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Colección de Arte La Relación

LA PRÁCTICA DE LA RELACIÓN

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MARÍA-MILAGROS RIVERA GARRETAS

LA PRÁCTICA DE LA RELACIÓN

MESA REDONDA Y PRESENTACIÓN DEL CATÁLOGO DE LA COLECCIÓN DE ARTE LA RELACIÓN. DOCUMENTOS 2000-2008 PARTICIPANTES: M. Milagros Rivera, Assumpta Bassas, Àngels Grases, Pepa Balsach, Mar Arza, Isabel Banal

LA PRÁCTICA DE LA RELACIÓN

“Relación” es la palabra que da nombre a la Colección de Arte y Punto de Investigación del Centre de Recerca Duoda cuyo catálogo presentamos hoy. Ponerle este nombre fue idea de su fundadora, Elena del Rivero, que inauguró la Colección en 2000 con una instalación titulada precisamente Entredós. Entredós es, casi, uno de los nombres de la relación, porque el entredós es algo que pone en relación dos cosas que antes no estaban en relación. Pero nuestra colección no va solo de cosas: quiere vincular la cosa con su creador o creadora, quiere reconocer y expresar el vínculo necesario entre la obra y su creadora o creador, el vínculo necesario entre las palabras y las cosas, y entre la obra de arte, su creadora y las mujeres que damos vida y tiempo a la Colección.
Llamar “La Relación” a una colección de arte o “Entredós” a una instalación era necesario al comenzar nuestro siglo porque durante el siglo XX la palabra “relación” había ido perdiendo sentido, se había ido vaciando de significado. Tanto, que nos parecía poco el usarla sola, y le añadíamos una y otra vez especificaciones que llevaran la cabeza a otro sitio, dejando en suspenso el sentido propio de la relación, un sentido todavía hoy en pérdida. Decíamos, por ejemplo, relaciones sociales, relaciones de producción, relaciones políticas, relación educativa, etc.; y si usábamos sola la palabra relación, la usábamos en plural y, por pudor, era para dar a entender que la relación era sexual.
Esto pasó porque el siglo XX fue un siglo de pérdida de orden simbólico de la madre. Por eso fue el siglo más violento de nuestra historia, el siglo con más guerras, más ferocidad, más muertos y muertas violentamente. El orden simbólico es la lengua materna, la lengua que hablamos y la voz que tenemos para decir. La relación es su sustancia, porque la lengua es sintaxis y porque sin relación la lengua no se aprende ni sirve hablarla. Y porque si no hay palabra, no hay relación. Y hay guerra. La relación es, pues, una de las cosas que nuestra época tiene que pensar y, sobre todo, que nuestra época quiere pensar, ya que hoy sabemos y podemos decir en alto que es posible un mundo sin guerras, que la paz es la condición de la vida humana. Queremos pensar la relación, además, desde la práctica, desde la práctica de la relación.
Pero ¿qué es la relación?
Para intentar explicarlo, voy a partir de mi experiencia y de un texto de la gran pensadora y política de la diferencia sexual –la diferencia sexual no es el género sino el sentido libre del ser mujer u hombre– que fue Carla Lonzi (1931-1982).
De mi experiencia diré que cuando al fundar la Colección de Arte en el año 2000 Elena del Rivero propuso llamarle La Relación, yo, íntimamente, vacilé. Me pareció que no sabríamos cómo explicar lo que era la colección ni lo que íbamos a investigar, y que la gente no entendería qué era lo que queríamos decir con ese nombre. Pero no rechisté, porque a Elena le reconozco autoridad.
Hoy, sigo sin estar segura de lo que queremos decir, pero sé que puedo empezar a intentar esclarecerlo. Y para ello recurriré a Carla Lonzi.
Carla Lonzi fue artista, crítica de arte, ensayista y cofundadora (en 1970) de uno de los primeros grupos feministas radicales y autónomos de Italia, el grupo y editorial que llamó, con otras, Rivolta Femminile. Entre 1965 y 1980, fue pareja de Pietro Consagra, un escultor y poeta que era famoso en Italia. Esta relación, Carla Lonzi la rompió precisamente porque él no entendió lo que para ella era la relación.
En abril-mayo de 1980, para dilucidar si seguían juntos o no, Carla Lonzi y Pietro Consagra mantuvieron un diálogo en cuatro jornadas. De este diálogo salió el libro de Carla Lonzi Vai pure. Dialogo con Pietro Consagra (Vete pues. Diálogo con Pietro Consagra). Vai pure es la frase final del diálogo, frase de despedida que Carla Lonzi pronuncia. Unos meses después, enero de 1981, ella hizo un cáncer y murió en agosto de 1982.
El contexto del diálogo y el motivo de la ruptura es el sentido que tiene respectivamente para Pietro y para Carla el ser artista, y la influencia de la relación en la obra de arte y en el seguir siendo uno o una, artista. Dice él: “Un artista es fragilísimo y se vuelve más frágil cada vez y necesita a su alrededor un halo favorable, eso que tú llamas pleitesía. Necesita este clima. En cuanto el artista es turbado en este clima, decae, se deprime, se trastorna, pierde completamente el equilibrio. Si junto a él está una persona que no se cuida de esta parte, el artista no puede vivir. Si es puesto siempre en la condición de no poder usar de este tipo de halo, el artista, entiéndelo, no puede seguir. No puede seguir adelante. Pero tú eres la que no quiere este halo, tiendes continuamente a soplarle encima para que desaparezca.”
Es decir, el artista necesita usar de un clima generado por la relación, necesita que la relación lo sostenga. Pietro Consagra desenmascara así (y esto es propio del hombre progresista de su tiempo) la opinión más corriente, incluso canónica, sobre el artista, opinión que decía que es prototípicamente artista el hombre que crea de la nada; es decir, el hombre que crea sin matriz, sin madre. Por eso la opinión de Pietro Consagra, que en cierta manera reconoce su necesidad de relación, suena incluso atractiva, cuando la oímos. Pero ella, Carla Lonzi, no cede. Le dice en respuesta:
“Tú para hacer arte no solo tienes que poner las relaciones humanas en segundo plano, sino que las tienes que descartar en el momento en el que te ponen ante verdades que contrastan con el clima que necesitas para producir tus cosas. No es que des prioridad a eso pero quede también sitio para lo otro: para esto ya no queda sitio. Una relación desvela verdades, no solo lleva a conocerse a sí mismos, sino también al otro, da una visión de las dos partes: tú necesitas la visión de una sola parte. Precisamente la relación es el ingrediente nocivo para tu producto.”
Es decir, Carla Lonzi afina y discierne distinguiendo entre la relación instrumental, que en este caso es la que crea y recrea el clima favorable al artista, y la que ella llama “relación humana”, que es la que lleva a reconocer la alteridad, la alteridad propia y la ajena, la que lleva al artista a afrontar esa cosa tan difícil que es la autenticidad. Autenticidad que es relativa, como enseña en el siglo XX la teoría de la relatividad, o sea, es relativa precisamente a las relaciones.
Pero Carla Lonzi ahonda aún más en la herida y prosigue diciendo:
“En el fondo, querías tenerme contigo quitándole a la relación entre nosotros dos lo característico de la relación. [...] Si se le da prioridad a la producción de la obra de arte en detrimento de la relación humana, la relación humana, inevitablemente, no puede realizarse, porque no pueden realizarse dos cosas que están en competencia. Es en esto en lo que yo insisto y siento que estoy en una cultura que me es ajena porque la relación humana es instrumentalizada para la realización de la obra. Por tanto, en la relación humana ocurren esas hecatombes que ocurren en el plano del trabajo en la sociedad productivista ¿entiendes?” Y, más adelante, al final del diálogo, precisa: “es la apropiación de lo que haces, no es casi lo que haces.”
Carla Lonzi consigue, creo, expresar aquí lo que es la relación y, también, cuál es el camino por el que ha sido perdida para el lenguaje y, por tanto, para la existencia simbólica, durante el siglo XX. Ella, que es una mujer, crea relación y la pone a disposición de quienes están a su alrededor. Él se la apropia para poder crear e inmediatamente la acalla, le veta el acceso al lenguaje, al reconocimiento y al ser. Ella, mujer, es desustanciada, pierde entidad, se descrea. En realidad, su relación con Pietro Consagra se rompió cuando Carla tomó conciencia de su propia conciencia: de que las conciencias, en la humanidad, son dos. Ella misma, y con ella su matrimonio y quizá su salud, no pudieron soportar esta revelación.
Por tanto, la práctica de la relación es una “elección simbólica”, es una elección de sentido. Esto se entiende enseguida en toda su magnitud si lo asocio con un hecho traumático de nuestro presente: las y los intelectuales europeos y norteamericanos que, hace unas semanas, pedían la impunidad de un delito de violación para un delincuente diciendo que es un artista. Su delito era un delito de relación, un delito al que esos/esas intelectuales querían seguir prohibiendo el acceso al lenguaje. Eligieron negarle existencia a la relación en el proceso creador. Esto sigue pasando hoy, sobre todo entre intelectuales, treinta años después de la obra de Carla Lonzi. Es un indicio de que el sentido de esa intelectualidad se ha quedado por detrás del presente, pasando a formar parte de un coro que desafina en el canto del mundo real.

¿Qué es, entonces, la relación?
Pienso que la relación es un estado de conciencia. Un estado de conciencia que consiste en saberse dependiente de la conciencia ajena. Se practica cuando se vive en este estado de conciencia.
No solo cuenta, no solo existe, pues, mi conciencia, sino también la conciencia ajena, en primer lugar la conciencia de ser mujer u hombre, es decir, la sexuación de la conciencia. El punto está en reconocerlo en todo proceso creador, por nimio que sea: en reconocerlo en la carne, hasta encarnar también la conciencia ajena. Y expresarlo, llevarlo al lenguaje, al lenguaje de la creación, a la obra, a la acción acabada, explícitamente. Es su encarnación en mí lo que lleva a la conciencia ajena al lenguaje.

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