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UNIVERSIDAD DE BARCELONA
ISSN:  0210-0754
Depósito Legal: B. 9.348-1976
Año VIII.   Número: 47
Septiembre de 1983

PERSPECTIVAS ACTUALES DEL POSIBILlSMO: DE VIDAL DE LA BLACHE A LA CIENCIA CONTEMPORANEA

Vincent Berdoulay


Nota sobre el autor

El Prof. Vincent Berdoulay nació en Nemours (hoy Ghazaouet), Argelia. en 1947. Realizó sus estudios en la universidad de Burdeos, donde obtuvo la Iloe;nciatura en Historia y Geografía (1967) Y la M!iitrisse; en Geografía (1970). En 1974 alcanzó el doctorado en la universidad de California, Berkeley, con una tesrs sobre la formación de la escuela francesa de geografía a fines del siglo XIX. Ha sido encargado de curso en la universidad de París XII (1973-74), visitante postdoctoral en la Ohio State University (1974-75) y desde 1975 es profesor agregado en la universidad de Ottawa, habiendo ocasionalmente enseñado también en las de Sherbrooke y Montreal. Es miembro del comlté de orientaclón de la revista «Cahiers de Géographie du Ouebec». Sus principales temas de interés, desde el punto de vista de la investigación, son la historia y epistemología de la geografía, la geografía social y cultural, y los problemas de percepcrón y representación del medio ambiente.

Entre sus principales publicaciones pueden citarse las siguientes:

Perspectives bayésiennes en géographie, «L'Espace Géographique», París, vol. 2, nº 4, 1973, págs.303-312; y 3, nº 3, 1974, pág. 178.

French possibilism as a form of Neo-kantian philosophy, «Proceedings of the Association of American Geographers», vol. 8, 1976, págs. 176-179.

Louis-Auguste Himly (1823-1906), en Geographers: Bibliographical Stories, vol. 1, 1977, págs. 43-47.

The Vidal-Durkheim debate, en LEY, D. y SAMUELS, M. (Eds.): Humanistic Geography. Prospects and problems, Chicago, Maaroufa Press, 1.978, págs. 77-90.

Notes sur les idéologies comme objet d'études géographiques, «Notes de Recherches», Département de Géographie, Universidad de Ottawa, 1979.

Professionalisation et institutionalisation de la géographie, «Organon», Varsovia, vol. 14, 1980, págs. 149-156.

The contextual approach, en STODDART, D. R. (Ed.): Geography, ideology and social concern, Oxford, Basil Blackwell, 1981, págs.8-16.

La formation de l'école francaise de géographie (1870-1914), París, Bibliotheque Nationale (Comité des Travaux Historiques et Scientifiques, Section de Géographie, vol. XI), 1981, 245 págs.

La métaphore organiciste. Contribution a l'étude du langage des géographes, «Annales de Géographie», París, vol. 91, nº 507, 1982, págs. 573-586.

Ambiance, structure et stratégie: Recherche sur I'appreciation du paysage forestier par les campeurs, «Géographe Canadien», vol. 26, nº 2, 1982, páginas 93-100 (en colaboración con M. Phipps y G. Poulin).

En la actualidad, aprovechando su año sabático, prepara una obra sobre epistemología de la geografía, en relación con la cual se encuentra el trabajo que hoy publicamos en «Geo-Crítica».
 

El traductor

La traducción de este texto ha sido realizada por Jordi Martí Henneberg, Licenciado en Geografía por la Universidad de Barcelona y colaborador de «Geo-Crítica», en dónde ha publicado un trabajo sobre Huguet del Villar («Geo-Crítica» nº 45) así como la edición de la Geo-Edafología del mismo autor («Geo-Crítica» Textos de Apoyo- nº 2).


Las páginas que siguen (*) intentan demostrar que el posibilismo no es reducible, como se hace a menudo, a una simple reacción antiambientalista, limitándose a negar el determinismo del medio ambiente sobre la sociedad. No es tampoco un «probabilismo», que al fin y al cabo no es más que una versión atenuada del ambientalismo. El posibilismo concebido 'por Paul Vidal de la Blache y sus principa'les discípulos antes de la primera guerra mundial, constituye, en el fondo una verdadera teoría general de las relaciones entre el hombre y la naturaleza como vamos a intentar demostrar. Su aportación fundamental a la ciencia ha sido suministrar el medio para superar la alternativa, o enfrentamiento positivista entre un determinismo basado en la naturaleza y otro basado en la sociedad, es decir entre el determinismo ambiental y lo que nosotros hemos llamado posibilismo radical. La valoración de lo que aportan los escritos «vidalianos» (es decir, aquí, de Vidal y de sus principales discípulos directos) a una teoría general de las relaciones hombre-medio, se confrontará con la evolución reciente de las ideas científicas cercanas a este proyecto de investigación.
 

l. EL POSIBILISMO VIDALIANO

Vamos a comprobar cómo integró el posibilismo las ideas que se pro- pagaron durante el siglo XIX, en una síntesis que respondía a las preocupaciones evolucionistas de la época. Corresponde de hecho a una interpretación original -de fuente neo-kantiana- del evolucionismo(1).
 

Los principales elementos

Los elementos esenciales no eran todos nuevos, sino que se desarrollaron durante el siglo XIX. Dos de entre ellos merecen ser subrayados. Por una parte, la libertad humana frente a la naturaleza había sido glorificada por numerosos autores, especialmente después de Michelet. Pero lo importante era que el punto de vista consistía en demostrar cómo esta libertad era el resultado de la iniciativa humana, señalando al mismo tiempo la influencia de los condicionamientos geográficos. Por otra parte, se valora el estudio del hombre como agente geográfico, como modificador de la naturaleza. Esta acción podía ser accidental, como en el caso de la erosión que sigue a la desforestación, o intencionada, como en el caso de los polders o la reforestación. A menudo se ejercía por medio de animales o vegetales cuya distribución estaba por otra parte, se decía, fuertemente influida por el hombre. Se empezó también a resaltar la explotación destructiva que el hombre podía hacer de los recursos.

A este material se añadieron nuevas aproximaciones al estudio de la naturaleza y la sociedad. Se acostumbró a ser más sensible a las interdependencias entre los fenómenos sociales o naturales. La noción de medio se elabora gracias a la sensibilidad artística y literaria, por ejemplo a través de los trabajos de Bernardin de Saint-Pierre, Goethe, Chateaubriand o Balzac. En este último, el estudio del medio social adopta una importancia considerable en la explicación del desarrollo de la acción. Así como las ciencias naturales de la época se desarrollaban por especialización y compartimentación de la naturaleza, la noción de medio, a pesar de la aportación de Humboldt, se elaboró principalmente de forma independiente a ellas, hasta que el evolucionismo las influyó. Se conoce el uso que hizo de ellas Darwin, atribuyendo al medio la causa de la selección natural. Haeckel popularizó la interpretación institucionalizando el papel del medio en la vida de los organismos, para la cual formó el término ecología(2). Se estaba elaborando un punto de vista global sobre la naturaleza, otorgando especial atención a las interdependencias y a los factores de equilibrio en la naturaleza. Ya que la noción de ecosistema, herramienta metodológica, no fue elaborada hasta más tarde, estos estudios conservaron un carácter especulativo del que durante mucho tiempo no se pudieron librar. Dominaba la idea del todo, de conexión, de Zusammenhang que la sensibilidad romántica había avivado, y que la metáfora organicista intentaba expresar para guiar los trabajos de investigación(3).

El romanticismo había favorecido también el auge de la idea del desarrollo. En él, esta concepción se generaliza antes, y especialmente de forma independiente a las ciencias naturales. La filosofía y la historia insisten en la idea antimecanicista del proceso, del cambio irreversible. El punto de vista histórico influye, por otra parte, a todas las ciencias sociales en Alemania. Hegel y su concepción dialéctica de la historia, Comte y su «Ley de los tres estados». Spencer y su analogía entre el crecimiento de la sociedad y el de un organismo, simbolizan acertadamente esta filosofía evolucionista, que tiene poco en cuenta la diversidad de los lugares y de las civilizaciones. Sólo en Alemania, con Karl Ritter, se aprecia un intento de buscar en la geografía una de las claves para la comprensión del progreso de la humanidad. Pero el proyecto, por otra parte inacabado, era difícilmente realizable, ya que Ritter no disponía de una noción compleja del medio (es decir biótica) y se centraba en la forma general de la superficie terrestre (por ejemplo: la forma de los continentes, las costas más o menos accidentadas).
 

Crítica del evolucionismo unilineal o estrechamente darwinista

Dentro de las ciencias naturales fue en geomorfología donde se introdujo muy pronto una cierta visión evolucionista. Se trata de la concepción uniformista (o actualista) que se oponía, especialmente en los países protestantes, a la idea catastrofista sobre la génesis de la configuración de la superficie terrestre(4). Esta segunda tendencia se esforzaba en explicar las formas según catástrofes considerables, ya que la edad de la tierra no podía superar algunos millares de años según el estudio literal de la Biblia. Por el contrario, la teoría uniformista formulada por Hutton desde fines del siglo XVIII. y defendida a continuación por otros escoceses (Playfair, Lyell)  atribuía a los procesos de erosión existentes lo esencial de las formas terrestres. Con esta finalidad, la edad de la tierra se fue retrasando en el tiempo para permitir el cumplimiento de la obra de estos procesos. Esta concepción ganó progresivamente terreno en los amobientes científicos del siglo XIX, pero tuvo que reconocer la existencia en el pasado de procesos más importantes que en la actualidad, especialmente cuando Jean Charpentier y Louis Agassiz demostraron la importancia de la acción de los glaciares. Este evolucionismo tuvo escasa incidencia di- recta en la formulación de las relaciones hombre-medio, excepto en lo que se refiere al cuadro temporal; considerablemente ampliado, que éste les otorgaba, y en su contribución a la comprensión del medio. Sus ideas fueron recogidas más tarde por Davis  según el cual el «ciclo de erosión» (ciclo geomórfico) reposa en una analogía orgánica para descubrir las fases de evolución del relieve (juventud, madurez, senectud). Pero su concepción de las relaciones hombre-medio, proviene del evolucionismo darwiniano, en el sentido de que la geografía estudiaba, según Davis, las relaciones de la sociedad con las particularidades del medio ambiente.

En efecto, la filosofía evolucionista, imbuida de historia y desarrollada durante la primera mitad del siglo XIX, tenía un carácter unilineal. La evolución social se verifica según varios estadios que se van sucediendo sucesivamente unos a otros. Tal como el método comparativo que- ría demostrar, todas las sociedades pasan por los mismos estadios, y las diferencias observables actualmente se deben al retraso de ciertas civilizaciones en esta serie evolutiva. Ello se cumple igualmente en toda sociedad, sea cual sea su medio ambiente. Este evolucionismo lineal, tan característico en Comte, Hegel, más tarde en Morgan, y en cierta medida en Marx y Engels, no tiene necesidad de la noción de medio para dar cuenta de la evolución de las sociedades. Por tanto, es precisamente aquí donde reside la influencia del pensamiento darwinista. Constatando la diversidad de la evolución de diversas especies en medios diferentes, Darwin desechó la idea de una evolución unilineal. Atribuía la causa a los medios a través de las cuales se ejerce la selección natural. El estudio de los medios facilita, pues, la clave de la evolución diversa de las especies.

Se siguió poco después el mismo razonamiento para intentar explicar las grandes diferencias entre civilizaciones, que se observaban desde antiguo. Se podía atribuir a la diversidad de los medios terrestres. La geografía resulta entonces indispensable para explicar la sociedad(5). El material (los hechos») utilizados son los mismos; es el sistema de explicación el que cambia, pasando de los retrasos en la serie de estadios que atraviesa toda sociedad, al papel diferenciador del medio. La geografía de la época aparece, pues, como una amplia crítica al evolucionismo unilineal y como un proyecto de explicación de la diversidad de manifestaciones sociales según los medios en que se encuentran. Por tanto, resulta lógico que Ratzel, conocedor del pensamiento naturalista y evolucionista, rehabilitara a Ritter a los ojos de sus contemporáneos. Por la misma razón, los geógrafos de otros países «redescubrirán» a Ritter, que será entonces reconocido como uno de los padres fundadores de la geografía humana(6).

Este término designaba en francés más bien una concepción global de la geografía, que una de sus ramas, ya que entonces se empezó a tener conciencia de que el conocimiento de las formas de la sociedad pasaba por el estudio de los entornos naturales. Como investigación con finalidad social, la geografía humana reposaba en la geografía física como medio. Se comprende entonces porqué los fundadores de la geografía humana in- tentaban promover la geografía física, dos orientaciones según ellos inseparables. El estudio regional se hizo indispensable para comprender la diversidad de los ambientes y su influencia sobre los hombres que viven de él.

Es en este punto donde el posibilismo debió afirmarse. En efecto, la seducción que ofrecía el determinismo del medio ambiente, era más fuerte en ciertos autores. Defendían la idea que a cada medio le correspondfa una forma particular de sociedad, estando esta última enteramente determinada por la primera. El posibilismo se alejó, pues  de esta interpretación estrechamente inspirada en el esquema darwiniano. Lo lograron valorizando la iniciativa y la libertad humana tal como se refleja en las formas de civilización. Los estudios sobre las emigraciones de los pueblos mostraban cómo los rasgos de la civilización se pueden difundir por medios diferentes de los que los habían originado. Ciertos trabajos de Ratzel demuestran ya su importancia geográfica(7). Vidal y sus discípulos profundizarán en este tema, generalizándolo gracias a la noción de modo de vida(8). Verdadero sistema socio-ecológico, el modo de vida debe ser elaborado en un medio particular, pero puede ser exportado íntegramente a otros. La adaptación se verifica entonces en doble sentido. El modo de vida es pues una forma de adaptación al medio, pero a su vez éste también sufre una transformación debido a la acción humana. Gracias a las facilidades que ofrece la naturaleza, el hombre escoge según sus valores y herencia cultural. Este no es un posibilismo radical, ya que por una parte la naturaleza presenta verdaderas dificultades y, por otra parte, el hombre reacciona en función de sus propias estructuras mentales que orientan la manera como va a insertarse en el tejido complejo del medio natural.

El posibilismo es, en definitiva, una problemática de la interacción hombre-naturaleza más que la investigación de un determinismo unilateral de una entidad sobre la otra. La iniciativa humana no se realiza más que en y para la naturaleza. El hombre saca partido de las ventajas que le ofrecen los medios para construir formas de civilización. Modos  de vida y paisajes humanizados, intentando que respondan a sus propios objetivos. La adaptación del hombre a su medio no es, pues, pasiva sino activa, o más bien creativa(9). Por lo tanto, como estos objetivos presentan cierta unidad, observable en sus realizaciones diversas en la superficie terrestre, el posibilismo va a adoptar la idea de la unidad del hombre y de la universalidad de su espíritu. Ello plantea cuestiones de orden filosófico, a las que seguidamente haremos mención.
 

La base neokantiana

Como ya hemos intentado mostrar(10), el posibilismo debe su fuerza y coherencia a la orientación neokantiana adoptada por el pensamiento de Vida! y sus discípulos. Es esta posición filosófica la que les permite evitar la alternativa metodológica entre el determinismo del medio ambiente y el posibilismo radical. Los autores en que la concepción de las relaciones hombre-medio no era ambientalista llegaron, por la dinámica seguida, a valorar el determinismo de la naturaleza sobre el hombre. Cayeron en lo que se puede llamar la trampa de las leyes. En efecto, para un autor in- buido del modelo positivista de explicación, ¿cómo explicar los lazos entre el hombre y la naturaleza sin introducir las leyes universales, y en definitiva un determinismo? E1 defecto determinista de base medio-ambiental, surgió en seguida, dada la investigación inmediata de las leyes generales que deben permitir la caracterización de la relación hombre-medio.

El positivismo sustentaba pues al darwinismo, reforzando una interpretación determinista de la acción del medio en la sociedad. Esta asociación de dos grandes corrientes de pensamiento, tenía entonces un alcance explícitamente filosófico, conscientemente o no, a nivel metodológico. Un buen ejemplo nos viene dado por los autores relacionados con la revista La Science Socia/e, como de Tourville o Desmolins, en los que la filosofía general, profundamente católica, es escasamente determinista, pero la metodología positivista les condujo por tanto a resultados claramente marcados por el determinismo medio-ambiental. La única orientación posible para un positivista es entonces invertir la dirección de este determinismo de origen metodológico, es decir, realizar el estudio de la influencia del hombre sobre la naturaleza. Se llegó, pues, al estudio de la simple proyección de la sociedad en su medio, tratando a este último como una entidad pasiva, sin organización propia. La división entre geografía física y geografía humana estaba, pues, consumada. Los que se refugiaron en una filosofía radicalmente antipositivista, no resolvieron con ello el problema. Tanto bajo la influencia de la concepción de los Geiteswissenchaften en Alemania o del espiritualismo francés, se vuelve a caer en la misma orientación que consiste en no considerar la naturaleza más que como un simple receptáculo de la acción humana, y mantener la división entre geografía física y geografía humana.

La orientación neokantiana aportó, por el contrario, un esquema general, conceptualizador de las relaciones hombre-naturaleza, al mismo tiempo que un método de aproximación, evitando las trampas metodológicas que acabamos de mencionar. El neokantismo renovaba, de hecho, la tesis central de Kant, según la cual el espíritu humano toma parte activa en el conocimiento. A partir de aquí, intentaron saber cómo se armonizaban los datos de la experiencia y la capacidad del espíritu humano para concelptualizarlos. Contra el empirismo y positivismo que se les atribuía, los neokantianos afirmaron que el conocimiento, incluso empírico, no es una simple reproducción de los objetos, sino su elaboración por parte del espíritu humano. Esta tendencia idealista, no era exacerbada en el sentido que en su mayor parte no negaban la realidad de las cosas -por tanto incognoscibles en ellas mismas- y consideraban que era la experiencia la que otorgaba al conocimiento todo este contenido. El resultado fue que los objetos de conocimiento no se oponían al sujeto, en la misma medida en que ellos mismos eran, en parte, un producto del sujeto.

Se comprende entonces el partido que sacaron los vidalianos  de esta orientación en el estudio de las relaciones hombre-medio. En este sentido, se resistían a oponer estos dos términos, aunque sin considerar pasivo a ninguno de ellos. Se veía en el hombre un colaborador de la naturaleza, en la medida en que él no alcanzaba sus designios más que por medio de ella. Pero son estos designios, y su puesta en práctica lo que refleja por otra parte la gran unidad del espíritu humano, que guía la acción humana en el seno de la naturaleza. La elección que hace entre las diversas posibilidades presentes en su medio, y las estrategias socio-ecológicas que elabora, no implican el que su libertad sea total. En realidad, esta libertad se revela en la creatividad que tiene el hombre para acomodar los datos de su experiencia en sus esquemas interpretativos, tal y como los hereda de su cultura, que por otra parte puede modificar lentamente. Estos es- quemas no están pues presentes a priori, y se debe buscar en este posibilismo un determinismo cultural, ya que éste último fomentaría una concepción pasiva del medio. Los vidalianos subrayaron también que la acción creativa del hombre se revela cuando éste pone en relación diversos elementos de la naturaleza, hasta entonces dispersos. Esta acción provoca, pues, la aparición de nuevas organizaciones en la superficie terrestre, firmes testimonios de su poder para otorgar orden a los datos empíricos de su experiencia.

Este apoyo neokantiano a la elaboración del posibilismo vidaliano, es tanto más importante en cuanto que le aportó un enfoque científico apropiado, es decir, evitando los callejones sin salida a que conducía el positivismo. Sin entrar en detalles, hay que recordar que el convencionalismo -filosofía de inspiración neokantiana, elaborada entonces- permitió a los vidalianos recurrir libremente a la utilización de «principios» para conducir sus investigaciones. Entre ellos se encontraba, en primer lugar, la idea de la unidad terrestre, verdadera convención producida por el espíritu huma- no, pero lejos del control de la experiencia. Humboldt, cuyas concepciones científicas estaban también inspiradas en Kant, ¿no decía ya que el geógrafo debía ante todo persuadirse de la unidad del mundo?(11) En su Intento de despejar la «perspectiva especial» y los «puntos de vista» que «el espíritu geográfico» debía poner en escena, Vidal no buscaba más que precisar el método de estudio que toda ciencia -especialmente según los neokantianos- necesita para consolidar su autonomía. Se separó aún más del positivismo, reconociendo la existencia de hechos contingentes y esforzándose en integrarlos en los análisis. Se apoyó especialmente en la forma de contingencia que constituye la «individualidad», es decir, el resultado relativamente estable de la intersección de series causales independientes. Este era principalmente el medio de conceptualizar las organizaciones geográficas creadas por el hombre, el cual estaba en el origen de los encadenamientos que, desarrollándose en y por la naturaleza, eran perfectamente conceptualizables según el determinismo científico. La atención se centró en revelar las series causales de fenómenos, más que en la búsqueda de leyes generales como hacían los positivistas.

En este breve repaso de la orientación neokantiana de los vidalianos y su interés por la contingencia y la búsqueda de un nuevo modelo explicativo, resalta claramente la novedad del posibilismo no solo como filosofía sino también como método de investigación de las relaciones hombre-naturaleza. Si se inició enmarcado en el evolucionismo, se separó claramente de él con su crítica de las concepciones unilineales, pero especialmente por la distancia que mantuvo en relación al paradigma darwinista aplicado a los hechos sociales. El posibilismo vidaliano aporta, pues, un replanteamiento de los esquemas dominantes del darwinismo, en lo que hace referencia a las relaciones del hombre con la naturaleza. Los geógrafos no han tomado en cuenta estas aportaciones del posibilismo vidaliano, estereotipándolo en «probabilismo» o en posibilismo radical. ¿Quizás ocurrió esto porque la referencia neokantiana ha sido olvidada a causa de los cambios socio-ideológicos que ha conocido Occidente? En definitiva,  no nos ha parecido inútil recordar estas bases epistemológicas, para despejar mejor la originalidad y el alcance de esta propuesta para el estudio de las relaciones hombre-naturaleza. A partir de ahora se pueden examinar mejor los posibles desarrollos a la luz de los recientes avances científicos.
 

II. HACIA UNA RENOVACION DEL POSIBILlSMO

Mientras que el posibilismo vidaliano se estancó al abandonar sus bases epistemológicas, ciertos geógrafos o escuelas con8tituyeron una profundización en algunos aspectos de esta teoría general legada por Vidal de la Blache y sus principales discípulos. No sólo algunos aspectos del posibilismo vidaliano fueron, en cierto modo, objeto de desarrollo, sino que también la aparición de nuevas herramientas conceptuales y metodológicas constituyen los gérmenes del mejoramiento en la estructuración de esta teoría general. Estos dos tipos de contribuciones recientes, van a ser examinadas a continuación.
 

Convergencias recientes

Las convergencias más notables están, por lo general, relacionadas con las investigaciones llamadas estructuralistas. Entre ellas, la más globalizádora es probablemente la de Piaget y su escuel(12). El constructivismo de que hacen gala puede, en efecto, llevar consigo un intento de solución epistemológica del estudio de las relaciones entre el hombre y su medio ambiente, incluso si lo esencial de la investigación empírica se ha centrado en el desarrollo de la inteligencia infantil. Piaget se interesó muy pronto por la importancia que se debía otorgar al medio en la evolución de los organismos. Su pensamiento no ha dejado de esforzarse en abalizar una vía distinta entre el mentalismo y el behaviorismo en psicología, entre el empirismo y el idealismo en filosofía(13). Piaget afirmó que la adaptación se realizaba a través de un doble proceso de asimilación-acomodación y desequilibración-equilibración. Se llega a un nivel de equilibrio cuando el sujeto asimila en sus estructuras internas (cognitivas y biológicas) los datos de la experiencia, facilitando con ello una adaptación al medio exterior. Piaget, a través de su constructivismo, intentaba establecer así la primacía de la acción en la relación organismo-medio, abandonando todo determinismo o adaptación mecánica de uno a otro.

En términos de relaciones hombre- medio, se puede apreciar que las preocupaciones de Piaget se acercan a las de Vidal de la Blache. Nuevos equilibrios se forman después de una interacción entre el hombre y su medio ambiente, que implica una reestructuración de las organizaciones propias de cada una de las entidades. Además, los dos autores atribuyen al hombre la primacía en esta interacción en el sentido de que es en él donde hay que buscar el origen de las variaciones de comportamiento. El medio no juega en este sentido el papel de causa iniciadora de novedad. Este es más bien un problema que debe resolver el sujeto mismo, así como el del material para solucionarlo, conservando al mismo tiempo su dinámica propia. Piaget señaló, por otra parte, el interés de Kant, en el sentido que toda construcción elaborada por el sujeto supone unas condiciones internas previas, aunque Piaget no comparte la esperanza de Kant de establecerlas a priori(14).

Esta convergencia sorprendente entre el posibilismo vidaliano y el constructivismo de Piaget, evidentemente no puede establecerse más que a cierto nivel de generalización, conociendo la diferencia de lenguaje entre las dos escuelas, así como la concepción «epistémica» del sujeto en Piaget (correspondiente al núcleo cognitivo presente en todo individuo), por oposición ala más concreta y social de Vidal de la Blache. Sin embargo, su postura general con respecto a la relación hombre-naturaleza, es tan similar, que no podemos dejar de pensar que la investigación geográfica no le ha sacado todo el partido posible. Ello se ha visto facilitado por la postura de Piaget de no tener explícitamente en cuenta la geografía, que él consideraba falta de un campo epistemológico propio. Probablemente era prisionero de su clasificación de las ciencias, en la que -al igual que Auguste Comte- relegaba gran número de disciplinas al simple estatuto de ciencias concretas. Pero, más allá de las dificultades del paso interdisciplinar de una a otra teoría -especialmente a causa de la concepción epistémica del sujeto por parte de Piaget- queda por lo menos el apoyo constructivista en la conceptualización de las relaciones hombre-medio, que puede constituir una base de progreso para la geografia; por ejemplo colaborando en la valoración de ciertos mecanismos de adaptacion, como los titubeos, ensayos o estrategias que caracterizan la actividad humana en relación con su medio(15).

Mientras que este estructuralismo insiste en el carácter general de ciertos mecanismos psicológicos de desarrollo, el de Claude Lévi-Strauss y su escuela insiste más bien en la dimensión cultural del hombre(16). Esta preocupación se acerca a otra muy antigua de los geógrafos motivados por los hechos culturales. Pero, como se percibía entre los vidalianos, esta orientación intenta evitar un determinismo cultural unilateral e inmutable. Tiende más bien a resaltar los sistemas de correspondencia y de transformación de relaciones simbólicas en el seno de una cultura, generalmente a través de la investigación de series de oposiciones perceptibles en los discursos tradicionales. Las transformaciones observadas en el tiempo o entre dos culturas diferentes, dan testimonio de la creatividad humana y de su relativa independencia en relación al medio. No se trata, pues, de una orientación basada en un determinismo medio-ambientalista. Por otra parte, tampoco se puede hablar de un posibilismo radical(17). El material que elabora una cultura, es aquel del que dispone dada su localización, y el que debe tener en cuenta en sus empresas.

Pero el posibilismo al estilo Vidal, aparece de nuevo claramente cuando se observa que en la interacción hombre-medio, la primacia se otorga al poder iniciador y creador del elemento humano. Por otra parte, en una especie de eco lejano de las ideas kantianas, se precisa que este poder está limitado por las características propias del espíritu humano. Este es ei que acota la variabilidad de los códigos culturales, cuya clave nos esforzamos en encontrar en. los análisis de antropología estructural. En efecto, un poco como ocurre con el código genético, la cultura puede ser considerada un código que sirve para preservar y transmitir ciertas adaptaciones sociales y ciertas prácticas que tienen un valor adaptativo(18). Así pues, el estructuralismo, al cual se asocia el nombre de Lévi-Strauss, valora el sistema de codificaciones propio de las sociedades humanas. Pero, al mismo tiempo, señala su pertenencia al mundo natural. Toda adaptación es un proceso complejo, an el que se ajustan los procedimientos de pensamiento humano y las características del medio. También se encuentran acentos vidalianos en la investigación individualista de Lévi-Strauss, en la medida en que son los detalles los que proporcionan la clave de las transformaciones, y por consiguiente de los ajustes operados, reflejo ellos mismos del proceso general. Al igual que en el posibilismo de Vidal, el hombre forma parte indisociable de la naturaleza, gozando al mismo tiempo de una amplia autonomía cultural(19).

Poner en evidencia las reglas que la presiden, es lo que permite evitar otra forma de determinismo de la naturaleza, de base genética o incluso endocrina. Las ideas de programación genética del comportamiento agresivo o del imperativo territorial, tal vez incluso la influencia de la inhibición de la acción en el comportamiento social, son nuevas investigaciones, realizadas generalmente a partir de la observación de los animales(20).

Pero su transposición directa al caso del hombre, sin pasar por el examen de los sistemas simbólicos que lo caracterizan y por intermedio de los cuales podrían juzgar un papel importante, conduce a ciertos determinismos opuestos al razonamiento estructuralista y que han sido objeto de la crítica posibilista. Según el estructuralismo al que acabamos de hacer mención, existen sólo potencialidades del espíritu humano que son más o menos actualizadas, y que se articulan cuando entran en relación con las particularidades del medio. Pero hay que señalar que éstas -a diferencia de lo que se observa en los trabajos vidalianos- están en la práctica. poco estudiadas. Lo más interesante es, pues, el esquema general de articulación de la cultura y la naturaleza.

Otras líneas de investigación coinciden en preocupaciones análogas, en las que se, plantea el problema de las barreras, o de los límites, atribuibles a la libertad humana. Es, en concreto, el caso de los trabajos que se inspiran en el marxismo o la fenomenología, y que caracterizan ciertas orientaciones recientes en geografía. De esta manera, la relación de la ~ aproximación estructuralista con los estudios marxistas, ha dado lugar a trabajos que intentan evitar el materialismo simplista en la determinación de los hechos sociales o culturales(21). Ponen todo el énfasis en el juego de las estructuras y sus relaciones intra e intersistémicas. Siguiendo esta orientación, el papel de la iniciativa humana parece muy reducido, y ha aparecido la inquietud para medir su importancia real y revisar su alcance.

El problema reside entonces en precisar las articulaciones entre la acción humana y las estructuras, entre la libre iniciativa y las limitaciones impuestas por la práctica. La problemática se orienta hacia la conceptualización de la interrelación entre acción y estructura, en que una contribuye a producir a la otra en un proceso histórico de reproducción(22). Por tanto, es significativo señalar la influencia que ejerce el pensamiento vidaliano, en la investigación de una formulación en geografía de las relaciones entre la acción humana y las transformaciones estructurales, consideradas éstas como mediatizantes de las relaciones entre el hombre y la naturaleza(23).

El posibilismo vidaliano ofrece, en efecto, la ventaja de considerar al hombre como una parte de la naturaleza, pero reservándole un margen de iniciativa, particularmente importante en el estudio de los modos de vida.

Los fundamentos materiales y sociales de estos últimos pueden servir para completar la problemática nacida de la fenomenología. En efecto, ésta ha promovido una línea de investigación sobre la intencionalidad humana. Dicha orientación ha otorgado al hombre en sus relaciones con el medio, un alto grado de voluntarismo juzgado a menudo como excesivo por sus comentaristas(24). La crítica dirigida a estos trabajos gira siempre entorno a lo mismo: olvidando el estudio de la articulación entre servidumbres del medio ambiente e intencionalidad, se ha caído en lo que hemos llamado un posibilismo radical. Y, una vez más, los que se han comprometido a ir más allá del objetivo de estas críticas, han encontrado en la solución vidaliana una fuente de inspiración para evitar caer en el exceso inverso, especialmente el ya indicado de un marxismo estructuralista demasiado determinista(25). No resulta pues sorprendente que Max Weber interese otra vez: las raíces neokantianas de su obra -en este sentido se parece a Vidal de la Blache- le sirvieron para forjar un camino intermedio entre los excesos del positivismo, del materialismo y del idealismo, para recoger a la vez la creatividad humana y el peso de las estructuras.

No podemos finalizar estos comentarios sobre las derivaciones del posibilismo vidaliano sin señalar el interés, para toda tentativa de actualización de esta filosofía, de las reflexiones recientes sobre la técnica. Esta está en efecto relacionada con la creatividad humana, con su adaptación al medio ambiente y a la transformación de la naturaleza así como de la sociedad. La técnica ha sido el modelo para razonar sobre la naturaleza. Se sabe, por ejemplo, que la fabricación artesanal de objetos fundaba el esquema aristotélico de interpretación de la naturaleza, y que las artes mecánicas de los ingenieros lo superaron durante el siglo XVII(26). Pero la técnica está relacionada también con la toma de conciencia por parte del hombre de la acción que ejerce en la transformación de la tierra, o sea con la idea de una «segunda naturaleza» que evocó Cicerón. Esta transformación de la superficie terrestre, y en consecuencia del marco de vida, tuvo tal importancia durante la revolución industrial que el impacto de la técnica en la sociedad se convirtió en una preocupación generalizada, como lo reflejan las obras de Dickens o Zola. La idea de un determinismo tecnológico ha sido desarrollada, y su crítica ha motivado recientes ensayos(27). Estas reflexiones no han encontrado todavía un eco importante en geografía, pero no cabe duda de que pueden reforzar la postura posibilista. En efecto, se puede observar que las consideraciones geográficas sobre la técnica, se centran en dos conceptos: el paisaje y el modo de vida. Tanto uno como otro representan dos tipos de estructuración de fenómenos tanto sociales como naturales, y se basan en una visión histórica de las relaciones hombre-medio. La problemática posibilista no puede hacer más que facilitar el que se tenga en cuenta la técnica, en la medida en que ésta está integrada en el proceso de construcción de la realidad, más que considerarla como una entidad aparte, como una simple herramienta cuya utilización estaría sometida a juicios morales. Por otra parte, es significativo en este sentido, que el pensamiento «proteccionista» de la naturaleza, haya surgido de un posibilismo radical (sea optimista o pesimista] más que de un constructivismo a la manera de Vidal de la Blache. Los esfuerzos encomiables de Friedrich o Jean Brunhes -quien recogía los ecos del temor de Ruskin frente a la tecnología-, para precisar los caracteres de la «economía destructiva» de la tierra, han sido vanos, puesto  que la influencia de la economía liberal ha obstaculizado sin duda el desarrollo de esta teoría(28).
 

Cuestiones de metodología

En definitiva, a la vista de las investigaciones más recientes, el posibilismo vidaliano como teoría general de las relaciones hombre-medio, merece ser sa1vado del olvido en el cual ha quedado progresivamente postergado, pero es evidente también que se impone la necesidad de poner al día su metodología. En este sentido, parece que los recientes trabajos de análisis sistémico (en sentido amplio) ofrecen materia de reflexión. Si, por una parte, el lenguaje que introduce no parece aportar más que un conjunto de conceptos generales, consigue sin embargo más interés en lo que hace referencia a los recursos conceptuales y metodológicos hacia los cuales se puede orientar.

Este nuevo lenguaje se adapta bien a la reflexión sobre las relaciones hombre-medio(29). Permite evitar la separación de estas dos entidades y, por el contrario, facilita el ponerlas en contacto. En el plano de las ideas, este tipo de, trabajos parece romper a menudo -aunque con brillantez- vías ya exploradas desde mucho antes por los geógrafos, y por querer abarcar demasiado, ciertas teorías científicas se ven diluidas. Pero gracias a ellas se elabora un lenguaje propicio para estimular los intercambios interdisciplinarios, encontrar multitud de interacciones hasta hoy desconocidas, y abandonar las anteojeras de las especialidades que el positivismo tiene tendencia a fomentar. Ante todo, en efecto, el análisis sistémico corresponde a una manera de pensar que contrasta con los hábitos de numerosos científicos. Pensar sobre la complejidad no corresponde necesariamente a complicar los métodos existentes, añadiendo un número cada vez mayor de variables en la búsqueda -con la ayuda de la informática- de la exhaustividad. Por ello nosotros no tenemos aquí en cuenta los trabajos que recogen el análisis sistémico, en Los que el objetivo es integrar el número más amplio posible de variables en los modelos clásicos.

Nos encontramos, pues, con que los esfuerzos realizados por el análisis de sistemas para tomar conciencia de la complejidad se parecen a los que han hecho los geógrafos, y que, sin embargo, les ha otorgado durante largo tiempo un lugar marginal en relación con las otras ciencias. Este lenguaje sistémico puede, además, adoptar un cariz próximo al posibilismo vidaliano. Se conoce, por ejemplo, la importancia de la noción de sistema abierto(30). Para frenar su tendencia a la desintegración -descrita por el segundo principio de la termodinámica- son imprescindibles los intercambios con su medio ambiente. Así se formula una concepción de la autonomía que no excluye, incluso requiere, la dependencia frente al medio ambiente. Aplicado al hombre y a las organizaciones geográficas que crea, esta visión es totalmente vidaliana. Además, la preocupación sistémica por la autoorganización, cuya clave se intenta comprender en los intercambios con el medio ambiente, en los procesos de auto producción y en los de información y de cómputo, consigue restablecer la subjetividad y la libertad individual en el análisis(31). El fundamento de estas nociones, no sólo en lo cultural y lo psíquico, sino también en lo físico y lo biológico, la investigación de los aspectos comunes o divergentes de los sistemas vivos (sociales y biológicos), el aspecto activo atribuido a los objetos de estudjo, el interés por las relaciones entre orden y desorden, y la puesta en evidencia de la autonomía, son caracteres de este nuevo pensamiento sistémico, que conservan algunas reminiscencias del posibilismo vidaliano.

Al igual que éste, justifican el fundamento de la resistencia fenomenológica o humanista contra el reduccionismo positivista, pero la convierten en caduca por el sistema de ideas que utilizan. Lo que había sido tachado de método particularista, recupera su importancia, y la obsesión por la búsqueda de las leyes generales tiende a olvidarse. Especialmente, la idea de retroacción ha permitido desprenderse de los esquemas de causalidad lineal para investigar las condiciones de la autonomía(32). De esta manera se ha formado un pensamiento donde la noción de emergencia, como en el posibilismo vidaliano, se convierte en central. Por tanto, las bases metodológicas hacia las que se tienden a asimilar, están a menudo basadas en la termodinámica y la teoría de la información. ¿Cuál es su alcance en el ámbito que nos interesa?

Según el segundo principio de la termodinámica, un sistema físico aislado evoluciona inevitablemente hacia un estado de entropía máxima, que alcanza cuando está en equilibrio; las definiciones de entropía en términos energéticos o estadísticos, y las relaciones entre el orden y la información, son el punto de partida de las nuevas investigaciones sobre el orden y el desorden en la naturaleza(33). Algunas preocupaciones análogas se encuentran en geografía sin que por lo general se opere un trasvase de conceptos y métodos. Es así como el tema de la degradación de la energía aplicada al espacio terrestre, estimuló ciertas reflexiones durante el cambio de siglo. Lo que preocupaba, es que el hombre podría utilizar la energía de forma disipativa, e hipotecaba así su futuro. En este sentido Bernard Brunhes, físico y hermano del geógrafo Jean Brunhes, puso en relación las nociones de entropía y economía destructiva (Raubwirtschaft). Aunque Jean Brunhes fue sensible a estas ideas, ni él, ni su hermano, ni ningún otro científico profundizó en esta noción -probablemente demasiado precoz- según orientaciones teóricas y metodológicas(34). En este sentido lo que se han dado no son más que utilizaciones, o puramente evocadoras, o muy estrechas y parciales. Así, sin insistir en ello, Mari evoca, a partir de las ideas de Fantappié, «la sintropía» o tendencia del universo a su diferenciación y creciente complejidad, y considera insuficiente la explicación de la evolución por la tendencia a la homogeneización, expresada por el concepto de entropía(35). Desde un punto de vista puramente metodológico, ciertos investigadores utilizan la teoría de la información para medir las distribuciones, relegando la problemática energética o sistémica que pudiera aportar, especialmente, tal como acabamos de ver, en el ambiente posibilista(36).

Son posibles también aportaciones más conceptuales, como testimonia una reflexión nueva sobre el trabajo. Durante mucho tiempo este intermediario entre las relaciones hombre-medio ambiente, no ha sido tomado en cuenta. Jean Brunhes y Pierre Deffontaines, después de Le Play, habían mostrado su importancia para fundar una geografía social(37). También Marx, en el volumen I del Capital, insistía en el papel del trabajo en la discusión de las relaciones entre el hombre y la naturaleza. Le atribuía eficacia en la medida en que conservaba su carácter social (o colectivo). Pero lo más significativo era que él lo asimilaba a una lucha contra la naturaleza, lucha que transforma no sólo el medio ambiente sino también al hombre mismo. De hecho, se deduce la idea de una conquista en dos tiempos: en primer lugar la del poder político, que conduce a la transformación de las relaciones humanas; después, la de las fuerzas naturales que hay que poner al servicio del hombre(38). Esta tendencia a un posibilismo radical se ha acusado, en general, en los círculos marxistas. Sin embargo es discutible, y la concepción original de Marx les parece a algunos muy cercana al posibilismo vidaliano(39).

Sea como sea, diversos autores han empezado a intentar formular una interpretación sistémica del trabajo en las relaciones entre el hombre y la naturaleza, buscando especialmente una problemática común a los aspectos socio-económicos, por una parte, y energéticos, por otra, de la noción de trabajo(40). El alcance geográfico en este tipo de reflexión, ha sido destacado en una obra reciente(41). El trabajo se presenta en ella como una pareja en que los dos aspectos, energía e información, son distintos, pero no disociables. De esta manera, sus autores basan en la naturaleza un concepto esencial del análisis de la sociedad y pueden examinar, desde una perspectiva histórica, su papel en la estructuración o dispersión espacial de la sociedad, y en la significación atribuida al hombre en su relación con el medio ambiente. No obstante, parece que la aportación metodológica potencial del análisis sistémico radica en los problemas de su génesis y organización.

En efecto, desde hace mucho tiempo, existe en geografía una preocupación por la contingencia. Estrabón la hacía intervenir en las descripciones regionales para dar cuenta de ciertas localizaciones. Pero es especialmente entre los vidalianos donde estas preocupaciones se convierten en centrales(42). En concreto, sirvieron para explicar la aparición de nuevas organizaciones, como el modo de vida o la región. Estos autores se apoyaron en la línea de pensamiento que se remontaba a Cournot. Este iniciador en Francia de un retorno a Kant es conocido, en efecto, por su reflexión en torno al azar, sobre lo cual es uno de los escasos autores que llegan a ofrecer una discusión clara. Definiéndolo como ausencia de orden, lo oponía a la acepción técnica que tenía de él Laplace -para quien era simplemente el resultado de una falta de perfección en nuestras medidas o análisis. Cournot estableció así que la contingencia es la intersección de series causales independientes. Utilizando esta definición operacional, los vidalianos estudiaron los encadenamientos de fenómenos cuya intersección original había producido resultados relativamente estables. Se dedicaron así con los medios de la época. al estudio de la aparición de los fenómenos. lo cual da un carácter de modernidad a sus investigaciones. De esta manera llegó a plantearse en geografía no sólo el problema de los procesos de formación de nuevas organizaciones, sino también el de los mecanismos de su perduración. Queda todavía por elaborar la problemática de la aleatoriedad, pero resulta claro que ésta no se puede limitar a un adorno estocástico de los modelos determinista como sucede frecuentemente en algunos trabajos geográficos recientes. Una orientación de ese tipo corresponde a un probabilismo que, como hemos visto, queda muy lejos del posibilismo vidaliano.

Parece claro que el constructivismo de esta tendencia posibilista puede encontrar puntos de apoyo en las investigaciones recientes nacidas de la termodinámica. Adoptando una línea de razonamiento que tiene en cuenta la intervención del azar en el desarrollo de un fenómeno, dichas investigaciones hacen referencia a las modalidades de evolución de los sistemas y a la formación de estructuras muy ordenadas por parte de los seres vivos. En este sentido se esfuerzan en mostrar que un aumento de la complejidad o de la diversidad de un sistema, es compatible con la termo- dinámica, incluso con su famoso segundo principio. En concreto, por ejemp'¡o. después de los trabajos de von Foerster, el interés se ha centrado en la autoorganización por el ruido, es decir sobre el papel desempeñado por el azar en la aparición de nuevas estructuras(43).  En ciertas condiciones, en efecto, la materia es capaz de auto-organizarse y de producir estructuras en un proceso de creciente complejidad. También debe destacarse el alcance de las investigaciones sobre «estructuras disipativas», sobre «el orden por fluctuación», es decir el orden en el que el no-equilibrio constituye su origen, así como sobre los mecanismos de mantenimiento de estas nuevas estructuras(44). La explotación concreta de estas investigaciones en geografía es un desafío importante. La realidad es que presentan ventajas metodológicas. Por ejemplo, en la medida en que los sistemas estudiados en geografía tienen generalmente interacciones débiles, la termodinámica es un recurso de análisis muy apropiado; por otra parte, permite reforzar la aproximación macroscópica o estructural al espacio geográfico, para evitar el quedar ahogado por el estudio de los innumerables microprocesos que actúan(45). La termodinámica aparece así como un elemento bien adaptado a los niveles de complejidad e incertidumbre que están generalmente presentes en los sistemas estudiados en geografía.
 

Consideraciones finales

Este artículo pretende defender la idea de que el posibilismo vidaliano, ya novedoso en su tiempo, ha alimentado las grandes líneas de una verdadera teoría general de las relaciones hombre-naturaleza; ésta ha sido no sólo la más ~pta para dar una orientación distinta a la investigación contemporánea en dicha área., sino también la más eficaz para facilitar la integración de las contribuciones científicas recientes. Aunque guarda una estrecha relación con las consideraciones humanistas, ofrece una posibilidad de análisis integrado para el estudio de las relaciones hombre-naturaleza, centrándose en las aportaciones de las ciencias naturales, y superando así una polarización extrema entre geografía humana y geografía física.

Este artículo no pretende, sin embargo, despreciar las diversas contribuciones, pasadas y recientes, de otros geógrafos no vidalianos a principios de este siglo. Pero nos ha parecido importante valorar su posibilismo, ya que es él el que parece haber establecido las grandes líneas de una contrastada teoría de las relaciones hombre-naturaleza cuyo interés es aún actual, como hemos intentado mostrar. Es una herencia valiosa. en el sentido que los geógrafos, durante mucho tiempo, han minimizado este campo teórico, fundamental para estructurar su disciplina.
 
 

NOTAS

*Este artículo forma parte de un estudio más amplio sobre epistemología de la geografía.

1. Una explicación contextual de esta base neo-kantiana, está expuesta en nuestra obra sobre La formatíon de /'éco/e franr;aíse de géographíe (1870-1914), París, Bibliotheque Nationale (Comité des Travaux Historiques et Scientifiques, Mémoires de la Section de Géographie, 11),1981. Donde se encontrará también una bibliografía más abundante sobre el posibilismo, y sobre los filósofos y sabios de la época.

2. Por ejemplo E. HAECKEL, Histoire de la création des erres organisés, Trad. franc., París, Reinwall, 1884.

3. V. BERDULAY, La méthode organiciste. Contribution a I'étude du langage des gégraphes, «Annales de géographie», 91 (507), 1982,573-586.

4. R. J. CHORLEY, A. J. DUNN and R. P. BECKINSALE, The history of the study of landforms, v. 1, Londres, Methuen, 1964. Véase también Jan MUFFAT. Paradigmas en Geologia. Del catastrofismo a la tectónica de placas. -Geo Crítica» n.O 42. dic. 1982.

5. P. CLAVAL, «La naissance de la géographie humaine», pp. 355-376 de La pensée géographique française contemporaine. Mélanges offerts a André Meynier, Saint-Brieuc, Presses Universitaires de Bretagne, 1972.

6. H. CAPEL, Filosofia y ciencia en la geografía contemporánea, Barcelona, Barcanova, 1981, pp. 41-82.

7. Principalmente el volumen II de F. RATZEL. Anthropogeographie, Stuttgart. Engelhorn, 1882.

8. P. VIDAL DE LA BLACHE, Les genres de vie dans la géographie humaine, «Annales de géographie», 20,1911, pp. 193-212 y 289-304.

9. Como lo señala R. KOENIG, Soziale Gruppen, «Geographische Rundschach». 1969, pp. 2-10.

10. En nuestra obra citada en la nota 1

11. A. von HUMBOLDT, Cosmos, Trad. esp., v. 1, Madrid, Imprenta de Gaspar Roig, 1874.

12. J. PIAGET, Le structuralisme, París, P.U.F., 1968.Trad. cast. Oikos-Tau, Barcelona, 1974 .

13. Id., Biologie et connaissance, París, Gallimard, 1967. Adaptation vitale et psychologie de I'inteligence, París, Hermann, 1974, y Le comportement, moteur de l'evolution, París, Gallimard, 1976.

14. J. PIAGET, L'épistémologie génétique. París, P.U.F., 2ª ed. 1970, p. 120. Trad. cast., Redondo Ed., Barcelona, 1970.

15. Ver por ejemplo: V. BERDOULAY, M. PHIPPS y G. POULlN, Ambiance. structure et stratégie: Recherche sur l'appréciation du paysage forestier par les campeurs. «Géographe canadien», 26 (2),1982, pp. 93.109.

16. Por ejemplo C. LEVI-STRAUSS, La pensée sauvage, París, Plan, 1952, Anthropologie structurales, París, Plan, 1958 y Anthropologie structurale deux. París, Plon, 1973.

17. Id., Structuralisme et écologie.

18. Destacado también por J. M. LOTMAN y B. A. USPENSKIJ, Tipologia della cultura, Milán, Bompiani. 1975.

19. Ver también A. ALLAND, La direction humaine, Trad. franc., París, Seuil, 1974, o R. DUBOS, Le monde ininterrompu, París, Denoel, 1972.

20. Ver los trabajos de R. ARDEY, K. LORENZ, D. MORRIS, H. LABORIT.

21. L. ALTHUSSER, Pour Marx, París, Maspéro, 1965; M. CASTELLS, La question urbaine, París, Maspéro, 1973. Trad. casto La cuestión urbana, Madrid, Siglo XXI eds., 1974,430 pp. 1974, 430 pp. M. GODELlER, Rationalité et irrationalité en économie, París, Masperó, 1966.

22. Sobre esta problemática, ver por ejemplo: P. BOURDIEU, Esquísse d'une theoríe de /a pratíque (précéde de troís études d'ethnologie Kabyle, Ginebra, Droz, 1972; A. TOURAINE, Sociologie de l'action, París, Seuil. 1965; y D. GREGORY. Ideology, scíence and human geography, Londres, Hutchinson, 1978.

23. D. GREGORY, Human agency and human geography, «Transactions, Institute of British Geographers». 6 (1), 1981, pp. 1-18.

24. Ibid.; o R. DEKONINCK, Contre l'ídealísme en géographíe. «Cahiers de géographie du Ouébec». 22 (56), 1978. pp. 123-145.

25. D. LEY. Power and the geographícal lífeworld, M. S. «Communication présenté a la réunion annuelle de la Society for Phenomenology and existential philosophy». Ottawa. nov. 1980.

26. S. MOSCOVICI, Essai sur l'histoire humaine de la nature, París, Flammarion, 1968.

27. Por ejemplo: L. MUMFORD, Técnica y civilización, Trad. cast., Madrid, Alianza Universidad. J. ELLUL, La technique ou l'enjeu du siecle, París, A. Colin, 1954. H. MARCHESSE, El hombre unidimensional, Trad. cast., 1968 y J. HABERMAS, La technique et la science comme ideologie, Trad. Franc., París, Gallimard, 1973.

28. E. FRIEDRICH, Wesen und geographische Verbreitung dar Raubwirtschaft, .Patermenns Mitteilungen., 50, 1904, pp. 68-19 Y 92-95; J. BRUNHES, La géographie humaine, París, Alcan, 2ª ed., 1912, c. V; y J. RAUMOLlN, Le problema de la «Raubwirtschften» géographie au début de ce siecle, M. S. communication au Colloque «Ideologies et géographie», Cambridge, marzo 1979.

29. Como lo ilustran, por ejemplo, varias comunicaciones en; E. MOIN y M. PIATTELLI-PALMARINI (bajo la dirección de), L 'unité de l'homme, 3 vols., París, Seuil, 1974.

30. L. von BERTALANFFY, Teoría general de los sistemas, Trad. cast. Madrid, México, F.C.E., 1976, 312 pp.

31. E. MORIN, La méthode, I y II, París, Seuil, 1977 y 1980. Trad. cast. El método. I. La naturaleza de la naturaleza, Madrid, Edit. Cátedra, 1981. Ver también Y. BAREL, La réproduction sociale, París, Anthropos, 1973.

32. Esta idea proviene de la cibernética: N. WIENER, Cybernétique et société, Trad. Franc., París, Deux-Rives, 1952.

33. Ver por ejemplo J. TONNELAT, Thermodynamíque et bíologie, 2 vol., París, Maloine-Doin, 1978 o L. BRILLOUIN, Víe, matière et observation, París. A. Michel, 1959 y La scíence et la théoríe de l'ínformatíon, París, Masson, 1959.

34. Ver RAUMOLlN, op. cit., B. BRUNHES, La dégradation de l'énergíe, París, Flammarion, 1908.

35. A. MORI, Il va/ore dí finalitá in geografía umana, «Bolletino della Soc. Geogr. Italiana», 104, 1967, pp. 23-33.

36. Por ejemplo, L. B. LEOPOLD y W. B. LANGBEIN, The concept entropy ín lanscape evolution, U.S. Geological Survey, Professional Paper 500 A, 1962 en B. MARCHAND en Geographical Analysís, 4, 1972, p. 234.

37. J. BRUNHES, Op. cit., y, en colaboración con P. DEFFONTAINES, Géographie humaine de la France, vol. II, París, Soc. de I'Histoire Nationale, 1926.

38. L. KRISTOF, The origins and development of the Marxist concept of man-nature relationship, Ms. «Communication a la Far Eastern Slavic Conference», Berkeley, avril- mai, 1966.

39. D. GREGORY, op. cit., p. 16.

40. E. MORIN, op. cit., vol. II; V. BAREL, Le rapport humain àla matiere, vol. II, Univ. des Sciences Sociales de Grenoble,.lnst. de Recherche économique et de planification, 1976.

41. C. RAFFESTIN y M. BRESSO, Travail, espace, pouvoir, Lausana, l'Age d'Homme, 1979.

42. Ver nuestra obra citada en la nota 1. Ver también R. GRAU, Sobre la base filosófica del método regional en Vidal de La Blache, en V Coloquio de Geografía, Granada,  1977, pp. 297-301; en G. NICOLAS-OBADIA, Paul Vidal de La Blache entre la filosofía francesa y la geografía alemana, Geo-Crítica, Univ. de Barcelona, 35, 1981.

43. H. van FOERSTER, «On self-organizing systems and their environments», pp. 31-50 Ide M. C. YOVIYZ y S. CAMERON (bajo la dirección de), Self-organizing systems, Nueva York, Pergamon Press, 1960.

44. P. GLANDSDORFF e I. PRIGOGYNE, Structure, stabílíté et fluctuations, París, Masson, 1971; H. ATLAN, Du bruít comme príncipe d'auto-organísation, «Communications», 18, 1972, pp. 21-36; F. VARELA, Príncipes of bíologícal autonomy, Nueva York, Elsevier, 1979.

45. La utilización de la termodinámica en el estudio de la geografía del paisaje, está defendida, por ejemplo, por M. PHIPPS, Communication au Colloque «Paysage et systeme», Univ. d'Ottawa, juin 1982.
 

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