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Los medios sociales en la comunicación científica

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Natalia Arroyo
Especialista en medios sociales y tecnología móvil para bibliotecas y centros de información
Responsable de la Mediateca de la Universidad Isabel I


Work, Samantha; Haustein, Stefanie; Bowman, Timothy D.; Larivière, Vincent (2015). Social media in scholarly communication: a review of the literature and empirical analysis of Twitter use by SSHRC Doctoral Award recipients. [Montreal]: Canada Research Chair on the Transformations of Scholarly Communication. University of Montreal. 87 p. Disponible en: http://crctcs.openum.ca/files/sites/60/2015/12/SSHRC_SocialMediainSchola.... [Consulta: 29/01/2017].


La conversación se ha trasladado a los medios sociales, también en el ámbito de la comunicación científica. En los últimos años, se viene analizando cómo los investigadores utilizan los medios sociales y cómo difunden los resultados de investigación y se han introducido las métricas alternativas, que más bien parecen complementarias. Un estudio del Canada Research Chair on the Transformations of Scholarly Communication, de la Universidad de Montreal, comisionado por el Social Sciences and Humanities Research Council (SSHRC), aporta un amplio estado de la cuestión sobre el tema que resulta muy útil para conocer los diferentes puntos de vista abordados en la bibliografía. Además, este trabajo incluye un análisis del uso de Twitter por parte de los receptores de los premios doctorales del SSHRC.

A la luz del citado estudio, una de las primeras cuestiones que preocupan es para qué utilizar los medios sociales en investigación. La respuesta tiene cuatro ángulos: para estar conectados, debatir ideas y comunicarse con otros colegas, difundir los resultados de investigación y como vía para descubrir el trabajo de otros colegas. Los investigadores no solo emplean con estos fines las redes sociales académicas, como ResearchGate o Academia.edu, sino también las más generalistas, como Twitter, Facebook, Wikipedia o los blogs. Estas últimas son idóneas para llegar a una audiencia ajena a lo académico, mientras que las primeras actúan como carta de presentación y constituyen una forma de establecer contacto con otros colegas. En el estudio también se mencionan los gestores de referencias, como Mendeley o Zotero, como fuente de datos para conocer el uso de la investigación.

Sin embargo, el uso de medios sociales en investigación se enfrenta con algunas barreras que este estudio detalla. En primer lugar, no todos los investigadores están en los medios sociales, y quienes sí están en ocasiones adoptan un rol pasivo, algo que es habitual en los medios más especializados, como Academia.edu, ResearchGate o LinkedIn. Esta pasividad se traduce en acciones invisibles que no se pueden medir.

Por otra parte, el paper sigue siendo la principal forma de comunicación científica y los incentivos hacia la publicación en medios sociales son prácticamente inexistentes.  En este sentido, el estudio insta a las agencias de financiación a que reconozcan nuevas formas de comunicación, como los posts en blogs, los review reports o compartir datasets y código de software, y fomenten su uso de forma activa. Un ejemplo de ello es la US National Foundation, que ha dado un paso reconociendo los «productos» de investigación en lugar de las publicaciones. También el Wellcome Trust ha explorado las oportunidades de las métricas de redes sociales, que podrían ser, para los jóvenes investigadores con menos citas, una manera alternativa de valorar su impacto.

En este sentido, algunas de las medidas que podrían tomar los organismos de financiación son las siguientes: crear guías de buenas prácticas que sirvan de orientación a los investigadores, difundir la investigación que producen en sus propios perfiles en medios sociales, como parte de su estrategia de comunicación, ayudar a los investigadores a conectar con otros o instruyendo a los investigadores sobre las altmétricas. A modo de ejemplo, el estudio recuerda que el enlace que debe incluirse en cada tuit o publicación es el correspondiente al DOI, para asegurarse de que sea contabilizado. Esto resulta especialmente problemático en Ciencias Sociales y Humanidades, donde un tercio de los artículos indexados en la Web of Science no tienen DOI.

Los trabajos publicados hasta el momento reflejan la ausencia de correlación entre los datos procedentes de medios sociales y las citas, de manera que las altmétricas deben considerarse como un complemento, no un predictor o una manera de reemplazarlos, como se explica en este trabajo. Por otra parte, las publicaciones sobre el tema reflejan sesgos y limitaciones de las métricas derivadas de la actividad en medios sociales, por lo que es necesario seguir investigando sobre si estos datos pueden ser empleados por parte de los organismos de financiación.

Al leer este estudio he tenido la impresión de que, en algunas ocasiones, se están proyectando expectativas demasiado altas al respecto en los medios sociales. Si algo han demostrado hasta el momento es que son un medio de comunicación y que, como tal, importa mucho cómo se cuentan las cosas, pero también el público al que se quiere llegar. En mi opinión, en el entorno de la comunicación científica se abre, por lo tanto, un espacio complementario en el que rigen las reglas del inbound marketing o marketing de atracción, donde se intenta atraer al usuario a los contenidos propios. En este esquema, el paper sigue siendo el punto hacia el que trasladar a los lectores y el objetivo claro es que el mayor número de personas conozcan los resultados de investigación. Si perdemos de vista esta perspectiva corremos el riesgo de que todo se quede en una burbuja.