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Scripta Nova
REVISTA ELECTRÓNICA DE GEOGRAFÍA Y CIENCIAS SOCIALES
Universidad de Barcelona
ISSN: 1138-9788. Depósito Legal: B. 21.741-98
Vol VI, nº 106, 15 de enero de 2002


DE LA CIUDAD ORTOGONAL ARAGONESA A LA CUADRICULAR HISPANOAMERICANA COMO PROCESO DE INNOVACIÓN-DIFUSIÓN, CONDICIONADO POR LA UTOPÍA*


Vicente Bielza de Ory
Catedrático de Geografía Humana
Departamento de Geografía y Ordenación del Territorio, Universidad de Zaragoza


De la ciudad ortogonal aragonesa a la ciudad cuadricular hispanoamericana como proceso de innovación-difusión, condicionado por la utopía (Resumen)

El proceso de innovación-difusión del urbanismo regular medieval en la Corona de Aragón desde la ortogonalidad del plano fundacional de Jaca (1076) hasta la cuadrícula teorizada por Eximeniç (1384) se traslada al Nuevo Mundo a partir de la Instrucción del rey aragonés Fernando el Católico(1513). El modelo se reformula en el foco mexicano (1523) hacia la cuadrícula jerarquizada, desde la monumental plaza mayor, bajo la influencia prehispánica y con un mayor impacto de la utopía católica que renacentista. Profundizando en la antinomia de Gottman vemos que la inspiración apocalíptica, comprobada en las primeras fundaciones urbanas regulares, como la de Tlaxcala (1528), se aviene mejor a la colonización hispanoamericana, iniciada a base de ciudades articuladoras del territorio colonizado (como fue tradición en la Corona aragonesa), que la que se desprende del libro de Ezequiel (inspirador de la colonización protestante norteamericana del siglo XVIII) en que primero se reparte el territorio regularmente y luego la ciudad.

Palabras clave: Urbanismo cuadricular, innovación-difusión, utopía urbana


From the Aragonese orthogonal city to the Spanish American squared city,as a process of innovation and diffusion conditioned by the utopia (Abstract)

The innovation and diffusion process of the medieval gridded lay-out of the Crown of Aragón cities, from the orthogonality of the foundational map of Jaca (1076) to the grid pattern theorized by Eximeniç (1384), was moved to the New World from 1513, date of the Aragonese King, Fernando el Catolico Instrucción. The model is reformulated in the Mexican context (1523) towards a hierarchically gridded pattern, from the monumental Main Square under the prehispanic influence and a grater of the Catholic Utopie impact rather than the Reinaissance utopian ideal. A closer inspection of Gottman's antinomy reveals that the inspiration of the Apocalypse, found in the first grided city foundations, such as those of Tlxcala (1528), is more correspondent with the Spanish American colonization. This colonization started with the cities of the colonized territory articulation (as was traditional practice in the Crown of Aragon). This idea derived from the Book of Ezequiel which inspired the North American protestant colonization process in the 18th century, in which the territory is first distributed in regular portions, and then the city.


Key words: squared urban, innovation-diffusion, urban utopia.


Las explicaciones de la ciudad trazada a escuadra a lo largo de la historia y en su expansión geográfica se han movido entre dos polos argumentales. Por un lado la idea de que su simplicidad y racionalidad es inherente al ser humano y se expresa siempre que una civilización alcanza un cierto grado, sobre todo cuando tiene que colonizar territorios mediante nuevas fundaciones urbanas1. Por otra parte se ha acudido a la defensa de un foco único que se ha ido difundiendo en el tiempo y en el espacio2. Entre ambas posiciones parece que lo más sostenible es un proceso mixto de innovación-difusión-reinnovación-redifusión a partir de varios focos, tanto en el tiempo como en el espacio.

Los antecedentes de la traza en damero de la ciudad hispanoamericana se han buscado normalmente mediante argumentos meramente históricos, contraponiendo influencias del plano medieval español de tipo ortogonal o de la bastida francesa a las del trazado indígena prehispánico (Tenochtitlan) o a la transformación del modelo urbanístico del Renacimiento. En otras ocasiones se han hecho comparaciones morfológicas superponiendo los planos y trazas de origen arqueológico de las tres procedencias históricas –medieval europea, prehispánica y renacentista- a las cuadrículas hispanoamericanas, valorando la diferencia de diseños y tamaños e insistiendo en los espacios públicos (plaza central), la igualdad de “cuadras” y calles, la habitual inexistencia de murallas y las mayores dimensiones que caracterizan a las ciudades hispanoamericanas3. También se ha contemplado por algunos geógrafos a partir de los planteamientos de Jean Gottman en L’Amérique la relación de la ordenación de la ciudad y del territorio con arreglo al plan cuadricular y la función de las ciudades coloniales de Hispanoamérica4. Hay algunas valiosas consideraciones hechas en los últimos tiempos sobre la influencia del pensamiento utópico en la construcción urbana regular, como en el caso de México5. Pero se echa de menos una reflexión conjunta que utilizando datos históricos, relaciones geográficas de la trama ciudad-territorio con las funciones urbanas e influencia de la ideología nos permita abordar el proceso de innovación-difusión que sigue la ciudad ortogonal, nacida en el medievo europeo y más concretamente en Aragón, como modelo adaptado a las nuevas circunstancias de la colonización española, en ámbitos en que ya había culturas urbanas prehispánicas. Un proceso que, fundamentalmente por dichas culturas y por la utopía católica, se va a diferenciar claramente del habido en el diseño del territorio y la ciudad norteamericanos, como ya apuntara Gottman en su clarividente y citada obra.



El proceso de innovación-difusión del urbanismo regular medieval hacia la cuadrícula en el avance colonizador aragonés.

Anteriormente ya utilizamos el proceso de innovación-difusión con ocasión de una relectura del urbanismo medieval6 para demostrar cómo la traza ortogonal iniciada en Jaca (1076) en función de unos fueros (“parcelas iguales para hombres iguales”) se transmite, junto con los mismos, por el Camino de Santiago y hacia el resto de la Corona de Aragón en su avance colonizador, influyendo tanto en la bastida7, por el norte, como en las Ordinaciones8 de las pueblas mallorquinas de Jaime II o en las Teorías de Eximeniç, por el sur, a partir de los siglos XIII y XIV, dando lugar, en estos últimos casos, a estructuras cuadriculares en torno a plazas centrales, que se prolongan ortogonalmente por el territorio circundante(Fig.1).

Fig. 1. Proceso de innovación-difusión: Jaca-Coronas de Aragón y Castilla-Condado de Toulouse.

Dicha relectura se apoyó a su vez en otra publicación del que esto suscribe sobre La ciudad ortogonal aragonesa del Camino de Santiago y su influencia en el urbanismo regular posterior9, en la que se defendía con argumentos histórico-geográficos el influjo del fuero y plano de Jaca (1076-1077) (Fig.2), hacia el sur del camino jacobeo en Estella (1077-1084)10 y hacia el norte del mismo en Olorón, fundada en 1080, mediante el For d’Olorón, que se considera en Francia la primera Carta de municipalidad. La difusión del modelo hacia el sur fue más rápida, tanto por el pacificado camino de peregrinación y sus ramales, (Sangüesa, 1090; Navarrería de Pamplona, 1114; Puente la Reina, 1122; San Sebastián, 1180; Briviesca 1208) como por el Reino de Aragón en el avance meridional de su reconquista y repoblación, mediante fueros de la misma familia (entre otras: Huesca, 1100; Uncastillo, 1169; barrio de San Pablo de Zaragoza, 1210 (Fig.3); Mosqueruela, 1262 (fig. 4)). Mientras que por el norte el primer antecedente o prefiguración de la bastida hay que buscarlo en la fundación de Montauban (1144), según la tesis doctoral de Gilles Bernard, que sitúa la historia de la creación de cientos de bastidas en el piedemonte norpirenaico y Aquitania a partir de 1220, tras la guerra de los albigenses, donde murió el rey Pedro II de Aragón, al acudir en defensa de sus vasallos de allende el Pirineo. La influencia a través del Camino de Santiago con ayuda de Cluny y la relación vasallática nos puede ayudar a explicar la expansión hacia el norte del modelo urbanístico jaqués con su fuero, cuando, tras la inmediata y primera experiencia de Olorón, se iniciara, más adelante, un proceso de colonización, similar al que se había dado en el avance reconquistador aragonés hacia el sur.

Figura 2. Jaca, fundada con arreglo al fuero (1076)

Figura 3. Zaragoza: ensanche del barrio de San Pablo con arreglo a fuero (1210).

La influencia de la ciudad teórica de Eximeniç se ha tenido en más de una ocasión como antecedente de la ciudad cuadricular hispanoamericana, argumentando la pertenencia de su autor a la orden franciscana, que tan gran papel jugó en la evangelización del Nuevo Mundo11. Pero el modelo inmediato, que más se ha esgrimido por los historiadores del urbanismo, ha sido el campamento de Santa Fé, construido ortogonalmente por los Reyes Católicos frente a Granada para su conquista en 1492. Así Morris, ante la coincidencia del año del Descubrimiento colombino y la fundación de Santa Fé, dice que “debe ser reconocida como modelo aceptado y disponible para las colonias de origen militar de características comparables que pronto iban a fundarse en las islas del Caribe y más tarde en el continente americano”12. Ni el tamaño –pequeño- ni la función –puramente militar- guardan relación directa con las ciudades de colonización, fundadas poco después por los españoles en el Nuevo Mundo. Estas ultimas tienen mucho más que ver, funcionalmente, con las que al sur del reino de Aragón se fundaron en el s. XIII, para repoblar el territorio a partir de una plaza mayor, en la que se cruzaban ortogonalmente las calles principales, que alargadas por los “quiñoneros” estructuraban el espacio rural circundante, tanto en sus caminos como en su parcelario. El caso más expresivo de los descritos por el arquitecto español R. Betrán es el de Mosqueruela13, villa fundada en 1262 dentro de la serranía turolense, a la que siguió diez años después, sobre las tierras llanas castellonenses la creación de Villarreal (Fig.5), bajo los fueros de Aragón.

El primitivo modelo de bastida, expuesto por el geógrafo francés G. Bernad14 responde a los mismos tiempos, función y estructura; luego, al producirse las amenazas bélicas de la guerra de los Cien años se levantaría la muralla (Fig.6), lo mismo que había sucedido anteriormente en las ciudades aragonesas, nacidas a finales del XI en el Camino de Santiago o en las ortogonales y forales que dentro de Aragón tomaron, por entonces, el modelo de Jaca: al separarse en la segunda mitad del XII de Navarra y entrar en conflicto ambos reinos, se amurallaron. Pero tanto el modelo regular aragonés como el aquitano responden funcionalmente a agrociudades con una función comercial emergente, más relevante en las de la ruta jacobea, donde, como demostramos en Estella15 inmediatamente se sumaron la actividad mercantil axil con la comarcana. La función comercial de alcance comarcal, enriquecida por el tráfico lanero acabará asentándose en el periodo gótico al sur de Aragón conformando la plaza mayor y mercantil, que desplazaría la iglesia como elemento centralizador del plano. La función defensiva, tanto en la ciudad aragonesa como en la bastida, es posterior a la función de servicios, inicialmente asignada a las fundaciones llevadas a cabo para repoblar y ordenar el territorio.




Figura 4. Mosqueruela, fundada con arreglo a fuero (1263)



Figura 5. Villarreal (Castellón), fundada con arreglo al fuero aragonés (1272-1274)

El modelo regular urbano aparecerá también en la Corona de Castilla y será objeto de atención por parte de Alfonso X el Sabio, pero es evidente que es con los reyes de la Corona de Aragón y concretamente con Jaime II y sus Ordinaciones de 1300, cuando se promulga una verdadera ordenación, no sólo ortogonal, como la de las primeras ciudades de los fueros aragoneses, sino cuadricular de la ciudad y del territorio, como ya se planifican en la segunda mitad del siglo XIII las turolenses y las castellonenses: nuevos pueblos y villas centralizadores de la colonización territorial, trazados por un “ordenador” o stablidor, a partir de un cuadrado perfecto y demás calles rectas, de ancho doble que las habituales anteriores. Las manzanas cuadradas, de 84 metros de lado, por sus dimensiones (13 veces mayores que el tamaño medio anterior) y formas, son el precedente más claro de las “cuadras” hispanoamericanas. Dichas Ordinaciones y su concreción en las pueblas mallorquinas (Fig.7) fueron conocidas (así como las anteriores fundaciones levantinas, continuadoras de las turolenses) sin duda, por el monje Francisco Eximeniç que desde Valencia concibió en 1384-86 una ciudad utópica, cuadrada para ser bella y ordenada, a modo de la Jerusalén celestial (Fig.8). En lo que constituye la primera teoría urbanística prerrenacentista, la ciudad se articula a partir de ejes ortogonales, que al cruzarse en una plaza central dividen el recinto en cuatro cuarteles, jerarquizados en la línea gótico-cristiana del pensamiento de Sto. Tomás de Aquino y la Universidad de París.

Figura 6a. Evolución de la bastida de Septfonds (Tarn-et-Garone)(1252)


Figura 6b. Bastida creada en 1284: Monpazier (Dordoña)



Figura 7. Petra (Mallorca), fundada según “Ordinacions” por Jaime II (1300)

Fig. 8. La Ciudad Teórica de Eximeniç (1383)



El traslado al Nuevo Mundo del plano regular como fórmula de colonización.

En la Corona aragonesa a fines del siglo XIV, según podemos deducir de lo antedicho, la práctica de la colonización de nuevas tierras a partir de una traza cuadricular ordenadora de ciudad y territorio ha calado, de tal modo, que se ha llegado a teorizar y sacralizar, mucho antes que se haya desenterrado el Códice de Vitruvio (traducido por vez primera al italiano en 1521), aunque en todo caso, desde una raíz cristiana, se intenten cubrir los tres objetivos de la venustas, la utilitas y la firmitas, defendidos en el Códice clásico (la belleza cuadricular, jerarquizada en torno a una plaza simbólica, al mismo tiempo útil para la vida comercial y para articular ortogonalmente la ciudad y el territorio, amurallando aquella ante amenazas bélicas). Cuando un siglo después se unan las dos Coronas y se inicie la aventura del Nuevo Mundo, los conquistadores, más castellanos que aragoneses, trasladarían, inicialmente de modo espontáneo, la experiencia adquirida en la reconquista y colonización ibérica, a base de la fundación o repoblación sistemática de ciudades y villas, mediante planos de cierta regularidad y ortogonalidad, pudiendo ser influidos también por los planos trazados inmediatamente antes del Descubrimiento, como el de Santa Fé de Granada (1492). El proceso de innovación-difusión, trasladado a la otra orilla del Atlántico por el empuje de los alisios y las necesidades de la colonización, alcanzaría primero las islas caribeñas, para pasar luego al continente (Fig. 9a. y 9b.).

Figura 9a. Proceso transatlántico de innovación-difusión


Figura. 9b. Proceso de innovación-difusión: Caribe-Méjico (1513-1522-...)

Las primeras tentativas en el Caribe, a comienzos del s. XVI, reflejan trazas relativamente espontáneas para los nuevos asentamientos, muchas veces efímeros. En el caso de los que en el período 1502-1518 alcanzan mayor tamaño e importancia colonizadora, cuales son las embrionarias ciudades de Santo Domingo (1502) y Santiago de Cuba (1514), se hacen ya trazados de cierta regularidad en torno a una plaza mayor. Dichos trazados hay que relacionarlos, no sólo con la tendencia aprendida en el sur ibérico, sino también con el hecho de que en 1501 el rey aragonés Fernando el Católico, sucesor casi dos siglos después del Jaime II de las Ordinaciones, recomendara a Ovando, Gobernador de Santo Domingo:”Dado que es necesario fundar varias ciudades en la isla de la Española y que no es posible dictar instrucciones específicas desde aquí, examínense los lugares y situaciones de dicha isla, y con arreglo a las cualidades de la tierra y de la gente que allí reside fúndense ciudades en los lugares que parezcan idóneos”16. A este inicio de política de colonización de la tierra a partir de las concentraciones de población en asentamientos, llamadas después congregaciones o reducciones, seguirían pocos años más tarde indicaciones sobre las características de los núcleos.

Fernando el Católico en 1513 da una Instrucción a Pedrarias Dávila para la población de la provincia de Castilla del Oro en la que late el espíritu urbanístico regular de la colonización aragonesa: “Habéis de repartir los solares del lugar para hacer las casas, y éstos han de ser repartidos según las calidades de las personas, y sean de comienzo dados por orden; por manera que, hechos los solares, el pueblo parezca ordenado, así en el lugar que se dejare para la plaza, como el lugar en que hubiere la iglesia, como en el orden que tuvieren las calles; para los lugares de nueva fundación se podrán dar las órdenes oportunas desde el principio y de ese modo quedarán en orden sin ningún coste o trabajo adicional, pues si no el orden no podrá introducirse jamás”17.

En adelante, la colonización de las tierras continentales centralizará las funciones administrativas, religiosas, militares y comerciales en ciudades, que se trazan con arreglo a un entramado regular de calles y manzanas en torno a una plaza central, con arreglo a las instrucciones del rey aragonés. Así se fundan por Pedrarias Dávila: en 1514 Panamá, en el Pacífico y en 1519 Veracruz, en el Atlántico. Alonso García Bravo, que formó parte de la expedición de Pedrarias, fue el alarife que trazó de modo regular Veracruz y que después de la conquista de Tenochtitlan en 1521 recibió la encomienda de Hernán Cortés de construir México sobre las ruinas de aquélla. Pero la regularidad de las calles en torno a la plaza, inspirada en la Instrucción dada por el rey aragonés a Pedrarias, en la lógica del proceso de innovación-difusión-reinnovación-difusión, tenía que acomodarse a unas nuevas circunstancias, propiciadas por la conquista de Tenochtitlan.

Hasta la fundación mejicana la capital española fue Santo Domingo, que ya en 1526 fue calificada por Gonzalo Fernández de Oviedo, tras su visita, como “superior en general a cualquier ciudad de España” y, en particular, que Barcelona, porque “la mayoría de las calles estaban mejor niveladas, tenían mayor anchura y eran incomparablemente más rectas… hubo la oportunidad de planificar el conjunto desde el principio. Su trazado se llevó a cabo con regla y compás, todas las calles fueron medidas cuidadosamente. A causa de esto Santo Domingo es la ciudad mejor planificada que yo haya visto” (Fig. 10).

Figura 10. Santo Domingo en 1671, sobre el trazado de 1502



La reformulación del modelo en el foco mexicano hacia la cuadrícula jerarquizada

Hernán Cortés toma la decisión de fundar la ciudad de México en el mismo lugar de una gran ciudad de la que y ante la cual él mismo escribió lleno de admiración, un año antes de destruirla, en sus Cartas de Relación de la Conquista de México, lo siguiente: “Esta gran ciudad de Temixtitan está fundada en esta laguna y desde la tierra firme hasta el cuerpo de dicha ciudad, por cualquier parte que quisiere entrar en ella, hay dos leguas. Tiene cuatro entradas, todas de calzada hecha a mano, tan ancha como dos lanzas jinetas. Es tan grande la ciudad como Sevilla y Córdoba. Son las calles della, digo las principales, muy anchas y muy derechas... Tiene esta ciudad muchas plazas, donde hay continuos mercados y tratos de comprar y vender. Tiene otra plaza tan grande como dos veces la ciudad de Salamanca, toda cercada de portales alrededor. Hay cotidianamente 60.000 almas comprando y vendiendo... Hay muchas mezquitas o casas de sus ídolos…Hay una que es la principal, dentro del circuito cercado de muro muy alto donde cabría una villa de 500 vecinos, 40 torres muy altas… La mayor, más alta que la de la iglesia mayor de Sevilla”18.

La descripción de Cortés de 1520 nos revela una ciudad azteca de dimensiones mayores que las coetáneas peninsulares, con una ortogonalidad central, articulada sobre anchas calzadas y en torno a una enorme plaza mercantil y un recinto ceremonial, elevado sobre el resto. El diseño de Alonso García superpone y adapta el modelo regular gestado en Aragón y Península Ibérica y ya aplicada en el Nuevo Mundo a una realidad urbana preexistente con rasgos comunes. Dicha comunidad de rasgos proviene del hecho –señalado por García Fernández19- de que las organizaciones ortogonales a lo largo de la historia “son propias de los centros de poder religioso o civil cuando las respectivas culturas han alcanzado un buen grado de desarrollo, pero no se conoce que se extendieran a las demás áreas residenciales de la ciudad más que en casos excepcionales…” Dos siglos antes la ciudad de Teotihuacan se alzaba sobre un plano ortogonal, presidido por los templos del sol y de la Luna, y donde se calcula que vivía un cuarto de millón de personas. (Fig.11)

Figura 11.Ruinas del plano ortogonal de la ciudad prehispánica de Teotihuacan (Foto del autor,VII-2001)

Pese a la regularidad que impera, tanto en la traza del conquistado y medio arrasado Tenochtitlan como en el diseño que el alarife Alonso García hace de México, siguiendo el modelo hispánico anterior, hay sensibles disparidades entre las mismas, que el profesor Sánchez Carmona de la UAM de México ha analizado con acierto: “Las principales diferencias de la estructura formal urbana de la ciudad prehispánica con la colonial está en el cambio, de una diferenciación y jerarquía de las calles principales (cuatro grandes calzadas) y calles y callejones secundarios y la red uniforme colonial, donde no había distinción entre las calles, siendo todas del mismo ancho”20. Dicha uniformidad viaria y parcelaria encuentra sus raíces en esa foralidad, en esas parcelas iguales para hombres iguales y libres que inspiraron la repoblación mediante ciudades del territorio aragonés reconquistado, desde el modelo de Jaca de 1076. Es la “equitas”, heredada del campamento romano ortogonal, repartido entre los legionarios(que conoció el fundador de Jaca en la traza de Sarakusta), es también el espíritu que inspira el trazado de la bastida, distribuida regularmente entre los pobladores aquitanos o el diseño ortogonal del campamento de Santa Fé de Granada de 1492, el mismo que preside el reparto que hizo Cortés: “y a cada uno de los que fueron conquistadores, en nombre de vuestra real alteza, yo di un solar por lo que en ella habían trabajado”21.

La ciudad española deja de organizarse en torno a un conjunto monumental elevado, como el del Templo Mayor, que se avizoraba desde gran distancia, para centralizarse en un espacio vacío, limitado con el tiempo por edificios monumentales, que es la plaza mayor cuadrangular, “sitio recogido que se descubre cuando se ha llegado y que incita a permanecer. Se accede por calles de igual valor, después de recorrer manzanas con un ritmo uniforme, que en nada anticipan el suceso”22. La ciudad de México “conservó en términos generales la ubicación de los elementos principales: la plaza del mercado, los grandes palacios de Moctezuma, la dirección de las grandes calzadas”23, que se estrecharon.

El conjunto diseñado por el alarife Alonso García era “un cuadrado integrado por seis y trece manzanas por lado”24, inscrito en la ciudad azteca. Esta zona central de nueva planta, según escribía el propio Cortés a Carlos V en 152425: “Es la población donde los españoles poblamos, distinta de los naturales, porque nos parte un brazo de agua(…)”. Los indígenas conservaron su estructura de agrupamientos en cuatro barrios principales sobre un trazado irregular que poco a poco fue haciéndose regular, a medida que crecía la parte central, en principio minoritaria. (Figs.12a, 12b 12c)

Figura 12a. Trazado de Méjico en 1522 del alarife Alonso García Bravo

Figura 12b. Plano de la Ciudad de Méjico en 1554

Fig. 12c. Plano de la Ciudad de Méjico en 1554 (detalle del sector central)

Estamos ante una reinnovación en el proceso de difusión del modelo de ciudad regular, que nos hace hablar de una traza de ciudad del mestizaje en el sentido cultural y artístico que le escuché hace veinte años en el palacio de Tlaxcala, ante sus murales mestizos, a su autor Desiderio Hernández Xochitiotzin, discípulo de los grandes muralistas Clemente Orozco y Diego Rivera: Los mexicanos y “lo mexicano” empiezan con el hijo de Cortés y Doña Marina, la Malinche. Se inicia entonces una nueva cultura que traducido a lo urbano es lo que Sánchez Carmona, para México, y Hardoy, para las ciudades americanas en general, reconocen: “la participación de elementos indígenas y la influencia de la tradición occidental en el trazo de las ciudades, señalando que hubo en América un desarrollo del modelo, adaptándose a las circunstancias”26. Las circunstancias del cruce de culturas y del cambio de escala se dieron excepcionalmente en el caso de Tenochtitlán-México, conformando un renovado modelo cuadricular de ciudad. Si bien es verdad que el mestizaje socioespacial se daría más adelante, cuando se superara en México la dualidad entre la ciudad central-cuadricular de los colonizadores y la periférica-desordenada indígena.

A partir de 1521 en las fundaciones españolas de la tierra firme americana aparece una mayor regularidad y una nueva complejidad, desconocida hasta entonces, siguiendo la línea inaugurada por D. Hernando el Conquistador de México, que en 1525 da unas instrucciones para poblar nuevas ciudades, de modo que después de talar y limpiar el terreno: “siguiendo el plano que yo he confeccionado, debéis trazar los lugares públicos: la plaza, la iglesia, el ayuntamiento, la cárcel, el mercado …Después le mostraréis a cada ciudadano su parcela, tal como está indicado en el plano, y haréis lo mismo con los que vengan más tarde. Aseguraos de que las calles sean bien rectas, allí encontraréis técnicos que sepan trazarlas”27. Ese mismo año pudieron aplicarse las Instrucciones del Conquistador, ya que el Papa Clemente VII ordena la fundación de Tlaxcala (Fig.13), la población aliada de Cortés, como ciudad y erige su iglesia como catedral: la plaza mayor –hoy del Zócalo o de la Constitución- se formó a partir del patio de un gran palacio prehispánico, del que se respetaron sus dos fachadas asoportaladas para establecer locales comerciales28. Esta primera ciudad del mestizaje mantiene hoy la plaza soportalada, limitada por los edificios monumentales del palacio del gobierno del Estado de Tlaxcala (donde se encuentran los magníficos murales de Desiderio Hernández X. que explican pictóricamente el mestizaje (Fig.14) ) y del Ayuntamiento, con la iglesia contraesquinada y el trazado viario ortogonal. El pintor y cronista de la villa, Desiderio Hernández Xochitiotzin, nos describe así sus comienzos: ”A partir de 1528 la ciudad empezó a surgir realmente con la edificación de las distintas construcciones, dominando por las anchas calles una arquitectura renacentista europea. Como en muchas ciudades fundadas en el siglo XVI, al centro de la ciudad y alrededor de una gran plaza se encontraban las casas reales, las casas consistoriales, el palacio de la provincia –para el comercio de ultramar- la capilla real y otros edificios con portales, los cuales establecen ciertas simetrías con el conjunto. La fisionomía de esta ciudad se debe, en parte, a que cuando se pretendía construir algún edificio público, el cabildo elaboraba los planos y efectuaba los preparativos y arreglos. El cabildo estaba conformado por indígenas”29.

Fig. 13. Plaza Mayor de Tlaxcala en 1585. Trazado ortogonal actual del entorno de la Plaza Mayor. Plano de Tlaxcala, fundada en 1526-28



Figura 14. Soportales del palacio del Gobierno de Tlaxcala con las pinturas murales del mestizaje, obra de Desiderio H. Xochitiotzin, que se encuentra en el centro de la fotografía con sombrero blanco, mostrando las pinturas al autor. (Fotos del autor y M.C. Galindo, VII-2001)

Sin los condicionamientos de una trama anterior la fundación de Puebla de los Ángeles en 1531 alcanza una estructura urbana de una regularidad y tamaño de manzanas desconocidos en Europa: “manzanas de 180 x 90, reparto regular de solares de unos 2.000 m2, calles de más de 13 metros de ancho, formando una malla rectangular uniforme con el gran vacío de la plaza mayor”30. En adelante la plaza central se convierte en el centro donde se edifican las sedes del poder civil y religioso y que orienta el plano. Todavía hoy en el plano de Puebla uno se puede orientar por el número de la calle y su posición según los puntos cardinales respecto de la plaza mayor o del Zócalo, en cuyo flanco sur se eleva la magnífica catedral: Avenida 3 Poniente o Avenida 2 Norte. (Fig. 15)

Figura 15. a) La reformulación del modelo a partir del foco mejicano en la fundación de Puebla de los Ángeles.b) La orientación actual del plano de Puebla de los Ángeles



La gran plaza central y monumental, primera referencia de la cuadrícula

La plaza, primera referencia en las instrucciones de Hernán Cortés se convierte en el punto de partida y referente espacial en México, en Tlaxcala, en Puebla y, en adelante, en cualquier ciudad fundada por los españoles en el Nuevo Mundo. El profesor mexicano Sánchez Carmona afirma: “Esta plaza que para nosotros es sinónimo de ciudad, punto de referencia fundamental para ubicarnos, no es un espacio que podamos encontrar con facilidad en la Europa de época, y con mayor dificultad en España”. En primer lugar las dimensiones de las americanas son mucho mayores (230 m de lado la de México, aunque hay que contar con remodelaciones y ampliaciones posteriores) y siempre centrales – en las costeras, semicentrales y en relación con el puerto- frente a las de las viejas ciudades españolas, donde muchas se construyen en el Renacimiento en zonas de expansión o en una de las puertas o salidas (por ejemplo, la Plaza Mayor de Valladolid, al oeste del centro, replanteada en la segunda mitad del XVI, tras el incendio). Sólo encontramos plazas centrales en los pueblos y villas fundadas “ex novo” en la baja Edad Media, como en el sur de Teruel, en Castellón, Mallorca, Andalucía o fuera de la península Ibérica en las bastidas. Otra de las diferencias estriba en que, salvo en estas últimas fundaciones, lo normal en la ciudad europeo-medieval era que los edificios de las instituciones públicas como la iglesia, el ayuntamiento, el mercado o el palacio real se ubicaran en distintas partes del plano, generando atrios o pequeñas plazas, mientras que en el caso de la ciudad hispanoamericana, a partir del foco de reinnovación mexicano, todos los edificios de las instituciones públicas tienden a asomarse a la plaza. Todavía las primeras ciudades en América repiten el esquema más común en España que era el de la dispersión de los edificios públicos, aunque la iglesia en Sto. Domingo o Panamá se emplace en contraesquina respecto de la plaza municipal, como hemos visto sucedería en el plano de Tlaxcala, perdurando hasta hoy. Algo así ocurrió inicialmente en México, donde el primer espacio público fue la plaza del Marqués, limitada al oeste por las casas de Cortés, sede a partir de 1528 de la Audiencia y palacio virreinal desde 1531. Al sur, la Catedral separaba esta plaza de la del Mercado, más amplia y limitada al oriente por las Casa Nuevas de Cortés, antiguo palacio de Moctezuma y virreinal desde 1562, que es cuando pasa a ser la plaza principal, dejando marginado al cabildo, que desde 1527 se reunía en el edificio meridional de la plaza (hoy del Zócalo): mercado, palacio virreinal, ayuntamiento y catedral acaban centralizándose en la gran plaza mayor mexicana, constituyendo en adelante un modelo para Hispanoamérica.

Figura 16. La plaza mayor mejicana, hoy plaza del Zócalo, en la que es patente la grandiosidad y monumentalidad. (Foto del autor, VII-2001)

La plaza central, cuadrangular, espaciosa, muchas veces soportalada y bordeada por los edificios públicos monumentales, llámese del Zócalo o de la Constitución (México, Tlaxcala y Puebla), de las Armas (Lima) o simplemente Mayor, es el foco geométrico-geográfico de la ciudad hispanoamericana y un símbolo del poder colonial, que, en principio, quiere expresar la utópica ciudad cristiana más que la renacentista y la influencia directa del urbanismo hispánico bajomedieval que alumbró en Castilla desde el modelo de las pequeñas plazas mayores, como la de Tordesillas la excéntrica de Valladolid en el XVI y, antes, en Aragón desde las villas de colonización, plazas centrales que llegaron a teorizarse en el siglo XIV por Eximeniç. Por ello, si como afirma Morris, la gran aportación del urbanismo español al europeo en la primera Edad Moderna es la plaza mayor incorporada a la ciudad peninsular de crecimiento orgánico, como lugar de celebración de espectáculos públicos a partir del espacio mercantil, en el caso de la plaza mayor hispanoamericana, integrada desde el principio en el centro de la ciudad planificada, estamos ante la gran aportación española al urbanismo universal desde una experiencia urbanístico-colonizadora, que se remonta en Aragón al siglo XIII y que en Andalucía (Corona de Castilla) se seguía dando coetáneamente. Dicha experiencia es desconocida por los historiadores del urbanismo que suelen fijarse exclusivamente en las famosas plazas mayores de las grandes ciudades como Valladolid, Madrid o Salamanca, así el citado urbanista inglés generaliza diciendo que: “fueron episodios urbanos aislados y extraordinarios sin relación alguna con el contexto en que fueron esculpidas, presentando una característica despreocupación por los modelos preexistentes. No existen ni grandes avenidas de acceso… ni tampoco ninguna ampliación significativa fuera de sus perímetros rectilíneos, ni siquiera un principio de conexión intencionada con el resto de la ciudad”31. Ya hemos visto cómo en las villas de repoblación del periodo gótico aragonés desde el centro de las plazas mayores se articulaba el trazado viario en cruz, que organizaba el entramado cuadricular urbano, prolongado por los caminos rurales al territorio exterior; es el modelo que se difunde al resto de la Corona y de la Península, trasladándose después a Hispanoamérica.



La influencia relativa del Renacimiento y el mayor valor de la utopía cristiana

Para algunos urbanistas la regularidad del plano, centralizado por la plaza monumental y ciertos hallazgos históricos conducen a relacionar directamente el del México fundacional con las ideas renacentistas. Así Tovar de Teresa, estudiando al virrey Mendoza (1535-50), ferviente admirador del Renacimiento, escribe: “Hacia 1539 el virrey ha leído y anotado abundantemente el célebre tratado De re aedificatoria de Alberti que describe la ciudad ideal por la armonía, la correspondencia y la concordancia de las partes con el todo en la oposición de la concepción medieval de la ciudad”32. Pero dicho Virrey durante su mandato –según ha demostrado Sánchez Carmona33- no modificó la traza original realizada por Alonso García Bravo para que Cortés distribuyera los primeros solares entre sus conquistadores y que continuaría el Cabildo entre los nuevos vecinos, hasta repartir más de 300 solares. Como afirma Betrán, refiriéndose a las primeras fundaciones urbanas españolas: “es difícil justificar por la influencia de la poca difundida teoría arquitectónica humanística esa experiencia, dispar, dispersa y acometida por hombres, a los que no puede suponérseles conocimiento de estas fuentes (por lo demás, escritas o traducidas en fechas posteriores). Más verosímil es ver esa experiencia como continuación de la adquirida en la península ibérica durante los cuatro siglos anteriores, en los que la Reconquista se acompañó con la colonización territorial, basada en la fundación o repoblación sistemática de ciudades y villas”34. Se podría argumentar también el paso de Cortés por la Universidad de Salamanca para hablar de una cierta formación renacentista en el gran conquistador, pero aparte de contraargumentar con el escaso aprovechamiento del mal estudiante, lo importante es señalar que el alarife de México es el mismo que el de las anteriores ciudades, trazadas desde las Instrucciones de Fernando, el rey aragonés. Por otro lado, de haber conocido Hernán Cortes y Alonso García la obra de Alberti su trazado ortogonal habría jerarquizado, como planteaba la obra renacentista y no uniformado las calles, según la tradición urbanística de la repoblación aragonesa.

La impronta renacentista, aunque con influencias mudéjares e indígenas, es más demostrable en la posterior arquitectura de los monumentos religiosos y civiles que se asoman a la plaza. Bien es verdad que en la historia del urbanismo siempre hay menos cesuras que las que se advierten entre los sucesivos estilos artísticos de arquitectura o pintura; por lo que es más fácil aceptar un proceso urbanístico de innovación-difusión, iniciado siglos atrás al otro lado del Atlántico y reformado, en la praxis primero, por las nuevas circunstancias territoriales y culturales del Nuevo Mundo, teorizándose posteriormente, a partir de la utopía cristiana medieval más que de la renacentista, directamente enraizada en la cultura grecorromana.

Como es sabido la demanda urbanística europea en el siglo XVI fue escasa, en cuanto que la mayor parte de las ciudades del Viejo Mundo nacieron o renacieron a partir del siglo XI (salvo las de Al-Andalus, Venecia, desarrollada ya en el X y pocas más) quizá por ello la tratadística arquitectónica del Renacimiento en materia urbanística es rala, si exceptuamos las referencias al códice vitruviano, traducido al italiano por vez primera en 1521, y que si bien es muy claro en como debe ser el perímetro amurallado ( “Las ciudades no deben ser cuadradas, ni de ángulos agudos, sino a la redonda…”, Vitruvio, Libro I, Cap. V, 34); no lo es tanto cuando en el capítulo siguiente se refiere a “la recta distribución y situación de los edificios de muros adentro”: “Concluido el giro de los muros, se sigue dentro la distribución de su recinto, con la dirección de calles y callejones a las regiones celestes. Delinearanse estas con acierto, si se procuran abrigar en lo posible de los vientos…”(Libro I, Cap. VI, 40). Hay también algunas propuestas de León Bautista Alberti en De re aedificatoria (1453-85) y de Andrea Palladio en el Tercer Libro de Arquitectura II (1570). Pero, como ha señalado Betrán, dichas propuestas “demuestran poca simpatía por la ciudad y un utilitarismo alicorto, muy alejado de la ciudad concebida como perfecto artefacto estético y racional de Eximeniç y Jaime II de Mallorca”35. El arquitecto citado, buen conocedor de la obra de Alberti36 y Palladio, busca la utopía más en Eximeniç que en el Renacimiento, ya que el monje franciscano a finales del siglo XIV formula un esquema urbano que “comprende al mismo tiempo la experiencia del campamento y la ciudad de fundación romana, la ciudad ideal apocalíptica y lo visto en las ciudades aragonesas de Levante y Mallorca”37. La utopía urbana en el Nuevo Mundo no se alejara de dicha concepción, cuando una vez fijada la geometría cuadricular se intente teorizar y sacralizar como modelo.

Jérôme Monnet38, en su tesis doctoral, es quien más ha profundizado en la utopía de la ciudad hispanoamericana, centrándose en “la parábole de México” y tras analizar los testimonios de Cortés, Bernal Díaz del Castillo y Cervantes de Salazar llega a la conclusión, como Betrán, de “que los españoles han desembarcado en Méjico con un modelo de ciudad bien establecido.” Luego, apoyándose en el ya citado Sánchez Carmona, dice que: “en Europa la tradición de la ville neuve medieval se había visto renovada por el redescubrimiento del urbanismo antiguo desde fin del siglo XIV: El franciscano Eximeniç describe qué forma debe tener una ciudad bella o bien edificada”39. Pero esta cita de Sánchez Carmona sólo es aceptable en parte: Eximeniç alude en su obra a los filósofos griegos y a los sabios cristianos (San Agustín y Santo Tomás) para defender la ciudad cuadrada como la utopía de belleza y de orden, pero no cita a los urbanistas clásicos como Hipodamos o Vitruvio40, por tanto no hizo directamente un redescubrimiento del urbanismo antiguo, sino una recuperación de ideas filosóficas sobre la ciudad ideal.

Más asumibles son las alusiones de J. Monnet a la utopía de Tomás Moro o a la del franciscano Molinía que entroncan con la utopía eximeniana.

Es Amaurota, la capital de Utopía, la imagen que –según Monnet- los conquistadores dan de Tenochtitlan en las crónicas inmediatas del mismo Hernán Cortés o las más tardías de Bernal Díaz del Castillo. Una imagen que el propio T. Moro crea en 1516, inspirado en los relatos de los primeros viajeros transatlánticos y que los conquistadores quieren encontrar en la capital azteca: “Quien ha visto una ciudad de Utopía las ha visto todas, tan semejantes son unas de otras, en cuanto lo consiente la naturaleza de cada lugar… Amaurota se halla situada en el suave declive de un monte y tiene forma casi cuadrada… Las plazas son convenientemente dispuestas, tanto para el transporte, como para abrigarse del viento, las calles tienen veinte pies de ancho”41.

La utopía cristiana, que inspira el ideal de la ciudad cristiano-medieval, a partir de la Jerusalén celestial, la ciudad cúbica del Apocalipsis de San Juan (y que estuvo presente en la fundación de Jaca en 1076 por el rey Sancho Ramírez, que poco antes había ido de peregrinación a la Roma papal), aparece recogida en la Historia de los indios de la Nueva España del franciscano Motilinía (Fray Toribio de Paredes) en 1541. Según Monnet la conquista sólo provoca la sustitución del contenido en una misma forma urbana: “Oh México…! Tú eras una Babilonia llena de confusiones y males: ahora tú eres otra Jerusalén, madre de provincias y reinos”42. El misionero Fray Toribio de Paredes o de Benavente43, contrapuso en la tradición judeo-cristiana la profana Babilonia a la Jerusalén celestial del Apocalipsis. La Jerusalén del libro veterotestamentario de Ezequiel ya expresaba una regularidad por lado de 4.500 codos, según los cuatro puntos cardinales, y con un perímetro, por tanto, regular que “medirá un total de dieciocho mil codos. Y desde aquel día el nombre de esta ciudad será Yavé está allí”44. Es decir, en el libro de Ezequiel ya hubo una sacralización de la regularidad pagana, puesto que la Babilonia conocida por los israelitas ya era al madurar el imperio mesopotámico una ciudad regular, según las excavaciones arqueológicas. Aquí, en México, para Motolinía el paso de la Tenotichtlan azteca a la nueva ciudad hispanoamericana es también transformar Babilonia en Jerusalén, sobre similar traza. Pero el fraile Motolinía más que inspirarse en Ezequiel debió buscar la parábola en el Apocalipsis de San Juan, que describe la Jerusalén celeste con similitudes de la de Ezequiel, pasando de las 12 tribus a los 12 apóstoles: “Tenia un muro grande y alto con doce puertas; sobre las puertas, doce ángeles y nombres escritos, los de las doce tribus de los hijos de Israel. Al Oriente, tres puertas; al norte, tres puertas; al mediodía tres puertas; al occidente, tres puertas. El muro de la ciudad tenía doce fundamentos(…). La ciudad es un cuadrado y su largura es igual que su anchura. Midió la ciudad con la medida; doce mil estadios. Su largura, su anchura y su altura son iguales…La Plaza de la Ciudad de oro puro, como cristal transparente. No vi en ella ningún templo, porque su Templo es el Señor”45. La orientación según los puntos cardinales, por otra parte, estuvo presente en el conjunto ceremonial de Teotihuacan, dentro de la cultura prehispánica, y en la fundación de Jaca por Sancho Ramírez en el siglo XI, desde la utopía neotestamentaria. La inspiración apocalíptica de las estructuras urbanas del Nuevo Mundo estuvo más presente, como es lógico, en los conjuntos religiosos. Así, por ejemplo, el claustro de la primera catedral de Nueva España, la de Tlaxcala, según me mostró “in situ” el citado artista Desiderio Hernández, responde a la Jerusalén Celestial, tanto por ser un cubo regular, como por los doce pilares, que evocan a los doce apóstoles (Fig.17).

Figura 17. La catedral de Tlaxcala junto con su atrio y claustro configuró un espacio cúbico de origen apocalíptico, según el pintor y cronista de la villa, Desiderio H. Xochitiotzin, que figura en la foto con sombrero blanco en mano. (Foto del autor, VII-2001)

Es interesante observar cómo, en relación con la ciudad y el territorio, este libro del Nuevo Testamento es una utopía más acorde con la colonización hispanoamericana, a base de ciudades de servicios, articuladoras del territorio, y de centros de evangelización, en el caso de las congregaciones y reducciones, también de traza regular, en torno al conjunto misional, que la del libro veterotestamentario, en que primero Yahvé divide la tierra prometida regularmente, a partes iguales entre las doce tribus de Israel, sorteando las heredades y después reserva el espacio central, del territorio sagrado acotado para los Sacerdotes, para el Santuario de Yahvé. En el territorio de los levitas: “Los cinco mil codos que quedan de la anchura de las veinticinco mil serán un terreno profano para la ciudad, para sus construcciones y sus pastos. La ciudad quedará en medio y tendrá 4.500 codos de lado”46. Es decir primero se reparte el territorio y luego se traza en su interior la ciudad regular y el templo.

Como se ha demostrado recientemente para la colonización norteamericana, al Oeste del Ohio en townships47, fue el Libro de Ezequiel una de las fuentes de inspiración de los colonizadores protestantes, de raíz puritana, que suscita en la época de Jefferson la ley del suelo de 1785 (Land Ordinance) para repartir equitativamente el suelo agrícola: primero se traza la cuadricula territorial de 6 millas de lado, antes de fundar iglesias y ciudades, centralizadoras de una economía rural y normalmente emplazadas en los cruces del entramado cuadricular que aprovechaban los caminos rurales. En el caso hispanoamericano, sobre todo a partir del foco de reinnovación mexicano, primera es la ciudad o la misión ( “reducción”) y luego se estructura el territorio o se aprovechan las infraestructuras viarias y parcelario-rurales de las civilizaciones prehispánicas, como sucedió, sobre todo, con la inca y el mundo andino.

La contraposición entre los dos modelos de colonización y ordenación territorial fue expuesta en la historia del pensamiento geográfico, sin aludir a las utopías, por Jean Gottman en L’Amérique48: la colonización anglosajona y de raíz protestante de Norteamérica, que avanza hacia el Oeste mediante un frente continuo, apoyado en una cuadrícula territorial, en contraste respecto de la iniciada tres siglos antes en Hispanoamérica, de inspiración católica y centrada en las ciudades cuadriculares, organizadoras del territorio. Bien es verdad que sería demasiado simplista contraponer dos modelos bíblicos, a su vez interdependientes, cuando los conquistadores españoles se encontraron con civilizaciones urbanas (azteca, inca, maya…) mientras que en las grandes llanuras norteamericanas, los colonizadores anglosajones se enfrentaron a tribus, que normalmente todavía no habían conocido la revolución neolítica y pudieron organizar ex novo todo el territorio, comenzando por su explotación agrícola y pecuaria. 

Una vez consolidado como fórmula racional y eficaz, dentro del proceso de innovación-difusión-reinnovación-redifusión, la tendencia del modelo cuadricular urbano a teorizarse y sacralizarse es algo habitual en los avances colonizadores, tanto en el Imperio Romano, tal y como lo describiera Pierre Grimal49 como en el caso de la Corona de Aragón50. Desde que la antigüedad griega asoció mística y geometría - según Paul Claval51- se puede considerar que la cuadrícula de las ciudades nuevas participaba de la búsqueda de una armonía entre la ciudad terrestre y el orden celestial. Aquí, en el caso hispanoamericano, vemos que la sacralización aparece de la mano de la evangelización católica simbolizando la Jerusalén Celestial, en un territorio en el que la civilización urbana prehispánica había sacralizado paisajes urbanos ortogonales como el de Teotihuacan o el de la propia Tenochtitlán, incluso antes de que se oficialice con precisión por la Corona española. Porque si bien Carlos I dio un paso importante al establecer en las Ordenanzas promulgadas en 1526 la regularidad del trazado de planta de las nuevas poblaciones, consolidando lo ordenado por Fernando el Católico en 1513, no sería hasta las Ordenanzas de descubrimiento y población de 1573, dadas por Felipe II, cuando se precisara el modelo urbanístico con detalle, recopilando las leyes y cédulas que desde ochenta años antes se habían ido dictando. Las normas filipinas reflejan una reelaboración desde el espíritu renacentista de lo promulgado hasta entonces, pero en 1573 ya estaban levantadas la mayor parte de las ciudades hispanoamericanas: “Se haga la planta del lugar repartiéndola por sus plazas calles y solares a cordel y regla, comenzando desde la plaza mayor…”52.

La plaza mayor es el centro del centro del poder y del orden territorial de la colonia que es la ciudad. La ciudad colonial, para los teóricos de la geopolítica, es “una máquina de colonizar”, que debe imponer un orden y un poder venidos del exterior, es “un aparato reproductor de un proyecto de sociedad”, un “organismo regulador de relaciones entre colonizadores y colonizados”, cuya plaza Mayor –llamada todavía en algunas ciudades hispanoamericanas, como Lima, Plaza de Armas, plaza del poder militar metropolitano- evoca por sus dimensiones y monumentos civiles, militares y religiosos “la imagen de una inmensa potencia, la imagen de Dios, y del Emperador, la imagen del colonizador”53. La plaza cuadricular es el centro dominante de la ciudad cuadricular, como esta, lo es a su vez, del territorio colonial que administra. La ciudad, portuaria o interior, se integra en un sistema colonial de ciudades dependiente de la metrópoli. 



Notas

*Esta publicación recoge un avance de los resultados del proyecto de investigación del Programa Nacional de promoción general del conocimiento de la Secretaría de Estado de Política Científica (nº BHA2000-1235)

1. Le Corbusier en El Espíritu nuevo en Arquitectura señalaba como lo primero que se le ocurriría de forma innata para organizar el espacio es partir de una cruz. Morris en su Historia de la forma urbana (pp. 347-348) en relación con la traza regular hispanoamericana, que empieza a aplicar Ovando en la fundación de Santo Domingo en 1502, dice que: “existen algunos autores que en el intento de establecer razones intelectualmente satisfactorias para explicar esos sencillos modelos de calles rectilíneas optan tercamente por ignorar la cuestión fundamental que se planteaba a las autoridades de toda nueva ciudad de como empezar lo antes posible…Si a la invariable necesidad de rapidez se añade el requisito característico de obtener una equitativa distribución del suelo urbano, entonces las sencillas razones para una retícula a conveniencia de topógrafo –como hemos optado por denominarla- resultan evidentes”, cuando sólo se dispone de un equipo topográfico rudimentario.

 2. Así por ejemplo, entre otros autores, Borah, Lluberes, Palm y Torres Balbás, según S. Carmona (Sánchez Carmona, M.: “Desarrollo de la ciudad en la colonia”, 1992) dan una versión sobre el origen único de la traza regular hispanoamericana, cuyo modelo: “hay que ubicarlo en la larga tradición occidental consolidada ya en la época de los griegos, desarrollado por los romanos en sus “castrum”, continuada en la Alta Edad Media con las bastidas, siendo el último eslabón, el campamento de los Reyes Católicos en Santa Fé de Granada”

3. Respecto de los antecedentes de la traza en damero de la ciudad hispanoamericana mediante argumentos históricos ver las obras de: Chueca Goitia y Torres Balbás: Planos de las ciudades iberoamericanas y filipinas. IEAL, Madrid, 1951. Terán, F.: La ciudad hispanoamericana. El sueño de un orden. CEHOPU, Ministerio de Fomento, Madrid, 1989 (reed. en 1997). Respecto de las comparaciones morfológicas ver la aportación de García Fernandez, J.L.: “Trazas urbanas hispanoamericanas y sus antecedentes” en la op. cit. de F. Terán: La ciudad hispanoamericana

4. Gottman, J.: L’Amérique. Lib. Hachette, Paris, 1965. García Zarza, E.: La ciudad en cuadrícula o hispanoamericana. Universidad de Salamanca, 1996, 195 pp.

5. Quesada, S.:La idea de ciudad en la cultura hispana en la Edad Moderna. Col. Geocrítica .Textos de apoyo, nº 11, Univ. Barcelona. Barcelona, 1992, 273 pp.. Monnet, J.: La ville et son double. La parabole de Mexico. Ed. Natham. Paris, 1993, 224 pp.

6. “Pour une relecture de l’urbanisme médiéval. Processus transpirénéens d’innovation et de difusión” (V. Berdoulay et V. Bielza, Sud-Ouest Européen, nº 8, pp. 75-81, Toulouse, 2000)

7. Bernard, G.: L’aventure des bastides. Ed. Privat, Toulouse, 1993

8. Alomar, G.: Urbanismo regional en la Edad Media: las Ordinaciones de Jaime II (1300) en el reino de Mallorca, Barcelona, 1976, 120 pp.

9. Bielza de Ory, V.:” La ciudad regular aragonesa y su influencia en el urbanismo regular posterior”. Aragón en la Edad Media, XVI, Univ. Zaragoza, Zaragoza, 2000, pp.25-43. El fuero de Jaca fue concedido o adoptado como propio por otros lugares, en el reino de Aragón y fuera de él, como Estella, Sangüesa, y el barrio de San Cernín de Pamplona en Navarra. Cuando en 1187 Alfonso II confirmó el derecho de Jaca, hizo la siguiente declaración:”Sé que de Castilla, de Navarra y de otras tierras suelen venir a Jaca a aprender buenos fueros y costumbres y llevarlos a sus lugares”. (DELGADO ECHEVERRÍA, J. Cartas de población , fueros yoordinaciones municipales de Aragón. Centro de Documentación Biblográfica Aragonesa, DGA, Zaragoza, 1990, 101 pp.) Con los fueros se llevarían también la costumbre de repartir el espacio urbano como en el ensanche de la fundación de la Jaca urbana: parcelas iguales para hombres iguales y libres a partir de la ortogonalidad.

10. Plano que tuve ocasión de estudiar en 1968, por vez primera de la mano del gran medievalista D. José Mª Lacarra, en Bielza de Ory, V.:”Estella, estudio geográfico de una pequeña ciudad navarra”. Rev. Príncipe de Viana, Pamplona, 1968

11. García Fernández defiende esta opinión en “Trazas urbanas…”

12. Morris: “Historia de la forma urbana…”, p.171, donde, al aceptar Santa Fé como modelo, entra en contradicción con lo expresado en la misma obra en las páginas 347-348, en las que , según hemos visto en la nota 1 no cree en modelos de difusión, para justificar la traza regular de las fundaciones hispanoamericanas, sino en como empezar lo antes posible, repartiendo equitativamente el suelo con medios topográficos elementales. También Sánchez Carmona y otros historiadores, sin embargo partidarios de procesos de difusión de modelos, como hemos visto en la nota 2, sostienen que el último eslabón peninsular de la transmisión a Hispanoamérica es el Campamento de Santa Fé

13. Betrán, R.: El Camino de Santiago y la ciudad ordenada en Aragón, Gobierno de Aragón, 1999, Zaragoza. Prólogo de V. Bielza, donde tuve ocasión de adelantar la posible conexión de las tesis de este arquitecto aragonés, que desarrollaba a su vez las del medievalista Lacarra, con las expuestas por el geógrafo francés Bernard y las mías propias, planteadas después en el citado trabajo sobre “La ciudad regular aragonesa…”, op.cit., nº 9

14. Bernard, G.: op. cit., nota 7

15. Morris: op. cit.,p. 348 y García Zarza. op cit, p. 78.

16. Fernando II de Aragón:”Instrucción dada a Pedrarias Dávila para la población de la provincia de Castilla del Oro”, 1513. (Tomado de R. Betrán: El camino de Santiago…, op.cit., p.89)

17. Hernán Cortés: Cartas de relación de la Conquista de México. Espasa-Calpe, Col. Austral nº 543, México, 14 ed. 1992, 300 pp.

18. García Fernández: op cit, p. 213 y ss.

19. Sánchez Carmona, op.cit.,p.72

20. Hernán Cortés: Cartas de relación de la conquista de México. Op cit. IV Carta año 1524, pp. 213-219

21. Sánchez Carmona, op cit.,p.73

22. Sánchez Carmona, op cit.,p.73

23. Sánchez Carmona, op.cit.,p.74

24. Hernán Cortes, op. cit. IV Carta, año 1524, pp.213-219

25. Sánchez Carmona, op. cit. p.73 y Hardoy, J.:” El modelo clásico de la ciudad colonial”. Simposium del proceso de urbanización en América. Stuttgart, 1968

26. Hernán Cortés: Instrucciones para poblar dadas en 1525. Citado por R. Betrán: op. cit. nota 7, p. 91

27. Vid, García Fernández, op. cit., pp. 134 y 218

28. Hernández Xochitiotzin, D.:”Comentarios a los murales del palacio del Gobierno”. Gob. del Estado de Tlaxcala, Tlaxcala, 1992, p.13

29. Terán, F.: La ciudad hispanoamericana, op cit. p. 113

30. Morris, A.E.J., op. cit., p. 335.

31. Tovar de Teresa, A.: “Antonio de Mendoza y el urbanismo”, en Cuadernos de Arquitectura Virreinal, Fac. Arquit. n2 UNAM, México, 1985, p. 18

32. Sánchez Carmona, op cit. p. 72

33. Betrán, R.: El Camino de Santiago, op cit, p. 90. De un modo más categórico rechaza el inglés Morris (Historia de la forma urbana, pag. 376) “que la influencia de las antiguas teorías romanas en Vitruvio junto a los urbanistas y escritores italianos de finales del siglo XV y principios del XVI fueron las razones principales en virtud de las cuales los españoles adoptaron la retícula. Los exhaustivos estudios realizados demuestran que la mayoría de tales influencias servía únicamente para añadir una justificación intelectual a las ineludibles retículas

34. Betrán, R.: op cit., p. 92

35. Betrán Abadía, R.: León Bautista Alberti y la teoría de la creación artística en el Renacimiento. Col. Of de Arquitectos de Aragón. Zaragoza, 1992, 302 pp

36. Betrán, R., op cit, p 83

37. Monnet, J.: La ville et son double, op cit. Vid. nota 4

38. Sánchez Carmona, J.M.: Plaza y traza de la ciudad de México en el siglo XVI. Ed. Tilde, México 1989.

39. Bielza, V.:” La ciudad ortogonal aragonesa del Camino de Santiago y su influencia en el urbanismo regular posterior” Aragón en la Edad Media XVI,., pp.25-43. Universidad de Zaragoza, 2000.

40. Moro, Tomás: “Utopía”. Edimat Libros.S.A.,Madrid, 1999, pp.70-72.

41. Monnet, J.: op. cit., p. 27

42. Comprometido con los indios hasta el extremo de elegir el apelativo de “motolinía”, por ser vocablo indígena que significa “pobre”, según Hernández Xochitiotzin, D. :Comentarios a los murales del palacio del Gobierno. Gob. del Estado de Tlaxcala, Tlaxcala, 1992,121 pp.

43. Biblia: Libro de Ezequiel 48, 30

44. Biblia: Apocalipsis de San Juan 21,12 y ss.

45. Biblia: Libro de Ezequiel 48, 15-16

46. Corboz en un magnífico artículo “Sur les sources culturelles de la grille territoriale des États-Unis” demuestra que, si vamos más allá de los precedentes locales que algunos aducen, apoyándose en retículas existentes en las anteriores colonias inglesas, adaptadas a la topografía y ni sistemáticas ni orientadas, hay argumentos a favor de tres influencias: la de las centuriaciones romanas, la del racionalismo que inspira la Revolución francesa y la de la Biblia. En este artículo se señala el sentido utópico de la colonización del Oeste en busca de la Tierra Prometida hasta el punto de nombrar a Washington como el nuevo Moisés.

47. Vid. cita 4: Gottman. Esta antinomia sin argumentaciones simbólicas pero con una buena explicación y diseño morfológicos es analizada más recientemente por Morris en la Historia de la forma urbana.

48. Grimal,P.:”Les villes romaines”. P.U.F. Que sais jé?, nº 657, París, 1971

49. Bielza, V.:”La ciudad ortogonal…”, op. cit. vid. nota 29

50. Claval, P.:”La logique des villes, Litec, col. Geog. Economique et Sociale, tome XV, Paris, 1981, 634 pp., p.495

51. Betrán, R.: op.cit.p. 89

52. Rojas Mix, M.: “El urbanismo español como política de colonización en América Latina” en La ville coloniale en Amérique espagnole au XVIII siècle, p.347, Univ de Paris III, 198



Bibliografia citada

ALOMAR, G. Urbanismo regional en la Edad Media: las Ordinaciones de Jaime II (1300) en el reino de Mallorca, Barcelona, 1976, 120 pp.

BERDOULAY ET BIELZA, “Pour une relecture de l’urbanisme médiéval. Processus transpirénéens d’innovation et de difusión” Sud-Ouest Européen, nº 8, pp. 75-81, Toulouse, 2000

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BETRÁN ABADÍA, R. León Bautista Alberti y la teoría de la creación artística en el Renacimiento. Col. Of de Arquitectos de Aragón. Zaragoza, 1992, 302 pp.

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BETRÁN, R. La forma de la ciudad. Las ciudades de Aragón en la Edad Media. Col. Of. de Arquitectos. Zaragoza, 1992,510

Biblia: Viejo Testamento. Libro de Ezequiel

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© Copyright Vicente Bielza de Ory, 2002
© Copyright Scripta Nova, 2002


Ficha bibliográfica:

BIELZA DE ORY, V. De la ciudad ortogonal aragonesa a la ciudad cuadricular hispanoamericana como proceso de innovación-difusión, condicionado por la utopía. Scripta Nova. Revista electrónica de geografía y ciencias sociales, Universidad de Barcelona, vol. VI, núm. 106, 15 de enero de 2002. www.ub.es/geocrit/sn/sn-106.htm [ ISSN: 1138-9788]


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