Scripta Nova  Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales.
Universidad de Barcelona [ISSN 1138-9788]. 
Nº 23, 15 de junio de 1998.
CIENCIA, INNOVACIÓN TECNOLÓGICA Y DESARROLLO ECONÓMICO EN LA CIUDAD CONTEMPORÁNEA

Horacio Capel 


Cuando el Comité organizador me invitó para asistir a este Sexto Congreso de Geógrafos Latinoamericanos me propuso hablar de "Ciencia, innovación tecnológica y desarrollo territorial en las grandes metrópolis", título que a propuesta mía se modificó levemente convirtiéndose en el actual(1). Sin duda sabían al hacer esa propuesta que es éste un tema de investigación en el que en la actualidad estoy interesado.

Se trata, sin embargo, de una investigación en marcha, en la que existen solamente resultados parciales. Expondré, pues, en este foro el estado de la investigación y algunos de los objetivos a alcanzar.

Mi interés se centra sobre todo en las ciudades españolas y, de momento, en el período 1800-1936. Buscar ejemplos de ciudades iberoamericanas no era mi objetivo por ahora. Pero quizás tras esta exposición será posible conectar con otros colegas que estén trabajando en la misma dirección, lo que nos permitiría realizar comparaciones entre nuestros diferentes países. Países que poseen sin duda especificidades pero que tienen aún muchos rasgos comunes. Lo que los representantes del espíritu liberal de las Cortes de Cádiz en 1812 quisieron entender como "la nación española de las dos orillas del Atlántico" sigue siendo aún un bloque caracterizado por la unidad de cultura y de lengua, que se extiende hoy también al ámbito de lengua portuguesa.

El argumento básico de mi investigación puede ser, tal vez, de interés en la Iberoamérica de nuestros días, con problemas de desarrollo y territorios en redefinición. Son muchos los intelectuales que en este continente adoptan una actitud leve o decididamente antiurbana. Muchos los que al hablar de los problemas de estos países de la Europa ultramarina enumeran, entre otros, la macrocefalia de sus sistemas urbanos, la persistencia de la migración campo-ciudad, las bolsas de pobreza que existen en las grandes urbes. Y algunos todavía en su crítica a la urbanización adoptan tonos casi bíblicos, aludiendo a la ciudad como el lugar que, al igual que la antigua Babilonia, es el compendio de la corrupción y el pecado, expresado hoy en términos de congestión, tráfico, diseconomías, delincuencia o desorganización social.

Tengo una tendencia a ser contrario a esas posiciones, porque soy de los que piensan que la ciudad es el lugar de la libertad, de la riqueza, de la calidad de vida -expresada, por ejemplo, en la mayor esperanza de vida que existe en las areas urbanas respecto a las rurales o en el acceso a servicios y equipamientos-, de la movilidad social, de la creatividad, de la innovación. En definitiva, el lugar de la civilización y de la urbanidad.

Hay mucho que debatir en relación con esas afirmaciones. Sobre todo en un momento en que se habla de la ciudad fragmentada (pero, ¿mas fragmentada que la del pasado?), de la pobreza en la ciudad (pero, ¿mas pobreza que en el pasado o que en las áreas rurales?). Y cuando se presenta la ciudad como la avanzada de la globalización, ese proceso que muchos ven como un peligro para las naciones mas débiles y para su identidad. Un proceso que, sin embargo yo considero que es -y seguramente conviene que sea- irreversible, sin que ello signifique apoyar el neoliberalismo; y ante el cual hay que adoptar una posición que puede resumirse en esta frase que ya pronuncié en otra ocasión: "Globalicémosnos pronto sin perder nuestra identidad, antes de que nos globalicen a la fuerza y la perdamos del todo".

No es posible debatir todo esto en detalle en esta conferencia. Pero podemos centrar la atención en un aspecto ya clásico: la ciudad como el lugar de la creatividad y de la innovación. Lo cual puede relacionarse con otras cuestiones que, sin duda, tienen también un interés amplio: las que se refieren al desarrollo económico en general, y al papel de las condiciones locales en el mismo.

Empezaré hablando de esto último para pasar a continuación al tema de la creatividad, la ciencia y la innovación en la ciudad.
 

La ciudad y el desarrollo económico
 

Muchos datos muestran que la ausencia de urbanización es un obstáculo para el crecimiento económico. Las correlaciones entre urbanización y desarrollo económico son bien conocidas y se presentan tanto a escala mundial (Cuadro 1) como a la de un área continental como iberoamérica (Cuadro 2) o de un país concreto.

Cuadro 1
Urbanización y desarrollo económico en el mundo
Paises con > de 10 millones de habitantes ordenados según su renta per cápita
País Población Renta per. cáp. Urbaniz. IDH
  (millones) (miles $) %  
A) 20 Países con mayor renta        
Japón 124 31.450 77 0,937
Estados Unidos 258 24.750 76 0,937
Alemania 80 23.560 86 0,921
Francia 57 22.360 73 0,93
Bélgica 10 21.210 97 0,926
Holanda 15 20.710 89 0,936
Canadá 27 20.670 77 0,95
Italia 57 19.620 67 0,912
Reino Unido 58 17.970 89 0,916
Australia 17 17.510 85 0,927
España 39 13.650 76 0,93
Corea del Sur 44 7.670 78 0,882
Argentina 33 7.290 87 0,882
México 86 3.750 74 0,842
Hungría 10 3.330 64 0,856
Malaisia 19 3.160 52 0,822
Chile 13 3.070 84 0,88
Brasil 156 3.020 71 0,804
Sudáfrica 40 2.900 50 0,705
Venezuela 20 2.840 92 0,859
B) 20 países con menor renta        
Sri Lanka 17 600 22 0,704
Zimbabue 10 540 31 0,539
China 1.175 490 29 0,594
Ghana 16 430 35 0,482
Pakistán 122 430 34 0,483
Nigeria 104 310 38 0,406
Yemen 13 300 32 0,424
Afganistán 22 300 ? 0,228
India 900 290 26 0,439
Kenia 25 270 39 0,481
Rep. Malgache 12 240 26 0,432
Sudán 27 230 ? 0,379
Bangladesh 116 220 17 0,364
Uganda 18 190 12 0,329
Zaire 40 185 ? 0,384
Vietnam 70 170 20 0,539
Nepal 20 160 13 0,343
Etiopía 53 100 13 0,227
Tanzania 26 100 23 0,364
Mozambique 16 80 31 0,246

(1) IDH: Indice de desarrollo humano. Se compone de tres elementos: longevidad media en función de la esperanza de vida al nacer; nivel educacional, medido en función de la combinación de alfabetización de adultos (ponderación, dos tercios) y tasa de matriculación combinada primaria, secundaria y terciaria (ponderación, un tercio); y nivel de vida, medido por el PIB per cápita real (en dólares).

Fuente: Elaborado a partir de Anuario El País, 1996, Madrid, 1996, págs. 42-54 5 151. Datos correspondientes a 1993. Cifras de urbanización a partir de las definiciones de cada país.

Cuadro 2
Urbanización y desarrollo económico en Iberoamérica
Paises iberoamericanos ordenados según su renta per cápita

País Población Renta per cáp. Urbaniz. IDH (1) 
  (millones) (miles $) %  
Argentina 34,1 8.060 88 0,885
Uruguay 3,1 4.650 90 0,883
México 91,8 3.730 75 0,845
Chile 14 3.570 86 0,882
Brasil 159,1 3.370 77 0,796
Venezuela 21,3 2.760 92 0,859
Panamá 2,5 2.670 54 0,859
Costa Rica 3,3 2.380 49 0,884
Perú 23,3 1.890 72 0,694
Colombia 36,3 1.620 72 0,84
Paraguay 4,8 1.570 52 0,704
Rep. Dominicana 7,6 1.320 64 0,701
El Salvador 5,6 1.320 45 0,576
Ecuador 11,2 1.200 58 0,764
Guatemala 10,3 1.100 41 0,58
Bolivia 7,2 770 58 0,584
Honduras 5,4 600 47 0,576
Nicaragua 4,2 340 62 0,568
Haití 7 280 31 0,359
Cuba 10,9 600 sd 0,726
Puerto Rico 3,6 7.270 sd ?
Fuente: Elaborado a partir de Anuario El País, 1997, Madrid, 1997, págs. 42-47 y 148. Datos correspondientes a 1994.
 

La correlación no es, desde luego, perfecta y se ve afectada, entre otros factores, por la misma definición estadística de la población urbana, que es diferente de un país a otro; pero en conjunto, puede afirmarse que altos niveles de renta corresponden a altos niveles de urbanización. Los casos que están lejos de la recta de regresión se explican a veces fácilmente: así, en el caso de Iberoamérica, el de Nicaragua, por la reciente guerra civil.

Desde luego, aceptar la correlación entre esas variables no indica nada sobre el carácter dependiente o independiente de una y otra. Sin duda el desarrollo económico impulsa y permite la urbanización, pero a su vez es también cierto que ésta genera desarrollo económico.

Hoy sabemos asimismo que la urbanización representa una ventaja inicial, y que las ciudades existentes constituyen focos de desarrollo económico y, por eso mismo, tienden a permanecer como tales, en un proceso que ya hace tiempo se caracterizó como circular y acumulativo.

La aceptación de esta última tesis puede encontrar opiniones en contra muy extendidas. La idea de la inestabilidad general del mundo, que aparece, por lo menos, desde el pensamiento griego, se extendía también a las ciudades y se encuentra ya claramente expresada desde los presocráticos. Fue formulada de forma explícita por Herodoto desde el mismo comienzo de su Historia (Libro I, 5.4), en un texto muy conocido: "seguiré adelante en mi relato -escribe- ocupándome por igual de las pequeñas y de las grandes ciudades de los diferentes pueblos, ya que las que antaño eran grandes, en su mayoría son ahora pequeñas; y las que en mis días eran grandes fueron antes pequeñas. En la certeza, pues, de que el bienestar humano nunca es permanente haré mención de unas y otras por igual".

Este texto exige realizar algunas precisiones sobre la escala temporal. Es difícil dudar de que las cosas sean así si consideramos el conjunto de la historia de la Humanidad, con su sucesión de imperios y de grandes ciudades que luego cayeron en decadencia o llegaron a desaparecer. Los casos de Sumer, Babilonia y tantas otras nos vienen inmediatamente al recuerdo. Un recuerdo en el que los famosos versos de Rodrigo Caro a las ruinas de Itálica nos aportan una demostración suplementaria de lo extendido de este sentimiento en la cultura renacentista.

Pero si consideramos un período mas corto las cosas parecen ser muy distintas. La urbanización aparece de forma clara como una ventaja inicial que se ve luego mantenida. Las grandes ciudades del siglo pasado lo siguen siendo todavía hoy y son, a la vez focos de desarrollo económico.

En áreas de vieja urbanización esta persistencia de las grandes ciudades puede ser todavía mas larga. El trabajo de Jan de Vries sobre el desarrollo urbano en Europa entre 1500 y 1800 nos facilita datos significativos de la continuidad de gran número de ciudades como los centros urbanos fundamentales de cada país(2). Si consideramos lo ocurrido en las ciudades españolas desde el Renacimiento, esa continuidad aparece de forma evidente. De hecho, encontramos que las cuatro o cinco mayores áreas metropolitanas españolas de hoy (Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Zaragoza) han estado entre las cinco primeras ciudades desde el siglo XVI, o al menos entre las diez primeras (Cuadro 3). De las restantes ciudades que aparecen entre las diez primeras en siglos anteriores, Córdoba ocupa hoy el número 11 y Granada el nº 13, y las restantes, aunque en situaciones inferiores, siguen siendo también hoy ciudades destacadas.

Cuadro 3
Las mayores ciudades españolas (1550-1800)
1550   1600   1650   1700   1750   1800   1990  
Sevilla  65 Sevilla  90 Madrid  130 Madrid  110 Madrid  109 Madrid 167 Madrid 3084
Valladolid  45 Granada  69 Sevilla  60 Sevilla  96 Sevilla 66 Barcelona 115 Barcelona 1681
Valencia  37 Valencia  65 Valencia  52 Valencia  50 Cádiz 6050 Sevilla 96 Valencia 777
Barcelona  35 Toledo  50 Barcelona  44 Barcelona  43 Barcelona 50 Valencia 80 Sevilla 704
Córdoba  33 Madrid  49 Córdoba  32 Zaragoza  30 Valencia s.d. .Burgos 70 Zaragoza 622
Madrid  30 Córdoba  45 Zaragoza  30 Málaga  30 Zaragoza s.d. .Granada 55 Málaga 534
Toledo  30 Barcelona  43 Cuenca  20 Córdoba  28 Murcia 32 Córdoba 40 Bilbao 372
Burgos  22 Valladolid 40 Murcia  20 Murcia  25     Murcia 40 Palmas G.C. 360
Jaen  22 Jerez  27 Toledo  20 Cádiz  23     Zaragoza 40 Valladolid 345
Segovia  22 Zaragoza  25     Jaen  20     Málaga 36 Murcia 310
Fuente: Elaborado a partir de De Vries, 1987 Apéndice 1, págs. 347-367.

Si tomamos ahora una perspectiva temporal mas corta, desde mediados del siglo XIX observamos un tendencia similar, aunque aquí deba introducirse ahora la ventaja inicial que supone la temprana adquisición de funciones industriales.

A partir del siglo XIX, con la mejora de los medios de comunicación y la intensificación de los contactos internacionales, se generaron cada vez mayores flujos comerciales, así como también mayores flujos de población, de capitales, de servicios y de información. Las áreas que tuvieron temprano acceso a todo esto se vieron sin duda favorecidas, y esas áreas eran esencialmente las ciudades.

Los trabajos realizados por economistas, historiadores y geógrafos han permitido mostrar de forma convincente la estabilidad de los niveles superiores de los sistemas urbanos(3).

Y geógrafos como Allan Pred ha mostrado la importancia de las economías de aglomeración que producen procesos circulares y acumulativos, en dos modelos sucesivos(4)en los que la expansión de la industria y el comercio produce efectos multiplicadores en una espiral ascendente. Cuando algunas ciudades han alcanzado una posición dominante en la jerarquía urbana, se automantienen y el cambio es improbable.

En el caso de España -como en el de Iberoamérica, creo- puede comprobarse fácilmente el efecto de las ventajas iniciales en el desarrollo del sistema urbano en la época contemporánea, a través de las decisiones para la construcción de las redes de comunicaciones, la elección como capitales para la nueva división política provincial o judicial o la constitución de flujos migratorios.
 

Las teorías del desarrollo endógeno y la nueva valoración del medio local
 

El papel importante de las ciudades, y sobre todo de las ciudades bien equipadas, está siendo hoy reconocido por las teorías del desarrollo regional, que ponen énfasis en la importancia de las condiciones locales para conseguir un desarrollo económico sostenido(5).

Tras unos cuarenta años de aplicación de políticas de desarrollo regional en Europa se ha podido comprobar que siguen existiendo grandes disparidades regionales(6). Y eso a pesar de las importantes ayudas financieras que se han realizado y de la gran movilidad de mano de obra en ese espacio continental. Algunos, incluso, consideran que la llegada de recursos exteriores de forma indiscriminada puede ser perjudicial al dificultar, en ocasiones, el desarrollo de iniciativas locales.

En especial, en un momento de rápido cambio tecnológico, las regiones europeas mas atrasadas parecen tener a veces dificultades para adoptar las nuevas tecnologías. Y se piensa que el mantenimiento de un retraso tecnológico puede estar asociado a obstáculos internos, tanto de las empresas como del contexto en el que se desarrollan.

Se acepta también que una buena organización del territorio supone ventajas comparativas, mientras, en sentido inverso, constituye un obstáculo para el desarrollo económico la insuficiencia de infraestructuras, lo que incluye tanto las infraestructuras clásicas como el abastecimiento de agua, de energía, de transportes, y otras relacionadas con la comunicación, así como los centros docentes y de investigación, o la capacidad del medio local para atraer y organizar exposiciones, ferias y congresos.

Hoy se reconoce también que una administración pública regional y local bien organizada representa un factor positivo crucial para el desarrollo económico. La fortaleza de la administración local se considera un factor esencial en el desarrollo regional, puesto que implica autonomía y capacidad para tomar decisiones en el mismo medio al que van a afectar, sin necesidad de recurrir al nivel estatal(7). La presencia creciente de las instituciones regionales y locales en el planeamiento apoya, sin duda, esas ideas. La propuesta de una Europa de las Regiones y de una Europa de los Ciudades, frente a la Europa de los Estados está en la línea de esos cambios de estrategia y de recomposición del mapa de influencias políticas en el viejo continente. En el caso de los países iberoamericanos algunos cambios constitucionales recientes, como la constitución de Colombia de 1991, conceden un nuevo papel a las regiones para la toma de decisiones por órganos de elección democrática. Todo lo cual ha obligado a prestar atención a las condiciones internas de esas áreas intermedias y a los grandes municipios urbanos.

Se han propuesto así desde la segunda mitad de los ochenta nuevos enfoques al desarrollo regional, calificados como "enfoques endógenos"(8), y que se consideran la vía alternativa a los efectos derivados del ajuste productivo de los noventa(9). Estos enfoques ponen énfasis en el carácter casi inmóvil de los factores esenciales del desarrollo regional, tales como las infraestructuras físicas, la habilidad de la fuerza de trabajo, la estructura sectorial de la economía local, el conocimiento técnico y organizativo local, las economías de urbanización, las estructuras sociales y organizativas locales, entre otros.

Mientras los enfoques tradicionales de política regional han venido poniendo énfasis en el papel de los incentivos financieros, la construcción de infraestructuras y los acuerdos de planeamiento entre la administración pública y las grandes empresas industriales, el enfoque endógeno, sin rechazarlos, conceden mayor papel a medidas tales como: las inversiones en I+D, la educación técnica y el desarrollo de la capacidad de gestión de la fuerza de trabajo, el desarrollo de relaciones cooperativas entre los actores privados locales y los públicos, la creación de redes de cooperación entre empresas y organizaciones locales y exteriores, el desarrollo de modernos servicios de negocios, la mejora de la calidad del medio ambiente, y un eficiente uso del suelo y política urbana que aumenten el carácter atractivo de los centros urbanos regionales(10).

En ese sentido, las nuevas estrategias de desarrollo regional insisten en que los obstáculos mas importantes que deben removerse son la baja capacidad emprendedora e innovadora, la escasez de conocimientos específicos, y la baja internacionalización de las economías regionales menos desarrolladas.

Estos enfoques tienen especial relevancia para nuestros países, donde con mucha frecuencia tendemos a hacer responsables del atraso a fuerzas externas, ya se trate de la antigua metrópolis colonial o ya sea el imperialismo yanki, en lugar de buscar en nostros mismos las raíces que han facilitado la dominación.

Las nuevas teorías sobre el desarrollo endógeno al insistir en la importancia de las condiciones locales destacan, al mismo tiempo, el papel decisivo de la urbanización para el desarrollo económico sostenido. La existencia de ciudades de un tamaño suficiente es esencial para el desarrollo económico regional, ya que son los nodos principales en la red de infraestructuras. Las ciudades constituyen así un medio local especialmente favorable para el desarrollo. Al mismo tiempo esos enfoques ponen de manifiesto la trascendencia de la aptitud receptiva a la innovación. Un aspecto que está muy ligado, a su vez, con el desarrollo de la urbanización y la ciencia, dos dimensiones íntima y esencialmente vinculadas a la ciudad. Aludiré a ellas a continuación.
 

Ciencia e información en la ciudad
 

Desde hace tiempo se conoce que en la ciudad existen condiciones sociales y culturales que son decisivas para el desarrollo económico. Como se sabe, la diversificación y la heterogeneidad social existentes en ella son ventajosas para la economía ya que el mercado laboral se ve enriquecido por la división del trabajo, mas intensa que en otros lugares, y por una mano de obra diferenciada y cualificada.

Pero, además, la ciudad es también el lugar de la educación. Las ciudades,en efecto, han sido lugares esenciales en el proceso de extensión de la alfabetización y de la educación superior.

Algunas poseían ya a comienzos del siglo XIX ventajas iniciales, equipamientos que procedían de atrás, ambiente cultural estimulante, ventajas que se relacionaban generalmente con la existencia de una capitalidad política, de una burguesía emprendedora, o de la actividad económica. Las infraestructuras existentes influyeron en la toma de decisiones (públicas y privadas) para la creación de nuevos equipamientos. Una vez que se inició dicha concentración, tendió a autoperpetuarse, en un proceso que interacciona con el crecimiento de la actividad económica en general.

La acción del estado y los estímulos positivos producidos por el cambio económico y social dieron lugar a un aumento de la educación durante el siglo XIX. El cual fue a la larga general, pero tuvo efectos mas intensos sobre las areas urbanas.

La difusión de la escolarización durante el siglo XIX permitió disminuir las cifras de analfabetismo, reducción que fue mucho mas acusada en las ciudades que en la población rural; como se observa en el caso de España, donde en cada provincia las cifras de analfabetismo han sido siempre menores en las capitales que en el conjunto de la provincia, con diferencias que pueden llegar a ser en ocasiones de 20 y más puntos (Cuadro 4).

Cuadro 4
Evolución del analfabetismo en España, 1860-1900
Años Total % Capitales de Diferencia de
    provincia % B respecto a A
1860 75,5 59,7 15,8
1877 72 55,1 16,9
1887 68 50,8 17,2
1900 63,8 47,4 16,4
Fuente: Melcón, J.: "El papel de las ciudades en el proceso de alfabetización: las Escuelas Normales en la segunda mitad del siglo XIX", en H. Capel, J.M. López Piñero y J. Pardo (Coords.): Ciencia e ideología en la Ciudad, Valencia, Conselleria d'Obres Públiques i Transports de la Generalitat Valenciana, 1992, vol. I, págs. 191-210.

Ese crecimiento de la población alfabetizada y el aumento de las clases medias supusieron nuevas posibilidades para el acceso a la educación secundaria, la cual aumentó también durante la segunda mitad del siglo XIX. La enseñanza secundaria o media se concibió de forma general como unos estudios intermedios entre la primaria y la universitaria, unos estudios preparatorios de la universidad y dirigidos esencialmente a las clases urbanas. Las ciudades fueron los únicos lugares en los que se instalaron centros de nivel medio y donde era posible, por tanto, acceder a la enseñanza secundaria.

Igualmente ocurrió con la enseñanza universitaria, tanto por la localización de los centros como por la procedencia de los estudiantes. La enseñanza universitaria favoreció a las ciudades mas dinámicas, las que tenían mayor número de estudiantes y una demanda social que se extendía al conjunto de las Facultades, incluyendo las de Ciencias, que resultan especialmente significativas para nuestro propósito, ya que están mas directamente en relación con las demandas de la industria y del aparato productivo.

Era pues en las ciudades donde se encontraba lo esencial de la capacidad científica del país. Y donde se localizaban también los ateneos, casinos, asociaciones, periódicos, bibliotecas, círculos de lectura. Fue también en las ciudades donde se realizaron los debates mas importantes que permitieron el proceso de modernización. Un buen ejemplo de ello puede ser la reacción al darwinismo en España; en general la aceptación fue mas temprana en las grandes ciudades que en las pequeñas, pero también en las ciudades medias y pequeñas de la periferia, mas dinámicas económicamente y, por tanto, mas abiertas, que en las de tamaño equivalente del interior, donde el peso de la Iglesia y del conservadurismo era mas fuerte(11).

Especialmente importante es el alto potencial de información e interacción que existe en las ciudades. Todavía hoy las grande ciudades siguen teniendo aún un papel esencial en ese sentido, a pesar de que las innovaciones que facilitan el desplazamiento de personas y los avances en los medios de transmisión de mensajes hayan roto el monopolio que antes tenía la densidad física del habitat para crear una densidad de comunicación social.

Desde la década de los años 1960 diversos autores han insistido en la importancia decisiva que tiene para el desarrollo económico la intensidad de interrelaciones que se anudan en el interior del espacio urbano(12). También se sabe que el conocimiento es un hecho económico, en el sentido de que el dinamismo científico y cultural se difunde al conjunto de la economía(13). La ciudad está constituida por un conjunto de economías urbanas estrechamente asociadas entre sí y estas ventajas urbanas son a menudo de tipo inmaterial. La dimensión de la aglomeración modifica el coste de las ventajas urbanas y tiene influencia sobre su calidad. Es decir esas ventajas urbanas inmateriales son tanto mayores cuanto mayor es la ciudad.

En las ciudades se crean condiciones "que hacen menos costosa la elaboración continua de conocimiento". Existe en ellas "la posibilidad de unir una multitud de informaciones en un tiempo limitado y la capacidad de combinarse con vistas a obtener un objetivo específico". Lo cual facilita la toma de decisiones, ya que -como escribió Jean Remy- "el coste de reunión de informaciones necesarias para la decisión es menor si se pueden utilizar informaciones en el mismo lugar, sin necesidad de formalizarlas". En definitiva, según dicho autor, "la calidad de un centro urbano deriva de la masa de informaciones que es capaz de reunir y de combinar con vistas a una producción nueva (...) La viabilidad y el desarrollo de un centro urbano están ligados a la calidad de las interconexiones que favorecen la circulación de las informaciones y la multiplicidad de los contactos".

La ciudad es también el lugar privilegiado donde se forjan ciertos valores favorables al crecimiento económico. Es importante la existencia en ellas de saberes técnicos, pero también de otras cualidades, tales como la capacidad innovadora, la creatividad, la libertad, la motivación. A partir de ellas se forja el espíritu empresarial, la capacidad para crear empresas, las redes de relaciones sociales internas y con el exterior.

Se trata de tradiciones que se desarrollan lentamente. En ese sentido, las ciudades que ya aparecían como centros dinámicos a comienzos del siglo XIX acumularon ventajas puesto que tenían un ambiente favorable a la innovación empresarial.

La inmigración contribuye a todo ello de forma importante. El papel de los inmigrantes en el desarrollo de la ciudad ha sido reconocido multitud de veces, y vale la pena destacarlo en este momento en que se multiplican en Europa los sentimientos xenófobos. Se sabe bien que la decisión de abandonar un lugar para ir a buscar trabajo en otro no es fácil y requiere iniciativa y valor. En general, esa decisión se toma por gentes jóvenes, con empuje, decisión y ganas de trabajar y prosperar. En igualdad de condiciones, son los más capaces los que abandonan el medio rural para ir a la ciudad.

Pero la inmigración tiene asimismo influencia sobre la capacidad de iniciativa y de creatividad en la ciudad. Es cierto que una parte de esos inmigrantes proceden de un medio rural y poseen destrezas que no son de utilidad en el sistema productivo urbano, y que incluso deben ser olvidadas, aunque ello suponga un doloroso proceso de desorganización social. Pero los inmigrantes que llegan a las ciudades no son sólo campesinos. Ello explica que algunos autores no hayan dudado en atribuir a la inmigración un papel decisivo en el proceso de industrialización y de desarrollo económico de las ciudades del siglo XIX. Con respecto a las ciudades norteamericanas de dicho siglo, se ha puesto énfasis en esto último, valorando la aportación que los inmigrantes europeos realizaron a la innovación técnica en el sistema productivo(14). Se considera que la multiplicación en el número de contactos personales y la habilidad aportada por los no locales fueron fundamentales en el crecimiento de las ciudades de Estados Unidos y se citan casos de inmigrantes europeos que introdujeron nuevas industrias (vidrio o cerveza, por ejemplo) en las ciudades de dicho país.

Además, los immigrantes pueden también a veces aportar actitudes favorables al trabajo manual en sociedades tradicionales. Es lo que se ha señalado, por ejemplo, con referencia a la inmigración europea a Brasil durante el siglo XIX, donde los inmigrantes instalados en las ciudades desarrollaron el comercio, la artesanía y la pequeña industria en Rio de Janeiro, Sâo Paulo y otras ciudades(15).

En los últimos años numerosos trabajos sobre ciudades muy diversas están mostrando la importancia de la inmigración en el desarrollo económico de las mismas. Sobre todo de las ciudades norteamericanas en general, y respecto a algunas en particular, como Nueva York, en las que muchos inmigrantes se han convertido en dinámicos empresarios(16). De manera similar se ha reconocido su aportación a las ciudades iberoamericanas, tales como Buenos Aires y otras. En especial, la realizada por los inmigrantes a la industrialización de Sao Paulo ha sido explícitamente reconocida en varias ocasiones, valorándose la aportación que representó la llegada de unos tres millones de inmigrantes al Estado de ese nombre, muchos de los cuales enriquecieron la metrópoli paulista con sus destrezas, sus habilidades, sus capitales e incluso su capacidad para organizar el movimiento obrero y ponerse al frente de las reivindicaciones sociales y laborales(17).

En el caso español resulta difícil todavía realizar valoraciones cuantitativas sobre la aportación de los inmigrantes al dinamismo urbano, mas allá de lo que representa la llegada de mano de obra, pero parece indudable que la inmigración supuso un enriquecimiento de las ciudades y que, en algunos casos, de ellos proceden contribuciones significativas. Con referencia a los empresarios, políticos o técnicos que actúan en las ciudades españolas durante el siglo XIX, es significativo que una parte de ellos nacieran fuera de la ciudad donde desarrollaron lo esencial de su actividad y a la que enriquecieron con su aportación. El hecho es válido especialmente para Madrid, por razones de la capitalidad; pero también lo es probablemente para otras ciudades especialmente dinámicas.

Es el caso, por ejemplo, de Barcelona. Algunos cálculos que hemos realizado ponen de manifiesto la decisiva importancia de la inmigración entre los intelectuales, artistas y científicos que han realizado su obra en la ciudad. Las cifras relativas obtenidas muestran que entre los siglos XVI y XX entre el 31 y el 52 ciento de los escritores, los médicos y las profesionales artistas o artesanos habían nacido fuera de la ciudad(18).

En definitiva, las posibilidades de mejoras tecnológicas y de inventos aumentan cuando se multiplican las interacciones entre un creciente número de individuos dedicados a actividades comerciales, industriales, o de servicios diversos. También aumenta la posibilidad de educación, la creación de ideas nuevas y la diseminación de las mismas a partir de canales apropiados (la prensa, las redes de relación establecidas por los inmigrantes con sus lugares de origen...), se multiplica la difusión de destrezas y de conocimiento. Todo lo cual convierte a la ciudad en un crisol de ideas, de conocimientos y de industrias culturales, trnasformándola en un medio especialmente dinámico e innovador, lugar privilegiado de la decisión y la innovación.
 

La innovación y los nuevos modelos de desarrollo regional y local
 

La innovación, entendida, en su sentido mas amplio, como cualquier novedad que no existía antes o, de forma mas concreta, como innovación política, social, económica, científica o técnica, se produce en la ciudad. Desde su nacimiento la ciencia es esencialmente un fenómeno urbano. La ciudad es al mismo tiempo la sede natural de la ciencia y lugar privilegiado de la innovación científica y tecnológica. Es también la sede de las instituciones académicas y de los equipamientos culturales indispensables para la práctica de la ciencia (laboratorios, bibliotecas, imprentas...) y ha contado siempre con la mayor proporción de personas educadas y de alta especialización. No extraña por ello que en las ciudades precisamente se generen las innovaciones o que se tomen las iniciativas para conocer y adoptar dichas innovaciones.

En el caso de las innovaciones técnicas la generación se realiza a través de inventos, que posteriormente se aplican. Dicha aplicación se va extendiendo espacialmente a través de un proceso de difusión.

Los estudios sobre la generación y la difusión de innovaciones -estos últimos de larga tradición en geografía- se ven, sin duda favorecidos por una aproximación interdisciplinaria, en la que la historia y la sociología de la ciencia deben desempeñar un importante papel. Ante todo, para explicar la génesis de las innovaciones, es decir su nacimiento en el contexto social e intelectual en el que se producen. En segundo lugar, para entender los procesos de aceptación o adopción de dichas innovaciones.

El problema de la generación de las innovaciones conduce a plantear los factores de la innovación: el medio social y económico en que se produce, el nivel educativo de la población, los valores culturales, las instituciones científicas involucradas. Necesitamos conocer cuales son los factores sociales e intelectuales que influyen en el desarrollo y en la adopción de innovaciones, con especial énfasis en la relación entre: a) la existencia de instituciones científicas y docentes; y b) la innovación y su difusión.

La cuestión de cómo se difunde la innovación implica analizar las modalidades en las que la información pasa de individuo a individuo, de empresa a empresa, de institución a institución; los procesos por los cuales se difunden en el espacio nuevas ideas y tecnologías, y el papel de la proximidad y de la jerarquía urbana en la difusión.

También hay que plantearse el problema de los efectos que tiene la adopción de una innovación, las consecuencias de la innovación tecnológica en la organización del espacio urbano y de la vida social. Interesa conocer los efectos de la aglomeración urbana sobre la innovación tecnológica, generando demandas y ofreciendo un medio social que permite y estimula la comunicación y la innovación.

Importa, finalmente, identificar los medios y la cronología de la adopción de innovaciones en las áreas metropolitanas, tratando de explicar las similitudes y diferencias que existen entre unas y otras.

Todo ello, como hemos visto, puede vincularse con las nuevas teorías del desarrollo regional que dan cada vez mayor relieve al desarrollo endógeno y que han ido constatando la importancia de los 'factores subjetivos', tales como el carácter emprendedor de los grupos dirigentes, o la capacidad tecnológica y de gestión que permiten a las economías regionales ser receptivas a las innovaciones. Las persistentes disparidades regionales pueden ser interpretadas como el resultado de diferentes ritmos en la adopción de innovaciones y en la gestión de las nuevas tecnologías(19). Como ya habían visto algunos autores, hay que insistir hoy nuevamente en la importancia de las redes sociales y de las interconexiones, así como de la enseñanza y la investigación que pueden ser considerados bienes de inversión destinados a aumentar la eficacia y la capacidad innovadoras del sistema económico(20).
 

El estado y la innovación tecnológica
 

En esa línea de conocer las condiciones que facilitan la génesis y la difusión de innovaciones, podemos centrar la atención en el papel que tienen en ellas: 1) el Estado, 2) el medio local, 3) los innovadores individuales. En especial, tiene gran interés, en relación con el argumento de esta exposición, estudiar la dinámica entre los impulsos venidos, del Estado, y los procedentes del medio local. Aludiré brevemente a ello en la parte final de esta exposición.

Ante todo, no hay que olvidar el papel del Estado en la difusión de innovaciones.

En estos momentos en que tantas voces se alzan contra el estado o se toman iniciativas que lo deslegitiman, puede ser de interés destacar que el papel de esta instancia política, que sigue siendo fundamental en casi todos los sentidos, ha podido ser también muy importante en la innovación tecnológica. Lo ha sido en los esfuerzos muchas veces realizados para organizar la industria y la agricultura con un ideario técnico-productivista, así como en los que se han efectuado por organismos estatales para la modernización y la difusión de innovaciones.

No hay que olvidar que el mundo contemporáneo se caracteriza por un crecimiento del papel del Estado y un incremento del número y la influencia de las instituciones públicas. Los empleados de los numerosos organismos del estado han ido aumentando de forma impresionante desde el siglo pasado, al mismo tiempo que crecía la proporción del gasto público en el gasto interior, proporción que ha podido llegar a suponer entre el 50 y el 60 por ciento en los estados desarrollados.

En países en que existe una gran tradición de intervención estatal en diferentes esferas, como son los nuestros, el Estado ha contribuido a estimular la innovación. Ha tratado de organizar a través de la legislación el marco legal que facilita la innovación, y de crear el ambiente necesario para que los agentes sociales adopten las acciones mas adecuadas para incorporar innovaciones, favoreciendo así el proceso de modernización.

Desde luego, es muy probable que el papel del estado desde el punto de vista de los impulsos o frenos a la innovación haya sido diferente en períodos progresistas o en períodos conservadores. Durante los primeros -por ejemplo, en el caso español, el Trienio Liberal (1820-1823), el Bienio progresista (1852-1854) o el Sexenio revolucionario (1868-1874)- se favoreció la adopción de innovaciones, con una legislación mas avanzada que suprime la censura previa en la prensa y en los libros, permite el debate ideológico, alienta las novedades, la creación de asociaciones cívicas y culturales.

Los períodos conservadores pueden ser considerados, en cambio, como reaccionarios y represivos. En el siglo XIX, por ejemplo, durante ellos se intenta mantener el status quo y evitar el cambio social, se controla la enseñanza, la prensa, la edición y la libertad de expresión, todo lo cual puede dificultar la llegada y difusión de innovaciones.

De todas formas, examinada en conjunto la actitud del Estado liberal del siglo XIX fue favorable a la incorporación de innovaciones técnicas. Lo que se refleja en iniciativas tendentes a conocer de forma rápida las que se realizaban en el extranjero y a facilitar su difusión mediante la legislación y la enseñanza.

Este es válido no solo para la innovación industrial, sino en lo que se refiere a la difusión de la innovación agraria. Creo que vale la pena estudiar y evaluar en análisis comparativos los esfuerzos que los diferentes Estados han realizado durante los dos últimos siglos para introducir mejoras agrícolas, ganaderas y forestales; en particular los que se refieren a la difusión de la enseñanza(21), la creación de campos de experimentación, la lucha contra las plagas(22), el crédito agrícola, la creación de infraestructuras de regadío, la organización del cuerpo de ingenieros agrónomos y de ingenieros de montes, la política de fomento regional, la mejora de la cabaña o la protección y desarrollo del bosque(23). Y en ese sentido, es oportuno recordar que las instituciones que se crearon para todo ello han tenido como eje las ciudades, en especial las capitales de provincia, donde se concentraban los núcleos de difusión. Es decir, que aunque podamos tener dudas sobre si es válida para el neolítico aquella provocativa afirmación de Jane Jacobs "Primero las ciudades, después el desarrollo rural"(24), es muy probable que posteriormente hayan sido las ciudades las responsables de las mejoras que la agricultura ha ido experimentando; y sin ninguna duda lo han sido en la época contemporánea, con la aplicación creciente de la ciencia a la producción agrícola.

Pero además de ese papel impulsando la modernización y la innovación, el estado ha actuado él mismo como adoptante de la innovación. En un estado con la tradición intervencionista que tiene en nuestros países, con frecuencia él mismo se ve obligado a actuar como un agente que adopta la innovación.

En España desde los siglos XVII y XVIII el estado había organizado sistemas de subastas para arrendar diversos servicios públicos o el cobro de impuestos. Esta larga tradición se reflejó en el siglo XIX en el establecimiento de un sistema semejante que se utilizó para la adquisición de bienes y servicios. En todos esos casos existen cláusulas de defensa de los intereses públicos.

El estudio de las medidas adoptadas para elegir entre los diferentes postores salvaguardando los intereses generales constituye un campo de investigación sugestivo. Es importante analizar con atención, comparar y debatir la eficacia de los criterios y medidas adoptadas por los estados para seleccionar de forma general y en cada caso concreto las opciones mas adecuadas. La construcción de las redes telegráficas, de iniciativa y realización generalmente estatal durante el siglo XIX, del ferrocarril, a veces de construcción estatal y siempre sometido a la reglamentación del estado, los debates sobre las líneas telefónicas, y otras iniciativas semejantes pueden dar lugar a conclusiones de interés.

En el caso del telégrafo(25), las decisiones adoptadas por los gobiernos españoles cuando se abordó en 1851 la construcción de la red del telégrafo eléctrico fueron éstas: enviar un comisionado para conocer lo que se hacía en otros países europeos, pedir informes a las instituciones científicas, establecer una legislación general tras una amplia discusión en el Parlamento, instituir cautelas para los concursos, incluyendo cláusulas con estrictas especificaciones técnicas, y, por último, vigilar el cumplimiento a través de inspectores.

Debemos realizar investigaciones para comprobar si esos mecanismos funcionaron adecuadamente, los efectos que tuvieron, las consecuencias de una decisión tardía y la influencia de las presiones de otros Estados o de empresas privadas para la adopción de una solución determinada. Teniendo presente que la opción inicial tiene unas consecuencias que son luego muy difíciles de corregir, como muestra el ejemplo de la adopción del ancho de vía ferroviaria en España.

La Europa del siglo XIX estaba muy interconectada y la información circulaba con gran rapidez. Además, las mismas empresas o personas que registraban las patentes se encargaban de difundir la información de forma amplia para estimular su posible implantación.
 

Las iniciativas locales
 

Si el estudio del papel del Estado es imprescindible para conocer algunas facetas de la difusión de la innovación, mas interés tiene desde el punto de vista de esta conferencia el de las iniciativas locales.

Las instituciones locales o de carácter regional han actuado para estimular la innovación a través de medidas diversas, tales como: la organización de instituciones educativas o de investigación, el apoyo a sociedades científicas, el establecimiento de medidas legales (ordenanzas sobre ornato público, sobre el uso del espacio, sobre características de las obras a realizar) y otras.

El énfasis en la importancia de los contextos locales para el desarrollo económico y la adopción de innovaciones ha venido también recientemente desde la historia de la ciencia y la tecnología y, especialmente, desde la historia de la educación técnica y el análisis de su impacto en la industria.

Sin duda, el conocimiento de las innovaciones y su adopción se vio facilitada por las iniciativas locales en respuesta a intereses económicos cercanos. Por ejemplo, algunos autores han insistido recientemente en que es solamente en el contexto local donde puede observarse de forma clara "la complicada interacción entre los intereses industriales, municipales y académicos que estaban en la base de muchas iniciativas" culturales que se tomaron en diversos países europeos entre los años 1880 y 1914(26).

Al igual que ocurre con el Estado, las instituciones locales se convirtieron también ellas mismas en adoptantes de las innovaciones, en campos muy diversos que van desde los sistemas de alcantarillado hasta la adquisición de material para las oficinas administrativas, pasando por cuestiones de policía urbana, normas sobre el ornato público que afectan a la construcción de las redes de gas, telegráficas o telefónicas, instalación del alumbrado público, abastecimiento de aguas, e higiene y salud pública.

La antigua tradición de control o intervención municipal en muchos servicios públicos se vio afectada en el siglo XIX por la rápida aparición de servicios que requerían cada vez mayores inversiones, unido a una escasez de recursos públicos para ello. A pesar de la tradición existente y del cuidado con que se hacían los contratos con las empresas suministradoras de servicios podían surgir conflictos provocados por la novedad de muchas situaciones. Así el contrato firmado el 3 de julio de 1841 entre el Ayuntamiento de Barcelona y la Sociedad Lebon tenía algunas cláusulas ambiguas referente a la fijación del precio y a la propiedad de las instalaciones construídas, lo que daría lugar luego a numerosas disputas.

La aspiración de las empresas suministradoras de servicios públicos a obtener el monopolio podía apoyarse en el hecho de que tradicionalmente el arrendamiento de dichos servicios se había hecho precisamente en régimen de exclusividad. Pero bien pronto la aparición de otros competidores supuso una nueva situación, que hizo reaccionar a los ayuntamientos para negociar con mayores ventajas.

En todo este proceso resulta muy importante el papel de las instancias que toman las decisiones. Sabemos todavía poco sobre la forma en que se tomaron, sobre el papel de los políticos, de los técnicos y de las mismas compañías en el proceso de toma de decisión. Y necesitamos realizar estudios sobre ello, en una situación cambiante como fue la del siglo XIX en la que los ayuntamientos se dotan de una organización cada vez mas compleja para enfrentarse a los nuevos retos de la industrialización y el crecimiento urbano.
 

Los innovadores privados y la actitud ante la innovación
 

Finalmente, es esencial, aunque mucho mas difícil, el estudio del papel de los innovadores privados y su actitud ante la innovación.

El desarrollo tiene que ver con la existencia de capacidades empresariales en las organizaciones privadas y en las instituciones públicas y con la influencia en la sociedad de fuerzas social e intelectualmente progresivas que estén interesadas en promover el cambio y la incorporación de innovaciones.

Un ambiente local o regional dinámico y abierto al exterior estimula los intercambios culturales y comerciales. Datos como el movimiento de pasajeros con otras regiones o países, la difusión del conocimiento de lenguas extranjeras, los libros o revistas científicas disponibles en las bibliotecas de una ciudad pueden ser así buenos indicadores del dinamismo de un medio local.

Conviene prestar atención a la tipología de los innovadores, y al estudio mas detallado de las actitudes ante la innovacion. Ante todo, quiénes son los innovadores y por qué la adoptan, qué educación, qué intereses y qué relaciones tenían. Pero tambien por que se produce el rechazo, que no siempre es muestra de conservadurismo, sino a veces refleja estrategias racionales que es preciso comprender.

La existencia de un grupo social dinamico y bien relacionado es sin duda esencial para la generación o, en su caso, la adopción de la innovación. En las ciudades españolas a finales del siglo XVIII existían esos grupos, constituidos esencialmente por los intelectuales y por una parte de la nobleza y de la burguesía, esencialmente la burguesía industrial y comercial. Aunque la forma como se produjo la crisis del Antiguo Régimen entre 1808 y 1833 (invasión napoleónica, guerra civil, restauración absolutista de Fernano VII) afectó a su desarrollo, constituyen la base del crecimiento económico posterior.

Pero necesitamos conocer porqué fue diferente el dinamismo de las distintas regiones y ciudades. Seguramente ello tiene que ver también con actitudes diversas de esos grupos sociales. Era, por ejemplo, distinto el grado de información y las redes de relaciones de comerciantes, industriales, políticos o técnicos, lo cual puede detectarse a través de los contactos personales, reflejados, por ejemplo, en la correspondencia personal, en la composición de sus bibliotecas, en el análisis de las lecturas que realizaban. Deberíamos adoptar en ello los métodos de análisis que se han usado con éxito en las investigaciones de historia de la ciencia.

En lo que se refiere a la nobleza y a la burguesía, vale la pena señalar que, en contra de lo que a veces se ha dicho sobre el carácter provinciano de las mismas en nuestros países, estos grupos sociales tuvieron, cuando sus intereses lo exigían y al igual que en el resto de Europa, estrategias claras para mejorar las redes de relaciones personales y, sobre todo, las de sus herederos. Desde el siglo XVIII nobles y burgueses adoptaron la costumbre de enviar a sus hijos a un viaje acompañados de ayos y mentores.

Durante el siglo XIX se observa una notable mejora en la formación cultural y técnica de los empresarios y técnicos españoles, en diversas ciudades. Los industriales estuvieron, en general, muy atentos a lo que ocurría en otros países. Realizaron viajes para conocer lo que se realizaba en las naciones mas adelantadas. Tenemos datos que lo muestran claramente

Sabemos que la burguesía comercial o industrial de Barcelona, Cádiz, Sevilla o Málaga mandaba con frecuencia a sus hijos a estudiar a ciudades de Francia, Inglaterra, Alemania, para prepararlos mejor y conocer el desarrollo de los negocios en el exterior. Desde los años 1820 y 1830, siguiendo las viejas tradiciones los empresarios intensificaron esa costumbre. Así lo hizo, por ejemplo el barcelonés Pedro Gil Babot, que tendría luego un papel fundamental en la instalación de la industria del gas en España a partir de 1840, el cual envió a todos sus hijos a distintos países europeos (Francia, Inglaterra, Alemania) en viajes de formación. Uno de ellos, que estudió ingeniería en Alemania introdujo mas tarde algunas innovaciones en la fabricación del gas, adoptadas por otras empresas gasistas europeas(27).

La estancia en el extranjero y las conexiones exteriores constituyen un aspecto decisivo para el conocimiento de las innovaciones y para la temprana adopción de las mismas. Casi siempre, la adopción precoz de una innovación va unida a ese hecho.

El caso de los ferrocarriles es significativo. Todas las iniciativas mas tempranas para construir líneas de ferrocarril en España se realizaron por personas que habían conocido en Gran Bretaña el comienzo de este medio de locomoción. Y fueron aquellas ciudades mas activas y con mayores relaciones con el exterior las que primero trataron de implantarlas. Cádiz, lugar dinámico y de antiguas e intensas relaciones con Inglaterra por los vinos y el comercio americano fue la primera ciudad que lo intentó.

Es el caso del gaditano José Díez Imbrechts, de madre inglesa. Según Waisz "su ascendencia inglesa le hizo tener pronto conocimiento de los adelantos que Jorge Stephenson había llevado al ferrocarril de Stocton a Darlington", lo que estimuló su propósito de acometer en su país una empresa similar(28), tras lo cual decidió, en 1829 proponer la línea de Jerez al Portal, sobre el Guadalete.

La segunda petición se hizo también en el área gaditana por Marcelino Calero y Portocarrero, residente en Londres, a donde lo había enviado su padre que era catedrático en Sevilla; solicitó permiso para construir un ferrocarril de Jerez al Puerto de Santa María y desde ahí a Rota y Sanlucar de Barrameda. Calero fue tambiénel fundador en Londres del Semanario de Agricultura y Artes.

La tercera propuesta se realizó en Bilbao, ciudad asimismo de tradicionales relaciones con Gran Bretaña. Allí la Diputación Provincial de Vizcaya propuso en 1832 el ferrocarril del camino de Valmaseda, iniciativa de corporaciones y grupos sociales vascos.

El primer ferrocarril que efectivamente se construyó en España, el Barcelona-Mataró fue propuesto por Miguel Biada, comerciante y marino que había viajado por América del Norte y conocido los ferrocarriles en Estados Unidos; el proyecto sería apoyado decididamente por José María Roca, un catalán que vivía en Londres dedicado al comercio(29).

En España la década de 1840, acabada o a punto de acabar la guerra civil, fue especialmente importante para la reanudación de los contactos con los otros países, y la difusión de una actitud decididamente abierta ante la innovación, con la adopción de iniciativas personales por parte de los industriales.

En algunos casos no había en España ni capitales ni técnicos. En otras existían los capitales dispuestos a invertir, pero faltaba la técnica, que se encontró mediante la asociación con un técnico extranjero. Es lo que ocurrió con la instlación del gas en Barcelona a través de la asociación de la familia Gil, que puso los capitales, y el francés Lebón, que poseía la técnica(30).

Especialmente interesante es el estudio de los casos de empresarios particulares que se asocian a técnicos extranjeros para la introducción de una innovación y que se introducen en el negocio de forma activa, aportando capitales, formando sociedades promotoras para instalar una nueva industria en una o en diversas ciudades, y que pueden extender sus actividades a la participación en empresas fabricantes de componentes técnicos de la industria en la que se han comprometido (por ejemplo, piezas para telares, productos químicos, aparatos para la distribución o el consumo de gas, etc) y, a veces, colaboran también en la comercialización de los mismos a través de la instalación de tiendas especializadas; algunos pudieron llegar a extender luego su actividad asimismo a la materia prima (algodón, carbón para fabricar gas o para producir energía) mediante la participación en la producción agrícola o la prospección y explotación de minas. Tenían una buena percepción sobre la utilidad posible de la innovación técnológica, capitales, relaciones políticas y financieras, información, capacidad para asumir el riesgo y la aventura. Necesitamos realizar biografías y estudios prosopográficos de estos casos, con técnicas similares a las que se utilizan en historia de la ciencia, poniendo énfasis no en el carácter singular sino en el carácter de grupo y en el contexto social que hace posible su aparición.

Todos los datos parecen coincidir en que los cambios se aceleraron a partir de 1840 y que la actitud fue muy favorable a la incorporación de las innovaciones por parte de unos industriales abiertos a Europa y con una formación cultural cada vez mas buena, sobre todo en Cataluña y en las mayores ciudades del país.

En 1860, al realizar el balance de la Exposición Industrial y Artística de Productos del Principado de Cataluña Francisco Orellana resaltaba los cambios que se habían producido desde 1840, en la industria catalana. Afirmaba que "en el personal mismo de la industria se ven los efectos de este cambio radical: los hijos de los fabricantes prácticos y rutinarios de entonces (muchos de los cuales ni aún sabían leer) son ahora industriales científicos; poseen lenguas para viajar y estudiar los mejores procedimientos en el extranjero; son químicos, maquinistas, teórico-prácticos, diestros en administracion y contabilidad y hasta legistas para defender sus derechos". Estos cambios se habían extendido también a la clase jornalera "que antes no sabía mas que trabajar materialmente hoy alcanza un grado de ilustración mayor que el de las clases acomododas de entonces"(31).

Estas citas nos ponen nuevamente ante el problema de la educación. Los progresos eran resultado de los avances realizados tanto por las iniciativas del Estado como por las de carácter local en un medio especialmente dinámico como era el barcelonés. Pero también nos sitúan ante el contexto de la innovación tecnológica realizada por algunos individuos, a veces aislados y otras en contextos especialmente favorables.

Hablaré ahora, para acabar, de estos dos aspectos, refiriéndome concretamente a los efectos de las iniciativas estatales y locales sobre la educación, al desarrollo de instituciones científicas y de publicaciones, y al desarrollo técnico a través de las patentes.
 

Estado y medio local en la educación
 

En el siglo XIX el Estado tuvo, como se sabe, un papel esencial en la organización del sistema educativo en los diferentes niveles de enseñanza, primaria, secundaria y universitaria.

A partir del momento en que se organizó el estado liberal del siglo XIX los gobiernos acometieron una política de organización centralizada del aparato escolar y educativo en general.De manera similar ocurrió en España a partir de 1833 y, en especial con la Ley Moyano (1857). La centralización del sistema educativo tuvo, sin duda, efectos positivos. Permitió poner a punto sistema de enseñanza básica con programas generales homogéneos, organizar el equipamiento escolar, crear centros de enseñanza media y equipar las universidades o las instituciones científicas.

De todas maneras, es posible que puedan señalarse también algunos aspectos negativos que están siendo estudiados ahora. Entre éstos: la rigidez del sistema, el déficit en las enseñanzas prácticas, la importancia concedida a las carreras técnicas al servicio del Estado, la lejanía e insensibilidad ante las demandas locales específicas, las dificultad para reaccionar ante nuevas demandas. Los planes de estudio estatales se vieron afectados por los cambios políticos y provocaban inestabilidad, e incluso incoherencias. No son pocos los especialistas que tras estudiar estos planes han aludido al "caos legislativo español" o a esa manía de los sucesivos ministros de dejar su marca particular, con el resultado de producir una verdadera "maraña legal" educativa(32).

El estado intentó también desarrollar las enseñanzas técnicas, en particular, en el caso de España, a partir de mediados del XIX. A fines de ese siglo, en un momento en que el proceso de desarrollo económico e industrial estaba en marcha, las quejas sobre las carencias de la formación científica y técnica se dejaron sentir con especial virulencia. Resurgió entonces la polémica de la ciencia española(33); una polémica originada en el siglo anterior y renovada ahora en un contexto en el que, paradójicamente,coinciden un importante esfuerzo educativo y una insatisfacción sobre la educación científica y técnica que se impartía así como sobre el nivel científico general del país.

La visión de muchos políticos, intelectuales e incluso hombres de empresa en las últimas décadas del siglo XIX fue con frecuencia en esos años la de que ni la universidad ni las enseñanzas básicas proporcionaban una formación científica y técnica favorable al desarrollo industrial. Los estudios existentes hasta época reciente han insistido en el conservadurismo de la sociedad española y en su actitud de rechazo a la ciencia y a la enseñanza técnica.

De todas maneras, el énfasis casi exclusivo en el análisis de nuestra propia realidad y la escasez de los estudios comparativos ha impedido introducir un dato que parece esencial para la justa comprensión de dicha polémica, a saber: que la actitud crítica existente en España -y en algunos países iberoamericanos- sobre esas enseñanzas y sobre el ambiente intelectual científico-técnico es paralela a la que se produce en otros países europeos avanzados, tales como Gran Bretaña, Alemania o Francia, y en otros mas próximos a nosotros como Italia(34).

En ese contexto adquirieron fuerza y se multiplicaron iniciativas locales que se extienden a una amplia gama de aspectos y que son una prueba del dinamismo local y regional. Resulta especialmente importante el papel de la iniciativa local en la educación y la ciencia.

Desde el siglo XIX -e incluso desde el XVIII en ciertos casos- algunas ciudades lograron crear y mantener centros de enseñanza e instituciones científicas que tuvieron una gran importancia y repercusión local. Eran mas sensibles a las demandas locales y a los intereses de la estructura económica local y, por ello, crearon a veces escuelas profesionales o técnicas financiadas con recursos propios. Ayuntamientos, empresarios industriales, comerciantes, cámaras de comercio, cajas de ahorro y asociaciones empresariales promovieron desde el medio local numerosas iniciativas en ese sentido.

Recientemente se ha insistido en la importancia de estas iniciativas en los países europeos, donde contribuyeron a la creación de un equipamiento educativo favorable a la ciencia y a las enseñanzas técnicas(35). En Francia, por ejemplo, existen algunas de este tipo desde mediados del siglo XIX, aunque en el cuarto de siglo anterior a la primera Guerra mundial crecieron de forma espectacular. De manera semejante ocurrió en Gran Bretaña; y en Italia, donde los centros urbanos y económicos de Milán y Turín tuvieron un papel importante en la promoción de la educación técnica desde 1890. En esos países hay claras semejanzas en el sentido de que la extensión de la educación técnica y comercial se realizó en el período de 1880 a 1914 enfrentándose a "un conservadurismo cultural tenaz".

Algo semejante ocurrió en España donde, debido a los crónicos problemas financieros de la Hacienda, el estado no fue capaz de desarrollar en toda su extensión las nuevas enseñanza técnicas que requería una industria en expansión.

Las necesidades del momento seguramente exigían de forma clara la incorporación de materias científicas y técnicas en las enseñanzas básicas, lo que se hizo lentamente y con cierto retraso. En lo que respecta al bachillerato, no cabe duda de que, en conjunto, este ha tenido en España desde su implantación en 1836 un sesgo marcadamente humanista. En efecto, según cálculos de A. Luis, la media de las horas dedicadas a las materias de "Letras" en el conjunto de los planes elaborados entre 1836 y 1970 es de 61,6, frente a un 30,6 de las materias de "Ciencias", y un 7,6 dedicado a otras materias. De todas maneras, estas cifras medias generales enmascaran una realidad mas compleja. En conjunto, puede decirse que existe una estrecha correlación entre el carácter de los planes de estudios y la orientación política de los gobiernos que los elaboraron: mientras los gobiernos progresistas apoyaron la ampliación de los estudios científicos, los conservadores, por el contrario, elaboraron planes de marcado carácter literario y humanístico (Cuadro 5). Y si los gobiernos de la Restauración mantuvieron durante unos años las cifras relativamente altas de materias científicas incorporadas en el Sexenio (1868), luego volvieron a disminuirlas a partir del plan de 1895, en unos años en que precisamente el arancel proteccionista iba a suponer un importante estímulo a la producción industrial.
 

Cuadro 5
Peso específico de las materias de "Ciencias" y "Letras" en los planes de estudio de segunda enseñanza en España, 1836-1970.
 
Plan de estudios Total horas semanales Total horas Letras % Total 

horas Ciencias %

Total horas otras materias %
29-10-1836 63 42,9 57,1 -
17-09-1845 231 72,7 27,3 -
8-07-1847 106,5 67,6 32,4 -
14-08-1849 135 75,5 24,4 -
28-08-1850 147 76,5 23,5 -
10-09-1852 153 76,5 23,5 -
23-09-1857 162 74,1 25,9 -
26-08-1858 133,5 76,4 23,6 -
21-08-1861 117 73,1 26,9 -
09-10-1866 126 80,9 19,0 -
25-10-1868 93 58,1 41,9 -
3-06-1873 168 56,2 43,7 -
10-09-1873 93 58,1 41,9 -
13-08-1880 103,5 56,5 43,5 -
16-09-1884 226,5 46,3 25,5 28,2
30-11-1894 123 51,2 36,6 12,2
17-07-1895 108 58,3 41,6 -
17-07-1895 96 51,6 32,8 15,6
13-09-1898 105 60,0 37,1 2,8
26-05-1899 107 65,4 34,5 -
20-07-1900 154,5 54,4 24,3 21,3
18-08-1901 129 45,0 31,8 23,2
6-09-1903 94 50,0 37,4 12,6
25-08-1926 147 61,2 38,8 -
7-08-1931 111 54,9 34,2 10,08
13-07-1932 104 48,0 34,0 18,0
29-08-1934 152 60,5 33,6 5,9
20-09-1938 214 54,7 15,9 29,4
12-06-1953 138 69,6 27,6 -
31-05-1957 134 58,2 27,6 14,2
31-05-1967 157 59,2 26,1 14,7
Fuente: Alberto LUIS GÓMEZ: La Geografía en el bachillerato español (1836-1970), Barcelona, Edicions i Publicacions de l'Universitat (Colección "Geo Crítica.Textos de Apoyo"), 1985, págs. 79, 184 y 220.

Tampoco fue satisfactoria la capacidad de reacción del Estado a las necesidades de formación de personal técnico que se requería, a pesar de los esfuerzos que, sin duda, se realizaron. En las carreras técnicas superiores es cierto que las Escuelas de Ingenieros tenían un excelente nivel, aunque a veces con un exceso de formación teórica y de cientificidad. El énfasis en las matemáticas se podía utilizar en esas carreras por razones selectivas y de prestigio corporativo; así ocurrió por ejemplo en los estudios de la Escuela Superior de Ingenieros de Montes, lo que dio lugar a una fuerte polémica en el seno de la corporación(36).

Pero en los estudios técnicos elementales y de grado medio, donde también se hicieron algunos progresos con la creación de las escuelas de peritaje, las carencias eran grandes. Por ello, en las dos primeras décadas de nuestro siglo existió una creciente instatisfacción de los empresarios en las regiones mas industriales del país, los cuales, al igual que en otros países europeos(37), se quejaban de la falta de mano de obra preparada, especialmente en los niveles básicos.

En esas condiciones las iniciativas locales trataron a veces de suplir las insuficiencias estatales. Sin duda ese esfuerzo debe valorarse postivamente, igual que se ha hecho con los que contemporánemente se realizaban en otros países europeos. Esas iniciativas presentaban grandes ventajas respecto a las estatales. Ante todo, suponen un compromiso de empresas e instituciones con necesidades próximas y que con frecuencia les afectan directamente; también estimulan el orgullo cívico local; finalmente, permiten una mayor flexibilidad, frente a la rigidez de los planes educativos generales y las dificultades para adaptarlos a las necesidades nuevas.

Pero también tienen aspectos negativos, entre los cuales pueden señalarse: la escasa coordinación entre las iniciativas, el que representaban a veces respuestas a corto plazo; la incoherencia o la fragilidad por cambios debidos a la moda y la atención a la última novedad; y, finalmente, los problemas de organización y continuidad por falta de recursos.

El estudio de esas iniciativas locales en la enseñanza se convierte así en un tema de gran interés. En España desde finales del siglo XVIII existen en numerosas ciudades iniciativas de ese tipo apoyadas por la burguesía con el fin de crear asociaciones que defendieran sus intereses, fomentaran la riqueza del país y desarrollaran enseñanzas de tipo técnico que eran necesarias para el progreso económico. Puede citarse en especial las promovidas por Junta de Comercio de Barcelona y de otras ciudades y, de forma mas general, las Sociedades Económicas de Amigos del País, unas instituciones típicas del reformismo ilustrado, que prologaron su actuación durante toda la primera mitad del siglo XIX(38). Entre 1765 y 1808 se crearon mas de un centenar de estas Sociedades en núcleos urbanos de diverso tamaño, y aunque la mayor parte tuvieron una corta vida o una escasa actividad, una veintena de ellas desarrollaron una labor intensa y continuada, que se tradujo en la creación de series de publicaciones, en la organización de debates públicos para difundir medidas de reforma y fomento económico, y en la convocatoria de concursos para premiar las innovaciones en el campo de la agricultura, la industria o las obras públicas(39). Un cierto número de ellas organizaron también seminarios y cursos de estudios desarrollar enseñanzas científicas o técnicas aplicadas al fomento económico.

Desde mediados del ochocientos, la iniciativa local impulsó en algunas ciudades la creación de los centros superiores de ensañanzas técnicas y, poco mas tarde, también estudios para técnicos de nivel inferior, necesarios para el sistema productivo local. Es el caso de la Escuela de Ingenieros Industriales de Barcelona -creada a partir de la Escuela Industrial existente en esa ciudad desde 1851 -y que heredando la tradición de la Escuela Industrial existente desde 1851, y de la que procedía, estableció enseñanzas para operarios, para capataces o jefes de taller y enseñanzas especiales para tintorería y tejido, algunas de las cuales formaron parte de las enseñanzas de ampliación del Instituto provincial.

Durante el Sexenio revolucionario (1868-1874) se adoptó en España el liberalismo mas radical, lo que planteó con gran fuerza el dilema entre las inicicativas estatales y las locales.

En los años de la Restauración monárquica la iniciativa local fue esencial para el desarrollo de ciertas enseñanzas renovadoras, y en especial, las que se refieren a la formación profesional. Las leyes municipales dieron a los ayuntamientos atribuciones en materia educativa y en sanidad. Algunos lo aprovecharon y esos ayuntamientos se convirtieron en adelantados de la innovación educativa y médica(40). A ello se unieron numerosas iniciativas apoyadas por los empresarios locales.

Por otra parte, la falta de recursos del estado implicó a veces que éste mismo intentara comprometer a la iniciativa local en las tareas educativas, aunque, a veces con escaso exito. Así en 1915 en relación con la creación de escuelas de Náutica, el ministerio no tiene recursos pero señala que "no faltando, por fortuna, personas que generosamente se prestan a dar la enseñanza y esperando contar, desde luego con el concurso de determindas corporaciones locales"(41).
 

Asociacionismo científico y ediciones
 

El dinamismo del medio local desde el punto de vista educativo se percibe claramente a través de estudio de la creación de centros de enseñanza y de su evolución posterior. Normalmente ello va asociado a un desarrollo científico y técnico de carácter local. Se trata de un tema importante al que debe prestarse también atención. En ese sentido son necesarios análisis cuantitativos del desarrollo de la producción científica en diversos campos y dimensiones: instituciones científicas, sociedades, libros y revistas publicados, organización de congresos y encuentros científicos y profesionales. En el momento actual estamos avanzado en el estudio de estas facetas de la actividad intelectual, tratando de establecer qué parte procede de la iniciativa estatal y cual de la local.

Especial interés tiene el análisis de la producción editorial de las diferentes ciudades, poniendo especial énfasis en la publicación de libros científicos y técnicos, de obras educativas o de colecciones para la difusión de la ciencia a nivel popular.

Cuando se realizan esos análisis generales o detallados, aparece siempre el dinamismo de algunas ciudades. A título de ejemplo, podemos citar la edición de libros de geografía entre 1800 y 1836 y de manuales escolares de historia entre 1800 y 1900 (Cuadro 6).

Cuadro 6
Ciudades españolas en las que se publicaron obras de geografía
(1800-1939) y manuales de historia (1808-1900)
  Geografía   Historia  
Ciudades Nº de obras % Nº de obras %
Madrid 984 42,9 511 49,9
Barcelona 465 20,3 261 25,4
Zaragoza 43 1,8 39 3,8
Valencia 41 1,7 32 3,1
Gerona 40 1,7 7 0,6
Valladolid 34 1,4 16 1,5
La Habana 28 1,2    
Sevilla 26 1,1 22 2,1
Granada 26 1,1 2 0,1
Toledo 22 0,9 6 0,5
Cádiz 21 0,9 9 0,8
Palma de M. 20 0,8 6 0,5
Logroño 15 0,6 5 0,4
Salamanca 14 0,6 4 0,3
Tarragona 12 0,5 7 0,6
Alicante 11 0,4 4 0,3
Málaga 10 0,4    
Santander 10 0,4    
Santiago de C. 10 0,4 4 0,3
Otros 383 15,7 89 8,6
Sin lugar 99 4,32    
Total 2.290 100 1024 100

Fuente:Para los libros de geografía, H. Capel, J. Solé y L. Urteaga: El libro de Geografía en España (1800-1939), Barcelona, Edicions i Publicacions de l'Universitat (Colección "Geo Crítica. Textos de Apoyo"), 1988, pág. 20. un total de 128 obras (incuídas en "otros" se publicaron en París, Buenos Aires, Montevideo, México y Novara). Para los libros de Historia, Joaquín García Puchol: Los textos escolares de Historia en la enseñanza española (1808-1900), Barcelona, Edicions i Publicacions de l'Universitat (Col. "Geo Crítica. Textos de Apoyo"), 1993, pág. 50.
 

Dentro de este aspecto tiene especial relevancia la edición de periódicos, que es un excelente indicador de vitalidad cultural local. Pero el análisis debe extenderse a otras dimensiones. En particular, debemos realizarlo en lo que se refiere a los grupos impulsores de esas empresas, sus objetivos, los debates científicos o tecnológicos que se realizaron en ellos, la información de los adelantos realizados y su papel en la creación de un ambiente favorable a la innovación(42).

La existencia de sociedades científicas y la medida de su actividad es un importante indicador de dinamismo cultural. Este puede establecerse fácilmente a través de la edición de publicaciones realizadas por las mismas, y especialmente las revistas científicas y técnicas.

Algunos estudios previos nos permiten tener un primer panorama general. Por ejemplo, la publicación de revistas médicas, a las que voy a dedicar alguna atención, a partir de los trabajos realizados por el grupo del Instituto de Estudios Documentales e Históricos sobre la Ciencia de la Universidad de Valencia que dirige el profesor José María López Piñero, los cuales nos permiten disponer de valiosos estudios bibliográficos y bibliométricos de interés para nuestro trabajo. Con referencia a las revistas de medicina, el repertorio y el correspondiente análisis bibliométrico realizado por los profesores José María López Piñero y María Luz Terradas(43) aporta información sobre el ritmo temporal y los lugares de publicación de las 1091 revistas identificadas que se han publicado desde 1736 a 1950. De él proceden los datos que se resumen a continuación.

El número de ciudades españolas en las que se fundó alguna revista médica entre 1736 y 1950 es relativamente elevado, pues asciende a 68. Pero de ellas 17 solo contaron con una y otras 32 con dos, tres o cuatro. Las ciudades que tienen mas de cinco revistas suponen una treintena. Los lugares de edición de dichas revistas (Cuadro 7) reflejan una jerarquía urbana encabezada por Madrid y en las que aparecen las ciudades que han mostrado el mayor dinamismo científico en el campo de la medicina, en un sentido amplio que incluye también la farmacia y la salud pública en general.

Cuadro 7
Ciudades españolas con cinco o más revistas médicas (1736-1950)
Ciudad Nº de revistas %
Madrid 437 40
Barcelona 247 22,6
Valencia 89 8,1
Zaragoza 37 3,3
Sevilla 25 2,2
Cádiz 23 2,1
Valladolid 22 2
Granada 15 1,3
Santiago 10 0,9
Córdoba 8 0,7
La Coruña 8 0,7
Salamanca 8 0,7
Castellón 7 0,6
Palma de Mallorca 7 0,6
Reus 7 0,6
Alicante 6 0,5
Bilbao 6 0,5
Málaga 6 0,5
Murcia 6 0,5
Santander 6 0,5
Segovia 6 0,5
Badajoz 5 0,4
Cáceres 5 0,4
Lérida 5 0,4
San Sebastián 5 0,4
Santa Cruz de Tenerife 5 0,4
Toledo 5 0,4
32 Ciudades     
con menos de 5 75 6,8
Total general 1.091 100

Fuente: Elaboración propia a partir de López Piñero, José María, y Terrada, María Luz: Bibliographia Médica Hispanica, 1475-1950. Volumen VIII. Revistas, 1736-1950, Instituto de Estudios Documentales e Históricos sobre la Ciencia, Universidad de Valencia/CSIC, Valencia, 1990, 194 págs. Del total general se han excluído las 3 revistas médicas publicadas en Paris.
 

El primer hecho destacable es el alto índice de centralización. Madrid ha publicado el 40 por ciento de todas las revistas médicas editadas y Barcelona otro 26 %. Entre una y otra ciudad, pues, han editado siempre mas de la mitad de las revistas, aunque la tendencia ha sido a la disminución del peso relativo desde comienzos del siglo XIX a la guerra civil: si entre 1809 y 1833 publicaron entre ambas el 80 % de todas las revistas, luego las cifras relativas se hicieron menores: 68 % en 1834-1868; 64 % entre esta fecha y 1918, y 55 % entre 1919 y 1938.

Todas las ciudades que han tenido mas de 10 revistas eran sede de facultades de medicina, aunque no exista una correlación estrecha entre el volumen de revistas publicadas y el número de estudiantes de dichas facultades. En todo caso, ciudades con universidad pero sin facultad de medicina, tales como Salamanca y Oviedo, tienen una cifra inferior.

En realidad, además de la existencia de una facultad de medicina es importante la de otros factores. El análisis de las instituciones editoras de las revistas de medicina, que también ha sido realizado por los citados autores, resulta muy significativo y muestra la importancia del dinamismo local en la edición de este tipo de revistas científicas. En todo el período 1809-1938 el porcentaje de revistas publicadas por editoriales y particulares se mantuvo muy alto: 60 % entre el primer año y 1833, 73 % entre 1834 y 1868, 70 % en los 50 años siguientes y 46 % entre 1919 y 1938.

Un panorama de la evolución en fechas significativas a través de la distribución por instituciones editoras de las revistas médicas españolas existentes en 1868, 1898, 1934 y 1950, muestra el peso creciente de las instituciones públicas en este campo de la ciencia, así como la importancia de la iniciativa privada, que siempre ha sido muy grande.

Al examinar dicha distribución, destaca la importancia de la iniciativa privada en la publicación de revistas. En conjunto, el balance entre la edición realizada por instituciones públicas y privadas ha sido siempre superior del lado de estas últimas. Si consideramos incluídas en las primeras las Reales Academias, las Universidades, los centros de investigación de la Junta de Ampliación de Estudios, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, las instituciones sanitarias oficiales y los hospitales públicos, puede comprobarse que a lo largo de nuestro siglo su papel ha ido creciendo hasta alcanzar la financiación directa de las cuarta parte de las revistas médicas que se publicaban en 1950. La edición de revistas privadas ha ido, por su parte disminuyendo correlativamente, aunque sigue siendo, a pesar de todo, mayoritaria.

Dentro de la iniciativa privada destaca, sobre todo, el papel de las editoriales y de particulares. El porcentaje de revistas publicadas por unas y otros ha representado entre la mitad y las dos terceras partes del total de las revistas publicadas: en 1868 era de 68,1 %, cifra que había ascendido al 71,2 % treinta años mas tarde, aunque perdió importancia relativa a continuación: 55,1 en 1934 y 48,8 en 1950.

También parece claro que el número de revistas publicadas tiene que ver con la existencia de un fuerte contingente de médicos en ejercicio, lo cual, a su vez, se relaciona con el dinamismo general, demográfico y económico de la ciudad. Desde fecha temprana los médicos organizaron mecanismos de protección corporativa y profesional de sus intereses, y editaron revistas para la defensa de los mismos. En 1868 cuatro revistas, es decir un 18,1 % de las 22 existentes, eran editadas por asociaciones médicas profesionales. A ellas se unirían mas tarde los colegios médicos profesionales. Entre unas y otros publicarían en 1898 un 12,5 % de las revistas médicas, porcentaje que ascendería al 20,1 en 1934 y descendería por las dificultades de la postguerra civil al 15,5 % en 1950.

A todo ello podemos añadir la intervención de la industria farmacéutica, que adquiere un cierto peso a partir de los años 1930 y los sanatorios y clínicas privados que también se convierten en centros de investigación y, consiguientemente, en editores de revistas.

Los hospitales públicos y las instituciones sanitarias oficiales también se convirtieron en impulsoras de revistas médicas, como resultado del papel creciente que fueron adquiriendo en el desarrollo de la investigación. Su presencia aparece ya claramente a finales del siglo, momento en que editaban un 8,7 por ciento de las revistas, y se estabiliza luego en torno al 12 % del total. Si unimos a esta cifra las revistas editadas por las universidades, por las Reales Academias y por instituciones científicas de carácter público o con financiación pública (J.A.E y, tras la guerra civil, CSIC), la cifra de revistas editadas con ayuda pública muestra, como hemos dicho antes, una evolución ascendente: supone un 13,6 % a fines del siglo pasado, un 18,5 en 1934 y un 25 % en 1950.

Según el mismo análisis bibliométrico las iniciativas editoriales emprendidas en Madrid parecen tener algo mas de continuidad que las que se impulsaron desde otras ciudades, tal vez por el apoyo oficial de las que allí se produjeron: frente a una media de 8,1 años de supervivencia del conjunto de las revistas, solo Madrid (9,3 años), Santiago de Compostela (8,8) y Granada (8,5) tienen una media superior, mientras que están claramente por debajo Sevilla (6,6) y Cádiz (6,3). Barcelona coincide plenamente con la media, con una supervivencia de 8,1.

Finalmente, cabe destacar, siempre a partir de los datos reunidos por López Piñero y Terrada, otro hecho importante que volveremos a encontrar: el proceso de especialización creciente. Se pasa en efecto de una situación en la que dominan las revistas generales a otra en la que aumenta el número de publicaciones periódicas especializadas. El proceso de especialización se dibuja a partir de mediados del siglo y se acentúa desde la década de 1880. De un total de 23 especialidades médicas importantes, solo cinco habían tenido una revista especializada en España antes de 1880, mientras que todas las demás revistas se fundaron después de esa fecha: otras cinco especialidades médicas tendrían revistas especializadas hasta finales del siglo y nueve mas hasta la guerra civil.

El análisis de la edición de las revistas de carácter científico e industrial, que no podemos presentar aquí, confirma el papel relevante de algunas ciudades y el dinamismo de medios locales en los que existen iniciativas científicas y técnicas que reflejan una alta receptividad a la innovación. Esos resultados quedan, a su vez, ratificados por los datos del registro de patentes.
 

La propiedad intelectual y el registro de patentes
 

La protección de los derechos de patente es un aspecto importante en la aplicación de la innovación tecnológica. El estudio de las patentes registradas en las diferentes ciudades es, así, un aspecto de especial interés para conocer la génesis y difusión de la innovación.

Desde comienzos de la Edad moderna el estado fue adquiriendo un papel importante en la regulación y protección de la propiedad intelectual y de los privilegios de invención. Por ejemplo, desde 1511 la Corona de Castilla, a imitación de algunas repúblicas italianas que lo habían establecido en el siglo XV, estableció normas para regular la utilización de inventos protegidos por privilegios de invención, que proporcionaban derecho exclusivo de fabricación(44); es decir, que desde esa temprana fecha existe ya un verdadero sistema de registro de patentes, bien conservado en el Archivo de Simancas, con especificación de datos técnicos y plazos de explotación.

En el siglo siguiente esa costumbre se extendió a otros países, y de 1623 es el acta del parlamento de Inglaterra por la que se regulaba la concesión de cartas patentes a los inventos asegurando su explotación exclusiva durante en período de 14 años, a la que siguieron medidas similares en otros países europeos(45).

El reconocimiento a inventores y artistas de derechos exclusivos sobre su obra y sobre los beneficios que se obtuvieran fue objeto de diversas normas legales a lo largo de la edad moderna. Finalmente en el siglo XIX la aceleración del ritmo de la innovación técnica y la difusión de las obras intelectuales y artísticas a través de la edición y la prensa, los teatros y las exposiciones dió lugar a la promulgación de diversas leyes específicas. La afirmación del derecho de propiedad, esencial en el Estado liberal y capitalista del siglo XIX, exigía ahora garantizar unos derechos que eran fruto de la inventiva de los particulares y que el mercado se encargaría de validar(46).

Durante el siglo XIX la importancia que adquirió la innovación intelectual y tecnológica obligó a sucesivas regulaciones que adoptan la forma de decretos y leyes cada vez mas amplios y complejos, con las que se van intentando dar respuestas a los problemas inéditos que se plantean.

En España esas regulaciones legales adoptaron la forma de reales órdenes y reales decretos, leyes, reglamentos y normas complementarias que van perfilando un marco cada vez mas preciso. Desde el decreto de las Cortes de Cádiz de 10 de junio de 1813 a las leyes de comienzos del siglo XX se fue elaborando un marco legal que reguló cuidadosamente todas las cuestiones que se suscitaban, desde los plazos de los privilegios y la transmisión a los herederos hasta las sanciones a los contraventores, así como la coordinación con las leyes de otros países.

La elaboración de dicho marco legal, en el que destacan medio centenar de reales órdenes, decretos, leyes y reglamentos (Cuadro 8) tiene algunos momentos decisivos. El primero corresponde a los años 1826-27, momento en que parece existir una preocupación por el desarrollo de la industria del país. El segundo corresponde al período de consolidación del régimen liberal, y regula esencialmente los derechos de la propiedad intelectual de escritores y artistas, con la promulgación de diversas reales órdenes y decretos entre 1836 y 1867.

Cuadro 8
Normas mas significativas en el establecimiento de un marco legal sobre propiedad intelectual y propiedad industrial en España durante el siglo XIX y primer decenio del XX

Reales órdenes (RO),  Aspectos regulados 
Leyes (L) y  
Reglamentos (R)  
RD 16- XI-1811 Sobre protección de inventos 
D 2- X-1920 Para conceder certificados de invención, introducción y mejora
RD 27- III-1826 Sobre privilegios de invención
RD 23- XII-1829 Reconociendo los privilegios de invención, perfección en introducción
RO 8-VIII-1836 Sobre el vaciado de modelos escultóricos realizados por profesores de escultura
RO 5- V-1837 Sobre representación de obras dramáticas
L 10- VI-1847 Derechos de propiedad literaria, su transmisión, autores, traductores; compositores,; pintores y escultores
RD 20- XI-1850 Uso de las marcas de fábrica
RO 22- III-1850 Depósito de vaciados y dibujos de obras de escultura
RO 31- I-1853 Disposiciones para acreditar la calidad de autor
RO 24- III-1866 Obras musicales publicadas en el extranjero
RD 23- XII-1871 Sobre introducción y mejora de privilegios de invención
L 30- VII-1878 Concesión, duración y caducidad de las patentes de invención
L 10- I-1879 Ley general de propiedad intelectual
RD 25- VII-1879 Uso de marcas de fábrica
R 3- IX-1880 Reglamento para la ejecución de la Ley de propiedad intelectual
C 20 II-1883 Convenio internacional de Paris de protección a la propiedad industrial
RO 28- II-1884 Imposibilidad legal de conceder como marca de fábrica un diseño científico contenido en una obra inscrita en el Registro de la propiedad a favor de distinta persona
RO 1- VII-1886 Intervención del Ministerio público en las reclamaciones judiciales sobre nulidad de patentes
RD 11- VI-1886 Disposiciones para que los autores tengan un método seguro de comprobar las veces que son representadas sus obras en los teatros de provincias
R0 14- VI-1886 Nota bibliográfica que deben remitir los autores y editores que deseen introducir en España obras en castellano impresas fuera del Reino
RD 2-VIII-1886 Creando el Boletín oficial de la propiedad intelectual
RO 14- VII-1888 No procede inscribir en el Registro de la propiedad intelectual las obras científicas y literarias no publicadas
RO 4- VII-1889 No es procedente el interdicto en las reclamaciones civiles en materias de patentes
L 19- X-1889 Tramitación y despacho de los expedientes de propiedad industrial
RO 19- V-1893 Requisitos para obtener permiso a fin de introducir en España libros impresos en castellano en el extranjero
RO 14- X-1893 Disposiciones para ocurrir convenientemente a la necesidad del cambio de publicaciones concertado en los tratados de propiedad literaria con algunas naciones
RO 25- IV-1894 En su concepto de bien mueble declaró sometida la transmisión de la propiedad intelectual al pago del impuesto de derechos reales
RO 11- XII-1894 Inscripción de segundas o sucesivas ediciones de obras literarias
RD 31- I-1896 Imposibilidad legal de inscribir las obras extranjeras en el Registro de la propiedad intelectual
RO 27- VI-1896 Disposiciones para impedir la representación y reproducciones fraudulentas de obras dramáticas y musicales
RO 7- XII-1900 Cuando se deduzca querella por supuesta usurpación de patente contra industriales que trabajan garantidos por otra, no se les prive a priori del libre ejercicio de su industria
RO 21- III-1901 Carácter científico, literario o artístico de las obras y trabajos para poder ser inscritos en el Registro
Cir20- V-1901 Circular de la Fiscalía del Tribunal Supremo sobre casos en que la imtación de marcas debe calificarse como delito de falsificación
L 16- V-1902 Ley sobre propiedad industrial 
RO 29- X-1902 Autorización del desglose de documentos de los expedientes de propiedad industrial declarados sin curso o anulada su solicitud
RO 29- X-1902 Abono de cuotas por el registro de marcas, modelos y dibujos
RO 2- IV-1903 Usurpación de patentes; improcedencia del embargo preventivo de los productos
RO 26- V-1903 Nombres y marcas comerciales de los establecimientos balnearios
RO 17- VI-1903 Registro de los dibujos y trabajos hechos con un fín industrial
RO 3- IV-1904 Inscripción de obras en que se reproduzcan fragmentos o dibujos de otras de autores contemporáneos, y autorización necesaria para ello
RO 17- VI-1904 Requisitos para la inscripción de publicaciones peródicas y de obras de dominio público nacionales o extranjeras
RO 23- VII-1906 Inscripción de publicaciones periódicas en que se isnerten fragmentos de obras extranjeras
RO 30- VII-1904 Registro internacional de marcas de fábrica y comercio
RO 26- VII-1905 Caducidad de marcas, registros y modelos
RD 13- XII-1907 Reglamento de representantes
RO 12-VIII-1908 Para inscribir en el Registro colecciones de caras particulares es necesario acompañar la autorización de los herederos del autor de las cartas
RO 14- VII-1910 Inscripción en el Registro de la propiedad intelectual de una escritura de préstamo como garantía de obras literarias
RO 4- IX-1911 Obligación de estampar al pie de las reproducciones de obras fotográficas el nombre del autor de éstas
RO 6- XII-1911 Publicación detallada de los programas de espectáculos de variedades
RO 9- IX-1912 Inscripciones de obras cuando se trate de transmisiones mortis causa y existan varios herederos

Fuente: Elaboración propia

El Sexenio Revolucionario fue parco en medidas legales sobre privilegios de invención, lo que resulta bien comprensible. De hecho, para toda una corriente de pensamiento, que coincide a grandes rasgos con los planteamientos librecambistas que dominaron durante ese período político, los inventos no pueden ser objeto de propiedad y, consiguientemente, las patentes de invención atentaban al principio de la libertad de trabajo y de igualdad de los ciudadanos. Aún así, el Código Penal de 1870 incluye artículos (el 290 y el 291) en donde expresamente se castiga la falsificación de sellos o marcas de las empresas o establecimientos así como la defraudación de la propiedad industrial.

Pero fue durante la Restauración, a partir de 1875, cuando se promulgó lo esencial de la legislación estatal sobre patentes industriales. La década de los 70 se cerró con la decisiva Ley de propiedad intelectual, promulgada el 10 de enero de 1879 y completada con el reglamento de 3 de septiembre de 1880, que regulaba finalmente en un cuerpo unitario todo lo referente a la protección de obras literarias, artísticas y científicas y que expresamente extendía su protección a los autores de mapas y de diseños científicos.

Una vez regulada la propiedad intelectual, la década de 1880 conoció una gran actividad normativa en el tema de las patentes industriales. Al menos diez importantes medidas se promulgaron durante la misma, entre ellas la creación del Boletín Oficial de la Propiedad Intelectual e Industrial. Si en la década final del siglo la producción se hizo mas lenta, la primera del novecientos conoció nuevamente una gran actividad legisladora, que culmina con la ley que había de regular definitivamente todo lo referente al uso de patentes industriales, la Ley sobre propiedad industrial aprobada el 16 de mayo de 1902. Al mismo tiempo, la firma de tratados internacionales y de convenios bilaterales sobre protección de la propiedad intelectual e industrial, realizada a partir del convenio de Paris de 1883 permitió extender la protección del uso de patentes a esa escala mas general.

Las regulaciones que se fueron introduciendo cubrían un amplio campo de la innovación técnica. Tal como se estableció desde el artículo 1 de la Ley de 1902, la propiedad industrial se define como el derecho que se reconoce "respecto a cualquier invento relacionado con la industria, a los signos especiales con que un productor aspira a distinguir de los similares los resultados de su trabajo, a los dibujos y modelos de la fabricación o de la industria, al nombre comercial o a las recompensas industriales y al derecho a perseguir la competencia ilícita y las falsificaciones de procedencia". Al mismo tiempo, la propiedad industrial se consideraba aplicable no solamente a los productos de la industria propiamente dicha sino también a los de la agricultura y ganadería así como a los de la minería destinados a la comercialización, tales como aguas minerales y otros.

Las patentes protegidas podían ser "de invención", cuando las máquinas, operaciones, procedimientos o resultados fueran nuevos y de invención propia, y "de introducción", cuando dichas novedades se hubieran producido fuera, pero no estuvieran establecidas o practicadas del mismo modo en el territorio nacional. La propiedad de las marcas y patentes quedó equiparada a la de los bienes muebles, y la forma de adquirir su propiedad se sometió a lo dispuesto en el derecho civil, pero para que dicha propiedad quedara amparada legalmente era preciso la inscripcion en el Registro de la propiedad industrial. En cuanto a la duración de las patentes la ley de 1902 estableció que para las de invención sería de veinte años improrrogables, y de cinco años para las de introducción.

Todas esas medidas, que, por un lado, pueden ser consideradas como restrictivas para la circulación de las ideas y de las innovaciones, permitieron sin embargo, la incorporación de innovaciones técnicas en España, ya que a partir de su existencia las empresas extranjeras propietarias de patentes de invención contaron con un marco legal que protegía sus derechos y actuaron con mas confiaza en la aplicación de sus patentes en este país. La contrapartida fue, claro está, la regulación del pago de royalties, que desde ese momento supondría un rubro cada vez mas importante en un país tecnológicamente dependiente como era España.

El estudio de las patentes registradas en España solo muy recientemente ha comenzado a ser objeto de atención de los investigadores(47). Los trabajos existentes muestran el crecimiento regular del número de patentes registradas a partir de 1826, con descensos que corresponden a los períodos de inestabilidad de la primera guerra carlista y del Sexenio. Las patentes anuales superan la cifra de 100 poco después de mediados de siglo y la de 1.000 a mediados de los 80(48). Los análisis detallados sobre evolución de las patentes ferroviarias y marítimas (buques y puertos) permiten conocer algunas carácterísticas de las mismas: dominio de las patentes de origen extranjero, sobre todo a partir de 1878, importancia de Madrid como lugar de registro (el 75 % de las marítimas lo fueron en esta ciudad), para ahorrar tiempo y trámites

En el caso de las patentes marítimas se han estudiado en detalle un total de 760 patentes, que suponen un 2,5 % de las que se depositaron entre 1826 y 1878 y un 2,4 % de las 27.000 que aproximadamente se registraron entre esta fecha y 1900. Los datos muestran la profunda renovación que experimentó la flota a partir de 1870 en que va predominando la navegación a vapor. Dicha renovación se realizó, en lo esencial, comprando los buques en el extranjero. De las patentes registradas solo una quinta parte aproximadamente llegaron a funcionar realmente. En conjunto los trabajos sobre este campo muestran la escasa capacidad innovadora que existía en España ya que a través de las patentes se intenta renovar aquellos elementos de menor complejidad técnica, puesto que los buques con gran frecuencia se importaban ya construídos desde el extranjero(49).

Aparte de las alusiones a la gran importancia de las patentes extranjeras, que fueron las que en su mayor parte se llevaron a la práctica, y sobre el destacado papel de Madrid como plaza de registro, no existen en estos estudios análisis sobre la procedencia geográfica de las patentes. Sin embargo, un análisis de las 770 patentes marítimas (buques y puertos) reseñadas y correspondientes al periodo 1759-1900, nos permiten reconocer las ciudades que destacan especialmente como lugares de la innovación.

Un elevado porcentaje de las patentes reseñadas no indican el lugar de residencia del solicitante. Pero los datos disponibles de aquellas en que sí consta son suficiemente expresivos.

De las 448 patentes en que consta la residencia del solicitante una elevada proporción, casi un 60 por ciento, residen en el extranjero. Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y Alemania son, como cabía esperar, los países mas representados (Cuadro 9).
 

Cuadro 9
País de residencia de los solicitantes de privilegios de invención y de patentes  sobre buques y puertos, España, 1759-1900

País Nº de patentes %
Gran Bretaña 84 32,1
Francia 73 27,9
Estados Unidos 47 18
Alemania 21 8
Italia 9 3,4
Belgica 7 2,6
Holanda 4 1,5
Canadá 3 1,1
Rusia 3 1,1
Otros (1) 10 3,8
Total 261 100
(1) Países con una sola patente: Dinamarca, Irlanda, Hungría, Austria, Suecia, Suiza, Portugal, Libano, Argelia, Australia.
Fuente: Elaboración propia a partir de Frax y otros, 1994, págs. 315-365.
 

En el caso de las patentes solicitadas por residentes en España, el inventario nos permite conocer cuales eran las ciudades mas innovadoras (Cuadro 10) en lo que respecta a la tecnología relacionada con los temas marítimos, esencialmente construcciones portuarias y mejoras en los buques y la navegación. Barcelona parece ser, con mucho, la ciudad mas innovadora, seguida luego por Madrid y, a mayor distancia, por Sevilla y Cádiz.

Cuadro 10
Ciudades en las que residían los solicitantes de privilegios de invención y patentes sobre buques y puertos, España 1759-1900

Ciudad Nº de patentes %
Barcelona 59 31,5
Madrid 36 19,2
Sevilla 11 5,8
Cádiz 10 5,3
La Habana 9 4,8
Valencia 7 3,7
Bilbao 5 2,6
Castellón 4 2,1
Otras (1) 46 24,5
Total 187 100
(1) ciudades con 3 patentes: Tarragona; con 2 patentes: Cartagena, Guanabacoa (Cuba), Zaragoza, Segorbe, Almería, Palamós,Chiclana, Tarragona, Castro Urdiales; con 1 patente: San Fernando (Cádiz), Luarca, Salamanca, Sanlucar de Barrameda, Santiago de Compostela, Guadalajara, Lequeitio, Monforte de Lemos, Coronil (Sevilla), Gracia, Vigo, San Sebastián, Burgos,Muros, Málaga, Teruel, Avilés, Ferrol, Santa Cruz de Tenerife, Limpias, Matanzas (Cuba), Talara (Granada), Mahón, San Martí de Riudeperas, Vinaroz.

Fuente: Elaboración propia, a partir de Frax y otros, 1994, págs. 315-365.
 

A partir de 1886 el registro de patentes adquirió una eficaz organización y publicida a través del Boletín Oficial de la Propiedad Intelectual e Industrial. La evolución del número de patentes registradas en España muestra un curva ascendente: el número de patentes solicitadas fue de 1660 en 1896, pasó a 1.737 en 1900 y a 1.920 en 1902.

Las patentes debían registrarse ante el gobierno civil de cada provincia. En principio, el estudio de los lugares de registro puede dar una idea de la capacidad de innovación existente en las distintas ciudades españolas. Con ese fin he realizado un análisis de las patentes de 1896(50) (Cuadro 11).

Cuadro 11
Patentes registradas en las ciudades españolas, 1896
Ciudad Total %
Madrid 970 58,4
Barcelona 577 34,7
La Habana 13 0,7
Valencia 12 0,7
Sevilla 12 0,7
Bilbao 8 0,4
Zaragoza 8 0,4
Oviedo 6 0,3
San Sebastián 6 0,3
La Coruña 5 0,3
Alicante 4 0,3
Tarragona 4 0,2
Gerona 3 0,1
Lérida 3 0,1
Murcia 3 0,1
Palma de Mallorca         3 0,1
Vitoria 3 0,1
Almería 2 0,1
Granada 2 0,1
Jaen 2 0,1
Pontevedra 2 0,1
Albacete 1  
Cádiz 1  
Castellón 1  
Córdoba 1  
Huelva 1  
Matanzas, Cuba 1  
Orense 1  
Salamanca 1  
Segovia 1  
Toledo 1  
Valladolid 1  
Sin lugar 1  
Total 1.660 100
Fuente: Elaboración propia a partir de los expedientes publicados en el Boletín Oficial de la Propiedad Intelectual e Industrial, 1896.

Los datos muestran el peso importante de Madrid, sobre todo, y de Barcelona que reúnen en conjunto el 93,1 por ciento de las patentes registradas en ese año.

Las cifras son, de todas formas, engañosas. El registro se hacía en la sede del gobierno civil de la provincia y no todas las que se registraban eran de personas residentes en la ciudad. Es por ello que conviene analizar los datos anteriores teniendo en cuental el lugar de residencia de los que presentan la solicitud.

En el caso de las patentes registradas en Madrid, el análisis detallado de esa información muestra la importancia de las solicitudes presentadas por extranjeros, los cuales lógicamente deseaban registrar sus patentes en la capital del país. Junto a ello, aparecen también residentes en otras ciudades españolas y que por alguna razón deciden inscribir su patente en Madrid, seguramente por su papel de capital política (Cuadro 12). De hecho, del total de 970 patentes incritas en la capital, solamente 160, es decir, un 16,4 por ciento lo son por residentes en esa ciudad. Otras 46 ciudades y entidades menores de población aparecen en esa relación, en su mayor parte con solo una patente. También aparecen un total de 21 países o territorios, con un total de 695 patentes (71,6 % del total); entre ellos Alemania, Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos cuyos residentes inscriben en Madrid un total de 577 patentes, es decir prácticamente el 60 por ciento del total general.
 

Cuadro 12
Patentes inscritas en Madrid clasificadas según el lugar de residencia de los solicitantes, 1896

Residentes en Nº patentes %
A) España    
Madrid 160 16,4
Bilbao 15 1,5
Barcelona 11 1,1
Valencia 9 0,9
La Habana 8 0,8
Sevilla 7 0,7
Alcoy 4 0,4
Antequera 3 0,3
Eibar 3 0,3
Granada 3 0,3
Jerez de la Frontera 3 0,3
Alcalá de Henares 2 0,2
Alicante 2 0,2
Cádiz 2 0,2
Cartagena 2 0,2
Lérida 2 0,2
Munilla (Logroño) 2 0,2
Oviedo 2 0,2
Mazarrón (y Puerto) 2 0,2
Reus 2 0,2
Tolosa 2 0,2
Vinaroz 2 0,2
Alcalá de Chisvert 1  
Alcoy 1  
Avila 1  
Avilés 1  
Boo (Santander) 1  
Borja (Zaragoza) 1  
Cordovilla (Albacete) 1  
Cornellá de Llobregat 1  
Crevillente 1  
Elche 1  
Gilet (Valencia) 1  
Gijón 1  
Las Marías (Pto. Rico) 1  
Las Palmas de G.C. 1  
Manila 1  
Martos (Jaen) 1  
Montblanc 1  
Puerto Santa María 1  
Santander 1  
San Fernando 1  
Tomelloso 1  
Torrelavega 1  
Valladolid 1  
Vic 1  
Villa del Quinto (Or) 1  
Sin lugar 1  
B) Extranjero    
Alemania 162 16,7
Francia 147 15,1
Gran Bretaña 135 13,9
Estados Unidos 133 13,7
Bélgica 28 2,8
Italia 21 2,1
Austria 18 1,8
Suiza 9 0,9
Australia 8 0,8
Rusia 7 0,7
Hungría 6 0,6
Bohemia 4 0,4
Canadá 3 0,3
Noruega 3 0,3
Suecia 3 0,3
Polonia 2 0,2
República Sudafricana 2 0,2
Argentina 1  
Guadalupe 1  
Guatemala 1  
Irlanda 1  
Total general 970 100
 Fuente: Elaboración propia.
 

Muy distinto es el caso de Barcelona. Si, como hemos visto anteriormente la cifra de patentes inscritas en su gobierno civil se sitúan muy lejos de Madrid, en cambio la innovación endógena, generada por sus propios residentes es muy superior a la madrileña (Cuadro 13).

Cuadro 13
Patentes inscritas en Barcelona clasificadas según el lugar de residencia de los solicitantes, 1896

Residentes en patentes %
A) España    
Barcelona 427 74
Tarrasa 2 0,3
Badajoz 1  
Igualada 1  
Jerez de la Frontera 1  
Madrid 1  
Manresa 1  
Mataró 1  
Santiago de Compostela 1  
Vinaroz 1  
B) Extranjero    
Francia 54 9,3
Alemania 48 8,3
Gran Bretaña 16 2,7
Italia 6 1
Bélgica 3 0,5
Estados Unidos 3 0,5
Suecia 3 0,5
Holanda 2 0,3
Méjico 1  
Total general 577 100

Fuente: Elaboración propia.
 

Las patentes inscritas por los residentes en la propia Barcelona superan en mucho a la de los madrileños, con un total de 427 y unas pocas mas esencialmente de ciudades catalanas. Los extranjeros preferían, sin duda, registrar sus patentes en la capital del Estado, pero aún así el propio desarrollo barcelonés condujo a que mas de un centenar de patentes extranjeras se registraran directamente en dicha ciudad. Se trata, sin duda, de patentes que iban a aplicarse, ante todo, a la industria catalana.

El análisis detenido de los casos madrileño y barcelonés -y del resto de expedientes del año 1896- obliga a modificar la imagen sobre la innovación técnica que se obtiene de la simple consideración de los expedientes según su lugar de inscripción. El orden que se obtiene nos facilita una imagen bien diferente en lo que se refiere a la capacidad de desarrollo tecnológico endógeno; una imagen en la que la aglomeración urbana e industrial barcelonesa aparece de forma destacada en cuanto a su capacidad para generar innovaciones.

También se comprueba que la existencia de una actividad en una localidad o región contribuye a generar innovaciones en ella. Así las ciudades y pueblos de las áreas mineras generan patentes para mejorar los procedimientos de explotación; por ejemplo, en Puerto de Mazarrón se produjo una solicitud de registro de un procedimiento para precipitar oro en los cianuros alcalinos. En las áreas de agricultura dinámica, como Andalucía, aparecen también procedimientos para facilitar cultivos o elaborar aceite, vino y otros productos. En Madrid, un cierto número de patentes tienen que ver con su carácter de ciudad cortesana y de servicios: faroles de lujo destinados al culto, sistemas de persianas y otros. Finalmente, en Barcelona y en Cataluña en general, son los procedimientos para mejoras en la industria textil, metalúrgica y química los que dominan.
 

La innovación atraída por la urbanización
 

En el caso de las innovaciones técnicas aplicadas a la urbanización, lo mas relevante es la capacidad de las ciudades para atraer promotores que intentaran aplicarlas, y su capacidad de negociación ante ellas.

En esos casos, los promotores extranjeros o nacionales fueron, generalmente, los que tomaron la iniciativa. Podían proponer, por ejemplo, a los ayuntamientos un acuerdo de suministro para el alumbrado público, comprometiéndose a construir la fábrica y las canalizaciones, importando la tecnología y, si era preciso, también los materiales, y asegurándose el suministro público que permitía partir con ventajas para garantizar la rentabilidad de la inversión, hasta que se pudiera estimular el consumo privado.

En las fases iniciales de difusión de la innovación los mismos promotores son los que realizaron directamente la labor de propaganda del nuevo invento, difundiéndolo al ayuntamiento o al público en general. Las noticias de lo realizado en otras ciudades europeas o norteamericanas eran esgrimidas para convencer a los poderes públicos locales de la necesidad de introducir dicho adelanto que tanto había de redundar en el prestigio de la ciudad, poniéndola a la par de otras extranjeras, y proporcionando, además, otros beneficios: seguridad, ornato, ventajas económicas para el comercio o la industria por la prolongación del período de trabajo en las horas sin luz natural, etc. En el caso de la instalación de la industria del gas en Barcelona, todo eso fue lo que el francés Charles Lebon y el barcelonés Pedro Gil Babot ofrecieron al ayuntamiento de la ciudad el 30 de agosto de 1840, señalando que el prestigio de la ciudad se incrementaría con "otro de los prodigiosos descubrimientos modernos", el alumbrado por gas(51). Lo mismo ocurrió con el telégrafo(52), con el teléfono(53)o con la electricidad(54).

La utilización del orgullo ciudadano, con las referencias a las ciudades extranjeras con las que podía ponerse en parangón la ciudad española tentada, era una estregia constante de los promotores, que casi nunca dejaba indiferentes a los ayuntamientos.

Frecuentemente la tarea de propaganda se realizaba en tres frentes: el ayuntamiento, es decir los políticos que habían de tomar las decisiones y los técnicos que habían de aconsejarlas; los capitalistas locales, que se habían de comprometer financiera y comercialmente en la empresa; y los posibles usuarios particulares.

El estudio de las estrategias seguidas por los promotores debe ser estudiada atentamente. Tenemos algunos datos a partir de diversas innovaciones aplicadas en Barcelona (gas, telégrafos, teléfonos, electricidad, saneamiento). Primero el promotor se dirigía a los ayuntamientos ponderando el invento y las ventajas que obtendría la ciudad. A continuación intentaba negociar el servicio público, ofreciendo al ayuntamiento algunas ventajas, tales como el servicio gratuito de la casa consistorial o de instalaciones muncipales (bomberos, fielatos...); más tarde negociaba las concesiones del servicio particular, intentado obtener el monopolio y una serie de cláusulas de garantía.

Ante la solicitud presentada los técnicos del ayuntamiento habían de realizar normalmente un informe. El entusiasmo de que algunas veces dieron prueba esos técnicos, apoyando las propuestas de los promotores, reflejan seguramente la receptividad ante la innovación técnica y su sincero interés por mejoras su ciudad; pero, tal vez, también a veces la influencia de los contactos previos con los promotores. Asi el técnico del ayuntamiento de Barcelona no dudaba en dirigirse al alcalde de la ciudad indicando que se le presentaba "una oportunidad para hacer memorable su administración adquiriendo un título de honor y de aprecio público que no pudieron difrutar sus antecesores, porque V.E. habrá sido el primer motor de una idea de progreso industrial, de ornato y por consiguiente de civilización" como era al alumbrado por gas". Cuando en situaciones como esa encontramos que el ganador no es el que se ajusta mas a las prescripciones del concurso tenemos que preguntarnos sobre las razones de esos sesgos.

La difusión de muchas innovaciones técnicas en las ciudades españolas muestra que unas veces fueron los promotores extranjeros, por si solos o aliados a españoles, los que iniciaron las negociaciones para ofrecer el servicio a los ayuntamientos. En el caso de la industria del gas: Lebon asociado a Gil en Barcelona, 1840; asociado a Gil y Jaime Ceriola en Madrid, 1842; asociado a Pedro Lecocq y al marqués de Campo en Valencia en 1843; asociado a Crafton y Goldsmith en Cádiz 1844?. Manby y Partington en Madrid y luego en Santander. Crafton y Goldsmith en Cádiz y mas tarde en Santander etc. En prácticamente todos los casos, hay relaciones previas (comerciales, financieras...) que facilitan la información y los contactos inciales. De nuevo, las redes sociales previamente existentes, en especial las que suponen corresponsales comerciales o relaciones entre empresarios, resultan esenciales, así como la información disponible: tanto la que se transmite reservadamente (comercial, financiera, consular, etc) como la pública (estadísticas, guías urbanas, prensa, etc.).

En todo caso, una vez aplicada la innovación existen toda una serie de reacciones en cadena que provocan un efecto multiplicador y que aportan ventajas comparativas a las ciudades que primeramente la adoptan: se intensifican las relaciones con el exterior, hay una demanda de técnicos locales para la instalación o funcionamiento, primero tal vez como auxiliares pero bien pronto con un papel protagonista, se introducen nuevos sistemas técnicos o de gestión, etc.

Conviene destacar también la importancia de las innovaciones sociales y de carácter organizativo. En las regiones menos desarrolladas domina muchas veces una mentalidad conservadora o contraria a los riesgos y las estructuras sociales e institucionales tienen un carácter jerárquico, poco favorable a los cambios. Por eso puede afirmarse que las innovaciones organizativas, es decir, las que tienen que ver con la organización y la gestión de las instituciones públicas y privadas, parecen ser indispensables y preliminares para que pueda conseguirse una extensa y sistemática difusión de las innovaciones tecnológicas en las regiones menos desarrolladas(55). Lo cual nos lleva al amplio y sugestivo campo de la organización administrativa de los ayuntamientos y órganos de gobierno regional, al estudio del papel de los organigramas y, mas allá de todo ello, al del poder local.

La necesidad de ordenar social y políticamente la ciudad había dado origen desde el siglo XVIII a la aparición de la ciencia de policía, que enseñaba "a los gobiernos el arte de gobernar y a los gobernados la importancia de su sumisión y de la obediencia a las leyes", y que fue desarrollada esencialmente con referencia al gobierno de la ciudad(56). Durante el siglo XIX, la necesidad de regular el funcionamiento de la ciudad y de ordenar el crecimiento de la población y el aspecto edificado generó la necesidad de nuevas normas y de informaciones. Aparecieron así cuerpos técnicos y estructuras jurídicas y administrativas dedicadas a atender dichas necesidades o a llevar la gestión de esa compleja estructura socioespacial que es la urbe. Algunos ejemplo pueden ser la elaboración de normas estrictas de policía urbana, la organización de sistemas médicos y burocráticos de control sanitario, el desarrollo del planeamiento urbano moderno, la actividad de los técnicos que controlan efectivamente la construcción de la ciudad, la realización de una planimetría y de los levantamientos cartográficos indispensables para llevar a cabo la expansión o la reforma urbanística de la ciudad, y la laboriosa organización de servicios de estadística municipal(57)  en las grandes ciudades.

En relación con todas estas respuestas a problemas planteados en la ciudad se buscaron soluciones técnicas y se fue elaborando la ciencia urbana. La ciudad se convierte así en un estimulo para el conocimiento científico, en un factor creador de ciencia.

También en este aspecto debemos estudiar hasta qué punto y por qué razones las elites urbanas se comprometieron en el proceso de modernización y adopción de nuevas tecnologías y estimularon la creación de instituciones docentes y científica, así como de órganos para la propaganda y la difusión de las nuevas ideas.
 

Conclusión
 

La conclusión ha de ser necesariamente provisional. Necesitamos investigaciones que nos permitan entender las condiciones sociales e intelectuales que estimulan el desarrollo económico y la adopción de innovaciones, y especialmente, la razón por la que unas ciudades o regiones son receptivas a la innovación y otras no.

Los enfoques endógenos a las políticas de desarrollo regional han puesto énfasis en la importancia decisiva de la capacidad empresarial local y en la receptividad a las innovaciones para conseguir el crecimiento económico y la modernización.

En esa línea de trabajo tienen interés las investigaciones de carácter histórico que pueden iluminar el presente. A través de ellas podemos observar distanciadamente condiciones sociales y estrategias que nos permiten entender la actitud favorable a la innovación como factor importante del desarrollo económico. Estoy convencido de que en el futuro esta puede ser una línea valiosa para realizar investigaciones coordinadas de carácter comparativo.
 

Notas

1. Conferencia en el Sexto Encuentro de Geógrafos Latinoamericanos, Buenos Aires, 19 de marzo de 1998. Sobre el desarrollo de ese congreso puede verso Biblio 3W, nº 29 (http://www.ub.es/geocrit/b3w-29.htm).

2. Vries, Jan de: La urbanización de Europa, 1500-1800, Barcelona, Editorial Crítica, 1987, 502 págs.

3. Citaré solamente dos ejemplos. Para Allan Pred, "uno de los rasgos mas llamativos del crecimiento histórico y el desarrollo de los sistemas urbanos en los países que se consideran normalmente como económicamente avanzados es la estabilidad a largo plazo en el ranking de población nacional o regional de sus complejos metropolitanos principales. Los complejos urbanos mas importantes que existen hoy en los países civilizados postindustriales o bien no han experimentado cambios en el rango de población o bien un aumento o descenso de solo dos o tres rangos". Esto aparece confirmado por las investigaciones de Jan de Vries sobre la urbanización en Europa entre 1500 y 1800, donde se ve de forma convincente que la jerarquía de ciudades europeas se configura a lo largo de la edad moderna y estaba ya plenamente dibujada a comienzos del XVIII, y que los cambios introducidos por la Revolución industrial consistieron solamente en el crecimiento de las ciudades menores y la adición al sistema urbano de nuevas ciudades, desplazando la distribución rango tamaño hacia la derecha, pero manteniendo en lo esencial la jerarquía anterior (1987, págs. 328-333).

4. Pred, Allan: "Industrialization, initial advantadge and american economic growth", The Geographical Review, abril 1965, págs. 158-85; Pred, Allan:The Spatial Dynamics of US Urban Industrial Growth 1800-1914, Cambridge, Mass., 1966.

5. Illeris, Sven: "Urban and regional development in Western Europe. A scenario and an inductive theory", Finisterra, Lisboa, vol. XXVI, nº 52, 1991, págs. 229-268; Cappellini, Riccardo and Nijkamp, P. (Eds.): The Spatial Context of Technological Change, Aldershot, Avebury-Gower, 1990; Cappellin, Riccardo: "Patterns and policies of regional economic development and the cohesion among the reggions of the European Community", Finisterra, Lisboa, XXVI, nº 52, 1991, págs. 269-324.

6. Aunque en lo que se refiere a las diferencias entre estados las últimas noticias parecen indicar que las distancias entre los países mas ricos y pobres de la U. E. se han acortado recientemente, como ha recordado el administrador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) Gustave Speth hace solo unos días (El País, Madrid, 12 de marzo 1997).

7. Cappellin, 1991, op. cit.en nota 4, pág. 279.

8. Puede verse sobre ello, además de los trabajos de Cappellin citados en nota 4, los de Konsolas, N. (Ed.): Local Development: Regional Science Studies in Europe, Athens, Regional Development Institut, 1990; Scott, A. J. and Storper, M.: "Regional Development Reconsidered", Lewis Center for Regional Policy Studies, University of California, Los Angeles, Working Paper, nº 1, December 1990; Grossman, Gene M., and Helpman: "Endogenous innovation in the theory of growth", The Journal of Economic Perspectives, vol. 8, nº 1, Winter 1994, págs. 23-54. Véase también Romer, Paul M.: "The origins of endogenous growth", The Journal of Economic Perspectives, vol. 8, nº 1, Winter 1994, págs. 3-22; Pack Howard: "Endogenous on growth theory: intellectual appeal and empirical shortcomings", The Journal of Economic Perspectives, vol. 8, nº 1, Winter 1994, págs. 55-72; Solow, Robert M: "Perspectives on growth theory", The Journal of Economic Perspectives, vol. 8, nº 1, Winter 1994, págs. 45-54.

9. Vázquez Barquero, A.: Política económica local. La respuesta de las ciudades a los desafíos del ajuste productivo, Madrid, Ediciones Pirámide, 1993, 332 págs.

10. Sobre todo ello, Cappellin, 1991, op. cit. en nota 4, 285 y cuadros 1 y 2.

11. Véase sobre ello los libros de Nuñez, Diego: El darwinismo en España, 1977; Glick, Thomas: El darwinismo en España, Barcelona, Libros de Enlace, 1985; y las comunicaciones incluidas en Hormigón, M. (Ed): Actas del II Congreso e la Sociedad Española de Historia de las Ciencias, Zaragoza, 1984, vol. I.

12. Meier, Richard: A communication theory of urban growth, The Joint Center for Urban Studies of the M.I.T and Harvard University, The M.I.T. Press, 1962. trad. francesa en P.U.F, Paris, 1972; y Pred, Allan: Urban Growth and the Circulation of Information: the Unidad Status System of Cities, 1890-1840, Cambridge, Mass., 1973.

13. Remy, Jean: La ville phénomène économique, Bruxelles, Les Editions Vie Ouvriére, 1966; en especial, II, II "La ville actuelle comme unité de production et de distribution de connaissance, págs. 75-102.

14. Pred, 1965 y 1966, op. cit.en nota 3.

15. Costa Emilia Viotti da: "Urbanización en el Brasil del siglo XIX", en Solano, Francisco de: Estudios sobre la ciudad iberoamericana, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1975, págs.399-432.

16. Algunas obras recientes sobre el tema son éstas: Borjas, George J.: The Impact of Immigrants on the U.S. Economy, New York, Basic Books, 1990; Borjas, George J. Freeman, Richard B. (Eds.): Immigration and the Work Force: Economic Consequences for the Unidad Status and Source Areas, Universiy of Chicago Press, 1992; Muller, Thomas: Immigrants and the American City, New York, New York Univesity Press, 1993, IX+372 págs. (Recensión de Douglas Massey en American Journal of Sociology, March 1994, 99:5); Portes, Alejandro (Ed.): The Economic Sociology of Immigration: Essays on Networks, Ethnicity and Enterpreneurship, Rusell Sage Foundation, 1994. Un estudio que muestra la importante contribución realizada por los inmigrantes a numerosas especialidades profesionales, al sector de servicios y al desarrollo de trabajos artesanos de calidad en Nueva York es el siguiente: Youssef, Nadia H.: The Demographics os Inmigration. A Socio-Demographic Profile of the Foreign-Born Population in New York State, Centre for Migration Studies, Staten Island, New York, 1992 (cap. 6 "The contribution of foreign-born workers to the economy of New York").

17. Dean, Warren. The industrialization of Sâo Paulo: 1880-1945, Austin, 1969. González Martínez, Elda y Moreno Cebrián, Alfredo: "Sâo Paulo, metrópolis económica. El aporte de los inmigrantes", en Peset, J.L. (Coord.): Ciencia, vida y espacio en Iberoamérica. Trabajos del Programa Movilizador del CSIC "Relaciones científicas y culturales entre España y América, Madrid, C.S.I.C, 1989, vol. II, págs. 615-634..

18. A partir del estudio de diversos repertorios biográficos se han obtenido las cifras siguientes. De un total de 380 escritores barceloneses de los siglos XVI al XIX, los porcentajes de nacidos fuera de Barcelona ha sido los siguientes: siglo XVI, 34,5 %; XVII, 46,2 %; XVIII, 34,7 % y XIX, 48,3 %. De 938 escritores, técnicos y artistas con ejercicio en la ciudad de Barcelona durante el siglo XIX, puede concluirse que 600, es decir el 63,9 % habían nacido en Barcelona, y 338, el 36,0 % eran inmigrantes; vale la pena destacar que el número de inmigrantes era mayor entre los escritores de temas técnicos, políticos y sociales, un 41,8 %. La importancia de la inmigración para el desarrollo de los saberes técnicos en una ciudad como Barcelona no puede ignorarse.

En lo que se refiere a los médicos en ejercicio en la ciudad de Barcelona durante los siglos XIX y XX, a partir de un inventario de 784 médicos importantes, sólo 365, es decir un 46,5 % habían nacido en la ciudad, y otros 15 (1,9) en los municipios del Llano, mientras que el resto, es decir 404 (el 51,3%) eran inmigrantes. En cuanto a las profesiones artísticas y artesanas, vale la pena señalar que de un total de 2513 que actuaron en Barcelona durante los siglos XIX-XX, si 1541 (61,3 %) eran nacidos en esta ciudad 972 (38,6 %) habían nacido fuera de ella.

Los datos han sido elaborados a partir de las siguientes fuentes (y aprovecho para agradecer a Antonio Algaba la ayuda que me proporcionó para ello): Amat Torres, Félix: Memorias para ayudar a formar un Diccionario Crítico de los Escritores Catalanes y dar alguna idea de la literatura de Cataluña, Barcelona, Imprenta J. Verdaguer, 1836, 720 págs.; y Corominas, Juan: Suplemento a las Memorias para ayudar a formar un Diccionario Crítico de los Escritores Catalanes de don Félix Amat Torres, Burgos, Imprenta Arnáiz, 1849, 372 págs. Molins, Elias: Diccionario Biográfico y Bibliográfico de escritores y artistas catalanes del siglo XIX, Barcelona, Ed. Fidel Giró, 1889, 2 vols., 687 + 790 págs. Se han tenido en cuenta los artistas avecindos en la ciudad de Barcelona, los escritores con ejercicio en ella y los autores de ensayos técnicos, políticos o sociales vecinos de Barcelona.Calbet i Camarasa, Josep Maria, y Corbella i Corbella, Jacint: Diccionari Biògrafic de Metges Catalans. III Congrès d'Història de la Medicina Catalana. Lleida, 1981, Barcelona, Fundació Salvador Vives i Casajoana/Seminari Pere Mata de la Universidad de Barcelona, vol. I, 1981; vol. II, 1982, vol. III, 1983, 187 + 234 + 338 págs.Ràfols, J. F.: Diccionario Biográfico de Artistas de Cataluña (Desde la época romana hasta nuestros días), Barcelona, Ed. Milla, Vol. I, 1951, 547 págs.; vol. II, 1953, 522 págs.; vol. III, 1954, 622 págs. (incluye profesionales y artesanos de armería, arquitectura, artes gráficas, cerámica, construcción nval, dibujo, escultura, esgrafiado, fundición y metalistería artística, grabado, guadamacilería, hilaría, instrumentaria musical, orfebrería, pesebrismo, puntura, silografía y vidriería.

19. Cappellin, 1983; y 1991, pág. 284.

20. Remy, 1969, op. cit. en nota 11, pág. 87.

21. Cartañá, J.: "La enseñanza agrícola en la ciudad: la Agricultura en el Bachillerato", en H. Capel, J.M. López Piñero y J. Pardo (Coords.): Ciencia e ideología en la Ciudad, Valencia, Conselleria d'Obres Públiques i Transports de la Generalitat Valenciana, 1992, vol. I, págs. 211-220.

22. Buj Buj, Antonio: "Control de plagas de langosta y modernización agrícola en la España de la segunda mitad del siglo XIX", Geo Crítica, Universidad de Barcelona, nº 95, julio 1992, 67 págs.; Buj Buj, Antonio: El Estado y el control de plagas agrícolas. La lucha contra la langosta en la España contemporánea, Madrid, Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, 1996, 348 págs.

23. Casals, Vicente: Los ingenieros de montes en la España contemporánea, 1848-1936, Barcelona, Ediciones del Serbal (Colección "La Estrella Polar"), 1996, 432 págs.

24. Jacobs, Jane: La economía de las ciudades, Barcelona, Ediciones Península, 1971, cap. 1.

25. Capel Horacio y Tatjer, Mercedes: "La organización de la red telegráfica española", en Capel, H., López Piñero, J. M. y Pardo, J. (Coords.): Ciencia e Ideología en la Ciudad. Actas del Primer Coloquio Interdepartamental, Valencia, Consejería de Urbanismo y Obras Públicas de la Generalitat de Valencia, vol. I, 1991, págs. 25-69; publicado tambien en Netcom. Networks and Communication Studies, International Geographical Union, Issy-les Moulineaux, vol. 5, nº 1, février 1991, págs 282-324. Capel, H. y Tatjer, M.: "La innovación tecnológica en la ciudad: el telégrafo en Barcelona", en Tiempo y Espacio en el Arte. Homenaje al Prof. Antonio Bonet Correa, Madrid, Editorial Complutense, Universidad Complutense de Madrid, 1994, vol. II, págs. 1065-1102.

26. Fox, Robert y Guagnini, Anna: " Britain in perspective: the European contexto of industrial training and innovation, 1880-1914", History and Technology. An International Journal, vol. 2, nº 2, 1985, págs. 133-150.

27. Arroyo, Mercedes: La industria del gas en Barcelona, 1841-1993. Innovación tecnológica, territorio urbano y conflicto de intereses, Barcelona, Ediciones del Serbal (Colección "La Estrella Polar"), 1994, 420 págs., cap. I.

28. Waisz:, Francisco: Origen de los ferrocarriles españoles (Comienzo de su historia) 1829-1855, Madrid, Talleres Gráficos Marsiega, s.f. (h.1943), 280 págs., pág. 38. Los datos siguientes proceden de la misma fuente.

29. A todo ello hay que unir las iniciativas extrajeras que fueron muy importantes a partir de 1844, finalizada la guerra civil en España y consolidados ya los ferrocarriles en Inglaterra y Francia; se inicia entonces una fase de intensa presentación de propuestas para construir ferrocarriles en España. Entre 1844 y 1846 se dieron unas 25 concesiones, aunque de hecho ninguna prosperó, de momento. Es importante señalar que la mayor parte de esas peticiones de concesión fueron formuladas por extranjeros, "ingleses y franceses, que en su país habían visto crecer los ferrocarriles vinieron a España en buen número durante los años 1844-46 a promover negocios de esta naturaleza" (Waisz, op. cit. pág. 64).

30. Arroyo, 1994, op. cit.en nota 24, cap. I.

31. Orellana, Francisco J.: Reseña completa descriptiva y crítica de la Exposición Industrial y Artística, Barcelona, Establecimiento Tipográfico de Jaime Jepús, 1860, 254 págs.

32. Véase, por ejemplo, Simon Palmer, Carmen: La enseñanza privada seglar en Madrid, 1820-1868, Madrid, Instituto de Estudios Madrileños, 1972, 438 págs., pág. XX; Turin, Yvonne: La educación y la escuela en España de 1874 a 1902. Liberalismo y tradición, Madrid, Aguilar, 2ª ed. 1967, pág. 289; y Luis, Alberto: La geografía en el bachillerato español 1800-1971, Barcelona, Publicacions i Edicions de l'Universitat (Colección "Geo Crítica. Textos de Apoyo"), 1985, caps. 2 y 3.

33. García Camarero, E. La polémica de la ciencia española, Madrid, Alianza Editorial, 1965.

34. Fox-Guagnini, 1985, op. cit.en nota 23. En Gran Bretaña, la publicación del libro de Martin Wiener sobre English culture and the decline of the industrial spirit, 1850-1980 (Cambridge, 1985) ha reabierto la polémica sobre las causas de la decadencia industrial británica, insistiendo en la importancia de las actitudes conservadoras y la hostilidad hacia la ciencia, punto de vista que otros no aceptan en absoluto.

35. Fox-Guagnini, 1985, op. cit.en nota 23.

36. Estudiada por Vicente Casals:Los ingenieros de Montes en la España contemporánea (1848-1936), Barcelona, Ediciones del Serbal (Colección "La Estrella Polar"), 1996, 432 págs.

37. Véase sobre ello Fox-Guagnini, 1985, op. cit. en nota 23.

38. En Barcelona la Junta de Comercio estableció en la Lonja muy poco despues de su creación una Escuela de Náutica. A ella se unirían ya en el siglo XIX otras enseñanzas, normalmente a través de la creación de cátedras especializadas: Química en 1803, Taquigrafía en 1805,Física Experimental en 1814, Cálculo Mercantil y Partida Doble en 1815, Agricultura en 1817, Matemáticas en 1819, Idomas Francés e Italiano en 1824, Inglés en 1826, Maquinaria en 1831, Dibujo Lineal en 1841 y Derecho Mercantil en 1845. Estas cátedras subsistieron hasta 1851, momento en que tras la creación de las ensñanzas técnicas por el Estado, fueron incautadas por éste y pasaron a integrarse en la Escuela Industrial.

39. La bibliografía fundamental puede encontrarse en diversos trabajos de J. y P. Demerson, y en especial en Demerson, J., Demerson, P., y Aguilar Piñal, F.: Las Sociedades Económicas de Amigos del País. Guía del investigador, San Sebastián. CSIC, 1974; una obra mas reciente, la de J. Piqueras Haba, Juan: Sociedades Económicas y fomento de la agricultura en España, 1765-1850, Valencia, Conselleria d'Agricultura i Pesca de la Generalitat Valenciana, 1992, 264 págs., la cual facilita un buen panorama bibliográfico y examina la labor desarrollada por estas instituciones en el fomento de la agricultura española.

40. Capel, Horacio y Tatjer, Mercedes: "Reforma social, serveis assistencials i higienisme a la Barcelona de final del segle XIX", en Cent Anys de Salut Pública a Barcelona, Ajuntament de Barcelona, Institut Municipal de Salut Pública, 1992, pags.31-73. Versión resumida en castellano, "Reforma social, servicios asistenciales y equipamientos en la Barcelona de fines del siglo XIX", Ciudad y Territorio, Madrid, Instituto de estudios de Administracion Local, nº 3/1991, págs. 233-246. Véase también Roca i Rosell, Antoni: Historia del Laboratori Municipal de Barcelona. De Ferrán a Turró, Ajuntament de Barcelona, 1988, 216 págs.

41. Moreno Rico, Francisco Javier: "La Escuela Especial de Náutica de Cartagena (1915-1924)", en Valera M. y López Fernández (Eds.), 1991, vol. I, págs. 449-468, pág. 455.

42. Coll, N.: "El debate sobre la ciudad liberal y burguesa a través de la páginas de "El Vapor", 1833-1838", en H. Capel, J.M. López Piñero y J. Pardo: Ciencia e ideología en la Ciudad, Valencia, Conselleria d'Obres Públiques i Transports de la Generalitat Valenciana, 1992, vol. I, págs. 165-176.

43. López Piñero, José María, y Terrada, María Luz: Bibliographia Médica Hispanica, 1475-1950. Volumen VIII. Revistas, 1736-1950, Instituto de Estudios Documentales e Históricos sobre la Ciencia, Universidad de Valencia/CSIC, Valencia, 1990, 194 págs.; y López Piñero, José María, y Terrada, María Luz: Bibliographia Médica Hispanica, 1475-1950. Volumen IX. Bibliometría de las revistas, 1736-1950, Instituto de Estudios Documentales e Históricos sobre la Ciencia, Universidad de Valencia/CSIC, Valencia, 1991, 96 págs.

44. Ver sobre ello García Tapia, Nicolás: Técnica y poder en Castilla durante los siglos XVI y XVII, Salamanca, Junta de Castilla y León, 1989, y en especial el capítulo IX "Las patentes de invención en la Corona de Castilla en los siglos XVI y XVII"; García Tapia, Nicolás: Patentes de invención españolas en el Siglo de Oro, Madrid, Ministerio de Industria y Energía, 1990.

45. Bercovitz, a.: Derecho de patentes, España y CEE, Barcelona, Ariel, 1985; Bercovitz, A.: La nueva ley de patentes, ideas introductorias y antecedentes, Madrid, Tecnos, 1986; Bercovitz, A.: Legislación sobre patentes, Madrid Técnos, 1988.

46. Las diferencias entre los privilegios de invención, otorgados por la monarquía y las patentes, consideradas como un derecho de propiedad han sido puestas de manifiesto por McLeod, MacLeod, Ch.: Inventing the Industrial Revolution, Cambridge University Press, 1988; Sáiz, J.P.: Propiedad Industrial y Revolución Liberal. El sistema español de patentes hasta la II República, Tesis de Licenciatura, Madrid, UAM, 1992; y Frax y otros, 1994.Frax Rosales, E., Matilla Quiza, Mª J., Muñoz Rubio, M. y Sáiz González, J. P.: "El sistema de patentes en España en el siglo XIX", en González Tascón, Sáenz Sanz y Romero Muñoz (Eds.), 1994, págs. 299-375.

47. Destacan, especialmente, los trabajos de J.P. Sáiz (1992), Mª Jesús Matilla y J. P. Sáiz (1992) y Frax y otros (1994). Desde el punto de vista jurídico existe, en cambio una nutrida bibliografía desde comienzos de siglo, y trabajos recientes que hacen alusión a la evolución histórica de la normativa legal; admás de las citas recogidas en la nota 44 pueden verse Bercovitz, 1985, 1986 y 1988.

48. Frax y otros, 1994, op. cit.en not 45, pág. 306 .

49. Frax y otros, 1994, cit. en nota 45, págs. 308-310.

50. Señalo aquí algunos criterios usados para la clasificación de la información. He utilizado la información de las patentes registradas como nuevas. En la información se especifica si están concedidas o dnegadas; dado que el porcentaje de las denegadas es muy bajo, no he prescindido de ellas: del total de 1660 solicitudes de patentes de invención y certificados de adición realizadas en 1896 soloakente se denegaron 19. Si una patente es registrada por dos personas de ciudades diferentes, se considera solamente una, generalmente la principal y, en caso de duda, la que aparece en primer término; el número total de estos casos es muy reducido. Algunas patentes se registran a nombre de sociedades (entre ellas la Maquinista Terrestre y Marítima o la España Industrial de Barcelona.

En lo que respecta a las patentes extranjeras, he intentado separar las que se registran en ciudades españolas pero proceden de personas o sociedades extranjeras. Ello plantea a veces problemas de por falta de información del domicilio del registrante. He utilizado el criterio de considerar extranjeras y asignarlo a un país concreto a partir de los apellidos, siempre que no indiquen que viven en España; en cambio patentes como la de Axel Frederik Abraham Roxendorft, vecino de Madrid, se incluye en Madrid. El número de casos dudosos que he atribuido de esta forma no es muy elevado.

A veces hay patentes extranjeras registradas por españoles. Se consideran nacionales. Así la de D. Buenaventua Prat y Mas, vecino de Igualada que patenta por cinco años una invención para fabricar bolsas de papel por medio de máquinas Bristol fabricadas en Bristol en los talleres Strachan & Henshaw, se considera de Igualada. En cambio las personas de apellidos españoles que residen en otros países se consideran extranjeros; es una cifra escasa y en ella solo hay que destacar unos pocos casos en Estados Unidos y Francia. También hay solicitudes extranjeras cuyas patentes no pertenecen en realidad al país donde reside el solicitante; así la Compagnie Française pour l'Exploitation de procedées Thompson Houston se considera francesa a pesar de que las patentes eran norteamericanas. Hay también algunos agentes españolas que actuaban por cuenta de comitentes extranjeros; por ejemplo Emilio Rotondo, el cual sabemos, por otra investigación, era agente de diversas compañías eléctricas extranjeras, se considera de Madrid.

Algunos casos sin lugar de residencia han sido atribuidos a algún país extranjero por la ifnroamción que proporcionan; se trata de unos 50 casos entre madrid y Barcelona, y atribuidos esencialemnte a Alemania, Francia y Gran Bretaña.

51. Arroyo, 1996, op. cit en not 24, cap. I.

52. Capel Horacio y Tatjer, Mercedes, 1991 y 1994, op. cit. en nota 24.

53. Capel, Horacio: "Estado, administración municipal y empresa privada en la organización de las redes telefónicas de las ciudades españolas, 1877-1924", Geo Crítica, Universidad de Barcelona, nº 100, diciembre 1994, 61 págs.

54. Capel, Horacio (Dir.): Las Tres Chimeneas. Implantación industrial, cambio tecnológico y transformación de un espacio interno barcelonés, Barcelona, Fuerzas Eléctricas de Cataluña S.A. (FECSA), 1994, 3 vols.

55. Cappellin, 1991, 284.

56. Véanse los diversos trabajos dedicados por Pedro Fraile a este tema. La cita anterior procede de la obra de Toribio Núñez. Ciencia social según los principios de Bentham, Madrid, Imprenta Real, 1835.

57. Urteaga, L. y Nadal, F.: "En los orígenes de la estadística municipal: la creación de los servicios de estadística del Ayuntamiento de Barcelona", en Capel, H., López Piñero, J. M. y Pardo, J. (Coords.): Ciencia e ideología en la Ciudad, Valencia, Conselleria d'Obres Públiques i Transports de la Generalitat Valenciana, vol. II.

© Copyright: Horacio Capel, 1998

© Copyright: Scripta Nova, 1998


Volver al índice de Scripta Nova

Menú principal