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Textos políticos

Cine fórum. Significando miradas

LAS MAESTRAS DE LA REPÚBLICA, DE PILAR PÉREZ SOLANO

AMPARO SILVANA CHUMACERO RUÍZ

LAS MAESTRAS DE LA REPÚBLICA, DE PILAR PÉREZ SOLANO

Cine Fórum Significando miradas
Las maestras de la República de Pilar Pérez Solano

Debo comenzar diciendo que con Marisé Clement hace ya bastante tiempo que teníamos ganas de compartir en este cine fórum alguna película relativa a la educación porque hablar de educación es hablar de amor, es hablar de relación, de lo humano, de la cultura, es hablar de encuentros, es hablar de nuestro origen porque reconocemos el aprendizaje a partir de la primera relación entre madre e hija, madre e hijo y porque como dice María Milagros Rivera Garretas: “…es la parte más delicada de la obra de la civilización. Porque es, precisamente, una contingencia en la que comparece mucha trascendencia: sin aprender no se trasciende Ya que cada criatura humana que es traída al mundo aporta algo nuevo, algo que requiere ser recibido y, también, orientado hacia lo que ya hay, con el fin de que una civilización perdure en el tiempo y, acogiendo lo nuevo, se transforme”.

Habíamos pensando en varios títulos. A mí se me ocurrían algunos por mi práctica como docente y como pedagoga. Sin embargo, por diversos motivos no pudimos dar con uno que nos gustara de verdad. Entonces, surgió la propuesta (de parte de Marisé) de este documental ganador del premio Goya al mejor largometraje documental en el año 2014. Sin haberlo visto dije que sí porque el nombre me gustaba. Hace referencia a la diferencial sexual desde el título. Me gusta leer la palabra “maestras” con todas sus letras y todo su reconocimiento hacia ellas. De hecho, creo que el Goya que dio la academia de cine español es para ellas, las maestras, y no tanto al documental en sí. Considero que fue un acto simbólico para reconocer a aquellas maestras, a aquellas mujeres que se entregaron a la llamada, nacida de las entrañas, que era el educar para transformar.
Me gusta leer en el título la palabra maestras porque bastante harta estoy de leer y de ver materiales sobre maestros en el ámbito profesional o cotidiano, así como del “maestros y maestras” porque me temo que se sigue pensando en maestros y en ese neutro que no soporto pese a que el magisterio, hoy en día, es un colectivo femenino en cuanto a número, que no quiere decir que por ello sea un colectivo femenino en cuanto a su práctica, según mi visión e interpretación -claro está- y de la cual ya podremos debatir más adelante. Pero en todo caso me gusta poder estar aquí hablando de ellas, las maestras.

Total, que me pudo el título también por cuestiones políticas e históricas. Pese a que en mi caso al ser extranjera y no conocer mucho la historia de España, bastante poco podría decir de la República española. Y de lo poco que sé, además de su fuerza democrática y participativa, percibía que existe un anhelo y melancolía por aquellos años que no terminaba de entender. Así que pensé que tal vez de esta manera encontraría y compartiría los motivos de esa melancolía y los suspiros por la España republicana. A lo mejor, alguna cosa tenía que ver con las maestras que habitaban las aulas de la República.

También decidí amadrinar la película porque María Zambrano, mi maestra María- y seguramente maestra de muchas aquí presentes-, nos contaba en la Entrevista que le hizo Pilar Trenas -y que vimos en este mismo espacio de cine fórum- lo emocionante que fue esa época y lo feliz que fue en las Misiones Pedagógicas de la segunda República. Entre lágrimas decía: “Se nos daba únicamente para las sandalias. Si queríamos ir por nuestra cuenta a algún otro pueblo, nos lo pagábamos, y a veces nos encontrábamos con espectáculos, bueno no era espectáculo. Realidades maravillosas, de una España... tengo que hacer un esfuerzo para no llorar... de una España que despertaba a la vida, de una España en que se unía la antigua cortesía en todo un kilómetro, que nos esperaba de gentes, vestidos con capa, con el traje tradicional y con el presidente que llevaba la bandera de la República. Nos hicieron pasar por el medio como si fuéramos santa Teresa, con el mismo respeto… ¡Qué maravilla!...Porque yo no pensaba en mí, como sucede cuando se da uno de verdad; y yo sí que sentía que tenía que aprovechar esos momentos porque serían breves, porque durarían poco”.

Así que aquí estamos a punto de ver Las maestras de la República. Ver el trabajo de estas maestras que, como María, se daban de verdad en la relación educativa. Hacían la política en primera persona, esa que habla de nuestras propias acciones, de nuestra obra de compromiso con la polis, relativa a la sociedad, al lugar donde se habita, a lo social, a lo común y que civiliza, pero que sobre todo tiene que ver con una misma, con uno mismo, y que es capaz de transformar nuestra relación con el mundo.

No creo que el enfoque del documental muestre de verdad a las maestras republicanas y que hable de ellas y de todo lo que fueron capaces de hacer. Las razones pueden ser varias. Yo quiero nombrar dos. La primera, la falta de material. Se quemó todo, se arrasó con todo lo que se hizo en esos cortos años. Se hizo desaparecer todo, incluso la memoria de la gente, o al menos eso quisieron hacer creer para poder sobrevivir. La segunda, y muy dolorosa, es que nos cuesta reconocer el saber de las mujeres. Nos cuesta valorar su diferencia. Tendemos a caer en la homologación de lo humano, en la neutralización de todo, la homogeneización para evitar la diferencia, la igualdad que lo nubla la realidad. Las hacemos desaparecer porque no las reconocemos porque no las vemos, porque no las sabemos ver.

El documental no nos lleva a ver esa verdad de la que Zambrano hablaba, ni creo que nos haga pensar explícitamente en la práctica de libertad femenina que en aquellos años se vivió, pero la intuye y con ello me quiero quedar. La directora intuye esa grandeza y por ello realiza el documental.
A veces el primer gran paso es esa escucha de la intuición, que es una práctica poco reconocida como practicada en la sociedad del “conocimiento”. La directora intuyó que se trataba de un gran aspecto de la historia que debía mostrarse y compartirse.
Sé también, gracias a mi amiga Laura Mora, quien trabajó este documental en su clase, y que pudo conversar con la directora, que se hizo este documental con tan solo seis mil euros. Cifra mínima y con la que es muy difícil hacer algo en el mundo del cine. Por tanto, este documental está hecho con un presupuesto pequeño pero con una gran ilusión a medida que se iba investigando y contactando con los familiares de algunas maestras.
Este documental fue una solicitud hecha a la directora por la Secretaria de Igualdad Confederal de UGT, es decir de las mujeres de UGT (Sindicato Unión General de Trabajadores). Querían abordar el tema de las maestras de la República en un breve reportaje y fue entonces que Pilar Pérez Solano, directora del documental, dijo que el material que había ido encontrando daba para hacer algo más que un breve reportaje y que el tema le parecía importante. Entonces, el resultado de ese deseo y las ganas de poder enseñar una parte de la vida de las maestras de esa época nos regalan 65 minutos de cine de un tema que pocas veces se toca: la educación y las mujeres.

La directora intuyó la grandeza del tema y lo abordó por ese sentir y sentido que fue tomando forma en ella durante la investigación previa al rodaje. No es tarea fácil explicar lo que pocas veces se nombra. Por eso ahora estoy convencida de que era importante hablar de esta película en el cine fórum Significando Miradas porque quiero que pensemos juntas en lo que nos cuesta nombrar la grandeza de las mujeres o en cómo no sabemos nombrarla y verla, aunque esté frente a nuestros ojos. Queremos que el debate que nosotras proponemos nos ayude a significar esa mirada e ir descubriendo otras en estos encuentro de cine fórum.

Las maestras de la República recupera la memoria de una parte del movimiento obrero, en el que las mujeres eran parte esencial, pero no todas eran obreras ya que muchas provenían de familias pudientes, precisamente porque el acceso a la educación era un bien de pocos y de muy muy pocas. Sin embargo, fueron las mujeres las que más apoyaron y las que fueron gestando los cambios porque la conciencia del cambio para ellas era mayor. Su propia realidad y experiencia como mujeres les avisaba que habían de tomar nuevos roles dentro de la sociedad, había que dejar otros y soñar con muchos más. Son ellas las que ganan en cuanto a libertad y son ellas las que sueñan con cambiar el mundo, empezando por su lugar en esa otra España, en ese otro mundo donde podrían habitar como mujeres. Ellas saben bien que la escuela es un lugar para garantizar ese cambio porque ellas conocen el no acceso a la escuela. Conocen la no libertad, la no participación, el no lugar, el no poder ser, la no educación, el no trabajo reconocido, el no ser o ser pero no poder ser dada la sociedad patriarcal.
Dice Luisa Muraro que no se puede enseñar la libertad sin enseñar la no libertad. Estas maestras sin duda que podían enseñar esto y mucho más porque lo habían vivido en primera persona, pese a las diferencias sociales, culturales y tantas otras diferencias entre ellas. Su experiencia las autoriza y las hace ser la gran apuesta del nuevo sueño republicano porque en cierta medida fueron ellas las que en esa toma de conciencia fueron gestando La República junto a muchos hombres que también soñaban y creían en una nueva España.

La película comienza con una frase de María Salvo: “Lo decisivo de aquel 14 de abril de 1931 no fue ese mar de banderas, voces, canto y entusiasmo que inundó el mundo de los adultos. El de la República fue ese día que maestros y maestras retiraron el tabique de madera que separaba a los niños de las niñas de las aulas y salieron juntos todos a la terraza de juegos por primera vez”.
Sin duda que ese momento fue decisivo porque era necesario romper con la tradición de la educación por sexos y todo lo que esa tradición traía porque habla de uno sobre el otro. Habla de una relación de poder y de privilegios de unos sobre las otras. Por tanto, asistir a las escuelas juntos, las niñas junto a los niños, era imprescindible porque la diferencia jerárquica se rompía, porque la idea de construir una sociedad conjuntamente y participar en las mismas condiciones comenzaba a verse. De ahí surge la necesidad de hablar de igualdad, igualdad de condiciones, igualdad de oportunidades, igualdad de ciudadanía. Las niñas y los niños podían ser iguales en ese sentido. Un gran paso, aunque hoy en día bien sabemos que las cosas no son como entonces imaginábamos que serían. Lo decisivo no sé si fue retirar el tabique sino que ellas fueran las tuvieran el gesto de hacerlo.
Hay una escena que me ha gustado y me ha hecho pensar sobre el lugar de las mujeres y que creo refleja una verdad que hoy no siempre veo. Un político en su discurso de posicionamiento de la primera mujer dentro de un cargo se dirige al público diciendo: “Señoras, señores, hoy es un día histórico…” y se refería al rol de la mujer en la vida de la política institucional en 1931. En sus palabras menciona a las señoras no por un gesto de hacer lo que hoy llamamos “políticamente correcto” y por complacer a las feministas presentes lo hace porque, quiero creer, que ve a las mujeres, ve a las señoras del público, y las quiere nombrar porque antes no estaban y en ese momento SÍ.
Considero que el material fotográfico recopilado enseña escenas preciosas y que hablan por sí solas. Se ve la ilusión de las mujeres. Entraban en las escuelas deseosas de habitar y de gestar nuevas formas de educar. Emociona ver a esas mujeres con esos vestidos, esos sombreros, con labios pintados y bien peinadas llegar a los pueblos y pedir lo mínimo para montar una escuela en los lugares más remotos. Empezaron a educar partiendo de lo más básico y tan necesario como es el dar de comer, el cuidar los espacios que se habitaban, buscar una dieta que alimente, enseñar la necesidad y la sanidad del baño y cuidado del cuerpo… Llegaban llenas de ilusión, con nuevas ideas y proyectos educativos pese a lo difícil, que seguramente les sería, ganarse el respeto y la aceptación en muchos lugares debido a su condición de mujeres, a su edad y a tantos peros añadidos a las mujeres. Durante el proceso iban acomodando sus vestidos a sus necesidades y forma de vida, se cortaron el pelo y fueron encontrando maneras de poder hacer su trabajo más cómodamente, impregnando con su querer hacer cada rincón y con su ser mujer de otra manera. Esas maestras llevaban su ser mujer con ellas, sus ideales de sociedad, su aporte cultural porque se había reconocido su “capacidad” civil. Ellas son la genealogía femenina de las que mujeres que hoy estamos aquí.
La República es la que ha creído en la mujer, dice el documental, como si la República fuera un ente en sí misma. La República eran las mujeres y los hombres que creían en una nueva España. La República fue la gente. Y las mujeres tuvieron un rol decisivo y determinante. Ellas dan origen a dicho movimiento junto a hombres que creen en la solidaridad, en la libertad, en la equidad y la justicia.
Las maestras movían las escuelas, dice una de las especialistas en educación del documental. Cómo no moverlas si estaban ellas enteras y de verdad como decía María Zambrano. Creían en lo que hacían, confiaban en su labor. Llevaron sus ilusiones y deseos de participar en la sociedad desde un nuevo lugar pese a las muchas dificultades. Llevaron sus labores a la escuela. Empezaron a hacer cosas que antes no tenían lugar en la escuela, saberes que no eran consideradas saberes como las labores de casa. Hilda Farfante recuerda que su madre comentaba: “si queremos enseñarles a aprender, hay que enseñarles a hacer patucos”. Sabía su madre que de esa manera las mujeres adultas accederían asistir a la escuela. La madre de Hila nos habla en primer lugar de la visión más amplia del saber y de su lugar mediador. Intentaron hacer de la escuela un lugar más conocido, más cercano y que responda a sus necesidades inmediatas. Una escuela que permitiera vivir mejor. Nos habla del sentido de la educación que es el encuentro y el establecer relaciones que eduquen para mejorar.
Las maestras llevan a la escuela su obra como madres. Su obra civilizadora.

“Alma, María, Alma…” le decían a una de las docentes y es una frase repetida en el documental. María Zambrano habla del alma como la razón poética. Diferente a la razón mediadora del saber. Yo me he animado a hablar de la política educativa de la República como la política de la educación con alma porque las maestras sabían que no bastaba con abrir escuelas y llevar el conocimiento a los rincones de España. No bastaba hacer política de la educación, como lo seguimos haciendo ahora. Llenando de decretos y de contenidos todo, como si con eso se lograra el cambio, se civilizara. La educación requiere alma, alma que nace en la experiencia y que es la única capaz de transformar porque conecta con el interior, con la vocación y con aquello difícil de nombrar, pero que conecta con lo esencial del ser. Alma que da sentido a lo que hacemos y que es la única capaz de darse y que se deja transformar por el encuentro. Alma que parte en primera persona y que la atraviesa la experiencia. Alma que es el sentido simbólico de aquello que cada quien tiene para decir, para dar y para hacer crecer. Alma que responde a la llamada, a la vocación y al amor.
Durante la República se crearon condiciones de acceso a la formación para las mujeres. María del Carmen Agulló, profesora de historia de la educación, comenta que se abrieron residencias de señoritas donde se alojaban y convivían las estudiantes de magisterio. Señala que si bien podían ser espacios bastante elitistas no dejaban de ser espacios de pensamiento y convivencia entre mujeres. Ese entremujeres más allá de las condiciones sociales ha permitido, posteriormente, la única revolución sin armas y una de las mayores revoluciones de la historia del mundo como es el feminismo. Seguramente ellas no se llamaban feministas, pero su práctica lo era. La oportunidad de poder reunirse a pensar y convivir juntas dio lugar al pensamiento y acciones de mujeres. Las escuelas normales se empezaron a llenar de mujeres deseosas de ser maestras.
Posteriormente se unificaron las Escuelas Normales, separadas por sexo y poco a poco las vías de acceso se equipararon al nivel universitario dado el estatus y el reconocimiento por labor docente. Ser maestra/o durante la República se convirtió en una profesión importante. Tenía prestigio y reconocimiento. Y también se comenzó a hablar de formación pedagógica y psicológica. Y finalmente los claustros docentes se convirtieron en claustros mixtos. Las maestras empezaron a enseñar a hombres adultos y no tan solo a niños. Esta imagen, si la pensamos tiene mucha fuerza porque retrataba el cambio. Sin embargo, no debemos dejar de lado que no era fácil pero el deseo estuvo siempre pese a los rumores de tinte moralista y machista, absurdos y propios de la época.
En alguna fotografía se ve que las escuelas estaban improvisadas en casas y en otras, las maestras tenían la casa arriba de la escuela. Esta imagen me parece preciosa porque simbólicamente nos muestra el sentido de lo que la educación era. Del lugar de las maestras en cada pueblo. Fueron las maestras y los maestros referentes en cada pueblo porque se confiaba en su saber. Se tenía la certeza de que el cambio venía de su mano y vivían arriba porque su lugar en el mundo era la escuela. A la que cada mañana bajaban para trabajar o bien la escuela era un lugar donde habitar y que estaba en casa.
El modelo educativo de la República se basaba en la libre enseñanza y la base ideológica la daba el partido socialista, por tanto podemos hablar de una Escuela basada en la igualdad y en la libertad en términos generales con valores para la ciudadanía. Se hablaba de una educación pública, gratuita, laica, democrática dentro y fuera de la escuela. Se dejó de hablar de doctrinas educativas para hablar de formación. Se tuvo una visión integral de la educación. Se fueron incorporando la visión lúdica de la enseñanza, el valor del tiempo libre, la necesidad de crear bibliotecas e incorporar la diversión, además se hablaba de enseñar con pasión y con ilusión. Hoy en día no sé si se puede hablar de pasión en el ámbito educativo. Habemos varias que hablamos de amor y que recibimos miradas incrédulas y yo me pregunto: ¿Qué de aquella escuela nos queda hoy en día?
Duró poco, pero en esos años se dieron grandes pasos para la carrera docente y la escuela ocupó otro lugar en la sociedad española.
Y luego vino la guerra. Durante la guerra las maestras lucharon por mantener las escuelas abiertas porque implicaba un manteniendo de la vida y la esperanza en la vida. Buscaron formas para que lo conseguido no se perdiera. Se crearon espacios para que seguir educando y la guerra quede fuera de esos espacios, pero fue inevitable porque fueron tiempos de sangre y de mucha violencia. El testimonio de las familias de algunas maestras así lo cuentan.
Matar era la única manera de callar y de destruir estos preciosos años. Así lo hicieron. Las mataron y aquellas que sobrevivieron sufrieron el exilio como María Zambrano y muchas padecieron la depuración del magisterio.
La depuración del magisterio fue una medida aplicada por los militares y que luego pasó a ser competencia del Ministerio de Educación que pretendía hacer una “limpieza” política dentro del cuerpo docente. Es decir se sometía a un funcionario/a a expediente para sancionar su conducta política para lo cual era necesaria una revisión de la instrucción pública y que por tanto, bajan de niveles en el escalafón o bien se las eliminaba de sus cargos por haber participado trabajado durante la República.
Los criterios y la manera de depurar me dejan sin palabras. Imagino que cada quien podrá imaginarse lo que sucedía y podrá apreciar los motivos en los documentos que en la película se señalan.
Las bibliotecas y todos los espacios públicos que se habían convertido en espacios culturales también sufrieron el proceso de depuración y lo conseguido desapareció rápidamente
Yo me pregunto, entonces, es posible que la educación pueda transformar y sea capaz de conseguir todo lo que en ese tiempo se consiguió. Es posible que la educación sea la aurora de la mañana como lo fue en la República.
Por qué seguimos esperando tanto de la educación y a la vez no le damos el lugar que le corresponde. Qué mecanismos depuradores tenemos instalados hoy en día para que la educación siga a la deriva sin atender la vida.
Puedo cerrar diciendo que ahora entiendo los suspiros y melancolía por aquellos años, pero también quiero traer aquí una sonrisa llena de esperanza por el momento político que hoy parece empezamos a vivir después de las últimas elecciones municipales donde la libertad, la autonomía y la solidaridad de la que hablaban en La República, y a la que yo añado el respeto, amor y la confianza parecen asomarse a nuestra casa en forma de una nueva política.
Deseo que estas palabras hayan servido para pensar en nuestro rol como educadoras y educadores, como ciudadanos y ciudadanas.

Amparo Chumacero Ruíz
Barcelona, 19 de junio de 2015

Para ver el documental y acceder a material didáctico preparado como parte del Proyecto Las Maestras de la República, se puede acceder a:
http://www.lasmaestrasdelarepublica.com/carta.php

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