LA TRADUCCIÓN DE LA CULTURA
 

Coordinador: Pere Comellas (Universitat de Barcelona) perecomellas@ub.edu

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3ª etapa: Cultura e Intercultura en la web de Edinumen
     
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Presentación

Durante siglos aprender una lengua significaba aprender a desentrañar lo que en esa lengua se escribía, es decir, aprender a traducirla. Esa concepción de la didáctica de lenguas, sin embargo, no satisfacía buena parte de las necesidades lingüísticas de la sociedad contemporánea. En un planeta cada vez más intercomunicado e interdependiente, las personas necesitan aprender lenguas para poder hablar, para viajar, para hacer negocios, para buscar trabajo, para comprender el mundo. Sus objetivos son eminentemente prácticos. Por ello, ya a principios del siglo xx el llamado método directo consagró la idea de que la mejor forma de aprender una lengua era seguir el ejemplo de los niños. Y los niños, evidentemente, no traducen; simplemente absorben, recrean, adquieren lenguas. Traducir era confundir, mezclar, interferir. Era cerrar el paso a una adquisición inocente, inconsciente, espontánea y completa, es decir, infantil, nativa. Así que las nuevas tendencias pedagógicas, desde el citado método directo hasta las escuelas humanistas (método silencioso, respuesta física total…) pasando por el enfoque audiolingüe, prohibieron la traducción.

Sin embargo, casi todo el mundo seguía traduciendo. Los aprendices nunca dejaron de hacerlo, y muchos enseñantes, más o menos convencidos, tampoco. Hasta que —cómo no— la tortilla volvió a girar ante una evidencia: no somos niños. Ciertamente los niños tienen una envidiable e increíble facilidad para adquirir una lengua, y no precisamente gracias a ningún método pedagógico conocido. Pero los adultos, no. Inevitablemente estamos en inferioridad de condiciones, excepto en un aspecto: sabemos una lengua y sabemos —mejor o peor, más o menos formalmente— reflexionar sobre ella. ¿Por qué íbamos a renunciar a la única ventaja que tenemos sobre los niños? Nuestras habilidades cognitivas de adulto, nuestra experiencia, nuestra capacidad metalingüística pueden ayudarnos a aprender lenguas, ¿por qué dejarlas de lado?

Entonces volvió la traducción. Traducir es comparar, es aclarar y, al mismo tiempo, adquirir perspectiva, sobre la nueva lengua y también sobre la propia. Traducir nos ayuda a comprender al otro y también a nosotros mismos, a mirarnos con nuevos ojos, a mirarnos desde el otro. Traducir puede ser una excelente herramienta de aprendizaje, y ya no hace falta fingir que uno no hace uso de ella. Nuevas ideas, nuevas corrientes pedagógicas y, sobre todo, un nuevo eclecticismo antidogmático revalorizan la traducción como un elemento imprescindible en la enseñanza de lenguas extranjeras. Necesitamos incorporarla a nuestra metodología. Necesitamos aprender de la experiencia con la traducción en las clases de ELE. Necesitamos entender cómo y en qué medida debemos introducirla en nuestra práctica pedagógica. Debemos investigar cuándo se trata de una excelente ayuda y cuándo puede ser un obstáculo. Podemos contribuir a una simbiosis que sin duda enriquece tanto a la traducción como a la enseñanza de lenguas extranjeras.

Posibles temas:

La traducción en la clase de ELE. Teoría y práctica pedagógicas y traducción. La traducción como herramienta metalingüística. La traducción como mediación cultural. Comparación y crítica de traducciones. Préstamo, calco e interferencia. Traducción y relativismo lingüístico. La lengua, ¿vehículo o creadora de culturas?

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Facultat de Filologia 
Universitat de Barcelona
Cultura e Intercultura en la enseñanza del español como lengua extranjera  se empezó a publicar como un monográfico de la revista Espéculo: http://www.ucm.es/info/especulo/ele/

Última actualización: marzo de 2007