Biblio 3W
REVISTA BIBLIOGRÁFICA DE GEOGRAFÍA Y CIENCIAS SOCIALES
Universidad de Barcelona 
ISSN: 1138-9796. Depósito Legal: B. 21.742-98 
Vol. XVIII, nº 1030, 25 de
junio de 2013
[Serie  documental de Geo Crítica. Cuadernos Críticos de Geografía Humana]

 

LA GENTRIFICACIÓN EN LA CAMBIANTE ESTRUCTURA SOCIOESPACIAL DE LA CIUDAD

Ibán Díaz Parra
Instituto de Geografía, Universidad Nacional Autónoma de México.
(Becario del Programa de Becas Posdoctorales en la UNAM 2012)

Recibido: 8 de enero de 2012. Devuelto para revisión: 20 de octubre de 2012. Aceptado: 4 de febrero de 2013


La gentrificación en la cambiante estructura socioespacial de la ciudad (Resumen)

La gentrificación es un concepto de gran utilidad para comprender las transformaciones recientes de los centros urbanos y con una creciente difusión en el Estado español y Latinoamérica. Sin embargo, su uso se enfrenta a diversos obstáculos, entre ellos a una cierta indefinición sobre sus aspectos básicos y su relación con procesos que pueden desarrollarse de forma simultánea o complementaria pero que es conveniente discriminar. En este sentido, la definición del propio sujeto gentrificador y la relación del proceso con la conformación de enclaves culturales son temas prioritarios a dilucidar sobre los que aquí se pretende realizar aportaciones. La discusión sobre estas cuestiones debe contribuir a clarificar el papel de la gentrificación en el marco amplio de las transformaciones en la estructura socioespacial de la ciudad.

Palabras clave: Gentrificación, elitización, renovación urbana, enclaves culturales, segregación.


Gentrification and the changing socio-spatial structure of cities (Abstract)

Gentrification is a very useful concept to understand recent changes in urban cores. Furthermore, it there has been an increasing popularity in Spanish speaking countries in spite of some conceptual obstacles. To start with, it raises some confusion in Spanish in connection to its essential elements, distinction from related processes and signifier. Thereby, this paper deals with the definitions of gentrification and gentrifier and their relation with the cultural enclaves as a key discussion. It contributes to clarify the role of gentrification in the broader frame of the changing socio-spatial structure of cities.

Key words: Gentrification, urban renewal, cultural enclaves, segregation.



La gentrificación es un tema de estudio con varias décadas de antigüedad, sin que por ello los trabajos que la tratan hayan dejado de aparecer de forma muy frecuente en las principales revistas científicas dedicadas a los estudios urbanos. Y es que estos procesos se han vinculado a cuestiones como las políticas de revitalización de sectores degradados, la renovación urbana, los cambios en la estratificación social propios del capitalismo tardío o la progresiva incursión del pensamiento neoliberal en las políticas públicas, siendo además un concepto con un fuerte componente de clase y con una gran carga crítica que ha entusiasmado a numerosos geógrafos con una cierta afinidad por la escuela radical de la disciplina. De esta forma, en las últimas décadas han seguido apareciendo nuevos enfoques y temas relacionados, además de producirse una cierta difusión geográfica de los estudios de un proceso que parece tener un carácter universal dentro del medio urbano contemporáneo. Aunque las investigaciones realizadas siguen siendo escasas, en los últimos años ha existido una cierta proliferación de trabajos tanto en el Estado español como en Latinoamérica[1], donde la ocurrencia de este tipo de procesos ha sido tardía con respecto a las grandes ciudades de Reino Unido, EEUU o Canadá.

No obstante, a pesar de su evidente interés, no sólo para la geografía sino para las ciencias sociales en general, el concepto no deja de encontrar obstáculos que pueden acrecentarse con el salto cultural hacia el mundo hispanoparlante. Uno de ellos podría ser la propia definición de la gentrificación y del sujeto gentrificador y en relación con esto, el uso del término de una forma excesivamente laxa, un abuso en el cual se tiende a confundir la gentrificación con procesos de naturaleza diversa con los cuales pueden existir fuertes interrelaciones pero no una identificación total. A esta problemática se le suma el debate sobre la idoneidad del término a utilizar en castellano que parece seguir a la espera de una solución definitiva, con propuestas diversas, incluida la mera adaptación del término al castellano por la que se ha optado en este documento. Independientemente del vocablo utilizado, una delimitación clara de las características fundamentales del proceso sería de gran utilidad, procurando diferenciar la gentrificación en sí de dinámicas asociadas de forma coyuntural.

El presente documento se plantea por objetivo contribuir a clarificar el contenido de los procesos de gentrificación, enmarcándolos en el contexto de la variedad de dinámicas que actúan sobre la estructura socio-espacial de la ciudad. En primer lugar, se explora la definición de gentrificación y su relación con otros procesos generales que de forma similar transforman la estructura urbana. En segundo lugar, se discute la relación de la gentrificación con la conformación de enclaves vinculados a identidades culturales diversas, para lo cual se trabaja la definición del sujeto gentrificador y su relación con identidades de carácter no socioeconómico. Finalmente, se propone clarificar la aparente complejidad que, en ocasiones, puede percibirse del proceso, planteándolo como un problema de relación entre enclaves socioculturales y de ocurrencia simultánea de procesos de distinta naturaleza sobre espacios con características que los convierten en especialmente proclives a la transformación sociocultural, funcional y o urbanística y que aquí se denominan espacios permeables.

La complejidad de la aplicación del concepto de gentrificación

El concepto

El término gentrificación, en el sentido que actualmente le concedemos, haciendo referencia a la sustitución de la población y aburguesamiento de sectores urbanos, surge en la década de los sesenta, introducido por Ruth Glass y utilizado para referir la invasión de algunos barrios obreros, próximos al centro de Londres, por individuos de clase media que rehabilitaban la deteriorada edificación residencial haciendo subir los precios de la vivienda y provocando la expulsión de las clases obreras que originalmente habían ocupado el sector. El proceso conduciría a un cambio radical del carácter socioeconómico de los distritos afectados[2]. Esta autora eligió un término derivado de gentry que, de forma irónica, hace referencia a una burguesía rural típicamente británica[3].

Otro trabajo referente en el estudio de la gentrificación, el volumen colectivo Gentrification of the City, se iniciaba repasando las distintas definiciones que podían encontrarse del proceso y que venían a coincidir en la existencia de un movimiento de familias con ingresos relativamente elevados hacia una zona en declive, la revalorización y rehabilitación de la edificación residencial y la expulsión de las familias más pobres como consecuencia[4]. De esta forma, la mayoría de los autores, al menos de partida, asumen una definición próxima a la de Glass con su doble incidencia sobre el medio social y el medio físico de un sector urbano, enfatizando luego algunas características particulares. Así, para Caulfield[5] un elemento fundamental de la gentrificación sería el rechazo al modo de vida suburbano, una característica que remite claramente al contexto anglosajón, pero cuya realidad es más que cuestionable en otros ámbitos.

Consultando la gran cantidad de material empírico existente se evidencia la diversidad de situaciones para las que se ha utilizado el término. El barrio obrero puede transformarse en un sector de clase media-alta, pero también en una zona asociada a colectivos de gran significación cultural, con predominio de elementos de expresión artística y con locales comerciales donde prima el diseño y los ambientes alternativos o bohemios. El centro histórico degradado puede tornarse en un ámbito muy apreciado por la inversión privada, enfocando la rehabilitación a su uso como reclamo turístico. Por otro lado está el caso de la vieja zona industrial obrera que ha quedado anclada en el centro de la ciudad, con actividades productivas marginales y numerosos locales en estado de abandono, que pasa a convertirse en zona residencial de clase alta una vez transformadas las viejas fábricas en lofts[6]. Haciendo referencia a estas cuestiones, Beauregard incidía en el carácter caótico y a veces contradictorio del proceso, algo que ha intentado ser rebatido por Smith[7] y otros autores, preocupados por desarrollar una teoría consistente.

La gentrificación es hoy día un concepto polémico en el ámbito de los estudios urbanos. Esto puede tener implicaciones negativas en la medida en que provoca un cierto abuso. Para muchos investigadores la palabra parece haberse convertido en un término fetiche que añade interés a cualquier discusión, de tal forma que su significado se ha flexibilizado en exceso incluyendo diversos procesos (cambios funcionales, sobrerrepresentación de ciertas características culturales, formulas estéticas, etcétera) y vinculándose a una variedad de problemas propios de la geografía social y la sociología urbana. Esto, indudablemente, hace peligrar su consistencia y utilidad, razón por la cual en este trabajo se aboga por darle un significado más conciso.

Podría juzgarse que la señalada supuesta complejidad del proceso procede precisamente del exceso de elementos que han ido incluyéndose bajo el mismo paraguas. La revitalización de sectores degradados o deprimidos, o la transformación social, cultural y urbanística de barrios puede ser algo extremadamente diverso y caótico si se intenta englobar todo bajo el mismo concepto. Por ello, la gentrificación debe ser entendida como un tipo de proceso concreto, que coincide, convive y se relaciona con otros que acontecen en las complejas ciudades contemporáneas. Si no se toman los elementos fundamentales y se separan de aquellos meramente coyunturales la gentrificación puede acabar siendo algo que tenga que ver con el gusto arquitectónico. Una solución que se propone frente a este dilema es tratar de ubicar de forma adecuada la gentrificación en el conjunto amplio de procesos que reproducen y modifican la estructura socioespacial de la ciudad.

El problema terminológico

El propio termino en inglés, gentrification, ha ido estableciéndose poco a poco frente otros posibles significantes que reflejaban aspectos particulares de los procesos de transformación social y urbanística de barrios céntricos en regiones específicas. En este sentido, Pacione[8] mencionaba el brownstoning o whitepainting, expresiones populares en EEUU que harían referencia respectivamente al producto estético particular de la gentrificación en determinados barrios de las ciudades estadounidenses y a la sustitución de población afroamericana o hispana por anglosajones, lo que en el contexto norteamericano tiene una obvia dimensión de clase. Más recientemente, otros autores han tratado de sustituir gentrificación por residencialización, renacimiento urbano y otros vocablos sin connotaciones aparentemente negativas, argumentando como característica más significativa del proceso la ocupación de vacíos demográficos previos[9], lo que a su vez ha recibido respuestas contundentes desde los defensores del uso del término[10]. En este caso, como en otros en los que se tienden a obviar las cuestiones de clase o el desplazamiento, puede existir una voluntad ideológica de ocultar los aspectos políticamente más conflictivos del proceso.

La adaptación del concepto al castellano y la búsqueda de un vocablo adecuado también viene siendo problemática. A este respecto resulta fundamental la aportación de García Herrera[11], que puede ser considerada una de las pioneras del estudio de la gentrificación en el Estado español, y que lanzó en 2001 una innovadora e interesante propuesta para sustituir esta adaptación al castellano de la palabra inglesa por el término elitización. Esta expresión ha tenido un uso desigual desde entonces, siendo defendida por su autora[12], asumida por otros escritores o incluso utilizada en traducciones recientes de importantes geógrafos urbanos anglosajones[13]. Sin embargo, no ha conseguido una aceptación generalizada y el neologismo gentrificación sigue siendo ampliamente utilizado.

Como se ha mencionado en el epígrafe anterior, el término en inglés no pretende definir de forma precisa al principal sujeto protagonista del proceso, aunque obviamente hace referencia a él y a su posición social superior a la de los habitantes previos del sector que va a ser transformado, y ante la imposibilidad de una traducción literal sería conveniente que cualquier termino elegido hiciese notar esta cuestión. Así, cuando en el artículo de García Herrera[14] se desecha aristocratización, se menciona a la evidencia de que no son miembros de la aristocracia quienes protagonizan el fenómeno. De igual forma, es cuestionable que el grupo que protagoniza el proceso sea necesariamente una elite social, entendida como minoría selecta y rectora, sino con un grupo acomodado, amplio numéricamente y en expansión en el contexto histórico en el que mayor incidencia tienen estos procesos.

Frente a elitización, recientemente, Duque Calvache[15] barajaba varios términos afirmando como más adecuado el de aburguesamiento, el cual contaba con el inconveniente de describir también cambios más generales en la estructura social y por ello poder conducir a la confusión[16]. Un obstáculo que podría ser superado añadiendo un simple adjetivo que hiciese referencia a su dimensión urbano-residencial. Así, aunque aquí se opta por utilizar el vocablo de mayor uso y difusión, esto es, gentrificación, se juzga que aburguesamiento residencial o urbano[17] sería un término apropiado en castellano, refiriendo tanto a un proceso por el cual el hábitat urbano cambia radicalmente su carácter, promocionándose socialmente, como al sujeto protagonista y sin el cual todo el proceso dejaría de existir, que aquí se describe como una cierta burguesía asalariada.

Gentrificación, invasión-sucesión, filtrado y redesarrollo

Uno de los problemas a la hora de trabajar con la gentrificación es la existencia de procesos vinculados y que en ocasiones pueden inducir a la confusión. En concreto, aquí se proponen cuatro conceptos de origen anglosajón fuertemente relacionados por ser dinámicas en base a las cuales se modifica o puede modificarse la estructura socioespacial de la ciudad capitalista. Estos son: invasión-sucesión, filtrado residencial (filtering), renovación urbana y redesarrollo (del inglés redevelopment).

Los conceptos de invasión-sucesión y filtrado residencial, con un origen común en la ecología urbana de la Escuela de Sociología de Chicago de principios del siglo XX, refieren procesos que pueden entenderse como parte de la gentrificación. No obstante, estos conceptos no explican la totalidad del contenido de la gentrificación y ésta no supone el único contexto en el que se producen. En concreto, estos fenómenos hacen referencia a transformaciones del hábitat urbano como consecuencia de la sustitución de un grupo sociocultural por otro, pero no tienen por qué implicar una promoción social del espacio.

Los procesos de invasión-sucesión se han estudiado en el pasado, principalmente en relación a la sustitución de unos grupos étnicos por otros en espacios urbanos concretos. Para un determinado enclave étnico-cultural, la pervivencia de este dependería de la incesante llegada de nuevos inmigrantes y la continuidad del escalón cultural entre este grupo y la sociedad de acogida. Fruto de la asimilación y de la movilidad social, el enclave étnico puede ser abandonado y la comunidad se desplaza hacia otros sectores urbanos. Ésta es la primera fase de invasión liderada por los inmigrantes más exitosos, que desean mejorar su estatus social desplazándose a un área de mayor prestigio. Con el tiempo, los pioneros son seguidos por otros y la sucesión social acontece gracias a la salida de los residentes originales[18]. Lógicamente, por las diferencias del tipo de colectivos implicados, el desarrollo de la gentrificación es sustancialmente diferente de la invasión-sucesión en el sentido que se le otorgó en el Chicago de la primera mitad del siglo XX, aunque en ambos casos se refiere un proceso de sustitución de población, de introducción de un grupo ajeno a un determinado sector y salida de los habitantes originales. En este sentido, la gentrificación puede interpretarse como un tipo particular de invasión-sucesión.

El filtrado residencial, por su parte, acontece dentro de la gentrificación tanto como de otros procesos de transformación de hábitats sociales. Se trata de un concepto introducido por Hoyt[19], quién observaba cómo, en un contexto de laissez faire, los nuevos barrios eran casi siempre construidos para propietarios de altos ingresos y cómo, cuando las viviendas y los vecindarios envejecían, se producía el “filtrado hacia abajo” (down filtering) que hacía las residencias más asequibles para grupos progresivamente con menos recursos. La migración de los propietarios con mayores ingresos desde sus viviendas hacia nuevas residencias crearía una serie de vacantes y las mejoras en la vivienda se filtrarían hacia los grupos con menos ingresos. El desplazamiento de los grupos privilegiados estaría asociado con el decreciente estatus social del vecindario y con la obsolescencia del diseño o del estilo arquitectónico en relación con nuevos desarrollos residenciales de lujo[20]. Este proceso de filtrado de arriba abajo se invertiría en el caso de la gentrificación, que diversos autores interpreta como un filtrado hacia arriba (up filtering)[21] donde los inquilinos pobres serían desplazados por la renovación o la demolición de los edificios de la ciudad central. La creación simultánea de residencias de alto precio en el centro mediante el reemplazo de alojamientos baratos en un inflado y demandado mercado regional de la construcción habría transformado el filtrado en un mecanismo socialmente regresivo[22].

El filtrado de abajo hacia arriba se produce claramente en el caso de la gentrificación, mientras el proceso inverso es vinculado por algunos autores[23] a una fase previa, en la cual el barrio que sería gentrificado en el futuro va asociándose a un perfil cada vez más bajo, a medida que el sector entra en declive. Tanto para Michael Pacione como para David Ley, la decadencia de los barrios que van a ser gentrificados a posteriori está asociada al desplazamiento de la población con mayores ingresos a las áreas suburbanas[24]. El abandono del centro urbano vendría dado por el deterioro físico de la edificación, la reducción de las rentas, la asociación de este sector a determinadas patologías sociales y el white flight, o huida de la población blanca[25], aunque esta dimensión de las cuestiones, suburbana y racial, es en gran medida ajena a muchos ámbitos fuera del mundo anglosajón. Más fácilmente generalizable es el ocaso previo del vecindario, asociado al progresivo envejecimiento y deterioro de los edificios. Cuando se produce la decadencia de un barrio, aquellas familias que pueden permitírselo intentan desplazarse hacia las zonas con un estatus más elevado hasta que eventualmente las unidades son ocupadas por los individuos más pobres, ejerciendo a su vez un efecto depresivo sobre los valores de la propiedad. En este contexto, los rendimientos decrecientes desincentivarían al propietario-arrendador a mantener en buen estado la vivienda y el perfil social del barrio sería cada vez más bajo. Aún así, no hay razones para pensar que la gentrificación no pudiera producirse en determinados casos sin que hubiera existido un claro proceso de filtrado hacia abajo con carácter previo.

Otro concepto cuya relación con la gentrificación puede provocar cierta polémica es el de renovación urbana. Este hace referencia a la transformación y mejora del medio ambiente urbano por medio de la reparación de edificación, dotaciones e infraestructuras. Por lo tanto, es muy diferente de la gentrificación y resulta clave que pueda operar sobre espacios no residenciales. A su vez, dentro del aburguesamiento residencial, los procesos de renovación urbana pueden tener un peso considerable. Esta relación ha quedado patente en un gran número de trabajos empíricos. Además, en términos generales, la mejora del entorno físico resulta ser un requisito fundamental para la gentrificación de un área, pues se trata de un proceso que opera en el mercado de viviendas y que tiene como consecuencia fundamental la mejora de la edificación y la revalorización de un entorno dado[26]. Esto implica que la renovación urbana (instrumentalizada en favor de los intereses del capital inmobiliario o del sector turístico) puede ser causa de la gentrificación al mismo tiempo que una de sus más evidentes consecuencias, pero no ha de confundirse con la misma y esto es especialmente relevante en la medida en que algunos autores pueden escudarse en el primer término para evitar referirse al segundo, evitando el conflicto ético-político[27].

De forma similar, determinadas operaciones de redesarrollo, entendido como un tipo de renovación urbana que supondría la sustitución total del medio construido, podrían confundirse con el proceso de gentrificación. Así, Neil Smith, en principio, limitaba la gentrificación a la rehabilitación de edificaciones residenciales, distinguiéndola del redesarrollo y nueva construcción de un hábitat residencial.

“Por gentrificación entiendo el proceso por el cual vecindarios de clase obrera son rehabilitados por clases medias, propietarios y profesionales de la construcción. Hago una distinción teórica entre gentrificación y redesarrollo. Redesarrollo implica no la rehabilitación de estructuras viejas sino la construcción de nueva edificación sobre suelos que habían sido desarrollados previamente”[28].

No obstante, posteriormente el propio Smith flexibilizaría su posición, dado que la exclusión radical de nuevas promociones presenta varios problemas. Por ejemplo, muchas operaciones urbanísticas sobre la ciudad consolidada, desde la reforma interior de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX hasta la típica renovación urbana funcionalista de la postguerra europea, han desembocado en el aburguesamiento residencial de extensos sectores[29]. De esta forma, si entendemos la gentrificación como un proceso general, propio de la ciudad capitalista, que puede producirse en diversos contextos históricos y geográficos (aunque con notables variaciones), debemos afirmar como tal determinadas consecuencias de los mencionados desarrollos urbanísticos históricos.

Existe una cierta bibliografía sobre la gentrificación de nueva planta, en la que se discute si efectivamente puede utilizarse este término para casos de redesarrollos de espacios obsoletos. Algunos autores señalan la falta de desplazamiento en estos casos o la ausencia de los patrones estéticos y de consumo que han tendido a asociarse típicamente a la gentrificación[30]. No obstante, las características formales del medio urbano producido no deberían considerarse en ningún caso un elemento necesario del proceso (estas pueden cambiar notablemente en distintas coyunturas) y en otros textos se ha demostrado la existencia de sustitución y desplazamiento, si bien más dilatado en el tiempo o con un carácter indirecto, para este tipo de casos[31]. En esta línea, Slater[32] y otros han defendido la existencia de una new build gentrification para los redesarrollos de espacios residenciales y productivos de los centros urbanos. Aquí se coincide con el primer grupo de autores, en que el denominar gentrificación al redesarrollo de zonas industriales es estirar en demasía el concepto. Otra cosas es que, como argumentan Davison y Lees[33] las operaciones de redesarrollo de grandes sectores no residenciales (habitualmente enclaves industriales) generen gentrificación en los barrios colindantes. Renovación urbana, redesarrollo y gentrificación son conceptos diferentes pero no excluyentes, no obstante, en un enclave residencial creado ex novo, no hay sustitución, independientemente de lo privilegiado que sea el nuevo hábitat social creado. El proceso principal es un cambio de uso luego no debería confundirse con la gentrificación. De forma similar, si hablamos de un de un cambio que se limita a la sustitución de unas tipologías de establecimientos productivos por otras estamos hablando de algo sustancialmente distinto al aburguesamiento de hábitats obreros. Por ejemplo, recientemente Dot, Casellas y Pallares Barbera[34] proponían el concepto de gentrificación productiva. Sin entrar a valorar lo adecuado del uso del término, es evidente que se trata de procesos diferentes.

 

Figura 1: Gentrificación y procesos relacionados
Fuente: Elaboración propia.

 

Gentrificación y enclaves culturales

Uno de los aspectos que se perciben más problemáticos de la gentrificación es la relación de este proceso con la conformación de enclaves vinculados a identidades culturales diversas. Este hecho frecuente, como se verá, puede dar lugar tanto a que se niegue el proceso como a confundir la naturaleza del mismo. Para comenzar a tratar esta cuestión se trabaja sucesivamente con el concepto de enclave cultural, con la definición del sujeto gentrificador y con el material en el que se ha vinculado la gentrificación a categorías de tipo no socioeconómico.

Enclaves y segregación

En este trabajo se concibe la gentrificación como uno de los principales procesos que operan en la actualidad sobre la estructura socioespacial urbana, partiendo de la segregación como uno de los rasgos más significativos de la ciudad capitalista, que implica una diferenciación en áreas identificadas con clases sociales (o grupos sociolaborales en otros enfoques), que pueden combinarse con enclaves de tipo cultural. Para profundizar en esta cuestión, y en primer lugar, puede no ser baladí explicitar que se entiende aquí por segregación residencial y por enclaves y cuál es la relación que se propone de estos conceptos con la gentrificación.

La segregación residencial implica la existencia de patrones espaciales concretos del habitar en función de las características sociales, demográficas y culturales de la población. Según la tradición de ecología urbana bajo condiciones de libre mercado, ciertas parte de la ciudad serían ocupadas por la función que pudiese maximizar el uso del lugar,  conformándose áreas naturales distinguidas por sus características social y étnicamente (cuando la diversidad étnica fuese un elemento relevante) homogéneas[35]. No obstante, es un concepto que también puede resultar conflictivo. Así, Marcuse[36] sugiere utilizar el término solo para aquellos procesos que dan lugar a la conformación de concentraciones espaciales de una población cuando estas se producen de forma involuntaria. Aquí se difiere de esta afirmación, dado que se considera que la voluntariedad o involuntariedad de la separación y de la creación de concentraciones espaciales de población con características comunes puede ser extremadamente ambigua y discutible en muchas, si no en la mayoría, de las ocasiones. La libertad a la hora de elegir una ubicación en el mercado de suelo es la autonomía del consumidor, que está limitada por su condición social. Tampoco se comparte el rol primordial que el autor concede al Estado en la producción de estos procesos en la ciudad contemporánea. Por el contrario, se entiende la segregación residencial por motivos de estatus o clase como una realidad consustancial a la urbe capitalista, dada por su funcionamiento como un mercado de suelo y por la existencia de desigualdades sociales, y por lo tanto esencial en la caracterización de la estructura socioespacial de la ciudad. Asimismo, la gentrificación supone una modificación de las pautas que definen dicha estructura.

Para el problema la diversidad socioespacial de la ciudad algunos autores diferencian la generación de guetos de la creación de enclaves, siendo estos los productos espaciales estables más notorios de la segregación. Esta distinción se realiza en función de que la vinculación a un espacio concreto dentro de la urbe se haya generado de forma involuntaria o voluntaria por parte del grupo protagonista. Estos autores entienden la concentración involuntaria e indeseable como resultado del estatus social, mientras que las aglomeraciones por motivos culturales o funcionales tendrían un carácter voluntario[37]. Esto es cuestionable en términos generales, dado que los grupos étnico-culturales también pueden verse empujados a concentrarse por estar sometidos a procesos de exclusión y, por otro lado, la libertad a la hora de elegir una ubicación en la ciudad está inevitablemente determinada por el rango de ingresos (íntimamente relacionado con la categoría sociolaboral, indicador a su vez de la clase social) para el conjunto de la población. Más factible parece la distinción que realizan Knox y Pinch [38] distinguiendo guetos de enclaves en función del predominio de los factores externos o internos al grupo en la segregación que da lugar a los mismos. No obstante, una división radical entre ambos conceptos sigue siendo difícil de llevar a la práctica. El término gueto puede ser adecuado para el aislamiento de un grupo establecido por decreto e incluso para casos extremos en los que los factores externos tengan un peso determinante. No obstante, en los casos en que no sucede esto, sería más adecuado hablar de enclaves. Aquí se opta por utilizar este último como término genérico para la concentración espacial, expresión geográfica de comunidades con una condición similar y diferenciada de otros grupos, fundamentada en la sobreabundancia de algunos rasgos culturales o en características sociolaborales y de estatus. Estas últimas implican a su vez una dimensión cultural, de igual forma que la agregación en el espacio en torno a ciertos códigos culturales no es ajena a la clase social. Así, es factible entender el producto de la gentrificación como un cambio en los patrones de segregación previos de la ciudad mediante la generación de un nuevo enclave de un grupo privilegiado que sustituye a un enclave previo de clase obrera o de ciertas fracciones de las clases populares, áreas sociales que puede relacionarse en el mismo espacio con otros enclaves de naturaleza diversa.

El sujeto gentrificador

Una cuestión fundamental a la hora de delimitar la gentrificación es la definición del propio sujeto que la protagoniza. Esto es de gran importancia a la hora de distinguir este de otros procesos que pudieran desarrollarse de forma paralela.

El sujeto gentrificador ha sido ampliamente tratado en la bibliografía existente, definido de forma prototípica por una serie de elementos que, según Beauregard, componen una especie de tipo ideal weberiano[39]. Este es recogido por David Ley como un hogar de clase media, habitualmente sin hijos, a menudo solteros, principalmente por debajo de los 35 años de edad, empleados en el sector de servicios avanzados, que reciben salarios elevados a pesar de su edad y son étnicamente identificables con el grupo de los blancos protestantes[40]. También se ha tendido a emparejar la gentrificación con el fenómeno de los young professionals, jóvenes profesionales que trabajan en los distritos financieros cercanos al centro urbano. Sin embargo, el término más utilizado ha sido el de nuevas clases medias[41] que en la cultura anglosajona puede identificarse con el vocablo de uso más coloquial professionals, para hacer referencia a profesionales y técnicos, generalmente asalariados, muy demandados y con elevados patrones de consumo. Este grupo, asociado a un nivel de cualificación y un rango de ingresos elevado, aumenta en tamaño e importancia en la ciudad postindustrial a partir de los cambios propios del sistema de regulación postfordista. Independientemente de su nombre, se ha tendido a asociar al mayor peso de los servicios financieros, I+D y el trabajo en oficinas en general, habitualmente localizados en el/los centro/s financiero/s-rector/es de la ciudad. La gentrificación según Ley[42] sería la manifestación espacial de esta nueva clase. Otros conceptos alternativos serían nueva pequeña burguesía[43] o burguesía asalariada[44]. Esta sería un grupo caracterizado por la obtención de un sobresalario, justificado por la inversión en la formación del profesional, técnico o directivo, con efectos políticos e ideológicos similares a los de la vieja pequeña burguesía. Visto esto, el termino burguesía asalariada es una posible alternativa al concepto anglosajón de nuevas clases medias, del cual puede verse de partida como un sinónimo. Sin embargo, encaja mejor en una definición relacional de clase, quizás más adecuada para acompañar a los estratos más bajos de la clase obrera que suelen ser víctima del desplazamiento[45] y podría complementar la apuesta por la expresión aburguesamiento residencial.

Independientemente de su denominación, este colectivo cuenta con dos características fundamentales que ha de tener el sujeto gentrificador, sin las cuales el proceso no podría darse, estas son, ser un grupo lo suficientemente numeroso y con los recursos necesarios para consumir las viviendas rehabilitadas en el centro urbano, pudiendo variar su composición notablemente según el contexto[46]. Y es que la característica fundamental del gentrificador, independientemente de la denominación que se le otorgue, es la posibilidad de elección a la hora de elegir su ubicación en el mercado de la vivienda que es la ciudad. Para este autor, la gente y las actividades tomarían posiciones en la ciudad de forma que podría interpretarse como gradual. El uso del suelo sería así un problema secuencial de empaquetamiento del espacio en parcelas de diferente uso, en el que los primeros en escoger tendrían las mayores posibilidades de elección y los últimos no tendrían ninguna. Dada la existencia de un mercado de suelo y una disparidad de ingresos, los primeros que eligen su ubicación en la ciudad son los cuentan con un mayor excedente de consumidor. Así, la gentrificación sería esencialmente un proceso por el cual los grupos con mayor poder adquisitivo hacen valer su capacidad de decisión respecto de su ubicación en la ciudad frente a aquellos grupos con menores ingresos[47].

Otra cuestión fundamental con respecto al sujeto gentrificador es la razón de la elección del espacio que va a ser gentrificado. En este sentido, aunque en el pasado se hayan producido procesos que pudieran entrar dentro del concepto de gentrificación o aburguesamiento residencial, es innegable que el nacimiento del vocablo tal como lo conocemos viene asociado a una coyuntura histórica concreta, el último medio siglo fundamentalmente, y a la transformación de espacios bastante definidos, centrales y con un cierto carácter histórico. Este interés contemporáneo por el casco urbano se ha relacionado con el incremento del suelo dedicado a oficinas en la ciudad, atrayendo a profesionales y ejecutivos[48], o a la toma de posiciones estratégicas como inversión en espacios en proceso de revalorización[49]. Aunque esto haya podido tener un mayor o menor peso según el caso, resulta obvio que este tipo de espacios tienen un atractivo innegable que crece con su rehabilitación y puesta en valor en las últimas décadas, pasada la época del desarrollismo y el funcionalismo de postguerra. Hoy día, la colonización de los espacios históricos otorga a un grupo privilegiado cierta trascendencia y le permite reivindicar su posición social a partir de una ubicación céntrica y cargada de simbolismo en la ciudad. El estilo de consumo de la burguesía asalariada tendría un carácter conspicuo que haría énfasis en la exhibición pública de la adquisición de mercancías. El deseo de mostrar esta capacidad de consumo, así como la búsqueda de relaciones sociales propias de solteros o de parejas sin hijos, empujaría a buscar espacios públicos de exhibición y relación, algo que se encontraría en el centro urbano[50].

Gentrificación y grupos culturales

El interés por consumir el centro urbano con toda la carga simbólica que conlleva no es exclusivo de ciertos estratos acomodados. Habitualmente aparecen vinculados a las diferentes etapas del proceso comunidades de inmigrantes económicos, jóvenes alternativos, estudiantes, grupos de artistas, etcétera, que pueden llegar a generar sus propios enclaves diferenciados. Apreciando esto, en ciertas ocasiones los gentrificadores podrían interpretarse incluso como una fuerza subversiva y rupturista, con un marcado carácter lúdico y cultural[51], además de económicamente rentable para la ciudad. En esta percepción del proceso en la última década, ha tenido mucho peso la denominada clase creativa de Florida[52] en la que incluye gays, jóvenes, bohemios, profesores, científicos, artistas, emprendedores y similares. Un conjunto visto por el autor como la llave para el crecimiento económico de la ciudad contemporánea, incluida la revitalización de los centros urbanos. Mucho antes, Zukin[53] afirmaba que el proceso de gentrificación empezó a percibirse no sólo por la restauración arquitectónica de viviendas deterioradas, sino también por la concentración de nuevas formas culturales. Por su parte, Caulfield defendía que, aunque la gentrificación se había asociado a una clase media con ingresos altos, los participantes en el proceso hasta el momento habían mostrado una gran diversidad, algo que comprobaba en sus estudios de caso en Toronto[54]. De esta manera, es verificable el hecho de que, en determinados ejemplos, muchos individuos asociados a ciertas identidades culturales se introducen en los sectores en proceso de gentrificación a pesar de no poseer un rango de ingresos demasiado elevado. Algunos autores han venido a denominar la introducción de estos grupos como “gentrificación marginal”[55] o incluso “gentrificación positiva”[56] dando una connotación ideológica al término con la que aquí no se comulga.

La implicación de colectivos cuya identidad no está basada en la producción económica ni en las relaciones de poder puede emplearse para relativizar, hasta cierto punto, el carácter de clase del proceso, pudiendo ser el caso del ya citado trabajo de Caulfield. En otras ocasiones, algunos autores han argumentado la coexistencia de estos grupos diversos en determinadas coyunturas para negar la existencia de gentrificación[57]. En el caso contrario, otros académicos han llegado a proponer la presencia de actividades creativas como indicador de la existencia del proceso en un determinado barrio[58]. Estas posiciones contradictorias muestran cómo una parte de la confusión existente en torno a la gentrificación y al gentrificador se generan en este punto, por lo cual es conveniente detenerse y repasar las principales categorías no socioeconómicas asociadas por diversos autores al proceso y las relaciones que con el establecen, esto es: mujeres, homosexuales, minorías étnicas y artistas.

La detección de cierta sobrerrepresentación de las mujeres en el proceso estaría relacionada según algunos con su entrada masiva en el trabajo asalariado, con el acceso a estudios superiores y con los cambios en las estructuras familiares, incluyendo el incremento del stock de solteras y la reducción del tamaño de los núcleos familiares, todo lo cual daría lugar a la demanda de apartamentos en la ciudad central[59]. Bondi menciona también el significativo éxito de mujeres de clase media en obtener trabajos bien pagados y altamente cualificados, uniéndose a la comitiva yuppie, entre las cuales solteras y divorciadas estarían más dispuestas al desplazamiento. Se trataría por lo tanto de féminas de clase acomodada, propietarias, solteras o cabezas de familias monoparentales, para las cuales la gentrificación otorgaría una oportunidad de independencia. No obstante, la misma autora también advierte que las mujeres pueden tener un elevado peso tanto en el grupo gentrificador como en el grupo desplazado, dependiendo de su estatus social[60].

Una relevancia más evidente que la cuestión del género parece tener la de la sexualidad. Así, en las últimas décadas, los vecindarios gays se han vuelto parte familiar del paisaje urbano, a menudo vinculados al desarrollo de procesos de gentrificación. El estudio de Castells[61] sobre la comunidad gay de San Francisco es una referencia constante en la vinculación de este grupo a ciertos fenómenos urbanos. Otros autores que han estudiado el establecimiento de comunidades gays en barrios en proceso de gentrificación recurren a menudo a él, como en el trabajo de Lauria y Knopp[62] o el estudio sobre los enclaves de lesbianas de Adler y Brenner[63].

La represión o la intolerancia hacia determinadas conductas empujarían a la necesidad de controlar un espacio seguro, oportunidad que ofrecen determinados barrios del centro urbano en decadencia[64]. Las grandes comunidades de gays y lesbianas se asocian a barrios contraculturales, que tienden a parecer más abiertos, con abundancia de negocios alternativos, pequeña industria cultural y cierto activismo político de izquierdas que parece repetirse como una fase previa al aburguesamiento de algunos sectores urbanos[65]. No obstante, en diversas investigaciones se señala también la importancia de la potencia económica de los colectivos gays y como esta les permite controlar un determinado espacio[66]. Así, para la población homosexual la gentrificación en San Francisco tuvo una naturaleza defensiva y exclusivista, mezcla de factores externos e internos al grupo, como una forma de dar confianza a la comunidad por medio del control de una determinada localización, de su mercado de trabajo y de sus procesos políticos. En este sentido, Castells[67] señalaba que la concentración espacial es lo que hizo posible potenciar un movimiento de liberación gay en la ciudad y lo que permitió el inicio de la mejora de las condiciones para este colectivo. No obstante, el mismo autor ya apuntaba que hubo poca mejora para las familias negras y latinas que se vieron desplazadas por el incremento de los precios de los alquileres provocado en el proceso.

Respecto de la cuestión étnica, muchos investigadores, especialmente los norteamericanos, tienden a vincularla estrechamente a la gentrificación, identificando el grupo expulsado con las minorías étnicas, negros e hispanos que son desplazados por blancos con elevado poder adquisitivo. Un caso paradigmático sería la gentrificación reciente del Harlem negro donde, aún hoy, la mayor parte de la población es de color y pobre, pero donde, con el incremento de las expectativas sobre el barrio, se está introduciendo una población blanca profesional; o Brooklyn, donde polacos y latinos contemplan la introducción de una joven población anglosajona acompañada de lofts y boutiques[68]. Sería lógico que en aquellos países con escaso peso de minorías raciales esta vinculación entre etnia y gentrificación desapareciese (tanto como la relación entre etnia y clase). No obstante, la relevancia de la relación entre inmigración extranjera y aburguesamiento también ha sido puesta de relieve en el ámbito del Estado español, por ejemplo en el caso de El Raval, que muestra cómo, en determinadas ocasiones, la introducción de grupos con elevado poder adquisitivo e inmigrantes pobres en barrios centrales pueden ser procesos paralelos[69]. Aquí la integración de estos colectivos es más problemática, puesto que mientras en los ejemplos estadounidenses hay una identificación total del grupo étnico con una clase social que es gentrificadora o desplazada, en el caso de Barcelona, como otros en el Estado español, el establecimiento del enclave étnico parece haberse desarrollado de forma simultánea al proceso de gentrificación.

Respecto del arquetipo de artista bohemio, éste deviene en muchas ocasiones en bisagra social del proceso; así lo explica Smith para los casos del Soho y el Lower East Side neoyorquino donde afirma que “gentrificación y arte caminan de la mano”[70]. Así, el artista urbano sería comúnmente una fuerza expedicionaria, brazo colonizador de las clases medias. La industria cultural, la vida bohemia y alternativa y la juventud contestataria son elementos que Ley[71] combina en un determinado tipo de colono temprano de los sectores en gentrificación. No obstante, la motivación fundamental del desplazamiento de jóvenes artistas a barrios pobres parece residir en la necesidad de espacios baratos y adecuados a sus requerimientos. Al encontrarse en una situación de precariedad que puede prolongares más o menos en el tiempo, se ven forzados a buscar oportunidades económicas de residencia y taller y el apoyo en el espacio compartido con sus iguales. Al mismo, tiempo el centro metropolitano ofrece toda una serie de elementos de atracción: ofertas de trabajo, instituciones, capital simbólico acumulado, etcétera[72]. En esta línea, Lloyd concibe los barrios en proceso de gentrificación como fuentes de acumulación de capital mediante su transformación en espacios de producción y consumo cultural, con ventajas comparativas para las industrias post-fordistas. Patrones socioespaciales que una vez fueron marginales, por medio de la fetichización de lo oscuro y lo ilícito como auténtico, pasan a operar como elementos clave del régimen de acumulación de capital[73].

Aún así, más que gentrificadores, los grupos de artistas parecen ser un colectivo de transición óptimo ante un eventual aburguesamiento. Se especula con que los caseros de Manhattan ofrecían en la década de los ochenta rentas bajas para atraer artistas y galerías que sirvieran para revalorizar el entorno y de hecho, de forma más reciente, esta ha sido una táctica relevante dentro del llamado Programa de Rescate del Centro Histórico de la Ciudad de México[74]. Así, al menos una parte de este tipo de comunidades parecería funcionar como bisagra entre la vieja población pobre y la burguesía asalariada, al mismo tiempo que dinamizadora del proceso de gentrificación, al hacer el sector decadente progresivamente atractivo con su trabajo y su presencia[75]. En cualquier caso, esto no quiere decir que una parte importante de los grupos de jóvenes, artistas, bohemios, estudiantes, etcétera no formen parte, o vayan a hacerlo en el futuro, de grupos de estatus elevado, por herencia/reproducción o por promoción social.

A pesar de la confirmación del rol progentrificación que tienden a jugar estos grupos, Smith[76] señala también la existencia de artistas antigentrificación, a menudo relacionados con okupas y activistas políticos, que se expresan en las galerías marginales, en los grafitis callejeros y en los carteles de denuncia. También aparecen referencias a esto y a luchas concretas contra la gentrificación y el desplazamiento lideradas por comunidades de artistas politizados en Lees, Slater y Wyly[77]. Por otro lado, los propios creativos pueden acabar a su vez expulsados de la zona gentrificada con el alza de los precios y la saturación de galerías, como habría ocurrido en Manhattan en la década de los noventa[78]. De forma similar Lees[79], tratando el caso de Brooklyn, señala como antiguos grupos de gentrificadores de clase media son desplazados por grupos con mayores ingresos a los que califica de regentrificadores, siguiendo con la lógica según la cual la estructura socioespacial de la ciudad puede cambiar en función de los gustos de los grupos más ricos.

Espacio gentrificable y enclaves socioculturales

Las cualidades gentrificables y permeables del espacio

Como se ha comprobado en el anterior epígrafe, es posible diferenciar grupos con características culturales y extracción social diversa marchar atraídos hacia aquello que podría denominarse espacio gentrificable. Este adopta la forma de sectores consolidados de la ciudad que atraen flujos de población procedentes de otras zonas. Así, en muchos casos, parece experimentar la sucesiva o simultánea apropiación por parte de diferentes identidades socioculturales, mediante la conformación de enclaves humanos.

Resulta esencial para clarificar esta cuestión partir de que estos enclaves culturales no tienen que aparecer en espacios donde se esté produciendo un proceso de gentrificación, al mismo tiempo que dicho proceso no tiene porqué vincularse a grupos con identidades culturales fuera de la propia de la clase social privilegiada que coloniza el espacio. De hecho, podríamos hablar de tipos puros de gentrificación cuando se trata de un proceso en el que existe una simple y clara suplantación de una población con bajos ingresos por un grupo social acomodado –por ejemplo, el caso de San Bernardo en Sevilla[80]-, diferenciado de otros en los que la gentrificación se apoya o se ve obstaculizada por la implantación de enclaves basados en otro tipo de identidades –tanto el Raval de Barcelona como Lavapiés en Madrid podrían ser buenos ejemplos–. Esto lleva a preguntarse la razón que hace que estos procesos ocurran de forma sucesiva o simultánea en el mismo tipo de espacios. La respuesta requiere definir cuáles son las características de los espacios en los que suceden estos acontecimientos.

La gentrificación, al igual que otros procesos, implica que la ciudad consolidada tiene una estructura socioespacial dinámica. Además, supone a su vez que, dentro de esta estructura, existen sectores con una posición coyunturalmente estable o estanca y otros que se transforman. Dichos cambios no se limitan a la gentrificación. Determinados espacios de la ciudad pueden tugurizarse, convertirse en barrios contraculturales, en zonas dedicadas a la residencia de estudiantes[81] o, quizás el ejemplo más claro, en enclaves de población inmigrante extranjera como los que se han multiplicado en las grandes ciudades del Estado español en los últimos quince años. Estos fenómenos no acontecen en cualquier ámbito debido a que la potencialidad de transformación de distintos sectores urbanos es desigual. Hay barrios con características que los hacen más proclives a padecer procesos de filtrado o de invasión-sucesión. Podríamos calificar estos espacios de permeables a su apropiación por parte de grupos sociales con características radicalmente diferentes a las de los habitantes preexistentes.

No es complicado realizar un bosquejo aproximado de las características de este tipo de barrios, implicando tanto los rasgos de la población como del entorno físico que esta habita. Respecto de los vecinos, estos deberían caracterizarse por unos lazos comunitarios debilitados o, al menos, una importante carencia de capital cultural y social que impediría desarrollar estrategias efectivas de bloqueo[82] frente a otros grupos y/o ser susceptibles a procesos de estigmatización por parte del conjunto de la sociedad. Esto se correspondería, en muchos casos, con una población mermada y envejecida, a veces lumpenproletarizada, como la que ha tendido a concentrarse en los barrios históricos que se han gentrificado en las últimas décadas en el Estado español, pero también en las viejas periferias obreras donde se han conformado los principales enclaves de inmigrantes extranjeros y que son por ahora completamente ajenas a la gentrificación. Por otro lado, respecto del espacio construido, la decadencia de la edificación residencial es el rasgo más evidente. El envejecimiento, deterioro y desvalorización de las viviendas, suponen un elemento clave en los procesos de filtrado residencial y de invasión-sucesión. Asimismo, resulta obvio que la existencia de instalaciones vacantes, muy vinculada al envejecimiento del hábitat en cuestión, o la mayor proporción de alquileres (algo fuertemente asociado a los centros urbanos en el caso español) pueden resultar elementos fundamentales de un espacio permeable, área sensible al acontecer de procesos de invasión-sucesión, proclive al filtrado residencial en diferentes direcciones y atractivo para la conformación de enclaves culturales.

Dentro de este conjunto de espacios entrarían aquellos gentrificables, entendidos como áreas permeables al mismo tiempo que especialmente atractivas para grupos progresivamente con mayor nivel de ingresos. Los elementos de esta cualidad parecen ser la proximidad a zonas valorizadas (notoriamente los centros comerciales-financieros), algo vinculado a la centralidad del espacio, un tipo de edificación intervenible y promocionable[83] y una fuerte identidad relacionada con su carácter histórico[84], que acompañan la existencia de un escalón entre la renta de suelo capitalizada y la renta de suelo potencial que motivaría a los promotores a intervenir sobre el espacio[85].

A modo de proposición, podría afirmarse que estos elementos convierten el espacio permeable en espacio gentrificable y abren la puerta a la ocurrencia de un proceso de gentrificación, que generalmente debería ser activado por medio de intervenciones desde el lado de la producción[86]. Implican el gran poder de atracción que genera el espacio sobre el consumidor de vivienda y lugar, lo que determina en última instancia el perfil privilegiado del grupo social que va a establecerse como usuario final. Así, el asentamiento de colectivos progresivamente con mayor poder adquisitivo vendría dado con el tiempo por las propias dinámicas del mercado inmobiliario.

 

Figura 2. Espacio permeable-espacio gentrificable
Fuente: Elaboración propia.

 

Relaciones entre enclaves

En un contexto aproximadamente liberal, los nuevos enclaves de la ciudad consolidada se establecen necesariamente sobre barrios socialmente permeables, zonas sensibles a la sustitución de su población. Algunos de estos espacios pueden contar con múltiples facetas; sectores donde se generan enclaves protagonizados por comunidades étnicas y culturales con una posición económica favorable que pueden implicar al mismo tiempo procesos de gentrificación; territorios donde se produce una gentrificación protagonizada por una población sin preponderancia de rasgos culturales comunes fuera de los propios de la burguesía asalariada; espacios donde se genera la sucesión protagonizada por un grupo étnico no favorecido, sin existencia de gentrificación alguna; o incluso áreas donde se establece una comunidad étnico-cultural desfavorecida económicamente de forma simultánea a un grupo de estatus elevado y donde alguno de los dos colectivos acabará primando con el tiempo.

En todos los casos, este tipo de sectores permiten la entrada y la construcción de una cierta comunidad. La conformación del enclave sería tan necesaria para ciertos grupos culturales minoritarios, que encuentran en él el apoyo mutuo y la satisfacción de algunas necesidades[87], como para la burguesía asalariada que halla la posibilidad de la materialización espacial de sus gustos y su posición social[88]. La toma del territorio por distintos grupos engendra paisajes urbanos diferentes: diversos tipos de mercancía vivienda (tanto en cuanto a su valor de uso como en cuanto a sus valores estéticos), estilos de vida, actividades, tipos comerciales, etcétera.

En base a lo anterior, se propone entender la gentrificación como un proceso de aburguesamiento residencial que, no obstante, puede aparecer vinculado a otro tipo de dinámicas. Así, la cuestión de la relación del típico distrito cultural con la gentrificación, entendida esta última como la conformación de un barrio de burguesía asalariada, podría explicarse como un problema de relación entre enclaves.

 

Figura 3. Relación entre enclaves
Fuente: Elaboración propia.

 

Distintos grupos pueden compartir el mismo territorio pero no tener miembros comunes, formando lo que podría denominarse situación de enclaves disjuntos. Este sería el caso en que el grupo cultural es notablemente homogéneo respecto de sus características socioeconómicas y se asocia a una estratificación social baja, que convive con el asentamiento de población privilegiada. Al ser enclaves contradictorios entre sí, uno de los dos acabará primando a largo plazo. En gran parte de los casos estudiados se han encontrado este tipo de relaciones. Espacio gentrificable como sector degradado en el que ha ido predominando un perfil lumpen-proletario o se ha establecido la inmigración extranjera de baja extracción social mediante un proceso de filtrado residencial previo y que, durante un tiempo, convive con el establecimiento de la burguesía asalariada a medida que se desarrolla la gentrificación[89].

Los grupos pueden compartir el territorio y tener miembros comunes, en una situación que podríamos denominar de enclaves en intersección. Este sería el caso del espacio social de una identidad cultural heterogénea respecto de sus características socioeconómicas, donde parte de sus miembros pueden integrarse dentro del sujeto gentrificador y otra parte no. Sería el típico ejemplo del sector en proceso de gentrificación donde de forma paralela se ha ido conformando un enclave gay, que no tiene por qué liderar el aburguesamiento. Dentro de esta comunidad existirán subgrupos que realizarán grandes desembolsos de dinero por vivir en el sector en una fase avanzada del proceso, mientras otros pueden ser desplazados, habiéndose introducido de forma temprana aprovechando la existencia de oportunidades de alojamiento a coste reducido[90].

Ocasionalmente puede darse una identificación absoluta entre una filiación cultural particular no relacionada con la estratificación social y una clase privilegiada, de tal forma que todos los miembros de la comunidad cultural estén incluidos dentro del sujeto gentrificador. Este sería el caso de un enclave homogéneo respecto de sus características socioeconómicas y asociado a una estratificación social alta. Sería complejo que esto se diese, por ejemplo, con la comunidad gay, dentro de la cual siempre va a existir una cierta heterogeneidad socioeconómica, sin embargo podría ser más común en el caso de enclaves étnicos fruto de procesos migratorios, que tienden a tener unas características socioeconómicas más homogéneas[91].

Todos los casos tienen como base la existencia de un espacio con características que lo hacen permeable a la introducción de nuevos grupos socioculturales. La aparición de uno u otro caso depende en primer lugar del perfil sociolaboral predominante en la comunidad étnico-cultural y del grado de homogeneidad por criterios de renta de la misma. En segundo lugar depende de toda una serie de factores con dimensión histórica que determinarán uno u otro suceso.

Algunas consideraciones finales

La gentrificación es un concepto de gran utilidad y su interés reside en su inherente potencialidad crítica, dada por su contenido de clase y por el conflicto ético-político que implica el desplazamiento, cuestiones implícitas en el proceso que se pierden con términos que dirigen su atención a otros aspectos de la transformación de enclaves urbanos centrales. No obstante, es importante evitar el abuso del vocablo, para lo cual se deben señalar las diferencias y relaciones con otros procesos. Así, los conceptos de filtrado residencial e invasión-sucesión no dejan de ser útiles tanto a la hora de aclarar el propio contenido de la gentrificación como de tratar otras cuestiones relativas a la diferenciación sociocultural y a las dinámicas que sobre ella actúan. A este respecto, el concepto de espacio permeable y las formas de relación entre enclaves propuestas permiten inscribir la gentrificación en el amplio contexto de las transformaciones de la estructura socioespacial de la ciudad, relacionándola con procesos que pueden ser simultáneos o sucesivos, en los que se puede apoyar o a los que se puede oponer.

Esta es una de las dos claves fundamentales del texto, junto con la necesidad de entender la gentrificación, esencialmente, como aburguesamiento residencial cuyo producto es la creación de un enclave de la burguesía asalariada. La interpretación del espacio residencial como un ámbito ocupado secuencialmente en función del nivel de ingresos, permite percibir de una forma más clara la esencia de este aburguesamiento y del sujeto gentrificador que lo protagoniza, así como las razones por las que consigue imponerse frente a otras poblaciones en un contexto de libre mercado.

El material empírico existente permite comprobar que las identidades culturales pueden tener una mayor o menor relación con el sujeto gentrificador. No todos los miembros de un grupo cultural asociados a un enclave desarrollado en un contexto de gentrificación deben ser calificados de gentrificadores, en la medida en que no cuentan con el suficiente poder adquisitivo para acceder a la vivienda gentrificada y pueden acabar siendo desplazados. Así, algunos grupos juegan roles diversos en el proceso. Uno de los más señalados sería el papel de colectivos de jóvenes, artistas, bohemios, etcétera, que, en un determinado momento, ejercen de grupo bisagra entre las clases populares y la burguesía asalariada, sin que resulten adecuados los calificativos de gentrificación marginal o gentrificación positiva, conceptos contradictorios en sí mismos. El gentrificador no sería sólo el grupo que desea desplazarse al centro urbano, y que puede hacerlo de forma temporal y precaria, sino el que lo hace en base a su nivel de ingresos, siendo el consumidor buscado por los agentes de la producción. Los colectivos mencionados que a menudo funcionan como una población de transición pueden acabar siendo gentrificadores, pueden acabar siendo desplazados o incluso pueden ser ambas cosas si atendemos a lo observado por Lees.

Independientemente de lo anterior, el consumidor del espacio transformado es el sujeto gentrificador. Los elementos fundamentales del proceso son la promoción social de sus habitantes ―hacia unos valores característicos de un enclave de la burguesía asalariada― mediando el desplazamiento de la población anterior, la mejora de las infraestructuras y equipamientos urbanos y de la calidad de la mercancía vivienda, y es fundamental no perder esto de vista en los estudios de caso. La preponderancia de ciertos rasgos culturales no hace al gentrificador (más aún en un contexto de grandes cambios culturales), lo hace su capacidad de adquirir una mercancía vivienda revalorizada. A pesar de las apariencias, la gentrificación no tiene tanto que ver con grupos homosexuales o heterosexuales, creativos o faltos de ideas, progresistas o conservadores; tiene que ver, esencialmente, con colectivos con suficiente poder adquisitivo y el deseo de consumir una determinada mercancía lugar.

 

Notas

[1] Checa-Artasu, 2011, Duque Calvache, 2011, Contreras, 2011 o Salinas Arreortua, 2011.

[2] Glass citada en Smith, 1996, p.41.

[3]  Hamnett, 2003.

[4] Smith y Williams, 1988.

[5] Caulfield, 1994.

[6] Beauregard, 1986.

[7] Smith, 1996.

[8] Pacione, 1990.

[9] Bromley, Tallon y Thomas, 2005.

[10] Slater, 2006.

[11] García Herrera, 2001.

[12] García Herrera y Díaz Rodríguez, 2008.

[13] Soja, 2008.

[14] García Herrera, 2001.

[15] Duque Calvache, 2010.

[16] Este tipo de identificaciones son frecuentes, empezando por el hecho de que gran parte de la terminología referente a la estructura social se sirve de una terminología espacial, como señalaba Ossowski (1972). De forma inevitable se van a utilizar conceptos similares para referir la estructura social y la estructura socioespacial, dado que ambas están indisolublemente unidas.

[17] Ha de entenderse que el aburguesamiento se produce sobre el conjunto de un hábitat urbano, si bien la cuestión de la residencia es central. Si se está refiriendo un cambio de uso o transformaciones en sectores sin usos residenciales, se está hablando de un proceso sustancialmente diferente.

[18] Ley, 1983, p. 264-265.

[19] Hoyt, 1939.

[20] Ley, 1983, pp. 248-249.

[21] El propio Ley (Ibídem) o Hamnett, 1991, p. 173.

[22] Ley, 1983, p. 250.

[23] Pacione, 1990 y 2001.

[24] Ley, 1996.

[25] Pacione, 2001, p. 198.

[26] Smith y Williams, 1986, p. 1.

[27] Van Criekengen y Decroly citados en Duque Calvache, 2010.

[28] Smith, 1982, p. 139.

[29] Estos procesos están relacionados con las políticas urbanas a lo largo del tiempo, que varían sustancialmente de un Estado a otro. Así, en EEUU, el apoyo inicial del estado en los setenta jugó un cierto papel aunque la mayor parte de la gentrificación fuera liderada por la iniciativa privada, para ganar peso especialmente las políticas activas ya en el periodo más reciente (Hackworth y Smith, 2001). Por su parte en otros países, como España, las políticas de rehabilitación parecen haber sido mucho más determinantes.

[30] Butler, 2007 y Lambert y Boddy, 2002.

[31] Davison y Lees, 2010.

[32] Slater, 2012, p. 294.

[33] Davison y Lees, 2010.

[34] Dot, Casellas y Pallares-Barbera, 2010.

[35] Ver Park y Burguess, 1925.

[36] Marcuse, 2001.

[37] Por ejemplo Marcuse, 2001 y Peach, 2001.

[38] Knox y Pinch, 2006.

[39] Beauregard, 1986, p. 37.

[40] Ley, 1996, p. 35.

[41] Uno de los nombres más asociados a este término en su origen es Wright, 1987.

[42] Ley, 1996.

[43] En Poulantzas, 1976.

[44] En Jean Claude Millner, 2003. Podría hablarse incluso de una pequeña burguesía asalariada (profesionales y técnicos) y de un alta burguesía asalariada (cuadros directivos).

[45] Ver entre otros Wacquant, 2008.

[46] Para el caso de la estadística pública del Estado español, este colectivo podría identificarse con el escalón que Reques y Rodríguez (1998, p. 93) referían como clases medias superiores. Un grupo minoritario si lo confrontamos, por ejemplo, con el proletariado del sector servicios, es decir, con los trabajadores del sector terciario de cualificación media-baja (clase media baja en la denominación de Reques y Rodríguez), pero al mismo tiempo numeroso y que ha incrementado notablemente sus filas en los últimos treinta años coincidiendo con los conocidos cambios del mercado laboral y la economía en general.

[47] “Entonces, la teoría del uso del suelo aparece como un problema secuencial de empaquetamiento del espacio (con la posibilidad de añadir espacio en la periferia). En un mercado de la vivienda con un stock fijo de viviendas el proceso es análogo al de ocupar secuencialmente los asientos en un teatro vacío. El primero que entre tendrá n posibilidades de elegir, el segundo tendrá n-1, y así sucesivamente hasta que el último no tenga ninguna posibilidad de elección. S los que entran para ocupar el teatro lo hacen por orden de capacidad de licitación, entonces aquellos tengan dinero tendrán más posibilidades de elección, mientras que los más pobres ocuparán los asientos que queden después de que todos los demás hayan escogido sitio” (Harvey, 1977, pp. 175-176).

[48] Ley, 1983.

[49] Beauregard, 1986, pp.45-46.

[50] Ibídem, 1986, pp. 43-44.

[51] Así lo hace Caulfield, 1989.

[52] Florida, 2003.

[53] Zukin, 1989.

[54] Caulfield, 1994, p.124.

[55] Ibídem, pp. 126-136.

[56] Cameron y Coaffee, 2005.

[57] Rius, 2008.

[58] Navarro, Guerrero, Mateos y Muñoz, 2012

[59] Beauregard, 1986, p.43 o Ley, 1983, p. 46.

[60] Bondi, 1991, p. 192.

[61] Castells, 1986.

[62] Lauria y Knopp, 1985.

[63] Adler y Brenner, 1992.

[64] Lauria y Knopp, 1985.

[65] Adler y Brenner, 1992.

[66] Knopp, 1990.

[67] Castells, 1986.

[68] Zukin, 2009, p.49.

[69] Sargatal, 2001.

[70] Smith, 1996, p.18.

[71] Ley, 1996, p.175-191.

[72] Rius, 2008.

[73] Lloyd, 2002, p. 528.

[74] Leal-Martínez, 2007.

[75] Aparecen referencias a esto tanto en Smith (1996) como en García Vázquez (2004).

[76] Smith, 1996.

[77] Lees, Slater y Wyly, 2008.

[78] Smith, 1996.

[79] Lees, 2000.

[80] Díaz Parra, 2009.

[81] Capel y Russo, 2007.

[82] Knox y Pinch, 2006.

[83] Ver por ejemplo Jager, 1986 o Lees, Slater y Wyly, 2008.

[84] No obstante, resulta obvio que un sector no necesita cumplir todas las características mencionadas para ambas condiciones para que se produzca su gentrificación exitosa, pero si varias de ellas.

[85] Smith, 1996.

[86] Esta propuesta se contrasta con un caso práctico en Díaz, 2012.

[87] Knox y Pinch, 2006.

[88] Beauregard, 1986 o Williams, 1986.

[89] El Raval de Barcelona podría ser un ejemplo paradigmático pero también el Lavapiés madrileño y otros donde el aburguesamiento residencial ha quedado visiblemente incompleto.

[90] El barrio de Chueca en Madrid, sobre el que se han realizado algunos trabajos, como el de Veksler (2005), podría ser un ejemplo evidente en el Estado español.

[91] Si bien es complejo encontrar ejemplos en el Estado español, podría ser el caso de determinadas comunidades judías en los países anglosajones, por lo general asociadas a una estratificación alta, o de otras minorías religiosas o étnicas asociadas a un estatus elevado. Ver por ejemplo los trabajos de Peach (2001).

 

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© Copyright Ibán Díaz Parra, 2013.
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[Edición electrónica del texto realizada por Ferran Ayala]

 

Ficha bibliográfica:

DÍAZ PARRA, Ibán. La gentrificación en la cambiante estructura socioespacial de la ciudad. Biblio 3W. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales. [En línea]. Barcelona: Universidad de Barcelona, 25 de junio de 2013, Vol. XVIII, nº 1030. <http://www.ub.es/geocrit/b3w-1030.htm>. [ISSN 1138-9796].


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