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Textos de la Era de la Perla

La violencia de tantos hombres contra las mujeres

MARÍA-MILAGROS RIVERA GARRETAS

Pensar un hombre nuevo no violento

Pensar un hombre nuevo no violento
María-Milagros Rivera Garretas.*

Pido a los hombres que han conocido alguna vez el amor –y son muchos porque, sin él, no estarían vivos- que piensen entre ellos un hombre nuevo: un hombre no violento, un modo de ser hombre que ellos irán reconociendo entre los que ya hay y decidiendo cómo va a ser. Solo esto puede hacer impensable la violencia contra las mujeres: impensable como es impensable hoy el canibalismo. Porque la acumulación de asesinatos en España en los dos primeros meses de este año 2008 –diecisiete más un número indeterminado de mujeres gravemente heridas- muestra decididamente que los hombres son responsables como sexo y como cultura. La cultura, históricamente masculina, de resolver mediante una ley está fracasando. La ley actual vale porque ha tomado nota de que la diferencia sexual existe y porque, indudablemente, ayuda a paliar algunas de las consecuencias de la violencia. Pero no la evita. Este es su fracaso.

Si son hombres los agresores, son ellos quienes están capacitados para pensar cómo dejar de serlo. Sé que, en contraste con las mujeres, los hombres tienen poca experiencia de ponerse a sí mismos en cuestión, incluso los que saben mucho de cuestionarlo todo. Pero sé también que están en un momento histórico crítico porque, al no haberse preguntado apenas por su ser hombres durante los últimos cuarenta años, la manera de serlo de la mayoría de ellos se ha quedado por detrás del presente. Lia Cigarini ha escrito recientemente en una revista de política de Milán (Via Dogana 84) que la crisis de la democracia representativa está muy vinculada con la ausencia de práctica política y de pensamiento masculino libre sobre el modo de ser hombre hoy, cuando el éxito de la revolución del feminismo es visible en todos los ámbitos de la vida social. Es evidente que si las mujeres hemos cambiado profundamente gracias a la autoconciencia, y los hombres se han quedado donde estaban hace tiempo, sin elaborar su sentido de la masculinidad en un mundo ya transformado, la convivencia de mujeres y hombres en casa no puede ser mas que insostenible.

Como mujer que soy, yo no sé lo que es ser un hombre. Pero sí puedo decir que veo sus vidas aprisionadas por la dialéctica. Son dialécticos en su trabajo, definido por la lucha y la competitividad, son dialécticos en su ocio, definido por deportes dedicados a eliminar contrarios, son dialécticos en su política, definida por la contraposición de fuerzas y de razones. Pero ocurre que más allá de la dialéctica –no en contra de ella- está la vida. Y esto las mujeres lo sabemos. Aquí –pienso- está hoy el nudo del desencuentro entre los sexos. Un desencuentro que es de pareja y es de civilización.

Repito, pues, mi petición a los hombres que conocen el amor: por favor, pensad entre vosotros en lo que sois, en lo que hacéis, en lo que queréis ser.

* María-Milagros Rivera Garretas es investigadora de Duoda y catedrática de la Universidad de Barcelona.

Universidad de Barcelona
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