Libro de las obras divinas

  • Hildegarda de Bingen

    Libro de las obras divinas

Ed. cit.

Libro de las obras divinas

Trad. de María Isabel Flisfisch, María Eugenia Góngora y María José Ortúzar

Barcelona: Herder, 2009

ISBN: 978-84-254-2511-0 D.L.: B-31.757-2009

[Yo], vida ígnea de la sustancia de la divinidad, arrojo llamas sobre la belleza de los campos y brillo en las aguas y resplandezco en el sol, en la luna y en las estrellas; y, con un viento de color broncíneo, despierto a la vida todas las cosas desde una vida invisible, que todo lo sostiene.

sinopsis

El Libro de las obras divinas consta de tres partes y diez visiones. La primera parte recoge cuatro visiones cosmológicas que concluyen con un comentario del prólogo del Evangelio según Juan. La segunda consta de una única y extensa visión de la tierra, los méritos de la vida y los siete días de la Creación. La tercera incluye cinco visiones en las que recrea la temática de la ciudad de Dios (San Agustín) y desarrolla el tema de la acción de Sapientia y Caritas en la historia de la cristiandad. La obra finaliza con el motivo de las edades del mundo antes de la llegada del Anticristo, y el fin de los tiempos.

reseña

Hildegarda de Bingen escribió el Libro de las obras divinas entre 1163 y 1174. Este tratado, su obra magna, culmina el llamado “tríptico visionario”. La autora se sirvió, una vez más, del discurso visionario y profético para difundir las verdades que, según decía, Dios le había revelado. Sin embargo, la imagen del mundo creado que allí presenta tiene una gran afinidad con los principios de la filosofía natural de su época. La cosmología subyacente en esta obra es, en síntesis, la imagen de un universo esférico y compuesto por los cuatro elementos, cuyo centro natural es Caritas, concebida como fuerza ígnea y alma del mundo. Un complejo sistema de vientos se encarga de la mecánica celeste (el movimiento del firmamento y el de los planetas) y es también el responsable, junto con los rayos de los distintos astros, de las influencias entre el universo y el ser humano.

Esta imago mundi es representativa del siglo XII, una época marcada por la renovación del saber científico y filosófico que tradicionalmente se ha asociado con la escuela de Chartres. Desde un lugar físico y un ámbito discursivo distintos Hildegarda afronta las mismas cuestiones que aquellos maestros, surgidas fundamentalmente de la búsqueda de concordia entre los principios “físicos” de la Biblia y del Timeo de Platón. Se desconocen cuáles fueron exactamente las fuentes primarias en las que la escritura de Hildegarda se habría inspirado, pues solo muy raramente las cita. Sin embargo, los paralelismos conceptuales y textuales que sugiere la lectura comparada con otras obras denotan un notable conocimiento de fuentes primarias. Además, las referencias a fuentes latinas en obras de religiosas coetáneas (como el Jardín de las delicias de Herrada de Hohenbourg) permiten valorar, en cierto modo, el uso de determinados textos que Hildegarda reelaboró en el marco de un discurso sincrético propio.

En el Libro de las obras divinas la cosmología evoluciona respecto de la visión del mundo que exponía en el Scivias (I, 3). Y destacan también otros aspectos, como la presencia de “divinidades” femeninas. La figura de Caritas, que aparecía ya en obras anteriores, especialmente en el Ordo Virtutum y en el Libro de los méritos de la vida, adquiere en la última obra de Hildegarda una relevancia especial. Caritas llega a ser una clave de lectura muy potente de la obra en sí, así como de la nueva imagen del mundo que en ella se expone. Junto con Sapientia y otras personificaciones femeninas, estas divinidades arrojan aire fresco en el ámbito de la espiritualidad medieval y aportan nuevas formas de pensarla (Newman, 2003: 2-3).

autopoética

Una voz del cielo se dirigió a mí, diciendo:

“Oh, pequeñita forma, que eres hija de muchísimas fatigas y atormentada por graves enfermedades del cuerpo, pero inundada, sin embargo, de la profundidad de los misterios de Dios, encomienda estas cosas que ves con los ojos interiores y que percibes con los oídos interiores del alma, a la escritura firme para la utilidad de los hombres; para que también los hombres comprendan a su creador a través de ella y no rehúyan venerarlo con digno honor. Por consiguiente, escribe estas cosas, no según tu corazón sino según mi testimonio, Yo que soy la vida sin comienzo ni fin”. (Libro de las obras divinas: 129-130).

bibliografía crítica

Cristiani, Marta (2003), “Introduzione”, Ildegarda di Bingen. Il libro delle opere divine. Testo latino a fronte, Marta Cristiani y Michela Pereira (eds.), Milán: Mondadori: xi-cxxxiii.

Derolez, Albert y Peter Dronke (eds.) (1996), Hildegardis Bingensis Liber diuinorum operum, Corpus Christianorum Continuatio Mediaeualis, 92, Turnhout: Brepols.

Newman, Barbara (2003), God and the Goddesses. Vision, Poetry, and Belief in the Middle Ages, Philadelphia: University of Pennsylvania Press.

Pernoud, Régine, “El universo y el hombre en las visiones de Hildegarda”, Hildegarda de Bingen. Una conciencia inspirada del siglo XII, Barcelona - Buenos Aires - México: Paidós: 73-86.

Edita: Centre Dona i Literatura

Rabassó, Georgina

Rabassó, Georgina (2010), "Hildegarda de Bingen. Libro de las obras divinas", Lletra de Dona in Centre Dona i Literatura, Barcelona, Centre Dona i Literatura / Universitat de Barcelona, fecha de consulta.

http://www.ub.edu/cdona/lletradedona/libro-las-obras-divinas
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