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McLAREN. Critical Pedagogy
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Resistir mediante la creación culturalRoger Lesgards (Le Monde Diplomatique, Diciembre, 2001, p.28 –Edición Española)
ROGER LESGARDS(presidente de la Liga de la Enseñanza, París) |
En su loca zarabanda, la dinámica de la globalización no afecta sólo a los países y las empresas. Afecta también con la fuerza de un torrente a los individuos, a los que rapta y encarrila hacia riberas destructoras. ¿Cómo resistirla? Un escudo principal: la cultura. Con la condición de que se le de un contenido más político y más democrático.
La entrada en el nuevo siglo se hace bajo el imperio de la eficacia, de los resultados y de la lógica financiera y consumista. La maquinaria tecno-económica tiende, en una deriva totalizadora, a absorberlo todo también la cultura, a imponer sus códigos, sus signos y sus lenguajes, a conformar el imaginario individual y colectivo, a movilizar inteligencias y sensibilidades y a conquistar cuerpos y espíritus para acomodarlos mejor y corromperlos a placer: Estamos ante una máquina voraz que va más allá del ámbito de lo económico y lo técnico.
Esta máquina toma su impulso a partir de tres resortes permanentemente tensos: el deseo, por definición nunca satisfecho, que se extiende por mimetismo; el resultado, es decir la acción en el estado más intenso, que le permite, a la vez, compararse, singularizarse y "trascender", como dicen los deportistas; y la libertad, palabra con la que juega presentándose como movimiento liberador, desregulador irreductible, que consigue acabar con los impedimentos de todo tipo...
Esta ideología seductora pretende constituir un humanismo. Pero, en verdad, se basa en la concepción de un hombre mediocre, conformista y dócil, de un hombre segmentado también al que pide que sea, a la vez, un reproductor eficaz, un celoso consumidor, un animal comunicador y un conjunto le órganos manipulables a su antojo. Se basa asimismo en la reducción de la sociedad a un mero agregado de individuos, que para crecer mejorar debe ser, estructuralmente, una sociedad desigualitaria y excluyente. Su acción se ejerce por mediación de las tecnologías de información y la comunicación - de la televisión a Internet que actúan sobre los tres registros mencionados y están destinadas a preparar una sociedad ideal, nec plus ultra del acceso al saber, la transparencia y la democracia.
Frente a esta invasión ha llegado el momento de volver a dar un contenido vigoroso a la noción de cultura en, al menos, cinco o seis dimensiones:
- aprendizaje y ejercicio del pensamiento crítico, así como de razón emancipadora que afecta un trabajo permanente sobre las certidumbres apresuradas sobre las ideas recibidas, sobre la idea y la creencia esquemáticas servidas por los gurús del momento;
- creación de soportes simbólicos (lenguaje, obras de arte) en los que se ejercitan el imaginario, la sensación, la sensibilidad, la emoción, la pasión; siempre con la vista puesta en una interpretación del mundo, de la vida, de la muerte, del pasado, para conseguir constituir una representación lo más coherente posible del tiempo y del espacio;
- adquisición e intercambio de saberes o sea, de algo que tiene relación con la verdad, con la búsqueda de la verdad como experiencia humana acumulada;
- relación con lo otro, lo diferente, lo diverso; comunicación (en el sentido de puesta en común), de construcción permanente de sí, por y con el otro pero también frente a ese otro;
- relación con lo bello, que es expresión de una subjetividad (de un sujeto lo suficientemente libre como para entregarse a un juicio, un placer, una consciencia), al tiempo que tensión hacia un universal. Lo bello como reinvención permanente de la relación entre lo sensible y lo inteligible.
Frente al desencadenamiento de un tecno-economicismo a punto de constituirse en componente central de la cultura ¿cómo permitirle a ésta que recupere autonomía e iniciativa? Y, en particular ¿qué política cultural para un Estado-nación situado en Europa y abierto a los cuatro vientos del mundo? Cabe considerar dos ideas fundadoras; la primera sería intentar forzar lo tecno-económico hasta el punto crítico y subvertirlo por lo poético, es decir, por la creación artística.
¿De qué se trata? En primer lugar de invertir este campo para explotarlo y sustraerle lo que pueda tener de favorable a una renovación de la creación. Cabe, en general, desviarlo, subvertirlo, "izquierdizarlo". Pero también afrontarlo, oponerse a su deriva de explotación y de embrujo: la técnica como una nueva magia. Invertir, desviar, resistir: tres verbos activos cuyos sujetos son, en este caso, crítica y creación.
¿Critica? La palabra debe tomarse en el sentido de un análisis de los discursos y las prácticas, incluidos los usos razonables, en especial cuando se convierte en técnica e instrumental. Se trata de separar las técnicas galopantes de una ganga ideológica que quiere hacer crecer que son portadoras de una revolución y que, irresistiblemente, dirigen el movimiento de las cosas. E1 pensamiento crítico debe provocar una ruptura, una discontinuidad, una posibilidad de reconfiguración. En resumen, la esperanza en que se componga un nuevo perfil del mundo que no parta de un punto de vista tecnológico.
Y en esta ruptura juega (y se juega) la creación artística. ¿No es, de hecho, anunciadora y proveedora de objetos únicos, originales, en ruptura con la tradición; de objetos que hacen que se abran nuevos horizontes y que, de esta forma, participen en la creación del mundo? Arquitectura, poesía, teatro,, literatura, música, danza, artes plásticas, cine, todas las disciplinas, y sus cruzamientos, caben aquí. En unión, se entiende, de la investigación científica siempre que ésta quiera recordar que su vocación original no es ponerse al servicio del economicismo o erigirse en moral, sino aportar nuevos conocimientos, compartirlos y desarrollar una de las vías hacia la búsqueda de la verdad. Apoyo a la creación en toda su diversidad: este sería el primer fundamento.
La segunda idea básica sería tomar la cultura como factor de acercamiento entre los hombres, apuntando hacia la igualdad, la fraternidad, la comprensión mutua y, por tanto, como instrumento de lucha contra el repliegue étnico, el repliegue en sí mismo, el rechazo del otro, la segregación social, la discriminación. Francia (no solamente en sus arrabales) y Europa (no únicamente en los Balcanes) tienen una gran necesidad de ideas, de momentos, de lugares que unan. Pero actualmente, es justo la tentación contraria lo que gana terreno: aquí, bajo formas del etnocentrismo (mi cultura es superior a la tuya y te la voy a imponer); allí, bajo la de la purificación, la segregación, la discriminación, el nacional populismo y el racismo. Ni Coca-Cola, ni los pantalones vaqueros, ni Nike, ni Microsoft, ni siquiera Internet y las redes de ondas y de satélites aspersores de imágenes y sonidos, conseguirán invertir la corriente; será nuestra capacidad de codearnos con el otro, de abrirnos a él, de reconocerle como una parte de nosotros mismos. En otras palabras, de responder lo más positivamente posible a la cuestión que planteaba Cornelins: Castoriadis: "Un hombre y una sociedad ¿pueden construirse sin oponerse al Otro, sin rechazarle y sin, finalmente, odiarle?".
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