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su obra L'Amant, Marguerite Duras lleva a cabo un relato autobiográfico
en el que entreteje recuerdos de infancia en Indochina. En la obra, conoceremos
a su familia así como las relaciones degradadas que mantiene con su madre
y su hermano, la sociedad que la rodea pero, sobre todo, un encuentro con un comerciante
chino. Este encuentro irá más allá de las palabras iniciando
un romance imposible: ella forma parte de los colonos, él de los colonizados,
ella es muy joven, él también, pero menos, ella es pobre, él,
extremadamente rico. |
| | Indochina.
Durante la guerra y la ocupación francesa. Una imagen en el silencio. Una
fotografía que nadie tomó pero que quedó clavada en el tiempo,
en la memoria, imborrable. Una muchacha de quince años, esperando algo
en el seno de una familia destruida y destructora. La monotonía del calor
que nunca termina, aplastándolo todo sobre el Mekong. Y en esta atmósfera
se entremezclan sentimientos de amor y de odio que implican apasionadamente al
lector durante toda la novela. El abandono del padre por enfermedad,
la locura de la madre, la violencia aterradora de su hermano mayor, la miseria,
la gratuidad atroz de la guerra, se traducen en nuestra protagonista en una incapacidad
de amar. Esa muchacha de quince años aprovecha el encuentro con un comerciante
chino que le dobla la edad para despertar, para exteriorizar lo que ya preludiaba
aquella imagen inocente a la orilla del río: el deseo, el deseo de un hombre
que pudo haber sido cualquier otro. Ese encuentro desencadena una oleada de erotismo,
placer, deseo y, pasión, pero no de amor. Ella expresa una voluntad manifiesta
de querer ser como cualquier otra que ha pasado por la habitación del comerciante.
Preferiría que él no la quisiera. Esta relación acabará
por desgarrar a la familia y por poner en el rostro de esa dulce muchacha los
rasgos de una vejez prematura ("Très vite dans ma vie il a été
trop tard (...) à dix-huit ans j'ai vieilli"). Los amantes se irán
precipitando hacia el fracaso debido a las trabas impuestas por el peso de la
mirada colectiva. En este momento, a los dieciocho años, ella abandona
a su madre y a su hermano para marcharse a Francia y llevar a cabo su voluntad
de escribir, pero el fracaso y las decepciones la perseguirán. Durante
la guerra, ocurre algo terrible que marcará a Marguerite: la muerte de
su hermano menor. Esa muerte que simboliza la victoria del terror y la fuerza
sobre los débiles, los indefensos, en definitiva, que simboliza la guerra.
Nos encontramos, de este modo, ante una obra vertebrada por una perpetua dialéctica
entre destrucción y creación, muerte y vitalidad, que define la
vida de su autora. Vemos cómo Duras realiza una escritura de
la vida y, para ello, utiliza un lenguaje muy especial que reproduce la espontaneidad
y el desorden inherentes a la vida real. En esta novela, por primera vez, la autora
confiesa desnudarse ante sus lectores contando algo que va más allá
de las palabras, más allá de los hechos. Duras cuenta, precisamente,
aquello que no pasó, aquello que nunca se dijo, cuenta los silencios, sus
silencios. |