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Mirando al futuro: ¿cómo la tecnología puede cambiar las bibliotecas?

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Lluís Anglada
Consorcio de Bibliotecas Universitarias de Cataluña

Pocos mundos como el de las bibliotecas y pocas profesiones como la de los bibliotecarios han vivido tan intensamente y desde tan pronto los cambios producidos por las novedades tecnológicas que nuestra sociedad es capaz de producir de forma continuada desde mediados del S. XIX. Hay que añadir a la anterior que las novedades tecnológicas van apareciendo a un ritmo que se acelera enormemente a partir de la irrupción de los ordenadores y aún más a partir de la combinación de los mismos con la capacidad de transmitir información a través de las redes telemáticas.

Hay dos motivos que han hecho que las bibliotecas hayan sido siempre receptoras tempranas de las innovaciones tecnológicas. Por un lado, muchas de las tareas que forman los servicios bibliotecarios (los préstamos, por ejemplo) son rutinarios y repetitivos, y, por tanto, candidatos ideales a ser mecanizados o automatizados. Por otra, muchas bibliotecas están en entornos como universidades o centros de investigación que tienen gran capacidad de aplicación de nuevas tecnologías y que encuentran en las bibliotecas unas organizaciones predispuestas para la innovación.
   
Sea lo que sea lo que haya pasado en las últimas décadas, hay que mirar adelante y detectar cómo las innovaciones tecnológicas influirán en las bibliotecas del futuro. Y eso es lo que hace la Office for Information Technology Policy (OITP) de ALA que en 2008 creó el programa America's Libraries for the 21st Century. Lo que motiva el informe que reseñamos es que, en el S. XXI, "por ser relevante, cualquier institución, incluso las que como las bibliotecas están bien establecidas, deben evaluar cuál es su lugar en un mundo que cada vez vive más en línea".

El autor ha explorado la literatura profesional que se ocupa de estos temas y extrae los temas que, según, esta literatura, serán clave para el futuro de las bibliotecas y que agrupa en cuatro secciones: los cambios que se producen en los formatos de la información, los cambios sobre cómo se accede y usa la información, los que afectan a los procesos y servicios ya los propios bibliotecarios y, finalmente, a la forma de organizarse las bibliotecas. Veamos estos temas clave con más detalle.

El autor inicia el capítulo sobre los cambios en las formas de la información recordándonos que los servicios bibliotecarios están conducidos por las necesidades de los usuarios, no sólo por los avances tecnológicos. Dicho esto, menciona como los dos cambios fundamentales los efectos de la web 2.0 en los servicios bibliotecarios y los libros electrónicos. Lo hace citando y resumiendo los artículos que han publicado sobre estos temas, lo que es la constante del resto del informe.

Más interesantes son los cambios que se nos presentan en las formas en cómo se accede y utiliza información. El informe señala que ya es observable que los nativos digitales (aquellas personas que han nacido y crecido en medio de la revolución tecnológica de los ordenadores personal e Internet) usan la información de forma diferente a como lo hacemos los inmigrantes digitales. La información que consumen es multi-medio y lo hacen en forma de multi-tarea. En este contexto, y de cara a seguir siendo relevantes de cara al futuro en el proceso educativo, las bibliotecas tendrán que hacer evolucionar sus servicios y poner la alfabetización informacional en el centro de sus actividades. En este apartado también se comentan los cambios en la investigación, los producidos por las digitalizaciones masivas de libros como la de Google y las facilidades crecientes para estar siempre conectado.

El espacio principal del análisis de los cambios se centra en los que afectan o afectarán a los procesos, los servicios y los bibliotecarios. El tema clave aquí es la pervivencia (o no) de la biblioteca física, o digámoslo mejor, de cómo el mantenimiento de esta se combinará con la presencia de la biblioteca en la red y con la oferta digital de servicios bibliotecarios. Se señala que parece que la utilización de servicios bibliotecarios en línea estimula las visitas físicas a bibliotecas y museos. La digitalización de la información y los servicios está comportando una fuerte ola de renovación de los espacios físicos que se rediseñan para facilitar el trabajo en grupo a la vez que se mantienen los espacios para los usos tradicionales.

Y en este escenario de cambios acelerados que impactan indudablemente la biblioteca, ¿cuál es el camino a tomar? El informe (hecho, recordémoslo de piezas de la literatura profesional) nos recomienda la evolución, siguiendo las necesidades de los usuarios, y nos dice que el futuro está en la colaboración.

¿Colaboración con quién? En primer lugar con los usuarios para la creación de contenidos y de nuevos espacios digitales. En segundo, con las organizaciones comunitarias a quienes pueden proporcionar servicios nuevos como el ya mencionado de la alfabetización digital o el de apoyar mecanismos de e-gobierno y e-administración. Finalmente con las instituciones de educación superior y de investigación, y la industria editorial de cara a establecer un mecanismo alternativo (y mejor) por el sistema actual de comunicación académica.

Destacamos, por último, que el informe está hecho de una selección y resumen de artículos e informes sobre la influencia de los cambios tecnológicos en el futuro de las bibliotecas. En este sentido, uno de los valores del informe son las piezas de literatura profesional seleccionadas, piezas que nos pueden servir para profundizar en cada uno de nosotros los aspectos que nos interesen de este futuro sin duda excitante y lleno de novedades que nos espera.


Jennifer C. Hendrix / Checking out the future: perspectives from the library community on information technology and 21st-Century libraries // ALA Office for Information Technology Policy, Feb. 2010 (Policy brief; 2), 20 p.