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Texts polítics

Presentació de la Revista DUODA

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ALEXANDRA SANS MASSÓ

Rev. DUODA 54 Presentació

Llibreria Pròleg, 29 de novembre de 2018

La relación que inspira


La relación que inspira es una parte de la práctica de la relación entre mujeres, una práctica indispensable. Como plantea Milagros Rivera en el editorial, se trata de la creatividad nacida de las relaciones duales entre mujeres.

Hace unas semanas recibí un correo de Isabel Ribera invitándome a participar en la presentación del nº 54 de la revista Duoda. El año pasado había empezado el máster en Estudios de la Diferencia Sexual, pero no lo pude continuar porque además de la crianza de mi hija y mi hijo aún pequeños, y del trabajo, tres mujeres de mi familia estaban enfermas.

Ante la propuesta de Isabel, la razón me decía: “no te comprometas, no tienes tiempo para más” pero un sentir en el estómago me estaba diciendo otra cosa. Tal como describe Chiara Zamboni en el segundo artículo de la revista: “el sentir se convierte en la puerta más directa al inconsciente”, o como nombra Milagros Rivera en su introducción cuando cita a Zambrano “Pensar es descifrar lo que sentimos”. Así que, desmadejando mi sentir: pensé que me hacía ilusión participar, y más aún, después de leer la revista “La relación que inspira”. Poquito a poco, volví a evocar a tantas y tantas mujeres que han sido fuente de inspiración a lo largo de mi vida: en mi familia, entre mis amigas y durante mis estudios.

Mientras estudiaba la carrera de Bellas Artes tuve como profesora de historia del arte a Assumpta Bassas, nuestra relación me inspiró mucho desde el principio. Ella me invitó a sus talleres de artistas visuales y maestras llamados Entremestres, donde también se hablaba sobre el feminismo de la diferencia, una manera de entender el mundo que despertó en mí una gran curiosidad. Pasado un tiempo, cuando llegó el momento de defender mi tesis doctoral, Assumpta medió para que Milagros presidiera el tribunal.

Leí la tesis en enero de 2016; fue uno de los grandes hitos de mi vida, por el esfuerzo que significó y por lo que aprendí durante el proceso. De la defensa de la tesis, lo que más recuerdo fueron los comentarios de Milagros, porque fueron los más críticos y, a la vez, los más inspiradores. Surgieron conceptos como: escribir como mujer, la alegoría, el orden simbólico de la madre, etc. Conceptos sobre los que yo no había reflexionado anteriormente, pero que resonaban fuertemente en mí. Al año siguiente, decidí matricularme en el máster.

Y, heme aquí, comentando el primer artículo de la revista “Escribir como mujer: entre Emily Dickinson y Virgina Woolf”, algo que debería ser sencillo por ser lo más natural cuando la que escribe es una mujer, pero que ha sido y sigue siendo tan difícil de llevar a cabo por muchas mujeres. Yo nunca me signifiqué como mujer con anterioridad a mis estudios sobre de la diferencia sexual. Y ahora, intento escribir y hablar como mujer, todos los días, porque soy consciente de la fuerza y del valor que eso tiene. Pero se trata de una lucha continua contra el masculino “pretendidamente neutro y universal” que invisibiliza la experiencia propia, por no considerarla válida ni representativa del género dominante y que te fuerza a mantener una cierta distancia con lo que escribes, una distancia servil, higiénica, fría, que acaba convirtiéndose en un abismo insalvable, donde la escritura va por un lado y la vida por el otro, perdiendo así toda posibilidad de crear significado.

La otra reflexión que quisiera subrayar a partir de este artículo es el hecho de que la pobreza de espíritu y de logros de las mujeres en la historia, y su subyugación al hombre son discursos construidos y defendidos mayoritariamente por hombres que querían que así fuera, pero que, a pesar de tantos muros y violencia, siempre ha habido libertad femenina. En ocasiones, la habrá habido dentro de unos límites estrechos, con escasez de recursos y se la habrá querido eliminar de los registros oficiales, pero de haberla, seguro la ha habido. Y es gracias a tantas y tantas mujeres que han hecho lo posible por poner en valor la vida y la obra de otras mujeres del pasado que, hoy en día, no es posible pensarlo de otra manera.

En su artículo, Milagros se refiere a la libertad femenina que hubo en el siglo XIX en la escritura y en el arte, y sobre la cual, la política sexual de ese siglo hizo una lectura reductiva utilizando etiquetas como: rigidez, estrechez, cursilería. Por lo que Milagros sugiere que la investigación patriarcal hizo lo posible “para que la libertad femenina no pasara a la historia y no alcanzara el relato que hace memoria y genealogía útiles para una mujer y, así, desapareciera en el silencio”.

Este relato de lo que ha sido y es ser mujer sigue teniendo mucho peso en el imaginario colectivo. Me doy cuenta de cuánto más fácil es caer siempre en la vulnerabilidad de la mujer en lugar de ver su grandeza, si nos quedamos en los relatos dominantes.

Aquí, no puedo evitar hacer un inciso y mencionar a la artista catalana Rosalía, ¿quién no habrá oído hablar de ella estos días? Pues bien, yo empecé a profundizar en su trabajo al mismo tiempo que leía la revista de Duoda.

Para mí, Rosalía es la imagen de la mujer poderosa actual. Su último álbum El mal querer está inspirado en una obra occitana anónima del siglo XIII llamada El roman de la Flamenca , el cual nos cuenta por capítulos la historia de una mujer que se enamora de un hombre y a pesar de los malos augurios se casa con él. Su marido enfermo de celos la encierra. El álbum está organizado por capítulos: Augurio, Boda, Celos, Disputa, Lamento, Clausura, Liturgia, Éxtasis, Concepción, Cordura y Poder. Lo vertiginoso del relato del El román de la Flamenca es que no ha dejado de repetirse desde los siglos de los siglos. Lo no ordinario de la versión “El mal querer” de Rosalía, es que representa a una mujer luchadora y con la fuerza suficiente para poder salir de la situación. La última canción corresponde al capítulo “Poder” se subtitula “A ningún hombre” y continua el estribillo “le consiento, que dicte mi sentencia, sólo Dios puede juzgarme, sólo a él debo obediencia” continua el estribillo. En el álbum hay muchas referencias acerca del poder y de la libertad femeninas.

Se trata de un álbum muy interesante tanto en el contenido como en la forma y es muy fácil constatarlo a través de los múltiples análisis desde diferentes disciplinas que se pueden encontrar en la red. Además de su personal aportación musical mezcla de diferentes géneros, Rosalía crea junto con la productora Canada y el artista Filip Custic un imaginaro muy potente visualmente y que está lleno de simbología y referencias culturales. Con tan sólo 25 años, Rosalía ha sabido crear un mundo propio que traspasa fronteras y sobretodo, generaciones, y que ya ha encandilado a grandes empresas como Sony, Red Bull o Apple, y eso significa una repercusión inmensa a nivel internacional. El mes pasado, cuando Rosalía, quien cuenta con su madre y con su hermana como sus colaboradoras más próximas, recibió sus dos Grammy Latino 2018 dijo: “Gracias a todas las mujeres de la industria que me han enseñado que sí se puede; porque gracias a todas ellas estoy aquí” . Su presencia, su manera de encarnar las canciones y sus palabras, dan esplendor a su ser mujer. Ella reconoce la genealogía femenina que la ha ayudado a llegar donde está y a la vez, hace genealogía para muchas otras mujeres.

El segundo artículo que ha resonado significativamente en mí ha sido el artículo de Chiara Zamboni “El sentir: una de las palabras clave del vínculo entre feminismo e inconsciente”. Leyéndolo, rápidamente me han venido a la cabeza muchos de los temas abordados en mi tesis “La escultura matriz de Louise Bourgeois. Un espacio para la revuelta”.

Louise Bourgeois nació en 1911 y durante toda su carrera trabajó a partir de su inconsciente y de sus emociones, es decir, de su sentir. En su obra elabora y reelabora su experiencia vital como hija (la relación con el padre y la madre), como esposa y como madre (el embarazo, el parto, la crianza) siempre partiendo de su ser mujer. A través de su obra también denuncia algunas costumbres de la política sexual que dominaba en Francia en los años 20s y 30s y que tanto la marcaron a ella de niña. Es por estos motivos que las feministas en los 70s la escogen como referente.

Bourgeois trabaja su inconsciente con un terapeuta psicoanalista durante 30 años, estudia psicología, estudia a Jung, sufre insomnio y se pasa noches en vela dando rienda suelta a su inconsciente a través del dibujo. Y es explorando y dando forma a su inconsciente y a sus emociones (de las que ella habla asiduamente) como ella crea su obra.

Ahora bien, Zamboni plantea algunas preguntas al respecto: “las preguntas en torno al vínculo entre feminismo e inconsciente son hoy en gran parte distintas de las del movimiento de los años setenta del siglo XX, que afrontaba el concepto de libertad femenina en su relación con lo simbólico patriarcal. Pero ahora, después de la muerte del patriarcado y de la modificación de la relación entre los sexos que se ha producido, ¿cómo se están transformando ahora los sueños y las fantasías? ¿Cómo las técnicas del biopoder modifican los aspectos inconscientes?” Todas ellas muy buenas preguntas que yo no sé responder.

Para Zamboni: “gran parte del feminismo italiano –y no solo italiano¬– […] Lo primero, desde los años setenta y, sin interrupción, hasta la actualidad, es dar palabra a la experiencia en relación de intercambio con otras mujeres y luego, consecuentemente, en una transformación de la relación con los hombres.” Y continua Zamboni: “Parto pues del presupuesto de que la cuestión del inconsciente, si la consideramos desde una perspectiva feminista, sigue teniendo como primero y principal ámbito de expresión el de las relaciones entre mujeres.”

Pensando en el trabajo de Louise Bourgeois podría afirmar que su cuestión principal fue su madre y la relación que tuvo con ella, pero desafortunadamente no conozco en la obra de Louise Bourgeois referencia a relaciones de sororidad o sociedad femenina. Y, me pregunto el por qué; supongo que, como dice Zamboni, es a partir de los setentas cuando se ha dado prioridad a las relaciones entre mujeres para hacer virar la política sexual a favor de las mujeres.

Para acabar con el artículo de Zamboni quería citar tres frases que hacen referencia a lo que ella entiende como inconsciente y que me resultan muy evocadoras:
“El inconsciente es lo viviente y enigmático, no objetivable, que teje las relaciones.”
“Disgrega nuestros proyectos abriéndonos a experiencias imprevistas que ocurren independientemente de nuestra voluntad […].”
“Es la matriz viva de la relación con las otras, los otros y el mundo.”

Partiendo de estas definiciones, os animo a quienes aún no las conozcáis a que miréis las “Cells” [celdas] de los años noventa de Louise Bourgeois. Las “Cells” son matrices físicas y alegóricas, hechas de alambre y de objetos donde se tejen las relaciones de Bourgeois con los otros, las otras y el mundo, creando la sensación enigmática y de estar entrando en el inconsciente vivo de la artista.

Por este motivo no puedo estar del todo de acuerdo con la definición de Zamboni de que el inconsciente no sea objetivable, porque según yo lo entiendo, las obras de algunas grandes artistas son la objetivación de su inconsciente, es decir, que ellas son capaces de poner características objetivas u objetuales a su sentir. Pero quizá yo me equivoque y haga un mal uso de las palabras.

Volviendo a “La relación que inspira”, la gran mujer que ha inspirado a muchas de las mujeres que han escrito en esta revista es Emily Dickinson. Milagros Rivera Garretas, Nieves Muriel García, Anna Álvarez Gallego y Patrizia Meza Rodriguez, todas ellas hablan de Dickinson y desde su gran admiración despiertan en mí el deseo de conocer su voz y su obra.

Para terminar, y también coincidiendo con la presentación de la revista, hay una exposición maravillosa de una mujer fuerte como el acero, pero cuya lucha por la vida no pudo evitar su espeluznante destino. Se trata de Charlotte Salomon. Su obra se puede ver en el Monasterio de Pedralbes y se trata de 782 gouaches bajo el título de “¿Vida? o ¿Teatro?”. Charlotte Salomon nació en Berlín en 1917, y fue una artista judía que murió gaseada con tan sólo veintiséis años y embarazada de 5 meses justo después de su llegada a Auschwitz. Su vida fue corta pero muy intensa, marcada por su condición de mujer judía entre las dos guerras mundiales y por una historia familiar donde hubo amor, pero también un sufrimiento casi insoportable. Dos años antes de morir, aconsejada por un médico, se aisló durante dos años para crear “¿Vida? o ¿Teatro?” y en un extraordinario ejercicio de introspección y memoria consiguió sobrellevar su dolor. El resultado es una obra acotada pero inmensa, porque puede interpretarse extensamente desde la perspectiva del arte, de la historia o del feminismo.

Concluyendo, para mí “la relación que inspira” entre mujeres es del todo indispensable porqué es lo que alimenta mi creatividad y me ensancha el alma. Cuando entablo con otra mujer una relación que me inspira, es porque se produce en mí un sentimiento de curiosidad y de admiración hacia lo que ella es o hacia su trabajo, y a la vez me encuentro en muy buena compañía. Me hace sentir feliz porque me invita a descubrir nuevos lugares por los que ella ha transitado y así, seguir aprendiendo, incorporando, ensanchando. Finalmente, fruto de esta inspiración surge un reconocimiento que quiero compartir con otras mujeres de mi alrededor, con gran ilusión.

Universitat de Barcelona
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