Mueran los buscadores, vivan las bibliografías!


Amadeu Pons
Facultad de Biblioteconomía y Documentación
Universidad de Barcelona
 
Ya me perdonarán los lectores por el título tan irreflexivo y encendido, que no me creo ni yo mismo. Cada cosa a su tiempo, como los higos en agosto: cada tipo de recurso informativo es mejor para una situación o para otra. No se puede decir que este sea mejor que aquel, sino que nos resuelve mejor una determinada necesidad informativa.
Que Google es una herramienta imprescindible para la vida moderna está fuera de duda, como también lo es que su buscador encuentra todo lo que está disponible en la red: tanto lo bueno como lo malo. A veces nos permite encontrar una aguja en un pajar ... ya veces nos hace perder el tiempo y nos desespera: todo depende de las circunstancias y las situaciones.

¿El mayor peligro de la automatización?

Xavier Agenjo Bullón
del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos
Director de Proyectos de la Fundación Ignacio Larramendi

No sólo las bibliotecas sino el conjunto de las actividades sociales están siguiendo a un ritmo crecientemente acelerado el título del ya clásico libro de Negroponte Being Digital (1995). Sin embargo, y de forma, en mi opinión, alarmante, ese enorme mundo digital no está siendo salvaguardado para su reutilización en cualquier momento. Si atendemos a las estadísticas de lo que contiene la Web en la actualidad y pensamos qué parte de esa información está siendo efectivamente preservada con una perspectiva de largo plazo… No, mejor será que no lo pensemos.

Al igual que parece existir un desconocimiento generalizado de que todo papel fabricado a partir, digamos, del segundo tercio del siglo XIX posee un pH ácido que va produciendo su degradación espontánea y que hará que muy pocos libros, documentos, etc., sobrevivan al siglo XXI y a pesar de que existe una norma para fabricar papel no ácido conforme a la norma ISO 9706:1994, parece existir un desconocimiento absoluto sobre los problemas que pueden darse para volver a utilizar información digital pasado ya algún tiempo. Alguna noticia aislada sobre determinados archivos de la NASA de los años 60 que no han podido recuperarse; problemas en Inglaterra sobre la ilegibilidad de ciertos CDs e incluso DVDs;  en resumen, nada.

ELAG 2010

Ramon Ros

Consorcio de Bibliotecas Universitarias de Cataluña

Hace unas semanas tuve la suerte de asistir al 34º congreso de la ELAG (European Library Automation Group). Este grupo pretende reunir un conjunto no demasiado grande (este año éramos unos 200) de técnicos / administradores de tecnología del ámbito bibliotecario de toda Europa. El ELAG ha ido evolucionando mucho, tanto como la tecnología que usamos en las bibliotecas. Hace años se hablaba mucho de MARC21, de Dublin Core, de ILS, etc. Ahora se habla mucho más del usuario, de la interrelación del OPAC con otras herramientas, de servicios web, de las expectativas, del texto completo, etc. El tema principal de este año era "Meeting New User Expectations" que puede tener una doble lectura: enfrentándose a las expectativas de los nuevos usuarios o enfrentándose a las nuevas expectativas del usuario, tal vez da igual, la cosa es que el usuario (ya acostumbrado en Flickr, Facebook, Google, etc.) espera mucho de los servicios de la biblioteca y tenemos que ver la manera de hacerlo posible.

Cuánto cuesta un artículo: las cifras de la edición en acceso abierto

Ernest Abadal
Departamento de Biblioteconomía y Documentación
Universitat de Barcelona

 

Presentación

Los estudios económicos sobre el modelo de publicación en acceso abierto no son todavía tan numerosos como los que se pueden encontrar sobre los antecedentes, principios teóricos y características del movimiento OA, los repositorios, o el impacto de los textos en acceso abierto, entre otras temáticas.

Esta singularidad es un rasgo inicial a destacar del informe Economic implications of alternative scholarly publishing models, que analiza los costes y beneficios de la publicación académica en Gran Bretaña. Se trata de un encargo del JISC (proveedor de servicios tecnológicos para la docencia, la investigación y la gestión en las universidades británicas) a un grupo de expertos liderados por el economista australiano John Houghton (Victoria University) y por el especialista británico en documentación Charles Oppenheim (Loughborough University).

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