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Nuevas enseñanzas de los estudios de uso de colecciones

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Ramón Abad
Biblioteca
Universidad de Zaragoza
 

OhioLINK Collection Building Task Force, Julia Gammon and Edward T. O'Neill. 2011. OhioLINK–OCLC Collection and Circulation Analysis Project 2011. Dublin, Ohio: OCLC Research. http://www.oclc.org/research/publications/library/2011/2011-06r.htm.

En 2006, el consorcio de bibliotecas universitarias del Estado de Ohio (OhioLINK), en los Estados Unidos, en colaboración con OCLC Research, inició el que con seguridad es el mayor estudio de uso de colecciones realizado jamás. Sus resultados iniciales acaban de ser publicados en el mes de septiembre de 2011 por OCLC Research en el documento titulado OhioLINK OCLC Collection and Circulation Analysis Project. 2011 (http://www.oclc.org/research/publications/library/2011/2011-06r.htm).

Enseguida viene a la mente –y en el Informe se cita- el famoso estudio de la Universidad de Pittsburg sobre el uso de las colecciones, realizado en los 70s, en el que se comprobó la famosa regla del 80/20 aplicada al uso de las colecciones (el 20% de las colecciones soportan el 80% del uso). Asimismo es inevitable relacionarlo con el famoso proyecto Conspectus, que surgió a mediados de los 80s y que, desigualmente, se mantuvo a los largo los 90s, especialmente en las bibliotecas universitarias del Noroeste de los Estados Unidos, en la famosa red WLN (Western Library Network), siendo todavía una herramienta de evaluación de colecciones asociada al WorldCat (OCLC Conspectus).

El estudio de Pittsburg tenía como objeto una sola institución; Conspectus pretendía un mapa nacional (en los USA) de las colecciones de investigación, orientado a ayudar a las universidades a establecer políticas de adquisiciones que tuvieran en cuenta lo que denominaban sus fortalezas y debilidades.

El proyecto de OhioLINK es, sin embargo, diferente, en cuanto combina la filosofía de ambos proyectos para aplicarlos a un consorcio de bibliotecas que agrupa a 90 instituciones, sirve a 600.000 usuarios y contienen 50 millones de libros y otros materiales.

A primera vista, en nuestra mentalidad tan vehementemente orientada al mundo electrónico –al que, no se olvide, hemos pasado sin haber culminado en muchos casos otras etapas previas-, podría parecer un poco anticuado. ¿Cómo OCLC, con su visión permanentemente adelantada al futuro, dedica casi cinco años a una investigación sobre el uso del préstamo de libros en papel? Es cierto que el porcentaje de gasto en monografías en papel en las bibliotecas universitarias se suele situar en una banda alrededor del 25%, con relación gasto en revistas y recursos electrónicos, pero no podemos olvidar que el grueso de nuestras colecciones está en papel y que éste ocupa inmensos espacios en las bibliotecas y una parte muy importante del trabajo de su personal, así como es intensamente utilizado por estudiantes e investigadores.

El estudio realizado busca, entre otras cosas, contribuir a una mayor racionalización de las adquisiciones, a la vez que determinaría los tamaños deseables para las colecciones de la red. Se basa en el préstamo, por lo que se centra únicamente en los libros, incluyendo manuscritos, descartando el resto. Se espera, incluso, que las decisiones futuras sobre la conveniencia o no de adquirir libros electrónicos, en propiedad o en alquiler, estén fundamentadas sobre datos de uso reales, para lo que será de enorme utilidad contar con los datos de este estudio.

Para llevar a cabo el estudio se tomaron los datos de préstamo de todos los libros durante un año –desde la primavera de 2007 hasta la primavera de 2008. Los datos recogidos incluían datos descriptivos del ejemplar, materia (9 grandes grupos subdivididos por clases de la Clasificación del Congreso) y lengua, además de los datos de la institución (subdividida por bibliotecas en particular). A lo largo del estudio, se aplica a los documentos la terminología FRBR (trabajo, expresión, manifestación y ejemplar).

Todo ello permite el análisis a muchos niveles: por institución, grupos de instituciónes, por materias, por lenguas o edad de los materiales, pudiéndose establecer todo tipo de relaciones y estudios cruzados. De hecho, como se afirma en el estudio, los autores son conscientes de la trascendencia de este estudio para futuras investigaciones, ya que las posibilidades de análisis que abre, tanto a los investigadores en estas materias, como a los responsables de las instituciones y las colecciones implicadas, son enormes. Por supuesto, las de corto-medio plazo también. Así, entre otras cosas, pueden compararse las colecciones sobre una base sólida, pueden contribuir a la eliminación de duplicaciones innecesarias, ayudar a la selección de obras de poco uso para su reubicación en depósitos remotos, o se pueden reforzar la colaboración entre bibliotecas con especial afinidad temática. Asimismo, las bibliotecas individuales "aprenden" a verse como parte de un contexto más amplio, lo que les obliga a replantear sus políticas basadas exclusivamente en las necesidades locales.

Los resultados confirman la calidad de las bibliotecas del consorcio, que cuentan con colecciones únicas, así como el que parece ser un sorprendentemente alto grado de uso de materiales en lenguas diferentes del inglés. Pero, tal vez, el resultado más espectacular que presenta este estudio es la ruptura del paradigma del 80/20, que, en OhioLINK pasa al 80/6. Habrá que comprobar la consistencia de este dato, pero, de momento, cuestiona una de las premisas que considerábamos más sólidas para la gestión de las colecciones. Se podría decir que a los bibliotecarios nos deja tan perplejos como a los físicos les ha dejado la noticia de que los experimentos recientes con los neutrinos apuntan a que existe una velocidad superior a la de la luz. Surge, no obstante, una pregunta: ¿tiene el formato electrónico –ausente en este estudio- algo que ver en ello? Desconocemos el volumen y utilización de los materiales bibliográficos en red (libros, revistas o documentos puestos a disposición de los alumnos en los "anillos digitales". O, planteado de otra forma, ¿hay estudios serios que ofrezcan indicios del patrón de uso de los recursos digitales en la forma que lo han hecho los estudios de Pittsburg o el OhioLINK?

Son líneas que quedan abiertas. En todo caso, es éste un interesante estudio, con importantes implicaciones para los consorcios de bibliotecas, pero con enseñanzas y posibilidades de aplicación en contextos organizativos más reducidos, incluso en instituciones individuales.