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La edición digital en Francia: un negocio en proceso de definición

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Lluís Agustí
Departament de Biblioteconomia i Documentació
Universitat de Barcelona
 

Bollé, Aurélia; Roux, Marie-Christine; Rouxel, Virginie (2014). Pratiques d'éditeurs: 50 nuances de numérique. Mars 2014. Paris: MOTif; Labo de l'édition. 48, [5] p. <http://www.lemotif.fr/fichier/motif_fichier/541/fichier_fichier_etude.50.nuances.de.numerique.pdf>.

El día de la marmota: desde finales de los años 90, cada vez que se celebra una feria del libro los diarios anuncian que este año sí, que este es el definitivo para la popularización del libro digital. Y si el libro electrónico existe desde hace más de 40 años (el proyecto Gutenberg es de 1971), incluso antes que las revistas electrónicas, ¿cómo es que todavía representa en el mundo occidental un porcentaje tan insignificante en el volumen total del negocio de la edición?

Los conocedores del ámbito afirman que para que una invención tecnológica tenga éxito no basta con el descubrimiento necesario se produzca y distribuya industrialmente y por ello es necesario que responda a una necesidad no cubierta hasta ahora y, sobre todo, tiene que proponerse un modelo de negocio rentable, y que en el caso del libro electrónico parece que no termina del todo en definirse.

¿Algo se mueve en Francia?

A finales de 2013 e inicios de 2014, dos instituciones de París pequeñas en tamaño pero muy activas Le Motif (el observatorio del libro de la región parisina) y el Labo del édition (un laboratorio de ayuda a la transición de la edición hacia el mundo digital) elaboraron y enviaron un cuestionario sobre el estado de la edición digital francesa y sus modelos de negocio. A través de esta gran encuesta se quería obtener una imagen en tiempo real sobre el sector.

El primer paso fue identificar los nuevos actores en el mundo de la edición: los editores que vienen de la web, llamados pure players, que trabajan con la lógica y las herramientas del mundo digital. Y por otro lado ver cómo los editores 'de toda la vida' se adaptan en este nuevo mundo. Para el estudio no se tuvieron en cuenta las plataformas de auto-edición, esto es el conocido auto-editor a menudo excluidos del control bibliográfico y comercial. En un futuro quizá habría que replantearselo: la digitalización favorece este tipo de edición.

El primer resultado fue cuantitativo y estadístico: la respuesta de un centenar de editores pure players, la mitad de las editoriales que recibieron el cuestionario; y en el caso de los editores en papel, una cincuentena sobre un millar de encuestados. Esta primera información se completó con más de una veintena de entrevistas que venían a completar y precisar algunos de los datos numéricos del cuestionario.

Una respuesta tan escasa por parte de los editores en papel parecería impedir el estudio de sacar conclusiones quizás más sólidas, pero de hecho es bastante buena: es la información de aquellos editores que sí están entrando en el mundo digital; también hay áreas que están poco representadas: tenemos sobretodo editoriales dedicadas a la literatura, la literatura juvenil, la novela negra y el material auxiliar para la enseñanza, para destacar los más importantes, pero quizás echamos de menos del edición científica.

¿Cómo son estos nuevos editores digitales?

Los editores pure players rayan la cuarentena, tienen estudios superiores y en un 60% no vienen del mundo de la edición, sólo en un tercio sí lo hacen de la edición en papel. Una interpretación rápida asociaría ese 60% a personas del mundo de la web, no es el caso, sólo un 18% provienen de este sector. Son amantes de las tecnologías, pero no tecnólogos. Editores independientes, al estilo de las pequeñas editoriales en papel, son 'tecnófilos' pero se definen como editores, preocupados en el texto y su calidad de contenido, sus posibles lecturas y su comercialización. Innovar, sí, pero como un medio para ir más allá.

Son empresas jóvenes, con una media de 4 años, con alma de start-up y un alto nivel de innovación pero siempre con intención de rentabilidad, con una estructura mínima (1 a 4 pax); con fuerte sensación de libertad: la posibilidad de editar obras y de llegar a los lectores sin ningún tipo de filtro ni cedazo: sin fronteras, sin distribuidores, sin libreros, sin retornos.

¿Qué editan los pure players?

Las editoriales son especializadas como lo suelen ser las pequeñas editoriales independientes, con una media de tres 'temas' para editoriales. Publican literatura en todas sus variantes: contemporánea y clásica, para adultos y jóvenes, literatura policíaca, poesía y teatro ... el que menos derecho, diccionarios y enciclopedias, evidentemente aquellas obras que en un formato de base de datos son más útiles y efectivas y en las que dominan los editores tradicionales (derecho) y las herramientas colaborativas (Wikipedia).

A finales de 2013 había disponibles en Francia 100.000 títulos en versión electrónica. Sobre esta cantidad hay que señalar que el 20% de los editores pure players publican el 80% de la producción, las casas editoriales clásicas son pues, por ahora, lejos de dominar este mercado emergente. Casi en su totalidad son obras nacidas digitalmente, aunque la edición de obras adaptadas del papel, o directamente la copia digital del papel, aunque están presentes.

En cuanto a los formatos tecnológicos, las opciones son por este orden: ePub2, Mobi/KF8 y el ePub3; y los dispositivos de lectura: tabletas (52%), e-readers (36%), ordenadores (34%) y teléfonos inteligentes (28%).

¿Y los editores tradicionales?

La propuesta es adaptar el catálogo en papel al formato digital poco a poco, a menudo comienzan por ofrecer lo que podríamos definir como 'fondo de armario', obras en las que se ha querido dar una segunda vida. Para llevarlo a cabo, han tenido primero que incluir cláusulas de edición digital con los autores, firmaron acuerdos con las plataformas ... y empezar a proponer las novedades en paralelo, en papel y digital.

También experimentan y trabajan, como los pure players, con los formatos cortos donde la movilidad juega un papel muy importante, obras 'demasiado breves' para ser editadas en papel, en ocasiones simples 'plaquettes'. Son experimentaciones de modelos económicos en formación que se están llevando a cabo no tanto por razones de rentabilidad, que aún no tienen, sino para no perder la corriente.

El enriquecimiento

Los editores coinciden en afirmar que la tecnología es un servicio y no el fin. Las imágenes fijas, los audios, los enlaces, las interactividades y los videos son por este orden los enriquecimientos principales; en cambio, compartir socialmente es un aspecto aún poco desarrollado.

Se proponen sobre todo textos, no experiencias audiovisuales ... Los videos, antes abundantes, se quieren ahora más breves para evitar peso y sobre todo distracción en la lectura, de hecho sólo interesan en algún documental pero nunca en la novela. El enriquecimiento tiene como límite no perturbar la lectura.

Relación entre el autor y el editor

Los editores pure players siguen teniendo comités de lectura, firman contratos con los autores y estos son remunerados casi en la mitad con un porcentaje sobre el precio sin IVA (IVA). Pocos autores (14%) pueden ver las ventas reales de los libros electrónicos.

La actividad de los autores es importante, en ocasiones fundamental para hacer visible su obra, animar la lectura en conversación con los lectores a través de la web. La visibilidad es siempre esencial.

Los canales promocionales y las prácticas comerciales

Los pure players optan por vender a través de las plataformas de distribución y también para vender directamente. La vida de sus catálogos pasa por la presencia en la web, y así los canales para la promoción son por orden de importancia: las redes sociales generalistas (fb, twitter, pinterest), la propia web de la editorial (presentaciones, comentarios, newsletters ...), los blogs de prescriptores y en último término las plataformas con sus herramientas de recomendación. Los bloggers y las comunidades lectoras como prescriptores y para la retroalimentación son fundamentales: ayudan a la evolución de la propuesta del catálogo editorial.

A menudo se considera que los gigantes de los distribuidores tienen cautivos los editores, le imponen las normas y las reglas, depender de Amazon, pero también de Apple o Google... este es el problema.

Aspectos tecnológicos: obsolescencia e inestabilidad

La plataforma de distribución condiciona la tecnología del editor, éste tiene que acompañar el cambio pero no lo dirige. Se observa un cierta rapidez en la obsolescencia, con problemas posteriores de visionado: "La proliferación de formatos propietarios de e-minoristas, la falta de respeto a los estándar ePub, que generan problemas y capacidades de visualización como materiales de lectura son todas las dificultades técnicas y los costes adicionales para los editores."

Y este punto enlaza con la letanía: ¿DRM si o no? Si los grandes editores de best sellers tienen pánico a la piratería, los pure players comercializan un 66% sin DRM y afirman hacerlo así para facilitar la experiencia del usuario. Todo ello, se venda caro o barato, con DRM o sin, todos se hacen piratear.

Las políticas de precios y las promociones

La percepción del consumidor sobre el ahorro que obtiene el editor gracias a la producción del libro electrónico obliga a una política de precios muy ajustada. Tres de cuatro libros digitales tienen un precio de menos de 5 euros (y de menos de 10 euros el 95%). Esta política de precios está bastante estudiada y en el caso de los editores clásicos se toma como referente el formato bolsillo, un producto con una presencia muy importante en el mercado editorial francés. En las grandes editoriales clásicas interesa sobre todo no poner en peligro las ventas en papel, ya que de momento éstas representan el 95% del volumen del negocio.

Dos prácticas de promociones son bastante extendidas: la primera, ofrecer obras o capítulos gratuitos que inviten al descubrimiento del autor o la colección, atención sin embargo, estas ofertas gratuitas son previamente acordadas con los autores y les son compensadas; la segunda práctica consiste en promociones en tiempos reducidos a precios reventados, de 0,99 euros. Los resultados de ambas prácticas parecen indicar una aceptación generalizada del modelo.

Un mercado aún verde pero en progresión

Los editores clásicos han comenzado a reconvertir el fondo digitalmente y a proponer simultáneamente en papel y digital las novedades (ediciones 'homotéticas'), a pesar de ello, el volumen de negocio sigue siendo escaso, los 81,8 millones de euros de la edición francesa, sólo el 3% proviene del digital... un resultado bien magro si seguimos los resultados de todas las empresas implicadas, las comparamos con el mundo anglosajón y, sobre todo, por poco que hagamos cuatro números para ver la viabilidad. Dicho esto, los editores reconocen que las ventas en electrónico se duplican cada año.

Se señalan varios frenos para el despegue de la edición electrónica, destacan tres: el primero, la ausencia de unas herramientas de transmisión adecuadas; en segundo lugar, un público que espera la gratuidad total en Internet; y, finalmente, la ausencia de una costumbre de lectura en soporte electrónico. Y añade que el usuario también desconfía del editor electrónico porque sospecha que trabaja bastante la auto-edición, echa de menos el filtro del editor tradicional en papel.

Para superar esta situación, algunas de las editoriales intentan introducirse a través del colectivos como las bibliotecas o los hospitales, donde ofrecen conjuntos de publicaciones; también apuestan por la internacionalización a partir de la oferta en países francófonos o la edición en inglés; otros experimentan en nuevos campos como el streaming, el alquiler al acceso antes que la venta de archivos. También se proponen ya modelos híbridos entre el acceso por streaming y la descarga... Todo son procesos de adaptación al consumidor, ensayos de nuevos modelos de negocios, algunos conocidos por todos nosotros en el acceso desde las bibliotecas a las publicaciones periódicas científicas.

¿Digital sólo?

Y si las editoriales clásicas optaban por recuperar fondo de armario y ofrecer una segunda vida a títulos agotados, en ocasiones los pure players proponen las obras en formato físico en librerías para ganar visibilidad. Uno de estos editores puramente digitales confiesa: "la necesidad de llegar a los lectores en los espacios físicos ya que la web es frustrante, insuficiente". No es nada inverosímil que la edición en papel puede ser, a la larga, un derivado o una simple adaptación de la edición digital.

Todo ello no se trata todavía de un ecosistema del libro electrónico y de la lectura electrónica nuevo y definido pero todo hace pensar que los actores de hoy no serán necesariamente los del futuro.

¿Y aquí?

Creemos que sería interesante disponer de datos similares en el caso catalán y español, no descartaríamos sorpresas y algunas no muy buenas.