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Texts de l'Era de la Perla

Presentació de la Revista DUODA

Revista DUODA 60. El gobierno del alma, una política de las mujeres

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VILMA EUGENIA PENAGOS CONCHA

Revista DUODA 60. El gobierno del alma, una política de las mujeres

El 22 de octubre de 2021 tuvo lugar, en la Sala Vallespir de La Bonne, en Barcelona, la presentación del número 60 de la revista “DUODA. Estudios de la Diferencia Sexual” que tiene como tema monográfico “Gobernar sin legislar: La obligación del Bien”. Fue también una gran fiesta de celebración de los 60 número publicados durante los 30 años de vida de la revista que posibilitó, una vez más, la circulación de saberes, autoridad y amor entre mujeres. Intervinieron Laura Mercader Amigó, Isabel Ribera Domene, Alba Ramos Martín, Vilma Eugenia Penagos Concha, Susanna Pruna Francesch y María-Milagros Rivera Garretas.

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Ofrecemos aquí el texto de Vilma Eugenia Penagos Concha

El gobierno del alma, una política de las mujeres
He dado el nombre El gobierno del alma, una política de las mujeres a mis reflexiones, porque percibo a través de la lectura de los textos que componen la revista que aquello que los relaciona es la noción de alma. El alma como el principio que guía el actuar de las mujeres, su política.
Al adentrarme en cada escrito, como en un viaje al interior de mí misma, veo surgir la verdad de mi alma femenina. Es por esto, por lo que me he hecho en todos la misma pregunta: ¿Qué me está diciendo esta autora a mí?, ¿qué es lo que me está revelando?
Primero, me encuentro con la caricatura de Pat. La miro y me cuesta un poco, la dejo, vuelvo luego, y ahí está con su mensaje tremendo: la democracia es una basura y es frágil. Una sentencia de muerte a una idea patriarcal de la democracia que una mujer puede romper fácilmente con la fuerza de su alma.
La incerteza de la consciencia
Para empezar, Luce Irigaray nos dice que nuestra identidad humana es una identidad sexuada y que es natural. Con esta afirmación responde a una certeza que nunca pude elaborar con palabras, pero que estaba inscrita en mi cuerpo, mi subjetividad es ante todo sexuada y es a ella que tengo que referirme en primer lugar para saber quién soy yo, para ser leal a mí misma, a esa identidad que me fue dada y que se agita en mi cuerpo.
Agrega Luce que la energía sexual genera la energía espiritual y me veo de nuevo allí, no solamente porque se me impidió razonar sobre mi propio placer desde niña, sino porque se me dijo en repetidas ocasiones que eso era algo malo, algo indeseable. Esa represión generó en mí un desorden emocional y simbólico, porque no sabía por dónde ir ni en qué creer y me decían que no le podía creer a mi cuerpo, lo único certero. Ahora lo sé.
Mi cuerpo es real porque lo siento y es el camino para encontrarme con mi espiritualidad, no necesito la mediación masculina para llegar a mi alma. Este camino empieza en el reconocimiento de mi presencia sexuada y de las potencias que se encarnan en mi Ser.
Una de estas potencias, es la dimensión relacional que traemos en las entrañas, la capacidad de ser dos, de nutrir a otro/a, de procurar la vida y el bienestar. Reconozco esta capacidad en mí, a pesar de no haber engendrado en mi cuerpo, el placer del cuidado, de las relaciones, del alimento sano, del cuidado de las plantas y el entorno, todo eso que las mujeres aprendemos de nuestras madres, que nos lo enseñan con sus gestos y sus acciones es lo que constituye nuestra diferencia, una morfología sí, pero también una política de las relaciones.
Comprender el dolor del mundo: conversaciones en torno a Simone Weil
Sigo con las reflexiones de Clara Inés Ramírez, quien nos comparte la vivencia que tuvo durante la pandemia de la COVID 19 y el confinamiento. El mundo se detuvo, pero la vida no, en especial la vida espiritual. Clara Inés ante la imposición del encierro y la soledad tuvo el tiempo para hacer consciencia de algo: La naturaleza es sobrenatural, y en la política de las mujeres esto hay que tomarlo en cuenta. La naturaleza es una otredad que también tiene alma. Desde el encierro Clara tuvo la posibilidad de escuchar el espíritu de la naturaleza.
Ante el temor y el sufrimiento corporal, buscó la compañía de Simone Weil, aquella mujer extraordinaria que vivió su espiritualidad plenamente. Su escritura la acompañó en esa experiencia de sentir el misterio de la vida, de la gracia divina que solo escuchamos cuando algo nos produce un impacto fulminante. Nada podemos hacer contra este momento que se prolonga y no sabemos cuándo terminará y si volverá. Es como un llamado a la humildad y a la simplicidad de la vida doméstica, cotidiana. Solo así podemos aceptar la incertidumbre frente a la pandemia.
El alma simple de Macrina
Ahora, Laura Carolina Durán nos presenta a Macrina, una mujer que se propuso desarrollar al máximo su espiritualidad y que, al mismo tiempo, estableció lazos de amor con su familia y su comunidad. Fue una mujer de autoridad y de cohesión en su tiempo, no necesitó ni el reconocimiento ni la autorización masculina.
La historia de Macrina me lleva a pensar que la mística femenina es una estrategia de las mujeres para hacerle el quite a la doctrina patriarcal. Cuando Macrina dice que el alma es una sustancia engendrada, una sustancia viva e intelectual que infunde en un cuerpo orgánico y sensorial el poder de vivir y de recibir las impresiones de los sentidos siempre y cuando la naturaleza capaz de esto se mantenga unida, siento que está respondiendo a la manera de amar con mi carne y con mi alma, con todo lo que constituye mi Ser. Desde niña he sentido que es así, que no soy un ser abyecto, sino un ser espiritual, de una espiritualidad que vibra en mis entrañas.
Cómo entonces vivir mi espiritualidad hoy, y Macrina me responde que mi alma, mi espiritualidad está en las actividades de cada día, en las relaciones amorosas que establezco con los otros y las otras, en mis actos, no en los discursos, no en la teoría.
¡Murada en el cielo! La distancia de amor en la mística beguina europea y en la poesía de Emily Dickinson
Llego al escrito de María Milagros Rivera y su escritura es como el agua que fluye. El primer verso de un poema de Emily Dickinson Amor es todo lo que hay abre el ensayo.
Mientras leo no puedo evitar pensar en esa definición de fidelidad en el amor, esa mística del amor, esa teología en lengua materna. Es un saber que ha vivido en mí sin que yo tuviera las claves para interpretarlo. No sé muy bien de dónde me viene esa fidelidad en el amor, pero ahora creo que de mis antepasadas que se amaron a sí mismas y amaron a sus hijas e hijos a pesar del desamor que las rodeaba. Sólo ahora puedo hablar de ello con mi madre y entender que muchas de las cosas que hizo han sido por su amor hacia sus hijos e hijas, muchos sufrimientos que padeció ella, su madre, su abuela fueron por amor a su descendencia y en especial a sus hijas.
Otra clave que ofrece María Milagros para vivir la espiritualidad es la relación entre mística y poesía. Emily y su manera de interpretar la espiritualidad en el cuerpo y no fuera de él. La lejoscerca, la entiendo como el alma femenina liberada de toda opresión, como la espiritualidad que ha sido definida por el patriarcado como algo que está lejos del cuerpo y lejos de las entrañas, de nuestra materialidad. En verdad, y eso lo sabemos nosotras, está en nuestras entrañas, es en nuestro cuerpo que la sentimos. Nuestra trascendencia es real, somos cuerpos que trascienden en la vida no en los discursos. El vínculo que guía, a pesar de lo legislado
Llego al texto de Francesca Llodrà Grimalt que me costó asimilar, no por su causa, sino por mi ignorancia del derecho patriarcal, y que pone en palabras una vivencia incomprendida. Se trata del corte de la diferencia femenina ante la ley. La manera como ella lo plantea me golpeó con su contundencia cuando decidí divorciarme, no sólo porque me di cuenta de lo que ignoraba, sino porque en mi argumentación con las abogadas no tuvieron en cuenta mis necesidades de justicia. Sentí la diferencia de ser mujer no sólo en mí, sino en las de otras mujeres que estaban en proceso de divorcio. Ahora entiendo cuál era el problema, yo pensé que el derecho tendría en cuenta mi punto de vista, pero no es así. En derecho, como en pedagogía y en otras disciplinas tenemos que aplicar la estrategia de Francesca, tenemos que buscar la grieta que siempre tiene la ley y que deja entrever el derecho de la madre, aquel que se fundamenta en el vínculo original y en el respeto de las relaciones.
Cumplir la obligación del Bien
Lola Santos Fernández nos habla del Bien con mayúscula, el Bien sustantivo. El Bien que implica la obligación de cumplir con el Bien, no porque hay una ley que así lo estipula, sino porque hay un mandato espiritual que ordena cumplir el Bien para salvaguardar la vida y esto tiene raíz femenina en cuanto que al hacerlo las mujeres estamos siendo leales al legado de la madre. Es un gesto de amor. Esta es la política de las mujeres que gobiernan en la vida cotidiana con el alma.
Así, puedo entender mi historia familiar. La obligación del Bien, la obligación de una madre de cuidar a sus hijas, de alejarlas del mal, fue lo que hizo mi bisabuela con mi abuela y ésta con mi madre, y mi madre conmigo. Un cuidado extremo que me molestaba porque yo lo que quería era libertad, una libertad para cumplir con el mandato patriarcal. Ella trataba de evitarme el abuso y el sufrimiento. La obligación del Bien es una obligación del alma y las mujeres, las madres, lo saben.
El sentimiento de injusticia viene del cuerpo, dice Lola, el dolor de la injusticia se siente en las entrañas como la pasión y el amor. No hay otro lugar, de allí sube y baja, sale, se hace grito, queja, denuncia, pero es en el cuerpo que siente, que se sufre. Y eso, el derecho patriarcal no lo toma en cuenta. Lo que reconoce ese derecho es aplicar la ley, la norma, manipularla, moldearla para que el asunto se resuelva pronto y sin esfuerzo.
Palabras finales
La revista Duoda número 60 nos anuncia una buena nueva de la política de las mujeres puesto que nos propone que gobernar sin legislar es gobernar con el alma femenina, teniendo siempre presente el principio humano que nos habita y que se recrea en cada parto amoroso, y al que los discursos patriarcales, imperialistas, ideológicos, doctrinarios han tratado de vencer sin lograrlo, porque su accionar está más allá de la teoría, de los discursos. Su accionar está en el lugar donde se procura el bienestar, el buenvivir y la reciprocidad en la comunidad humana.

Universitat de Barcelona
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