Sobre la revolución

  • Arendt, Hannah

    On Revolution

Ed. cit.

Sobre la revolución

Trad. Pedro Bravo

Madrid: Alianza Editorial, 2013 (3 ed.)

ISBN-13: 978-84-206-7619-7

La revolución no es otra cosa que la fundación de la libertad, es decir, la fundación de un cuerpo político que garantice la existencia de un espacio donde pueda manifestarse la libertad.

biografía

Hannah Arendt nació en Hannover (Alemania) en 1906. Aunque se doctoró en filosofía en 1928, no se consideraba a sí misma filósofa. Lo suyo era pensar, desde la teoría política, los diversos fenómenos políticos que sacudieron al mundo desde la llegada de Hitler al poder. Por su condición de judía tuvo que emigrar de Alemania en 1933 y exiliarse primero en París y luego en Estados Unidos, país donde se dedicó a la enseñanza y publicó sus obras más conocidas: Los orígenes del totalitarismo (1951), La condición humana (1958), Eichmann en Jerusalén (1963) y Sobre la revolución (1963), entre otras. Murió en Nueva York en 1975.

sinopsis

Este ensayo, publicado originalmente en 1963 y luego en 1965, establece una comparación entre los dos procesos revolucionarios más relevantes del siglo XVIII: la revolución americana (1776) y la revolución francesa (1789). El objetivo de la autora es mostrar cómo dos procesos que partieron de la misma búsqueda de la libertad (el primero frente al dominio británico y el segundo frente al Antiguo Régimen) tuvieron resultados tan disímiles. A través de esta comparación la autora expone cómo fueron interpretados, en el interior de dichas revoluciones, conceptos políticos tan trascendentes para las democracias actuales como poder, violencia, autoridad y ley, entre otros.

reseña

Sobre la revolución es un ensayo meticuloso que indaga sobre las revoluciones modernas del siglo XVIII, fuente e inspiración de los movimientos revolucionarios de los siglos posteriores y del devenir político del mundo occidental. Para Hannah Arendt la revolución francesa y la revolución americana representan, por una parte, la sustancia misma del sentido de lo “revolucionario” en tanto irrupciones que persiguieron constituir algo completamente nuevo, y por otra, suponen las dos caras de una misma moneda: la del ascenso y la del descenso de lo político.

Revolución y libertad van ligadas, nos dice Arendt, pues un proceso que no persiga la libertad, es decir, que no garantice la creación de un espacio político en el que los ciudadanos participen de los asuntos públicos, no puede llamarse revolución. Y aunque es la libertad el ideal de las dos grandes revoluciones, solo llegó a alcanzarse, y de forma parcial, en la revolución americana.

Desde su crítica a la revolución francesa Arendt cuestiona las seguridades sobre las que se ha sostenido la democracia occidental europea: los ideales de libertad, igualdad y fraternidad, y el respeto, casi venerable, a la llamada “voluntad general”, concepto acuñado por Rousseau. El error radica, dice la autora, en que la libertad se diluyó en la liberación del pueblo de las cadenas de hambre y miseria que le oprimían, convirtiendo la satisfacción de la necesidad en el verdadero objetivo de la revolución. La libertad, según Arendt, no puede ir detrás de la necesidad, no puede ser secundaria, no se puede llegar a ella por la vía de la superación de las necesidades más básicas, sino que debe ser en sí misma el objetivo de la revolución. Lo político debe separarse de lo social si es que no se quiere depender de la necesidad.

A través de la comparación que realiza de estos dos procesos revolucionarios, que se iniciaron con una década de diferencia, la autora va configurando su idea de lo político y de las formas, que a su juicio, son imprescindibles para la constitución de la esfera política y con ella del alcance de la libertad. La revolución francesa representa el fracaso de la revolución como tal, en tanto que otorgó el poder a una entidad apolítica e impersonal llamada pueblo (que hablaba a través del líder), y convirtió la violencia en un instrumento para consolidar dicho poder (régimen del terror). La revolución americana por su parte, sin necesidades acuciantes que determinaran su destino, centró sus esfuerzos en la consolidación de un poder plural que se constituyó desde la llegada de los colonos a América (cita el emblemático caso del Mayflower) y que, después de la independencia, se expresó a través de la creación de una constitución nacional. Es la solidaridad, la confianza en los otros, dice la autora, la que les permite construir un espacio político, propiamente dicho, en el que la violencia no tiene cabida.

La revolución, en suma, diría Arendt, solo es posible si persigue la libertad en el marco de la pluralidad, del actuar con los otros, lo que constituye para ella la esencia de la política.

bibliografía crítica

Birulés, Fina (1996), La especificidad de lo político: Hannah Arendt, Valencia, Episteme.

Di Pego, Anabella (2002), “Un análisis de la distinción entre lo social y lo político en la obra de Hannah Arendt”, IV Jornadas de Investigación en Filosofía, 7-9 de noviembre de 2002, La Plata. Revista de Filosofía y Teoría Política, Anexo 2004. http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.163/ev.163.pdf

Sanchez Muñoz, Cristina (2003), Hannah Arendt: el espacio de la política, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

Edita: Centre Dona i Literatura

Yáñez, Sandra

Yáñez, Sandra (2014), "Hannah Arendt. Sobre la revolución", Lletra de Dona in Centre Dona i Literatura, Barcelona, Centre Dona i Literatura / Universitat de Barcelona, fecha de consulta.

http://www.ub.edu/cdona/lletradedona/sobre-la-revolucion
Facebook Twitter Vimeo Share to Stumble Upon More...