Buscar, consultar y comunicar información en entornos académicos: ¿que impacto está teniendo el formato digital?

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Ángel Borrego
Departamento de Biblioteconomía y Documentación
Universitat de Barcelona

En un momento en el que los estudios que analizan el impacto de la información digital sobre la conducta informativa de los académicos son abundantísimos, el lector puede preguntarse cuál es la razón para dedicar unos minutos al realizado recientemente por Roger C. Schonfeld y Ross Housewright y publicado por Ithaka. Pues bien, el mérito de este trabajo es que se trata de la cuarta oleada de una encuesta que nos ofrece resultados comparables con los obtenidos en los años 2000, 2003 y 2006. En un entorno tan cambiante, donde los resultados de diferentes investigaciones son difícilmente comparables a la vista de sus distintos objetivos y variaciones metodológicas, este informe nos permite seguir la evolución de las actitudes y el comportamiento de los investigadores a lo largo de una década en tres ámbitos: el descubrimiento de recursos y el papel que la biblioteca juega en este proceso; la transición del papel al soporte digital; y la evolución en los canales de comunicación científica.
 


Comenzando por las herramientas para la localización de bibliografía, desde 2003 la biblioteca y su catálogo han visto declinar el porcentaje de usuarios que las utilizan como punto de partida en la búsqueda, en beneficio de los buscadores generalistas y de los orientados al mundo académico. Google y Google Scholar se han colocado como tercera fuente de información por detrás de dos estrategias clásicas: el seguimiento de las referencias incluidas en artículos relevantes y la búsqueda en bases de datos a texto completo. En definitiva, los resultados evidencian el retroceso del papel intermediador de la biblioteca, a la que los encuestados valoran, sobre todo, por su papel como compradora de recursos: el 90% de los encuestados considera esta función muy importante, mientras que sólo el 59% otorga esta consideración a su labor como puerta de acceso a la información o como soporte a la docencia y a la investigación. Poco más del 40% de los investigadores se considera muy dependiente de su biblioteca para sus actividades de investigación, si bien este porcentaje ha crecido por primera vez desde que se realiza el estudio.

Como era de esperar, se observan diferencias por disciplinas, siendo aquellos campos con prácticas informativas más "tradicionales" —especialmente las humanidades—, los que concentran más entusiastas de la biblioteca. El dilema, tal como lo plantean los autores, consiste en decidir si intentar adaptarse a las demandas de los investigadores de ciencias naturales que se distancian progresivamente de la biblioteca, con el consiguiente riesgo de perder a los humanistas (que probablemente también se alejaran de la biblioteca en la medida en que más materiales de sus disciplinas pasen a estar disponibles en soporte digital).

El segundo capítulo del informe pone de manifiesto la predisposición de los investigadores a avanzar hacia un modelo de comunicación exclusivamente digital: tres cuartas partes de les encuestados son favorables a la cancelación de las versiones impresas de las revistas si los contenidos están accesibles en formato digital. Sin embargo, resulta curioso que el porcentaje de académicos que declara estar cómodo con un sistema de revistas exclusivamente electrónicas es inferior. Los autores del informe conjeturan sobre las razones de esta opinión, sugiriendo que quizá los académicos atribuyen a las versiones impresas otros propósitos que van más allá de la comunicación de contenidos, como pueden ser el establecimiento de las tasas de aceptación de originales, o la preocupación por la preservación de los documentos digitales. De hecho, los encuestados expresan un elevado grado de interés por la preservación y cerca el 90% considera muy importante la preservación a largo plazo de las revistas electrónicas. Incluso, la preocupación de los encuestados por la preservación de materiales como los libros electrónicos o las colecciones digitalizadas es sensiblemente superior al uso que realmente hacen de estos materiales en la actualidad. Por último, no deja de ser interesante la escasa importancia que los investigadores otorgan a los libros electrónicos: sólo 13% los consideran muy importantes para sus actividades de docencia o investigación, lo que los sitúa en última posición entre la decena de recursos sobre los que se les pregunta.

El tercer y último capítulo del informe se centra en los canales de comunicación científica. Los resultados evidencian que los canales tradicionales continúan siendo los preferidos y no se observa ninguna tendencia clara de cambio. Los factores que los investigadores valoran para decidir dónde publicar continúan siendo los mismos que en el pasado: la circulación de la revista es considerada muy importante por más del 80% de los encuestados. Sin embargo, el acceso abierto permanece en última posición. El segundo criterio para decidir dónde publicar es la ausencia de costes de publicación por lo que el modelo de acceso abierto en el que "el autor paga" parece que puede chocar con las preferencias de los académicos. En una cuestión en la que, en nuestra opinión, suele pesar más la buena voluntad que los hechos reales, los investigadores muestran un elevado grado de interés por el autoarchivo, pero sólo el 30% de los encuestados ha autoarchivado algún material y el porcentaje de investigadores que ha utilizado materiales almacenados en repositorios institucionales o temáticos es inferior al 20%. Por último, cabe destacar que la comunicación informal continua siendo una excelente fuente de recomendaciones. Sin embargo, no existen evidencias de que las nuevas herramientas en línea (listas de distribución, wikis o blocs) estén superando a los medios tradicionales como las reuniones en congresos.

Para acabar, una curiosidad referida al acceso abierto, no sólo a los resultados de la investigación, sino a las propias fuentes en las que se basa el estudio: los datos en bruto del informe de 2006 están disponibles en la red y la intención de Ithaka es ofrecer también los correspondientes al año 2009. De esta manera, cualquier lector interesado puede tabular los datos a la búsqueda de resultados no contemplados en la publicación.

Roger C. Schonfeld & Ross Housewright (2010). Faculty Survey 2009: Key Strategic Insights for Libraries, Publishers,and Societies. [http://www.ithaka.org/ithaka-s-r/research/faculty-surveys-2000-2009/facu...