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Biblio 3W
REVISTA BIBLIOGRÁFICA DE GEOGRAFÍA Y CIENCIAS SOCIALES
Universidad de Barcelona 
ISSN: 1138-9796. Depósito Legal: B. 21.742-98 
Vol. XIX, nº 1058, 15 de enero de
2014
[Serie  documental de Geo Crítica. Cuadernos Críticos de Geografía Humana]

LA ACTIVACIÓN DE SOLARES URBANOS. DE PRÁCTICA ALTERNATIVA A OBJETO DE PROGRAMAS MUNICIPALES

Carmen Bellet Sanfeliu
Departamento de Geografía y Sociología, Universitat de Lleida

Recibido: 10 de septiembre de 2013; Devuelto para revisión: 13 de noviembre de 2013; Aceptado: 30 de diciembre de 2013


 

La activación de solares urbanos: de práctica alternativa a objeto de programas municipales (Resumen)

Durante estos últimos años se han desarrollado algunas iniciativas municipales para la recuperación de solares urbanos. El artículo pretende ilustrar cómo y porqué las administraciones locales han ido incorporando la filosofía y la metodología desarrollada por activistas y colectivos alternativos en sus acciones de ocupación de vacíos y espacios urbanos. Más allá de las valoraciones que puedan hacerse, el desarrollo de programas municipales dirigidos a la activación de vacíos urbanos es un claro indicador del cambio de tendencia que sigue el urbanismo actual. Con el agotamiento del modelo de planeamiento convencional y en un contexto de crisis económica, los gobiernos locales experimentan con nuevas ideas incorporando la temporalidad de los usos y contemplando mecanismos de gestión ciudadana directa de los vacíos urbanos. El llamado urbanismo táctico o emergente ¿podría haber venido para quedarse?.

Palabras clave: vacíos urbanos, ocupación de espacios urbanos, activación de vacíos urbanos, políticas urbanas,  urbanismo táctico


 

The activation of urban voids: from an alternative practice to the objective of municipal programmes (Abstract)

In recent years, many municipal initiatives have been undertaken with the aim of recovering vacant urban voids. This article seeks to illustrate how and why local government bodies have been gradually incorporating the philosophy and the methodologies developed by activists and alternative collectives in their actions for the reactivation of urban voids. Looking beyond any other evaluations that could be made, the development of municipal programmes aimed at activating urban voids shows a clear change of direction in current urban planning. With the exhaustion of the conventional planning model and within a context of economic crisis, local governments are now experimenting with new ideas, incorporating temporary uses and contemplating mechanisms involving bottom up initiatives over urban voids. Has what has been called “tactical” or “emerging” urban planning really come to stay?

Key words: urban voids, occupation of urban spaces, activation of urban voids, urban policies, tactical urbanism


 

Políticas urbanas en un contexto de cambio sociocultural

En las últimas décadas se ha producido un profundo cambio sociocultural impulsado por las recientes aciones económicas pero también por la revolución tecnológica que han supuesto internet y, más concretamente, la web 2.0. La tecnología ha incrementado la capacidad de crear, compartir y movilizar la información y las ideas que han sido la espoleta del cambio sociocultural. Actualmente las expectativas de participación de los ciudadanos son grandes como muestran muchas de las actuales iniciativas ciudadanas y organizaciones sociales que beben directamente de la nueva cultura digital y de las acciones de los movimientos alter-activistas.[1].

La nueva realidad cultural y social, que va configurándose gracias a los avances tecnológicos, tiene múltiples efectos y abre grandes posibilidades a la innovación social pues propicia cambios en la forma de vivir, de producir y de consumir pero, también, en el diseño de la organización social y en su gobierno [2]. Este dinamismo se refleja en la actividad de los nuevos movimientos sociales, que, en general, pone el acento en: la lógica de lo común, la autoorganización y las estructuras horizontales no jerárquicas ni centralizadas. Si bien sus acciones son inmediatas y concretas (como en el caso del movimiento del 15M), sus objetivos estructurales parecen orientarse a un cambio social a más largo plazo [3].

El origen de la crisis que vivimos hoy en día, la primera de la globalización actual, se debió a causas financieras; posteriormente se transformó en una crisis económica [4]; esta, a su vez, derivó en una crisis institucional y política que, finalmente, ha derivado en una crisis social y cultural. Un contexto bajo el cual se han ido creado o reforzando distintas formas de resistencia y resiliencia urbanas [5]. Los cambios socioculturales parecen cuestionar, también, las tradicionales funciones de intermediación y control propias de las instituciones y el anquilosamiento de determinadas formas y estructuras políticas provocando una fuerte crisis de representatividad [6]. En este sentido, el reforzamiento de las aproximaciones y experiencias comunitarias en los procesos de formulación y puesta en práctica de las políticas urbanas puede ser una de las vías a seguir para restaurar esta falta de diálogo o de confianza. En el contexto español el estado de parálisis y de recortes generalizados que imponen las políticas públicas puede ser el detonante de una nueva forma de enfocar la gestión de lo local.

¿Un nuevo urbanismo para un nuevo contexto?

En el urbanismo tradicional ha primado la visión productiva (competitiva) de la ciudad frente a la visión reproductiva (cooperativa), mostrándose la primera poco atenta a las necesidades de los ciudadanos y al desarrollo de su vida cotidiana. En este sentido, es significativo el papel que ha jugado el urbanismo corporativo (empresarial, competitivo y basado en la lógica de los grandes proyectos) que, en consonancia con el marco neoliberal imperante, ha caracterizado buena parte del desarrollo urbano en el marco occidental desde los años 70. Así, muchas de las necesidades diarias se han ido cubriendo con acciones tecnocráticas que no siempre son capaces de satisfacer las necesidades reales y que solo acuden a la participación ciudadana al final del proceso, cuando al ciudadano se le insta a ratificar o rechazar la propuesta previamente definida por el aparato político-tecnocrático [7].

En el nuevo contexto sociocultural, las políticas urbanas, y con ellas el urbanismo, ya no pueden considerarse monopolio de la Administración pública y del ejercicio tecnocrático [8]. Frente al obsoleto modelo de la planificación tradicional, y ya que la crisis impide la formulación de grandes proyectos urbanos, se experimenta, desde las instancias públicas pero también desde la sociedad civil, con nuevas ideas, más flexibles, transparentes y participativas que tratan de incidir de forma directa en la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos.

Así, la crisis está favoreciendo la emergencia de formas de intervención urbana que hasta ahora tenían poca cabida en las políticas públicas locales. Se trata de intervenciones que, en la época del urbanismo expansivo y de los grandes proyectos urbanos, eran directamente consideradas como “a contracorriente”, “alternativas” o “efímeras” y no tenían cabida en los procesos formales de producción del espacio. Este tipo de acciones e intervenciones urbanas responden a la nueva mirada que representa el llamado “urbanismo emergente o táctico” [9]. El urbanismo emergente es un movimiento relativamente nuevo basado en la acción concreta y directa, por parte de colectivos ciudadanos, con la intención de generar a corto plazo cambios inmediatos en el espacio público de las ciudades y contribuir, a largo plazo, a cambiar los tradicionales procesos de producción de espacio urbano [10]. El urbanismo emergente propone un proceso de producción del espacio, desde abajo (bottom-up), poniendo el énfasis en el ciudadano, que adquiere un rol activo y protagonista en la programación, diseño y gestión del espacio urbano. Algunas de estas intervenciones están coordinadas o guiadas por colectivos de profesionales o técnicos especializados en materia urbana (advocacy planning) [11]. El advocacy planning es una práctica urbanística de carácter colaborativo y participativo en la que uno o más técnicos se ponen a disposición de una organización, colectivo o grupo de personas con objetivos comunes para ayudarles a resolver un conflicto urbanístico ante la Administración pública u otros promotores.

El postfordismo se caracteriza por la flexibilización de los procesos sociales y ello se refleja también en el diseño del espacio urbano y en el uso que la sociedad hace de él. Nos referimos a una sociedad que está casi siempre en tránsito, que usa espacios de forma temporal, intensa y flexible. Por ello, ahora es el momento de incorporar al urbanismo los usos temporales y los proyectos colectivos o individuales que generan valor social y, de este modo,  desarrollar una nueva forma de urbanismo que tienda a la informalización de lo formal y a la formalización de lo informal [12]. No se trata únicamente de intervenciones protagonizadas por vecinos y colectivos urbanos capaces de generar impactos clave en el espacio urbano cotidiano a un bajo coste y con un significativo valor social, sino de ensayar, también, nuevas propuestas con el objetivo, a más largo plazo, de desarrollar un nuevo tipo de urbanismo, un nuevo paradigma de gestión urbana que sea capaz de incorporar en su funcionamiento la actitud proactiva de la ciudadanía. Se trataría de hacer ciudad a través de las prácticas colectivas, un urbanismo, como apunta Saskia Sassen, de código abierto, un urbanismo en el que la acción ciudadana y las prácticas sociales fuesen el motor del proceso, un urbanismo que entendiese que las prácticas de los ciudadanos inciden de forma directa en la producción de la ciudad [13]. En este contexto la ciudad vuelve a contemplarse como un espacio de producción social, tal y como apuntaba Henri Lefebvre, y, los ciudadanos, como productores de ciudad; como ya hemos indicado, esta visión parte de las perspectivas bottom-up, en contraposición a la perspectiva top-down que caracteriza la planificación urbanística tradicional.

Independientemente de las iniciativas ciudadanas que contribuyen a construir este modelo emergente de urbanismo, la política y, especialmente, los gobiernos locales podrían generar las condiciones para que surgiesen estas dinámicas. Se trataría de diseñar escenarios que estimulasen y facilitasen la participación y la creación ciudadana de los espacios urbanos a través de acciones políticas (heterodoxas) dirigidas al empoderamiento ciudadano. Este tipo de políticas debería apoyarse en la transdisciplinariedad y, de este modo, proporcionar a las personas y colectivos herramientas (competencias, tecnología e información) y escenarios para su empoderamiento y el libre desarrollo de procesos culturales [14].

Como primer paso, y tomando como ejemplo las actuaciones llevadas a cabo por la Administración de la ciudad de Berlín, que ha puesto en marcha una política muy permisiva en relación con los usos temporales y las intervenciones efímeras en el espacio público y los vacíos urbanos, estas podrían ser algunas de las acciones a desarrollar para reconocer y fomentar este tipo de intervenciones [15]:

a- Definir áreas potenciales y propuestas basadas en el proceso, es decir, diseñar planes sin imágenes finales determinadas, dónde se concretase únicamente lo necesario para cumplir estándares u otros requisitos legales. El objetivo del planeamiento y de los proyectos urbanos no sería tanto otorgar un uso específico y una propuesta arquitectónica, cuanto activar o redinamizar una zona cuyos usos y materialización se irían concretando con el tiempo y las prácticas socioespaciales.

b- Identificar, clasificar y catalogar los espacios urbanos infrautilizados (solares, edificios e instalaciones vacías, espacios residuales o no concretados, etc.) para su posible recuperación.  La construcción de este mapa debería completarse con el establecimiento de un catálogo que recogiese las características de cada espacio, la identificación de la propiedad  y las líneas de trabajo para su posible recuperación.

c- Facilitar procesos de producción del espacio abiertos y colaborativos, un urbanismo de código abierto, en el que los protagonistas del proceso de recuperación (diseño, ejecución y gestión) sean los individuos o colectivos ciudadanos interesados. 

d- Los organismos locales actuarían como intermediarios para facilitar los procesos de activación: a través de ordenanzas municipales más flexibles que permitiesen el uso temporal del espacio; actuando como mediadores en los convenios de cesión de espacio y destinando a ello subvenciones u otro tipo de incentivos; acelerando los procesos de otorgamiento de licencias; reduciendo las obligaciones y requisitos a cumplir de las edificaciones prestadoras de algún tipo de servicio; interviniendo sobre los derechos de la propiedad de solares en desuso prolongado, etc.

e- Las nuevas políticas urbanísticas deberían introducir mayor flexibilidad, sobre todo en lo referente a la permisividad de usos temporales, y convertirse en un intermediario entre propietarios de suelo o bienes infrautilizados (solares urbanos y edificios vacíos)  y la ciudadanía interesada en generar o gestionar proyectos concretos sobre estos espacios sin uso. Esta nueva manera de hacer gestión urbanística partiría de una combinación de políticas multisectoriales que generasen oportunidades para el empoderamiento ciudadano y promoviesen la acción colaborativa y cooperativa y el uso de la tecnología para generar y potenciar redes sociales activas.

Las recientes reivindicaciones sobre el espacio público, los equipamientos, la vivienda y el derecho a la ciudad, en general, están produciendo formas de organización que, además de incentivar aciones urbanas concretas (la mayoría de las veces a través de la temporalidad en los usos), constituyen espacios de encuentro y de discusión política y ciudadana. Así, acciones o intervenciones como la apropiación espontánea u organizada de espacios urbanos por parte de la ciudadanía, el desarrollo de proyectos colaborativos y locales, la potenciación de proyectos en código abierto para el establecimiento de un control democrático de la gestión de lo público y lo urbano, etc., constituyen -entre muchas otras opciones- un conjunto de estrategias e instrumentos para la construcción de una nueva forma de producir ciudad [16]

El activismo urbano y la ocupación de solares: una perspectiva reciente

De las prácticas de colonización urbana y los nuevos activismos

En España los movimientos vecinales de la postguerra, con sus protestas y reivindicaciones, lograron que la Administración Pública realizase actuaciones concretas de ordenación y urbanización de espacios públicos. Independientemente de las acciones y las protestas de carácter general, estas asociaciones también plantearon propuestas concretas de diseño urbano. Muchos de estos movimientos no buscaban únicamente la ación de la ciudad sino el cambio del modelo político y socioeconómico [17].

Los nuevos activismos urbanos no tienen las mismas estructuras que los movimientos sociales tradicionales aunque beben de esa tradición. Durante los últimos años, se han estado produciendo, de manera creciente, distintas acciones sobre espacios urbanos vacíos, tanto en el centro como en la periferia de muchas ciudades, especialmente en el mundo occidental. Los objetivos que persiguen estas actuaciones son diversos pero, en esencia, consisten en dar un nuevo uso de forma temporal, a un espacio urbano transformándolo, así, en un lugar público o semipúblico. A diferencia de los movimientos tardofranquistas y de los movimientos contraculturales de los años 60 y 70, los nuevos activismos parecen escépticos ante las grandes demandas políticas, y sus acciones y vindicaciones están más orientadas a la culminación de proyectos culturales o sociales que a conseguir determinadas utopías o modelos sociales concretos que a conseguir determinadas utopías o modelos sociales [18].

Las prácticas de colonización de edificios abandonados o vacíos y la ocupación de solares son la máxima expresión de esta nueva actitud. Intervenciones en forma de huertos urbanos, espacios públicos autogestionados, equipamientos efímeros y actuaciones artísticas sobre vacíos o espacios públicos constituyen el campo de experimentación de una nueva autogestión urbana que ha heredado las prácticas de los movimientos sociales históricos, a las cuales ha añadido las metodologías proactivas de trabajo y la colaboración en red facilitada por las nuevas tecnologías. Estas intervenciones se caracterizan por su espontaneidad, por estar al margen de la planificación urbanística convencional y fuera de la lógica mercantil o económica [19].

En la actualidad la ocupación de solares es una estrategia ciudadana surgida para dar respuesta a la actual situación de obsolescencia y abandono en la que se encuentran algunas zonas urbanas. Estas ocupaciones implican la puesta en marcha de fórmulas transitorias que permiten aprovechar estos espacios para propiciar usos cívicos o de otra naturaleza (artísticos, deportivos, de ocio o culturales, incluso en algunos casos comerciales como los llamados pop-events) donde  desarrollar proyectos temporales comunitarios o individuales [20].

Según la concepción urbana de estos grupos el espacio, donde se forja y se despliega la vida pública de la ciudadanía, es interpretado como una oportunidad para articular proyectos críticos; son los llamados “espacios contestados” [21] o “espacios insurgentes” [22], que permiten captar, aunque de manera fugaz, la fragilidad del proyecto urbano contemporáneo y sus estereotipos.

Tendencias recientes en las prácticas de ocupación de solares

En España la ocupación de solares no es un fenómeno novedoso pero parece haberse incrementado de forma muy importante en los últimos 10 o15 años, en la misma medida en que han ido apareciendo grupos y colectivos urbanos que plantean estrategias urbanas diferentes a las clásicas intervenciones del mercado o del Estado [23]. La evolución que han seguido las ocupaciones en los últimos años, aunque sin patrones estándares, parecen ir en las direcciones que se apuntan a continuación:

a- De ser estrategias aisladas gestionadas por grupos territorializados, han pasado a convertirse en estrategias abiertas y gestionadas en red: pese a la especialización o la inspiración localista de sus experiencias, los nuevos activismos comparten conocimientos, estrategias y acciones con individuos y grupos afines creando amplias y flexibles redes (virtuales y físicas). Ejemplo de ello son iniciativas como: “Arquitecturas colectivas”, la “Red de huertos urbanos de Madrid” o “Plantem-nos”, la red, también de huertos urbanos, de Terrassa, que comparten e intercambian experiencias a través de la red y a través de la organización periódica de algún encuentro. La red es utilizada de forma versátil para procesos de intercambio de experiencias, visibilización de intervenciones, como espacio de denuncia y llamados a intervenciones concretas. Un ejemplo es la plataforma digital del proyecto “Increasis”, impulsada por el colectivo Todoporlapraxis, una plataforma digital que busca compartir información y experiencias sobre prácticas y estrategias para la recuperación del patrimonio inmobiliario (espacios vacíos y solares urbanos) y su reconversión en infraestructuras productivas y autogestionadas por la ciudadanía para establecer un repertorio de herramientas prácticas [24].

b- Los colectivos activistas incorporan, cada vez más, a técnicos, profesionales, intelectuales y artistas (arquitectos, sociólogos, geógrafos, abogados, politólogos, ambientólogos, biólogos, etc.) que comparten (a veces promoviendo o guiando) esa misma estrategia o intervención [25]. Magnífico ejemplo de ello es la experiencia del “Campo de la Cebada”, en el barrio de la Latina, en Madrid, donde los profesionales comparten sus ideas con los vecinos para crear en un solar público vacío, y pese a las pocas expectativas de materialización a medio plazo, un nuevo espacio abierto a la ciudadanía, con usos diversos (huerto urbano, espacio para la realización de reuniones y actividades culturales, etc.), gestionado de forma colectiva y cuyos proyectos se van financiado con el crowdfunding [26].

c- Del diseño de espacios monofuncionales, se ha pasado al diseño de espacios versátiles y multifuncionales que favorecen la experimentación a través de la multiplicidad y la temporalidad de los usos. A diferencia de la visión cerrada y rígida del planeamiento urbano tradicional, las nuevas intervenciones experimentan con los usos a través de la acción procesal. Un ejemplo de ello es la acción “Esta es una plaza”, un proyecto madrileño de autogestión vecinal de un solar, en el barrio de Lavapiés (Doctor Fourquet 24), cedido por el Ayuntamiento en 2010. La cesión se produce por la presión vecinal tras el éxito del taller “Montaje de acciones urbanas”, organizado por La Casa Encendida y el grupo Urbanaccion de Madrid, en 2008, para convertir el solar, que llevaba cerrado más de 30 años, en un espacio público. Hoy, la nueva plaza, gestionada por los vecinos, rebosa de actividades y usos diversos: huerto urbano, zonas de deporte, espacios de trueque, teatro y actividades culturales [27]).

d- Las visiones de estos colectivos son multidisciplinares y sus actuaciones transdisciplinares: muchas de estas intervenciones son difíciles de catalogar tratándose de acciones mixtas que rebosan los límites de las disciplinas tradicionales y en las que intervienen creadores, artistas, técnólogos, profesionales, intelectuales y activistas urbanos. Se trata de intervenciones de compleja clasificación como, por ejemplo, las intervenciones de Urbanacción, Recooperar o Straddle 3, Recetas Urbanas, La Col, Zuloark, Basurama, Encajes urbanos, etc. Incluso desde el mundo del arte se producen intervenciones transdisciplinares como las de la artista Lara Armancegui, representante española en la 55 Bienal de Venecia, para activar vacíos urbanos.

e- Acciones creativas y activismo que ha pasado del discurso/denuncia (movimientos contraculturales, alter-activistas) a la propuesta/acción. Una buena parte de los casos corresponde a acciones procesales. En estas intervenciones la acción y el proceso pasan a ser incluso más importantes que los objetivos o las metas finales. El proceso y la experimentación son la clave para los nuevos colectivos activistas. En el campo del urbanismo se trata de un tipo de acciones que suelen llamarse “urbanismo táctico” o “urbanismo emergente”, al que ya nos hemos referido en un principio [28]. Estas acciones van de las más planificadas, las que se ejecutan de acuerdo con los propietarios del suelo e incluso pactando con la administración local), a los típicos movimientos de ocupación al margen de los mecanismos tradicionales. Como ejemplo de estos últimos tenemos el movimiento de transformación de solares en jardines urbanos: Guerrila Gardening de Madrid [29].

f- Adopción de técnicas participativas clásicas junto con el desarrollo de nuevos métodos que incorporan las facilidades propias del mundo digital. Muchos de los procesos de reactivación de solares empiezan con la técnica de los mapeos colaborativos a través de formatos físicos o a través de plataformas y aplicaciones digitales de denuncia o propuesta (como el mapeo colectivo de “Arregla mi Calle” [30]; fotografías y narrativas a través de Instagram, etc.)

Muchas de las actuales experiencias de ocupación y activación de solares se inspiran en el trabajo realizado a principios de los años 2000 por el arquitecto Santiago Cirugeda (con Recetas urbanas), primero en Sevilla y, después, en otras ciudades españolas [31]. El arquitecto propuso al Ayuntamiento de Sevilla la ocupación de los solares que había en el centro de la ciudad con el fin de darles un uso temporal. El Ayuntamiento disponía de un catálogo que recogía los solares existentes y los que aparecerían gracias a los derribos de edificios deteriorados. Los usos temporales de los solares públicos se irían concretando a través de procesos de participación ciudadana en cada uno de los barrios afectados. Estos vacíos alojarían parques infantiles, espacios lúdicos o deportivos y plazas urbanas. La propuesta de Cirugeda se incorporó al Plan General de Ordenación Urbana de Sevilla, que, en el apartado “Destino provisional de los solares”, prevé el uso temporal de los mismos. Las acciones del grupo Recetas Urbanas se convirtieron en el ejemplo y el motor de otros muchos colectivos y activistas en otras tantas ciudades españolas.

Más adelante, Todo por la Praxis redactaría y difundiría la Guía de activación de solares urbanos, un manual de ocupación que detalla los procedimientos a seguir en los procesos de ocupación: desde la identificación de la propiedad del solar o espacio a través de los instrumentos digitales del catastro, hasta los mecanismos y documentos necesarios para la cesión temporal de los espacios [32]. En una línea parecida, tenemos la propuesta del blog Custodia urbana, impulsada por Jordi Romero y Albert Arias, mediante la cual se trata de establecer una hoja de ruta para los diferentes colectivos urbanos en los procesos de recuperación de solares [33].

El “Campo de la Cebada”, en el barrio de la Latina, en Madrid, es una de las acciones de reactivación de solares autogestionadas por colectivos y vecinos más exitosas y conocidas actualmente en España [34]. Tras una azarosa historia (pues el lugar ha ido albergando diversos usos: un mercado, espacio público, espacio polideportivo), el Ayuntamiento de Madrid propone a través de un concurso (resuelto en 2007) reordenar el espacio, que sería reconstruido y gestionado por operadores privados. Para la ejecución del proyecto se demuele, en 2009, el polideportivo municipal anexado en 1968 al mercado (que es de mediados del XX), generando un gran vacío de 5.500 m2. La llegada de la crisis paraliza la construcción de la dotación prevista. El colectivo Basurama, en la “Noche en Blanco” de 2010, vio en el solar una oportunidad y propuso algunas actividades culturales (cine de verano, escenario musical, talleres y juegos infantiles), con la intención de reactivar el espacio para usos públicos y evitar su privatización. Tras el evento, algunos residentes del barrio, asociaciones diversas de la Latina y colectivos de jóvenes arquitectos se reunieron, bajo el nombre de “El Campo de la Cebada”, con el reto de mantener el uso comunitario del espacio mientras no empezaran las obras y estudiar acciones que conservasen el espíritu creado con la ocupación. Tras intensos debates se redacta un pliego de demandas para negociar con el consistorio, que, finalmente, cede el solar al colectivo en febrero de 2001.

Los programas municipales de activación de solares en Zaragoza, Lleida y Barcelona

Lo curioso es que estas prácticas, que nacieron como iniciativas alternativas o al margen del sistema, estén siendo en los últimos años promovidas desde la propia administración local. En los últimos trece años, las experiencias municipales han sido muy diversas y van desde la inicial permisividad de la Administración local para con la ocupación temporal de solares, como por ejemplo hizo el Ayuntamiento de Sevilla a través de las ordenanzas municipales, a la cesión temporal de los solares para que sean activados por grupos o colectivos urbanos, como el conocido caso en Madrid con el “Campo de la Cebada”. La novedad más reciente, introducida a partir de mediados del 2000, es la creación de programas municipales específicos dirigidos a la activación de solares. Estos programas han sido ya desarrollados por diversos ayuntamientos españoles con objetivos y resultados diferentes; hasta la última iniciativa municipal desarrollada por el Ayuntamiento de Barcelona, el “Pla de Buits”, que supone un paso más en este tipo de políticas al ceder, por completo, el diseño y la gestión de los solares directamente a colectivos urbanos que quieren desarrollar un proyecto específico. Aunque y a continuación tan sólo reseñamos de forma somera las iniciativas de Zaragoza, Lleida y Barcelona, en España se dan hoy en día muchas más iniciativas municipales de este signo: el programa municipal para la recuperación de solares en el Centro Histórico de Huesca (Re-Gen), actuaciones de bajo coste sobre los solares vacíos en el centro de Villena (Alicante) o mociones para favorecer este tipo de procesos en Girona o Paiporta (Valencia), entre otras.

La crisis parece  haber precipitado la emergencia de formas de intervención y activación de capacidades urbanas que hasta ahora tenían poca cabida en las políticas públicas locales. Sin embargo, nosotros sostenemos que el cambio no es solo coyuntural sino que expresa transformaciones estructurales, socioculturales y políticas de mayor calado.

“Esto no es un solar”, programa del Ayuntamiento de Zaragoza

Los programas municipales de intervención sobre solares nacen en Zaragoza con el desarrollo, en 2006, del programa de intervenciones artísticas en el Casco histórico “Los Vacíos Cotidianos”, ideado por los arquitectos Ignacio Grávalos y Patrizia di Monte, en el marco del festival de arte urbano “En la Frontera”. Las intervenciones proponían la utilización de solares vacíos del Centro Histórico de la ciudad, cuyo paulatino abandono contrastaba con el boom que vivían las periferias urbanas en plena expansión inmobiliaria. El éxito de la iniciativa y la presión de los vecinos llevaron al Ayuntamiento a repetir y ampliar la experiencia mediante la creación de un programa específico para la puesta en valor de los solares en algunas áreas del centro de la ciudad. Nació así, en 2009, el programa “Esto no es un solar”, iniciativa promovida por la sociedad municipal Zaragoza Vivienda que, con un presupuesto de 700.000 euros (la mayoría destinados a los sueldos de los 50 trabajadores que ejecutaban las intervenciones), interviene inicialmente sobre 14 solares del Casco histórico. Las actuaciones trataban de dar un uso público temporal a solares vacíos del centro urbano, corrigiendo el déficit en equipamientos y espacios públicos y generando, a la vez, algunos empleos entre parados de larga duración, que se ocupaban de las labores de acondicionamiento. Internet y las redes sociales fueron algunas de las principales herramientas que se utilizaron para llevar a cabo el proceso de participación ciudadana. El equipo de “Esto no es un solar” abrió un blog y utilizó Facebook para propiciar, facilitar y acelerar la participación de los vecinos, tanto en la propuesta del programa como en su gestión, pues con ellos se decidían y se pactaban los usos y el diseño de los espacios.

Las intervenciones del programa “Esto no es un solar” desplegadas en Zaragoza se caracterizan por partir de procesos participativos vecinales, ser actuaciones de bajo coste y alojar usos temporales tan diversos como: juegos infantiles, espacios para reuniones de vecinos, actividades lúdicas y deportivas, jardines y huertos urbanos. Además, a través de la señalética común, se nombran y enumeran los espacios para tratar de establecer una vinculación entre los vacíos del centro, que devienen, de esta forma, un sistema de espacios reactivados en red.

Figura 1a

Figura 1b

Figura 1. Dos intervenciones de “Esto no es un Solar” en el Casco histórico de Zaragoza
Fuente: http://estonoesunsolar.wordpress.com/ (visitado 13/05/2013)

La intención era que, una vez reactivados los espacios, estos fuesen gestionados por las diversas asociaciones y colectivos dispuestos a utilizarlos. Sin embargo, no siempre fue así, hasta el punto de que algunos solares volvieron a cierto proceso de degradación e incluso algunos un total abandono. Tras dos años de programa surgieron voces críticas que denunciaban la falta de mantenimiento y la falta de implicación de las Asociaciones y vecinos en su gestión una vez diseñado el espacio, aspectos que se han tratado de corregir en estos dos últimos años tratando de implicar más a los vecinos y procediendo a la rehabilitación de alguna de las primeras intervenciones. En este sentido se trabaja en un solar en la calle de las Armas que pretende acoger un “Circo Social” impulsado por la Fundación Federico Ozanam y otros colectivos tras la dinámica surgida a través de unos talleres de circo realizados en colegios de la zona.

En 2010 el programa se extendió a toda la ciudad, pasando de una escala de barrio a una escala municipal. Esto permitió llevar a cabo unas intervenciones, a modo de acupuntura urbana, de integración en el paisaje, de definición de áreas de borde urbano e integrando nuevos espacios verdes en los ámbitos de las riberas del Ebro. Se trabajó así sobre otros 14 solares, uno por cada distrito y un total de 32.000 m² se transformaron en parques, áreas de juegos infantiles, áreas deportivas y huertos. Todos los proyectos han sido resultado de la colaboración entre la Oficina Técnica de Sociedad Municipal Zaragoza Vivienda, que acoge el programa “Esto no es un solar”, las Juntas de cada distrito en el que se intervenía, y un total de casi 60 asociaciones. Con ello las últimas intervenciones ya se han extendido al conjunto urbano: Miralbueno, Oliver, Casablanca, el Arrabal, las Delicias y Santa Isabel.

El programa continúa pero con importantes limitaciones presupuestarias. No obstante, la iniciativa, pionera en España, ha ido recibiendo numerosos premios y, lo que es más importante, se ha ido replicando en algunas ciudades españolas aunque con ciertas variaciones.

El programa “Solars Vius” del Ayuntamiento de Lleida

El programa “Solars vius” (Solares vivos) nace a finales de 2011 gracias al Plan de Mejora del Centro Histórico financiado por el Plan de Mejora de Barrios, Áreas Urbanas y Villas que requieren de una atención especial, de la Generalitat de Cataluña (Ley 2/2004, de 4 de junio), en la ciudad de Lleida. El proyecto inicial pretendía dar vida a 20 solares (privados y públicos) del Centro Histórico de la ciudad otorgándoles usos temporales a través de procesos de participación de los vecinos y diversos colectivos. El barrio en el que se actúa es complejo, fuertemente degradado (más del 21 por ciento del parque edificado se encuentra en estado ruinoso y hay unos 40 solares vacíos) y presenta una notable complejidad social pues un volumen importante de su población se encuentra en riesgo de exclusión social (inmigración ilegal, inmigrantes parados de larga duración, débil tejido asociativo, población anciana, etc.) Ello ha dificultado el desarrollo del proyecto, que cuenta, además, con un muy bajo presupuesto y con una escasa repercusión pública, pese a que se abrieron distintos canales digitales (redes sociales, web del ayuntamiento, web del proyecto) para difundir la iniciativa y se realizó diversos actos públicos. El proyecto, inicialmente ambicioso, fue impulsado por una joven arquitecta leridana que ha conseguido hasta el momento reactivar dos solares como espacios públicos. En la primera intervención, realizada sobre una propiedad municipal de 400 m2 en la calle Alsamora-Galera, tras un proceso de participación vecinal (20 asociaciones y colectivos del barrio), se decide instalar un cine al aire libre (con gradas, pantalla en una medianera y proyector en la del frente) y un espacio de petanca y juegos infantiles; finalmente, se realizó también una intervención consistente en la confección de un mural-graffiti en una de las medianeras laterales del solar. La actuación se desarrolló en tan sólo 6 meses inaugurándose el verano de 2012. No obstante, hoy en día se detecta en ella un cierto abandono.

La segunda intervención se realizó con la participación de grupos de jóvenes del barrio y otros jóvenes catalanes que participaban en un taller de verano. Tras la limpieza y puesta a punto del solar, se incorporaron elementos para el deporte urbano y juegos infantiles con el objetivo de recuperar el espacio para su uso público.

Figura 2. Intervenciones en solares del Centro Histórico de Lleida a través del programa municipal “Solars Vius”
Fuente: solarsvius.wordpress.com/

Ambas intervenciones han conseguido el acondicionamiento y la incorporación de dos solares vallados al tejido de espacios públicos del Centro Histórico. Sin embargo, no han logrado convertirse en un verdadero motor de cambio al no conseguir la implicación ni de los vecinos del barrio ni del propio consistorio municipal. En la actualidad el programa trata de implicar colectivos de estudiantes y jóvenes universitarios en la recuperación de otro solar a través de talleres y visitas.

El programa “Pla de Buits” del Ayuntamiento de Barcelona

El Ayuntamiento de Barcelona impulsa en 2012 la iniciativa “Pla de Buits” (Plan de Vacíos) con implicación social y territorial, que pretende favorecer la implicación de la sociedad civil en la definición, proceso de transformación y gestión de una veintena de solares vacíos de titularidad municipal para dinamizarlos e integrarlos en la ciudad.

El “Pla de Buits” de Barcelona, a través de la figura del concurso (bases aprobadas el 31 de octubre de 2012), se dirige a entidades públicas y privadas sin ánimo de lucro capaces de desarrollar una propuesta de uso y/o una actividad de interés y una gestión temporal, de un año (prorrogable hasta tres), en veinte solares de titularidad municipal en los diez distritos de la ciudad. Los espacios se seleccionaron, según consta en las bases, de acuerdo con las necesidades del territorio y atendiendo a la falta de previsión de su desarrollo, ya fuera por sus características urbanísticas o por el contexto de crisis económica. El documento de las bases apunta que el programa tiene la finalidad de regenerar el tejido urbano e inducir o apoyar el dinamismo social en los barrios, por lo que en la selección de proyectos se tendría en cuenta la capacidad de dinamización tanto física como sociocomunitaria de cada propuesta.

http://w110.bcn.cat/HabitatUrba/Continguts/Multimedies/PlaBUITS/Recurs/UbicacioSolars2.jpg

Figura 3. Localización de los solares objeto del concurso “Pla de Buits” del Ayuntamiento de Barcelona
Fuente: http://w110.bcn.cat/portal/site/HabitatUrba/ (consulta 15/05/2013)

Las iniciativas fueron evaluadas y seleccionadas por una comisión que tomó en cuenta la flexibilidad del programa, su carácter efímero, la capacidad de autogestión del colectivo para mantener en buen estado la intervención acometida y que el impacto y el rendimiento social de las propuestas fuera positivo para la ciudad. El 29 de abril de 2012, tras la evaluación de las 42 propuestas presentadas, la comisión  propuso, finalmente, la cesión de 14 solares a diversas entidades, quedando 5 emplazamientos sin cubrir o desiertos. El uso mayoritario al que se van a destinar los solares es el de huertos urbanos, algunos asociados a propuestas de integración comunitaria y economía social (cesión de la producción a colectivos necesitados o a comedores sociales). Otros usos contemplados en los proyectos ganadores fueron: actividades deportivas, espacios lúdicos y educativos para jóvenes o niños y actividades artísticas.

El Ayuntamiento se encargó del acondicionamiento de los solares durante el verano de 2013 que fueron finalmente entregados a los colectivos a mediados de noviembre de ese año para el desarrollo de las diferentes propuestas. Éstos van a disponer de tres años para desarrollar sus propuestas.

Uno de los solares implicados en el Pla de Buits, solar de Germanetes, se encuentra situado en la confluencia de las calles Consell de Cent y Borrell en Barcelona. Se trata de parte de un gran solar, con una superficie de 580 m2 sobre unos 5500 m2 en total, largamente reivindicado por las asociaciones de vecinos y movimientos educativos del barrio en una zona que arrastra un notable déficit de equipamientos públicos. El solar, antiguamente un convento de finales del siglo XIX, fue comprado por el Hospital Clínico para proceder a su ampliación. En 2006 pasó a ser permutado por otro solar con el Ayuntamiento de Barcelona que se convirtió así en su nuevo propietario. El Ayuntamiento aprobó un Plan especial de reordenación en 2010 para la construcción de varios equipamientos educativos, viviendas tuteladas, un equipamiento para la los mayores, viviendas de alquiler para los jóvenes y un bloque de viviendas de iniciativa privada. En la actualidad tan sólo se ha construido el bloque de viviendas de iniciativa privada. Tras numerosas acciones y reivindicaciones vecinales durante los años 2000, nace después del 15 M una agrupación de vecinos y activistas llamada Recreant Cruïlles, como grupo autónomo de la asamblea de la Asociación de Vecinos del lado izquierdo del ensanche de Barcelona, para emprender un proyecto de autogestión que pretende convertir el solar en un espacio publico autogestionado al servicio de los vecinos del barrio. Los vecinos y el grupo continúan reclamando los equipamientos educativos comprometidos pero proponen, por el momento, usos provisionales y alternativos que presentaron como proyecto al concurso municipal de “Pla de Barris”.

Los ejes de la propuesta presentada son: la creación de un huerto urbano, actividades de ámbito social (talleres, seminarios, encuentros, etc.), el desarrollo de actividades relacionadas con la preservación del  medio ambiente y un espacio de creación artística [35]. Aunque también se prevé implantar un pequeño espacio para el intercambio de libros, un punto de encuentro social y una ludoteca. Hasta el momento el grupo se ha centrado en las tareas de creación del huerto urbano. La centralidad del solar, la proximidad con varios equipamientos escolares y su relación con los interiores de manzana circundantes hacen de este espacio un perfecto laboratorio de acción vecinal que el grupo Recreant Cruïlles pretende impulsar con la intervención.

Conclusiones

El modelo de urbanismo y planificación urbanística al uso, diseñado para funcionar en contextos de crecimiento económico y a través de la lógica de los grandes proyectos y eventos, empieza a mostrarse inadecuado pues no guarda relación con los recientes cambios socioculturales ni con el momento actual de estancamiento y crisis económica que parece más sistémica que coyuntural. En este contexto de cambio y de crisis de las estructuras políticas tradicionales diversos colectivos urbanos han ido desarrollando al margen del mercado y al margen de las políticas públicas tradicionales acciones de activación de solares y vacíos urbanos. Algunas de estas intervenciones que, en principio, se veían como alternativas o como soluciones a corto plazo han ido demostrado su capacidad para redinamizar vacíos urbanos apostando por una nueva forma de producir el espacio urbano de forma colectiva y con lógicas de interés social al margen de las lógicas de mercado. Las actuaciones se desarrollan generalmente de la mano de colectivos urbanos, activistas, incluso pequeñas fundaciones o asociaciones ligadas a la industria creativa o sociocultural, que transforman estos espacios para dedicarlos, de forma temporal, a usos colectivos la mayoría de interés social.

El urbanismo actual, acuciado por la crisis económica, empieza a ser permeable a estas prácticas de ocupación y activación de solares por parte de colectivos urbanos, intervenciones que hace tan solo unos años podían considerarse “a contracorriente”, “alternativas” o que, simplemente, no tenían cabida en los procesos más formales de producción del espacio urbano.

Más allá del éxito que pueda tener el desarrollo reciente de programas y acciones municipales destinadas a la recuperación y activación de solares, su aparición parece apuntar a un cambio de tendencia del urbanismo. Con un modelo agotado y en plena crisis económica, la política local urbanística parece experimentar con procesos más flexibles, con la temporalidad de los usos y con mecanismos de participación y gestión ciudadana directa de los vacios urbanos.

En el texto se relata cómo el papel de la Administración local ha ido cambiando desde una actitud inicial más bien expectante y permisiva, hasta el compromiso que actualmente adquiere para promover la reactivación de solares a través de la confección de programas específicos con la perspectiva de planificación y gestión directa por parte de colectivos urbanos (bottom up). Los programas de activación de solares que hemos analizado muestran importantes diferencias entre ellos, especialmente notables por lo que se refiere al papel que juegan los colectivos ciudadanos en los diferentes momentos del proceso de activación: el diseño, la ejecución y, especialmente, la gestión del proyecto. Respecto a esta cuestión, cabe decir que el reciente “Pla de Buits” del Ayuntamiento de Barcelona es el que otorga una mayor autonomía a los colectivos, ya que éstos desarrollan sus proyectos en todas las fases, incluida la gestión de usos y acciones en el solar a través de la fórmula de la cesión temporal de algunos solares de titularidad pública.

Estos programas de recuperación de solares suscitan hoy en día más interrogantes que respuestas: ¿están estas propuestas municipales de apropiación temporal del espacio por parte de colectivos condenadas a rellenar vacíos hasta que se generen intereses económicos o cambie de nuevo el ciclo económico?, ¿son estos programas la mejor vía para canalizar la nueva sensibilidad de muchos colectivos sobre los procesos de producción del espacio urbano?, ¿resistirán los proyectos creativos y la autogestión de los colectivos la presión administrativa y la normativización que caracteriza al ente público? Es pronto para saberlo, sin embargo, por lo que podemos observar, es evidente que las tácticas y los métodos del llamado “urbanismo táctico”, más allá de nombres o de modas, llegan con la intención de quedarse e influyen incluso en los procesos más formales de producción del espacio urbano.

 

Notas

[1]Ver Lévy, 2004 y Castells et al., 2012.

[2]Ver Sennet, 2013.

[3]Ver Subirats, 2011.

[4]“…the crisis is not solely financial or even economic in a broader sense of the term, its primary sources possibly lie elsewhere in general cultural, social, and political dynamics. In the resort, the crisis must be set in the overall context of changes at the global level” (Wieviorka, 2012, p.91).

[5]Tal y como apuntan Castells et al, 2012, p.58.

[6]Ver Subirats, 2011.

[7]En Freire, 2009.

[8]Ver Borja, 2003.

[9]Sobre el urbanismo emergente o táctico ver DPR-Barcelona, 2011.

[10]Ver Lydon, 2010.

[11]El advocacy planning es una práctica urbanística de carácter colaborativo y participativo en la que uno o más técnicos se ponen a disposición de una organización, colectivo o grupo de personas con objetivos comunes para ayudar a resolver un conflicto urbanístico ante la Administración Pública u otros promotores. Ver al respecto Arias y Martí-Costa, 2013.

[12]Urban planning has always moves in the field of tension between planned and unplanned development, with informal for the most part prevailing over formal processes”, Bishop y Williams, 2012, p.6. Sobre la cuestión ver también Oswalt et al., 2013

[13]Podemos pensar en las múltiples formas en que la ciudad contesta como un tipo de urbanismo de código abierto: la ciudad parcialmente hecha a través de un gran número de intervenciones y pequeños cambios desde el principio. Cada una de estas múltiples pequeñas intervenciones puede no parecer mucho, pero en conjunto le dan un significado adicional a la noción de lo incompleto de las ciudades y este estado inconcluso brinda a las ciudades de: larga vida, flexibilidad y capacidad para mutar”, en Sassen, 2011.

[14]Ver Freire, 2009.

[15]Ver Oswalt et al., 2013; Bishop y Williams, 2012.

[16]Al respecto ver Fernández, 2012.

[17]Ver Castells, 1983, p. 432.

[18]Ver Bishop y Williams, 2012.

[19]Ver Oswalt et al., 2013, p. 12.

[20]Ver Albors, J., 2010.

[21]Como apuntan Low y Lawrence-Zúñiga, 2003.

[22]Como describe Hou, 2010..

[23]Ver Castells et al., 2012. 

[24]Ver sobre el proyecto: www.increasis.org.

[25]Ver Arias y Martí-Costa, 2013.

[26]Ver al respecto http://elcampodecebada.org/

[27]Ver al respecto, estaesunaplaza.blogspot.com.es/. 

[28]Como ya se destaca en Freire, 2008 y DPR-Barcelona, 2011.

[29]Ver la web http://guerrillagardeningmadrid.blogspot.com.es/.

[30]Ver http://www.arreglamicalle.com.

[31]Ver Cirugeda, 2007.

[32]Ver Todo por la Praxis, 2012.

[33]Ver http://custodiaurbana.wordpress.com.

[34]Ver sobre la experiencia del Campo de la Cebada: http://elcampodecebada.org/.

[35]Ver Recreant Cruïlles, 2012.

 

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© Copyright Carmen Bellet Sanfeliu, 2014.
© Copyright Biblio3W, 2014.

 

Ficha bibliográfica:

BELLET SANFELIU, Carmen. La activación de solares urbanos: de práctica alternativa a objeto de programas municipales. Biblio 3W. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales. [En línea]. Barcelona: Universidad de Barcelona, 15 de enero de 2014, Vol. XIX, nº 1058. <http://www.ub.es/geocrit/b3w-1058.htm>. [ISSN 1138-9796].