Tierra de silencio

El refugiado en "Tierra de silencio": una topología de la exclusión

Joana Videira Alvarez

  • Queiroz, Rachel de

    O Quinze

Ed. cit.

Tierra de silencio

Traducción del portugués de Basilio Losada

Barcelona, Alba Editorial, 1995

84-88730-62-4

Una de las grandes paradojas del progreso fue que su construcción se hizo a costa de la atomización de los sujetos bajo nuevas condiciones de exclusión. El progreso sólo se pudo erigir en el estado de excepción permanente del que fue expropiado de su trabajo, de sus bártulos y de su casa. Lo que muy tempranamente vio Walter Benjamin es que las víctimas son sólo otra pieza más del botín de guerra de los vencedores, o, como dijo Hannah Arendt ante la época que le tocó vivir: "la historia contemporánea ha creado una nueva clase de seres humanos" (Arendt, 2005: 3). Arendt hablaba de los que vio partir y no volver de los campos nazis, pero también de los que se quedaron, los que fueron obligados a una fuga precipitada, los que no murieron pero vivieron como parias convertidos en seres sociales límite.

En Brasil los grandes periodos de sequía reforzaron los hiatos sociales y marcaron, bajo el estigma de la pobreza extrema, a una población nordestina acosada por el hambre y la falta de trabajo, forzándola a migrar para sobrevivir. Esta es la exclusión que Tierra de silencio representa en la forma del sertanejo desterrado de su casa a los "campos de concentración" del gobierno: campamentos de refugiados que sirvieron a los intereses estatales de controlar la plaga de pobreza extrema migratoria.

Queiroz detecta y transcribe aquello que se pierde en los que entran en los campos de refugiados, el modo en que los mecanismos de sujeción y control los llevan a entregarse a su abandono. Este es el Estado que describe Giorgio Agamben: un lugar paradójico para el sujeto, que únicamente se relaciona con él en la medida en que lo entrega a su abandono, a su "bando" (Agamben, 2010: 243), a la "expulsión de la comunidad" (Agamben, 2010: 143). A través de un derecho basado en decisiones soberanas que constituyen el poder de vida y de muerte, el sujeto fue reducido a masa orgánica, y vaga ahora en un magma de tutelas, censuras, códigos. Los refugiados los "flagelados"— son condenados por su Estado a permanecer en un umbral social, ni dentro ni fuera de la nación, ni integrados en ella ni desterrados de sus límites, encerrados en un campo, esperando morir sin infectar. 

El gran logro de Tierra de silencio fue dar un testimonio de la desujetivación para nosotros, lectores, los que no estuvimos allí. Un testimonio que compartimos porque también nosotros somos pues nos rodea amenazadoramente— el sujeto en exclusión. Lo que descubre Rachel de Queiroz es que ante el desamparo social, en la caída en el abismo de la pobreza, todos somos potencialmente "flagelados" en un campo, reductos de un excedente de población no productiva esperando, en vano, que su nación los reintegre. 

Contra este orden de cosas se rebela el personaje de Chico Bento, incansable luchador por su dignidad que, aún después de la pérdida de tres de sus cinco hijos, no se resigna a morir en el campo. El refugiado sale huyendo de sus tierras y llega a otro lugar que lo acoge. Su esperanza es que se convierta en un ciudadano más donde puede reinventarse un futuro. Pero la realidad que nos describe Tierra de silencio es otra: la masa de refugiados es sólo una suma de gente miserable que "están allí, pero no son de allí" (Bauman, 2007: 68), que viven en un no-lugar, incapaces de generar significación para su existencia. Lo que Chico Bento rehúsa es ser el "extraño cercano" (Bauman, 2007: 72), el "extranjero enemigo" (Arendt, 2005: 4) que lo convierte en dócil y asimilable, renunciando a sus derechos mientras espera la muerte. Chico Bento se constituye como el único personaje capaz de llevar a cabo actos verdaderamente libres. Porque la mayor forma de connivencia con las fuerzas de excepción de un poder que quiere ejercer la normalización foucaultiana de los sujetos y que elimina al no idéntico, no propietario, a la fractura es perpetuar la asimilación homogénea. La lucha se hace reforzando el armazón de la discontinuidad de los sujetos, en la afirmación de su identidad pese a todo. 

Bibliografía Citada

Agamben, Giorgio (2010), Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida, Pre-Textos, Valencia. 

Arendt, Hannah (2005), Una revisión de la historia judía y otros ensayos, Introducción de Fina Birulés, Ediciones Paidós, Barcelona.

Bauman, Zygmunt (2007), Tiempos líquidos. Vivir en una época de incertidumbres, Tusquets, Barcelona.

Edita: Centre Dona i Literatura

Videira, Joana

Videira Álvarez, Joana (2013), "El refugiado en Tierra de silencio: una topología de la exclusión", Lletra de Dona in Centre Dona i Literatura, Barcelona, Centre Dona i Literatura / Universitat de Barcelona.

http://www.ub.edu/cdona/lletradedona/tierra-silencio
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