las nuevas
formas familiares.
1. PAREJAS DE HECHO, PAREJAS COHABITANTES
1.1. "Como ya lo saben no hay que decir nada". Definiendo a la pareja
La cohabitación es una de las formas de residencia que ha merecido más atención por parte de los
investigadores. Su número, sus características, su duración, la frecuencia, la fecundidad asociada, son
algunos de los aspectos tratados. ¿Qué representa, pero, la cohabitación para las parejas no casadas?
¿Lo ven como un período transitorio que deberá acabar en un matrimonio o bien se plantea como una
alternativa a esta institución? ¿Se plantean los roles de la pareja de forma muy distinta a la de las
parejas casadas? ¿Cómo se definen entre ellos?
Las uniones cohabitantes son muy heterogéneas como para considerarlas como la expresión de una nueva
concepción de la pareja, opuesta al matrimonio y común a todos aquellos que la adoptan
(Leridon y Villeneuve-Gokalp, 1994:55). En algunos casos, se recurre
a justificaciones ideológicas o de concepción de la pareja para referirse a dicha situación, mientras
que en otros casos se justifica únicamente por motivos pragmáticos. Las variedades son múltiples: la
cohabitación puede considerarse como un período transitorio antes del matrimonio (como una etapa a
prueba o mientras no se arregle la situación conyugal) o puede ser una opción alternativa de la pareja.
En el caso de la sociedad catalana, además, deben tenerse en cuenta tres características muy especiales
con respecto a otros países europeos. En primer lugar el hecho que, a pesar de su incremento en los
últimos quince años, el número de parejas cohabitantes es aún reducido. Según el censo de 1991, en
Cataluña hay unas 54.000 parejas cohabitantes, que representan el 3,8 % del total de parejas, casadas
o no (Flaquer, 1998:408). Se trata de una cifra
muy baja en comparación con la de otros países europeos como Francia o Inglaterra, aunque mucho más
elevada que en otras zonas de España.5 En segundo lugar
debe considerarse el hecho que, como muestran los datos estadísticos, en una gran parte de las parejas
cohabitantes catalanas uno de los dos cónyuges es una persona separada con dificultades legales para
casarse (Flaquer, 1998:408), mientras que la proporción de cohabitantes juveniles es mucho más reducida. Finalmente, debe tenerse en cuenta el hecho de la larga duración del noviazgo en nuestro país, lo que da lugar a muchas situaciones en las que se produce casi una cohabitación sin que los datos lo registren.
La forma en que los miembros de una pareja cohabitante se presenta a los demás es un indicador muy
elocuente de la dinámica de estas parejas. Cuando les preguntamos a nuestros informantes cómo definen a
su pareja ante otras personas, lo primero que se percibe es el carácter incierto de las respuestas.
Está clara la posición de la persona, pero no tanto la palabra o el término que define la relación,
presentada siempre en términos de una cierta ambigüedad. Pero es que además, la forma de presentación
de la pareja es muy variable en función del contexto en que se hace necesaria la definición, dando
lugar a diversas estrategias de presentación, muy flexibles y combinables entre sí:
a) La primera consiste en obviar la relación, dándola por supuesto ante las personas con mayor
confianza. Es el recurso más frecuente: cuando se refieren a su pareja cohabitante, se habla de él
mediante el nombre de pila, cargando a éste de una mayor significación que da por supuesto una
relación de pareja implícita. Esta forma de presentación se da sobre todo cuando se está entre
personas conocidas, pero también puede utilizarse entre personas desconocidas que deberán adivinar
la relación existente mediante elementos gestuales (proximidad, muestras de cariño) o en el contexto
de la conversación.
b) Cuando se está ante personas desconocidas o cuando conviene precisar la relación entonces se
recurre a términos más precisos. La relación de amistad es la que con mayor frecuencia se utiliza para
definir la convivencia (se habla del compañero/a, del amigo/a, de la pareja) pero
también se recurre a conceptos clásicos como novio/a. En catalán se utiliza con mayor frecuencia
que en castellano la forma el meu home (literalmente, mi hombre) que sugiere una
relación tanto marital como de pareja.
c) Finalmente, en contextos más formalizados puede recurrirse a una definición del tipo marital
para ahorrar explicaciones. Ello puede darse, por ejemplo, en contextos familiares en los que se
intenta esconder la relación) o en ámbitos institucionales (para ahorrar explicaciones).
En todo caso, lo más destacado de la definición de la relación de pareja cohabitante es una cierta
polivalencia en las definiciones: dependiendo de la ocasión, la pareja puede ser presentada únicamente
en base al nombre de pila, mediante definiciones que sugieren una relación distinta al matrimonio, o
bien por medio de los términos referidos al matrimonio. Las estrategias de presentación son, pues, muy
distintas:
"Cuando es gente que no conoces, [lo presento] como marido. Cuando son amigos, como ya lo saben no hay que decir nada"6
"Para mí es Pedro,7 o sea, le llamo pareja por llamarlo de alguna manera pero no... también es Pedro, es parte de mí, una prolongación de mí, y yo creo que yo soy la prolongación de él; Nunca hemos tenido diferencias en eso (...) [Y cuando él habla de mí también habla de] la Claudia, no sé si... no sé sí mi novia. Supongo que de cara a la familia, oficialmente habla de la prometida, pero no solemos utilizar mucho esos términos; más bien: mira, esta es la Claudia"8
"[¿Cómo presentas al Robert?] Pues como el Robert. [¿Y si has de explicar la relación?] Ah, pues, el compañero"9Pero la relación de pareja no es una relación de amistad o de noviazgo permanente, y ello puede generar cierta incomodidad en algunas parejas:
"Cuando llevas quizás cinco o seis años viviendo juntos que te presenten como la amiga es muy despectivo, es en cierta manera como presentarte como la flaca (...) 10
"Yo no quiero que mis amigos me vean como la novia de [él] o a él como el novio de..., yo soy una más, no tengo, o sea no tengo porque tener problemas, (...)" 11
1.2. "Un suegro es un suegro". Parientes de hecho
Generalmente se considera que en el ámbito urbano las relaciones familiares tienden a reducirse y que
ello es especialmente notable en el caso de las nuevas familias, que por sus propias características
tenderían a formular también un nuevo discurso de las relaciones de parentesco.12 A partir de esta
premisa, en nuestra investigación nos hemos interrogado sobre las relaciones de parentesco en estas
realidades familiares. ¿Hasta qué punto la elección y selección personal actúan recortando las
relaciones familiares? ¿Tiene esta relación unas características distintas a la de una pareja casada?.
Como toda pareja, las cohabitantes se relacionan con los padres y con otros parientes, una cuestión
olvidada en la mayoría de los estudios que tratan del tema. Incluso, a veces, se ha identificado el
incremento del número de parejas cohabitantes y el rechazo al matrimonio como un rechazo de las
relaciones familiares. Las historias expresadas por nuestros informantes son muy distintas como para
forzar una conclusión, puesto que conocemos casos con una relación familiar igual a la de una pareja
casada y otros en los que, por el contrario, la situación de cohabitación ha forzado una cierta
ruptura o conflictividad en la relación de filiación. Observamos, no obstante, que en los casos en que
las familias de origen aceptan la situación conyugal de los hijos, la organización de las relaciones
familiares es muy similar a las de una pareja casada: como señalaba una informante, una cosa es la
relación de pareja y otra las relaciones familiares.13
Evidentemente, el crecimiento del número de parejas cohabitantes repercute en una disminución de las
presiones en favor del matrimonio: como más practicada, menos es estigmatizada como un comportamiento
mal visto por el conjunto de parientes (Leridon y Villeneuve-Gokalp, 1994:84).
Pero además, y aunque los casos conocidos pueden parecer pocos, sí aparece claro que en aquellos casos
en los que la pareja cohabitante no ha conseguido un nivel de relaciones de parentesco mínimamente
sólidas, su situación conyugal se tambalea más y que los conflictos con los parientes repercuten
también en las propias relaciones de la pareja.
Uno de los primeros problemas que se presenta a una pareja cohabitante en sus relaciones con los
parientes, junto con el de la aceptación de su situación, es el terminológico. ¿Qué son los parientes
de la pareja?. ¿Cómo llamarlos?. No son, ciertamente, un problema específico de las parejas
cohabitantes: en todo matrimonio se produce también un proceso de negociación sobre los términos de
referencia y descripción respecto a los suegros y cuñados. Pero la situación conceptual de los términos
de la relación de pareja cohabitante que antes señalábamos llevan a una indeterminación mayor en las
referencias con los parientes. En los términos de apelación, el comportamiento no parece muy distinto a
las parejas casadas. Casi nunca a los parientes de la pareja se le llamará por el término descriptivo
de dicha relación (suegro, suegra), puesto que expresarían un orden jerárquico que sólo se reconoce
para los consanguíneos ascendentes. Por ello, siempre se utilizan términos que eluden mencionar la
relación y se recurre a otros tratamientos, como los nombres propios, asimilaciones conceptuales a
otros tratamientos (padre, madre, abuelo, abuela, etc.) o incluso ninguna mención. En cambio, en los
términos de referencia, sí debe describirse la relación y aquí las parejas de hecho establecen una
menor claridad conceptual. Lo más frecuente es utilizar una descripción de la relación de parentesco
con la pareja ("los padres de Ana"), utilizando recursos similares a los indicados anteriormente
entre los miembros de la pareja, negando o relativizando la relación de alianza de hecho existente.
Pero también encontramos casos en los que se adoptan los términos de alianza, utilizándose la palabra
suegro/a como término de referencia, con todas las connotaciones atribuidas a este término en el caso
de parejas casadas:
"Tiendo a hablar más de la madre o el padre, o mi suegro y mi suegra" 14
En todo caso, y de la misma forma que en las parejas casadas, los términos utilizados no se adoptan de golpe, sino tras una progresiva aceptación de la relación y una cierta negociación silenciosa de la posición. Robert, quien convive con su pareja desde hace dos años, nos contaba como poco a poco fue hablando de su suegro con este termino, mientras que anteriormente no utilizaba estos términos:
"Cuando se murió el padre de Sonia, ya decía que había muerto mi suegro. Era evidente, porque está clarísimo que un suegro es un suegro"15
El sentido de la frase anterior nos introduce en la cuestión de las relaciones familiares. En las
entrevistas realizadas hemos encontrado situaciones muy diversas y difíciles de generalizar en cuanto a
la forma de organizar y vivir dichas relaciones, y cómo se producen los elementos básicos de la
relación de parentesco: sociabilidad, intercambios económicos, soporte psicológico y afectivo, y
asistencia. No podemos afirmar, a priori, que el planteamiento de formas alternativas de relación
conyugal implique una disminución de la relación de parentesco. Es cierto que, por el carácter aún
minoritario que tienen estas nuevas parejas en nuestro país (al contrario de lo que ocurre en otros
países) en muchos casos se producen aún tensiones con los padres cuando se decide prescindir del
matrimonio para iniciar una relación conyugal, pero ello no acostumbra a generar una ruptura absoluta,
sino un proceso de negociación familiar para adaptarse a la nueva situación.
En este sentido, hemos observado tres situaciones posibles de relaciones de las parejas de hecho con
sus parientes: a) una relación en la que la nueva situación familiar es asumida por el grupo de
parientes como si se tratara de una relación convencional; b) una relación en la que la nueva situación
familiar es obviada (es conocida o no por el grupo de parientes, pero ego se presenta a sus parientes
escondiendo la relación); c) una situación en la que, como consecuencia de la situación familiar de ego
las relaciones con su parentela se rompen o se limitan considerablemente.
Nuestro trabajo no sugiere tendencias estadísticas en cuanto que una situación sea más frecuente que
otra. Como señala Bott (1990:159) en nuestras
sociedades el sistema económico permite una gran variedad de normas y de conductas relacionadas con el
parentesco, de manera que la variabilidad es una característica del sistema, aunque la elección no es
aleatoria e impredecible. En este sentido, la mayor o menor relación con los parientes depende de
cuatro tipos de factores: del propio discurso cultural de la familia y su capacidad de aceptación de
diversidades familiares para con sus hijos; de la propia historia familiar y de las circunstancias en
que se produce el hecho de la cohabitación; de los lazos económicos entre los parientes, que pueden
superar cualquier posible conflicto derivado de las diferencias de idiosincrasia y actitudes morales; y
de los mecanismos de dependencia de los parientes, incluyendo las necesidades de asistencia mutua.
a) La relación asumida: "nadie diría que no tenemos un papel firmado"
La asunción de una nueva relación familiar conlleva un proceso de negociación familiar para determinar
el nuevo estatus a establecer. Obviamente, las relaciones con la parentela de origen son muy variables
en función del tipo de relación familiar asumida, de la predisposición familiar y de factores
coyunturales diversos. En algunos casos, los informantes señalan la inexistencia de problemas de
aceptación de la situación, aunque la mayoría de los casos relatados admiten la existencia de algunos
problemas iniciales que son superados ya sea no romper los vínculos de la relación de parentesco o bien
por pragmatismo ante situaciones familiares diversas. El caso de Sonia y Robert, una pareja de
Barcelona, es ilustrativo. En la familia de ella se plantearon problemas al iniciar la relación de
pareja debido a su "sentido más religioso". Pero ello se superó porque "Robert se los ha ganado muy
bien (a los padres de su a compañera)"16 o bien obviando
el problema:
"Mi madre me preguntó el otro día si ya nos casaríamos. Le contesté que sí, pero a la larga, no ahora. Más que nada para dejarla tranquila. Pero la verdad, como que... a mí en este tema procuran no preguntarme nada porque les contesto bastante mal, por lo que supongo que deben haber decidido que soy un caso perdido y ya no me preguntan más"17
Una vez aceptada la situación, las relaciones de parentesco se llevan a cabo de una forma muy similar a
unas relaciones derivadas de un matrimonio y los hijos o hijas siguen con los padres los mismos
intercambios y prestaciones de servicios que el resto de hermanos casados, a la vez que los padres no
distinguen en la relación de sus hijos. La pareja cohabitante participa en las fiestas y celebraciones
familiares respectivas y la forma de participación no difiere de la relación conyugal establecida, y el
sentido de obligaciones económicas y de asistencia parecen ser los mismos. Este es el caso de la pareja
antes citada, Maria y Robert, quienes llevan juntos dos años (él había estado casado anteriormente con
otra mujer y ella ya había cohabitado con otra pareja anterior), y que nos explican que la pareja
asiste de la misma forma que sus hermanas y hermanos casados a las fiestas y celebraciones familiares,
y que el mayor o menor contacto con los padres depende más de otras circunstancias familiares que del
hecho de estar o no casados.
Las reflexiones de Dolors, de treinta y un años, que vive con su pareja cohabitante desde hace tres
años son bastante elocuentes en este sentido. Para ella, las diferencias de una pareja cohabitante con
una pareja casada se pueden encontrar en la relación entre los dos miembros de la pareja, pero la
relación con otros parientes no es diferente:
"[Se le pregunta por las diferencias entre una pareja casada y otra que no lo está]. No hay ninguna, a ver, yo creo que a nivel de lo que son, de lo que son las relaciones con el resto de personas, las personas que rodean a la pareja son las mismas. Es que, con tu madre te relacionas igual, con toda la gente, con tus amigos. La diferencia fundamental, yo creo que puede existir, puede existir, entre las personas que hacen la pareja, que forman la pareja (...) Es una filosofía personal totalmente, que es una opción que tu haces: (...) yo por el hecho de tener un papel firmado y decir estoy casada, yo es que haría exactamente lo mismo que estoy haciendo ahora, lo mismo. (...) Que una pareja pues puede estar casada por la Iglesia y todo lo que te dé la gana, y ser super innovadora y llevar una vida super diferente a lo que se conoce, o a lo que tenemos entendido por lo que es la normalidad. O sea que a lo mejor una pareja como José y yo realmente, yo creo, que no estamos casados pero desde luego no estamos fuera de la norma, porque hacemos cosas, o sea, nos relacionamos con nuestra familia, pues igual que lo veníamos haciendo hasta ahora, hacemos cosas que... realmente si tu nos ves por aquí, pues nadie diría que no tenemos un papel firmado"18
b) La relación obviada
Obviar la relación ante los parientes no parece ser una solución a largo plazo, pero puede ser adoptada
interinamente buscando una mejor solución. Nos sorprendió entre las entrevistas realizadas encontrar
distintos casos en los que las relaciones con los parientes se construyen, aparentemente, sobre la base
de una relación personal de parentesco, desvinculando la pareja de dicha relación.
El caso de Clàudia, de 28 años, es muy llamativo. Lleva tres años con Pedro, de treinta y tres años,
compartiendo una doble vida: entre semana, vive con sus padres y su abuela; todos los fines de semana
va a vivir a casa de su novio o prometido, donde vive junto a la abuela de Pedro, su padre
y su hermana. Es más, aprovechando una ausencia de un año y medio de los padres de ella, vivieron
juntos en el piso de aquellos, para volver a la situación actual al regreso de sus padres. Sus padres
no admiten muy bien esta situación ("cásate y arregla esta situación"), pero el argumento de
Clàudia es de carácter económico ("como que él [Pedro] está en paro no tenemos acceso a una vivienda")
y tampoco quieren ir a un piso de alquiler y además quiere casarse cuando vayan a vivir juntos toda la
semana ("con boda oficial y todo eso"). Como que sus padres tampoco pueden ayudarla
económicamente, la situación de vida en pareja que lleva Clàudia es obviada por sus padres.
19 Sus circunstancias, aunque extremas, responden muy bien a la situación de
muchos jóvenes en edad de acceso al matrimonio o a la vida en pareja y que retardan su salida del
núcleo paterno alegando problemas económicos, deseando sobre todo el acceso a una vivienda de propiedad.
Es, como señala Flaquer (1998:470) una de las
características básicas de las pautas familiares de la sociedad catalana actual, lo cual no implica que
se lleve a cabo una vida muy parecida a la de una pareja cohabitante.20
Algo parecido es el caso de Núria. Hace un año que tiene un novio, e incluso comparte un piso con él:
"Lo más curioso de todo es que hemos cogido un piso juntos, y lo pagamos a medias, y tengo cosas allí, y es como si viviésemos juntos con lo único que luego me voy a dormir a casa ... que es muy fuerte (...) Los fines de semana me quedo a dormir y hago vida con él (...) A mucha gente le digo que vivo allí, porque realmente estoy más horas allí que en la casa de mi madre, y la mayoría de mis actividades las hago allí, estudio allí, tengo el ordenador allí"21
En este caso, los problemas no son económicos. Ambos tendrían suficientes recursos para vivir juntos, y
de hecho pueden mantener un piso de alquiler:
"Sí puedo quedarme a vivir [con él], pero me sentiría culpable ahora. Es una sensación muy ... muy rara. Ni contigo ni sin ti. Estoy con [él] y pienso que estará haciendo mi madre, y cuando estoy con mi madre me siento culpable porque no estoy con mi pareja (...) Yo casarme no me quiero casar, de momento. Entonces pues hago vida en dos sitios"22
Núria justifica su decisión porque su madre enviudó hace sólo dos años, por lo que no desea dejarla sola. Por ello, cree que su madre acabará aceptando esta situación ("de quedarme a dormir, ella me vende la historia que no está bien"), y piensa ir a vivir paulatinamente a "la casa de Juan" (como la llama, a pesar de pagarla a medias):
"Yo supongo que lo que voy a hacer es poquito a poco, pues ya me quedó los fines de semana, ahora que empezaré a quedar entre semana, que será el palo, y poco a poco, lo cual no quiere decir que un par de días que quede con mi madre, porque eso tampoco lo veo mal si ella se encuentra, se encuentra mal."23
Resulta interesante como en estos dos casos el proceso de cohabitación no se produce de inmediato, sino
como un proceso paulatino justificado por dos tipos de razones: para conocerse mejor paulatinamente, y
por motivos familiares, para suavizar el hecho de marchar de casa para cohabitar con la pareja. Resulta
significativo, en todo caso, que el hecho de cohabitar y la forma en que se produce no sea tampoco una
circunstancia que implica a dos personas, sino que las relaciones familiares condicionan
considerablemente el proceso.
2.3. La relación conflictiva
Parezca bien o no la relación de pareja, predispuesta o no la familia a aceptar la situación, el grado
de aceptación de los parientes para aceptar la situación familiar de los hijos es muy elevado. En pocas
entrevistas la situación familiar se ha roto por falta de aceptación familiar, aunque sí en algunos
casos se plantearon situaciones conflictivas antes de llegar a la aceptación de la situación conyugal
del hijo o hija.
En el caso de Carlota y Jordi, entre quienes la situación ha sido especialmente conflictiva y tensa con
los padres respectivos como consecuencia de decisión de cohabitar. Hace diez años, ambos decidieron
vivir juntos después de un viaje:
"Volvíamos a Barcelona en tren y estábamos en la estación de Sants y entonces le dije: ¿qué hacemos?. Y me dijo: voy a subir a casa y voy a decir que me voy de casa (...) Él subió a casa y dijo que se iba, bajo y con los mismos trastos cogimos el taxi y nos fuimos a casa; entonces yo llamé y dije que habíamos llegado y que ya me había quedado definitivamente a vivir con Jordi. Sin más explicaciones"24
La informante alega que "son locuras que ahora no las haría" por las graves consecuencias que la forma de iniciar la convivencia ha originado con los padres respectivos:
"Fue difícil, muy difícil, porque incluso me acuerdo que estaba trabajando en otra empresa y me acuerdo que me llamaba mi madre y se me ponía a llorar ante el teléfono y estaba como una hora y en cierta manera te decías: ¿qué he hecho? ¿Lo has hecho bien? ¿Por qué lo has hecho así?. Entonces mi padre cogió una depresión de nervios y mi madre también. Hubo consecuencias muy negativas. Incluso mis padres se enfrentaron con los padres de Jordi, por teléfono, sin conocerse" 25
La relación con los padres de Jordi tampoco fueron fácil, a pesar de tratarse de un proceso de cohabitación progresivo:
"Mientras nos íbamos de juntarnos incluso había períodos que Jordi para intentar calmar la situación en casa de sus padres se iba a casa de sus padres durante un período, es decir que incluso él se iba para allá, se estaba en casa de sus padres a veces incluso llegó a estarse casi un mes, y luego volvíamos a vivir juntos es decir esto ayudaba, intentaba él, creía que así se podía solucionar el problema pero el problema no se solucionaba P: y vos que decías? R: claro, es que en ese momento lo que tu querías , a ver, era intentar, o esperabas que a la larga la situación se arreglara, que unos padres lo entendieran y otros padres lo entendieran y que la cosa pudiera funcionar pero esto nunca llegó y nunca ha llegado, es decir..."26
La pareja, como consecuencia, ha llegado a pasar fiestas de Navidad separados, cada uno en casa de sus
padres respectivos, y la asistencia a las fiestas se realiza generalmente por separado. La situación,
en todo caso, ha repercutido en la dinámica de la pareja.
2. TRAS EL DIVORCIO
2.1. "El novio de mamá". Definiendo relaciones
El nuevo emparejamiento de los separados, ya sea por matrimonio o por cohabitación, genera situaciones
residenciales muy diversas. Desde la pareja que convive con los hijos anteriores de ambos hasta la
pareja que acoge a los hijos de uno de ellos durante los fines de semana y vacaciones, las soluciones
adoptadas son múltiples, partiendo de un modelo flexible en el que las relaciones familiares y las de
amistad se entrecruzan, y en el que los lazos de parentesco no están claramente delimitados, como lo
prueba la no-existencia de términos específicos para designar por ejemplo al cónyuge o al compañero de
la madre.
Ya hace más de una década, Théry (1985:93-96)
presentaba dos lógicas de reorganización familiar tras el divorcio: una lógica de substitución y una
lógica de perennidad (ver también Le Gall y Martin,
1993). En la primera, el divorcio representa una auténtica ruptura no sólo de los lazos de alianza,
sino también de los de filiación, de manera que el hijo se ve obligado a romper con su pasado y puede
llegar incluso a una substitución parental por un segundo esposo/a o compañero/a. La coherencia de la
substitución implica habitualmente la redefinición de las relaciones con el padre o madre con el que no
se convive (derecho de visita), con el que se mantienen contactos muy débiles, mientras que se
establecerán relaciones importantes entre el hijo y el sustituto paternal o maternal. Por el contrario,
en la lógica de perennidad, la ruptura de la alianza no es vista como una ruptura de la filiación y el
divorcio representa una transición entre la organización familiar inicial y la reorganización de la
que resta una entidad bi-polar. El hijo conserva el derecho a conservar la relación con ambos padres y
se parte de la idea que la pareja del padre o de la madre no reemplaza de ningún modo al padre
biológico. En esta lógica, la estabilidad se percibe como familia biológica que aporta la continuidad
del hijo, pero no de la unidad del grupo residencial.
Evidentemente, entre ambos polos existen numerosas soluciones y formas de establecer la relación. En el
último caso -y en todos los ejemplos en que se asemejan a ello en mayor o menor grado-, el hijo tendrá
dos polos de referencia, dos hogares entre los que girará su vida, con frecuencia con costumbres y
maneras de vivir distinta, y también con personas que conviven que también son distintas. Puede que en
uno de los hogares, por ejemplo, su padre tenga una compañera y esta tenga hijos de una relación
anterior, y que en el otro su madre tenga también un segundo marido y tenga hermanos de la misma madre
pero de distinto padre. De esta forma, el universo de relaciones familiares no sólo gira en torno a las
figuras parentales, sino también junto a otras figuras que obligan a nuevas representaciones
familiares. Lo interesante de estas figuras es que en cada caso se establece un proceso de negociación
para definir el estatus y la atribución de la relación, es decir, se reinventa una posición familiar.
Con ello se crean relaciones familiares muy diversificadas y en las que con frecuencia priman más las
relaciones de filiación que las conyugales y en las que no siempre ambos no coinciden.
En dicho universo familiar, la figura del padrastro y la madrastra son quienes tienen una
posición más incierta. Teóricamente, sus derechos y deberes son muy limitados respecto a los hijos de
su pareja, pero en cambio conviven muchas horas juntos y deben adoptar decisiones sobre ellos. Para
comenzar, no existe ni en catalán ni en castellano una terminología específica para referirse a la
posición de esta persona. Estrictamente serían el padrastro o la madrastra, pero esta palabra jamás se
aplica ni como término de referencia ni de descripción por sus connotaciones negativas. Además, a los
problemas indicados anteriormente respecto a la descripción conyugal se añaden los aspectos relativos a
la definición de la relación jerárquica que se establece con una persona con la que teóricamente no
existen vínculos jurídicos. Por ello se recurre a una terminología que lo describe en función de su
posición respecto a los parientes consanguíneos, con definiciones como "el amigo de la madre",
"la mujer del padre", el novio de mamá, o el nombre de pila:
"Para ella [la hija] es el novio de mamá y si lo presenta a sus amigos lo presenta como el novio de la mamá"27
Al igual que en las parejas de hecho, el símil de la amistad es el que más funciona en las descripciones de nuestros informantes. Se acaba el parentesco, comienza la amistad, parecen decirnos. Pero evidentemente estas personas no son amigas en el sentido estricto de la palabra amistad. Por eso los términos referidos a la condición de amistad parecen funcionar sólo en los primeros momentos de la relación, pero después deben referirse a otros términos más específicos. En ocasiones, se inventa un nuevo término a partir de una reinterpretación de las terminologías o de la adopción de palabras utilizadas en otros contextos (como manso), lo cual permite conceptualmente limitar las funciones de cada persona. Así, en el caso siguiente se produce una reinterpretación de las terminologías y a partir de los conceptos de padre y de padrastro se inventa un término nuevo, padràs (en catalán):
"Ahora le llaman padrastro, pero claro, no le llaman padrastro porque lo ven muy complicado, le llaman padràs, no le quieren llamar padrastro porque les debe parecer que esto es muy [complicado]. Y veo que no tiene una connotación negativa para ellos, así como (...) en todos los cuentos que te han explicado de pequeño, la madrastra si que es la de la cenicienta, muy mala, el padrastro en algún cuento sí, pero no, no lo tienen tan localizado como una figura mala. En su lenguaje el padrastro ha sido [denominado así] después de ver la experiencia, es decir, no había primero el nombre y después ha aparecido él [el padrastro], sino que primero estaba Antonio [el padrastro], quien primero deseaba que le llamasen papá, y después [ante la negativa de los niños a llamarlo así] alguien se lo ha puesto fácil a los niños con el nombre de padrastro."28
2.2. "La amiga, la compañera, la mujer de papá". Definiendo roles.
Pero más difícil que el término es el rol a adoptar.
Cherlin, en 1978, señaló que estas familias se caracterizan por una
ausencia de elementos identitarios y de normas de comportamiento cotidianas. Con frecuencia, los
debates sociológicos sobre el tema han señalado que las dificultades para determinar el rol del
padrastro o madrastra se deben al peso dominante de la ideología de la familia nuclear, de manera que
estas figuras no encajan en las descripciones del modelo dominante de parentesco
biológico (Coleman y Gagnog, 1990), de manera
que el padrastro es asimilado a un pariente, pero como que no posee muchos de los atributos del
parentesco, se le considera un "falso pariente".
¿Qué es entonces el padrastro o madrastra? De entrada, las situaciones son muy distintas. No es lo
mismo vivir a diario con el padrastro que durante breves períodos intermitentes de fines de semana o
vacaciones, ni es lo mismo un padrastro que una madrastra. Se trata, en todo caso, de un rol de
parentesco social que se define en cada situación. Los informantes definen su rol según la posición en
que se encuentran y según las relaciones que se hayan establecido en cada caso: un poco papá o mamá, un
amigo o tal vez un cómplice ante el padre o madre, otros prefieren hablar de tío/a o de
padrino/madrina. El rol de padrastro o madrastra puede adoptar grados muy distintos: incluso puede ser
que la nueva pareja del padre esté tentada de proponerse como madre sustituta o como madre alternativa
(Bernardini, 1997:114). Una informante,
casada con un hombre con dos hijos de una relación anterior, convive habitualmente con su propio hijo,
pero también los fines de semana con los hijos de su esposo, reflexionaba así sobre su papel:
"Yo no he tenido nunca ningún problema con ellos; quiero decir que soy Eulàlia, no soy la mamá en ningún momento. A ver, en algún momento he tenido ganas de tenerlos como hijos, pero hasta que me he dado cuenta de que no son hijos míos, sino que yo soy una amiga, o soy la compañera, o la mujer de papá; es decir, en mi lugar. Y bueno, pienso que va bien"29
Se señala la necesidad de que los adultos y los niños que conviven habitualmente encuentren la posición adecuada para definir y conceptualizar su relación. En este sentido, la referencia a la amistad es constante y paradójica (Théry y Dhavernas, 1993:172), puesto que la relación más deseada es la de convertirse en un amigo o amiga de los niños, pero al mismo tiempo esta relación se impone a los hijos. La tensión entre una relación familiar que ya viene dada (se es hijo, y no se discute) y la libertad de sentimientos de la relación de amistad aparece generalmente con fuerza. Por ello, enfrente de la paternidad/maternidad, regulada jurídicamente, el padrastro o madrastra aparece como una persona sin ningún vínculo jurídico, cuya posición pertenece absolutamente al terreno de lo privado y al del entendimiento entre las personas implicadas. Por ello, las posiciones que adoptan son muy variables, entre el rol de autoridad, de confidente o cómplice ante el padre o madre. Los informantes se muestran incapaces de definir en pocas palabras su papel como padrastro y madrastra, y por el contrario describen numerosas situaciones en las que dicho rol es puesto a prueba por el conjunto familiar. La misma informante anterior, que asegura mantener una relación excelente con los hijos de su marido, señalaba como una de las dificultades principales la de adoptar un rol distinto entre su propio hijo y estos hijastros:
"Cuando a veces les he abroncado [a los hijastros], no sé, alguna vez, al mayor que pegaba al mío, le he dicho: "A ver, yo te quiero pero piensa que al otro también le quiero y que no permitiré jamás que le pongas las manos encima, porque él está por delante de ti, lo siento mucho, quiero decir que es triste, pero que es así. Tu tienes tu mamá, tienes un padre, y también estoy yo". Claro, piensas ¿qué bestia decirle esto, no?. Pero así él se resitúa y le hace decir "bueno, las cosas realmente son así". Las siento o no, un poco claro que sí, pero lo que no podría permitir es que al mío me lo avasallasen y pisasen, ¿no?"30
Ignorado por el derecho, en la representación del padrastro o madrastra aparecen características que lo
diferencian de toda relación de filiación. No es que se trate de una figura absolutamente nueva
-como con frecuencia se señala- desde el punto de vista de las representaciones familiares, pero si que
pueden contemplarse algunas características en la definición de estos roles a partir de las historias
que hemos conocido a través de nuestros informantes. En primer lugar, el hecho de que se trata de una
relación en la que se mezclan las relaciones de amistad y las de parentesco.
Théry y Dhavernas (1993:171-179) señalan la importancia que toma las
referencias a la amistad en este tipo de relaciones, pero en el sentido -como decía la anterior
informante- que su posición en la familia no puede basarse en una diferenciación de los roles de
parentesco y amistad, sino en una fusión de ambos roles ("soy una amiga, pero también la
mujer del padre"). En segundo lugar, debe considerarse el carácter electivo de esta situación. Como
que se trata de una relación posterior a la definición de roles paternos y maternos, el rol no es
inmediato, sino que se va construyendo. El estatus va creándose poco a poco, a través de un proceso
complejo en el que se pasa de un estado a otro, de unas relaciones iniciales generalmente conflictivas
a otras más aceptables, pero en todo caso siempre revisables. Finalmente, se trata de una relación
compleja en la que se mezcla una forma particular de relación en la que deben hacerse compatibles la
misión educativa (socialización, protección, vigilancia) con su carácter electivo. Como señalan
Le Gall y Martin (1993:210) se trata de un rol que podría definirse
como de parentalidad social.
2.3. "Nos vemos por los niños". Desunidos por la alianza, unidos por la filiación.
Un elemento decisivo de las familias recompuestas es la relación que mantienen los padres separados.
La desunión no siempre comporta una ruptura total y definitiva de las relaciones parentales y de la
solidaridad conyugal (Le Gall y Martin, 1993:142-143), aunque
habitualmente sean tensas y poco intensas. En el mejor de los casos, el informante señalaba que hacia
su ex-mujer sentía "una mezcla de amor y de odio".31
Sea como sea, se trata de una persona que no desaparece del todo de la vida del separado, si tienen
hijos en común. Definida de formas diversas (mi ex, por el nombre de pila, mi primer marido, mi pareja
anterior ...), el régimen de visitas de los hijos y las decisiones respecto a éstos obligan a reunirse
o a comunicarse con cierta frecuencia. En el caso de David, la relación es como mínimo cordial,
celebrándose incluso cenas en común:
"Una vez, pues, la Mireia [primera esposa del informante] vino a cenar a casa, con Victòria [pareja actual] y Pau [hijo del informante y de la primera pareja] y Robert [hijo de la pareja actual]. Pero siempre [que nos hemos reunido] ha sido en función de los niños. Quiero decir que siempre piensas que para los niños es bueno que seamos capaces de comernos los sentimientos y las contradicciones, por ellos (...). Es decir, siempre te queda el sentimiento de ..., evidentemente cuando has amado a una persona, no puedes pasar del día a la noche del amor al odio. Puedes sentir odio, pero también sientes aquel odio-estimación. Quiero decir, ... es la magia de las cosas: yo no sé -cuando la veo a ella- cuál es la proporción exacta de cada cosa, ¿no?. Y claro, aún sueño con ella. Además, es una persona que no desaparece de mi vida, a quien la ves con frecuencia por el tema de los niños, ¿no?. En los sueños hay de todo, ratos malos, ratos buenos que habíamos vivido juntos, hay de todo en los sueños. Quiere decir, esto quiere decir exactamente, que aún no lo has acabado de aceptar, no lo he digerido aún del todo. Soy capaz de llamarle, de hablar, de salir y tal, sonreír, una copita y tal, pero no, aún no he digerido todo el proceso"32
Pero generalmente la relación es tensa y el contacto se mantiene básicamente por los hijos, sobretodo cuando son pequeños. Entonces, para reducir el contacto pueden llevarse a cabo fórmulas diversas como recoger a los niños en una esquina, escribirse por carta, dejarse mensajes en el contestador, etc.:
"[...] el contacto es sólo por los hijos, a nivel personal no hay ningún contacto [...] Y ni tan sólo esto, porque ni, por ejemplo, quiere venir a recogerlos aquí en casa, quiero decir que se queda en una esquina, luego los niños bajan en una hora concreta, y se esconde .... cosas de éstas. No, ningún contacto"33
"Con ella [la primera pareja] el único contacto que tenemos es que a veces me envía cartas. [...] El primer año, nos hemos visto tal vez un par de veces, pero yo lo pasaba mal porque cada vez que nos veíamos ella se me enganchaba y quería tal, tal ... y le dije esto, esto es una mala vida, ¿no?"34
"A ver [con la anterior esposa del informante], nos vemos cuando hemos de hablar ..., a causa de los chicos, ¿no?. Los días que voy a buscar a los niños, o cuando ella tiene que traer alguna cosa, o cuando hay una entrevista con la tutora de la escuela, entonces vamos los dos, para poder hablar los dos, también en las reuniones de padres y en alguna asamblea de la APA [...] entonces estamos los dos, y bien. Cuando estaba embarazada [de un hijo de su nueva pareja, estando ya separada del informante], pues yo le llevaba el carro a su casa, porque claro te la encuentras en el súper, y .... pues te sale y ya está. A veces te da rabia, veces deseas no mirarla a la cara, porque después dices ¡porqué no!, Porque te sabe mal lo que se ha roto. [Pero] (...) tienes que aceptarlo, tampoco tiene mucho sentido darle mas vueltas"35
Yo [a la anterior esposa] ya le he dicho más de una vez, bueno se lo he escrito para que se lo pueda volver a mirar después del primer pronto, que Oriol y la Cesca [sus hijos] tienen también derecho a que sus padres hablen de ellos, que se pongan de acuerdo en algunas cosas, ¿no?. Ella no ha querido jamás quedar un rato. Le he dicho "pues vayamos a un bar, delante de todos, porque tenemos reservas, y hablemos de como lo ves tu y lo veo yo". No, no, no hemos encontrado nunca el momento, vaya, no quiere. Sólo quiere cuando hemos de acordar el horario, el calendario del año. Es el único momento que sí, que sí quiere. Entonces sí que está y habla porque le hablas, pero excepto esto, no ...."36
Dentro de este conglomerado de relaciones, también se fija algún tipo de relación entre la nueva y la antigua pareja de una persona, cuando existen hijos.
"[La relación con la primera esposa] es muy distante. Lo que se come, los dentistas, las visitas anuales, las reuniones escolares, te ves continuamente con ella. [....Pero] siempre es por los niños. [...] Nunca hemos ido, bueno alguna vez hemos ido a comer juntos para hablar, pero de los niños. Quiero decir que no ha existido amistad posteriormente, ha quedado cortada."37
En la complejidad de la situación, los hijos pasan muchas veces de las víctimas iniciales, como con
frecuencia se las presenta, a tener la llave de la situación. Como señala
Bourguignon (1985:212-213), la separación confiere muchas veces un
poder a los hijos, perceptible en las estrategias que desarrollan para adaptarse a la nueva situación.
Alineados inicialmente con el padre o madre con el que conviven con mayor frecuencia, pasan a compensar
sus relaciones y con frecuencia valoran lo bueno que se les ofrece en cada parte. A lo largo de su
vida, los hijos pueden cambiar de opinión respecto a su custodia, y pasar de una fuerte dependencia de
la madre a un deseo de residir con el padre. Como toda familia, como todas las relaciones entre padres
e hijos, los individuos cambian o envejecen, las situaciones materiales se transforman, las familias
evolucionan. La organización familiar posterior al divorcio nos remite a un cuadro familiar en el que
las relaciones se construyen día a día y la posición de cada uno debe definirse de nuevo. En el seno de
las familias recompuestas se produce una ruptura de la alianza intentando preservar los vínculos de
filiación (Bourguignon, 1985:244). Para ello, los miembros de la
antigua pareja deben disociar la relación conyugal de la relación parental.
2.4. "Hermano de padre diferente". Hermanos, hermanastros y amigos
Las familias reconstituidas no sólo implican una nueva relación con los padrastros, también con los
hermanos o con otros niños con los que se convive habitualmente o temporalmente. Con los hermanos no
acostumbran a producirse grandes problemas definitorios: son hermanos que viven en una casa distinta o
que tienen un padre o una madre distinta:
"Claro, [mi hijo] lo ve como un hermano [al hijo de la esposa del informante con su nueva pareja]. Le llama hermano. Lo que pasa es que, lo tienen muy claro, cuando alguien se lo preguntó [al hijo] el otro día, también intentó dejarlo claro [que es una relación distinta]. Su mejor amigo le preguntó [en referencia al hermano hijo de la madre, pero de padre distinto]: ¿y Lucas no ha venido nunca a esta casa? [la del padre]. Le contestó: no. Pero que muy claro"38
"[La relación entre los niños] es buena, muy buena. Para mi hijo, ellos [los hermanos, hijos de la primera esposa del padre, que acuden cada quince días a la casa de la informante, segunda esposa de su padre] son los tetes, ¡eh!. Los tetes que tienen otra mamá [...]. A veces me dice que quiere ir a ver la otra mamá. Algún día, cuando se ha enfadado conmigo, me ha dicho: "pues me iré con la mamá de los tetes". No sé que, pero aparte de esto son los tetes que cuando vienen cada quince días le dan mucha marcha, pero también le dan la libertad de no tener que aguantarlos diariamente [...]. Se lo pasa muy bien, cuando vamos todos a la casa que tenemos fuera se lo pasan muy bien, pero después tiene a su mamá y a su papá para él sólo."39
2.5. "Hay una relación de abuelos, que no lo son". Relaciones intergeneracionales en situaciones de
divorcio y de reconstitución familiar
Generalmente, las rupturas conyugales son analizadas únicamente desde la perspectiva de la pareja. No
obstante, las rupturas afectan no sólo al matrimonio implicado, sino también al conjunto de sus
relaciones familiares, afectando potencialmente a una amplia red de parentesco que puede perderse y al
conjunto de servicios y de sostenimiento familiar que esta aporta.
La desunión no implica siempre una ruptura total, pero acostumbra a generar unas relaciones de
parentesco desiguales, por cuanto las relaciones con los abuelos y otros parientes no son las mismas
con los de la parte que mantienen la custodia diaria que con los que no lo mantienen. Por otra parte,
las necesidades de colaboración son distintas en función de la situación familiar resultante. Las
historias analizadas muestran como la familia de origen, especialmente los padres y hermanos, actúan
como un primer paracaídas ante la situación de crisis familiar, aunque no siempre las relaciones de
parentesco parecen suficientes para combatir los problemas resultantes de la desunión, especialmente la
atención de los hijos por parte del padre o madre que mantiene la custodia.
Pasados los primeros momentos de la ruptura, la separación sigue poniendo a prueba las relaciones
familiares con dos tipos de respuestas muy distintas. Así, en algunos casos, las relaciones con los
parientes se vuelven frágiles, especialmente en los nietos con sus abuelos paternos, como consecuencia
del hecho que generalmente los hijos viven con la madre. En cambio, las relaciones con los abuelos
maternos pueden reactivarse, especialmente si la madre necesita de una mayor ayuda familiar. Algunos de
nuestros informantes coinciden en señalar la importancia del soporte familiar recibido, que ha actuado
como refugio frente a las situaciones de crisis o aportando una ayuda suplementaria para que la
nueva forma familiar pudiese funcionar, sobretodo en la atención a los hijos.
Este es el caso de Antònia, quien reconoce que, a pesar de haber mantenido malas relaciones con sus
padres porque estos no aceptaban del todo con quien se casaba, las relaciones con sus padres mejoraron
muchísimo, con motivo de la separación con su marido. Antònia. además, se ve obligada a pasar por
motivos de trabajo una noche en otra ciudad, noche en la que sus padres van a dormir a su casa para
cuidar de sus hijos. Además, pasa el período de vacaciones que le corresponde estar con sus hijos en
una casa que sus padres tienen en un pueblo. Estas ayudas se complementan con soporte económico
indirecto:
"[La ayuda más importante] es ésta, quedarse con mis hijos cuando debo ir a trabajar [a otra ciudad], o cuando tengo que salir [...] Cuando voy de viaje mis padres se hacen cargo de mis hijos, es decir, que esta es la ayuda más importante. Económicamente, directamente no me ayudan, pero indirectamente sí. Por ejemplo, si nos invitan a almorzar o a cenar a su casa. No tengo un dinero mensual asignado por mis padres, pero indirectamente me ayudan mucho. En la medida que pueden les compran ropa, o les dan dinero para que la mayor pueda salir, quiero decir que de esta manera sí que me ayudan. La relación, vaya, es muy desigual [sonríe], en el sentido que yo saco más provecho de ellos [que ellos de mí]"40
Cuando el padre o la madre se emparejan de nuevo, las relaciones familiares se extiende con nuevos actores. Los niños tendrán entonces un padrastro o madrastra que, por su parte, no sólo puede tener hijos de una relación anterior, sino también unos padres con los que frecuentemente se relacionan. Como señalan Le Gall y Martin (1993:218), dichos contactos pueden llegar a ser muy cálidos. En la medida que van construyéndose, las relaciones personales y familiares que van creándose dependen más de cómo se entienden que no de lo que podría esperarse de una relación de parentesco previa. Así, una informante nos explica que según su opinión sus dos hijastros se entienden mejor con sus padres que con sus verdaderos abuelos:
"Los chicos se encuentran muy bien con mis padres. Hay una relación perfecta, quiero decir, una relación de abuelos, que no lo son, pero mis padres los quieren. Bueno, han ido solos con mis padres al campo del Barça, a pasear, que sé yo, al parque de atracciones. Quiero decir, que les dan mucha marcha, ¿no?. Y bueno, ellos adoran a mi padre, lo hacen ir hacia aquí, hacia allá .... tal vez ellos ven un mejor ambiente de familia en el lado de nuestra familia que en el suyo"41
Especialmente cuando también existen hijos de su segunda unión -como en el caso anterior-, las
madrastras parecen más inclinadas a hacer un sitio en sus propias relaciones familiares para los hijos
de relaciones anteriores de su marido o nuevo compañero (Le Gall y Martin,
1993:219). En las visitas de fines de semana, de vacaciones o de tarde, los niños se relacionan
frecuentemente con los padres de su madrastra. ¿Abuelastros?. Se trata, en todo caso, de
categorías inéditas en las relaciones de parentesco que se construyen en cada caso y que ponen a prueba
los límites de la categoría de parentesco.
4. CONCLUSIÓN
Las situaciones familiares descritas, las frases de nuestros informantes, señalan la existencia de
diversos procesos de construcción familiar, mostrando como las normas y las representaciones familiares
son adaptadas en cada caso. Ello nos interroga sobre la propia identidad familiar: la readaptación de
las normas, la dificultad para nombrar y para definir el rol de cada relación de parentesco parecen
cuestionar las referencias que fundamentan las relaciones familiares y de parentesco.
Las nuevas familias presentan -como hemos podido ver- un carácter de incertidumbre en cuanto las
posiciones de cada miembro y en las terminologías que se usan para describirlas. Pero como señala
Roussel (1989:9) seria más prudente, antes de preconizar el carácter
radical de los cambios, esperar que los nuevos modelos vayan instalándose en la perspectiva del
tiempo: "Enfermos como estamos ante el presente, ¿tenemos la suficiente distancia para señalar
fenómenos de una manera definitiva?". Al respecto, tal vez sería mejor ver las nuevas familias
como posibles modelos en construcción, como una "creación continua"
(Bourdieu, 1994:10), de forma que sus miembros van pensando y
definiendo sus relaciones familiares tomando elementos diversos. Ello no es nuevo históricamente, pero
resulta muy útil para comprender la dimensión de la familia actual. Tal vez, acostumbrados a pensar la
familia como algo estructurado, nos resulte chocante percibir las familias de hoy como una realidad
permanentemente en construcción, y nos encontramos desarmados teóricamente para traducir a nivel de
explicación la forma en que las personas implicadas nos explican su relación de pareja o de
familia.
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