ÍNDICE GENERAL

Vicente Casals Costa

El urbanismo y el diseño del sistema de parques de las grandes ciudades en las primeras décadas del siglo XX

-----

Nicolás Mª Rubuí y Tudurí

Estudio de los problemas municipales de paseos, jardines y parques públicos

ÍNDICE DE CAPÍTULOS

I E1 problema de los espacios libres

II Necesidad e importancia del servicio municipal de paseos, parques y espacios libres

III Distribución de los jardines y espacios libres sobre la ciudad

IV Sistemas de parques americanos y europeos

V Modernas orientaciones del estudio de los sistemas de parques

VI De los jardines, paseos y parques públicos, su estudio particular y su trazado y plantación

Avenidas y plazas

Squares y jardines de barrio

Terrenos de juego y jardines infantiles

Los parques públicos

VII Organización municipal

La dirección

De la división de los trabajos

VIII Viveros y escuelas de horticultura municipales

 

 

I. EL PROBLEMA DE LOS ESPACIOS LIBRES


Un angustioso problema se presenta ante los directores de las grandes aglomeraciones urbanas y es la dificultad creciente que los ciudadanos tienen en ponerse en contacto son la naturaleza: tierra, aire libre y sano, vegetales, vida campestre. La capa espesa de edificaciones que cubre las ciudades separa cada vez más a sus habitantes de lo que siempre había sido el ambiente natural del hombre y les coloca en condiciones de vida completamente anormales para la especie humana.

Desarrollo de las ciudades

Si observamos lo que sucede en el desarrollo de las grandes poblaciones que no están sometidas en su crecimiento a un plan de conjunto bien establecido, veremos lo siguiente: el núcleo de la gran ciudad crece al compás de la marcha de los negocios y de los intereses materiales de la urbe. Estos intereses son los que rigen dicho desarrollo: los ciudadanos, en plena actividad industrial y comercial, resuelven de acuerdo con sus instintos los problemas de urbanización, o sea cubriendo con edificios de renta el mayor espacio posible del terreno de que disponen.

Paralelamente, crecen los núcleos suburbanos de la gran ciudad según disposiciones a menudo mezquinas y confusas y, en todo caso, adaptadas a sus simples intereses locales. De este modo viene a formarse una barrera impenetrable de edificaciones en torno de la gran aglomeración urbana.

Consecuencia de todo ello es que llegan a faltar completamente las condiciones de aireación, de zonas abiertas y de “masa verde” en el interior de la población y, lo que es tal vez peor, las direcciones generales de salida de la ciudad al campo se hallan completamente obstruidas. Un cinturón ahoga la gran ciudad, que en su zona interna ya carecía de “espacios libres”, “pulmones” de la población.

Espacios de aireación

Y sin embargo, estos “espacios libres” en los cuales la “masa verde” alcance una proporción conveniente, son imprescindibles en una gran urbe. Nuestras ordenanzas municipales –como las de todo el mundo– exigen una proporción, fijada por la Higiene, de patios, deslunados, “espacios abiertos” en general, en el interior de las viviendas que se construyen. Un criterio higiénico parecido debe regir para la gran vivienda que es la gran ciudad. Y a la proporción de espacios libres debe unirse la exigencia de una masa vegetal, capaz de absorber los productos de las combustiones –animales e industriales– que en la población se producen, devolviendo al aire viciado la oxigenación necesaria.

Necesidad de un plan de conjunto

Planes de reforma, de enlace y de construcción de squares y jardines en el interior –costosísimos remedios que se ponen a la excesiva densidad de las habitaciones y a la asfixia de la ciudad–, no son más que paliativos y aplazamiento del problema. El cual se reproduce algunos años más tarde, con nueva fuerza, si se sigue abandonando a sí mismo el desarrollo de la ciudad y de los suburbios, sin plan de conjunto que prevea su crecimiento.

“Las aglomeraciones excéntricas de origen rural, dice el acuerdo aprobado en 24 de mayo de 1905 por el municipio de Viena, tienden cada vez más a perder su carácter para ligarse a la ciudad y es de prever, según los aumentos observados hasta hoy, que a mediados del siglo Viena alcanzará la cifra de cuatro millones de habitantes y que el carácter rural de las aglomeraciones suburbanas habrá desaparecido por completo.”

En Barcelona tenemos también ejemplos. Así, en la dirección del norte la defectuosa urbanización en que se dejó desarrollar el antiguo pueblo de San Gervasio, y el de Gracia, creó un verdadero bloque de construcciones, impenetrable para las grandes arterias de la ciudad. Los espacios verdes o terrenos cultivados, que hace 50 años existían todavía entre los núcleos de Barcelona y Gracia-San Gervasio, fueron mermados por los dos costados por la ola de las edificaciones. Y, automáticamente, la zona verde y libre más próxima se trasladó desde un kilómetro escaso desde el centro de Barcelona a 4 o 5 kilómetros del núcleo de la ciudad.

El problema de los espacios libres y zonas plantadas que proporcionen a los habitantes la “masa verde” indispensable, debe pues resolverse anticipadamente y con planes dilatados y previsores.

La parte de los niños

En el desarrollo de estos planes hay que conceder la más alta importancia a la creación de lugares destinados exclusivamente a la infancia y a los juegos de la juventud. No basta construir parques públicos y destinar en ellos alguna avenida y algunos bancos a los niños, como cosa accesoria: modernamente ha llegado a comprenderse que la acción social e higiénica encomendada a los jardines y espacios libres de las grandes ciudades logra su máximo efecto al ejercerse sobre la infancia y la juventud. Por esto podría decirse que la base del trazado de los actuales jardines públicos consiste en los terrenos de juego para los jóvenes y los niños, terrenos que cubren la mayor parte de alguno de los grandes parques del extranjero, además de existir aisladamente, repartidos en el interior de las ciudades con toda la profusión posible. Este es el punto de vista moderno para la cuestión de los espacios libres

 

 

II. NECESIDAD E IMPORTANCIA DEL SERVICIO MUNICIPAL DE PASEOS, PARQUES Y ESPACIOS LIBRES


Complejidad del problema

En París, gracias a la amabilidad del Conservador de los Paseos de aquella ciudad, Mr. J. C. N. Forestier, tuve ocasión de darme cuenta de la complejidad que alcanza el servicio de parques y espacios libres de las grandes aglomeraciones urbanas. Los libros, remontándose a las teorías y sistemas generales, no pueden dar suficiente idea de la complicación de los detalles de estos servicios municipales, cuya organización es, hoy día, de un interés vital para Barcelona y los pueblos vecinos que ella absorbe en su crecimiento continuo.

Todas las grandes ciudades del Viejo y de los Nuevos Continentes han sentido, a su debido tiempo, la preocupación por este problema ineludible que he procurado plantear en el anterior capítulo. Una verdadera ciencia se ha creado en treinta años para resolverlo y las ciudades de Europa, América y Australia han encontrado en ella los fundamentos del estudio de los sistemas de parques, espacios libres y paseos, en el caso particular de cada aglomeración urbana.

Fuera un error pensar que los Municipios pueden contentarse con la creación de un organismo técnico, encargado de la simple plantación de las calles, plazas y jardines. Además de entender en estos trabajos de jardinería, el organismo de que se trata debe estar en condiciones de estudiar y resolver otros problemas importantísimos, de los cuales la plantación vegetal constituye solamente un aspecto parcial.

Estudios y trabajos a realizar

En el terreno de la higiene, de la viabilidad y circulación, de la cultura artística, moral y social de los ciudadanos, de la salud y la educación de la infancia y la juventud, y desde el punto de vista de la posibilidad de la salida de los habitantes al campo o a grandes parques fácilmente asequibles, el trabajo encomendado al servicio de Paseos y Espacios libres es de un alto interés, y no puede efectuarse convenientemente sin un estudio detenido de los problemas y sin el auxilio de un organismo técnico montado según las exigencias que se derivan de la vida moderna de las ciudades.

Si se trata de aglomeraciones urbanas construidas de nueva planta, como es el caso de algunas ciudades de América y Australia, las dificultades pueden ser relativamente mínimas, cuando ya ha sido fijado el plan del desarrollo de la ciudad. La moderna ciencia del town planning ha establecido teorías y sistemas más o menos completas, que aquellas ciudades han podido utilizar desde sus comienzos, y que les han enseñado al menos a tener la previsión de reservar a los espacios libres y a los jardines y parques una parte del área de la ciudad, según una proporción que se ha demostrado como conveniente e irreductible.

Pero en el caso de ciudades ya antiguas, donde los problemas se presentan impensadamente y de un modo continuo, todo plan de conjunto –el cual es siempre de primera necesidad– requiere ser adaptado constantemente a las exigencias del momento. No basta un simple proyecto de ciudad, en este caso. Es precisa una acción constante, sostenida y organizada, con el fin de que los estudios referentes a paseos, plazas, squares, jardines, parques y sistemas de ellos, se hagan según las posibilidades del día y según lo que en cada caso aconsejen los adelantos más modernos en materia de urbanización.

El problema de Barcelona

Reducidos en Barcelona al estrecho marco de una “Dirección de jardines y arbolado”, estas cuestiones no han podido ser resueltas más que da una manera fragmentaria, sin la coordinación precisa entre las partes o problemas de que se componen: problemas higiénicos, de circulación, de orientación, de perspectivas, de plantaciones, de esparcimiento de los ciudadanos y juego de los niños, etc., etc. Es insensato aplazar por más tiempo la resolución de este problema, cuando vemos crecer a Barcelona de una manera continua y apretarse cada vez más el asfixiante cinturón de los pueblos limítrofes de nuestra ciudad, la cual acabará por ver cerradas, en un plazo más o menos lejano, sus salidas al campo después de tener excesivamente cubierta de edificaciones su área interior.

Cuestiones que se deben resolver

Constituye, pues, una interesantísima materia de estudio, a la cual debe dedicarse la atención del director del servicio de que hablamos, la previsión del crecimiento de la ciudad y de las direcciones probables de este crecimiento. Así como el establecimiento de un proyecto de sistema de parques en reserva, o sea de extensiones de bosque o campiña que, adquiridas anticipadamente o, al menos, sujetas a servidumbres de protección, forman la base de los parques que, mañana, requerirá el crecimiento de la ciudad.

Además, un proyecto de conjunto no podría establecerse en buenas condiciones sin contar con la adhesión de los municipios vecinos a la gran ciudad. Boston [1] ha previsto ya, hace años, la cooperación necesaria en su sistema de parques de 39 ayuntamientos adyacentes. La preparación del proyecto de este consorcio es, pues, otro motivo de actividad para el servicio municipal de Paseos, Parques y Espacios libres.

Los proyectos y conservación de parques y jardines interiores mediante el conocimiento de los problemas de circulación, higiene, etc., deberán ser objeto también de los trabajos de dicho servicio. Las grandes arterias de penetración y salida tienen una importancia esencial en el establecimiento del citado proyecto, con el cual deben ser estudiadas las vías de comunicación y medios de transportes rápidos y en común.

Una vez en posesión del proyecto, el servicio de Paseos, Parques y Espacios libres, puede y debe consagrar su actividad a la creación y conservación no sólo de los grandes parques y jardines sino a toda la escala de instalaciones de espacios libres: squares, terrenos de juego y jardines infantiles, paseos, jardines de barrio, etc., etc.

Coordinación de esfuerzos

La serie de servicios auxiliares en que se basa el de Paseos, Parques y Espacios libres es tan compleja como la de las funciones que debe llenar: las obras de jardinería, de arquitectura, de urbanización, de higiene, etc., requieren los trabajos de un número crecido de jefes jardineros, jefes albañiles, fontaneros, etc., que deberían ser adscritos al servicio y toda una organización que coordine para un fin único los esfuerzos de gran cantidad de actividades distintas.

De lo dicho se deduce la importancia que adquiere en las grandes ciudades el servicio municipal de que hablamos. Importancia que corresponde a la que se concede al problema de los parques públicos que ha de resolver y que los plebiscitos de algunas ciudades norteamericanas han colocado en primer término entre todas las cuestiones de urbanización.

[1] C. N. Forestier. Grandes villes et systemes de Parcs. Hachette, Paris, 1906.

 

 

III. DISTRIBUCIÓN DE LOS JARDINES Y ESPACIOS LIBRES SOBRE LA CIUDAD


En el capítulo anterior he intentado dar una idea de la necesidad de que los municipios creen un organismo capaz de resolver el problema de los espacios libres y plantados en las grandes ciudades, y del esfuerzo de los municipios extranjeros en este sentido.

Veamos ahora, como consecuencia de lo dicho, las diversas maneras como pueden repartirse los espacios libres y jardines públicos en las grandes aglomeraciones urbanas.

Espacios libres y espacios plantados

“No todo espacio libre es necesariamente un jardín, pero todo jardín es un espacio libre”, ha dicho Mr. J. C. N. Forestier. Es decir que los espacios plantados tienen, además de las funciones de los espacios libres, las funciones propias que les concede la presencia de vegetales en ellos. El espacio libre es la forma inicial de una serie de soluciones de urbanización: plantado es un jardín o un square; desnudo puede ser una plaza de circulación o de ornamento; en el interior de las manzanas puede ser un patio de aireación y soleamiento; según su disposición será un campo de juego.

En las ciudades bien organizadas se debe evitar la confusión de unas formas con otras del espacio libre. Concediendo a las funciones de circulación la parte necesaria de la superficie dedicada a espacios libres, debe reservarse a las plantaciones, a la “masa verde”, una proporción del área de dichos espacios suficiente para la vida de la población.

Proporción superficial de espacios libres

Las posibilidades económicas del municipio determinan generalmente la proporción de la superficie de la ciudad reservada a espacios libres. La cantidad de 1 peseta por año y por habitante es la normal para los presupuestos municipales de jardinería y plantaciones en los espacios citados. En términos generales, debe considerarse un mínimo de 4 a 5 metros cuadrados por habitante, cantidad que si puede tomarse como suficiente por muchos municipios temerosos de las cargas onerosas, no llega a satisfacer plenamente las necesidades de la vida sana de la población. La cantidad exigida para ser considerada buena debe ser de 10 metros cuadrados por habitante, excluyendo la superficie absorbida por las vías de circulación y los terrenos o parques en reserva alejados del núcleo urbano.

Jardines privados

Pero es de notar que la mayor “masa verde” de las ciudades no es la debida a los jardines públicos, sino a los jardines privados. De estos depende, en primer lugar, y de ellos se debe esperar que la proporción de superficies reservadas al aire libre, a las plantaciones y al soleamiento sean las convenientes para la vida de gran ciudad. De un luminoso informe de Mr. J. C. N. Forestier obtengo los siguientes datos: “La superficie que debe mantenerse en espacios libres y jardines públicos, es decir en terrenos plantados o libres, pero descubiertos y al abrigo de toda circulación, variará entre dos límites del 5% al 12%, de los cuales, uno es apenas suficiente y el otro satisfactorio.”

“La proporción de los jardines privados es mucho más elevada; varia entre 25 y 30%, y si esta proporción disminuye en ciertos distritos, como en los centros de negocios, en cambio se eleva hasta el 40 y el 50% –y aún más– en los barrios de habitación.”

Como ejemplo puede citarse el de los distritos de Auteuil y de la Muette en París, donde la proporción en 1900 era, para el primero, de 603.000 metros cuadrados de jardines por 2.500.000 metros cuadrados de superficie, o sea el cuarto para jardines privados. En la Muette la proporción es todavía mayor: 616.000 por 1.700.000 metros cuadrados de superficie, o sea un poco más del tercio para jardines.

Las leyes y las ordenanzas municipales deben preocuparse de este problema, obligando, mediante las servidumbres necesarias, a dejar la proporción de jardines –públicos y privados– que se juzgue conveniente, según las modernas ideas de higiene de las ciudades.

Distribución de los jardines públicos

Esta superficie atribuida a espacios libres –y en particular la que se destina a plantaciones– podría repartirse en grandes masas o dividiéndola en multitud de pequeños jardines. La última solución tiene sus ventajas y no es posible prescindir nunca completamente de ella. Pero, en términos generales, debe condenarse el fraccionamiento sistemático de la superficie plantada de la ciudad. Los pequeños espacios, en efecto, no aíslan al ciudadano de las incomodidades de las aglomeraciones urbanas ni le sustraen a la peligrosa influencia del ruido y de las trepidaciones. La sensación tranquilizadora de la naturaleza es imposible de obtener en los pequeños jardines, que sólo deben ser considerados como puntos de reposo accidentales y no como substitutos de los grandes parques. Esos pequeños jardines se descuidan fácilmente y son de costoso entretenimiento, pues cualquier degradación que sufran en alguna de sus partes se hace muy visible, perjudicando el buen aspecto del conjunto del jardín, mientras que en un gran parque los descuidos y las imperfecciones están diluidas en una extensa superficie y el conjunto no sufre del mal estado de alguno de los detalles.

La solución del problema planteado por ese dilema consiste en establecer una gradación de los jardines, creando cierto número de ellos –squares, jardines de barrio– de pequeña extensión y lo suficientemente abundantes para que todo ciudadano pueda trasladarse a ellos mediante un máximo recorrido de 500 metros. En diversos lugares de la ciudad, otros jardines de mayor importancia completan los anteriores. Los parques urbanos y suburbanos, en la periferia, y las reservas y paisajes forman después las grandes masas verdes de la aglomeración ciudadana.

Vías de unión y comunicación

La repartición desigual sobre el área de la ciudad de los espacios libres destinados a jardines puede compensarse mediante el establecimiento de vías de comunicación bien estudiadas. Tiene, en efecto, una gran influencia la distribución de las grandes arterias y medios de comunicación en la concurrencia de los habitantes a los parques públicos. Es interesante el ejemplo de los bosques de Boulogne y de Vincennes, en París, desde este punto de vista: las atracciones del primero se ven de tal modo favorecidas por una serie de comunicaciones rápidas y en común, que se aglomeran en él masas enormes de habitantes, mientras que, en el otro extremo de París, el Bosque de Vincennes, menos rico en medios de transporte, no logra atraer la parte de habitantes que le corresponde y que sería conveniente para descongestionar al de Boulogne de la superconcurrencia de que sufre.

Todo jardín o parque de difícil acceso o situado muy lejos de las grandes arterias de circulación pierde una parte de su utilidad. Sin embargo, “debe evitarse hacer atravesar los grandes parques y jardines públicos por movimientos de circulación que disminuyen su superficie útil, y perturban su tranquilidad; pero estos parques no deben tampoco establecerse a través de las grandes direcciones de circulación, si bien es preciso que se hallen en la proximidad de las principales vías de acceso.”

Si un parque público puede en efecto determinar una atracción de las viviendas, de manera que hacia él se cree una dirección del crecimiento de la ciudad, al contrario una gran extensión dedicada a parques que intercepte una o varias arterias de circulación, provocará la parálisis de una parte de la población.

El parque de la Ciudadela, de Barcelona, ha obstruido mucho tiempo la comunicación con el barrio situado al este de dichos jardines, y cuando a consecuencia de ello se hubo de decidir la creación del paso militar, toda la zona del parque afectada por esta vía perdió su eficacia como jardín público, a causa de que su tranquilidad fue perturbada y sus plantaciones invadidas por el polvo, por el movimiento de circulación, etc. Un problema paralelo a éste fue el que se presentó al proyectarse el Campo de Marte de París, que dos grandes vías atraviesan, disminuyendo su área útil.

Así, pues, como consecuencia de lo que antecede, puede decirse que el establecimiento de una red de comunicaciones bien estudiada ha de favorecer mucho la utilización de los espacios plantados de las grandes ciudades. Será conveniente disponerlos de modo que no sólo conduzcan a los parques sin dañar su superficie útil, sino que más bien la acrezcan, por los medios que sean posibles.

Park-ways

Para ello los jardines deberán prolongarse en cierto modo hacia las vías de acceso, en las cuales las casas deberán ser sometidas a servidumbres de jardín, altura, etc., y lo mismo para las calles de circunvalación del jardín público.

Además, estas vías de acceso, que formarán una red de arterias de unión entre unos parques y otros, haciendo de todos ellos un conjunto, deberán ser proyectadas convenientemente para que los ciudadanos puedan pasear de unos a otros jardines tranquilamente, entre plantas, como si no abandonasen la zona de los parques. Estos paseos son considerados –bajo el nombre de park-ways o avenues-promenade– como de primera necesidad en las ciudades extranjeras.

 

 

IV. SISTEMAS DE PARQUES AMERICANOS Y EUROPEOS


Reconocimiento de su importancia

Los estudios de urbanización se han hecho una necesidad de nuestros tiempos y por todas partes se reconoce su importancia. Y, dentro de las cuestiones urbanísticas, el problema de los espacios libres, particularmente de los parques públicos, ha impuesto su prioridad a todos los demás aspectos de la construcción de las ciudades. Así puedo citar, en apoyo de lo que digo, el hecho de que en algunas ciudades americanas, que disponían de un presupuesto de urbanización aplicable a diversas obras nuevas, se haya decidido por plebiscito ejecutar ante todo los que se referían a parques públicos, como reconocimiento de su alta importancia para la vida sana, cómoda y agradable en las grandes ciudades.

En algunas universidades se estudian ya estas cuestiones en cursos especiales como una parte de la ciencia urbanística. Tal ocurre en la universidad de Liverpool, con los estudios desarrollados bajo el nombre de Town Planning. En la universidad de Harvard (EE.UU.) se precisa más la importancia de la sección de los parques públicos, la cual se reconoce en el título de la enseñanza: Landscape and City Planning.

Muchas ciudades americanas, australianas y europeas, siguen estas enseñanzas y algunas de ellas las han precedido o las preceden. Creo interesante citar ciertos ejemplos de sistemas de parques y de las soluciones dadas al problema del desahogamiento de los parques públicos, cuyo estudio general he hecho en el capítulo anterior.

Boston

Boston fue la primera ciudad donde la idea de un sistema de parques fue emitida, y esto ocurrió en 1891. Al principio, dice Mr. J. C. N. Forestier, esta idea fue considerada como un sueño y no pareció poder ser realizada más que por la continuación de los esfuerzos de una serie de generaciones. Sin embargo, el proyecto estaba planteado al cabo de dos años y no habían pasado siete cuando ya estaba ejecutado.

Boston, ciudad de 600.000 habitantes, presenta en su sistema de parques los siguientes rasgos esenciales: conservar grandes reservas de bosque y de parques en el distrito; gran número de jardines públicos, en Boston mismo, así como en cada municipio de la región; organizarlos, unirlos y constituir con ellos un conjunto bien equilibrado, bien protegido y que se utiliza a medida de las necesidades.

Este sistema comprende los 70 pequeños parques y play-grounds repartidos en Boston, los parques y los jardines particulares de cada ayuntamiento del distrito, las grandes reservas del mismo y, en fin, las avenidas de paseo que unen todos estos espacios libres.

Para la ejecución de este vasto proyecto, que asegura para el porvenir el desarrollo higiénico a la ciudad de Boston, ha sido precisa la cooperación de 39 municipios a la obra común emprendida por el distrito de Boston.

La comisión que fue nombrada en 1894 quiso primeramente reunir las 1.000 hectáreas de espacios libres de Boston y los paseos dispersos en diferentes municipios del distrito, por medio de grandes avenidas, a las cuales se habían de juntar, después, importantes reservas fuera de la zona de las aglomeraciones urbanas.

Fig. 1. Sistema de parques del distrito de Boston. Los espacios oscuros representan los parques existentes.

En 1º de diciembre de 1903 la Comisión había gastado cincuenta y seis millones de francos y el presupuesto del mismo año preveía la continuación del proyecto, al cual asignaba una contribución anual de quince millones de francos.

Los resultados obtenidos son los siguientes: los espacios confiados a la comisión especial comprenden aproximadamente 3.750 hectáreas. Se han construido 25 kilómetros de avenidas de paseo y se han adquirido los terrenos para ejecutar 15 nuevos kilómetros de ellas. El conjunto de espacios libres de Boston y de los otros municipios de distrito es de 6.140 hectáreas.

El total de gastos de adquisición de terrenos y de arreglo de parques en todo el distrito se elevaban en 1906 a 1.066.000 de francos, lo cual puede dar una idea de la importancia de la operación. La comisión se ha esforzado en sacar partido de las cinco características de aquella región, los tres ríos y dos colinas: Middlesex Fels (760 hectáreas) y Blue Hills Reservation (2.000 hectáreas).

Baltimore

Ciudad de unos 600.000 habitantes, ha formado un sistema de parques –cuyo conjunto puede observarse en una de las figuras adjuntas– que presenta la característica interesante de preservar los cursos de agua y sus valles de la invasión de las edificaciones. Cada valle viene a formar una park-way –como la Western Park-way, la Gwynn’s Palis Park-way, etc.– o bien, si la anchura del valle es suficiente, un verdadero parque, el Patapsco Park, por ejemplo.

Fig.2 Sistema de parques de Baltimore y de una parte de su condado. Tintas claras: antiguos parques. Tintas oscuras: parques nuevos y en proyecto.

Nueva York

Los esfuerzos hechos por esta municipalidad son muy de notar, puesto que la ciudad se había desarrollado considerablemente casi sin espacios libres. Los terrenos de Mulberry Park costaron cerca de 8 millones de francos, es decir, casi mil francos metro cuadrado. En 1902 fueron consagradas 26 millones de francos para crear nuevos parques en el casco viejo de la ciudad y el sistema de parques adoptado prevé la prolongación de la famosa Riverside Drive hacia el norte, hasta un parque que cubre la ribera del río hasta el norte de la isla de Manhattan. Este parque se enlaza con el antiguo Central Park por una serie de jardines y avenidas.

Fig. 3. Sistema de parques de la ciudad de Nueva York. Espacios oscuros: parques existentes.

Bronx, que es una extensión de Nueva York, tiene su sistema de parques en parte ejecutado. Una de las park-ways, en una longitud de 3 y ½ kilómetros tiene unos 130 metros de ancha. Otra de 200 metros de anchura tiene un kilómetro de longitud. La mayor de las avenidas-jardín es la Bay Ridge Park-way, de Brooklyn, cuya anchura varía da 100 a 300 metros. Pero la más interesante park-way es la Ocean Park-way, que constituye el eje del sistema de Brooklyn y conduce de Prospect Park a Coney Island. Y se ha proyectado una avenida sobre el océano, tan ancha como el Central Park.

El exagerado precio a que ha debido Nueva York pagar sus parques es el castigo a su poca precaución, lo cual es un gran argumento en pro de los sistemas de parques. Enseña cuan necesario es para una ciudad que tiende a crecer la aprobación de un programa completo de espacios libres y jardines públicos.

La población de Nueva York era en 1904, según el Board of Health, de 3.838.000 habitantes. La superficie de la ciudad es de 85.000 hectáreas, la superficie de los parques será de 2.800.

El ejemplo de los suburbios de Nueva York merece ser citado especialmente. En Essex County, habitado principalmente por personas ocupadas en Nueva York, no había en 1894 más que 15 hectáreas de reservas y no existían avenidas-jardines. Comprendieron sus habitantes que la aglomeración iba a desarrollarse y nombraron una comisión que estudiase el asunto y por medio de empréstitos, que alcanzan a 25 millones de francos, lograron adquirir 1.400 hectáreas y 5 kilómetros de paseos-jardín.

Igual ha sucedido en Manhattan Island o en el Bronx, en Essex o Hudson County etc. Nueva York queda con esto rodeada de un espléndido sistema de espacios libres y paseos que podrán ser enlazados unos con otros, después de haber temido un momento ser asfixiada por su formidable desarrollo.

Fig. 4. Sistema de parques del condado de Essex. Espacios oscuros: parques existentes y proyectados.

Chicago

Debido al rápido aumento de la población, que pasó de cinco mil habitantes que tenía en 1840 a dos millones en 1904, se hizo notar la insuficiencia de los espacios libres, pues se habían creado sin plan general y siguiendo las inspiraciones del momento.

En 1900 correspondía un acre (4.046 metros cuadrados) de parques por 848 habitantes, proporción que ponía a Chicago en última categoría, en este respecto, entre las ciudades americanas. Y lo más grave era que los parques y espacios libres estaban demasiado concentrados: así, entre once distritos cuya población era sólo de 425.000 habitantes poseían 1814 acres de parques (234 habitantes por acre), mientras 33 distritos con más de un millón de habitantes tenían, entre todos, 228 acres de espacios libres.

Fig. 5. Sistema de parques de Chicago. Negro: parques antiguos. Punteado: parques nuevos y proyectados.

En la Memoria anual de la Comisión de Parques de Chicago de 1901, ya se manifestaba claramente la preocupación que producía la falta de espacios libres. En 1902, 1903 y 1904 se comenzó la realización del sistema de parques. En 1903 se fundó una comisión especial para estudiar la creación de una cintura de parques, la cual declaró, al poco tiempo, que era indispensable crear gran número de campos de expansión y recreo sin mirar en ningún caso la cantidad empleada.

Para nuevos parques, el municipio en 1903 consagró 32 millones de francos. Desde 1900 a 1904 el número de campos de juego que era 5 se elevó a 9, empleándose en ello de 50.000 a 100.000 francos anuales. Pero para la realización del sistema completo se está haciendo un esfuerzo muy superior y esto permitirá a Chicago alcanzar iguales condiciones que Boston.

El proyecto totalmente realizado, del que el plano adjunto da sólo una idea parcial, es suficiente para una población de 2.000.000 habitantes; pero además se prevé la compra de terrenos para aumentar los parques, según las necesidades de los 8.000.000 habitantes que dentro de 50 años piensa Chicago se habrán reunido en la ciudad y sus alrededores.

Fig. 6. Sistema de parques de Buenos Aires.

Londres

Londres desde hace años dirige sus esfuerzos hacía la creación de terrenos de juego en los barrios más poblados, especialmente para los niños, y hacia la utilización de mujeres, en vez de hombres, para vigilar estos terrenos y enseñar a los niños el empleo de los distintos aparatos de juego o de gimnasia.

Poco tiempo hace que en Finsbury-Park había uno solo de estos campos: ahora son 37 los que existen.

Los gastos de entretenimiento de jardines, parques o espacios libres que dependían del London County Council en 1906 son de 133.725 libras esterlinas (3.350.000 francos), para una superficie de 3.882 acres.

Fig. 7. Parques y reservas de Londres. La línea punteada indica el límite del Condado.

Los royal parks, los espacios libres que dependen del Gobierno, Hyde Park, Saint-James, Green, Regent Park, Kew, Greenwich: 112.111 libras (2.800.000 francos), para una superficie de 2.000 acres y sin contar Hampton Court, Bushy Park, Richmond, Windsor y otros demasiado alejados y de difícil acceso.

Wimbledon y Putney (superficie: 200 acres) se rigen de un modo especial. Los propietarios vecinos pagan hasta cierto punto su entretenimiento; alrededor de 110.000 francos.

La Corporation City ha adquirido y sostiene 6.544 acres de parques y espacios libres.

Todo lo cual viene a formar un total de 6.460.000 francos para una superficie total de 6.000 hectáreas, sin contar los pequeños jardines sostenidos por los Metropolitan Berough Councils.

Windsor Park es un espacio grande de campo que se conserva y guarda para excursiones, pues está muy alejado de la ciudad, pero se ha considerado de tan grande valor para Londres que la Corporación acordó adquirir la región llamada Burnham Beeches, al norte de Windsor Park a más de 30 kilómetros, y al cual parece darse tanta importancia como a estos vastos terrenos llamados Commons y que forman una especie de cintura de espacios libres a la ciudad.

Las donaciones particulares han venido a auxiliar en su labor al Consejo del condado. El terreno de Myath’s Field fue donado por un rico propietario a la Metropolitan Public Gardens Association que cuidó de su arreglo, empleando en ello 250.000 francos, hecho lo cual lo entregó al Consejo.

Royal Victoria-Gardens y North Woolwich Gardens (4 hectáreas) fueron adquiridos por un Comité creado especialmente para esto, que presidió el duque de Westminster. De los 440.000 francos empleados el Comité pidió solamente al Consejo 25.000 francos y los gastos de construcción.

Maryon-Park es donación de un particular, Sir Spencer Maryon Wilson.

Para Blackheath (110 hectáreas) y Manor House Gardens (4 hectáreas), los propietarios abandonaron en parte o totalmente sus derechos. El pequeño pero útil campo de recreo de Walworth, en uno de los barrios obreros más poblados, fue comprado por 135.000 francos, 3/5 partes de los cuales fueron cubiertos por suscripciones y la Metropolitan Publio Gardens Association tomó a su cargo la construcción.

París

Aunque posee extensiones considerables de parques, es en este punto inferior a Londres, sobre todo a causa de tenerlos mal repartidos. En París la mayor parte de parques está acumulada en el oeste, produciendo la impresión de las ciudades que se han desarrollado sin programa, como Chicago y Filadelfia. Las reservas, por ventura considerables, no son, dice Mr. Forestier, el resultado de la previsión, sino de la casualidad: son antiguos dominios señoriales, antiguos campos y bosques de caza, severamente guardados por el código forestal, que se utilizan hoy; pero sin cuidarlos, ni garantizarles ni tampoco preocuparse de su aumento.

Fig. 8. Parques y reservas de París. La línea punteada indica el límite del Departamento del Sena.

La superficie de parques y jardines se reparte como sigue:

Bosque de Boulogne

847 hec.

88 a.

12 ca.

Bosque de Vincennes

934

22

55

Jardines del interior de París, comprendiendo el Palacio Real, Tullerías, Luxenburgo y el campo de Marte

247

79

1

Total

2.029 hec.

89 a.

67 ca.

París dispone pues aproximadamente de una hectárea de parque por cada 1.354 habitantes, lo cual es insuficiente y notablemente inferior a lo alcanzado por otras ciudades (Los Ángeles: 1 hectárea por 64,8 habitantes; Boston 1 hectárea por 94 habitantes; Viena 1 hectárea por 400 habitantes; Londres: 1.031 habitantes por hectárea). De modo que desde hace años constituyen los espacios libres uno de los más debatidos problemas municipales de la villa de París.

El aprovechamiento de las fortificaciones

Desde 1883 se suceden los proyectos de aprovechamiento de la zona de fortificaciones que rodean la ciudad y que carecen de valor militar. Ya en 1885 se habló de la formación de una cintura de parques, pero el Estado tenía la pretensión de sacar de las fortificaciones un producto extraordinario, lo cual produjo el conflicto entre el Estado y París, que los defensores de los espacios libres han hecho renacer. Éstos han logrado descartar las antiguas proposiciones, a pesar de la dificultad producida por la operación financiera de 1898 en la cual se puso como garantía de una emisión de 200 millones de francos, la venta de los terrenos de la cintura de fuertes del norte y del oeste.

En 1908, conforme un proyecto de convenio que estaba a punto de ser aceptado, la Villa debía comprar al Estado parte de los terrenos por 64 millones. Pero apareció una nueva proposición estudiada por la Sección de Higiene urbana del Museo Social, que fue presentada en la Cámara de los Diputados como proposición de ley de M. Siegfried.

Basándose en precedentes oportunamente citados –creación de las avenidas de los Campos Elíseos, de la Grande Armée , y de Neuilly en el siglo XVIII, cesión gratuita de los terrenos de Marigny (jardines de los Campos Elíseos), cesión gratuita del Bosque de Boulogne; cesión gratuita del Bosque de Vincennes–, pretendía que el Estado debería ceder, también gratuitamente, a la Villa la parte inutilizada de la cintura de fuertes, pero imponiéndole la obligación de crear por ellos una ancha avenida que enlazase varios parques y campos de juego. Esta proposición hizo que se suspendiesen inmediatamente las negociaciones entre la ciudad y el Estado.

Pero al mismo tiempo, M. Dausset, diputado, proponía una nueva solución consistente en aprovechar la zona llamada de servidumbres militares, que permanece en gran parte libre de toda construcción. Esta zona que pertenece a propietarios particulares tiene una anchura de unos 250 metros, mientras que la zona perteneciente al Estado es de unos 130. Aprovechando la depreciación notable de los terrenos gravados por la servidumbre de no edificar, la Villa procedería a su expropiación, inmediatamente serían desarmados los fuertes y los terrenos vendidos a la municipalidad. Los terrenos de los fuertes serían revendidos a los particulares a un precio superior al que debería satisfacerse por los de servidumbre, pagándose con el resultado de esta operación los gastos de urbanización de las tierras expropiadas, que según el proyecto Dausset quedarían formando un anillo de verdura, abandonándose a la libre construcción los terrenos adquiridos del Estado.

Fig. 9. Las fortificaciones de París. Solución de parques unidos por avenidas.

El proyecto de la Sección de Higiene urbana del Museo Social, obra de M. Hénard, es una modificación del antiguo proyecto del mismo M. Hénard. Este primitivo proyecto estaba formado por nueve parques unidos por avenidas. Mr. J. C. N. Forestier, de quién tomo estos datos, pidió que se añadiesen varios campos de sport. El nuevo proyecto acepta esta idea añadiendo a los nueve parques, algunos terrenos de juego de unas dos hectáreas, pero abandona las avenidas que unían los parques; pues siendo esta avenida o serie de avenidas circulares, y por lo tanto sin gran utilidad para la circulación no podría justificarse, según M. Hénard, su anchura extraordinaria, especialmente en la periferia de la ciudad.

Fig. 10. Las fortificaciones de París. Solución de parques aislados.

La proposición Dausset plantea cuestiones difíciles, porque su longitud extraordinaria y anchura reducida no permiten: lº variar lo bastante los aspectos y perspectivas; 2º facilitar el enlace de París con los barrios extremos; 3º asegurar su conservación y vigilancia con gastos poco crecidos.

Evidentemente sería difícil evitar la monotonía de esta larga cintura de parques, de 33 kilómetros de longitud, en las intersecciones con las calles, en las avenidas de salida, en los campos de juego, en la manera de disponer las plantaciones. Y por lo demás, este parque anular produciría un aislamiento muy parecido al ocasionado por la zona de fortificaciones.

El proyecto del Museo Social se presentó junto con un cuadro financiero que dejaba prever un beneficio de 75 millones comprendiendo: a) adquisición de algunas hectáreas para establecer terrenos de juego y parques; b) los gastos de urbanización; c) la construcción de una doble barrera de cerca que permitiría percibir fácilmente el impuesto de consumos.

El cuadro financiero del proyecto Dausset es más complicado puesto que no es fácil calcular el precio de los terrenos de servidumbre, ni la depreciación que produce en ellos la servidumbre de non aedifícandi y las operaciones de los especuladores. Con todo, siguiendo las bases del proyecto del Museo Social y admitiendo que el Estado cediese sus terrenos por 70 millones de francos, puede calcularse que la realización del proyecto costaría unos 100 millones de francos.

El proyecto Hénard, del Museo Social, que es el más económico, a priori ya resulta insuficiente, pues abandona a la construcción toda la zona de servidumbres, de modo que los amantes de los espacios libres prefieren la situación actual a la realización del proyecto. Además, al edificarse todos estos terrenos se produciría seguramente una crisis de la construcción del interior de la villa. Así es que hay una fuerte corriente favorable a la combinación de ambos proyectos.

Para evitar los inconvenientes de los proyectos propuestos cabe seguir un nuevo proyecto con elementos de uno y otro. La cintura de fuertes y la zona gravada por la servidumbre de non aedificandi serían adquiridas de acuerdo con el proyecto Dausset; pero no se dividiría simplemente el terreno adquirido en zona de construcciones y zona de parques.

Una ancha avenida con perfiles variados uniría los grandes parques. Habría en ella lugar especial para los ciclistas, para caballos de paseo ya que no es probable que a pesar de los automóviles dejen de apreciarse los paseos a caballo. Esta avenida estaría rodeada de construcciones bajas repartidas agradablemente entre las plantaciones. Esto se lograría sujetando los terrenos vendidos a estrecha servidumbre en cuanto a la construcción y a la situación de lo edificado. Esto evitaría en gran parte la crisis de la edificación que temen los propietarios de París y al mismo tiempo produciría un ingreso notable que ayudaría a pagar los gastos inevitables de este proyecto.

Fig. 11. Las fortificaciones de París. Detalle del proyecto de solución mixta.

Reservas

No faltan en París reservas, legado de otras épocas y que el código forestal ha mantenido indemnes. Grandes extensiones de bosque rodean a la ciudad, pero pertenecen aún al Estado y es posible que se produzca una discusión sobre ellos, como en la cintura de fuertes, que ponga en peligro la integridad de estas reservas, que por lo demás no son abundantes en exceso. Muchos de estos bosques tienen el acceso difícil y las vías que a ellos conducen son incómodas o sin interés.

En todo caso, los bordes de los ríos y los panoramas protegidos en París y sus alrededores son abundantes, aunque no han sido aún coordinados ni utilizados y sobre todo no han sido completados. Además, el bosque de Saint Germain, el de Montmorency, el de Bondy y los de Armainvillieres, de Senart, de Vérrières y de Meudon constituyen una hermosa cintura verde, si bien desigual e insuficiente. Hacia el norte, noreste y el sur están mal distribuidas las reservas, mientras que hacia el oeste, Versalles y el valle de Chévreuse pueden constituir elementos importantes de un programa.

Viena

El sistema de parques de Viena es notable por estar formado –de una manera esquemática– por cinturas sucesivas de jardines y espacios libres. Desde el centro a la periferia estas cinturas se dilatan, en anchura, al mismo tiempo que en longitud.

La Ringstrasse es la avenida que une las plazas y los jardines de la primera cintura interior de parques. Es conocido su carácter monumental, así como que se asienta sobre el terreno de las antiguas fortificaciones de la ciudad.

A una distancia media de 2 a 3 kilómetros de la Ringstrasse se extiende una segunda cintura, recorrida por la amplia avenida de 76 metros de anchura por 14 kilómetros de longitud, la Gürtelstrasse. Esta une numerosas plazas y jardines, entre los cuales se cuentan los grandes parques, el Prater y el Augarten. Su construcción se efectuó sobre los terrenos del foso de los arrabales de Viena, que databa del tiempo del príncipe Eugenio.

En mayo de 1905, el municipio vienés acordó destinar 50 millones de francos a la construcción de nuevos parques, que formarán la tercera cintura, de gran amplitud, suficiente para dejar un espacio libre, plenamente “natural” entre el núcleo urbano de Viena, y los suburbios que crecen de una manera amenazadora.

Las previsiones del Ayuntamiento de Viena aseguran a una población menor de dos millones de habitantes, una superficie total de parques de 4.500 hectáreas, o sea 1 hectárea para cada 400 habitantes, o bien 25 metros cuadrados por ciudadano.

Fig. 12. Sistema de parques de Viena. Espacios grises: antiguos parques. Espacios negros: parques nuevos y proyectados.

 

 

V. MODERNAS ORIENTACIONES DEL ESTUDIO DE LOS SISTEMAS DE PARQUES


Después de los sistemas americanos

Los sistemas de parques americanos han venido llenando su cometido durante una serie de años: los landscape architects de aquellos países han tenido el mérito de sistematizar esas cuestiones, de difundir las ideas de los espacios libres, de colocar el problema de los parques públicos a la cabeza de todos los problemas de urbanización y, finalmente, de lograr que todas las ciudades importantes del mundo reservasen –más o menos– áreas de su recinto a la aireación, soleamiento, masa verde y recreo de los niños.

Pero, modernísimamente, ha sido preciso percatarse de que en los sistemas americanos de parques no todos los puntos de vista del urbanismo integral han sido tenidos en cuenta. Debo a Mr. J. C. N. Forestier algunas ideas que he procurado desarrollar sobre la manera como debe ser considerada hoy día la inquietante cuestión de los espacios libres y plantados de las ciudades.

Metodización de los estudios a efectuar

Tres puntos de vista es preciso tener en cuenta para metodizar los estudios de espacios libres de las grandes aglomeraciones urbanas:

a) El aspecto de la ciudad y su “fisonomía”, belleza y carácter.

b) La distribución de las densidades de población, sobre el plano, como base del estudio de la “eficiencia” de los espacios libres.

c) Las cuestiones económicas relacionadas con el precio de los terrenos.

a)

Hay que distinguir, evidentemente, las cuestiones que afectan a la creación de nuevas ciudades, de las referentes a la mejora de las aglomeraciones ya formadas. Pero, en todo caso, un cuidado exquisito debe presidir a la conservación de los puntos interesantes, pintorescos o simplemente característicos situados en el área de la gran ciudad.

La “altimetría” de la misma es de gran importancia tenerla en cuenta: la distribución de los espacios libres sobre un “plano” no puede hacerse sin considerar que hay puntos elevados y otros más bajos en el terreno que, así como en campo abierto forman parte de la armonía del paisaje, al ser invadidos por las edificaciones son capaces de contribuir notablemente a crear un carácter a la ciudad.

Un estudio muy detenido de esta “altimetría” dará los primeros datos para plantear el problema de la belleza “característica” de la ciudad. De todos los elementos del paisaje, puede asegurarse que el único que se salva integralmente en la invasión bárbara de las construcciones es el relieve del terreno.

Los monumentos interesantes, los espacios pintorescos por una u otra causa –así los grupos de árboles, aguas, rocas, etc.–, deberán ser considerados también como parte importante de los datos que hay que tener en cuenta en la distribución de los parques y jardines desde el punto de vista del aspecto y belleza de la población.

Cuando este punto de vista se olvida o desprecia, las solas preocupaciones higiénicas y de construcción y circulación son los que se imponen y las ciudades, faltas de los elementos “típicos” que el relieve del suelo proporciona, caen en el horror de la cuadrícula o están muy cerca de contagiarse del tedio que producen las obras guiadas por un cosmopolitismo banal.

b)

Si se representan sobre el plano de la ciudad las densidades de población de los distintos barrios por medio de una escala de tonos, más o menos oscuros, y se repite esta representación por períodos de 5, 10 o más años, se observará que los núcleos más densos no son siempre constantes ni igualmente colocados, sino que varían de densidad y se desplazan siguiendo las fluctuaciones de la vida de la ciudad.

Sin embargo, si se superponen los planos sucesivos, indicadores de las densidades de población, podrán deducirse leyes generales o al menos datos particulares para la ciudad de que se trata, que indicarán ya los núcleos de población que se presenten constantemente más densos, ya las direcciones de desplazamiento de esta mayor densidad de habitantes, ya las fluctuaciones más o menos periódicas que dichas densidades manifiesten u otras particularidades, en fin, de alto interés urbanístico. Paralelamente será útil el establecimiento de mapas demográficos, de enfermedades endémicas, de casos de tuberculosis, y, tal vez, de criminalidad infantil y de la adolescencia. Esta última serie constituirá la de los datos auxiliares.

En posesión de estos conocimientos el servicio municipal de espacios libres estará en condiciones de resolver el problema de los sistemas de parques, desde el punto de vista de su “eficiencia” o rendimiento de los mismos, con relación a las densidades de población de los barrios de la ciudad y a los efectos producidos por estas densidades; y podrá, por lo tanto, resolver la ejecución de espacios libres en las zonas en que mayor es el apiñamiento humano.

c)

Las consecuencias deducidas de los estudios consignados en los dos anteriores apartados inclinarán los espíritus a determinadas soluciones del sistema de parques de la ciudad, los cuales para ser viables necesitan tener en cuanta el máximo de ventajas económicas. Por esto, los estudios de valores de terrenos, antes y después de la ejecución de los proyectos, deben formar parte de los trabajos fundamentales de los sistemas de parques municipales.

Otros planos, semejantes a los que se hayan establecido para las densidades de población, darán a conocer el estado de las valoraciones de terrenos, sus variaciones, periódicas o no, su constancia para ciertos barrios, su crecimiento continuo para otros, el desplazamiento de las zonas de habitación cara, etc.

De la observación atenta de los datos suministrados por tales planos se deducirán los lugares en que la ejecución de espacios libres puede presentar menos cargas para el Municipio.

Planteamiento del problema

¿Cómo se formula el proyecto de sistema de parques, en presencia de las tres categorías de datos proporcionados por los estudios y exigencias anteriores? Cada caso particular, cada ciudad, dará soluciones distintas que requieren un trabajo dilatado y profundo para ser llevados a cabo con éxito. Toda improvisación sería contraria al espíritu metódico que precisamente pretende implantar en los proyectos de sistemas de parques la teoría moderna, de la cual estoy dando una vaga idea. Sólo es posible trazar aquí un esquema del procedimiento a seguir.

Se han de combinar las exigencias económicas que piden que los jardines y espacios libres se ejecuten en las zonas menos caras –con las deducciones extraídas de la consideración de las densidades de población– que muchas veces presentan su máximo, naturalmente, que coincide con las zonas en que los terrenos dan mayor renta o sean los más caros y, finalmente, con la “altimetría” y la conservación de monumentos, etc., que puede estar en contradicción con las anteriores necesidades.

Fig. 13. Barcelona. Los espacios negros son los parques dados actualmente al público.

 

Fig. 14. Barcelona. Espacios negros: sistema de parques incluyendo los que están en ejecución y en proyecto.

La solución teórica

Véase, pues, el cúmulo de posibilidades y de incógnitas que se han de tener en cuenta en el estudio de un sistema de parques a la moderna y júzguese que nuevas complicaciones agregarán a las dificultades teóricas del problema las necesidades y hábitos de la vida municipal y las resistencias de los propietarios de terrenos.

Teóricamente, ya lo he consignado, cada habitante debe tener a menos de 500 metros de su casa un jardín de barrio; cada familia exige un campo de juego a 1.000 metros de su habitación; los parques urbanos tienen también su radio de acción, así como los suburbanos y las reservas y paisajes. Si dibujamos los círculos de eficiencia de cada espacio libre (fig. 15) será preciso que se cubran, o se toquen al menos, del modo como se ve en el esquema adjunto, y que las zonas no afectadas por dichos círculos, si las hubiere, correspondan a los barrios menos poblados.

Fig. 15. Las líneas en carmín representan los círculos de eficacia (radio = 500 m) de los squares y jardines de barrio. Las negras significan los círculos análogos (radio = 2.000 m) de los parques urbanos. En la figura existen espacios perfectamente cubiertos por ambas categorías de círculos y otros que, aunque estén servidos, a la distancia debida, por un parque, no lo están por los squares y viceversa. Finalmente, la zona rayada no se halla cubierta por ninguno de los citados círculos de eficacia, debiendo pues corresponder –según lo dicho en el texto– a terrenos caros de un barrio rico, donde las necesarias servidumbres de no edificar proporcionen una superficie conveniente de jardines privados.

Notemos de pasada, que esta teoría conduce generalmente a la ejecución de muchos espacios libres y jardines públicos en los distritos obreros y modestos –donde el terreno es relativamente barato y la densidad de población considerable– mientras que a los barrios ricos –terreno caro y población menos densa– se les atribuyen muchos menos. Hay que recordar que los jardines privados constituyen una amplia compensación de la falta de espacios libres municipales y que son los distritos ricos los que pueden poseer mayor superficie dedicada a jardines particulares.

 

 

VI. DE LOS JARDINES, PASEOS Y PARQUES PÚBLICOS. SU ESTUDIO PARTICULAR Y SU TRAZADO Y PLANTACIÓN


Avenidas y plazas

Circulación y plantación

Ya se ha dicho anteriormente que la idea del “espacio libre” en las ciudades envolvía varios conceptos que no deben confundirse: dos de ellos son esencialmente distintos, la plantación y la circulación.

Se comprende perfectamente que la función del espacio libre de edificaciones como lugar de circulación es, sino opuesta, al menos muy diferente de la función del espacio destinado a proporcionar “masa verde” a la ciudad. La plantación es siempre un obstáculo para el movimiento ciudadano y recíprocamente la circulación es altamente perjudicial para la vida de las plantas. Así, pues, en lo posible deben separarse de las zonas plantadas las grandes corrientes circulatorias, representadas por las arterias comerciales de la ciudad y las plazas de cruce, donde el movimiento es intenso. Y viceversa, debe evitarse entorpecer la función de éstas, con la adición de matorrales y macizos de vegetación esparcidos aquí y allá.

Arterias y park-ways

Las ciudades ricas que pueden permitirse un lujo de espacios libres establecen esa distinción. Las avenidas de paseo existen separadamente de las grandes arterias circulatorias. En éstas la multitud de los vehículos, de los hombres atareados, se mueve vertiginosamente: apenas si algunas filas de árboles dan sombra a la vía comercial; todos los ornamentos florales inútiles son proscritos de ella.

En cambio los park-ways o paseos tienen un carácter totalmente distinto. La circulación que les es propia de gentes que pasean no puede tener la intensidad de la de las grandes arterias ciudadanas. Como consigno al final de este apartado, los efectos del alquitranado y del polvo y del apisonamiento producidos por el paso son particularmente graves en los lugares de circulación activa para la salud de los vegetales. Así, pues, sólo los vehículos de lujo o de paseo y los caballos y bicicletas son admitidos en dichos paseos aparte de los peatones. La circulación cada vez más intensa de los automóviles de ciudad constituye, sin embargo, un serio problema que se presenta a los park-ways, a causa de la emisión de gases nocivos a las plantas que tales aparatos despiden durante su marcha y del polvo que levantan en grandes proporciones.

Trazado de los paseos

En todo caso, esa circulación restringida debe ser ordenada para que dañe lo menos posible a las plantas y para que no disminuya el agrado de semejantes avenidas de paseo. Éstas, que en muchos casos unen dos parques situados en sus extremos, de los cuales son una especie de prolongación, poseen plantaciones de sombra y de ornamento. También estos vegetales deben ser ordenados para salvarlos de los peligros de la afluencia humana y hacerlos rendir su máximo esfuerzo.

Los perfiles de algunos park-ways que inserto, dan una idea de dichas ordenaciones y separaciones de movimiento y plantación. Una breve explicación podrá completar los detalles elementales que son la esencia de dichos perfiles.

Fig. 16. Perfiles de paseos.

 

Fig. 17. Perfiles de grandes avenidas.

 

Fig. 18. Perfiles de avenidas-jardín.

En primer término, es necesario observar que la misión de las plantaciones en esas avenidas de paseo sería incompletamente llenada si, a ambos lados del park-ways, dejase visible el gris polvoriento de los entresuelos de los construcciones. Para dar al paseante la sensación de estar rodeado por vegetales, es preciso apoyar bien por ambos lados las plantaciones de la avenida con dos filas, o mejor zonas, de unos cinco metros de ancho al menos, de jardín bajo y verde. Generalmente son los particulares los obligados a construir estos jardines delante de sus casas, a expensas de su propio terreno, mediante la imposición de servidumbre non aedificandi, y asimismo de entretenerlos. Tales jardines no constan en las figuras, salvo en la de la avenida de Meilhau, de Marsella.

El mínimo de la distancia que se fija desde el primer árbol a las fachadas es de 5 metros. Las plantaciones ocupan, ya las fajas laterales, como en la Maximiliausstrasse de Munich, ya el centro. De esta última solución incluyo el ejemplo de la avenida de Breteuil de París, cuyo centro está ocupado por una zona de 25,50 metros de césped, y la Kaiserstrasse de Maguncia, con jardines bajos a lo largo de su eje.

Fig. 19. Perfil de una gran vía en un proyecto de “cintura verde” de Londres.

Existe un problema, nacido en nuestros días, que no puede dejarse de examinar al tratar de la plantación de los paseos públicos. Me refiero a la acción del alquitrán sobre las plantas de las avenidas y, en general, sobre los vegetales de los parques públicos, expuestos a los inconvenientes de la proximidad de una intensa circulación rodada sobre pavimento alquitranado.

Lo trataré especialmente, ya que no es común el hacerlo, como con otros problemas más corrientes relacionados con la circulación: polvo, apisonamiento debido al paso y al riego, exposición, etc., que son estudiados, desde hace tiempo, en los tratados especiales de plantación de las ciudades.

Efectos del alquitranado sobre las plantaciones de las avenidas

Dos comunicaciones han sido hechas sobre este tema en los Congresos franceses de la Route, la primera en 1908, la segunda en el Congreso de 1910, por Mr. Forestier.

En él expuso nuevamente las observaciones hechas durante los años últimos, en la primera sesión de una comisión técnica reunida para este objeto especial en la prefectura del Sena en junio de 1911.

He aquí los términos en que se expresó en esta sesión.

“El primer alquitranado sobre una superficie importante que ha sido ejecutado en la región de París ha sido hecho, por la “Conservación de Paseos”, en 1905, en el Boulevard Maillot, sobre una superficie de 16.000 metros cuadrados, aproximadamente. El alquitranado de la avenida del Bosque de Boulogne es practicado regularmente desde hace cuatro años.

Desde esta época se ha podido observar qué ventajas y qué inconvenientes presenta este método de conservación del pavimento, tanto en los jardines que bordean el Boulevard Maillot, como en el Bosque de Boulogne mismo y en la avenida del mismo bosque.

Desde el punto de vista de la conservación del pavimento y de la reducción del polvo, los buenos resultados del alquitranado son incontestablemente excelentes.

Por el contrario, el efecto de esta práctica sobre la vegetación parece ser deplorable sea que se la considere:

1º Sobre las plantas “de adorno”.

Sobre los arbustos.

3º Sobre los árboles.

Sobre las plantas “de adorno”

Son las plantas de vegetación rápida que sirven para los macizos de flores y para el relleno de las platabandas. Un gran número de ellas como por ejemplo el Pelargonium y, más particularmente, el geranio yedra, presentan sus hojas manchadas o en mal estado de vegetación y a veces mueren a lo largo de las avenidas alquitranadas.

Un hecho particular, bien observado por dos veces, merece ser señalado. Un borde de Sedum Spurium fue hallado enteramente quemado al día siguiente de una aplicación de alquitrán sobre el pavimento. Es de notar que en este caso se había establecido el aparato de aplicación del alquitrán en la proximidad de las plantas destruidas.

Efectos sobre los arbustos

Un gran número de entre ellos son atacados y parecen decaer desde que se alquitranan las avenidas del Bosque de Boulogne.

Merecen ser citados sobre todo las Deutzia, las Spirea, los Symphoricarpus, los Ribes, que parecen ser los arbustos más sensibles.

A la proximidad de los caminos alquitranados los rosales presentan síntomas de enfermedad y particularmente manchas negras sobre sus hojas.

Efectos sobre los árboles

Estos son diversamente atacados según su especie.

Las hojas presentan como quemaduras sobre todo entre las nerviaciones, a menudo los bordes se secan y las hojas se retuercen. Los árboles que tienen reservas de energía resisten durante los primeros años, pero poco a poco se depauperan y acaban por perecer.

Las especies que han parecido más sensibles son: los Ginkgo, los Gymnocladus, los Juglars, las Paulownias, las Gleditschias, los Álamos blancos, los Marroniers rojos y blancos. Las Sophoras y los Plátanos parecen mostrarse más resistentes.

La época en la cual el alquitranado se practica presenta una gran importancia, pues el alquitrán obra según ella de dos maneras diferentes. Por de pronto en el momento de su aplicación y, los días siguientes, por sus elementos volátiles. Después por las nubes de polvo de alquitrán levantado por una circulación intensa. Es precisamente esta segunda acción la que parece más peligrosa.

Pero nosotros hemos constatado que la Sóphora ha sido en algún caso dañada por un alquitranado del pavimento hecho en el instante de su vegetación, mientras que en otros años estos mismos árboles han quedado intactos después de un alquitranado extendido antes del período de desarrollo de sus hojas.”

Otros experimentos

En Aix-les-Bains, Mr. Forestier ha podido observar que rosales plantados sobre una terraza situada a un metro del arroyo y sobre-elevada dos metros, han sido atacados. Las lesiones se presentaban bajo la forma de numerosas manchas negruzcas, ya observadas, por otra parte, sobre las hojas de los rosales situados en las avenidas del Bosque de Boulogne.

Los daños son más importantes cuanto más intensa es la circulación pero parece que la acción del polvo es tanto más viva cuanto más expuestos a la luz son los órganos atacados. Es de notar que en la avenida del Bosque de Boulogne es precisamente muy intensa la circulación durante las horas más calientes del día.

En todo caso la situación de dicha avenida es actualmente capaz de inquietar a los que se preocupan de la belleza de esta vía, que presenta un interés mundial y que importa remediar lo más pronto posible.”

Un dictamen científico sobre los daños del alquitranado en las plantaciones

Una subcomisión fue encargada de confirmar estas observaciones y entre sus miembros fueron designados sabios químicos y botánicos, poco dispuestos, a priori, a someterse a tales afirmaciones. Sin embargo, esta subcomisión acabó por aceptarlas. He aquí algunas líneas del dictamen presentado en su nombre por Mr. Gatín.

“Como ha sido reconocido desde hace largo tiempo (Forestier), la acción del alquitranado es compleja. Por de pronto, se ha de considerar la influencia de los vapores producidos, sea en el momento de la aplicación del alquitrán, sea ulteriormente y, en segundo lugar, la influencia del polvo que proviene del arroyo, el cual, como ha sido demostrado experimentalmente, ejerce una acción particularmente nociva sobre las hojas de ciertas plantas.

En el curso de las observaciones hechas por la subcomisión ha sido generalmente imposible darse cuenta de una manera segura de la influencia respectiva de estos dos factores, como tampoco de la posibilidad de una contaminación del suelo por las materias provenientes del alquitranado.

Por otra parte, las condiciones de la vegetación de los árboles en las ciudades, hechas más difíciles por la reverberación, la acumulación del polvo, la impermeabilidad del suelo, etc., etc., vienen a complicar todavía el problema que la subcomisión debía estudiar.

Por lo que concierne a los castaños de Indias las hojas más viejas que presentan lesiones del parénquima y una suberificación de sus peciolos, han sido dañadas por las heladas tardías; pero las hojas más jóvenes, crecidas después de estas heladas, comienzan a ennegrecerse entre las nerviaciones y a suberificar sus peciolos.

Existen, en fin, en el Bosque de Boulogne dos avenidas donde una experiencia hecha en las condiciones de la práctica se ha presentado a mano. La vegetación de las partes no alquitranadas es incomparablemente más bella que en la zona alquitranada. Y esto es verdad no solamente para las acacias de la avenida sino también para los árboles de diversas especies que bordean el bosque a todo lo largo de la avenida de las Acacias.

La acción es particularmente marcada para dichas acacias. A lo largo de las partes alquitranadas se ve disminuir el número de hojas que vegetan sobre las ramas del año y las dimensiones de las hojas y los folíolos y el número de éstos disminuye también para cada hoja.

Ha sido por otra parte imposible observar claramente una diferencia específica entre las alteraciones debidas al alquitrán y las que se deben a otras causas distintas como heladas, insolaciones, etc. Sin embargo, las constataciones hechas particularmente en el Bosque de Boulogne permiten a la subcomisión caracterizar la acción del alquitrán por el encorvamiento de las hojas, la caída prematura da los folíolos y, de una manera general, por un encalmamiento de la vegetación como se ha podido observar en un número determinado de variedades.

Este efecto ¿coincide con la operación de aplicar el alquitrán, ejecutada en el momento en que los árboles brotan? ¿Es por contrario debida a la acción posterior del polvo? En el momento actual es imposible contestar esas preguntas y sería necesario determinar por medio de experimentos la parte que corresponde a cada una de estas acciones.

En resumen, la acción nociva del alquitrán es innegable en ciertas avenidas y sobre ciertas plantas herbáceas y leñosas, pero esta acción parece obrar en razón directa de la intensidad de la circulación y de la insolación, puesto que la subcomisión ha podido observar que los árboles situados a lo largo de las avenidas menos frecuentadas y más sombrías no parecen sufrir a causa del alquitranado (avenida de las Fortificaciones, avenida desde la de las Acacias a Bagatelle, boulevard Delessert, avenida Henri-Martin, avenida del Trocadero, etc.)”

Experimentos de los viveros de París

Posteriormente, cierto número de experiencias han sido hechas en los Viveros municipales de París por medio del polvo del alquitrán recogido en la avenida del Bosque de Boulogne y otras avenidas alquitranadas, el cual fue depositado sobre las hojas de árboles y arbustos sanos.

Los resultados fueron concluyentes:

Las hojas del Phihadelphus fueron quemadas, se retorcieron y la corteza joven se quemó.

Las hojas del nogal común se quemaron.

Las del Ribes sanguínea –cuando son jóvenes– se observó que ennegrecen o se ponen parduscas.

En el Acer Sycomoro las hojas jóvenes fueron quemadas y las viejas ennegrecidas.

Las del rosal, jóvenes, se retuercen y se secan; más viejas se cubren de manchas negras.

El olmo ha parecido resistir hasta hoy (nótese que estos datos se recogieron al cabo de quince días de comenzado el experimento).

La viña es muy sensible. Sus hojas se queman rápidamente o se ennegrecen.

Plazas de circulación y plazas plantadas

En el curso de mis conversaciones con Mr. Forestier, he recogido de él ideas que significan una teoría nueva respecto de la plantación de las plazas. Según estas ideas, en las cuales me he confirmado mediante estudios posteriores, el antiguo procedimiento de plantación de las plazas de circulación, que se tendía a convertir en jardines públicos, no responde a las verdaderas exigencias del urbanismo moderno.

Es necesario, repito, separar las funciones de circulación de las propias de la plantación vegetal; una cosa es el jardín público y otra los cruces de las arterias de movimiento. Este se entorpece considerablemente con la intromisión de los macizos de vegetales en la vía o plaza pública, y, recíprocamente, las plantas sufren mucho por el paso, roce y polvo de las gentes.

Abundan los ejemplos de plazas de circulación en los que el movimiento del público ha destruido hasta las raíces las plantaciones –un poco optimistas– con que se las había pretendido enriquecer. El caso de la plaza de la Concordia, de París, es interesante por tratarse de una plaza de fama mundial, en la cual las soluciones que se adopten no pueden ser resueltas a la ligera. Pues bien: esta gran plaza, de todos conocida, estuvo plantada. Pero las plantaciones subsistían tan trabajosamente que se hubo de resolver dejarla desnuda. Y hay que observar que es a su cualidad de ser un espacio desnudo, a lo que debe la plaza de la Concordia su magnificencia, si bien ha de hacerse constar que la impresión de belleza majestuosa la obtiene de la proporción entre el espacio desnudo y las dos masas vegetales que lo limitan: las Tullerías y las plantaciones de los Campos Elíseos.

Pero el lujo de las plazas de circulación desnudas o simplemente sombreadas con plantaciones de árboles, pueden permitírselo solamente las ciudades que disponen de vastas superficies aptas para ser destinadas a la “masa verde”, con exclusión de las funciones de circulación. Si en Barcelona pretendiéramos sutilizar sobre este punto, no quedarían plantaciones de jardín en el interior de la ciudad.

Evidentemente, ello fuera muy plausible desde el punto de vista del urbanismo y de la jardinería; es un error fraccionar demasiado la masa vegetal de una ciudad, repartiéndola por todas partes o queriendo ornar con ella pequeños rincones u objetos decorativos. En el fondo, tan anodino e inútil es un parterre en un cruce de calles muy frecuentadas como la plantación de flores en un farol público o poste, según se ha hecho y hay tendencia a hacer sin lástima ninguna de las flores atormentadas. Ni el rendimiento higiénico ni la belleza de tales arreglos justifican su construcción.

Fig. 20. Plazas plantadas. La vegetación y la circulación se estorban mutuamente.

Claro está, sin embargo, que en las ciudades pobres en espacios libres los ciudadanos desean ver plantas, aunque sea en lugares inadecuados, donde los vegetales viven aislados entre muros y entre polvo. Por esto es a veces imprescindible construir jardines en las plazas de circulación y, en este caso, deben tenerse muy en cuenta las direcciones y régimen del movimiento, procurando estudiar de antemano todos los detalles de una obra que ha de ser, por propia naturaleza, deleznable y caduca.

Adjunto publico algunos planos de plazas plantadas de ciudades en que no se ha decidido todavía resolver esa cuestión de una manera franca y moderna. Todos estos ejemplos adolecen de una sobra de plantaciones bajas, cuando lo más conveniente para los lugares de circulación son los vegetales altos repartidos por toda la plaza, reservando los arbustos y planta pequeña para los sectores –muy limitados– que dejen completamente libres los gráficos de las líneas de circulación que se hayan determinado experimentalmente sobre la plaza.

Squares y jardines de barrio

Su papel

Todo habitante de una gran ciudad debe tener un jardín público –aunque sea de pequeñas dimensiones– a una distancia aproximada de 500 metros de su casa.

Las squares y jardines de barrio satisfacen la necesidad ciudadana definida en el anterior principio, proporcionando aire libre, tranquilidad, reposo, soleamiento o sombra a las personas del barrio en que están enclavados.

Son indispensables para los ancianos y las personas de salud delicada, para los niños que salen acompañados de sus sirvientes, instructores o padres y para distracción y reposo de todos los vecinos que un trabajo agotante retiene demasiado encerrados en sus domicilios. Absorben las gentes y los niños que vagan malamente por las calles de circulación y contribuyen a la aireación, soleamiento e higiene pública de la gran ciudad.

Emplazamiento

De la función que los squares y jardines de barrio desempeñan se deduce cual debe ser su emplazamiento: cerca de las vías de circulación pero de ningún modo junto a ellos, ni menos atravesados por corrientes de movimiento ciudadano. La sensación de alejamiento de la intensa vida de la gran ciudad, debe ser la que produzcan tales jardines. Les deben ser evitados los ruidos, trepidaciones, polvo, olores, vertiginosos movimientos, etc., etc.

Fig. 21. Ejemplos de squares de París.

Plantación y trazado

La plantación de estos jardines debe, pues, contribuir a su aislamiento de las calles vecinas mediante masas espesas de arbustos y árboles de hoja permanente. En el interior algunos grupos de árboles de hoja caduca suministrarán la sombra conveniente en el verano y dejarán paso al sol en el invierno. El agua, en pequeñas fuentes y canales, contribuirá a hacer agradable el jardín antes de pasar a las plantas para el riego.

Respecto del trazado o estilo de los squares y jardines de barrio, no parece posible la discusión. Encuadrados por las líneas geométricas de las fachadas vecinas, la disposición de esos jardines deberá someterse a la estructura derivada de las construcciones que les rodean. Por otra parte, no puede caber la pretensión de imitar los paisajes naturales en un espacio cerrado por altas fachadas. Líneas claras y simples, alguna fuente, bancos y masas de flores agradables, es lo que debe emplearse en los jardines de barrio y en los squares.

Terrenos de juego y jardines infantiles

Su necesidad

En América, Inglaterra, Austria, Alemania, etc., se han establecido, en los últimos años, jardines dedicados exclusivamente a los juegos de los niños y de los muchachos. La idea de proporcionar a la infancia y juventud terrenos de recreo tiene una importancia social de primer orden y no faltan documentos que indiquen que ya antiguamente dichos terrenos se habían imaginado y puesto en práctica. Un cuadro de Breughel del siglo XVI, representa una escena de terreno de juegos infantiles de una aldea flamenca, que es, por su vivacidad, una sugestiva defensa en favor de la teoría de los jardines de recreo. Ha sido, sin embargo, modernamente cuando las grandes ciudades se han dado cuenta de la importancia enorme de esta cuestión y han procurado resolverla ampliamente.

Ejemplos notables

Así tenemos el ejemplo de Chicago sur, creando 14 terrenos de juego, de un coste total de 32 millones de francos, a los cuales deben sumarse los 20 millones empleados en jardines análogos en los distritos norte y oeste de la ciudad. La conservación de tales terrenos de juego cuesta aproximadamente 130.000 francos por año y jardín.

Fig. 22. Juegos infantiles en un pueblo holandés del siglo XVI, según una pintura de Breughel.

Londres se esfuerza en aumentar el número de sus play-grounds sobre todo en sus barrios más populosos, como Bermond-Sey, Woppin, etc. y Staten Island, en los arrabales de Nueva York, no ha vacilado en adquirir para campos de juego la superficie de 80 hectáreas de terrenos.

Su trazado

Estos terrenos de juego tienen una extensión que varía de 2 a 3, 4 o 5 hectáreas, según las posibilidades de los municipios y la densidad de los distritos en que se crean. Un vasto espacio desnudo en el centro sirve para los juegos de la juventud: foot-ball, cricket, etc. La rodean paseos de árboles y masas de arbustos y flores que la separan de los recintos destinados a los muchachos y a los niños.

Fig. 23. Un terreno de juego de Liverpool.

Cada una de estas divisiones encierra diversos aparatos de juego, apropiados a la categoría de personas que deben frecuentarlas. Así los muchachos completan su campo de deportes con sencillas instalaciones de gimnasia, pistas de carreras a pie; en el espacio destinado a las muchachas no falta el trapecio y otros aparatos simples; y para los niños de corta edad los montones de arena, estanques de 5 a l0 centímetros de profundidad, donde ellos pueden jugar libremente sin peligro. “En los terrenos de juego de Chicago –copio de Mr. J. C. N. Forestier– las piscinas al aire libre están rodeadas de casitas, comúnmente dispuestas al lado de la Field House, construcción central del play ground, que sirve de abrigo, de vestuario, y donde se encuentra a menudo una gran sala para conferencias, fiestas y bailes de barrio”. La entrada a los citados recintos para niños sólo está permitida a las madres y a las mujeres encargadas de la vigilancia.

Fig. 24. Ejemplos de terrenos de juegos.

Una de las figuras adjuntas representa un terreno de juego de Liverpool, el cual es un excelente ejemplo de lo que no debe hacerse. Basta compararlo con la animada escena del cuadro holandés para darse cuenta de la diferencia que existe, contra el terreno de Liverpool, a causa de la estrechez del sitio, lo gris de los alrededores, la falta de árboles y la importancia de la verja, que da al conjunto aires de prisión.

Emplazamiento

La distribución de los terrenos de juego debe efectuarse de modo que ningún niño deba recorrer más de 500 metros para trasladarse a su recreation center ni un muchacho más de 1.000 a 2.000 metros. Será precisamente en los barrios populosos, y no en los más ricos, donde deberán establecerse primeramente dichos campos de juego.

El esfuerzo particular

En América y en Inglaterra las asociaciones particulares se esfuerzan en ayudar a los municipios en la gran obra de la creación de espacios libres para la infancia y la juventud. En Cleveland fueron donadas a la ciudad 275 hectáreas de las 620 que posee destinadas a parques públicos. La Louisvible Recreation League se ha hecho notar por su magnífica actuación en pro de los terrenos de juego de la ciudad de Louisville.

Jardines infantiles

No deben olvidarse los jardines infantiles, o sea aquellos destinados a dar a los niños un conocimiento y sentimiento de los vegetales y sus flores, cuya necesidad del alejamiento progresivo de las campiñas hace sentir cada vez con más fuerza. Los Boy’s gardens y los Children’s gardens de América e Inglaterra, y los Schulgarten de Alemania y Austria, sirven para cultivar en el espíritu de los niños el amor a las plantas, a la armonía de las formas y colores naturales, que una vida de ciudad hacía olvidar a una generación tras otra, constituyendo así el jardín de niños un sutil y modernísimo medio pedagógico y de educación.

Los parques públicos

El sistema de espacios plantados de una gran ciudad comprende, además de los terrenos de juego, jardines de barrio y paseos públicos, los parques urbanos, los parques suburbanos, las grandes reservas y los paisajes protegidos.

Los parques urbanos

Pueden citarse entre ellos, como ejemplo, el Prater, de Viena, el Central Park, de Nueva York, el Bosque de Boulogne, el parque de las Buttes-Chaumont de París; el Hyde-Park, Green Park, Saint James Park de Londres, etc.

Son estos parques un lugar de paseo, fácil y próximo, y contribuyen al embellecimiento de la ciudad, tanto como a su higiene. No deben ser solamente de puro ornato. Es indispensable que presenten grandes espacios y sombra para los días y las horas de reposo. Y, según las modernas ideas, los jóvenes y niños deben encontrar en ellos numerosos terrenos de juego, de una superficie mayor que los que hemos visto anteriormente.

Su extensión es muy variable, puede ser de 8 a 10 hectáreas como el parque Monceau, 30 a 40 hectáreas como el Campo de Marte de París y las Tullerías de la misma ciudad; o bien de 80 a 100 hectáreas como Battersea-Park (80 hectáreas) en Londres; y puede llegar finalmente a alcanzar de 700 a 800 hectáreas como el Prater de Viena (698 hectáreas) y el Bosque de Boulogne de París (800 hectáreas).

Fig. 25. Campo de Marte: París.

Como ejemplos interesantes que dan idea de la manera diversa como pueden ser tratados los parques públicos de que estoy hablando pueden citarse: Hackney-Marsh de Londres (140 hectáreas), el cual está casi enteramente consagrado a los juegos, foot-ball en invierno y el cricket o tennis en verano; y el Volksgarten, de Colonia, que forma un jardín público de paseo, en el cual se destinan vastos espacios a los juegos, que contribuyen a aumentar la animación y los atractivos del jardín.

Fig. 26. La Flora: Colonia.

 

Fig. 27. Central Park: Nueva York.

Los parques suburbanos

Son un refugio, como dice Mr. J. C. N. Forestier, al alcance de los habitantes de la gran ciudad donde al amparo de la tranquilidad de las escenas de la naturaleza, van a olvidar el ruido y el movimiento enervante de las calles y las preocupaciones de los negocios. Nada de tiendas, nada de reclamos, nada de ferrocarriles ni tranvías. Árboles solamente, césped, el menor número posible de caminos, de construcciones o de ornamentos inútiles.

Ciertas creaciones muy especiales como los parques históricos, por ejemplo Saint Cloud, Versailles, Hampton-Court o como los jardines que encierran un gran museo (Kew Garden), o una escuela de agricultura, etc., pueden ser consideradas como parques suburbanos.

Las grandes reservas y los paisajes

Así como los parques públicos anteriormente citados estaban determinados, en cuanto a su situación, por las necesidades de la ciudad, las grandes reservas y los paisajes están determinados por circunstancias naturales dependientes de las condiciones del país. Su superficie es muy variable y está relacionada con las circunstancias y la configuración de los puntos que deban preservarse.

Difieren de los parques propiamente dichos en que su tratamiento no es el mismo ni tampoco su conservación. Continúan en su estado inicial: bosques, pastos, ríos, rocas, etc. y a menudo pueden, mediante la continuación de su explotación natural, dar rentas importantes, como los bosques y pastos de las ciudades alemanas. Estas reservas están a veces bastante alejadas del centro de la ciudad. Los ejemplos son numerosos: los Commons, Burnham Beeches para Londres, Wiener-Wald para Viena, Blue Hills Reservation para Boston, las inmensas reservas que ha creado Chicago cerca del lago Michigan y alrededor del lago Calumet.

Condiciones esenciales de los parques públicos

Estos parques deben satisfacer una serie de exigencias, llenar todo un orden de funciones, que no pueden menos que reflejarse en el trazado del parque. Además de las condiciones generales impuestas por el arte de los Jardines, para el arreglo agradable de los terrenos y los paisajes, los parques públicos requieren tener en cuenta constantemente, el carácter “público” de sus jardines, construidos para ser gozados por todos los ciudadanos, sin más limitación que los reglamentos de policía.

De lo dicho en párrafos anteriores se deduce que el sentimiento del aislamiento, de la calma campestre y de un tranquilo alejamiento de la gran ciudad, constituye una de las condiciones fundamentales que deben llenar los parques públicos.

Al mismo tiempo hay que tener en cuenta, en ellos, la necesidad de los grandes espacios para juegos y deportes de la niñez y de la juventud, satisfaciéndola plenamente en el trazado del parque.

Una y otra de estas condiciones deben llenarse teniendo gran cuidado en evitar la monotonía, procurando, al contrario, obtener una variedad agradable que impulse a los ciudadanos a recorrer el parque. Los parques deben determinar una verdadera atracción de los ciudadanos, de modo que resulten eficaces y que el municipio obtenga el máximo rendimiento de los sacrificios económicos realizados para dotar a la ciudad de espacios libres.

Como complemento de estas condiciones generales del trazado de los parques públicos, es preciso considerar los efectos diversos que la afluencia de personas y el modo de verificarse es capaz de determinar en ellos.

Consideración de los accesos

En el curso de este estudio he tenido ocasión de hacer notar la importancia que tenían en todo sistema de parques de una gran ciudad las vías de comunicación, o sean paseos o park-ways. En los parques públicos la necesidad de los accesos cómodos, rápidos y económicos es ineludible, de tal modo que si ellos pueden determinar la mayor parte del éxito de un parque desde el punto de vista de su “eficiencia”, pueden también, si no reúnen las debidas condiciones, ser gran parte en su fracaso y rendimiento insuficiente.

Salvo en los parques muy especiales, o muy lejanos, debe procurarse que el acceso a pie sea fácil. Al lado de él, las comunicaciones rápidas de los tranvías y demás transportes en común serán imprescindibles para facilitar la salida al aire libre de las personas que dispongan de poco tiempo y de limitados medios económicos. Claro está que no pueden olvidarse las vías para carruajes de lujo y, en algunos casos, de sport.

Al resolver el problema de los accesos debe tenerse presente la cantidad de personas que, eventualmente, pueden trasladarse al parque en un día y hora señalados. Los días festivos acostumbran a llevar a los parques, masas enormes de público y daré, como un ejemplo de lo que digo, el Bosque de Boulogne de París, donde llega a haber una concurrencia de más de 400.000 personas a la vez.

Deberán considerarse, pues, al querer trazar las vías de acceso, las densidades de población de los distritos que tengan salida al parque de que se trate, teniendo en cuenta que si bien la entrada de las masas de público se verifica muchas veces poco a poco y durante un espacio de tiempo más o menos largo, la evacuación se efectúa generalmente en bloque, con un impulso de prisa, casi animal. Si no se prevén ampliamente las avenidas de acceso al parque, se corre el peligro de ser arrastradas por la multitud las plantaciones de borde.

Algunos ejemplos de accesos

Guinardó

En los parques barceloneses de la Budallera y del Guinardó, que he tenido ocasión de considerar atentamente, este problema de los accesos se presenta bastante complicado. Sobre todo en el segundo, las avenidas de entrada son difíciles y mezquinas y será penoso llegar a ponerlas en condiciones de absorber y dirigir hacia el parque los habitantes del conjunto de la ciudad. Existe el peligro de que el parque, cuya situación es hermosa, quede convertido simplemente en un jardín del distrito. Su parte alta, sin embargo, se ha procurado enlazarla con el camino carretero que existe en la proximidad, el cual se une a la urbanización de Horta, para hacer posible el acceso de automóviles y carruajes a la terraza superior, verdadero balcón maravilloso sobre el llano de Barcelona.

Budallera

En el parque municipal de la Budallera, que, por ahora, puede considerarse como pequeña reserva del sistema de parques barceloneses, el acceso está confiado a tres caminos: el camino particular de la Budallera, sobre el cual el municipio goza de una dudosa servidumbre de paso; el camino público de peatones del Tibidabo a Vallvidrera, ambos en la parte superior del parque, y la carretera que recorre el fondo del barranco, en la parte baja de los terrenos de la Budallera. Así pues, este parque, que está situado en una ladera cuya diferencia de cotas entre la parte alta y la baja es considerable, dispone de un acceso para carruajes en su parte alta y otro en la inferior, además del de peatones, bastante escabroso actualmente, en el extremo alto del parque.

Hasta hace poco sólo los tranvías de Vallvidrera permitían el acceso rápido y económico, por la parte superior del parque de la Budallera. Si este estado de cosas hubiese continuado –y expongo estos ejemplos para hacer ver la influencia de una vía de comunicación en el rendimiento de un parque público–, si sólo el acceso de la parte alta hubiese seguido siendo fácil, los visitantes se hubieran mantenido en su mayoría en ella, acumulándose allí una densidad de concurrencia que, incluso, hubiera podido ser fatal a la larga para la vegetación; y en cambio la parte baja se hubiera casi paralizado, como consecuencia natural de las dificultades que la reascensión de la ladera o la evacuación por la carretera del barranco presentaba. Hoy, el establecimiento de la línea de tranvías de Las Planas, asegura esa evacuación de la parte baja, permitiendo recorrer el parque, en sentido descendente, entrando por los tranvías de la cresta y saliendo por los de la parte inferior.

Pedralbes

En el proyecto del parque de Pedralbes se dispone de tres accesos principales: la carretera de Madrid, que puede servir para la entrada y evacuación de los habitantes de la parte baja de la ciudad mediante su entroncamiento, en la plaza de España, con la calle de las Cortes Catalanas y la del Marqués del Duero; la Gran Vía Diagonal, verdadera avenida del parque, que es el acceso natural de que disponen los habitantes del Ensanche, a los cuales puede decirse que corresponde, en el sistema general de parques de Barcelona, el disfrute del parque de Pedralbes; y existe, además, la carretera provincial de Esplugas que asegura el acceso de los ciudadanos de Sarriá y San Gervasio. Además, el Sr. Forestier prevé el establecimiento de una gran avenida que, extendiéndose hasta la desembocadura del Llobregat, uniría el parque de Pedralbes con las futuras urbanizaciones barcelonesas del llano de dicho río.

Fig. 28. Los accesos del parque de Pedralbes. Están representados por una línea negra.

Interesantes son también los accesos del parque de Montjuich, los cuales están servidos por el paseo K. de la Exposición –que une la plaza España con el puerto– y por la prolongación del camino de Santa Madrona.

Policía de los parques

Una vez conducidas las multitudes a los parques públicos, se hace evidente la necesidad de establecer en ellos una reglamentación de la policía. Los parques públicos se degradan, en efecto, muy fácilmente en nuestros países a poco que se descuiden, convirtiéndose en focos de suciedad, de holgazanería e inmoralidad. Será, pues, conveniente tener presente este problema al proyectar los parques públicos, de modo que la función de vigilancia sea facilitada por un trazado “pan-óptico”, por medio de vías espaciosas, claras, y poco revueltas. En el antiguo parque Laribal de Montjuich, donde las plantaciones sobre montones de tierra acababan de hacer intrincado el jardín, ya confuso, a causa del trazado tortuoso de los caminos, se ha logrado facilitar mucho la vigilancia mediante el establecimiento de sendas rectilíneas, después de haber rellenado el terreno hasta la altura de las plantaciones. En cada caso el problema de la policía de los parques deberá ser planteado de un modo distinto; yo no hago, ahora, más que recordarlo.

Defensa de las plantaciones

Entre las cuestiones que afectan a la ordenación del tránsito público por los parques, hay una que no debe olvidarse y que el mejor reglamento de policía sería incapaz de resolver por sí solo. Es la que deriva del siguiente principio: todo espacio plantado de vegetales es capaz de soportar el paso de determinada masa humana, el aumento de la cual produce en la plantación trastornos fatales, inevitables, que convierten, finalmente, el jardín en un yermo, calle o plaza.

El paso del hombre es, en efecto, pernicioso a las plantas y la repetición continua de este paso, con su acompañamiento de roces, polvo, heridas, apisonamiento del terreno, depredaciones voluntarias e involuntarias, etc., acaba por derrotar completamente la vegetación.

Fig. 29. El Parque de Pedralbes. Proyecto de J. C. N. Forestier.

En los parques públicos, pues, es de primordial importancia preocuparse de la conducción de las multitudes por amplias vías, bordeadas de vegetales robustos y rústicos, siguiendo direcciones bien definidas y claras que hagan imposible la formación de atajos –anomalía característica del parque de la Ciudadela. Porque es evidente que existen siempre medios oportunos para lograr que la capacidad del parque aumente, usando en cada ocasión particular los procedimientos de defensa de los vegetales que las circunstancias indiquen.

Fig. 30. Jardines de Montjuich. Proyecto J. C. N. Forestier.

De este modo, en el proyecto de parque de Pedralbes debido a Mr. J. C. N. Forestier, pueden observarse algunos detalles, de los cuales sólo citaré los más visibles, relacionados con el problema de la circulación entre la vegetación. Las anchas avenidas que se cruzan en el centro del parque pueden conducir cómodamente a las multitudes, y observaremos que las plantaciones delicadas están suficientemente apartadas de estas grandes vías –donde la circulación de carruajes agrava considerablemente las condiciones de vegetación– como, por ejemplo, los roserales, en los cuales los coches no deben penetrar, manteniéndose el paseo de carruajes a alguna distancia de dichos jardines de rosas, así como también el paseo de caballos. Parterres de flores aislados por el agua de un estanque, vallas de arbustos cortados, plantaciones vigorosas en los bordes de los caminos de mucho tránsito, son soluciones que favorecen la vegetación de los jardines públicos.

Distribución de la concurrencia

Muy relacionado con estos problemas está la cuestión de la distribución de la concurrencia de los parques, mediante focos distintos de atracción bien compensados, que permitan esparcir el público por toda la superficie útil de los jardines aumentando el rendimiento de la misma.

El proyecto de parque de Pedralbes contiene magistrales ejemplos de todas las cuestiones de que estoy hablando. Así pueden verse en él un número considerable de centros de atracción, que no detallo por estar visibles en el plano que publico. Son, generalmente, pequeños establecimientos de bebidas, bars y restaurants elegantes o populares.

Concesiones

En este punto hay que mencionar el problema de las concesiones en los parques públicos. En muchos casos no pueden dejar de considerarse beneficiosas, dado que contribuyen a aumentar el número de los ciudadanos que, abandonando las apreturas de las calles, se trasladan al aire libre de los grandes parques. No debe olvidarse, en efecto, que los municipios, al crear dichos parques, no terminan su misión cuando los habitantes “pueden” visitarlos; sino que es preciso incitar a los ciudadanos a trasladarse a ellos, ya que no con absurdas coacciones legislativas, por medio de atracciones de uno u otro género. Sólo así el municipio cumple su misión, y puede considerar bueno el “rendimiento” del presupuesto que a parques públicos haya dedicado.

Pero si algunas concesiones pueden contribuir a este resultado, no por eso deben otorgarse todas, indistintamente. La concesión no es más que un medio. A ella no deben, pues, sacrificarse ni la tranquilidad y sosiego del parque –implantando artefactos ruidosos, extravagantes, sensacionales, etc., que obran sobre los nervios– ni la viabilidad, ni la salud de las plantaciones. Juegos campestres, cantinas silenciosas, espectáculos reposados, son cosas de la categoría que puede admitirse.

Campos de juegos

He de repetir aquí la necesidad de los terrenos de juego públicos en los parques municipales modernos. El parque londinense de Battersea está casi todo él destinado a juegos de la juventud y de la infancia. En el proyecto ya citado de parque de Pedralbes, el espacio en que se extienden dichos juegos toma un considerable desarrollo. Puede decirse que ocupan la mayor parte de los terrenos de suave pendiente de la parte baja del parque y comprenden vastos campos para match de football, dispuestos en forma de stadium para cuando las circunstancias lo exijan y numerosos terrenos de juegos de tennis. Las duchas y piscinas para mujeres y, separadamente, para hombres están dispuestas según las últimas prescripciones de los deportistas. En la extremidad del parque, cercana a Esplugas, un campo de aterrizaje para aviones, junto con una pista para caballos, completan el sistema de terrenos de deportes del parque de Pedralbes.

Fig. 31. Battersea Park: Londres.

Satisfacción de estas condiciones

Gran parte de las exigencias que se contienen en los párrafos anteriores serán influidas, en su mayor o menor satisfacción, por la naturaleza de las condiciones locales y las posibilidades económicas del municipio y, entre estas, las cuestiones inherentes al riego, o sea a la distribución del agua, que trataré especialmente por su importancia en nuestro país.

Las condiciones locales

No debe olvidarse que las condiciones de vegetación se ven desfavorablemente influidas por multitud de causas en el área que abarca la vida de las ciudades. Sobre todo la actividad industrial moderna es origen de grandes inconvenientes para la prosperidad de las plantas, ya que la emisión de considerables masas de humos, gases nocivos y polvo, obran de una manera fatal a la buena vegetación de las plantaciones. Muchos jardines antiguos de los condados del norte de Inglaterra han debido ser transformados a causa de las nuevas condiciones de vegetación determinadas por el desenvolvimiento industrial del país, y esto deberá tenerse muy en cuenta para cuando se establezcan plantaciones en lugares próximos a zonas industriales. Adjunta inserto la fotografía de un jardín de un barrio industrial de Liverpool en el cual nada prospera: jardín sin árboles, donde las flores, los arbustos y la yerba han de ser repuestos cada año.

Fig. 32. Linwood Park: San Pablo (Minn.) E.U.A.

Influencia del presupuesto en el trazado

En el modo de tratar al proyecto de un parque público tienen también natural influencia los presupuestos de ejecución y de conservación. Evidentemente, cuando la superficie del parque está desproporcionada con los medios económicos de que se dispone, no podrá aspirarse a convertir en jardín toda el área del parque. Una parte más o menos grande del mismo deberá dejarse en su natural estado repoblando las plantaciones, si es necesario, y abriendo algunos caminos de bosque. Así consta en el proyecto del parque de Pedralbes, en el cual se destina a bosque toda la parte alta de la montaña de Sant Pere Màrtir, que no figura en el plano que inserto.

Fig. 33. Jardín de un distrito industrial de Liverpool.

Ahora bien, pueden seguirse dos soluciones del problema que representa el plantar como jardín sólo una parte del parque: o bien se diseminan las plantaciones por toda la superficie, creando multitud de pequeños jardines enclavados en el bosque, o bien se concentra toda la masa de jardinería en la región más a propósito del parque, de modo que el bosque natural forme un marco del jardín cuidado y decorado. Nótese que digo bosque “natural” y no “naturalista”, puesto que de lo que se trata es de no tocar casi nada de la parte que se reserva, dejándola como estuviere, sin pretender copiar en ella los paisajes de Inglaterra.

La solución que consiste en agrupar los jardines para que formen un conjunto orgánico tiene indudables ventajas técnicas sobre el sistema diseminado, ya que la experiencia enseña que los pequeños rincones de jardín se degradan y son de muy difícil conservación, pasando rápidamente a la categoría de basuras. En cambio los grandes jardines comienzan por imponer respeto al público, los descuidos no se notan, por quedar siempre el conjunto bien encuadrado por las líneas generales de la composición, el riego y la conservación son más fáciles y el aspecto total gana en grandiosidad.

En ejemplos de la ciudad de Barcelona puede haberse notado la verdad de lo que digo: mientras que en el parque de la Ciudadela una época de descuido, por deplorable que fuese, no llegó a hacer perder el aspecto de jardines a dichos parques, un descuido momentáneo ha podido dejar que se arrasasen pequeños jardines aislados en el interior de Barcelona. Del mismo modo ocurre cuando se trata de partes de un parque público, lo cual se ha querido evitar en el de Pedralbes reuniendo en su parte baja, en inmediata proximidad de las grandes avenidas de acceso, que forman la estructura del proyecto, las masas de jardinería, mientras la parte alta se reserva a bosque de pinos y planta de montaña.

Distribución del agua

En nuestras latitudes es precisamente al agua que hay que pedir la mayor parte de los encantos de un jardín. Sin ella éste se seca, se vuelve polvoriento y muere al cabo. En Barcelona muchos de los males de nuestros jardines públicos previenen de la falta de agua, la cual, en combinación con el sol, puede producir las maravillosas vegetaciones de las regiones meridionales.

Las enseñanzas de los pueblos que han estado en las mismas condiciones que nosotros nos serán de una utilidad preciosa, al querer resolver el problema de la distribución del agua en los jardines públicos en el caso actual. Los árabes y los pueblos influidos por ellos –del mismo modo que antes que todos, los persas– desarrollaron el principio de la máxima eficiencia o rendimiento del agua por medio de su utilización ingeniosa como ornamento del jardín antes de servir para la irrigación. Ello se lograba con el aprovechamiento minucioso de todos los desniveles y con el procedimiento –tan ventajoso– del riego por el pie de las plantas. No me parece propio de este lugar entrar en detalles técnicos acerca de este problema, una vez establecido el principio de la distribución perso-arábiga del agua.

Mediante un juicioso empleo del agua puede obtenerse, pues, que el mismo líquido que debe emplearse para la irrigación sirva para ornato del jardín entero, haciéndole recorrer fuentes, canales, escaleras, surtidores, etc., hasta ir a parar al pie de las plantas; todo ello sin aumento alguno del agua consumida y por lo tanto del presupuesto de riego.

Este aspecto del problema de los jardines públicos tiene, para nosotros, un altísimo interés. Dado que sin el auxilio del agua los más sabios y hermosos arreglos de jardines no pueden dejar de volverse desagradables y polvorientos, es muy conveniente que los proyectos sean concebidos conociendo la cantidad que, después de construido el jardín, podrá dedicarse a su irrigación. El presupuesto de conservación –ya lo he consignado– ocupa el primer lugar entre los datos que deben tenerse en cuenta al formular el proyecto de un parque público.

El proyecto de parque de Pedralbes y los jardines, en ejecución, de la montaña de Montjuich, están estudiados con objeto de sacar todo el partido posible del gasto del agua mediante una distribución de ella que responde a las supradichas consideraciones.

Urbanizaciones intermedias y servidumbres

Después de hablar de las condiciones que deben satisfacer los parques públicos y sus elementos y de ver como influyen en ellos ciertas circunstancias exteriores, restan por examinar, someramente, los medios legales con que cuentan los parques públicos para sostenerse en medio de la furiosa invasión de las edificaciones.

Estos medios legales se refieren:

1º A la defensa de la integridad del área de los parques existentes.

2º A la creación de nuevos parques.

3º A la mejora del rendimiento de los jardines públicos, por medio de la regulación de las edificaciones en los alrededores de los parques.

4º Subsidiariamente, a la ordenanza de los jardines privados y a sus relaciones con la variación del precio de los alquileres.

Para ello es preciso que las leyes consignen lo siguiente:

En primer lugar, la prohibición de enajenar los espacios libres hoy existentes o los que puedan crearse. La necesidad, cada día más fuerte, de establecer jardines públicos en las ciudades es la mejor justificación de esta afirmación.

Los considerandos del acuerdo tomado por el Consejo municipal de París, a propuesta de M. Bellan, explican claramente cuan necesaria sea esta proposición:

“Considerando, que en nombre de la higiene conviene salvaguardarlo (el Bosque de Boulogne) y desarrollar los espacios libres para dar a nuestra gran ciudad, en que los habitantes languidecen entre los muros, más aire, más luz y más verdura.”

“Considerando que la mayor parte de ciudades de Europa nos han avanzado en este sentido desde hace tiempo, arreglando parques, pelouses, jardines, lagos, etc.; especialmente Londres que cuenta más de 300 squares, que son otros tantos pulmones por donde respira su población”.

“Se acuerda: Que los poderes públicos, cuidadosos de la higiene y de la belleza de París, no disminuirán, bajo ningún pretexto, la superficie actual del Bosque de Boulogne.”

Pero no basta la prohibición de la venta directa. En París se cometió el error de dar su famosa cintura de espacios libres (antiguas fortificaciones) como garantía de un crecido empréstito; esto ha venido a complicar la cuestión de la creación de parques en estos terrenos, puesto que siendo terrenos en garantía están ligados a la obligación garantizada. Hipotecar un espacio libre es enajenar, parcialmente, y es hacer posible que en su día pase a ser de propiedad privada en manos de los que sean acreedores. (El procedimiento especial de ejecución de las sentencias contra los ayuntamientos, que establece la ley Municipal española de 2 de octubre de 1877, no se aplica cuando las deudas estuviesen aseguradas con prenda o hipoteca.)

En segundo lugar, es indispensable facilitar la expropiación de terrenos para parques públicos. El Estado de Nueva York no ha mucho tiempo modificó el apartado 7º de su Constitución, en este sentido.

“Apartado 7º. No se tomará para uso público propiedad alguna sin previa compensación. La legislatura puede autorizar la expropiación de mayor parte de terreno y propiedad del que se necesite para la formación, ampliación etc., de parques, calles, avenidas y plazas públicas, tanto para su protección como para su desarrollo, incluyendo los derechos, comodidades y límites sobre el uso de la propiedad vecina; pero aunque el exceso de terreno o propiedad sea incidentalmente de utilidad pública no sobrepasará lo suficiente para formar los solares donde puedan levantarse los edificios que linden con tal parque, calle, avenida o plaza pública.

La parte del exceso que no sea definitivamente necesaria para el objeto principal, puede venderse o arrendarse.

Diferentes localidades y clases de propiedad pueden ser sometidas a diversos reglamentos para su protección y desarrollo o por cualquier otro motivo de conveniencia pública, incluyendo la destrucción de edificios en áreas insalubres y la prohibición y restricción del uso de estructuras inadecuadas o perjudiciales a la vecindad o que sean en detrimento del aspecto de las calles y plazas públicas.”

Como se ve, los parques tienen en este artículo un lugar preferente al enumerar lo que puede ser objeto de expropiación. Pero ofrece esta enmienda a la Constitución neoyorquina otra especialidad, consistente en ocuparse especialmente de las servidumbres que pueden imponerse a los terrenos que rodean un parque, paseo o campo de juego. Estas servidumbres, que en un principio son indispensables en una ciudad, que limitan notablemente el derecho a la construcción urbana (en cuanto a la altura, ventana, etc…) pueden convenientemente desarrolladas aligerar el esfuerzo económico del municipio, prohibiendo la construcción de un tanto por ciento del terreno, obligando a los propietarios a dejar una zona no edificada entre sus construcciones, etc. Todo lo cual venga a aumentar la proporción indispensable de suelo libre que debe existir en toda población moderna.

Y ello mejora evidentemente las condiciones de rendimiento de los jardines públicos. Es indudable que la tranquilidad, aireación, vegetabilidad, belleza, etc., del parque se verán muy favorecidos si se alejan de sus límites los enormes bloques de casas de alquiler, con sus calles relativamente estrechas, sus ruidos, sus humos… Por esta razón es necesario, al proyectar un parque o jardín público, estudiar el modo como se pueda limitar la construcción de viviendas en sus alrededores y, en cambio, impulsar el establecimiento de jardines privados, con anchas avenidas plantadas, que hagan la unión del parque con la ciudad. Para ello es preciso, repito, implantar una serie de servidumbres cuya justicia no puede ser negada de ningún modo.

Aceptemos, en efecto, el principio indiscutible de que las mejoras que en la ciudad se hacen no pueden beneficiar sólo a un grupo de ciudadanos, sino a la comunidad entera que los costea. La creación de una avenida, paseo o parque público y aún sólo el proyecto de los mismos, ocasiona un aumento de precio en los terrenos que los rodean. Es, pues, como justa compensación, legítimo imponer a estos terrenos una servidumbre en bien de la ciudad futura, para la cual se derivarían ventajosas consecuencias: 1ª hacer más agradable la avenida, paseo o parque; 2ª extender más el efecto bienhechor de los espacios libres y de las plantaciones; 3ª limitar el aumento de los terrenos; 4ª equilibrar mejor en consecuencia el precio de los alquileres.

De los alquileres y jardines privados

Estos dos últimos aspectos son especialmente interesantes. La clase media tiene gran interés en vivir cerca de jardines o campos de juego y una observación se presenta enseguida: ¿es fácil esto, cuando la proximidad de los jardines y paseos aumenta el precio de los terrenos? Pohlman hace notar en el tercer volumen de Jahrbuch der Bodenreform que “a pesar de que Londres sea una ciudad mucho mayor que Berlín y aunque hay en la City de Londres terrenos mucho más caros que en cualquier parte de Berlín, sin embargo los alquileres, tanto para las clases obreras como para la clase media a distancias de 1 a 15 kilómetros del centro son de 2 o 3 a 10 veces más elevados en Berlín que en Londres. Igual diferencia existe en los precios de los terrenos.”

La causa principal de esta diferencia se señala en la circunstancia de haber en Londres 1,5 habitante por área y en Berlín 4. El precio excesivo de los terrenos en Alemania produjo como resultado la construcción de enormes casas de renta que llegan a encontrarse hasta 30 kilómetros del centro de Berlín. En los alrededores de París se presenta el caso de construirse casas de gran altura, desde que las comunicaciones se hacen fáciles, de donde se deriva enseguida la elevación de precios de los terrenos. Y es indudable que cuando el terreno es caro, es conveniente, económicamente, levantar la altura de las construcciones. ¿Pero porqué razón tan lejos del centro de París y de otras ciudades, son caros los terrenos? La contestación es fácil; se pagan caros los terrenos porque los compradores saben que podrán resarcirse, pues no hay ley que les impida levantar más pisos y aumentar con ello las rentas.

Se citan múltiples ejemplos de la diferencia de precio de los terrenos afectados por servidumbre o con limitación en el derecho de construir. En París, cinturas del Campo de Marte, del Bosque de Vincennes; en Viena, del distrito 19º. Pero el ejemplo más notable ha sido indicado hace algunos años por el profesor Fruehling en la Cámara de Sajonia. En Dresde, en un distrito en que las casas pueden construirse por filas, el metro cuadrado cuesta 75 francos; muy cerca, en una calle en que las casas deben construirse aisladas, el terreno se paga a mitad de precio.

En resolución: para evitar la excesiva elevación de los precios de los terrenos conviene imponerles servidumbres que vengan a depreciarlos. Con ello se logra, además nutrir de espacios plantados –los jardines particulares– grandes zonas edificadas de la ciudad.

Sólo después de resolver todos los problemas técnicos de los parques públicos, puede tratarse de sus condiciones estéticas. Queriendo resolver estas últimas a priori, se corre el riesgo de olvidar aquellos problemas esenciales. La belleza, después de todo, no puede ser hija de la preocupación, sino más bien de la verdadera adaptación de las formas a sus funciones. En último término, pues, hablaré del estilo de los jardines municipales.

El estilo de los parques públicos

En el arte de los jardines han estado y están en pugna dos tendencias distintas, generadoras de dos órdenes de estilos distintos también; los estilos regulares o geométricos y los estilos paisajistas o naturales. Cada uno de estos grupos de estilos obedece a una concepción particular del arte. En los regulares, el jardinero impone las leyes y formas del arte geométrico a la naturaleza; en los de paisaje, no pretende otra cosa que reproducir las escenas de esta naturaleza, disimulando lo mejor que puede las huellas del arte que tales composiciones ha creado.

Entre los estilos regulares o geométricos existen diferencias esenciales: así el jardín persa o árabe está informado por una fina sensibilidad oriental; el italiano por un sentido fastuoso, consecuencia de la magnificencia de las plantaciones y aguas y de la prodigalidad de arquitectura y escultura; y el jardín francés aparece ordenado por una clara inteligencia, grata al espíritu equilibrado de la raza que lo creó.

Los estilos paisajistas –que una multitud de matices distinguen entre ellos– han hallado su forma más perfecta en los parques anglo-chinos de fines del siglo XVIII y principios del XIX; posteriormente, el género mixto, unión de los otros dos, tuvo gran aceptación aunque logró pocas veces producir ejemplares artísticamente superiores.

La discusión

¿Cuál de estos estilos debe seguirse en la proyección de los parques públicos? Sobre este punto la discusión está siendo especialmente interesante, durante estos últimos años, en los Estados Unidos de Norteamérica, a la cual aportan sus opiniones algunos jardineros del Viejo Continente. No puede decirse que se haya llegado a una fórmula universal, pero lo cierto es que esta fórmula, si llegase a existir, o, en su defecto, las soluciones particulares del problema estético del trazado de los jardines públicos, deben basarse en dar satisfacción a las condiciones que he examinado anteriormente: tranquilidad, aislamiento, vegetabilidad, circulación, etc., etc.

Los landscape architects de los Estados Unidos se inclinan hacia el estilo “naturalístico” como el más apropiado para dar a los parques públicos las cualidades de tranquilidad y aislamiento de la vida de las ciudades y aire y sensaciones campestres. Es indudable que si el fin de los jardines públicos es proporcionar a los ciudadanos la ilusión de la naturaleza, los que preconizan el jardín “naturalístico” llevan la razón.

Creo interesante copiar algunos párrafos debidos a un americano, autoridad en esta materia. Ellos dan idea del modo como se considera, en las Estados Unidos, la estética de los jardines públicos.

Opinión de un jardinero norteamericano

“Nueva York puede alabarse de poseer una obra maestra que encuentra difícilmente un rival en el mundo: Central Park. La belleza de su dibujo general, la simplicidad y lo natural de sus efectos no son aventajados en ninguna parte si es que en algún sitio llegan a ser igualados.”

Esta seguridad fue proporcionada a los habitantes de Nueva York por M. Samuel Parsons, el arquitecto paisajista encargado de los parques de la ciudad que acababa de visitar los jardines de Europa con el fin de hacer esta comparación. Admite ciertamente que hay mucho que admirar en los parques del Viejo Continente pero él cree que el estilo general de los jardines paisajistas seguidos en Nueva York es superior al de los jardines más regulares, más artificiales de los países de Europa y que el estilo norteamericano está en camino de “ejercer una influencia fuerte y modificadora a través de Europa.”

“Mi idea principal al marchar a Europa, dice M. Parsons, era visitar el parque y los jardines del príncipe Puckler, especialmente, en Muskau, su propiedad de Silesia. El príncipe fue un hombre de genio; creó un estilo personal, dentro de la jardinería paisajista, que goza de una influencia notable y que será cada vez más apreciada con el tiempo. El parque alemán, a pesar de los numerosos parques que he visto en Europa, es, sin duda alguna, el más bello. Imaginad mi sorpresa al encontrar en él, en muchos de sus puntos, una réplica de Central Park: la misma armonía, la misma apariencia natural, ningún exceso de flores en los jardines regulares y, solamente, magníficos y grandes árboles, algunas flores brillantes y por todos lados abundancia de césped.

El príncipe Puckler dibujó su parque hacia el 1830 y es una obra de genio a la que jamás se han aproximado después los jardineros europeos. Al dibujar Central Park no había posibilidad de imitarle pues el parque alemán era desconocido en América en aquella fecha.

El parque comprende aproximadamente 2.000 hectáreas divididas por un río bastante ancho, a cuyos lados se elevan colinas bajas. Existen en él algunos centenares de encinas tal vez de más de un millar de años de edad –materiales inapreciables. El príncipe empleó treinta años en hacer valer estos materiales de acuerdo con sus ideas de paisajista y de jardinero.

Un curso de agua artificial fue tomado desde el río para ser conducido cerca del viejo castillo. Grandes olmos y una gran variedad de árboles crecen sobre sus orillas y los grupos de arbustos están diseminados tan simplemente que constituyen en conjunto una escena perfectamente natural que no descubre en nada la mano del hombre y parece haber sido siempre así.”

“Probablemente la verdadera naturaleza no complace en tan alto grado a cierto personaje alemán como esas platabandas de geranios violentamente escarlata, rígidos y alineados a cordel, ante la fachada de su palacio.”

“Los parques de Viena comparados a los de Nueva York son hermosos, pero no grandes. Tienen un dibujo muy convencional; existen en ellos numerosos y bellos árboles y grandes espacios de césped; pero por todas partes se encuentra el grupo de arbusto de hoja persistente, todo es superabundante y los macizos de flores chillonas de los geranios se presentan continuamente a la vista.”

El estilo regular

El estilo geométrico de los jardines –ya sea el francés, ya el oriental– ha nacido del inmediato contacto de les plantaciones con los edificios. Las líneas de estos últimos se prolongan a través de los jardines, produciendo la impresión de un conjunto armónico, en que la casa corresponde al jardín y el jardín al edificio.

La excelencia de esta solución ha sido generalmente reconocida, aún por grandes partidarios del estilo naturalista, habiéndose llegado en muchos casos a la solución intermedia, del estilo mixto en el cual los alrededores de la construcción son tratados geométricamente, dejándose al estilo de jardines paisajistas los espacios más alejados.

Se reconocen generalmente al estilo regular ventajas que recomiendan su empleo, sobre todo en nuestros países, donde el genio de la raza y, en parte, el clima y las condiciones de vegetación parecen aconsejarlo.

En general, la vigilancia es mucho más fácil en los parques de avenidas rectilíneas que en las tortuosas. Asimismo, se imponen mucho más por su aspecto al público y hace más difíciles las depredaciones. Añádase a esto que los lugares destinados a la plantación son más resguardados del paso del público que en los naturalistas y que esto redunda en pro de la brillantez de los vegetales, haciendo posible la plantación de especies delicadas y novedades hortícolas.

En nuestros climas en que los calores exigen un riego intenso son los jardines más convenientes los que más imiten la estructura de los huertos, que es una estructura perfectamente geométrica y regular.

Además, no puede olvidarse que el régimen de las lluvias de nuestras regiones es esencialmente contradictorio con las composiciones de jardín basadas en el establecimiento de pendientes, barrancos y vallonements. Las lluvias torrenciales producen erosiones considerables, que acarrean muchas veces grandes daños en los jardines donde un sistema de obras de fábrica no es establecido. La pavimentación, las escaleras, canalizaciones de riego y evacuación de aguas son cosas propias de nuestros jardines y que se avienen muy poco con los estilos irregulares.

Solución oportunista del problema

Por esto no es posible aceptar sin discusión el punto de vista norteamericano, favorable al estilo “naturalístico” en los jardines públicos de gran extensión. Las circunstancias particulares de cada caso serán las que inclinen a una u otra solución del problema, como ha ocurrido en Barcelona, donde el arreglo del parque de Montjuich ha sido hecho hasta cierto punto geométricamente y el de la Budallera se ha proyectado, no mudando el aspecto natural del paisaje. En todos los casos, sin embargo, ha de procurarse que la fuerza de los prejuicios artísticos no se sobreponga a la observancia de las condiciones esenciales que he señalado anteriormente, sin las cuales la experiencia enseña que no pueden existir parques públicos.

 

 

VII. ORGANIZACIÓN MUNICIPAL


La dirección

Existen dos principios fundamentales de la organización administrativa que hay también que poner en práctica en los servicios de parques públicos. Estos principios son:

1º Fijar claramente los deberes y responsabilidades de cada agente, presentándoselos sin confusión ni error posibles.

2º Darle bastante libertad en su autoridad y en su decisión, para desarrollar el sentimiento de su responsabilidad en la esfera del objeto perseguido.

Comisiones de Parques

Para llegar a ejecutar los trabajos de jardinería en buen orden es indispensable una organización permanente bajo una u otra forma, aunque en muchos casos se proceda a la adopción de medidas simplemente provisionales.

En los Estados Unidos son a veces los Commissionners of Parks quienes están a la cabeza del servicio de parques y tienen a sus órdenes para ejecutar sus decisiones los superintendentes, que son, según los casos, ingenieros, landscape architechs, simples jefes jardineros.

Las Comisiones tienen en primer lugar el inconveniente de hacer imposibles las decisiones rápidas, porque toda reunión de inteligencias, aunque sean excelentes, dificulta el ejercicio de la voluntad. Se juzga comúnmente, en América, mucho más práctico establecer una comisión de auxiliares, pues es tan complicada la gestión de un director de parques, que puede incurrir en errores que serán evitados, si está auxiliado por los juicios de varias personas, aunque sean de conocimientos inferiores a los suyos.

En segundo lugar, en una Comisión sucede que cada uno de sus individuos está más familiarizado con el barrio en que vive, que con el resto de la ciudad, y así, en el momento de la deliberación, puede considerársele como el abogado de su distrito, contra los demás de la población; esto, que es un grave inconveniente para la dirección general, es, en cambio de gran utilidad en el conjunto de deliberaciones. Llegando cada comisionado a considerarse como representante de su distrito y conocedor especialmente de las necesidades de éste, dará su voto sin conocimiento bastante a los proyectos de sus compañeros acerca de los demás distritos, de los cuales aquellos tienen un conocimiento más perfecto.

Estos inconvenientes no son en modo alguno imaginarios. “He visto –dice Olmstead, landscape-architect de Brooklyn– el trabajo de varias comisiones de parques sufriendo estos inconvenientes. Estoy convencido de que la división del trabajo de los comisionados debe llevarse a cabo, no a base de la localidad de las obras, sino de la índole de los trabajos”. Puede haber una comisión o un comisionado para las diversiones, para los campos de juego; para la recreación y servicio social de los niños, etc. Otros grupos de funciones se presentan enseguida a mi espíritu como son el presupuesto, la adquisición de terrenos; los trabajos de ingeniería.... Así cada grupo o cada individuo se familiariza con las cuestiones que tiene a su cargo no sacrificándose el interés general al de una parte de la ciudad.

El director único

Pero las particulares dificultades que se deducen de examinar los terrenos disponibles, en vista a la construcción de parques, y los destinos que pueden darse a los jardines diversos, exigen, como imprescindible, el estudio detenido de un jefe único y responsable de su servicio, conocedor de estas cuestiones y capaz de tener ideas y concepciones de conjunto.

La organización del servicio de parques, por medio de las Comisiones es, en efecto, cada vez más criticada en la misma América y las ciudades de los Estados Unidos, cuando se trata de realizar algún nuevo plan de jardines, suelen llamar a un arquitecto o landscape práctico en la materia.

En las pequeñas localidades basta, a veces, con un hombre práctico, que cuida de los árboles y pequeñas plantaciones y al cual se le denomina city forestier. Pero en las grandes ciudades, de los cuales he entendido tratar en el presente trabajo, la complejidad de los problemas que he pasado en revista no permite que el servicio de parques municipales sea dejado en las manos de un jardinero –por hábil, y por conocedor que parezca en cuestiones de plantación– puesto que su espíritu no puede, necesariamente, abarcar más que un aspecto parcial de la ardua y complicada cuestión de los espacios abiertos de la gran ciudad. Ni, por otra parte, ningún técnico en las edificaciones y en obras de fábrica será capaz de tener en cuenta el sutil factor vegetal, si no ha frecuentado suficientemente el trato con las plantaciones.

El jefe del servicio municipal de parques deberá, en fin, dedicarse exclusivamente a esta especialidad y deberá estar al corriente de los progresos de esta rama de la urbanización, poniéndose en contacto con los jefes de los servicios análogos del extranjero.

De la división de los trabajos

El jefe de las plantaciones, jardines y espacios libres deberá ser auxiliado por empleados afectos a las dos grandes secciones en que puede ser dividido el servicio municipal de Parques:

I. Sección de estudios.

II. Sección de ejecución.

Sección de estudios

Tiene por objeto, como su nombre lo indica, el estudio de las soluciones que puedan darse a los problemas de jardinería urbana que se presenta en la ciudad. Bajo la dirección del jefe, deberá, pues, esta sección ejecutar los estudios necesarios para que el servicio municipal esté al corriente de los últimos adelantos del ramo, poniéndose en contacto con las entidades análogas de América, Australia y Europa, dedicándose al intercambio de observaciones, experimentos, estadísticas, etc.

Así podrá facilitar el director todos los datos teóricos de los problemas que deban resolverse, a cuyos datos deberán unirse los prácticos, de observaciones sobre el terreno, levantamiento de planos, análisis de las tierras, del agua, de la atmósfera, estadísticas de plantas existentes en el mercado, etc. etc.

Una subsección está dedicada al magno trabajo de la creación de un plan de conjunto y a la adaptación a él de todos los estudios particulares que la oficina produzca. Ello exigirá un caudal de datos de higiene, mortalidad, natalidad, circulación, crecimiento de la ciudad, valor de terrenos, precio de los alquileres, etc., y un estudio asiduo de todos estos datos y de las soluciones posibles que de ellos se deduzcan.

El personal deberá estar compuesto, pues, de delineantes, topógrafos, escribientes y aún de algún técnico capaz de abarcar el estudio de conjunto de tales problemas. Sólo conociendo la importancia de los proyectos que deban realizarse podría señalarse concretamente el número de los empleados necesarios.

Sección de ejecución

Tiene la misión de llevar a la práctica los proyectos elaborados en la oficina de estudios y, para cumplir su objeto y atender a la conservación de los trabajos ejecutados, sus servicios se reparten en tres subsecciones.

a) De arquitectura e ingeniería.

b) De jardinería.

c) De administración y policía.

a) De arquitectura e ingeniería

Existe en los parques públicos una serie de trabajos a ejecutar y a conservar que no son propios del arte del jardinero pero que, sin embargo, deben acompañarle en su obra. La construcción y cuidado de cerramientos, puertas, verjas, bancos, estatuas, pequeños edificios, cabañas, water-closets, puentes, escaleras, muros de contención, estanques, caminos, canalizaciones, cloacas, etc., exigen la creación y mantenimiento de un equipo especial de albañilería para cada uno de los distritos en que se haya dividido la ciudad. Cada una de las circunscripciones deberá estar dirigida por un encargado, generalmente un buen oficial albañil, auxiliado por otros dos albañiles, y el número necesario de peones y de peones camineros.

Además, debe existir una brigada volante de fontanería, que podrá cuidar de todos los trabajos de su ramo en los distintos distritos de la ciudad. Y además de todo, serán precisos, tal vez, operarios especialistas, cuya designación depende de la naturaleza de los jardines y trabajos a realizar: así serán lampistas, pintores, picapedreros, carpinteros, etc.

b) De jardinería

Como su nombre lo indica, la componen las brigadas de jardineros afectos a las diferentes divisiones de la ciudad, a la cabeza de las cuales deben figurar jefes jardineros de reconocida capacidad y laboriosidad. La organización de estas brigadas es una cuestión esencialmente práctica que, por depender en alto grado de la naturaleza del personal empleado, fuera inocente querer resolver aquí según un patrón establecido a priori.

Con especial cuidado deben hacerse los nombramientos del personal de viveros, ya que de ellos depende en primer término el éxito de las plantaciones municipales. En otro lugar indico la conveniencia de establecer escuelas de jardineros, cuya actividad ha de ser muy beneficiosa para los jardines de la ciudad.

c) De administración y policía

Agrupo estas dos funciones por ser ajenas al trabajo de los obreros y porque en cierto modo están relacionados entre sí. Los trabajos de administración se refieren principalmente a la formación del presupuesto, a la organización económica del servicio de Parques, a la compra de materiales y a atender todo lo inherente a las listas de personal.

Respecto de la policía de los parques, es cosa admitida en todas partes que debe depender del director de los jardines municipales. Es preciso que éste esté en condiciones de mantener una inflexible disciplina en el personal de vigilancia, para que, de este modo, las funciones de policía alcancen su máxima eficacia.

Tanto esta subsección, como las anteriores, dependen en su organización de una serie de razones particulares de la ciudad de que se trate. No he pretendido dar, en las precedentes consideraciones, la pauta de lo que debe hacerse en Barcelona, puesto que ello no puede resolverse antes de proceder a un estudio profundo de la cuestión y, sobre todo, no podrá fijarse sin experimentar previamente, en la práctica, las dificultades, los rozamientos, las oposiciones, que cada cambio o reforma puede determinar entre el público o los directamente interesados.

Así, pues, no debe tomarse el anterior esquema de organización más que como un resumen de lo que se hace en las grandes ciudades extranjeras; resumen, para cuya formación, he tenido muy en cuenta los consejos de quien posee una inteligente experiencia de estos asuntos.

 

 

VIII. VIVEROS Y ESCUELAS DE HORTICULTURA MUNICIPALES


Los viveros municipales tienen por objeto obtener vegetales con destino a los parques públicos de la ciudad e influir sobre la producción privada y el mercado de plantas, ejerciendo de propulsores de la industria hortícola y de reguladores de las transacciones entre los horticultores y el ayuntamiento.

Funciones económicas y funciones educadoras

No deben proponerse los viveros municipales producir todos los vegetales necesarios para la plantación de la ciudad. Es preciso no prescindir sino, muy al contrario, ayudarse de la colaboración de los horticultores privados para la obtención de las plantas destinadas a los parques y jardines municipales. En este sentido se han establecido los viveros de las ciudades más importantes del extranjero.

Porque el municipio no debe preocuparse solamente de sus intereses materiales. Debe velar también por los de los habitantes de la ciudad y, por tanto, por los de los horticultores, siempre que ello no redunde en perjuicio de las obras de jardinería que se ejecuten.

Además es preciso no olvidar la misión educadora que en el extranjero se considera en los viveros municipales. Hay muchas plantas que los horticultores privados tienen quizá dificultad en introducir y aclimatar: la acción municipal puede vencer esa dificultad, cuidando constantemente del enriquecimiento de la flora regional con nuevas plantas que, poblando los jardines públicos, sirven de enseñanza y ejemplo para los particulares.

Los viveros municipales admiten, además, la organización en ellos de escuelas prácticas de horticultura de donde salgan obreros perfeccionados, útiles para las obras del municipio y para el progreso de todo el arte de los jardines de la ciudad.

Esa multiplicidad de puntos de vista desde los cuales puede considerarse la creación de los viveros municipales da idea de lo complejo de su organización. A ella debe preceder un estudio de las necesidades de la población en vegetales, paralelamente al conocimiento de los stocks existentes en los establecimientos privados. Estas necesidades –árboles de avenida, grandes arbustos, masas considerables de planta de flor– deben preverse con mucha anticipación, para que los proyectos de jardines públicos puedan plantarse sin inconveniente y con vegetales de fuerza, calidad y perfección de forma que den enseguida un aspecto brillante a la plantación.

Escuelas

Para proveer a su función educadora y para impulsar el progreso de la horticultura de la ciudad también serán precisas modalidades de la organización de los viveros municipales que permitan, como anexo de los mismos, la creación de las citadas escuelas prácticas y teóricas de jardinería. Para ello, además de las condiciones necesarias de instalación y de cultivos especiales deberá existir una perfecta comunión de ideas con los horticultores de la ciudad. Sin ella los obreros tendrían suma dificultad en asistir y en beneficiar de dichas escuelas.

Una escuela de tal naturaleza existe en París desde 1890. Propiamente hablando no constituyó, en sus comienzos, más que un curso de lecciones semanales teóricas y sobre el terreno que duraba de 8 a 10 meses. Reconocidas estas enseñanzas profesionales de los obreros como insuficientes, se propusieron en 1897 ciertas modificaciones que fueron adoptadas finalmente. Así, pues, hoy los cursos y ejercicios de perfeccionamiento de los obreros jardineros municipales duran dos años, siendo admitidos los oyentes libres, provenientes de los establecimientos particulares de horticultura. Los obreros municipales que frecuentan estos cursos, benefician de determinadas ventajas: el tiempo que pasan en ellos se les paga como si no hubiesen abandonado el trabajo y, si en el examen son aprobados, obtienen suplementos de jornal.

Como ha debido limitarse el número de alumnos de tales cursos a consecuencia de la afluencia excesiva de matriculados, los jefes jardineros son los encargados de designar los obreros que deben admitirse en la Escuela.

Viveros

No es mi propósito detallar aquí la organización de los viveros municipales, cuyo estudio llena libros enteros. Desde las primeras operaciones de multiplicación, con todo su acompañamiento de invernáculos, cobertizos, etc., hasta la cría y cultivo de las plantas crecidas, los problemas a resolver son numerosísimos. Estos constituyen diversos ramos técnicos especializados de la horticultura y su perfecta solución requiere profundo estudio y una atención y cuidado incansable de parte de los encargados del funcionamiento de los viveros.

Basta hacer notar aquí que la economía lograda por los municipios es importantísima si tienen viveros que les

provean de las plantas necesarias. Son tan grandes a veces las masas de vegetales que la ciudad consume que la industria particular queda exhausta y no puede acabar de proporcionar las plantas deseadas. Finalmente, la calidad e los ejemplares de los viveros municipales puede ser mucho más cuidada puesto que cada planta es dirigida y criada según la función que ha de llenar, como por ejemplo es de ver con los árboles de avenida que deben formarse no al azar y libremente sino conduciendo su vegetación con vistas al lugar y condiciones en que han de ser plantados.

Jardín de colecciones

Por el interés que modernamente se presta a los jardines de colecciones, no quiero dejar de citarlos, aunque sólo

sea brevemente, y dejando su estudio para otra ocasión más oportuna. Se trata de instalaciones en as cuales las plantas más delicadas y modernas se exponen al público, no sólo a la manera corriente en los jardines botánicos, sino formando parte de un trazado agradable de jardín, en el cual los vegetales y los flores toman su valor decorativo, además del interés botanístico que puedan despertar. Entre estos jardines, los de rosas son particularmente notables: en el parque de Bagatelle (París) el Sr. Forestier ha dispuesto la famosa Roseraie, donde se celebran los concursos anuales de Rosas nuevas. Otras colecciones adornan el jardín, como existen también en el parque inglés de Kew, célebre entre los jardines de este género.