Mi relación con la comida

  • Liddell, Angélica

    Mi relación con la comida

Ed. cit.

Mi relación con la comida

Madrid, Fundación Autor, 2005

ISBN: 84-8048-659-7

Lo siento. No puedo. No puedo comer en ese lugar. (…) No puedo comer junto a esa gente. Van demasiado limpios y su ropa es demasiado nueva. Me dan asco. El mismo asco que yo le doy a un africano. Los zapatos de esa gente son demasiado caros. (…) Yo merezco el escupitajo del africano. Yo merezco el odio del africano. Yo merezco el odio del pobre. Y la gentuza que come dos platos y postre en ese lugar merece mi odio.

biografía

Angélica Liddell (Figueres, 1966) es una dramaturga, escritora, escenógrafa y actriz española. A lo largo de su carrera, Liddell ha recibido varios galardones, entre ellos, el Premio Nacional de Literatura Dramática (2012) y el León de Plata de la Bienal de Teatro de Venecia (2013), por una dramaturgia crítica y transgresora, que muestra los aspectos más sórdidos de la condición humana. Desde 1993, dirige la compañía Atra Bilis Teatro, con la que representa obras como Y cómo se pudrió Blancanieves (2005), Te haré invencible con mi derrota (2009) o La casa de la fuerza (2009). La obra Mi relación con la comida ganó el XIII Premio SGAE de Teatro, en el año 2004.

sinopsis

Después de siete años de pobreza extrema, comiendo espaguetis baratos con mantequilla barata, en un piso donde el alma humana comparte el moho con las paredes, el/la protagonista se reúne con un crítico teatral para comentar su nueva obra, pero se niega a comer en un restaurante caro y lujoso, plagado de corbatas y sueños mezquinos.

reseña

En Mi relación con la comida, acechada por la imagen de cuerpos famélicos llenos de moscas –cada vez que se menciona el arte culinario de Ferrán Adrià–, Angélica Liddell clama contra el hambre, como un genocidio consentido y organizado por el sistema capitalista. En la cara próspera del planeta, regida por la dictadura económica, el turismo gastronómico se convierte en una aberración cuando la otra mitad se muere de hambre. Con su inteligente ironía, Liddell critica la hipocresía de la intelectualidad burguesa que, con el vientre bien lleno, juzga inapropiado y de mal gusto hablar de dinero y prefiere llenarse la boca con cuestiones relacionadas con la vida interior y los sentimientos, porque no conoce el dolor del hambre y la pobreza. Sin embargo, para quien ha vivido matando cucarachas con una bufanda, mientras cenaba helada de frío, sólo existe el dinero, y los privilegios (de manera justificada) alimentan su odio. Consciente del sufrimiento que atraviesa el mundo, desde el desconsuelo y el pesimismo más absolutos, Liddell se pregunta si el ser humano –ambicioso, mezquino e inválido para la compasión– tiene derecho a seguir existiendo.

A partir de un monólogo lúcido y lleno de rabia, con frases cortas y descarnadas, Liddell lanza un insulto ininterrumpido contra la mediocridad social y la banalidad cultural. Al identificar el arte y la distracción, comenta Liddell, la cultura burguesa convierte la miseria en entremeses cómicos, ingeridos sin esfuerzo intelectual, con los que somete a las masas engañadas que se aferran (distraídamente) a los dispositivos culturales que las oprimen (e idiotizan). En esta situación, al igual que diría Adorno en La industria cultural, Liddell afirma que divertirse significa estar de acuerdo, ya que el sujeto acepta sin rebelarse la violencia del estado del bienestar. Por eso, frente a esa sociedad del espectáculo, Liddell quiere crear una obra que sea como un alambre, para que nadie pueda llegar a devorarla: una obra que, en contra de los intereses económicos, deje al espectador con la fuerza del hambre. Consciente del desprestigio de la utopía, Liddell opta por la re-construcción ética, a través de la representación de la catástrofe, como una violencia poética que lucha contra la violencia real. Su finalidad es despertar al espectador de su callado letargo y apatía, no para conseguir que se reconcilie con la realidad, sino para hacer que se avergüence de ella, al hacerle partícipe del dolor que causa el fracaso de lo humano. Así, reacia al decoro que exhiben muchos intelectuales –incapaces de ensuciarse la lengua hablando de dinero–, el inconformismo de Liddell lucha en contra de la vacuidad estética, para que su obra no se convierta en cultura. Al borrar los límites que separan el arte y la vida (sin concesiones), Liddell crea una obra crítica, desgarrada, marcadamente política y de máxima actualidad, en donde analiza la podredumbre de un sistema económico que se alimenta de hambre y pobreza. Por eso, dice Liddell, “No puedo. No puedo comer en ese lugar”.

Edita: Centre Dona i Literatura

Tornos Urzainki, Maider

Tornos Urzainki, Maider (2014), "Angélica Liddell: Mi relación con la comida", Lletra de Dona in Centre Dona i Literatura, Barcelona, Centre Dona i Literatura / Universitat de Barcelona, fecha de consulta.

http://www.ub.edu/cdona/lletradedona/mi-relacion-la-comida
Facebook Twitter Vimeo Share to Stumble Upon More...