Entradas

Prevención universal del abuso de drogas: ¿una hipérbole?

Artículo que propone una reflexión sobre el descenso de la participación de adolescentes en edad escolar en los conocidos como programas de prevención universal, rescatado del Blog “Notas sobre drogas, salud e inclusión social” del psicólogo social Juan Carlos Melero (máster en drogodependencias por la Universidad de Deusto), quien se define a si mismo como “…-persona inquieta, medianamente culta y con una buena dosis de sensibilidad social.-…- psicólogo social inspirado por el psicoanálisis, el pensamiento sistémico y la sociología crítica. Un ecléctico, en definitiva.”

PREVENCIÓN UNIVERSAL DEL ABUSO DE DROGAS: ¿UNA HIPÉRBOLE?

Del conjunto de actuaciones que integran una política pública sobre drogas, llamamos prevención universal a aquella que se dirige al conjunto de la población, sin distingos relativos a factores de riesgo más o menos evidentes. Parte de una presunción razonable: puesto que más pronto que tarde cualquier adolescente tendrá que decidir cómo se relaciona con las drogas, mejor que decida de forma inteligente. ¿Qué quiere decir esto? Para mí inteligente quiere decir:informada, autónoma y responsable. Informada en el sentido de disponer de un saber objetivo que le permita imaginar lo que puede esperar del consumo de las sustancias habituales en su entorno, sin menospreciar los riesgos que puedan derivarse en función de variables como la edad, las mezclas, las conductas realizadas bajo los efectos de las drogas, etc. Autónoma en el sentido de que, a pesar de la relevancia del grupo a esta edad (y a otras, dependiendo de la cultura), pueda adoptar y mantener posturas personales. Responsable en el sentido al que alude el kantiano “imperativo categórico”.

¿Es universal la prevención universal?

Supongamos ahora que estamos en condiciones de medir qué porcentaje del alumnado español participa en programas de prevención universal. ¿Que es mucho suponer? De acuerdo, pero hagamos un esfuerzo de imaginación. Primero habrá que consensuar qué entendemos por “participar en un programa de prevención universal”. Quizás podríamos convenir en que se ha tomado parte en un programa de prevención si se dan, como mínimo, estas circunstancias:

  • durante al menos un curso escolar,
  • se ha participado en las actividades de corte interactivo,
  • de un programa basado en la evidencia,
  • que ha mostrado resultados positivos en evaluaciones rigurosas.

¿De acuerdo? Bien, pues ahí va la pregunta: ¿qué porcentaje del alumnado español ha participado durante el último curso escolar terminado (2014-15) en prevención universal entendida de acuerdo con los criterios señalados? A ciencia cierta, no lo sabe nadie. Veamos, por lo tanto, qué dice la última memoria publicada por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (DGPNSD) que pretende recoger datos globales. Según esta memoria, correspondiente a 2013, participaron en alguno de los “programas estructurados” de prevención (de los que la propia memoria dice que hay “más de 100”) 800.853 escolares, la cifra más baja desde 2008, año en el que la participación ascendió a 1.600.821. ¿Qué porcentaje representa este dato sobre el total? Veamos qué dice el Instituto Nacional de Estadística. Según el Ministerio de Educación, el alumnado español de educación obligatoria (Infantil, EPO y ESO) asciende a 6.616.736 personas. Por lo tanto, de acuerdo con los datos publicados por la DGPNSD, en 2013 participaron en programas de prevención universal el 12% de la población española escolarizada. Sin entrar a valorar la calidad de esa participación, sobre la que no hay datos, parece a todas luces un porcentaje escaso.

Si partimos de la premisa de que este momento de la prevención debe ser universal y en la práctica solo llega al 12%, como mucho y en condiciones cualitativamente imposibles de analizar. Si, además, quienes participan no lo hacen debido a otra razón que la motivación de los equipos técnicos responsables y el profesorado, alguna situación relacionada con las drogas vivida en el centro o la pura casualidad, el panorama no es muy alentador.

Una última pregunta: ¿esto tiene solución?

Fuente: Blog “Notas sobre drogas, salud e inclusión social” del psicólogo social Juan Carlos Melero

¿Por qué las drogas son cada vez más invisibles?

 Aquí os dejamos un articulo del profesor Domingo Comas Arnau, quien impartirá la clase del próximo viernes 12 de diciembre de 2014.

Domingo Comas Domingo Comas Arnau. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología, además de licenciado en Antropología, profesor de la UNED, activo investigador con numerosas publicaciones en los ámbitos de adicciones, centros residenciales, juventud, exclusión social y metodología de la investigación. Ha desempeñado diferentes tareas para las Administraciones Públicas y ha ejercido como supervisor de programas de intervención dirigidos a personas con dificultades extremas.

¿Por qué las drogas son cada vez más invisibles?

A lo largo de siglo XX los antropólogos han mostrado como ya en las llamadas “bandas de forrajeros” (lo que antes se llamaban “cazadores recolectores”), se adoptaba el criterio de “no hablar” de aquellas cosas que suponen un problema para el grupo. Así cuando la situación de sequía amenaza la supervivencia, el grupo se traslada hacia un nuevo pozo con agua, pero nadie mencionaba la sequía como causa del cambio de emplazamiento, sino que se trasladaban porque alguno de los ancianos varones “había tenido un sueño”. En algunos pueblos primitivos cuando aparece algún tipo de problema entre personas, está muy mal visto hablar de ello, y prefieren resolverlo mediante un “duelo de canciones”, en el que no se alude en ningún caso al conflicto, pero se le da la razón al que canta mejor. En los complicados sistemas de parentesco de Polinesia, los frecuentes casos de incesto no son nunca aludidos, porque la aplicación de la ley supondría la ejecución de los protagonistas, los cuales son acusados de otro delito o de estar locos, para alejarlos del poblado y que dejen de dar “mal ejemplo”.

Se puede pensar que esta negación de la realidad está bien, que es una forma de evitar las aristas más insoportables de la realidad y así cabeza que no sabe corazón que no siente. Quizá por este motivo, en los tiempos de la esclavitud, la casi totalidad de los ciudadanos de las sociedades esclavistas suponía que los esclavos eran felices con su condición y que la libertad era mala para ellos. Hace apenas diez años la gran mayoría de los españoles suponía que la violencia de género era algo natural de la cual era mejor no hablar. Son infinitos los habitantes del planeta que han sufrido abusos sexuales en su niñez y prefieren callarse para mantener la ilusión de una familia tipo “casa de la pradera”.

Todo esto nos permite pensar que en la sociedad lo más ignoto puede ser algo muy cercano y que todo el mundo conoce perfectamente.

En el último tercio de siglo, de las drogas se ha hablado mucho. Quizá demasiado en algunas ocasiones. Pero ahora está muy mal visto hablar de ellas. En su día se pusieron en marcha planes nacionales, autonómicos y municipales de drogas, redes asistenciales especializadas y objetivos específicos en el sistema escolar. Pero ahora una poderosa tendencia intenta hacernos olvidar que todo esto tiene que ver con las drogas. Los programas de prevención se dirigen sólo a “vulnerables”, pero ¿vulnerables ante que? Las redes asistenciales deben “normalizarse” y atender básicamente a los “problemas asociados”. ¿Pero los “problemas asociados” de quienes?.

Sin ninguna duda estas actitudes han crecido como efecto de anteriores maximalismos, a la sombra de un drogo-centrismo obsesivo y poco recomendable. En este contexto la irrupción de los programas de reducción del daño y del riesgo, así como nociones como el consumo responsable o la prevención secundaria de riesgos, nos han permitido corregir anteriores errores. Pero esto no tiene nada que ver con el intento de “hacer invisibles a las drogas”.

Aquellas organizaciones que trabajan en programas de reducción del daño distinguen muy bien ambos procesos. De una parte, se trata de evitar que los adictos sean excluidos de las acciones e intervenciones sanitarias y sociales porque deciden seguir consumiendo, impidiendo al mismo tiempo cualquier tipo de discriminación sobre los mismos. Es más, hay que poner en marcha acciones prioritarias porque su propio consumo los define como un grupo de especial riesgo. Pero por otra parte, y justamente por este motivo, hay que mantener la visibilidad del consumo. ¿Por qué desarrollamos programas de metadona, repartimos jeringuillas o formamos a agentes de salud en las prisiones? Pues porque hay adictos encarcelados que siguen consumiendo en la prisión. Podríamos negarlo, como ocurría hace unos cuantos años, pero entonces nos enfrentaríamos a altas cifras mortalidad. Si no queremos, ni podemos, enmascarar las drogas en las prisiones ¿Por qué tratamos de hacerlo en el conjunto de la sociedad?

¿Piensa alguien que por dejar de hablar del VIH/SIDA las tasa de infección van a reducirse? Nadie, todo lo contrario, todo el mundo sostiene que “el conocimiento y la información son necesarios”. Y lo mismo ocurre con cualquier problema sanitario o social ¿Imagina alguien que por dejar de hablar del fracaso escolar las tasas de idoneidad y los resultados del sistema educativo van a mejorar?

Sin embargo con las drogas ha comenzado una fase de silencio, un intento de ocultarlas. ¿Por qué? Pues creo que por la misma razón por la que durante años se oculto la violencia de género: sobre lo que no se sabe no se siente.

No se puede ocultar el SIDA porque sus consecuencias están ahí y la representación mediática de las mismas es insoslayable. Pero, de las drogas, cada vez se habla menos. De vez en cuando recibe información sobre la aprensión de un alijo y la detención de alguna banda organizada. Pero sobre los adictos, sobre el consumo, parece mejor guardar silencio porque así seremos más felices. Ante este muro de silencio la palabra sigue siendo nuestra mejor arma.

Firmado: Domingo Comas Arnau
Sociólogo, Presidente de la Fundación Atenea / Grupo GID
Publicado en Infonova nr.5 (pags 2-3) – Boletín de información de Dianova
http://www.dianova.es/

A través de lasdrogas.info, abril de 2006.

http://www.lasdrogas.info/