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Textos políticos

Presentación de la Revista DUODA

LJILJANA KRAGULJ

JUANA CASTRO O SOBRE LA SUBVERSIÓN EN LA POESÍA FEMENINA

JUANA CASTRO o sobre la subversión en la poesía femenina

En el poeta, dice Maria Zambrano, la vida es el sueño y la libertad lo único real. El poeta enamorado de las cosas se apega a ellas, a cada una de ellas, y las sigue a través del laberinto del tiempo y del cambio, sin poder renunciar a nada. Aunque para Zambrano la poesía es ametódica porque quiere todo al mismo tiempo, la poesía tiene su orden, un orden simbólico que como la mayoría de los órdenes ha sido definido por los hombres. Con esto quiero decir que en el discurso poético existan normas, criterios, modelos, matrices, símbolos que desde siempre han sido determinados y pronunciados por voces masculinas.
A lo largo de la historia la mujer está no-escrita, o está escrita siempre como alguien que no pudo ser ella misma. Escrita y reducida o absolutizada la mujer siempre ha sido representada o como un extremo negativo (Salomé, Lilit, Eva, Sibila, Medusa…) o como un extremo positivo (Stabat Mater - la mujer sin cuerpo, sin sensualidad). Las mujeres desvanecen, se pierden dentro de esos grandes libros de arte y literatura que son la elección justa para la vida bienaventurada de cada individuo consciente.
Se escondían las mujeres en la literatura, o las escondían, tal vez porque la mujer escribía siempre como no debía - con su cuerpo, demasiado sensualmente, demasiado libertinamente, LILITeralmente, desenfrenadamente. Tal vez porque cuando se les menospreciaba se les decía que escribían de manera pobre y patética, que en ellas no entraban las Musas, que no podían ser ingeniosas, avispadas, geniales, que sabían sólo llorar e escribir cositas románticas en sus diarios, que eran líricas en vez de ser heroicas o épicas, que no alcanzaban esas esferas de trascendencia y que no se embriagaban con la Justicia, la Verdad, Dios, lo Absoluto, la Nación, la Eternidad, el Infinito…
Y si escriben con acierto y estilo, es más difícil para ellas entrar en las colecciones, cánones, libros de lectura, librerías. Basta ir a cualquier librería para darse cuenta de la relación poetas-poetisas o preguntar a alguien si podrá nombraros por lo menos dos poetisas preferidas que no sean Emily Dickinson o Sylvia Plath. Las mujeres se esconden tal vez porque no pueden escribir sin ser subversivas o mejor doblemente subversivas respecto al mundo como tal y respecto al canon. Un poeta siempre se opone a la orden de las cosas. Traza un derrotero alternativo al establishment: la poesía se aviene igualmente herejía, dolor e infierno como consuelo, amor y esperanza. La mujer-poeta se opone también a la situación y posición prescritas porque si quiere describir su propia, autentica situación tiene primero que rechazar aquella prescrita. Cierto es que todo esto no vale para todas las mujeres ni tampoco para todas las poetas: hay muchas que llevan bien puestos sus vestidos confeccionados pero este discurso no se lo voy a regalar a ellas.
“Yo, cuando he escrito poesía, cuando escribo, la poesía no es algo separado de mi vida, sino que forma parte de la biografía” dijo la poeta cordobesa Juana Castro el año pasado, durante el tercer Dialogo Magistral que podéis leer por completo en el número 35 de la revista DUODA. Gracias a esta dimensión biográfica, de forma natural y espontánea los lectores y las lectoras se reconocen en los sujetos líricos de sus poemas. Gracias a su accesibilidad y humildad, a su capacidad de borrar las distancias, a su sensualidad y erotismo, me atrevo hablar de esta autora, profesora, madre, abuela y ganadora de diversos premios poéticos.
Leyendo esas páginas de la revista DUODA, que fueron también las primeras que atrajeron mi atención, se puede descubrir mucho sobre su vida y su poesía ya que es la poeta misma quien nos entrega sus recuerdos más importantes a través de cuatro cuadros o secuencias. Para mí se trata de cuatro escenas recortadas de una película cargada de pasión y nostalgia, esperanza y rebeldía, donde una niña sabia, que lee a las mujeres del campo, se trasforma en una mujer reafirmada que escribe de noche “porque hay silencio, porque parece que la energía se esparce, se comunica”. No os voy a hablar de su vida ya que la podríais leer en la misma revista pero os voy a decir que entre su primer poemario Cóncava mujer, publicado en el 1978, y el último, Los cuerpos oscuros que salió en el 2005, encontraremos diez poemarios, más de cuarenta estudios críticos publicados en España y EEUU, y una tesis doctoral de su obra. No obstante, poco encontrarais en las bibliotecas y aún menos en Internet que en estos tiempos “modernos” se volvió en referencia y fuente imprescindible para cualquier tipo de investigación. Por esos motivos os invito a leer con atención la selección de poesías de Juana Castro que encontrareis en el número 35 de la revista DUODA. Una selección en la cual Castro nos habla, como ella misma lo dice, del amor, de la soledad, del desamor pero también del misterio de la existencia y de la infancia. Destacaría el poema Destierro, donde el exilio se trasforma en la metáfora de la condición femenina mientras la voz que la autora busca no es otra que el deseo de participación activa y creativa en esta vida. Al poema Lotófagos lo señalo porque huele al pan que hace olvidar. Disyuntiva es un poema que homenajea la adición al chocolate. En Amor mío brilla una inolvidable aliteración del amor “que es amoldar / y amancillar / de amenazar / de amurallar / amor de amartillar / y de amasijo./ Amor de amortajar. Merced a La bolsa o la vida ahora cuando me preguntan ¿Qué es que llevas en tu bolsa? puedo responder “una megalópolis multiforme que respira y crece.” El resto de poemas guarda perlas como las que he citado, pero os dejo a vosotras, tras esta invitación, el goce del descubrimiento de este sentido creativo y libre de ser mujer que es “altamente peligroso para la salud, igual que el amor”.
Agradezco a DUODA la oportunidad que me ha brindado de presentar estos poemas, del mismo modo que os agradezco a todos y todas vuestro amable interés, que os será recompensado porque como dijo mi querida Maria Zambrano la poesía “es un oír en el silencio y un ver en la oscuridad.” Por tal razón siempre resultará pertinente invitar a leer poesía. Decía Kant que no hay mayor esclavo que quien no se sabe esclavo y la poesía se nos aparece como un Sapere Audere que ahonda en el silencio de las mujeres silenciadas y en la oscuridad de las mujeres cultas y ocultadas. Gracias.

Universidad de Barcelona
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