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MARÍA ELISA VARELA RODRÍGUEZ

TEXTO de presentació del libro LA INDECIBLE SUERTE DE NACER MUJER, de Luisa Muraro

"La toma de conciencia feminista abrió el pasadizo que la historiografía científica no conocía y que le cuesta reconocer. Lo reconocerá, no lo dudo, porque ha sido un acontecimiento histórico de tipo superlativo. Que tiene precisamente esta naturaleza: no es un hecho en el fluir de los hechos, sino la interrupción del transcurrir de los hechos y en este punto el devenir se convierte en la revelación de un ser" (p. 32)

LIBRERÍA PRÒLEG, jueves 3 de abril de 2014 a las 19.00 h
C/ SANT PERE MÉS ALT, 46. BARCELONA.

LA INDECIBLE SUERTE DE NACER MUJER, de Luisa Muraro
Traductora: María-Milagros Rivera Garretas
Colección: “Mujeres” / Cód. MJ62 Narcea Edit. 2013

TEXTO DE PRESENTACIÓN DE ELISA VARELA

Hoy presentamos el libro de Luisa Muraro, La indecible suerte de nacer mujer y quería recordar que la idea nació en Duoda cuando Luisa aceptó mi invitación para venir a impartir unas lecciones del Màster de Estudios de la Libertad Femenina. Consideramos que era una forma muy bonita de agradecerle su disponibilidad y generosidad y, como Milagros se había cuidado de la traducción de algunos de los textos que explicó en aquellas sesiones y que hoy forman parte de este libro, decidimos que continuase la traducción de los capítulos restantes y presentar la obra a alguna editorial. La editorial escogida por Milagros fue Narcea, a quien también deseamos agradecerle –en estos momentos difíciles para la edición en papel- su decidida apuesta por continuar la publicación de textos tan importantes para el pensamiento de mujeres y hombres en este momento de cambio histórico.
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Ahora deseo presentaros muy brevemente a las mujeres que están en esta mesa y que presentarán La indecible suerte de nacer mujer; y que dispondrán de 15 minutos aprox. para comentarnos lo que deseen del libro, así esperamos disponer y dejar espacio al coloquio con todas las mujeres y hombres que estamos hoy aquí y deseen intervenir.
La primera, la autora: Luisa Muraro es filósofa, contribuyó a fundar la Librería de mujeres de Milán (1975), [ciudad en la que vive.] Fundó, con otras, en la Universidad de Verona la Comunidad filosófica femenina Diótima (1984) y también el máster en Estudios de la Diferencia Sexual de Duoda en la (UB). Autora de gran prestigio, tiene varios libros traducidos al castellano, como, Guillerma y Maifreda. Historia de una herejía feminista, traduc, de Blanca Garí, Madrid: Omega, 1997; El orden simbólico de la madre, Madrid: horas y HORAS, 1994 (AGOTADO); El Dios de las mujeres, también con traduc. de María-Milagros Rivera Garretas, Madrid: horas y HORAS en la colección “La cosecha de nuestras madres”, 2006. También se han traducido al castellano un buen número de artículos en la revista DUODA. Estudios de la Diferencia Sexual, que podéis bajar de RACÓ, el depósito digital de las revistes universitarias, en las bibliotecas de todas las universidades catalanas, también artículos en el congreso internacional de filósofas organizado en Barcelona entre otras por la prof. Fina Birulés, y en otras revistas y publicaciones diversas.

En esta mesa tenía que estar la traductora del libro: Milagros, pero otros imponderables se lo han impedido, pero nos seleccionado, para hacernos compañía, una frase del libro de Luisa para que cada una y cada uno reflexione sobre ella, y que para ella fue importante al estar tratando un asunto burocrático en la universidad y es importante en su estar en la universidad y en su hacer de medievalista, frase con la que sin pretenderlo explícitamente cerraré mi intervención y que ya habréis leído porque Gloria Luis desde Duoda y Núria desde Pròleg la han incluído en la difusión de este acto.
Las otras compañeras de mesa son Elizabeth Uribe Pinillos magistra e investigadora de DUODA Centre de Recerca, buena conocedora de Luisa Muraro, y
Marta Sala, una de mis alumnas en la Universidad de Girona que se ha sentido atraída por el libro por lo que le he pedido que esté hoy aquí.

Pròleg, 3 de abril,19h. 2104
Texto M. Elisa Varela:

Por qué hay que leer el libro de Luisa Muraro, ¿por qué es importante que lo leáis? ¿Por qué ha sido importante para mí como mujer e historiadora hacerlo?
[... No olvidemos que los humanos adultos somos infelices únicamente porque, a diferencia de los humanos pequeños, de los animales y de las plantes, llevamos a cabo solo una parte de nuestros potenciales. (p. 32)]
En primer lugar, por la afirmación que no se recoge en el título castellano, pero si en el italiano, porque “Somos mujeres no es cosa de todos y todas”
Y porque los libros de Luisa Muraro me aportan siempre, como lectora conocimientos útiles para la vida, para mi vida como mujer y como historiadora en el mundo de hoy, un mundo vertiginoso. Sus libros unen el pensamiento de una gran filósofa y la experiencia y la reflexión de una mujer que conoce e indaga, una y otra vez, sobre la política de las mujeres, y lo hace de forma magistral.
Este año he vivido en el aula una de las afirmaciones que Luisa hace en el Prólogo de este libro y con la que estoy plenamente de acuerdo, el feminismo no es una idea, un ideal, o una ideología. NO, el feminismo es un campo de batalla (p.9).
Cuando Luisa nos introduce “El discurso de Irina” en sus palabras descubro, entre otras muchas cosas, una muy importante cuando dice: “Voy a preparar la comida, os quiero un montón, queridas mujeres, SACAD LOS BISONTES QUE LLEVAMOS DENTRO, somos mujeres, no es cosa de todos”.
Descubro que Irina es consciente de la fuerza –como la de los bisontes- que tenemos las mujeres, una fuerza que nos hace tirar adelante nuestra vida, nuestro trabajo, nuestras familias, la crianza de las criaturas y su civilización.
Por eso y por otras muchas cosas que señala Luisa “que haya mujeres es una suerte para la humanidad, pero ser mujeres no es fácil” (p.12)

Voy, pues, a intentar señalar como mujer y como historiadora que es lo que deseo compartir con vosotras/os de La indecible suerte de nacer mujer.
Lo primero, es que comparto que “Ser mujer es una condición humana difícil de por sí, también en condiciones óptimas” (p. 13) ¿y por qué es una condición humana difícil incluso en las mejores condiciones posibles? (siendo rica, guapa, admirada...)
“Porque, dice Luisa, la condición humana femenina, la más presente en la realidad y –añado yo: una de las más oscurecidas por la historiografía erudita tradicional- y la menos representada con palabras y figuras, más presente y cercana o, más bien, dentro de la humanidad de todos y quizás por ello tanto más difícil de vivir” (p. 13)
El segundo elemento que yo también puedo atisbar en la historia, y que Luisa pone de relieve es “que tampoco en circunstancias difíciles desaparece completamente, acentuándose incluso, a veces, como en el discurso de Irina, una grandeza de la propia pertinencia al sexo femenino de la que no se reniega” (p. 13).
Cuando escribimos historia, con frecuencia, vemos como dice Luisa que “Las mujeres tenemos un modo único e insustituible de intimidad con el género humano, que es un privilegio” (p. 14).
“El ser mujer es un privilegio, un privilegio que se disfruta especialmente en lo más íntimo, en la confianza entre semejantas o en compañía de hombres conscientes o, también, en las grandes pruebas” (p. 14) Es un privilegio que no se disfruta por los propios méritos, si no que es un don.
Un don del que como dice Luisa a penas se dejan ver en la sociedad y en sus formas de organización, y en la escritura de historia, pequeñas chispas/o centellas, y que si se le da visibilidad no solo se ve si no que da luz (el don). (p. 14).
Como historiadora suscribo lo que dice Luisa:“El privilegio de ser mujer da una grandeza de otro tipo, que viene hacia ti entre las cosas ordinarias de la vida y llega hasta las más extraordinarias” (p. 15). “En una mujer, la grandeza estaba desde antes, era suya desde antes –de ser rica, de ser reina, de ser una gran noble, una gran escritora, una mercadera, una pobre, una beguina...-” (p.16) Pero, es necesario que la mujer acepte su privilegio y sepa llevarlo/, así el resto de vicisitudes o contingencias de su vida, no marcan una diferencia substancial (p. 16)
Pero, como historiadora, cómo puedo explicar a mis alumnas y alumnos, que como dice Luisa: ser mujer es “una fortuna para la humanidad” ¿por qué es una fortuna? Y nos dice Luisa no tanto porque es capaz si lo desea de dar a luz, porque todos y todas nacemos de mujer, pero el hecho de nacer no lo hemos pedido. ¿Por qué entonces? Y nos dice Luisa y “por la manera verdaderamente lujosa en la que, (salvo excepciones) las mujeres que son madres gestan y traen al mundo a sus hijas e hijos, con pensamientos, proyectos, sueños y, luego, besos, abrazos, vestiditos, gorritos, cuentos, nanas”. Y es una fortuna más allá de la procreación para mantener el mundo en el quicio (p.16).
Pero, seguro, como dice Luisa, cuando yo explique a mis alumnas y alumnos que es ”una fortuna para la humanidad” habrá algunas y algunos que, rápidamente, tomarán la palabra y nos surtirán de múltiples simplificaciones sobre el hacer femenino.
Entonces, tendré que tener, como dice la autora: “cuidado con la posición falsamente feminista: que considera el sexo femenino como la gran víctima de una gran injusticia masculina (p. 18). Esta –dice Luisa- es la interpretación de la condición humana femenina en términos de justicia negada –sobrevaloración de las respuestas que ofrece el derecho-
Mis alumnas y alumnos deberán saber que “esta interpretación empequeñece lo que muchas, muchísimas mujeres ponen en juego en sus relaciones con el mundo y con el otro sexo, y NO VE lo que las mujeres consiguen inventar ni lo que queda por encontrar, pero cuya búsqueda puede hacernos descubrir cosas no pensadas (p.18). Esta forma de mirar no deja ver la dificultad del ser mujer en su verdadera luz (p. 18-19).
Pero, La indicible suerte de nacer mujer desborda elementos fundamentales sobre la historia e importantísimos para mí que escribo historia:
Luisa dice mucho de la historia –le gusta mucho la historia-, y hace más de una propuesta para escribir historia. “La historia señala debe escribirse con un punto de vista más largo y profundo, más que los documentos históricos en sentido estricto, que llegue hasta los primeros días de la humanidad, una historia atenta a las relaciones recíprocas entre biología y cultura (Lynn Hunt, La storia culturale nell’età globale, trad. italiana de Giovanni Campolo, Pisa: ETS, 2010, p. 72). Estoy de acuerdo: yo historiadora, Sí que siento, y otras pienso que también sentimos que existen puntos de contacto entre la historia documentada que habla en voz alta y la historia silenciosa de nuestro ser organismos vivientes. Y estoy de acuerdo que lo sentimos porque a diferencia de la historia, la vida no conoce de discontinuidades. Porque a diferencia de lo que dice la historiografía tradicional historia magistra vitae, yo pienso que es la vida la maestra de la historia.
Porque, cada vez más veo, vemos –como señala Luisa- que somos de nuestro tiempo, y estamos vivas y vivos y la vida sigue haciéndonos sexuadas y los sexos trabajan en el presente y por tanto es en el presente que la obra de la civilización sigue rescatando de su determinismo (p. 20). Las historiadoras e historiadores tenemos que señalar que hay “una política de las mujeres empeñada desde siempre, en mantener el ajuste de cuentas/o la contabilidad, que nos trasciende pero de la que las criaturas humanas somos una voz fundamental a causa de la libertad que disfrutamos y padecemos”. (p. 20)
Tengo que señalar claramente a mis alumnas y alumnos que, al escribir historia el punto de vista unilateralmente neutro-masculino ha hecho simplificaciones también en la concepción y en la pràctica de la política, mirando siempre con una mirada bastante corta de vista. Y como dice Luisa “La simplificación que se ve desde su punto de vista es doble: por un lado se confunde la política con la lucha por el poder, por el otro, se tiene la pretensión de construir una sociedad justa, estas son las dos caras de la medalla, exhibida reiteradamente sobre el pecho del protagonismo masculino” (p. 21). Y lo que todavía es más fuerte: “los hombres reducen el significado de la historia humana y lo exageran, porque esto les hace sentirse protagonistas” (p. 21).
Yo como historiadora y pienso que algunas de las historiadoras que estamos en Duoda, pensamos –con Luisa- “que de este escenario de tipo historicista, las mujeres estamos fuera porque comprometidas con otro-lugar/ con otra forma tal vez poco llamativa/ pero que requiere, ser tomada en consideración, hoy más que nunca”. Y tendremos que hacerlo, tal vez, con la sencillez con la que lo hace la obrera Irina que de la batalla sindical pasa a hablar de los panecillos que prepara con las recetas baratas de su país:
Nosotras historiadoras tendremos que pasar de la explicación del gobierno de un reino, a la cocina, al establo, a la comida, a la ropa, al aprendizaje de la lectura y la escritura, a los juegos y diversiones, a la escasez... Porque todos estos y otros muchos aspectos de la vida requieren ser tomados en consideración.
Pero, como señala Luisa en el caso de Irina- “decir esto en positivo y con claridad No es fàcil SIN caer en los estereotipos de la feminidad”. Pero, no hay duda alguna, que ese otro lugar/ esa otra manera de hacer y decir son capaces de iluminar la lectura de la historia humana, lo intuyen las personas dotadas de sensibilidad: es –nos dice Luisa- intuitivo, por ej., que la excelencia femenina no es superioridad relativa que requiera comparaciones continuas, pero, en cambio, hay que reconocerla por sí misma como un saber estar y seguir estando en presencia del mundo, presencia cuyo valor no depende del juicio histórico sino al revés: es la historia la que depende de saberla reconocer. Por eso decía antes que ES la vida la maestra –magistra- de la historia y no al revés.
Pero reconerla no es fácil, y se corre el riesgo de cometer errores, pero eso no nos tiene que detener, tenemos que probar, tenemos que mirar con libertad, con una mirada no contaminada las fuentes e ir o llegar a eso otro lugar/ a esa otra manera capaz de leer la historia humana con sensibilidad e intuición, pero sin faltar al rigor. Porque, como recoge Luisa en el libro- ya Simone Weil nos decía que hay planos múltiples de una composición (ella hablaba de la justicia) que pueden esconder lo fundamental, y dejarnos sin sentir la verdad.
Cuando escribimos historia teniendo presente la diferencia sexual se trabaja con otros parámetros que sobrepasan las medidas de la historia tradicional, y aparecen elementos de tensión y conflictos que hasta ahora había sido entendidos mal y mal resueltos.
Luisa nos invita a usar creativamente la energía potencial de una realidad desequilibrada y a inspirarse en ella para actuar políticamente y esto se puede aplicar a muchos aspectos de nuestra vida y también a la investigación histórica. (p. 23). Si yo como historiadora, como dice Luisa, soy consciente de la idea de una excelencia femenina indemostrable pero reconocible porque sencillamente se muestra, esta idea hace justicia a las mujeres ahora y en otros períodos históricos. (p. 24).
En este punto, tiene mucha importancia otra idea que señala Luisa referida al lenguaje, dice: “el lenguaje no se opone en absoluto a este modo de pensar. Tanto el lenguaje de los cuerpos como la lengua en sentido estricto. La lengua nos da nombres para cada cosa, cada idea, como si pudiésemos rehacer el mundo con palabras (pero esto lo pueden hacer las personas cultas).
Pero, y lo olvidamos demasiado fácilmente, la lengua tiene otra capacidad bellísima –que tendemos a minusvalorar e incluso ignorar- su capacidad de dar cuenta, con gran sobriedad de medios, de la presencia de lo real; es decir, da cuenta de esos signos que usamos para ponernos en relación –como yo que estoy hablando ahora, con vosotras/os, y vosotras/os que me escucháis-; y para situarnos en el espacio y en el tiempo –las dos coordenadas fundamentales en las que se mueve la historia- (p. 27). Pero, debemos ser enormemente rigurosas en esta incorporación para seguir haciendo una historia real y verdadera.
Las historiadoras, entre otras mujeres, -como señala Luisa que deseaba decir en aquella reunión de mujeres y hombres aquella tarde en la mansión de una señora a la que apreciaba y respetaba mucho- (p. 25-37) y que no pudo decir (p. 28)- debemos decir que las mujeres reales empezaron a existir como sujetos deseantes y hablantes autónomamente con el movimiento feminista, y que esta existencia está destinada, por su naturaleza, a tomarle la delantera de lo Femenino fantaseado por los hombres, y por tantos hombres puesto en el lugar de lo que las mujeres de carne y hueso son: UNA EXISTENCIA MUCHO MÁS VARIADA Y RICA que ese Femenino al que cada vez menos mujeres se prestarán a sostener, por lo que el mundo no volverá a ser el mismo. (p. 20).
Y como historiadora aspiro a escribir historia –pienso que en Duoda hemos llevado a cabo ya los primeros ejemplos de que ello es posible- de otra modo, una historia que a pesar de la objeción de la historiografía –denominada científica- consiga acercar los hechos documentales y las experiencias (subjetivas) de las mujeres de ahora o de la Edad Media o Moderna (p. 31).
Y Luisa, no sólo nos da sugerencias y nos propone vías de indagación histórica, si no que nos lanza un reto para escribir una historia menos aburrida y más real. : si podemos incorporar las experiencias, entonces –dice Luisa- “abrid un pasadizo en vuestra disciplina y volved históricas las experiencias subjetivas porque son sucesos que actúan en lo real, son de este mundo y algunas de ellas son explosivas... (p. 31).
Y añade los sucesos a considerar son dos, de naturaleza completamente distinta, colocados en planos discordantes pero que se atraviesan y coinciden. Dónde y cómo, no lo sé, pero que en un punto coinciden, lo sé. ¿Cómo? Por experiencia, lo sé porque lo siento, lo sé porque lo soy. Los dos sucesos se funden entre sí en su significado común, subjetivo y objetivo a la vez. Yo tampoco sé dónde y cómo, pero también estoy segura que sí se produce.
Como historiadora me toca estar atenta, leer fuentes de todo tipo, documentos, crónicas, poesía, imágenes..., todo aquello que me acerque a las criaturas y en especial a las mujeres. Leer sobre todo aquellas que me acercan la experiencia para conseguir ver o intuir como se funden los dos sucesos en un significado común, subjetivo y objetivo a la vez, sólo así lograré escribir otro tipo de historia, que será la historia real y verdadera (como dice Marirì Martinengo y el grupo de la Historia viviente).
Para mi, historiadora-lectora de Luisa Muraro, este libro merecía la pena ser traducido ya sólo por el reto que nos pone delante a la historiadoras, ella dice que “lo escribió, porque con él enciende una luz.
La luz que iluminó que la conciencia feminista abrió el pasadizo que la historiografía científica no conocía y que le cuesta reconocer –eso lo sabemos bien casi todas las historiadoras-. Lo reconocerá -no lo dudo, dice Luisa- porque ha sido un acontecimiento histórico de tipo superlativo. Que tiene precisamente esta naturaleza: no es un hecho en el fluir de los hechos, sino la interrupción del transcurrir de los hechos y en este punto el devenir se convierte en la revelación del ser”. Este es el reto que la historiadora, que yo, tengo que afrontar, casi nada, vislumbro por delante una gran y apasionante tarea..... (p. 32).
Es verdad, que la revolución de las mujeres reales, de carne y hueso, se apoyó en un punto de coincidencia recobrada entre planos de ser que un pensamiento unilateral había bifurcado produciendo desconfianza e irrealidad.
Nos interesa a todas y a todos, no es algo parcial, las palabras que usa Luisa –dice ella- quieren comunicar un sentido de universalidad basado en las relaciones no instrumentales con el mundo animado e inanimado y en el compartir experiencias, de lo más cercano a lo más ajeno en la red de relaciones.
Como estar como historiadora en ese momento en el que el devenir incesante se detiene y el ser, (es decir) la presencia de las cosas y de las personas, se manifiesta, fuente segura de felicidad, este estar ahí que Luisa llama sentir el ser no es una posesión de nadie sino que es una posibilidad para todas y todos. Y, por tanto, dice Luisa, ¿qué hacer para que esta riqueza que a todos se ofrece no pueda ser ignorada ni despilfarrada?
Luisa dice que acude a la mística: “para que le enseñe un saber que esté a disposición de todos, porque el deseo y (a veces) la experiencia de la felicidad son de todos.
Como historiadora me sirve el ejemplo que señala Luisa cuando dice que: “Hoy la crisis económica también nos enseña “porque sabes por experiencia de la vida y del mundo que el cambio sale, si sale, de dentro de la vida de cada cual”, por tanto he aquí el reto de la historiadora, transformarse a si misma, transformar su mirada, para que el cambio salga de dentro de sí. Y dice Luisa (p. 36) “hay que hacer un quiebro, de modo que nos nazca dentro y venga hacia nosotras desde fuera la correspondencia entre las cosas que vivimos y las palabras que decimos, correspondencia que incrementa el ser de todo lo que es (p. 36).
Y yo como mujer y como historiadora y otras como mujeres y médicas, artistas, etc., tenemos que tener presente que la autoconciencia feminista no ha enseñado –dice Luisa- una gran diferencia con otras autoconciencias del siglo XIX y XX: que nosotras no nos conquistamos contra los demás sino con el descubrimiento de que estábamos en otro lugar y de manera distinta de lo previsto, prescrito y prometido; no INDIVIDUAL ni COLECTIVAMENTE, sino en RELACIÓN CON OTRAS (p. 37). “Y tener presente además que NO hay formas para gobernar la contingencia histórica en la que de un cúmulo de hechos cualesquiera se genera esa ruptura que es revelación del ser. Es una gracia, no hay recetas, pero el desear lleva a las proximidades de esa coyuntura, ese desear a lo grande que aguza el sentido de la carencia y regala antenas sensibles a quien lo sostiene válidamente.” (p. 37).
Las historiadoras debemos indagar –en el Ángel de la realidad que aparece y luego desaparece- PERO DEJA DICHO ALGO QUE ES EL SIGNIFICADO DE LO QUE ACONTECE, ALGO QUE CUSTODIAR FIELMENTE (p. 43), y como maestra, Luisa, me trae paz y consuelo: PONERSE A ESPERAR LA APARICIÓN DE UN ÁNGEL, NO ES ANTICIÉNTIFICO (p. 43).

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Yo quisiera aprovechar para plantearle una pregunta a Luisa, cuando hablas de la toma de conciencia de la sustración de sustancia simbólica por parte de un grupo de estudiantes y dices que inventaron el modo de producir y distribuir en beneficio de las mujeres el bien gratuito y esencial de existir y de sentirse existir. Vino así al mundo el sentido libre de la diferencia femenina (p. 62), yo pienso que en otros momentos de la historia ya existía el sentido libre de la diferencia femenina, porque como tu misma sostienes el reconocimiento de una mujer no sólo se produce por otras o por otros, sino que tanto el origen como el bien de verse reconocidas/os en la propia existencia singular y no en función de otro o de otros, este bien se produce en la relación materna. En esta relación radican, probablemente, también otros bienes de finísima naturaleza, como la autoridad y la confianza (p. 60).
Y continuas, por tanto, lo primero que hay que saber es que en la relación materna no se da ni justicia ni injusticia; no pueden darse porque esa relación precede también al formarse de un sentido de la justicia. El reconocimiento materno es un DON en estado puro, nace de la gratificación de ella reflejándose en la criatura a la que ha dado la vida. E incluso, añades, no se trata solo de la madre porque, en toda situación de intercambio entre seres humanos, si una mujer está presente, revive algo de esa antigua relación y el bien sin nombre se reproduce. Pero lo que es ofrecido gratuitamente por ella, sea consciente o inconscientemente, le es inmediatamente sustraído por uso y consumo masculino sin nada a cambio, como si fuese algo debido. Es como una sustracción de sustancia simbólica.... estando la cultura misma predispuesta a ello (p. 61).
Como historiadora suscribo lo que señala Luisa al señalar que cuando siento dentro de mi, partiendo de mí, que las mujeres existen por ellas mismas, no como segundas, iguales o complementarias a los hombres, esta experiencia y sentir me ha cambiado a mí y al mundo, y cuando fue verdad para mi, el mundo empezó a poblarse de mujeres, no solo en mi vida, sino también, SORPRESA, en la historia. (p. 66). ¿Por qué SORPRESA? Para mí como historiadora no es una sorpresa, no fue una sorpresa, fue una constatación: en las fuentes por doquier el mundo estaba y está poblado de mujeres que existieron y existen por ellas mismas. Lo que resulta a veces difícil es sacar a la luz con un riguroso método histórico esa existencia por ellas mismas. Pero, si yo mujer e historiadora cambio la mirada, cambia también mi percepción y, con frecuencia, la lectura de las fuentes.
Aunque estoy plenamente de acuerdo con Luisa cuando señala: “lo que se llama historia es siempre resultado de una o más reescrituras, hechas para no olvidar, SE DICE, pero es verdad también lo contrario, que están hechas para olvidar, o sea para NORMALIZAR EL PASADO y ponerlo en consonancia con el presente. Pero si yo saco a la luz mujeres con existencia real y cambio los criterios de análisis y me alejo de concepciones presuntamente neutras y objetivas, puedo restituir –como señala Luisa- a la historia su zigzagueante caminar, y esto me ayudará a sumerger mis ojos en los rincones más oscuros y alejados (p. 67).
Las historiadoras estudiamos y sacamos a la luz a mujeres que se rebelan sin matar ni ser asesinadas –como dice Luisa que es necesario hacer- y este es otro de los descubrimientos atribuibles a las mujeres (mediando en una guerra como hacen muchas reinas, entre ellas María de Castilla, al plantar una tienda entre los contendientes –como ha estudiado Núria Jornet- o mediando en conflictos en sus barrios, como hacen muchas artesanas, comerciantas y mercaderas, en el siglo XIV, en el barrio de La Ribera de Barcelona o enseñando, no sin cierta ironía, como hace, Duoda, a su hijo el amor a su padre a pesar de la intervención de este en las graves violencias que afectaban a las gentes que poblaban las tierras carolingias, y sembraban la muerte y desesperación entre sus gentes, y así muchas más mujeres, o Isabel I de Castilla mediando con amor de madre y un tacto exquisito entre su hija Juana y su padre Fernando de Aragón, y así os podía dar muchos más nombres). Y estas mujeres –como dice Luisa- no se mueven en una sola dirección, se mueven en varios planos de ser y la energía les está destinada a ellas, energía potencial que se ha acumulado a causa de una disparidad irremediable.
Las historiadoras poden apreciar como la historia multiplica por mil un hecho fundamental: la diferencia sexual y vemos –como dice Luisa- que las mujeres emplearon una buena parte de su potencia o excelencia en el cuidado de los seres vivos y en el amor, y pienso que son dos tareas desequilibrantes –porque pueden ocupar la vida entera- que nos sirven para contestar –una cuestión que dice Luisa que plantean algunas y algunos estudiosos, sobre la importancia de las mujeres en la historia- que sí tenían grandes y mejores cosas que hacer.
Un privilegio femenino fundamental que podemos enseña, mostrar, entre otras, las historiadores, es el contínuum materno del que descienden todas las criaturas humanas (p. 72), y el contínuum materno renueva el compromiso primordial que pasa de una mujer a otra (que Luisa llama en algún momento del libro: estar de la parte de lo viviente y satisfacerse con el amor), porque la historia nos da cuenta de esta forma de ser y hacer de la humanidad femenina hasta hoy.
Y me gustaria recoger un aspecto que conocemos y sabemos, no solo las historiadoras, sino en general muchas mujeres, pero que con frecuencia olvidamos y, por ello hay que recordarlo una y otra vez. Luisa lo subraya en su libro (p. 73), con estas palabras: “... el compromiso primordial de las hembras con la reproducción de la vida no se ha perpetuado automáticamente sino que se ha trasmitido transformándose en un sentimiento, en un pensamiento, en un deseo, en un amor. Que van a alimentar los vínculos con los seres humanos, en primer lugar los hijos, niños o niñas, pero no antes de haber pasado por esta transformación, cuyo lugar propio e insustituible es la relación madre-hija (p. 73).
Esta relación madre-hija, este continuo flujo de la vida que se modula en múltiples variaciones en cada una de estas relaciones duales se traduce en biografía e historia a pesar de la cancelación simbólica de las descendencias femeninas llevadas a cabo por el sistema patrilineal.
Pero a mi, como historiadora me ha creado una preocupación el paso entre dos niveles de ser, el llamado naturaleza –el hecho biológico- y el otro conocido como cultura. Como tenemos que articular este punto crucial de la experiencia femenina y aunque Luisa contesta en su libro a esta preocupación: diciendo que este pasadizo no esta distribuido en tiempos largos: tiene lugar todo él en lo vivo de una vida que se busca, ... pero es un pasadizo, digamos difícil y repleto de contingencias en las que se desarrolla toda criatura de sexo femenino que viene al mundo... (p. 75).
¿Por qué me preocupa? Porque me da la sensación que como historiadora tengo que estar muy atenta e hilar muy fino, para no volver a caer en el adentro a fuera, en lo público y privado, en un nuevo binomio, o dualismo. Luisa sostiene que se puede salvar manteniendo abierto el pasadizo que mantenga en vigor la experiencia de los inicios, de los inicios de la humanidad y de la persona. Y que la cultura descubra los contactos que tiene con la naturaleza y sea agradecida con el duro trabajo femenino de la relación materna (p. 75). Es cierto, el amor femenino de la madre nos vincula al lugar de los orígenes y a la vez está documentado en muchos aspectos de la civilización humana, entre ellos está inscrito en la historia (p. 76). Está inscrito en la historia y es historia y es civilización, pero la relación madre-hija no es una relación social, como nos recuerdan Luisa y también Milagros Rivera no es una relación social, porque no pertenece al ámbito de lo social, porque no todas las relaciones y manifestaciones de las criaturas humanas son relaciones sociales y fenómenos sociales, como intentaron hacernos creer todos aquellos que creyeron en el ideal de progreso y dominaron el pensamiento político durante los años 70 y 80.
Este pensamiento intento borrar el misterio de las genealogías femeninas, no lo logró, pero si logró que fuese olvidado, y sí lo dejó fuera de la historia y fuera de la política (p. 77).
Pero, si como ya dije más arriba, la historia no es maestra de la vida, si no la vida maestra de la historia, también digo con Luisa (p. 79): todo es historia pero la historia no lo es todo, y las historiadoras de la “historia viviente” y las de Duoda estamos intentando abrir camino, abrir un surco, a la idea de una historia de bordes porosos, una historia en la que son importantes las experiencias, las intuiciones, porque también estas facetas pueden considerarse documentos, documentos distintos de los que la historiografía tradicional erudita acepta como buenos y que por tanto descarta, pero que nosotras no podemos descartar porque sabemos que por estos bordes porosos entra realidad que enriquece la realidad histórica. ¿Pero también yo me hago la pregunta de Luisa ¿Cómo vamos a conseguir esto? Yo, acepto la respuesta de Luisa, pero no sé como lo lograré al escribir historia. Luisa dice: “se hace en la práctica, y solo haciéndolo en la práctica es posible también en la teoría”, ya le contestaré si lo logro, si las historiadoras de Duoda lo logramos y enriquecemos la realidad histórica por estos bordes porosos.
Muchas gracias y le doy la palabra a Luisa para que diga lo que desee del libro o si lo desea, dee algún tipo de respuesta a algunas de nuestras preocupaciones o abramos el debate y que pueda dar respuesta a las múltiples curiosidades, dudas o preguntas que a buen seguro quieren hacerle muchas y muchos de los que se han acercado hoy a Pròleg a la presentación de este libro, pequeño de tamaño pero como un inmenso baúl que nos ofrece un sin fin de sorpresas, verdades, sugerencias y vías para explorar.
Ahora abriremos un tiempo para el coloquio para todas aquellas y aquellos que deseen felicitar a la autora por su libro y formularle aclaraciones, preguntes, inquietudes, curiosidades pueden hacerlo ahora.
De nou, moltes gràcies en nom de l’Àngels i la Núria Monrós per haver-vos apropat a l’espai de la Llibreria i participar en la celebració de la publicació en castellà de la Indecible suerte de nacer mujer. Gràcies.

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