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Textos políticos

La violencia de tantos hombres contra las mujeres

Sin palabras ni testimonios: la política del patriarcado

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PATRÍCIA V. MARTÍNEZ ÀLVAREZ

Sin palabras ni testimonios: la política del patriarcado

Texto publicado en “El Món, el diari lliure, obert i per compartir” el 27 de febrer de 2017 (http://elmon.cat/opinio/19645/sense-paraules-i-sense-testimonis-la-politica-del-patriarcat)

Las mujeres feministas de fines del siglo XX le dijeron al mundo que “aquello que no se nombra, no existe”.
En aquella frase, que durante décadas hemos ido recordando, había mucha política. La frase contenía la advertencia de que la lengua materna ─los gestos y las palabras con que las madres enseñan a las criaturas a nombrar la vida y el mundo─ corre el peligro de ser cancelada por el lenguaje del patriarcado a lo largo de la vida: “es mejor decirlo así”, “esto no se dice así”, “esto se tiene que decir así” o, incluso, “si lo dices, te pasarán cosas terribles”. Esta semana pasada nos recordaba James Rhodes ─ganador del premio Hada de la fundación Vicki Bernadet─ que esta era la frase con la que el hombre que lo violaba de pequeño lo amenazaba.
A pesar de la propuesta de las mujeres feministas de finales del siglo XX, la política de las palabras que dicen la realidad ha quedado sustituida por la del silencio y por la del “sin testigos”: los silencios hacen que las cosas no existan, y la ausencia de testigos hace que las cosas no estén sucediendo. Pero esta es una política perversa. Que mata, además.
Leydi murió asesinada la semana pasada en Santa Perpètua de Mogoda. La mató el hombre con el que había estado casada. El Tribunal Superior de Justicia de Catalunya ha reconocido que la Fiscalía había detenido la acusación “por falta de testigos” y el Conseller Jordi Jané, en sus declaraciones ante el asesinato de Leydi, dijo que “estos son hechos que como sociedad no nos podemos permitir”.
“Como sociedad?”, “que no nos podemos permitir?” no sé si hablaba en primera persona del plural masculino, pero no lo creo, y las palabras precisas, en el sexo que son, resultan hoy una urgencia: que si no se usan, vaya, la vida se termina. Las palabras precisas eran “como hombres tenemos que dejar de matar”.
Hay que decir que los hombres matan. Que violan. Que sólo lo hacen ellos. Que han impuesto a las instituciones el acoso como práctica habitual, y que “hacen desaparecer a los testigos”. Que han impuesto la hipersexualitzación de las jóvenes como nueva manera para garantizarse el control, y que, en silencio, con cuatro emoticonos por whatsapp, las controlan. Que los jóvenes violan en las casas de menores, y que no puede ser que ni la consejera de asuntos sociales sepa poner las palabras precisas a los hechos y se quede con un “es que el mundo está cambiando”.
Hace falta que muchas y muchos digan que a Laydi la mató aquel hombre, sin testigos, y que los tribunales no pueden seguir esperando que los hombres maten con testigos para hacer que así tengan sentido las leyes.

Universidad de Barcelona
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