EL PERIÓDICO - EL ARTÍCULO DEL DÍA - 27/11/01

Clonación sin prejuicios

  DRA.  MARÍA CASADO

Directora del Observatorio de Bioética y Derecho (Universitat de Barcelona).

Sostener que un embrión es una persona es un planteamiento religioso que no debería imponerse en un Estado no confesional

Las recientes noticias sobre clonación con finalidades terapéuticas inciden en una cuestión de la mayor importancia científica y sanitaria, pero suscitan un debate en el que las posiciones aparecen encontradas. Desde el punto de vista científico existe un elevado grado de acuerdo en cuanto a la positiva valoración de las potencialidades terapéuticas de estos métodos. Las objeciones que se suelen presentar son básicamente de carácter ideológico y plantean problemas éticos y jurídicos que deben ser debatidos de manera serena e informada. Lo que, desgraciadamente, es lo contrario de lo que ha venido ocurriendo desde la ya lejana clonación de la famosa oveja Dolly.

PARA APORTAR racionalidad a la discusión es necesario separar la clonación reproductiva de la terapéutica. El uso de una misma palabra --que ya posee una carga emotiva desfavorable en la clonación reproductiva-- repercute negativamente en la valoración social del uso las técnicas de clonación con finalidad investigadora y terapéutica. Realmente, lo que ahora se discute no sería clonación en el sentido de reproducir personas; lo que se busca producir son líneas celulares para tratar enfermedades como el Parkinson y la diabetes, o para obtener tejidos y órganos para trasplante (que no presentarán problemas de rechazo pues pueden ser manipuladas de forma que incorporen los genes de la persona afecta). Por ahí avanzará la medicina del futuro.

Muy probablemente será más cara, planteará problemas graves a la hora de asignar los recursos sanitarios y eso obligará a estar atentos a la justicia en el acceso a los beneficios de las nuevas técnicas, de forma que el derecho a la salud lo sea para todos. Mantener el Estado de bienestar es caro, ahora lo sabemos, pero es posible y exige decisiones políticas adecuadas. Éste es un problema real, constatable y también actual, ahora que se plantea un nuevo impuesto sobre la gasolina para financiar la sanidad.

Con todo, la objeción que se suele plantear a aplicar estas técnicas y a financiar la investigación no suele ser ésta sino otra que posee un marcado carácter confesional y tiene que ver con la consideración de que el embrión es una persona que no puede ser utilizada, aunque sea en beneficio de otras muchas. Sostener que el embrión es una persona es algo difícilmente plausible, pues la gradualidad del proceso es evidente.

El mismo derecho confiere distinta protección: las personas nacidas son titulares de derechos fundamentales, los embriones implantados en el útero de una mujer y los fetos gozan de una cierta tutela como bienes jurídicos; incluso los embriones in vitro pueden ser considerados como algo cuyo significado va mas allá de las simples células y requerir especiales requisitos a la hora de utilizarlos. Pero de ahí a considerarlos como personas y prohibir su uso para investigaciones y aplicaciones terapéuticas va un largo camino que no discurre por la racionalidad sino, en todo caso, la fe. Y este argumento no es válido a la hora de tomar decisiones políticas en un Estado de derecho; no confesional en consecuencia.

He mencionado requisitos y, básicamente, son dos: la necesidad de que para usar estas células se cuente con el consentimiento de aquellas personas de las que proceden los gametos o embriones y la aprobación y control de las investigaciones por un comité independiente. En estas condiciones debe considerarse aceptable la utilización de embriones sobrantes y la creación de embriones para obtener células madre totipotentes con fines terapéuticos. No se trata aquí de usos reproductivos, ni industriales o comerciales, sino de salud para los enfermos.

¡Lo inmoral sería no utilizar las posibilidades que tenemos a nuestro alcance 


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Última actualización: 12/09/03