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Cuando lo irrelevante se convierte en crítico

Los estímulos emocionales, especialmente los de amenaza (una araña, una pistola que nos apunta o un grito) aportan al ser humano información primordial para su supervivencia. Por eso, nuestro cerebro responde más rápida y eficazmente hacia esos estímulos que hacia cualquier otro estímulo presente en el medio.

Esto ocurre porque nuestros sistemas sensoriales son limitados, y no podemos procesar toda la información que nos llega. Tenemos que ser rápidos en filtrar qué es importante y qué no para reaccionar con rapidez. En este sentido, una parte arcaica de nuestro cerebro, el sistema límbico, se encarga de decidir qué estímulos pueden ser peligrosos y han de ser procesados primero, o incluso mejor procesados, que el resto de estímulos. La mayoría de veces, de hecho, esto ocurre en cuestión de milisegundos y sin que nosotros seamos conscientes. Y es ahí donde radica la importancia del procesamiento emocional.

Pero el cerebro no debería limitarse a procesar mejor un estímulo emocional determinado. Seguro que todo el mundo recuerda las últimas secuencias del famoso thriller de Hollywood de los noventa, El Silencio de los Corderos, donde la agente Clarice Starling entra en casa del asesino y avanza a tientas en la oscuridad. Cuando, aterrada, sale del baño con las dos manos en la pistola, cada sonido que ocurre en aquel momento resulta magnificado: el rumor de la nevera, el goteo del agua o incluso su propia respiración.



De la misma manera, cuando un individuo se encuentra en situación de amenaza, debería ser capaz de reaccionar hacia cualquier estímulo que aparezca en ese momento, por inapreciable que sea. Porque cualquier información podría ser decisiva.

En este estudio, publicado en la revista Cerebral Cortex, hemos demostrado que visualizar caras con expresión de miedo o de amenaza magnifica el procesamiento de sonidos novedosos ambientales que ocurren al mismo tiempo. De hecho, las áreas cerebrales relacionadas con el procesamiento de novedad auditiva se activan más intensamente en un contexto emocionalmente negativo, probablemente por mediación de la amígdala, un complejo de núcleos con un papel crucial en el sistema límbico.





Fig 1. The Silence of the lambs. Jonathan Demme. Jodie Foster, Anthony Hopkins, Scott Glenn, Ted Levine. 1991. Lauren Films, S.A. (Spain).

Fig 2. Domínguez-Borràs, J., Trautmann, S.A., Erhard, P., Fehr, T., Herrmann, M., & Escera, C. (2008). Emotional context enhances auditory novelty processing in superior temporal gyrus. Cerebral Cortex, in press, doi:10.1093/cercor/bhn188. (link)