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Textos de la Era de la Perla

Presentaciones de libros

Texto de: Carolina Narváez Martínez

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SER MADRE ES UN PLACER - Historias de libertad femenina en Europa

Texto de: Carolina Narváez Martínez

Si quieres puedes ver la presentación completa en nuestro canal de youtube https://www.youtube.com/watch?v=BuelUrGG9Gg&t=1s



Por: Caro Narváez M.
Grupo de Investigación Escritos de Mujeres
IISUE-UNAM


Estimadas todas las presentes.

Me complace poder acompañar la puesta a la vida del libro Ser Madre es un placer; reconozco en él, recorridos diferentes, voces y escrituras que gozan de formas únicas el tema de la maternidad como lugar de creación, al igual que como experiencia vital de acompañamiento y protección de la vida.

El libro Ser Madre es un placer, traza diversas rutas para pensar las experiencias de la maternidad. En los diferentes apartados del texto se hace presente permanentemente el diálogo con el pasado y lo genealógico, produciéndose un punto de contacto entre la historia y las experiencias retratadas de poetas, pintoras, escritoras, mujeres espirituales o mujeres corrientes que caminando diseñan una o varias formas de acompañar en la crianza y en su propia transformación.

Convertir la maternidad en un tema crucial en la investigación histórica, no solo transformaría la universidad, sino que además permitiría que la experiencia de la maternidad fuese observada y observable. Asociada a un acontecimiento “natural”, o común, a la maternidad se le roba el contenido de misterio pretendiendo volverla regular, aunque aquella experiencia jamás lo sea. Así mismo, el encumbramiento de la maternidad excluye la posibilidad de interrogarla o cuestionarla en aras de acomodar y sanar, no a una figura abstracta sino a una madre concreta que es la mía y la de cada una.

Los escritos que conforman el libro ubican la maternidad como un punto de anclaje, pero también como un puente; un don, al igual que lugar de expansión y creatividad. Ese espacio en el que es posible tener contacto con una misma, y donde al mismo tiempo, que se vive olvido de sí, se da paso a una experiencia única de conciencia a través de otro u otra que ha nacido de una mujer.

Estos textos reúnen, de una u otra manera, la vivencia policromática de la alegría de darse vaciándose y llenándose. Vacío que no es experimentado como vacuo sino como intervalo necesario para “hacer nacer”, para mirarse mirando a otro ser aparecer. En esta operación amorosa y relacional todo se afecta, repercute en las palabras y en el modo en el que las formas de la vida adquieren movimientos inesperados.

El misterio se muestra en el texto Ser madre es un placer, con mucha frecuencia, pues las escritoras logran concatenar experiencias de creatividad y conocimiento, donde se juega la autoría de una creadora y su entrega a una total transformación que, aunque se presenta, a veces, con miedo, es la confianza a la vida la que permite sentir la experiencia de ser dos como una forma especial de contacto con el todo, o, con el especial magnetismo del placer femenino que se escapa a todas las dicotomías del pensamiento.

En definitiva, el misterio es pensar la maternidad como fenómeno físico que abarca, que expande, imposible, casi, de contenerse, pues toca todo en una mujer, todo lo que está a su alrededor y lo que modela su casa interior. En aquel jardín interior se deposita deseo y dicha por la realización de una obra majestuosa que después de ser concebida se entregará al mundo como incompleta, pero, siempre como potencia.

La experiencia de la maternidad lleva consigo una de las expresiones más literales de la diferencia sexual, una que es innegable; porque, se pone en marcha en un cuerpo sexuado que mucho antes de desear ser o no madre, ya reconoce la capacidad inscrita en su cuerpo. Cuerpo que recuerda al de la madre y al de la abuela que han dado vida, o que me han dado la vida; si se quiere una especie de herencia que podemos realizar o que podemos percibir sólo como opción.
Así que la experiencia de la maternidad no puede, para mí, ser teorizada, aunque socialmente sea la forma que muchos tienen para aprehenderla.

En esta experiencia, la ciencia explica, la economía calcula, las leyes definen, pero ninguno de estos intentos suele percibir “otro sentido” o varios que las mujeres suelen sentir al vivir la maternidad. En todo caso, parece inútil, pues la experiencia no es fija ni inamovible; puede ser, incluso, que uno de los rasgos distintivos sea la forma única y autentica con la que las mujeres viven cada uno de sus embarazos.

Pensar en la maternidad y discernir la opción de ser madre ha sido un tema fundamental para el feminismo. Persisten las ideas alrededor de que la maternidad es una opción que impide la realización de una mujer como ser libre y autónomo, bajo el peligroso olvido de que la gran red de interconexiones palpables e intangibles nos hacen seres dependientes, pero sobre todo enlazados unos con otros. Así, parece que estas formas de percibir la experiencia de la maternidad son trastocadas por otras que la dejan ver como una existencia libre en la que la conciencia por el desplazamiento se sostiene de un ir y venir: Un olvido de sí y un atenderse a sí.

Comprendo que necesitamos experienciar y crear formas de vivir la maternidad en libertad, por ejemplo: desvinculándola del dinero, para llevar a cabo una maternidad sin cargas o dependiente de contratos laborales y estabilidades financieras, pero esta operación parece difícil. Para este tiempo, es enmarañado pensar que muchas cosas en la vida las podemos lograr sin que el dinero marque el ritmo, el tiempo, el miedo o la estabilidad; por ello, el misterio del libro pasa, también, por considerar la maternidad como una sapiencia escrita en el cuerpo, un saber que, teniendo deseo de ser experimentado, merece ser honrado y separado del compás de un sistema económico que lo diagnostica, lo receta y lo enmarca en un cuadro de pequeñas y ya estipuladas experiencias.

Ser madre es un placer, muestra de una u otra forma, que no es necesaria la idolatría a la maternidad, al mismo tiempo que describe la importancia de reconocer y retornar al origen, es decir a la madre. Pues, es desde ahí, desde donde podremos esquivar o retraernos de las permanentes y ya deslegitimadas formas que el patriarcado, caído ya, ha usado para que miremos fijamente al padre y a todas sus representaciones en la cultura.

Ser mujer es un placer al igual que ser madre lo es; porque reúnen a la aventura y a la expectativa, porque junta la creatividad y permite la salida de lo impensable, de lo nuevo, de lo exploratorio, dejando convivir el pasmo con el sobresalto, el sosiego con la extenuación, la dicha con la incomprensión; al igual que el olor, la piel y la carne con el sentido frágil y fuerte de la vida misma. Así que, cuando no hay madre maltratadora o dañina, la existencia de otro u otra forja la propia; haciendo germinar, al mismo tiempo, dos criaturas que se inauguran: una al mundo y otra a la creación.

Universidad de Barcelona
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