Los movimientos
sociales, como el movimiento ecologista, el de derechos humanos o los movimientos
nacionalistas, han venido haciendo uso de Internet como canal de comunicación
tanto para promover las relaciones entre sus miembros como para alentar
acciones de protesta. Deseamos aquí resaltar el lado positivo de
Internet como recurso en manos de movimientos que, por su carácter
democrático y ampliamente participativo, conectan con las aspiraciones
de la mayoría de los seres humanos, pero ello no impide reconocer
el “lado oscuro” de Internet, ya que la red también puede ser utilizada
por movimientos fundamentalistas que predican la intolerancia o por grupos
políticos de carácter totalitario.
Las características
peculiares de Internet favorecen el uso de la red por parte de los movimientos
sociales.En efecto, en Internet la comunicación es bidireccional,
lo cual implica un modelo de hombre como ser activo versus el modelo de
hombre pasivo (lector, oyente o espectador) fomentado por los mass media
y frecuentemente por la psicología (el hombre como receptor pasivo
de un estímulo al cual responde). El modelo de actor, que concede
a éste el papel de protagonista, con iniciativa y control sobre
su vida, es coherente con los actores sociales que participan en movimientos
colectivos y dirigen su acción, de forma consciente y deliberada,
hacia sus objetivos.
La comunicación
en Internet es horizontal, de usuario a usuario, y contrasta con
la comunicación vertical, jerarquizada, propia de las instituciones.
El carácter no institucional y alternativo de la comunicación
hace a ésta especialmente apta para ser usada por gran número
de personas que no tienen acceso a los medios de comunicación oficiales
y que tratan de expresar opiniones e intereses opuestos a los de los grupos
dominantes, como es el caso de los movimientos sociales, que desafían
al orden político o cultural existentes. La autonomía de
la red le brinda un espacio de libertad que el sistema le venía
negando.
La creatividad
y propuestas de cambio que expresan los movimientos tienen pues una buena
oportunidad en Internet. La red constituye, en cualquier caso, una innovadora
forma de participación que, como ha señalado Castells, “ofrece
posibilidades de interacción y debate en un foro electrónico
autónomo, sorteando el control de los medios. Los ciudadanos podrán
formar, y están formando, sus propias constelaciones políticas
e ideológicas, evitando las estructuras políticas establecidas”
(1997a, 389).
Con frecuencia,
los movimientos sociales utilizan el poder alternativo de Internet en complicidad
con el de los mass media. En esta alianza se conjuga el interés
de los periodistas por los valores humanistas de los movimientos, por los
que simpatiza el gran público (la ecología o la paz conciernen
a todos), con los propios intereses mercantiles de la prensa. Por otra
parte, gracias a los medios, los movimientos y las ONGs consiguen que su
mensaje llegue a millones de personas e influya en la opinión pública.
MOVIMIENTOS SOCIALES,
COMUNIDADES VIRTUALES
Para Manuel Castells,
los movimentos sociales puede ser decisivos como salida a la situación
planteada en esta sociedad de la información ya que, frente a la
presión, aparentemente irresistible, de los grupos que controlan
la globalización económica y política, los movimientos
se atreven a situarse fuera de la cultura establecida y a ofrecer “un sistema
de valores completamente diferente”, construyendo nuevos códigos
culturales y nuevas identidades (1997b, 385-386).
Los movimientos
han venido haciendo uso de las nuevas tecnologías de la información,
consiguiendo con ello resultados a veces espectaculares e inéditos
hasta el presente. Creemos útil citar, al respecto dos casos significativos
entre los mencionados por Castells (1997a): el de un movimiento revolucionario
(los zapatistas de Chiapas, en México) y el del movimiento ecologista.
El movimiento zapatista se convirtió en 1994 en “la primera guerrilla
informacional” (Castells, 1997a, 95) sabiendo utilizar hábilmente
Internet y obtener renonancia en los medios de comunicación mundiales,
convirtiéndose en “el prototipo de revolución social del
siglo XX... el prototipo de guerra red, social y transnacional del siglo
XXI” (Rondfeldt, Rand Corporation, 1995).
En cuanto al
movimiento ecologista, una coalición de grupos ambientalistas
americanos, como Amigos de la Tierra y Greenpeace, se movilizó,
en los años 90, contra la aprobación del Tratado de Libre
Comercio, que resultaba amenazador para el entorno. Emplearon Internet
para coordinar acciones e información y para crear una red permanente
que planificó e impulsó acciones ecologistas en todo el continente
americano a lo largo de la década. Por otra parte, algunas ONGs
americanas se han conectado, vía Internet, con una red de grupos
ecologistas ubicados en países en desarrollo para coordinar acciones
relacionadas con la lucha contra el deterioro ambiental y la pobreza.
Como ejemplo
de redes alternativas al servicio de diversos movimientos sociales, cabe
citar la Association for Progressive Communications –Global Computer Communications
for Environment, Human Rights, Development and Peace-. La red se ha convertido
en una comunidad virtual donde personas y grupos de todo el mundo pueden
intercambiar información, realizar debates y planificar sus estrategias.
Es posible entrar en ella de manera fácil, rápida y económica
con grupos esparcidos por el planeta. El servidor de APC en Catalunya es
Pangea (http: //www.pangea. org).
DESAFIOS A LA
CONSTRUCCION OFICIAL DE LA REALIDAD
Las características
psicosociales de los movimientos se adaptan bien a la comunicación
en red ya que éstos han sido definidos precisamente como redes.
Así Diani (1992), afirma que un movimiento es “una red de interacciones
informales entre una pluralidad de individuos, grupos y/o organizaciones”
(1992, 13), resaltando el carácter informal y no convencional de
su manera de comunicarse y actuar en contraste con las relaciones
formalizadas y jerárquicas que tienen lugar en el seno de las instituciones.
Otro rasgo de los movimientos actuales, es el el de ser “laboratorios de
cultura” (como los ha denominado Melucci) ya que permiten generar alternativas
de nuevos valores y estilos de vida, lo cual concuerda con el carácter
alternativo de las redes informáticas.
La psicología
social construccionista ha subrayado esta última característica.
Así, Gergen, en su obra “El yo saturado” (1991), señala
que los cambios tecnológicos han provocado una alteración
radical en la forma de relacionarnos con los demás, y las nuevas
tecnologías han permitido que una serie de “nuevas voces” se atrevan
a cuestionar la construcción oficial de la realidad.
Las condiciones
psicosociales que posibilitan la acción de los movimientos sociales
favorecen también el uso de Internet. Bert Klandermans (1997) resume
estas condiciones en tres: el marco de injusticia, la identidad y el sentido
de eficacia. La creación de un marco de injusticia consiste en interpretar
la realidad a partir de un marco discursivo o esquema en el que se denuncian
situaciones que, a la luz de los principios democráticos y los derechos
humanos, son ilegítimas y deben ser corregidas. Desde un marco se
utilizan argumentos tales como que el grave deterioro ambiental actual
constituye una amenaza para la supervivencia humana, que las desigualdades
entre el Norte y el Sur son cada vez más intolerables, que la opresión
de la mujer es injusta y absurda o que el delito de genocidio debe perseguirse
aunque haya sido cometido por un jefe de estado.
La condición
de identidad hace referencia a la construcción de una identidad
colectiva o sentimiento de unidad y solidaridad común. En
el caso de Internet, puede hablarse de la creación de una
comunidad virtual entre aquellos internautas que simpatizan con las mismas
ideas y reivindicaciones. Finalmente, generar un sentido de eficacia implica
que las personas sientan confianza en lo que son capaces de hacer para
lograr el objetivo del movimiento, cosa que es posible si cuentan
con los recursos necesarios, con redes de comunicación y personas
suficientes. En consecuencia, el uso de Internet puede incrementar el sentido
de eficacia. Especialmente, si se espera el apoyo de los mass media de
cara a la concienciación de una población amplia. Al obtener
resonancia en los medios, saldrá reforzado el sentido de autoeficacia
de los activistas.
La participación
en acciones de protesta se traduce en presión sobre las instituciones
a favor del cambio propuesto por el movimiento. Esta acción puede
ejercerse en forma de acciones tales como manifestaciones, boicots o huelgas,
pero también puede consistir en recogida de firmas por Internet,
envió de E-mails a las instituciones, etc. En cualquier caso, la
presión de la opinión pública sobre los gobiernos,
multinacionales y grupos denunciados puede surtir efecto en la dirección
del cambio propuesto.
CONCLUSION
Las nuevas tecnologías
de la información, además de estar afectando directamente
a nuestras categorías mentales, a nuestra forma de pensar el mundo
social, están haciendo posible el viejo sueño de que mensajes
alternativos lleguen con rapidez a las masas. Sin olvidar el “lado oscuro”
de Internet, la utilización de la red por parte de grupos totalitarios,
imaginemos los horizontes que se abren para los movimientos que, por el
carácter democrático y universalista de sus valores, conectan
con algunas de las más profundas aspiraciones de la humanidad. O
imaginemos las posibilidades que se abren en países como España,
donde, según las previsiones (Castells, 2000), en el año
2010 contarán con Internet el 80 por ciento de los hogares.
Los movimientos
sociales están persuadidos de que, entre los graves problemas
que azotan el mundo, no hay ninguno insoluble y de que la acción
coordinada en la red puede imprimir un fuerte impulso al modelo de sociedad
por el que ellos luchan, puede significar un paso más hacia una
humanidad más libre y más justa en un planeta habitable. |