Parientes pobres del diablo

  • Fernández Cubas, Cristina

    Parientes pobres del diablo

Ed. cit.

Parientes pobres del diablo

Barcelona, Tusquets, 2006

ISBN: 84-8310-333-8 D.L.: B.6.696-2006

A mí me atemoriza más la palabra algo. [...] Algo puede ser cualquier cosa. Un peligro difuso, una abstracción, una amenaza inconcreta. Y no hay nada más difícil que protegerse de un enemigo anónimo 

biografía

Cristina Fernández Cubas (Arenys de Mar, 1945) combinó los estudios de Derecho y Periodismo con la activa participación en un grupo de teatro estudiantil, antes de dedicarse plenamente a la escritura. Su primera obra, Mi hermana Elba, un original libro de cuentos publicado en 1980, conquistó un lugar destacado dentro de la literatura española contemporánea y la convirtió en un referente para los aficionados al relato corto. Sus diferentes obras, cuentos, novelas y la pieza de teatro, están dotadas de una cohesión admirable y revelan un universo muy singular. 

sinopsis

La última creación de Fernández Cubas reúne los relatos La fiebre azul, seguido del cuento central que da título a este libro, Parientes pobres del diablo, y, finalmente, El moscardón. El nexo de unión entre los relatos es el desconcierto que provocan los eventos inexplicables y la presencia del diablo, que mediante distintos disfraces se apodera de los personajes, haciéndoles dudar de su propia identidad e instalándolos en el lugar del otro. Aunque la apariencia de lo ominoso lleva a los protagonistas a un aislamiento físico o mental y, por consiguiente, a la locura, esta experiencia insólita no siempre les resulta negativa 

reseña

Parientes pobres del diablo nos introduce en otra dimensión indefinida, habitada por "algo" que provoca experiencias unheimlich y agradables a la vez.

En "La fiebre azul", un falsificador de objetos de artesanía viaja a un lugar de África, a una tierra desconocida con un idioma ininteligible. Ocupa una habitación en un hotel donde una presencia inquietante ataca a los viajeros. Los autóctonos parecen inmunes a este mal que ellos llaman "Heliobut". Las personas que lo padecen ven el azul -y "tienen the blues"- por todas partes. ¿Heliobut es el diablo? ¿O sólo ayuda a conocernos mejor a nosotros mismos y a nuestro alrededor? Una vez de vuelta a casa, el narrador se da cuenta de que el diablo se ha apoderado de su familia en cuyos nombres ha dejado sus huellas. Descubre que su verdadero hogar está en África, lejos del mundo "civilizado" donde convive con una mujer que no lo entiende y unos hijos que sólo conversan a través del móvil.

Para la narradora de Parientes pobres de diablo el infierno no tiene nada de espantoso, simplemente es otra dimensión de la vida. De Claudio -que dedica una tesis a los parientes pobres del diablo, investigación que tendrá consecuencias fatales- aprende que éstos habitan una zona confusa entre el mundo real y el infierno, que no pueden asentarse en ninguno de los dos. Son peligrosos, ya que han nacido para el mal y no pueden ejercerlo en el infierno. Se encuentran entre nosotros y se reconocen en las personas eternamente insatisfechas e inquietas. La escritora hace un guiño a la literatura fantástica, su corriente predilecta. Por boca de la narradora equipara los autores de este género a parientes pobres del diablo: ambos disparan "con certera puntería el arma que mejor dominan: la palabra [...] Saben cómo seducir [...] dar con la dosis precisa de veneno y soltarla en el aire en el momento exacto".

El moscardón, debido a una asociación de ideas de doña Emilia, encarna al anticristo en el último relato. No obstante, este "demonio" refleja una nostalgia de su juventud, mientras que el verdadero infierno es la residencia y todo lo relativo a ella, incluida "Jesusica" (Jessica), la chica que la ayuda. Aquí la primera y tercera persona del singular se alternan, dotando al lector de un conocimiento superficial y supuestamente objetivo, y a la vez conociendo las inquietudes íntimas de una señora cada vez más incapaz de discernir las diferentes dimensiones de su existencia. En la vida de doña Emilia todo está mezclado, hecho reflejado en su aspecto físico. Pese a sus 87 años, parece una niña: conserva un cutis perfecto sin una sola arruga. El cuento parece un homenaje al vacío, a los agujeros en la mente de la anciana, rellenados con reminiscencias del pasado y episodios provenientes del mundo onírico. Además, está dotado de una buena dosis de humor: mientras Emilia desempeña su papel de pobre anciana se felicita por su capacidad de tender trampas a los demás.

En los tres cuentos, las cosas nunca son lo que aparentan, sino que se trata de una mala copia de lo que los personajes intentan ser o de cómo podría ser su vida. Los relatos también nos enseñan que cualquier juicio depende únicamente del punto de vista y que la opinión general no necesariamente coincide con la del individuo.  

autopoética

"La otredad implica un salto de muro y eso ya es suficiente para que me interese. Tengo una serie de obsesiones que se van repitiendo en lo que he escrito. Me muevo a gusto en este mundo pero no sé de dónde viene este mundo. No me he psicoanalizado. Creo que el hecho de escribir, sobre todo este último libro, me ha evitado el diván" (Beilin, Katarzyna Olga, Conversaciones literarias con novelistas contemporáneas, Woodbridge: Tamesis, 2004, p. 136). 

Edita: Centre Dona i Literatura

Poelen, Anne Marie

Poelen, Anne Marie (2007), "Cristina Fernández Cubas. Parientes pobres del diablo", Lletra de Dona in Centre Dona i Literatura, Barcelona, Centre Dona i Literatura / Universitat de Barcelona.

http://www.ub.edu/cdona/lletradedona/parientes-pobres-del-diablo
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