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Textos políticos

Presentación de la Revista DUODA

MÍRIAM-DÁCIL DARÍAS PÉREZ

HABLAR DE ESTE NÚMERO DE LA REVISTA DUODA, hablar del temor y de la sed de vida….

..... hablar del temor y de la sed de vida….

Hablar sobre el numero 34 de la revista Duoda que hoy presentamos aquí se me hace un poco difícil, ya que habla sobre mística, y mi relación con ella es un poco conflictiva. Después de haber terminado el master, miro hacia atrás al proceso de asistencia a clase, de escucha, diálogo y aprendizaje que he pasado, y veo que cada asignatura ha hecho resonar una parte de mi que no lograba poner con palabras, y me siento más completa, más centrada y más segura respecto al mundo en el que vivo, gracias al poderoso ejercicio de genealogía femenina que ha supuesto estos dos ultimo años de estudios de la libertad femenina.
La mística, a diferencia de las otras materias, ha encontrado en mi una resistencia, que aun hoy me cuesta nombrar. Al igual que muchas otras personas que crecieron bajo el régimen católico franquista, mi madre, nacida en el 49, se esforzó en descristianizarse para liberarse de los traumas que tenía frutos de la educación nacional católica, y este sentimiento anticristiano lo hemos aprendido mi hermana y yo. Esto, unido a una crianza en la ciudad consumista incipiente de los ochenta y la socialización en una cultura tradicionalmente cristiana, pero que se forzaba a no serlo, que no mira hacia atrás buscando orígenes, sino obsesionada con el futuro, el progreso y el capitalismo, tampoco ayudo a que desarrolláramos curiosidad hacia ningún pasado que no fuese el más inmediato. El escepticismo y el aquí y ahora se convirtieron en mi únicas creencias.
Empezando el master de Duoda me encuentro con historias jamás contadas en los libros de texto, historias que sucedieron en la baja edad media, que eran protagonizadas por mujeres, que eran revolucionarias, historias apasionantes que tenían que ver con la mediación directa con Dios, sin tener en cuenta a Iglesia, que tenía un papel fundamental en regir la vida cotidiana de las personas. Estas mujeres que empezaron a hacer más allá de los dictámenes de la Iglesia, como las beguinas, me tocaron profundamente, pues para buscar historia de las mujeres, nunca había ido más allá del siglo XIX. Efectivamente la sociedad de la baja edad media dista mucho de la sociedad en la que vivo hoy. Pero era evidente el paralelismo con las vidas de las mujeres que hoy en día admiraba. Descubrí que se pueden encontrar respuestas en la historia medieval de las mujeres, pues. La mediación directa con Dios, se me aparecía como una necesidad de aquellas mujeres que no se resolvía con el lenguaje ajeno, culto, y en otro idioma que habían desarrollado los hombres. Luego la persecución de estas mujeres como la quema de alguna de ellas, como Margarita Porete, por haber escrito en su lengua materna El espejo de las almas simples, haberlo defendido como propio, y a pesar de las advertencias, seguir difundiéndolo, tienen muchísimo poder simbólico para mi. Que en un mundo masculino donde no suelo encontrar expresiones históricas o culturales femeninas que me signifiquen, me aparezca la mística femenina, como clave histórica para entender el malestar de las mujeres en la cultura, y la búsqueda por medios propios la significación personal, me suponía un punto de ruptura con mis creencias ingenuas sobre la necesidad del ateismo total para encontrar respuestas.
No me he vuelto de repente creyente, sigo planteándome la idea de Dios, sobre el Dios todopoderoso, omnipotente y castigador, que conviene a la iglesia y a las instituciones para controlar las vidas de los creyentes. Pero no puedo dejar de pensar en determinadas ideas que mujeres místicas medievales tenían sobre Dios. Como la idea de amor supremo que guía, como la idea del bien, como la idea del poder ser una misma Dios, sin tener que buscarlo más allá, o la idea del desapego absoluto de la tenencia material de las cosas para encontrar en una misma la divinidad. Son ideas totalmente actuales y muy de moda, que, si quitásemos hoy en día la connotación Divina en ellas, se ve muchísima gente que se dice atea o agnóstica, (entre ellas yo) buscándolas en disciplinas orientales, en meditación, en el New Age, en el yoga.
No consigo del todo identificarme con la idea de divinidad e infinitud de la que hablan las místicas, me siento muy lejos, pero a la vez, si que siento un vacío, que he de llenar con algo. Solo he podido encontrar un rayo de luz que ilumina algo de mí que yo no he sabido nombrar, como dice Maria Milagros Rivera, a través del razonamiento por analogía. El punto en el que la mística dice algo de mí apareció con Simone Weil, mujer de extrema sensibilidad ante la injusticia y el abuso, de ideas anarquistas en su juventud, que creció en una familia agnóstica, y que encuentra en el desprendimiento de toda bajeza emocional, la ligereza para alcanzar lo que ella llama la Gracia que es amor puro que todo lo colma. Yo la leo sedienta, pero no a través de Dios, ni de la figura, ni de la idea de Dios, sino a través de su estar en el mundo, según ella dirigido a alcanzar el estado de Gracia que es Dios mismo.
Un autentico temor de dios, como dice Rosetta Stella en este numero 34 de la revista Duoda. Sí, temor a la religiosidad, si, también. Temor al infinito y a la capacidad de trascendencia, también, y mucho. Pero sí reconozco una sed de vida interior desprendida de todo lo superfluo, lo banal, lo que no es importante.

Universidad de Barcelona
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