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Un desierto. Una gruta. ¿Qué más? ¡Un puente! No hay
una primera pared, hay -a la derecha, un vidrio, y detrás del vidrio, el
viento: el mar. Por la noche, cuando ya no se trabaja, cuando el pincel descansa
y termina por llegar el huésped, la pared de vidrio, de mar, desaparece
detrás de otra que fluye. Seda o no -ámbar. Por las noches, en el
estudio de Goncharova sale otro sol. |
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Natalia Goncharova. Retrato de
una pintora | |
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Traducción y notas del ruso
de Selma Ancira Barcelona: Editorial Minúscula
(Colección Con vuelta de hoja, 3), 2004 ISBN: 84-95587-27-0 D.L.:
B-7.766-2006 1ª
edición | Natalia Goncharova (zhizn i tvorchestvo), 1929 | |
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| | |biografía |
| | Marina
Tsvietáieva (Moscú 1892-Elábuga 1941) vivió en Rusia
hasta 1922, año en que decidió reunirse en el extranjero con su
marido, un oficial de la Guardia Blanca. Residió en Berlín, en Praga
y finalmente en París, ciudad que abandonó en 1939 para regresar
a la Unión Soviética, donde tres años más tarde puso
fin a su vida. Su obra, considerada una de las más destacadas del siglo
XX, incluye tanto poesía como prosa. Entre los libros traducidos al castellano
están El diablo, El poeta y el tiempo y Un espíritu
prisionero. En catalán, el lector puede hallar una versión coral
de las dos mayores poetas rusas del XX: Tsvietáieva y Akhmátova,
por parte de la traductora Mónika Zgustova y la poeta Maria-Mercè
Marçal (Versions d'Akhmàtova i Tsvetàieva. Com en la nit
les flames, Proa, 2004). |
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| | |sinopsis |
| | Este
libro es el crisol donde se funden y con-funden los nombres que compartieron dos
mujeres: Natalia Goncharova, la legendaria esposa de Pushkin, y la pintora vanguardista
rusa que vivió entre 1881 y 1962. Este texto, marcado por la fascinación
que Tsvietáieva sentía por el mito, la creación, el héroe,
la belleza fatal y el poeta Pushkin, reflexiona sobre la infancia de la pintora
(que la poeta relaciona con su niñez a través de correspondencias,
coincidencias y demás caleidoscopios mágicos…), pero emprende un
viaje más lejano, hasta la prehistoria de Goncharova, hasta la prehistoria
de Tsvietáieva, de Pushkin y de la misma Rusia. |
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| | |reseña |
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Borbotones de palabras, trazos de color grueso, ráfagas de luz hiriente,
respiración entrecortada, como con el corazón palpitando en la garganta…
Es la biografía de la gran pintora rusa de vanguardia de principios de
siglo XX, Natalia Goncharova, de la mano de la gran poeta moscovita también
de vanguardia, Marina Tsvietáieva. Los pulmones agitados de la poeta al
subir las escaleras de la casa parisina de la pintora renacen en el pecho del
lector, cuando pasea la mirada por las palabras agolpadas a base de metáforas
e, incluso, de aposiciones entre guiones, que conforman este libro.
Natalia
Goncharova, nacida en Moscú, supo hacer de la creación su razón
de vida. Crear, crear de la nada, de la forma que fuera, con lo que se pudiera
crear: dibujos maquillados en la frente y las mejillas, grandes telas, pequeños
jardines de papel en cajas de zapatos… Telas silenciadas, anotadas en un susurro
en cualquier esquina de los manuales de historia del arte, que crecen y crecen
hacia el cielo: ¡Son catedrales!, exclamaría algún crítico
al visitar sus exposiciones. Catedrales creadas incesantemente, porque, como dijo
Carmen Martín Gaite en Nubosidad variable, a veces es el único
camino a seguir: escribir, pintar, crear…
Si la pasión verbal de
Tsvietáieva nos induce a imaginar poetas-pintoras tocadas por la gracia
divina de las musas, sus mismas palabras deshacen el error: creación y
trabajo. Horas y horas sobre las telas. Horas y horas sobre el papel en blanco.
Trabajo y más trabajo, para que la inspiración las encontrara -a
ambas, poeta y pintora- con la pluma-pincel en la mano.
A poco que se indague
bajo los trazos del pincel de Goncharova, los colores relampagueantes del "rayismo"
-ismo con que la crítica bautizó, a posteriori, obras de la pintora
rusa como Los gatos- se borran para descubrir su realismo soviético,
cercano, en el fondo, al realismo de Millet, lleno de luz tibia y de día-a-día;
visiones clarividentes y no por eso menos sencillas de bosques y campesinos, que
dibujan en el fondo la cotidianeidad de un pueblo, del suyo. Y esa raíz,
rusa hasta la médula, tiene un nombre de varón: Pushkin, el poeta
popular, nacional. El poeta de Rusia.
La pluma de Tsvietáieva se
balancea a trazos antojadizos entre dos biografías y muchas sombras. La
vida de Natalia, "una". La vida de Natalia, la "otra". La
sombra de Pushkin sobre la "otra". La sombra de Pushkin sobre Tsvietáieva.
La sombra de Tsvietáieva sobre Pushkin y sobre la "otra". La
sombra de Tsvietáieva sobre Goncharova, "su" Goncharova… ¿Sombras?
¡Luces! Latigazos verbales de luz que iluminan y rasgan las biografías
de esos grandes seres que marcaron su época.
Entre una y otra Goncharova,
los fantasmas de Tsvietáieva se cuelan por entre las rendijas de su voz.
De ahí que lo biográfico se entreteja con el arte y que nadie se
rasgue las vestiduras: porque para Marina el arte no es ni un constructo ni el
producto de la explosión de la materia; porque el arte es el resultado
de talento y trabajo, dos factores muy humanos y, por ende, con mucho de "biográfico".
Palabras como cristales brillantes, como pedacitos de espejo, salpican los reflejos
de las dos Goncharovas, el de Pushkin y el de la propia Tsvietáieva, en
un laberinto caleidoscópico que se desmadeja a fuego lento en el vientre
del lector. |
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Blanca Ripoll Sintes |
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2006 © Blanca Ripoll Sintes © Centre Dona i Literatura Para citar esta reseña:
Ripoll Sintes, Blanca (2006), "Marina Tsvietáieva.
Natalia Goncharova. Retrato de una pintora",
Lletra de Dona in Centre Dona i Literatura, Barcelona, Centre Dona
i Literatura / Universitat de Barcelona, fecha de consulta. <http://www.ub.edu/cdona/lletra_de_dona/fitxautora/tsvietaieva.htm> |