La lámpara

  • Lispector, Clarice

    O lustre

Ed. cit.

La lámpara

Trad. Elena Losada

Madrid, Ediciones Siruela, 2006

ISBN-10: 84-7844-243-X D.L.: M-36.258-2006

¡Pero la lámpara! Estaba la lámpara. La gran lámpara de lágrimas refulgía. La miraba inmóvil, inquieta, parecía sentir una vida terrible. Aquella existencia de hielo. ¡Una vez!, una vez ante su mirada de lámpara se esparció en crisantemos y alegría, otra vez -mientras ella corría atravesando el salón- era una casta semilla. La lámpara de lágrimas. Salió corriendo sin mirar hacia atrás. 

sinopsis

Virginia y Daniel son dos hermanos criados en Granja Quieta, situada en el pueblo de Brejo Alto, que, en compañía de sus padres y su hermana Esmeralda, viven una infancia de soledad y llena de confidencias. Varios son los acontecimientos cruciales de su infancia que determinarán en su juventud la actitud que tomará Virginia para enfrentarse con la realidad, retratados en varios pasajes de la obra como: la visión de un aparente ahogado, la picadura de una araña venenosa de la colección de Daniel en el ojo de Virginia, hasta la creación de la Sociedad de las Sombras, que más que un juego, coloca a Virginia bajo el control total de su hermano y la lleva a delatar a su hermana Esmeralda. Ese es el suceso detonante para trasladarse a la ciudad, a continuar con sus estudios junto con Daniel, quien se casa poco tiempo después, dejando a Virginia en plena soledad. De ahí parte la máxima aventura introspectiva. Conoce a Vicente, quien es su amante hasta que su padre le avisa de la muerte de la abuela y le pide que vuelva a Granja Quieta. El regreso a su pueblo natal le provoca tal incertidumbre de existencia, que decide, después de un tiempo, volver a la ciudad y antes de que esta le abra sus puertas es atropellada y víctima de los rumores de la gente.

reseña

El uso del monólogo interior, pese a estar presente en todas las obras de Clarice Lispector, es en La lámpara donde toma especial cuerpo y forma en la voz de su personaje Virginia. Conserva además las constantes que caracterizan la obra de Lispector: el flanêurismo de la mujer que se traslada a la ciudad y lo único que tiene que hacer es contemplar en su vagabundeo; la náusea derivada de ello; la búsqueda del lenguaje, la impotencia para nombrar las cosas; el silencio como la consecuencia de la soledad; el instante como definición de su existencia; hasta la tremenda abyección de sus personajes, que no son capaces de reconocer su existencia ni siquiera en un espejo.

La relación marcada entre Virginia y Daniel en su infancia será crucial para la actitud permanente de Virginia, una niña inocente con pequeños toques de malicia, que vuelca su alma a ser una desgraciada por pertenecer a la Sociedad de las Sombras. "Un nuevo elemento hasta ahora extraño había penetrado en su cuerpo desde que existía la Sociedad de las Sombras. Ahora ella sabía que era buena pero que su bondad no impedía su maldad […] Salir de los límites de la vida […] Yo podría matarlos a todos…" Expulsada así de su propia moralidad, busca en la ciudad, tras el abandono de Daniel, el permanente estado de vigilia, de un ser dormido que solo se dedica a contemplar, tras el aburrimiento insertado en su cuerpo y que ha tocado su alma.

Lispector publicó La lámpara en 1946, poco tiempo después de Cerca del corazón salvaje y, pese a ser su segunda novela, en ella encontramos ya los elementos que formarán el resto de sus obras, la gestación de sus pasajes favoritos de la vida: la señora ciega con la que se encuentra, que recuerda al cuento "Amor": "Su compartimiento estaba sobre el de una ciega. Un rostro sonriente escrutador que parecía extraordinariamente vivo, inteligente. Le ofreció ayuda tibiamente sin conseguir sentir compasión de la mujer". La imagen de la borracha inadaptada dispuesta a ser receptáculo de todo acontecimiento humano, de "Devaneo y embriaguez de una muchacha": "Borracha, borracha, se decía con una vergüenza cálida, ya sonriendo. Se sorprendía de que no tuviese ganas de hacer tonterías, lo que más deseaba era decir en tono bajo y misterioso, casi con furia, a todas las partículas de aquel aire templado, íntimo y brillante: adiós, adiós. Y en eso había una angustia presa, una mancha oscura y opaca". Hasta el sentirse escarabajo, casi cucaracha, como bien lo definirá en La pasión según G.H. (1964), "era un insecto duro, un escarabajo, volaba en repentinas líneas, golpeaba contra las vidrieras cantando con estridencia". Encontramos también en La lámpara el permanente diálogo con la materia inerte, por ejemplo, con las piedras, como Martín hace en La manzana en la oscuridad (1961): "Por un instante, en un leve torbellino silencioso, toda su vida la había pasado sentándose sobre las piedras... notando la mirada de otra persona, encontrando a un ciego, oyendo solo ciertas palabras...". Incluso el mismo final de la novela reaparecerá después: el atropello sufrido por Virginia precede al de Macabea en La hora de la estrella (1977), ambos previstos por una vidente, en este caso, la vidente Cecilia, que en su infancia predestina a Virginia a morir; nada mejor podía esperar de la vida, en ese transcurrir patético de su existencia.

Clarice Lispector coloca una vez más sus constantes literarias en esa lámpara de lágrimas que bascula entre la esperanza de llegar a mirarse y la alegría de existir, la epifanía de ser y el otro polo, donde está la infelicidad, el desgarro y la angustia de no tener la luz, llegando a la misma luz, que es la muerte. 

Edita: Centre Dona i Literatura

Hernández, Carolina

Hernández, Carolina (2007), "Clarice Lispector: La lámpara", Lletra de Dona in Centre Dona i Literatura, Barcelona, Centre Dona i Literatura / Universitat de Barcelona.

http://www.ub.edu/cdona/lletradedona/es/la-lampara
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