Hay que sonreír

  • Valenzuela, Luisa

    Hay que sonreír

Ed. cit.

Hay que sonreír

Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2007

ISBN: 978-950-557-706-4

Se sentó sobre el borde que quedaba libre y se puso a admirarle el cuerpo: tenía la gracia de un tigre que duerme. Lo miró largo tiempo. Después se aburrió y empezó a estudiar su cajón que ya iba tomando forma […]. Me van a cubrir completamente. Una lástima, porque mal formada que digamos no estoy… pero no, nada de lástima, una bendición del cielo porque por fin podré trabajar con mi cabeza, sola, sin este cuerpo que se me metió de por medio para hacerme problemas.

biografía

Hija de la escritora Luisa Mercedes Levinson, Luisa Valenzuela (Buenos Aires, 1938) es una novelista, ensayista, cuentista y periodista argentina. Sus textos se caracterizan por su posicionamiento feminista y su cuestionamiento de las opresiones del régimen dictatorial argentino, cuya censura la llevó, durante la década de los ochenta, a vivir exiliada en los Estados Unidos. Entre sus publicaciones están Como en la guerra (1977), Novela negra con argentinos (1990), Cambio de armas (1982), Simetrías (1993) y Peligrosas palabras (2001).

sinopsis

En París y con sólo veintiún años, Luisa Valenzuela escribió Hay que sonreír. En ésta, su primera novela, la mirada apunta hacia el margen, hacia el arrabal porteño de los años cuarenta, hacia la pobreza y la incapacidad de elección de sus personajes, sujetos fracasados y deprimidos, y hacia Clara, la protagonista, una prostituta ingenua que va sin rumbo en búsqueda de la felicidad.

reseña

La modernidad de una Buenos Aires que, al ritmo de los ferrocarriles, avanza hacia el progreso es el escenario que Clara encuentra a su llegada a la ciudad desde la provinciana Tres Lomas. Aunque por accidente llega a los arrabales y no a Palermo como le habían sugerido, y por accidente también acaba siendo prostituta. Pero Clara no es cualquier prostituta, ella es un sujeto virginal, inocente y hasta infantil, en ella se conjugan a la vez los temores masculinos con los cuales la mujer ha sido representada, demonizada y censurada: ella es niña y mujer, virgen y prostituta, resignación y deseo… Y a partir del desconcierto que genera, Valenzuela logra una empatía con esta prostituta, cuya mala fortuna vulnera la suerte de los lectores, quienes somos capaces de reconocernos en la cotidianidad de sus desventuras y en la ingenuidad de sus deseos.

Dividida en tres partes, Hay que sonreír transita del cuerpo a la cabeza de Clara, quien de ser sólo cuerpo y sexualidad pasa por el tránsito de la promesa de una vida miserable, pero estable, al lado de Víctor, primero, y de Alejandro, después, hasta hacer de su cabeza algo útil, independiente del cuerpo, y servir como decoración en el truco de magia de la flor azteca dirigido por Alejandro. Esta novela, sin embargo, no sólo divide el cuerpo, sino que demuestra su artificialidad en la necesidad de control que tienen los hombres sobre su materia: Clara es un sujeto inaprensible por los hombres, porque éstos ven en ella sólo cuerpo, representación y sexualidad, y no son capaces —todos menos Alejandro, en ocasiones— de identificar sus deseos y emociones. En este tránsito Clara se reconoce a sí misma y se fortalece a partir de las experiencias que vive con sus clientes y con los amantes esporádicos que tuvo: Don Mario, encargado del primer hotelucho donde trabajó; Cruz Diablo, un proxeneta y contrabandista; Carlos, un tanguero y mozo que nunca le fue honesto; Víctor, un vendedor de neveras cuya única voz y presencia que necesitaba era la suya; y Alejandro, un aspirante a arquitecto fracasado, hostil, un poco bohemio, metido a adivino de una kermés, quien por resentimiento, comodidad y poder se casó con ella; hombres egoístas que se apropiaban del cuerpo de Clara y lo utilizaban para enriquecerse, para redimirse, para dominarlo y para fortalecer su hombría.

La ironía de Valenzuela en su narración produce desconsuelo: Clara debe sonreír por resignación, en busca de una felicidad que sabe esporádica y frágil; su oficio es complacer a los demás y desear compañía, cariño y dignidad. Con todo, Clara es un sujeto desafiante y deseante, que no siente vergüenza por ser prostituta, ni sabe habitar el hogar aun cuando es la única promesa que recibe de los hombres. Su lucha por la felicidad consiste en vencer el aburrimiento y enfrentar un tiempo que, en ocasiones, transcurre dolorosamente.

bibliografía crítica

Bilbija, Ksenia (ed.) (2003), Yo soy trampa. Ensayos sobre la obra de Luisa Valenzuela, Buenos Aires, Feminaria Editora.

Cordones-Cook, Juana María (1991),Poética de la transgresión en la novelística de Luisa Valenzuela, Nueva York y Frankfurt, Peter Lang.

Díaz, Gwendolyn (ed.) (2002), Luisa Valenzuela sin máscara, Buenos Aires, Feminaria Editora.

Díaz, Gwendolyn & María Inés Lagos Pope (eds.) (1996), La palabra en vilo: narrativa de Luisa Valenzuela, Santiago de Chile, Cuarto Propio.

Edita: Centre Dona i Literatura

Vera Rojas, María Teresa

Vera Rojas, María Teresa (2010), "Luisa Valenzuela. Hay que sonreír", Lletra de Dona in Centre Dona i Literatura, Barcelona, Centre Dona i Literatura / Universitat de Barcelona.

http://www.ub.edu/cdona/lletradedona/es/hay-que-sonreir
Facebook Twitter Vimeo Share to Stumble Upon More...