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Textos políticos

La violencia de tantos hombres contra las mujeres

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ASUN LÓPEZ CARRETERO

Malas noticias o buenas noticias?

Despierta el día. Ella, todavía somnolienta, oye el pitido del móvil. Salta precipitadamente de la cama y lee un whatsapp de su hija: “Estoy bien, no te preocupes”.

Su intuición le lleva a pensar que algo sucede. No se suele escribir sólo para afirmar que una está bien. Un sobresalto la atraviesa. Inmediatamente pone las noticias y la barbarie una vez más inunda las imágenes televisivas. “Explosiones en Bélgica”. Intenta conectar, pero las líneas están saturadas. Al fin consigue escuchar la voz confirmadora: Su hija está bien. Ella piensa que por esta vez. También piensa en cuántas madres habrán recibido una “mala noticia”. Madres sirias, turcas, belgas... Madres todas que han generado vida. Una mala noticia para todas las mujeres. Para cada mujer, que tiene en su mano la capacidad de dar vida, sea o no sea madre. Para cada una de nosotras en cualquier parte del mundo. Es una mala noticia cada vez que en distintos lugares unos y otros hombres utilizan la fuerza.

Su hija le comenta que se encuentra en un mar de confusión. Conoce a las persones de los barrios que están en el ojo de mira, trabaja con las madres y las criaturas. Sufre viendo como el odio se apodera de tantos hombres. El odio y el miedo. Una realidad en la que algunos de ellos participan generando más violencia. Policía y más policía. Militares, una ostentación de fuerza en las calles que sólo despierta más violencia.

Ella recuerda el 11 de marzo de 2004. Aquella madre desesperada que creó una Fundación. Todas nos veíamos reflejadas en esa madre. Las madres de la Plaza de Mayo, lejanas en el tiempo, ahora ya abuelas, pero que no hemos olvidado.

Otros recuerdos pueblan su mente. No tendría todavía seis años cuando cogió un ejemplar de una revista de sus padres. Y leyó la barbarie de Hiroshima. Todavía recuerda que se quedó bloqueada. Mujeres y criaturas saliendo de casa !!Calcinadas!! ¿Cómo alguien había podido hacer semejante atrocidad? Y a eso le llamaban “el final de la guerra”. Cosió a preguntas a su madre y a su padre. No sabían cómo responder al alud de preguntas que las criaturas formulan con gran tino y sentido común. ¿Por qué?
Muchos años más tarde escuchó el relato de una de las mujeres del 36, una asociación de mujeres que vivió la guerra española. Ella explicaba que era comadrona y había acabado sus estudios cuando declararon la guerra. La paradoja era que trajo al mundo a su primera criatura atendiendo el parto de una vecina de la escalera y oyendo el ruido de las bombas que explotaban aquí y allá.

Hay dos claves en el presente que nos trae el final del patriarcado, de las que la mayoría de hombres parece no querer desplazarse ni moverse, ni en la vida íntima ni en la llamada pública: la violencia y la fuerza para resolver los conflictos.
El final del patriarcado ha evaporado, en parte, los grandes cabestros violentos de épocas anteriores. Ahora la lucha fraterna ha tomado su lugar. Codicia, territorios, fronteras, militares... Siempre la fuerza, el dinero.
Atónita se pregunta: ¿Tan difícil es reconocer, para muchos hombres, el amor que los trajo al mundo?

¿Tan poco valor tienen sus vidas y las vidas de mujeres y criaturas? Y -lo que es más triste- la respuesta de los hombres que, en lugar de utilizar la política, responden también con la fuerza creando siempre dos bandos ficticios: atacantes y atacados, nosotros y los otros. Dos bandos que van cambiando según intereses de mercado.
Muchas mujeres, como hizo Etty Hillesum en los campos nazis, sostienen la vida. También en el presente estamos para custodiar la vida.
Antiguamente los hombres se mataban entre ellos. Esos hombres también tenían madres que sufrían por ello.

Pero, desde el siglo XX, las personas (que llaman civiles), hombres, mujeres y criaturas de todas las culturas son objeto de la violencia. Somos las piezas de la destrucción que confirma quién es más fuerte.

Le vienen al corazón palabras de mujeres que nombran el mundo desde otro orden simbólico. La política del deseo (Lia Cigarini), un bálsamo de amor a la vida y a la relación fructífera -aún con las diferencias más abismales que pueda haber- nutre a las personas. Una política que apuesta por el bien-estar, con sus dificultades, pero siempre abriendo horizontes. Una forma de estar en el mundo que se aleja de la destrucción.
Las mujeres entendemos la política como sostener la vida día a día, buscando invenciones simbólicas que ponen en el mundo otras realidades. Realidades a veces ocultas con tanta violencia, pero que son en verdad las que hacen la vida sea civilizada y apuestan por sostenerla.

Maestras, enfermeras, bedelas de la facultad, educadoras sociales… mujeres que cuidan a sus hijos… madres de acogida… Cada día me encuentro con ellas, me devuelven una sonrisa que me abre un mundo de esperanza.
Gracias a ello seguimos adelante, aún con las malas noticias. Su encuentro es una buena noticia…

Begur, marzo 2016.

Universidad de Barcelona
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