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La violència de tants homes vers les dones

Pasió<sup>1</sup>

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BARBARA VERZINI

Pasió1

Una noche de los sanfermines de 2016, cinco machos, presuntos hombres, autodenominados “La manada”, metieron a una chica en un portal de Pamplona, la violaron en grupo y filmaron su hazaña. Tan impunes se sentían como algunos magistrados, presuntos hombres también ellos, juzgaron anteayer que son. 2

imagen: Gloria Luis Peralvo


He tardado años en aceptar la parte en sombra de la palabra pasión.

En admitirme a mí misma que el ser mujer ha traído consigo también una buena dosis de sufrimiento.
Transformar con otras ese sufrimiento es también hacer política.
El camino feminista me ha permitido acoger la sombra, nutrirla y dejar que guíe, a ratos, mis pasos sin miedo a caer.
Pero no ha sido una empresa fácil.
Criada con un hermano mayor varón, pasé los primeros trece años de mi vida gritando lo feliz que era por haber nacido niña, hasta qué punto no era menos que él y lo mejores que eran las mujeres, siempre y en cualquier caso.
En secundaria miraba a mis compañeros varones y “daba gracias a Dios” por no ser así, física y mentalmente.
Por eso de niña concentraba mi pasión por la diferencia sexual en el “más”, en el exceso femenino, desterrando de mi reino cualquier elemento negativo que de ello derivara, incapaz de dejar entrar el dolor del “menos”.
Y no quiero llenar este menos con palabras de mi experiencia, de modo que cada una pueda llenarlo con las suyas; como si ese menos pudiera convertirse en un bolsillito, cosido en el forro de seda de una chaqueta: oculto a la vista pero en contacto con el corazón.
Como las poesías cosidas de Emily Dickinson.
Hoy reconozco que el cuidar del propio bolsillito puede convertirse en un salto iniciático, que da acceso al “más” con las alas, restituyendo a cada una su diferencia sexual y permitiendo un encuentro privilegiado con las otras que desenmascara la mentira del neutro.
Esos “menos” son inseparables de la pasión, como el bolsillito de la chaqueta; habitan su parte en sombra, secreta.
La pasión lleva un dolor etimológico inicial no eliminable, que abre a la posibilidad de un sentir en relación.
Como leemos al principio del primer libro de Diótima y como recuperó Chiara Zamboni en un artículo de más de veinte años después, la pasión no tiene solo un significado positivo sino que tiene que ver también con el significado de padecer –sufrir–, o sea advertir que era un peso esta diferencia que nos limitaba a una posición que se nos quedaba estrecha. 3

¿Cómo de estrecha y sin salida puede resultar esa posición?
Todavía más si en esa posición estamos solas.
En un instante toco mi bolsillito y mi mente se pone a vagar por las calles de una Pamplona fantasmagórica en la que no he estado nunca; la misma ciudad que de niña, gracias a Heminway y al realizador Henry King, soñaba visitar, corriendo entre los toros y bebiendo ríos de cerveza, durante las fiestas de San Fermín.
La fiesta que yo imaginaba, colorida y vital, no tiene nada que ver con la larga lista de violencias sexuales que la acompañan.
Ocho largos días en los que muchos varones se sienten profundamente impunes, y se encaminan a esa fiesta con ideas e intenciones muy concretas.
Es sin duda más fácil hablar de los toros que de La manada, imaginarse corriendo entre las calles de Pamplona esquivando las cornadas, que encontrarse sin salida en un portal, cercada no por uno, ni por dos, ni por tres, ni por cuatro, sino por cinco, 5, cuerpos de presuntos hombres.
La sentencia a La manada de hace unos días, corta la respiración.
Miles de mujeres y también muchos hombres se han levantado de sus asientos y se han echado a la calle para manifestar su indignación y el rechazo de la sentencia.
Los 3 jueces que se ocuparon del proceso decidieron condenar a la manada no por violación sino por abuso sexual, delito que prevé una pena y una culpa menores, principalmente porque en el vídeo tomado por los violadores, la chica no parece oponer resistencia.
Hasta esta sentencia, no me habría imaginado nunca que hubiera diferencia entre violación y abuso sexual; creía que la única diferencia derivaba de mi deseo.
Esta ley, como escribe María-Milagros Rivera, es sin duda heredera de un patriarcado que usa el derecho separándolo de la justicia con el fin de dejar impune la violencia contra las mujeres.4
Distinguir entre violación y abuso significa desplazar nuestra mirada de los delincuentes sexuales a la víctima, interrogándonos sobre la calidad y el tipo de resistencia que esta última ha opuesto al violador, como si el acto no fuera violento de por sí sino que esté condicionado por la reacción de quien lo sufre.
De este modo, la que pone una denuncia se encuentra bajo los focos.
Y así empieza la búsqueda de sórdidos detalles relativos a ella y no a ellos.
Sale espontánea la pregunta de por qué han sido hechos públicos los análisis de sangre y de orina, con los valores alcoholémicos, de la chica.
El estar borracha ¿brinda a la violación?
¿Divertirse y beber implican incitación a ser violadas?
Como en un relámpago se me aparece la imagen de Jodie Foster sobre el billar en la película The Accused. 5
A pesar de que la película sea de 1988 y se base en datos reales ocurridos en 1983, hoy en 2018, treinta años después, nos volvemos a encontrar en una situación demasiado similar, en la que la víctima de una violación es convertida en la acusada (de ahí el título de la película).
Juzgada y analizada, con detectives privados incluidos, para entender si en su comportamiento de esa noche, y en su vida privada, puede haber indicios de instigación, complicidad o culpa que puedan transformar una violación en algo menos grave, en lesiones culposas en la película, en abusos sexuales en Pamplona.
La historia se repite infinidad de veces hasta una revolución simbólica que sepa despedazar cualquier ley que intente violar la sacralidad del cuerpo femenino.
Las leyes escritas por los hombres del patriarcado no están a la altura de la pasión de la diferencia, no saben ni reconocer ni ver la autoridad femenina; construyen una realidad paralela para no hacer justicia.
En mi mente está claro que si yo no elijo tener una relación sexual, ningún otro puede elegir por mí.
No importa en qué condición esté, y no importa quién sea yo ni qué vida lleve.
Ninguna mujer consiente a su violación, y no existe ley en el mundo que pueda borrar esta verdad.
Más de dos mil psicólogos/psicólogas y psiquiatras han mandado estos días al Ministerio de Justicia una carta explicando la dimensión pasiva de ese bloqueo del que se ha hablado con respecto al vídeo, como un modo natural de reacción del sistema nervioso para intentar sobrevivir y minimizar el impacto traumático. El propio organismo genera sustancias analgésicas para no sentir el dolor, creando una situación disociada e inmóvil.6
Yo vuelvo a tocar mi bolsillito y pienso que no necesito el parte de un profesional para saber qué sucede cuando mi cuerpo es atravesado por el terror.
Cuando se cierran los ojos, se vuelve una sorda y ciega, y se va a otro lugar, a un lugar seguro, donde estamos solas y nadie nos puede tocar; donde nuestra sacralidad y nuestra inviolabilidad son las únicas leyes que se sostienen.
Una amiga, sabia de su experiencia, me ha explicado de un modo muy sencillo esa pasividad que los jueces no han sabido leer: es como hacen los animales, te finges muerta, te paralizas, te ausentas. Y así no hace falta ver un vídeo para comprender, cuando algo por un instante desaparece, se va lejos, y su cuerpo se queda a merced de las garras de quienes están a su alrededor.
Muchísimas mujeres, desde el día de la sentencia, han decidido empezar a gritar contra una ley que hay que cambiar, sosteniendo con confianza a una chica que no se debe sentir sola ante una ley que no ha sido escrita para hacer justicia sino para amplificar el alcance de la violencia.
La impunidad legalizada del patriarcado español parece haber llegado a su último acto.
Todas esas mujeres que están diciendo no y esos hombres que están reconociendo autoridad femenina poniéndose en contra de una ley insensata, llenan de pasión la diferencia sexual, restituyéndole sentido político con su corte de veracidad.
Concluyo pensando que, en la realidad, la chica representada en The Accused fue obligada a trasladarse, porque la ciudad se alineó en contra de ella, marginándola.
La historia se repite pero esta vez el final es distinto. Esa ciudad ya no existe; en su lugar está una España entera apasionada.
Y esto es un nuevo inicio.

1Publicado en “Per amore del mondo” 15 (2017), http://www.diotimafilosofe.it/ Traducción del italiano de María-Milagros Rivera Garretas.
2María-Milagros Rivera Garretas, El Estado de Derecho se estrella contra el final del patriarcado, (28/04/2018) http://www.ub.edu/duoda/web/es/textos/10/219/
3Chiara Zamboni, La passione della differenza sessuale, (10/12/2015) http://www.donnealtri.it/2015/12/la-passione-della-differenza-sessuale/
4 María-Milagros Rivera Garretas, El Estado de Derecho se estrella contra el final del patriarcado, (28/04/2018) http://www.ub.edu/duoda/web/es/textos/10/219/
5 “Sarah Tobias, camarera en un bar de pésima reputación, es violada una noche en el local por tres chicos, entre las incitaciones generalizadas de los demás parroquianos. La fiscal Kathryn Murphy se ocupa del caso, y acepta un acuerdo por lesiones culposas (excluyendo así la violación) para los tres agresores. Pero impulsada por la víctima, con la que entabla poco a poco una relación de solidaridad, se da cuenta de que ha llevado superficialmente el caso. Con la ayuda del testigo Ken Joyce, la fiscal decide llevar a los tribunales también a todos los hombres que instigaron a los tres a la violación, unidos por una notoria aversión a la feminidad de la víctima, obligada a sufrir violencia despues de haber sido inducida a jugar al billar y a emborracharse. Gana el pleito y además de meter en la cárcel a los instigadores obtiene el resultado de incrementar la condena a cumplir por los tres violadores, y modifica la imputación de lesiones culposas a violencia sexual”. https://it.wikipedia.org/wiki/Sotto_accusa
6 http://www.lavanguardia.com/sucesos/20180502/443189512054/psicologos-psiquiatras-carta-la-manada.html

Universitat de Barcelona
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