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Scripta Nova
REVISTA ELECTRÓNICA DE GEOGRAFÍA Y CIENCIAS SOCIALES
Universidad de Barcelona. ISSN: 1138-9788. Depósito Legal: B. 21.741-98
Vol. VII, núm. 140, 1 de mayo de 2003


LOS GRANDES ALMACENES EN BARCELONA

Patrícia Faciabén Lacorte
Licenciada en Geografía, Universidad de Barcelona

Los grandes almacenes en Barcelona (resumen)

El presente artículo pretende hacer un repaso histórico a los principales grandes almacenes que han existido, y en algunos casos aun existen, en la ciudad de Barcelona. A lo largo de los mas de cien años de historia que han transcurrido des de la apertura del primer gran almacén en la ciudad, los almacenes El Siglo en 1878, hasta los actuales almacenes El Corte Inglés, la sociedad barcelonesa ha vivido importantes cambios que se han visto reflejados en estos edificios.

En la primera parte del artículo se explican los principales cambios sociales, económicos y productivos acaecidos a finales del siglo XIX y principios del XX que quedaron plasmados en un nuevo sistema económico basado en el consumo. La segunda parte se centra en explicar las características técnicas y arquitectónicas de los edificios que albergan grandes almacenes y su evolución estructural.

Palabras clave: Barcelona, galerías comerciales, comercio tradicional, gran almacén

Stores in Barcelona (Abstract)

This article tries to be a historic revision of the main Stores that have existed, and in some cases, remain in the city of Barcelona. Throughout the most of a century passed since the opening of the first Store in the city, El Siglo Store in 1878, to the present El Corte Inglés Store, the Barcelona’ society has lived important changes that are reflected in their buildings.

In the first part of the article, the main social, economic and productive changes happened in Barcelona between the end of the 19th Century and the beginning of the 20th are explained. These changes were represented in a new economic system based on the consumption. The second part of the article is, basically, the description of the technical and architectural characteristics of the buildings that lodge the Stores and their structural evolution.

Keywords: Barcelona, shopping gallery, traditional store, store

En el presente artículo[1] se analiza la aparición y la evolución de los grandes almacenes en la ciudad de Barcelona. La estructura del trabajo pretende mostrar en la primera parte el cambio en la mentalidad de la sociedad de finales del siglo XIX y principios del XX, y su relación directa con los cambios producidos en las formas de comercio; la transición hacia una sociedad basada en el consumo llevó a la creación de grandes espacios dedicados al comercio, en los cuales los ciudadanos podían satisfacer sus deseos consumistas de todo tipo de bienes. La segunda parte está dedicada a explicar las principales características arquitectónicas y estructurales de los edificios, además de hacer referencia a los productos vendidos y los sistemas de venta. La carencia de estudios basados en este tipo de estructura comercial en Barcelona justifica la realización de este trabajo[2].

Consumo de masas y grandes almacenes.

El fenómeno del consumo de masas surgió como consecuencia del proceso de industrialización de la segunda mitad del siglo XIX, con la incorporación de la máquina en el sistema productivo y la asimilación de la nueva organización del trabajo, destacando en este nuevo sistema la realización de turnos laborales y la adopción de la producción en cadena[3]. Todos estos cambios permitieron la generación en masa de productos estandarizados, que podían ser absorbidos por el grueso de la población, debido al considerable descenso de su precio y al crecimiento de la población urbana asalariada, que ahora disponía de medios económicos suficientes para acceder a la compra de bienes de consumo.

Paralelamente al incremento de la productividad, la mejora de los sistemas de transporte – ampliación de la red ferroviaria, mejoras en la comunicación por carretera y aumento de la capacidad de carga y almacenamiento del transporte marítimo- hizo posible un crecimiento proporcional de la actividad comercial. El aumento general del consumo dio lugar a la transformación del pequeño comercio tradicional y, más tarde a la aparición de los grandes almacenes en los centros de las ciudades.

El gran almacén no solo representaba la sede del consumo, sino que también significó la manifestación del sistema capitalista. Los grupos industriales veían a las clases populares como consumidores potenciales, para dar salida a la creciente oferta de productos. Por su parte estas clases populares se vieron beneficiadas por un aumento de poder adquisitivo que les permitía la compra de una gran variedad de artículos. Esto representó un cierto acercamiento a los niveles de vida de las clases burguesas por parte de las clases medias y populares, lo que hasta entonces había sido impensable. En los grandes almacenes las clases populares se mezclaban con la burguesía, podían imitar sus modas y costumbres durante la acción común del consumo. Estos comercios no estaban dirigidos únicamente a cubrir las necesidades de las clases media y alta, sino que pretendían llegar a toda la población.

El gran almacén permitía la adquisición de una gran variedad de productos, con una amplia gama que se adaptaría a los distintos gustos personales. Pero no solo se acudía a los grandes almacenes para comprar, sino que se convirtieron en el lugar ideal para pasear observando los nuevos productos que llegaban al mercado. De alguna manera el “ir de compras” se fue convirtiendo en un hecho común y en una forma de ocio.

Se implantaron nuevos sistemas de venta, una nueva organización del trabajo y un sistema de mercadotecnia enormemente complejo y desarrollado. Entendiendo por mercadotecnia una infinidad de estrategias comerciales destinadas a asegurar un consumo capaz de mantener toda la compleja organización de los grandes almacenes.

El conjunto de innovaciones en el sistema comercial de los grandes almacenes se basó en unas formas de venta completamente distintas a las formas tradicionales. El consumidor se beneficiaba de una amplia oferta de productos nuevos, unos precios fijos sin los descuentos y regateos propios del sistema tradicional, pago inmediato, rebajas de temporada, un sistema de venta fuera de la presión del vendedor, entre otros.

Tampoco debe olvidarse que el comercio significa el mayor porcentaje de población ocupada dentro del sector terciario, en una ciudad como Barcelona, lo que permite entrever la importancia de esta actividad en la economía de un país[4]

Los primeros almacenes aparecieron en los países pioneros en desarrollar el nuevo sistema económico: Gran Bretaña y los Estados Unidos. En las ciudades europeas se extienden aproximadamente a partir de 1880. Así sucedió en Berlín, con sus famosos almacenes Wertheim[5], obra del arquitecto Alfred Messel. En París, los almacenes Le Samaritaine (fig. 1) se construyeron en la primera década del siglo XX y son obra del arquitecto Frantz Jourdain. Cinco años mas tarde el propio Jourdain en colaboración con G. Bourneuf diseñaron Le Samaritaine de Luxe. A partir de esa fecha y hasta nuestros días, irán sucediéndose en el tiempo hasta adquirir una gran importancia en la configuración del espacio urbano.

Figura 1. Panorámica de los parisinos almacenes Samaritaine
Fuente: www.paris.org

Los arquitectos y técnicos  de Barcelona de finales del siglo XIX y principios de siglo XX, conocían y aplicaban en sus construcciones las  modernas tendencias europeas. Ya en los primeros conjuntos comerciales, como es el caso de los pasajes, se nutrían de ideas y técnicas extranjeras. Un ejemplo destacado lo encontramos en el pasaje del Crédito, entre las calles Ferran y Baixada de Sant Miquel, diseñado en 1879 por el catalán Magí Rius i Mulet[6], el cual utilizó el cristal y el hierro magistralmente. El pasaje del Crédito siguió el modelo de otros famosos pasajes europeos, como el Burlington Arcade de Londres, construido en 1819, las majestuosas galerías de  Vittorio Emmanuele en Milán, inauguradas en 1877, las Galerías Reales de Bruselas o el Passage des Panorama de París, por citar algunos ejemplos.  Las galerías comerciales eran verdaderas calles interiores cubiertas de vidrio traslúcido que concentraban todo tipo de bienes de consumo y están muchas veces ligadas a procesos de transformación de los núcleos antiguos, comunicando calles y plazas céntricas. Este es el caso del barcelonés pasaje Bacardí[7] (fig. 2), construido en 1856, el cual formó parte de los planes de reforma del centro antiguo de Barcelona, y con la urbanización de la Plaza Reial, construida en el solar del antiguo convento de los capuchinos -obra de arquitecto Francesc Daniel Molina-.

Figura 2. Pasaje Bacardí
Fuente:www.spanishinbarcelona.com

La localización de los grandes almacenes en los centros de las ciudades ha significado una profunda alteración de la morfología y composición comercial, dando lugar a un modificado y característico paisaje urbano. La primera forma de concentración comercial dentro de la ciudad fueron, como ya hemos comentado, los pasajes comerciales. Se situaban en la zona comercial principal de las ciudades y facilitaban la comunicación entre dos calles frecuentadas.

El siguiente paso fue concentrar la venta de diferentes artículos en un solo edificio construido con este fin. Estos grandes almacenes obedecen a unos patrones de localización muy determinados dentro de las grandes urbes metropolitanas. En su inicio se localizan en los centros de las ciudades, áreas de alta densidad de población y que por su accesibilidad permiten reunir a un gran número de consumidores potenciales, aunque debemos tener en cuenta que frecuentemente el área de influencia ejercida por el gran almacén sobrepasa ampliamente los límites de la propia ciudad.

Este poder de atracción hacia consumidores procedentes de áreas más alejadas, viene dado por la variedad de artículos ofrecidos, así como por la calidad, los precios asequibles, la flexibilidad horaria y los cada vez más numerosos servicios innovadores que ofrecen. Debe destacarse también la facilidad de acceso en transporte público a las áreas centrales en donde se ubican estos almacenes, así como las facilidades de aparcamiento que ofrecen.

En el caso concreto de la ciudad de Barcelona, la actividad comercial se remonta a los antiguos mercados medievales. El siglo XIX ve aparecer otro tipo de comercios especializados de nuevo estilo que se situaron, en su inmensa mayoría, en la Rambla, el nuevo centro neurálgico de la ciudad a finales del ochocientos, y en las nuevas calles Ferran y Jaume I, en la plaza Reial, en las calles adyacentes de Bacardí, Colom, Madoz, Crédit, Canuda y en la calle y la plaza de Santa Anna. En cambio las calles de la Boqueria, del Call, Sant Pau, Hospital y del Carme, siguieron fieles a los comercios tradicionales. Se comprende que los establecimientos de moda sentían atracción por las vías modernas que, además, tenían una situación céntrica, en cuyos edificios se podía disponer de amplios locales, mientras que en las otras calles de la ciudad antigua las tiendas, a excepción de los lugares destinados a almacén, eran más pequeñas.

La aparición de los grandes almacenes en Barcelona: de El Siglo a El Corte Inglés.

Los primeros almacenes que aparecieron en Barcelona fueron los Grandes Almacenes El Siglo, inaugurados en el año 1878, obra del arquitecto Leocadio Olivarria. Recordados como un magnifico exponente de la potencialidad mercantil barcelonesa, El Siglo significa algo más que un establecimiento comercial, era motivo de orgullo para los ciudadanos. Tenía siete pisos y una superficie de 149.464 palmos cuadrados de planta, distribuidos entre los números 10, 12 y 14 de la antigua Rambla dels Estudis. Su destrucción a causa de un gran incendio en el año 1932, forzó el traslado a otra calle céntrica y de gran accesibilidad, la calle Pelai, concretamente en el nº 54[8], donde existía ya un edificio comercial conocido con el nombre de Can Damians, que había sido construido en 1915; se trata del establecimiento donde se encuentra actualmente los almacenes C&A.

En el momento de su construcción, Can Damians representó toda una innovación en la estructura de los centros comerciales de la época, debido a su carácter monumental[9].

Su fachada y especialmente su cúpula de vidrio y hierro, sigue siendo un símbolo muy reconocido de la calle Pelai. Su planta diáfana[10] se anticipaba ya a la tendencia que se seguirá posteriormente en la estructura de los centros comerciales. Este edificio sería catalogado como Patrimonio Monumental por el Servicio de Protección en 1987, lo que demuestra su importancia arquitectónica.

También en esa misma época, en 1917, se ocuparon los bajos de los edificios nº 22, 24 y 26 de la misma calle Pelai, para establecer los Almacenes Capitol, dedicados en su primera etapa a la importación de cristal de Alemania, para más tarde, y tras dos ampliaciones[11]– una primera en 1949 y la segunda veinte años después -, adecuarse como centro comercial. La aparición de este centro en la calle Pelai responde a la existencia de suficiente demanda y a la importancia comercial de primera categoría de dicha calle. Los Almacenes Capitol fueron construidos en el centro de Barcelona ocupando el poco espacio libre que aun quedaba, extendiéndose por el interior de la manzana y por unos antiguos jardines particulares. En la década de1980, afectados por una grave crisis, generalizada en la mayoría de centros comerciales, los Almacenes Capitol cerrarían las puertas con un déficit considerable[12].

Otros almacenes de gran significado urbano serían los almacenes Jorba. Las reformas llevadas a cabo en la calle Portal de l’Àngel por el ayuntamiento de Barcelona, iniciadas en el 1866, mejoraron notablemente el casco viejo de la ciudad, convirtiendo dicha calle en una continuación del Paseo de Gracia. Se trataba de una calle ancha, lo cual facilitaba el paseo de personas, y permitió a nuevas empresas localizarse en un lugar idóneo para el comercio. Esta zona se estaba perfilando como una nueva área de centralidad comercial de Barcelona. La familia Jorba, familia de negociantes con tradición mercantil en Manresa -y que había tenido su primer negocio en Barcelona en la calle del Call nº 11-15-, construyó un magnífico edificio comercial de estilo neoclasicista en la calle Portal de l’Àngel nº 19, inaugurado en 1932 con el nombre de Almacenes Jorba. El nuevo edificio de Portal de l’Àngel significaba la consolidación del negocio familiar en la capital catalana. En 1963 sería adquirido por Galerías Preciados, pasando a denominarse Jorba-Preciados.

Los almacenes Sepu[13], inaugurados en el año 1933, se encontraban emplazados en los terrenos que hasta entonces ocupaba el jardín del Palacio Moja-Comillas, lo que les proporcionaba una localización estratégica en la Rambla dels Estudis esquina Portaferrissa. La Rambla siempre ha sido un espacio estructurador del centro comercial de la ciudad.

Este edificio se proyectó siguiendo el mismo estilo arquitectónico que el Palacio Moja-Comillas, por lo que fue considerado parte del conjunto del Monumento de Interés Artístico o Arqueológico.

La visita a estos almacenes los últimos años mostraba que ya no tenían nada que ver con los majestuosos e innovadores almacenes que se construyeron en 1935. Habían quedado anticuados, pues no habían sabido adaptarse a las nuevas demandas del público barcelonés. Estos almacenes son una muestra clara de la fuerte competencia entre los comercios de este tipo, y lo difícil que es mantenerse dentro de la oferta de consumo de la ciudad. Finalmente a mediados del año 2000 se decidió su cierre definitivo.

No puede hacerse referencia a las superficies comerciales de la primera mitad de siglo sin mencionar la Avenida de la Luz[14]. Fue una de las primeras galerías comerciales modernas de Barcelona, y la primera galería comercial subterránea de Europa. Fue inaugurada en 1940 y se situaba bajo la calle Pelai, entre la plaza de Catalunya y la confluencia con Balmes y Vergara; ocupaban el vestíbulo de acceso a la estación de los Ferrocarrils de la Generalitat de plaza Catalunya. Se trataba de un espacio de 175 metros de largo y 10 de ancho en el cual podía encontrarse todo tipo de establecimientos comerciales, de ocio, cine e incluso una emisora de radio. El enorme éxito comercial y su singularidad urbanística hizo que la Avenida de la Luz fuese premiada por el Ayuntamiento de Barcelona, el cual la declaró lugar de atracción turística y forastera en 1949. A partir de los años sesenta la Avenida de la Luz comienza a perder parte de su esplendor, y en los setenta se hizo evidente el abandono por parte de los usuarios y de las autoridades. El cierre definitivo tuvo lugar en 1990, y con él cualquier esperanza de llevar a cabo el proyecto del cual formaba parte, la Ciudad Subterránea. El proyecto nunca llegó a prosperar debido a los problemas técnicos, económicos y de vacío legal con referencia al subsuelo de la ciudad. En la actualidad, tras la edificación del solar bajo el cual se hallaba la Avenida de la Luz – el popular triangle d’or – parte de la Avenida ha sido reutilizada como espacio de consumo, y en concreto alberga una tienda de cosméticos de la cadena francesa Sephora.

En 1962 se construyó uno de los más famosos centros comerciales de Barcelona: El Corte Inglés de plaza de Catalunya. Este centro comercial, al igual que los almacenes El Siglo en su momento, adquirió pronto una importancia relevante en la vida social de la ciudad. El Corte Inglés representaba una renovación y evolución de los grandes almacenes tradicionales, y rompía con la homogeneidad que caracterizaba a todos estos centros con una arquitectura totalmente revolucionaria, además de su amplitud de servicios y prestaciones. También destacó por su nueva gama de productos “Corte Inglés”, que daba un símbolo de calidad y prestigio.

En 1974 se inauguró en la Avenida Diagonal un nuevo centro de esta empresa, en la manzana limitada por la plaza Maria Cristina en donde se ubica su fachada principal, de acuerdo con la nueva descentralización económica del casco antiguo barcelonés hacia la Diagonal, que era vista como la nueva y moderna área comercial de la ciudad. Posteriormente esta empresa adquirió el edificio que habían ocupado los almacenes norteamericanos Sears en la avenida Diagonal, junto a la plaza Francesc Macià, y absorbía Galerías Preciados – empresa que como dijimos había comprado en 1963 los Almacenes Jorba- y su espléndido edificio de la calle Portal de l’Àngel. Actualmente El Corte Inglés está llevando a cabo una expansión por el área metropolitana de Barcelona, que les ha llevado a abrir un centro en Sabadell y otro en Cornellá.

La empresa norteamericana Sears trató de introducirse en el mercado barcelonés construyendo dos edificios, el ya citado de la avenida de la Diagonal en 1967 y otro en la avenida de la Meridiana. Estos almacenes no alcanzaron el éxito esperado en nuestro país, probablemente porque sus productos, la mayoría de los cuales de marcado carácter norteamericano, no tuvieron aceptación entre los compradores barceloneses. Su desaparición se produjo en los años ochenta, y fueron substituidos por Galerías Preciados en la avenida Diagonal –posteriormente absorbido por El Corte Inglés- y por Hipercor –pertenece al grupo de El Corte Inglés- en la avenida de la Meridiana[15].

La fachada y la imagen corporativa.

A través de las fachadas de los edificios podemos observar la evolución en las tendencias arquitectónicas del gran almacén.

Los primeros almacenes se instalaron en la planta baja de edificios existentes, los cuales no disponían de una estructura idónea, ya que habían sido construidos para albergar viviendas o entidades financieras[16]. Esto hacía que fuera difícil reconocerlos a simple vista, lo que llevó a sus propietarios a utilizar rótulos anunciativos con el nombre del almacén. Los nombres y los logotipos – que conforman la imagen corporativa – desempeñan un papel muy importante, ya que deben conseguir ser asociados al almacén y fácilmente reconocibles.

La aparición de grandes almacenes hizo que se optara por construir edificios diseñados para instalar exclusivamente este tipo de comercio. Las características arquitectónicas de la fachada de estos edificios fueron inicialmente la presencia de grandes ventanales y la apertura de escaparate en la parte baja, que permitía ver los productos, o parte de ellos, desde la calle. Lo que hizo realmente posible estos cambios fue la utilización de nuevos materiales de construcción como el hormigón y el acero, los cuales permitían que las paredes no fueran tan macizas.

La importancia que se daba a la fachada de los edificios queda patente en Barcelona con el premio recibido al Mejor Establecimiento[17] por los almacenes Damians, en 1915, por parte del ayuntamiento y la elección de Can Jorba como el Mejor Edificio terminado en 1923. Por su parte el edificio que albergaba los almacenes Sepu recibió la catalogación de Interés Artístico o Arquitectónico. El edificio construido por Damians – posteriormente adquirido por El Siglo y actualmente en manos de C&A – fue desde su origen destinado a comercio. Lo más destacable de su fachada son las columnas y la gran bola de cristal que culmina el edificio (fig.3)

Figura 3. Fachada del edificio de Casa Damians, actualmente propiedad de C&A

Los almacenes El Águila, en cambio, constituyó un ejemplo de instalación en un edificio ya existente. De su fachada resaltaba una espectacular águila que coronaba el edificio.

Mención aparte merecen los almacenes Sepu[18]. El edificio comprende, como hemos dicho, lo que fuera antiguo jardín del palacio Moja-Comillas, conjunto arquitectónico merecedor de catalogación por parte del Ayuntamiento, lo que obligaba a construir un edificio que siguiera fielmente el estilo del palacio. La fachada presenta grandes ventanales en la mitad superior y columnas insertadas en la pared, que separan los diferentes tramos de escaparate. Las reformas llevadas a cabo en 1953[19] permitieron ampliar el espacio dedicado a escaparate.

El edifico de Can Jorba (fig. 4) -que, como se ha dicho, pasaría posteriormente a Galerías Preciados y finalmente a El Corte Inglés[20]- tiene fachada de estilo clasicista. Presenta columnas de estilo dórico en las tres plantas centrales, y la planta baja y superior destacan del resto por sus recursos ornamentales. En la esquina del edificio, coronada por una cúpula, resalta una bella marquesina que protege la entrada principal, y está. Toda la fachada posee grandes ventanales acristalada los que permiten ver su interior. Se trata de una estructura típica de los grandes almacenes del siglo XIX – tenemos un ejemplo muy claro en los almacenes Wertheim de Berlín[21]-.

Figura 4.Fachada del edificio de los almacenes Jorba
Fuente: www.publicacions.bcn.es

A partir de la inauguración de El Corte Inglés en la década de 1960, se vive un cambio de tendencia arquitectónica en los edificios de los grandes almacenes. Esta empresa decidió hacer de su sede barcelonesa un elemento diferencial que les permitiese ser fácilmente reconocibles. Para ello apostaron por una fachada de placas de hormigón, totalmente hermética. Solo en la planta baja se instalaron escaparates. El Corte Inglés de plaza de Catalunya, el primero que se abrió en la ciudad, amplió considerablemente su superficie comercial y su fachada en 1992.

Cuando se hace referencia a la imagen corporativa no cabe duda de que la más conocida es la de El Corte Inglés. Esta empresa ha conseguido que con tan solo ver un triángulo verde la gente lo asocie con productos de su marca. El logotipo de la marca es lo único que resalta en la fachada gris (fig. 5). El resto de los almacenes no han conseguido tanta popularidad, pero todos ellos presentaban rótulos con su nombre en la fachada.

Figura 5. Fachada actual del edificio de El Corte Inglés de la plaza Catalunya

La estructura interior del edificio: hacia la planta diáfana.

La principal innovación que aportaron los nuevos edificios, destinados a gran almacén, fue su estructura interior. Las actuales tendencias comerciales[22] exigen una estructura denominada planta diáfana, una planta sin muros de separación interior que genera una visión de espacio continuo y homogéneo, y permite una fácil movilidad del cliente, el cual puede pasear y ver a la vez todos los productos que se encuentran a la venta.

Esta amplitud y apertura de espacios fue posible gracias a la utilización del hormigón armado, que al igual que en el caso de las fachadas, permitía sostener el edificio sobre pilares y hacer desaparecer las paredes de carga; encontramos un ejemplo de esta técnica en los almacenes Can Jorba. También podía utilizarse otro tipo de materiales como las jácenas de acero laminado y los roblones que permitían su unión; los almacenes Sepu son un ejemplo de esto.

Otra característica de los grandes almacenes, es que el edificio está compuesto por diferentes plantas de venta, las cuales, normalmente, se encuentran especializadas en la venta de un tipo de producto. Prácticamente todos los grandes almacenes de la ciudad de Barcelona están estructurados por un edificio de varias plantas. Pero en su organización ha habido una clara evolución.

A finales del siglo XIX en los almacenes El Siglo situados en las Ramblas nos encontrábamos con una estructura interna muy distinta a la de los centros comerciales construidos a principios de siglo XX. El Siglo (fig. 6) se caracterizaba por tener un patio central cubierto por un techo de cristal. En los laterales, encontrábamos tres plantas, donde el acceso se realizaba a través de una escalinata. Cada planta se caracterizaba por ofrecer un determinado producto: porcelana, cristal, lanería, lutos, zapatería, muebles, entre otros. También cabe destacar la ornamentación que ofrecía el interior del edificio, en el que destacaba la gran lámpara central.

Figura 6. Interior de los almacenes El Siglo en 1900
Fuente: Satué, 1988

En los almacenes Damians volvemos a encontrar un patio central, tipo de estructura similar al Lichthof de los grandes almacenes alemanes[23]. También se construyó una gran escalinata que comunicaba las diferentes plantas, la cual acabó siendo substituida por una escalera mecánica.

Can Jorba adoptó también la estructura de patio interior cuando construyó su edificio en 1923. Este patio se encontraba cubierto por una claraboya de grandes dimensiones la cual dotaba al interior del edificio de una gran luminosidad, facilitando su ventilación, la visibilidad entre las diferentes plantas y proporcionando al conjunto un aspecto grandioso y diáfano. Actualmente el edificio ya no conserva el patio, sino que se encuentra formado por extensas plantas diáfanas.

Los almacenes Capitol necesitaron de una gran remodelación en el año 1949 para poder adaptar su estructura, a la ya generalizada, planta diáfana. En cuanto a los almacenes Sepu, también desapareció de su estructura inicial el patio interior, lo que hace que una planta no sea visible desde la otra, y su comunicación se realizaba a través de una escalera mecánica; en este mismo almacén fue donde se instaló la primera escalera mecánica de Barcelona en el año 1935[24]-.

Los almacenes construidos más tarde, como es el caso de los edificios de la cadena de El Corte Inglés, están compuestos por una planta sencilla, más o menos, rectangular. En sus diseños se marcó muy detalladamente la ubicación de los elementos fijos del transporte vertical, ascensores y escaleras mecánicas, así como el emplazamiento de las escaleras fijas y las dependencias destinadas a los servicios e instalaciones precisas para el almacén.

El microclima interior: iluminación y sistemas de seguridad.

La aparición de los grandes almacenes aumentó la superficie dedicada a comercio y, la posibilidad de reunir a un mayor número de personas en el mismo espacio. Todo ello hizo que el tema de la seguridad adquiriera la mayor importancia. Los sistemas de seguridad instalados en los comercios eran insuficientes, y debían llevarse a cabo muchas mejoras. Pero no solo era importante el tema de la seguridad, para atraer a más compradores, sino que también era imprescindible que el gran almacén fuese un lugar confortable, donde el comprador se sienta a gusto; para ello debían instalarse sistemas de refrigeración y calefacción. Por último, la iluminación también debía mejorar: era necesario aumentar el rendimiento sin incrementar excesivamente el consumo. Aludiremos sucesivamente a las mejoras que se fueron introduciendo en estos aspectos en los diferentes almacenes barceloneses.

Los almacenes El Siglo contaban en 1881 con un sistema de alumbrado de más de 6.000 lámparas incandescentes, aunque el antiguo edificio conseguía también una considerable luz natural por los grandes patios acristalados interiores que embellecían el edificio. Tenía un sistema de calefacción y de aire acondicionado poco usual en la época. Contaba, a su vez, con varios sistemas de seguridad contra incendios, un sistema de megafonía, un depósito de agua, salidas de emergencia, etc. Pero todas estas medidas no fueron suficientes para evitar el devastador incendio de 1932 que destruyó por completo el edificio.

Sin lugar a dudas, el incendio de El Siglo constituyó una seria advertencia y obligó a mejorar los sistemas de seguridad. Los almacenes Sepu, al ser posteriores, tenía muchos más adelantos técnicos en lo referente a iluminación, calefacción y sistemas de seguridad. El sistema de electricidad era completo[25]y se encontraba reforzado por un sistema de autoalimentación[26] en caso de fallo del suministro exterior. El aire acondicionado y la calefacción distribuían aire tratado, a través de canales de obra de fábrica de ladrillo enyesado, caldera de gasoil, compresores, condensadores y humificadores de aire, por medio de recirculación del agua. Disponían de un sistema de seguridad contra incendios, generalizado y estudiado para evitar catástrofes como la que había devastado los almacenes El Siglo.

A finales de la década de1970, se modificaron las Ordenanzas Municipales y los grandes almacenes de Barcelona se vieron obligados a realizar obras para adaptarse a las nuevas exigencias. Las nuevas ordenanzas obligaban a estos edificios a aumentar todavía más sus medidas de seguridad.

Las técnicas eran cada vez más complejas, y exigían innovaciones tecnológicas, que ya están presentes en almacenes como Sears[27] o El Corte Inglés. Un edificio con características singulares como El Corte Inglés de plaza de Catalunya[28], necesitó asimismo unos sistemas técnicos a su medida. Debido a su fachada cerrada, sin la posibilidad de entrada de luz natural, el nivel de iluminación de las áreas de venta se calculó entre 800 y 1.000 luces. El Corte Inglés de la plaza de María Cristina necesitó la instalación de 8.200 luces incandescentes y 3.100 tubos fluorescentes. Sin embargo, después de una inspección se destacó la necesidad de una mayor eficiencia en las diversas salidas del personal y de dotarlas de diversos recorridos con iluminación de emergencia.

Dado que se trataba de edificios totalmente opacos y aislados del exterior, careciendo de ventilación natural, se proyectó un complejo sistema de aire acondicionado. El aire acondicionado se convirtió en un factor atrayente para el cliente: “el sistema de aire acondicionado es completo, con calefacción, ventilación, filtrado, renovación de aire y extracción”, según se especifica en el proyecto.

Una de las mayores preocupaciones a la hora de diseñar del edificio fue la seguridad, en especial contra los incendios, el edificio de plaza de Catalunya se dotó de rociadores automáticos[29], además de una escalera metálica de socorro. También disponía de detectores contra incendios sensibles por reacción química.

El Corte Inglés de María Cristina, construido en 1974, cumplía también ampliamente las normas de seguridad españolas. Las instalaciones eran diversas: como elemento base, una red de sprinklers que cubría todo el edificio, completándolo con una red de mangueras. Como elemento preaviso se diseñó una instalación de detectores de ionización, sensibles a los gases de combustión junto con un sistema de alarma manual. Este sistema era independiente de los otros y avisaba cuando el fuego no era visible.

Las normas llegaron a tal extremo que, además de lo anterior, se utilizaron también sistemas antiincendios de instalación fija. Se instaló, además, una red de extintores portátiles y protectores especiales en los lugares que más los requerían, como la caja fuerte y los transformadores[30].

Aparcamientos y accesos a los transportes públicos.

La ciudad sufrió importantes cambios a lo largo del siglo XX, muchos de los cuales pueden verse reflejados en los grandes almacenes. Los transportes públicos desempeñan un papel muy importante en el futuro de un almacén, porque no es posible que este prospere si no se encuentra bien comunicado. Pero son muchos los compradores que acuden a estos establecimientos en coche particular, lo que hace necesario disponer asimismo de grandes aparcamientos. Esto puede representar un grave problema teniendo en cuenta la falta de suelo disponible en el centro de las grandes ciudades.

A finales del siglo XIX los almacenes El Siglo ya dieron importancia al hecho de cómo sus clientes podrían llegar al establecimiento, y por eso llevaron a cabo una serie de propuestas para facilitar esta tarea. Entre ellas destacó la edición de mapas de Barcelona donde se incluían los recorridos de los tranvías y autobuses de la época que llevaban a ese establecimiento comercial.

En el caso de los almacenes Sepu, su emplazamiento les permitía disfrutar de una privilegiada comunicación con los transportes públicos (metro, autobuses, tren, Ferrocarrils de la Generalitat). Debido a este factor de proximidad a redes urbanas de comunicación, no se consideró imprescindible la construcción de un aparcamiento propio.

Los dos centros de El Corte Inglés edificados en Barcelona, se encuentran cerca de estaciones de metro. Esta localización, sin duda, facilita la llegada de clientela.

Al disponer de grandes redes de transporte público urbano, sería lógico que los grandes almacenes barceloneses no tuvieran que preocuparse tanto por los aparcamientos. Pero hoy en día está muy generalizado el uso del transporte privado, lo que conlleva grandes problemas de condensación circulatoria en las zonas de mayor concentración comercial. Cabe decir que el fenómeno de la construcción de los aparcamientos propios se inició en el momento en que el automóvil, como vehículo particular, se extendió a la mayoría de la población, llegando a convertirse en la actualidad en un elemento básico, que permite a los individuos mayor movilidad e independencia.

A partir de los años setenta, los grandes almacenes llevaron a cabo la construcción de aparcamientos, como es el caso de El Corte Inglés de la plaza de Catalunya[31], donde se construyó una zona propia de aparcamiento que ocupaba la planta segunda y tercera del sótano, con 94 plazas previstas inicialmente[32]. También ocurrió lo mismo en los almacenes Sears, ubicados en la Diagonal y cuyo aparcamiento ocupaba los últimos tres sótanos, con una capacidad para 375 vehículos.

Los Almacenes Capitol, que estaban situados en la calle Pelai, en 1970 ante el acelerado aumento del uso del automóvil por parte de los clientes decidieron plantearse el tema de la construcción de un aparcamiento subterráneo, comunicado con el de la plaza Castilla a través de un túnel. Pero este proyecto no se llevó a cabo, por la crisis del establecimiento.

Lo mismo ocurrió con el edificio de Casa Damians[33], actualmente C&A El proyecto que se estudio no se llevó a cabo debido a las dificultades de maniobra que presentaba. Otro factor fue le existencia de un buen número de plazas de aparcamiento en las cercanías y el fácil acceso a los transportes públicos.

En el caso de El Corte Inglés de la plaza de María Cristina los aparcamientos ocupan tres plantas del sótano, con dos ascensores que los comunican a la zona dedicada a venta. En la inauguración del edificio, en 1974, los aparcamientos fueron uno de los focos de atracción del público, pues disponían de capacidad para 1.000 vehículos.

Productos vendidos y distribución de las secciones en plantas.

Una de las características que ha hecho adquirir más popularidad a los grandes almacenes es la gran variedad de productos que venden. La comodidad de poder realizar todas las compras en un espacio único ha sido la principal razón para que mucha gente prefiriese comprar en este tipo de centros más que en las convencionales tiendas minoristas.

La distribución de los productos en las distintas plantas ha ido variando según el tamaño del almacén y la época en la que fue construido. Los más antiguos (almacenes El Siglo, Jorba y Sepu), tenían distribuidos los productos en secciones por las diferentes plantas. En los más modernos las diferentes plantas están especializadas en artículos concretos; el ejemplo más claro lo encontramos en El Corte Inglés.

Profundizando más en la distribución de los productos en las distintas plantas observamos de forma clara estas diferencias. Los almacenes El Siglo de la calle Pelai, constaba de siete plantas entre las cuales se distribuían un total de setenta y cinco secciones (fig. 7). Los artículos vendidos eran de todas las ramas. Por su parte, Sepu tenía tres plantas dedicadas a la venta, pero en ellas no existía una clara especialización: en la planta sótano se encontraban objetos de regalo, cristal y porcelana, accesorios de baño y cocina, electrodomésticos, ropa de cama, toallas y flores. En la planta baja, perfumería, bisutería, marroquinería, fotografía, maletas, bolsos, deportes y ropa de hombre y mujer. En la planta primera, confección, ropa de niño y bebé, ropa interior, papelería y juguetes de campo y playa.

Figura 7. Anuncio de El Siglo en el que aparecen las diversas secciones
Fuente: Satué, 1988

En los almacenes más modernos, los inaugurados en la segunda mitad del siglo XX, encontramos ya una clara especialización por plantas. El Corte Inglés de la plaza de Catalunya[34] es hoy un gran edificio de nueve plantas todas dedicadas a la venta. Cada una de ellas está especializada en un tipo de artículos, como puede ser la moda para mujer, moda para hombre, todo para el hogar, planta joven, deportes o artículos de electrónica. En el sótano encontramos el supermercado, en la planta baja artículos diversos como joyería, perfumería, música, libros y en la última planta el restaurante. El Corte Inglés de María Cristina sigue una distribución parecida, aunque el número de plantas es menor. Se debe hacer una mención a los almacenes C&A, ya que están hoy especializados en la venta de ropa; en este caso la planta baja está dedicada a moda de mujer y la primera a moda de hombre.

Con referencia a la moda se debe decir que los grandes almacenes siempre han hecho esfuerzos para estar al día en las últimas tendencias. La moda ocupa un lugar preferente en sus plantas. En los últimos años, almacenes como El Corte Inglés han incorporado en sus plantas dedicadas a ropa, boutiques de otras marcas, estableciendo así una nueva forma de distribución de los productos.

Los productos vendidos en los grandes almacenes pueden variar, dependiendo de la época del año. Los productos considerados de temporada son habitualmente ropa de abrigo, bañadores, complementos (guantes abanicos, gorros), accesorios deportivos (esquís, surf).

Los grandes almacenes, al igual que los supermercados, utilizan una táctica para obligar a los clientes a visitar todas las secciones, la cual consiste en cambiar los productos de sitio. De esta forma ponen al cliente en contacto con las diferentes mercancías que quieren que se vean mientras se busca el producto que se quiere.

Sistemas de venta y publicidad.

La aparición de los grandes almacenes supuso un fuerte cambio en las estrategias de venta. Los productos aparecen expuestos y no hay una presión por parte del vendedor. Se produce con ello una democratización de la compra, pues en la tienda pequeña el vendedor controla de alguna manera la venta ejerciendo presión sobre los compradores.

El sistema de venta es probablemente lo que menos cambios ha experimentado a lo largo de algo más de un siglo de historia. Todos los almacenes utilizan la venta directa, en la cual el comprador escoge de la estantería el producto deseado y el vendedor solo asiste si le necesitan. Ahora el precio de los productos está fijado de antemano, y así se acaba con la posibilidad de regatear.

Donde realmente encontramos diferencias es en los sistemas para atraer clientes por parte de alguno de los almacenes. En el caso de los almacenes Sepu[35], utilizaban en sus años iniciales el sistema del “precio único”, es decir, un sistema similar al de los actuales todo a cien. Todos los productos que tenían a la venta costaban 0’25, 0’50, 0’75, 1, 2, 3, 4 o 5 pesetas. Precisamente el nombre de los almacenes corresponde a las siglas SEPU, que significan Sociedad Española de Precios Únicos. Pero este sistema solamente duró unos años, y posteriormente se instauró el sistema habitual de precio variable.

Los únicos cambios que se dan en los precios corresponden a las épocas de las rebajas (fig. 8). Desde los inicios de los almacenes, éstos dedican unos días concretos del año a la promoción de determinados productos, como por ejemplo, ya en la década de los treinta, la semana de las medias en los almacenes Alemanes (almacenes Capitol), luego la semana del hogar en El Corte Inglés. Pero aparte de estas semanas esporádicas, todos ellos realizan rebajas de temporada, siendo las de enero las más famosas y esperadas por el público.

 

 
Figura 8a. Anuncio de los almacenes El Siglo (1932)
Fuente: Satué, 1988)
 
Figura 8b. Portada de la revista editada con motivo de la Semana Fantástica

Muchos de los almacenes no disponen únicamente del sistema de venta directa, sino que ofrecen también la posibilidad de la venta por catálogo y el envío de compra a domicilio. La primera noticia referente a este sistema de venta lo encontramos en El Siglo36, que hacia 1920 publicaba ya catálogos para la venta por correspondencia. Disponía de veinticinco camiones de reparto, los cuales servían a toda la provincia de Barcelona. En 1932 una franquicia de portes y embalajes llevaba las mercancías solicitadas hasta Baleares y Norte de África. Jorba también incorporó la venta por correo y el envío a domicilio en su estrategia de venta, llegando incluso a publicar la Revista Jorba para presentar sus productos. Los más recientes como El Corte Inglés utilizan actualmente este mismo sistema. En algunos casos como El Corte Inglés (y Sepu hasta su cierre), disponen de su propia tarjeta de compra. Actualmente El Corte Inglés permite a sus clientes realizar las compras en su supermercado desde casa a través de Internet y recibir los productos a domicilio en 24 horas[37].

Todos los grandes almacenes, sobre todo los más recientes, ofrecen una amplia oferta de ocio para sus clientes. Los más comunes son la cafetería y el restaurante. Desde los años 1930 los almacenes Jorba apostaron fuerte por ello, y convirtieron su terraza superior en un gran jardín infantil, con mascotas incluidas. Otros servicios que ofrecía este almacén eran conferencias en su salón de actos, emisiones diarias de radio, y en ocasiones, incluso cine. El Corte Inglés por su parte ofrece revelado de fotos – servicio que también ofrecía Sepu -, agencia de viajes, peluquería, guardería, venta de localidades para espectáculos diversos, e incluso el establecimiento de María Cristina una estafeta de correos.

La publicidad se convirtió en un método auxiliar de la venta[38]. Por esta razón, los almacenes siempre han puesto gran énfasis y esfuerzo a la hora de preparar sus campañas publicitarias.

Los sistemas de publicidad utilizados han cambiado a lo largo de los años. Los almacenes más antiguos (El Siglo, Capitol, Sepu, Jorba) utilizaban esencialmente la prensa escrita y la radio para anunciar sus productos. En los anuncios publicados en diarios antiguos podemos observar la influencia que ejerció el régimen político de la época. Ejemplo de esta influencia son los cambios de nombre de los almacenes Capitol, que se denominaron Alemanes en la segunda Guerra Mundial, para después de 1945 volver a llamarse de nuevo oficialmente almacenes Capitol. Otros almacenes utilizaban el catalán en sus anuncios durante la República y el castellano durante el período franquista, o utilizaron leyendas y símbolos fascistas en los años inmediatamente posteriores a la guerra civil (fig. 9).

Figura 9. Ejemplos de anuncios durante los principios de la dictadura, 1939
Fuente: Satué, 1988

Los almacenes El Siglo innovaron los sistemas de publicidad al editar planos enteros de la ciudad indicando la forma más fácil de llegar hasta ellos. Este método se utiliza hoy en día en muchas y distintas materias. El Corte Inglés edita mapas de la ciudad destinados a posibles compradores, que se distribuyen en los hoteles (fig. 10). En los veteranos Jorba, utilizaban como publicidad y para aumentar clientela, realizar un obsequio por la compra de sus productos. Además estos almacenes tenían un peso importante en la vida pública de la ciudad, participando en cabalgatas, organizando juegos florales, concursos infantiles, fiestas de disfraces, exposiciones de arte y desfiles de moda. Otro tipo de publicidad utilizada era la que llegaba por correo, como podían ser las circulares.

La publicidad exterior o abierta también ha sido utilizada por los grandes almacenes. Las vallas publicitarias, los anuncios en los autobuses o tranvías de la época, etc. son los métodos publicitarios más utilizados por tener una amplia recepción de público muy variado.

Figura 10. Mapa de Barcelona editado por El Corte Inglés como propaganda

No deben olvidarse los escaparates, reclamo esencial para cualquier comercio. Llegan a ser muy espectaculares sobre todo en las zonas de mucho tránsito de personas. Actualmente en las ciudades el escaparate es el signo de identidad de la tienda o el almacén; el posible cliente sabrá a veces si le interesa comprar en él dependiendo de lo que esté expuesto en el escaparate, o de la forma en que esté expuesto.

Los anuncios de televisión son en la actualidad el sistema publicitario más efectivo, y los que llegan a una mayor audiencia. Los almacenes que pueden permitirse anunciarse por este medio lo hacen en fechas especiales, sobre todo para anunciar el cambio de temporada (“Ya es primavera en El Corte Inglés”) o las próximas rebajas.

Fue en la década de 1960, con la apertura de los almacenes El Corte Inglés cuando el tema de la publicidad adquirió mayor protagonismo. Esta empresa utiliza para su publicidad todos los medios que están a su alcance: prensa escrita, radio, televisión, vallas publicitarias, mapas, etc. Patrocinan grandes eventos como el maratón de Barcelona, conciertos, encuentros deportivos, etc. para este tipo de promoción, suelen utilizar rostros de conocidos o famosos que atraigan a la clientela. En los últimos años han cobrado gran importancia las nuevas tecnologías, y ahora es posible hacer cualquier consulta sobre sus productos, o incluso realizar las compras, desde casa a través de Internet. C&A utiliza también la televisión y las vallas publicitarias, pero se queda en un segundo plano respeto a El Corte Inglés por el gran potencial económico de éste.

Es interesante hacer un breve repaso a los eslóganes utilizados por estas grandes superficies, eslóganes más o menos eficaces como:

“Almacenes Alemanes la casa que vende a mejor precio de Barcelona”[39]

“Realmente se viste mejor en los almacenes Alemanes”

“SEPU significa calidad y economía”

“En El Corte Ingles si no queda satisfecho le devolvemos su dinero”[40]

Capital local, capital internacional

Los primeros grandes almacenes de las ciudades europeas eran de capital local. Lo mismo ocurrió en los almacenes españoles. Pero esta tendencia ha ido cambiando con el paso de los años. Cada vez es más común que estos grandes establecimientos pertenezcan a empresas nacionales o multinacionales.

En la Barcelona del siglo XIX y XX, el capital que se invertía en la construcción de grandes edificios comerciales era de procedencia local, mientras que hoy son raras las ocasiones que esto ocurre. Estas inversiones locales eran normalmente reducidas y de un mismo grupo empresarial.  No existían grandes grupos de inversores.La evolución de la economía ha provocado que los flujos financieros se diversifiquen en el espacio y en el tiempo.

Un buen ejemplo de la utilización de capital local, es el caso del Pasaje del Crédito. Dicho pasaje fue un proyecto comercial financiado por la Sociedad Catalana General de Crédito[41]. Se trataba de una institución financiera establecida en 1856, bajo la forma legal de sociedad anónima, la cual tenía todas las características de un banco. La Catalana, como se la conocía popularmente, estaba liderada por Antoni Brusi, y en 1879 decidieron financiar la construcción del pasaje comercial.

Los Almacenes Jorba constituyen un caso modélico del proceso de acumulación y expansión del capitalismo en la Cataluña de la segunda mitad del siglo XIX e inicios del siglo XX. Ejemplifica la máxima aspiración comercial en la aplicación del capital local, de características familiares, en el mundo empresarial y de negocios. Pere Jorba i Gassó (Calaf 1849-Manresa 1927) instaló su primera fábrica de hilaturas en Sant Vicenç de Castellet en 1887. En 1892 se puso en funcionamiento la colonia Jorba del Manganell, dedicada al textil, y en 1904, decidieron abrir unos almacenes en Manresa, expandiéndose posteriormente, en 1911, a Barcelona en a la Calle del Call nº11-15. A partir del momento en que el hijo de Pere Jorba i Gassó, Joan Jorba i Rius, aparece como gerente de los almacenes en los documentos oficiales, la empresa traspasa los límites fronterizos e instala una sucursal en Bruselas, ciudad bien conocida debido a los viajes de Joan Jorba que le permitieron conocer la dinámica empresarial europea. En 1926 Jorba construye el magnífico edificio de Portal de l’Àngel, máximo exponente de poder de la expansión de los almacenes Jorba.  La utilización del capital por un mismo grupo familiar, representaba un fuerte control del mismo. A su vez, este control en la inversión del capital local se refleja también  en los técnicos y  a los arquitectos a los que el grupo encargaba sus edificios, todos ellos catalanes.

El caso de los almacenes El Siglo[42] es similar a Jorba, por en lo que hace referencia a su carácter familiar. Eduardo Conde y Giménez nació en Madrid en el año 1838, y muy joven se marchó a Cuba donde entró a trabajar de dependiente en unos almacenes. Es allí donde conoció a su socio Pablo del Puerto. En 1869 regresan a Barcelona y un año después forman Conde, Puerto y Cia., Sociedad en Comandita que utiliza el nombre comercial de El Siglo. Iniciaron el negocio con una tienda de camisería y ropa blanca[43] en la Rambla de Santa Mónica. En 1881 alquilaron los almacenes de la casa del señor Taltabull en la Rambla de los Estudios para montar un gran establecimiento, el cual gozó desde el primer momento de una gran aceptación popular. En 1914 murió Eduardo Conde, pero ya había incluido a sus hijos como socios de la empresa. A partir de ese momento la sociedad acorta su nombre al de Conde y Cia. y pasa a convertirse en sociedad regular colectiva.

El incendio de 1932 no terminó con  el entusiasmo de la familia Conde, quienes adquirieron un edificio en la calle Pelai para abrir un nuevo almacén. En 1943 El Siglo tenía sucursales en Andalucía, Canarias, Alicante y Cartagena –con un total de diez establecimientos -. En 1951 muere Eduardo Conde y Gómez del Olmo – hijo del fundador de la sociedad y presidente desde la muerte de su padre-. La empresa inicia su decadencia y la familia decide abandonar el Consejo de Administración. La empresa continuó activa hasta 1984.

El cronista oficial de la ciudad de Barcelona, Semprónio, dedicó páginas enteras a mitificar los grandes almacenes como  El Siglo, Jorba, El Barato, Damians, como ejemplos que definían la gran época comercial de la ciudad, y que simbolizan la habilidad y la inteligencia de los catalanes  en los negocios[44].

La aceptación social del almacén en una ciudad garantiza el futuro del negocio. Uno de los inconvenientes de la inversión de capital extranjero, es que puede influir en la organización de la empresa, y por tanto en la visión que tendrá el ciudadano de este almacén. La apariencia física del establecimiento, junto con las formas de venta, deben estar dirigidas y adecuadas al tipo de consumidor. Si esto no ocurre, puede conllevar la no-aceptación del almacén.

Los almacenes SEARS, sociedad de origen norteamericano fundada en 1886 e implantada también en el mundo de los seguros y de los negocios internacionales, ejemplifican esta situación. Se instalaron en Barcelona en al año 1967, aprovechando una nueva etapa económica favorable para España tras unos años de desarrollo económico. Contaban con dos edificios, uno en Avda. Diagonal y otro en Avda. Meridiana. Pero se vieron obligados a cerrar debido a la poca aceptación de sus productos, demasiado norteamericanos para el público barcelonés.

Pero esto no significa forzosamente que la utilización de capital extranjero lleve al fracaso del negocio. El caso de los almacenes C&A nos demuestra que puede utilizarse capital exterior, concretamente holandés, y tener éxito. El intercambio de dueños de Casa Damians, después El Siglo y finalmente C&A, ejemplifica el caso típico de traspaso sucesivo del negocio y del edificio a una empresa económicamente más potente.

Los almacenes El Corte Inglés[45], de capital nacional, representaron la modernización económica y empresarial del comercio español. Significaron el nacimiento de una fuerte empresa nacional, de acuerdo con la globalización que vivía la economía a escala mundial. Revolucionó el concepto clásico de la gestión de un almacén tradicional, ligándolo con las nuevas tendencias. La trayectoria de su fundador Ramón Areces Rodríguez, fue muy similar a la de Eduardo Conde. Nacido en Asturias en 1904, a los quince años emigró a Cuba donde empezó a trabajar como aprendiz en unos almacenes. Cuatro años después viaja a Estados Unidos y Canadá donde aprovecha para estudiar inglés y economía. En 1934 regresó a España, y un año más tarde adquiere en Madrid una tienda dedicada a sastrería y confección de niños, que tiene por nombre El Corte Inglés. En 1940 constituye una Sociedad de Responsabilidad Limitada, la cual en 1952 pasa a ser una Sociedad Anónima. Diseñó un estilo propio de gestión basado en la dirección personalizada del fundador y la integración como accionistas de los directivos y mandos. El crecimiento de El Corte Inglés se ha caracterizado por la autofinanciación. Paralelamente se han creado las distintas empresas que hoy conforman el Grupo de Empresas de El Corte Inglés (Hipercor, S.A., Viajes El Corte Inglés, S.A., Investrónica, S.A.,…). La adquisición en 1996 de los activos de Galerías Preciados ha permitido una gran aceleración de su programa de expansión.

Los arquitectos y los técnicos.

Los arquitectos y los técnicos encargados del diseño del edificio comercial, son en definitiva los agentes que contribuyen a dar forma física a la ciudad. La actividad comercial en sus distintas formas y tipologías de concentración, ha puesto en evidencia su enorme influencia como elemento estructurador del espació urbano.

Uno de los arquitectos que pusieron las bases al tipo de arquitectura representativa del gran almacén, fue el alemán Alfred Messel[46]. Revolucionó la antigua concepción del gran almacén con el majestuoso edificio comercial Wertheim de Berlín, en el año 1897. Messel difundió la utilización de la fachada monumental y acristalada, la distribución del gran almacén en plantas diáfanas, y la utilización, mediante grandes escaparates de la planta baja, como un reclamo comercial. Estas innovaciones fueron posibles gracias a la utilización del hierro y el cristal como materiales nobles en la construcción. La Revolución Industrial y la modernización del transporte, permitieron que estos materiales se generalizaran en la construcción de grandes edificios. Las innovaciones tecnológicas, como las ideas innovadoras de los arquitectos, conllevan a menudo nuevas corrientes que rompen con la anterior.

La figura del arquitecto y del técnico resalta además por su capacidad de dotar a la ciudad de edificios peculiares de gran interés arquitectónico, que pueden llegar a adquirir considerable relevancia para el ciudadano. Un almacén puede pasar a formar parte de la vida cotidiana del hombre en las ciudades modernas, por ser un lugar clave en el espacio social.

 Conviene por ello analizar las ideas y objetivos de que se nutren los arquitectos y relacionarlos con el momento histórico que viven, averiguar cuales son las principales tendencias arquitectónicas que han influenciado a los arquitectos y técnicos, para poder entender el por qué de las características arquitectónicas de sus construcciones.

En los primeros edificios diseñados expresamente para albergar un gran almacén, como es el caso de El Siglo, el encargado de diseñar la obra era una sola persona, con algún ayudante de rango inferior. El arquitecto de El Siglo, Leocadio Olivarria, diseñó un enorme edificio, con grandes ventanales que lo hacían majestuoso, influido por las tendencias arquitectónicas europeas. Los almacenes Sepu y Capitol, también han sido obra de un único arquitecto, pero las remodelaciones que se hicieron para adecuarlos a las nuevas tendencias, fueron fruto de otros arquitectos. Posteriormente los arquitectos comenzaron a trabajar en grupo para diseñar las grandes construcciones comerciales.

Los Almacenes Capitol empezaron a funcionar en el año 1917, construidos como hemos dicho en el jardín posterior de una casa ya edificada en la calle Pelai, considerada entonces una calle de primera categoría en Barcelona. Constituyen un caso especial, porque la arquitectura y la distribución de la antigua vivienda afecta a la construcción del nuevo edificio comercial. El arquitecto principal fue Manuel Subiño, pero otros arquitectos realizaron reformas posteriores para modernizar el local. Es un claro ejemplo de como se puede transformar un edificio a lo largo del tiempo.

Los Almacenes Sepu también se construyeron en un jardín. En este caso es un hecho muy significativo, ya que se trata del jardín del palacio Moja. El catalán Ricard Churruca[47], tuvo que proyectar la fachada del gran almacén respetando el estilo neoclásico del palacio –el cual había sido diseñado a finales del siglo XVIII por el mestre d’obres Josep Mas[48]-, debía conseguir la armonía con el resto del conjunto arquitectónico. Posteriormente, en la década de los cincuenta intervinieron otros arquitectos en el edificio, como F.Mitjans Miró[49], encargado de adecuar el espacio a los nuevos tiempos.

Otro de los edificios construidos expresamente para albergar un gran almacén fue la Casa Damians, de la calle Pelai. Diseñada por Ferres i Puig[50] en 1915. Este arquitecto estudió en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, pero rápidamente amplio sus horizontes viajando y trabajando en ciudades como Madrid o Bruselas. Adoptó conscientemente las innovaciones constructivas en sus edificios, y supo resaltar la funcionalidad en cada uno de ellos. Eduard Ferrés i Puig, se caracteriza, sobre todo, por la utilización de una gran gama de recursos formales. La Casa Damians es una de las primeras construcciones que utiliza el cemento armado, hecho que le permite crear espacios libres con grandes aberturas, plantas libres y un juego en las escaleras voladizas inhabitual hasta entonces.

Los Almacenes Jorba, fueron la continuación del estilo funcional de la época aunque recubiertos por una fachada monumentalista. Fueron construidos en el año 1926, en la calle Portal del Ángel mostrando una gran capacidad de transmitir fuerza. La nueva regulación urbanística de la calle les permitió construir más en altura, algo inusual hasta entonces en los grandes almacenes. El resultado es un edificio majestuoso y elegante, además de vistoso. La finalidad comercial del edificio hace que todas las plantas estén abiertas con grandes ventanas, destacando los de la planta baja, que permite una total visión desde el exterior.

La arquitectura que más fácilmente reconocemos hoy, en Barcelona y en otras ciudades españolas, es la de El Corte Inglés. Todos sus edificios presentan las mismas características arquitectónicas. Esta empresa ha optado por tener un grupo de arquitectos, más o menos fijos, encargados del diseño de las nuevas sucursales. De esta forma, todos los edificios obtienen los mismos resultados, considerados los más funcionales para sus usos. El efecto más innovador que aporta esta tipología es la fachada hermética, grises y muy homogéneas –excepto en Navidad -. Sin ventanales en la parte superior, solo con escaparates con porche en la planta baja. Los arquitectos jefe de los dos edificios construidos en Barcelona eran del Colegio madrileño, pero el arquitecto catalán Oriol Bohigas, se encargó de efectuar en 1992 la remodelación, de El Corte Inglés de la Plaza de Catalunya.

Conclusión

En este trabajo hemos querido hacer un repaso histórico de algunos de los numerosos almacenes que ha tenido, y en pocos casos aun tiene, la ciudad de Barcelona. En estos más de cien años de historia de este tipo de comercio, ha habido muchos cambios. Arquitectónicamente hemos podido observar la evolución, desde los edificios de estilo clásico en los que destacaban las grandes escalinatas, como es el caso de El Siglo, hasta los más modernos, mucho más sobrios, de los cuales El Corte Inglés es un claro exponente. Pero no solo ha cambiado la tendencia arquitectónica, sino que también lo han hecho los gustos de los compradores. Esto queda reflejado en la desaparición de secciones clásicas como es la de los sombreros o los abanicos, las cuales gozaban de un gran protagonismo a principios de siglo, para dar paso a los deportes, electrodomésticos, y otros. Pero si ha habido una sección estrella al largo de este siglo de grandes almacenes en Barcelona, esta ha sido sin lugar a dudas la de ropa. Por mucho que hayan cambiado las modas, en todos los grandes almacenes encontramos secciones de caballero, señora y niño.

Las innovaciones técnicas también se han aplicado en estos edificios. Primero fue el uso de nuevos materiales de construcción, la instalación de escaleras mecánicas, los cada vez más refinados sistemas de seguridad, entre otros. El avance tecnológico también ha permitido ampliar los sistemas de venta, ya que ahora es posible comprar sin moverse de casa mediante Internet.

Pero si queremos destacar algo de los grandes almacenes será las novedades que ha aportado al mundo del comercio. En primer lugar, el uso de la planta diáfana, que no se utilizó hasta la aparición de los edificios destinados a almacén. En segundo lugar, el cambio que significó para el cliente la libertad de poder acceder a los productos sin la presión continúa de un vendedor. Finalmente, el hecho de que los grandes almacenes convirtieron el ir de compras en una nueva forma de ocio.

 

Notas

1 Este artículo es el resultado de un trabajo de curso realizado en la asignatura optativa Espai Intern de la Ciutat, impartida por el Dr. Horacio Capel, en la facultad de Geografía de la Universidad de Barcelona. Participaron en la primera fase del trabajo, dedicada a la búsqueda de la información existente sobre los grandes almacenes analizados: Oscar L. Already, Jordi Calvera, Eduard Fabregó, Patrícia Faciabén, Fernando Guerrero, Susanne Hüttenthain, Jose Lloguet, Eva Morera, Laia Peidró, Margot Sánchez y Anna Valés La redacción final ha sido realizada por: Patrícia Faciabén.

2 Temas como la localización de los centros de mercado en diversas ciudades ha sido objeto de numerosos trabajos en el campo de la Geografía Económica, un ejemplo destacado es la obra de Berry (BERRY; 1971)        en la cual reúne las teorías clásicas de los lugares centrales aplicadas a los centros de mercado. Sobre la propia ciudad de Barcelona existen trabajos que estudian el sector terciario, y dentro de éste se centran en el equipamiento comercial, como en el caso de El terciario en el ámbito metropolitano de Barcelona (editado por la Corporación Metropolitana de Barcelona, 1985). Pero en él se hace poca referencia a los grandes almacenes existentes en la ciudad. Fernandez Cuenca (1991) por su parte ha hecho un estudio detallado del comercio minorista en la ciudad de Alicante. Pero en este caso se trata de una clasificación según la actividad de los establecimientos.

3 “El comercio tiene en la vida de las sociedades una importancia fundamental. Intermediario casi obligado entre la producción y el consumo, esta actividad aparece con la división del trabajo y se desarrolla cada vez más, a medida que esta deviene más compleja: marca el paso de la noción de valor de uso a valor de cambio” (BEAJEAU GARNIER en FERNANDEZ CUENCA, 1991).

4 Corporación Metropolitana de Barcelona (1985)

5 GARCIA VAZQUEZ (1998)

6 A este arquitecto pertenece el diseño de la manzana comprendida entre la calle Avinyó, Ferran, Baixada de Sant Miquel y Pasaje de la Enseñanza.

7 Extraído de la página web: www.lavanguardia.es

8 Diario de Barcelona. El Siglo abre un establecimiento en Can Damians. Barcelona, diciembre 1935, p. 17-18.

9 Archivo Administrativo Ayuntamiento de Barcelona Serie Fomento Expediente nº 14.580...

10 Concepto que analizaremos en el apartado dedicado a la estructura interior del edificio.

11 Archivo Administrativo Ayuntamiento de Barcelona Serie Fomento Expediente nº 10.504...

12 El Periódico. Barcelona, 13 de febrero 1935

13 FACIABÉN LACORTE (2000)

14 XALABARDER AULET (1999)

15 BAYÓ (1996)

16 Es el caso de los recientemente cerrados almacenes Marks & Spencer de Plaza Catalunya esquina la Rambla, los cuales se ubicaron en el edificio que había sido construido como sede del Banco Central –actualmente el edificio ha pasado a manos del grupo El Corte Inglés, que también se ha hecho cargo del local que ocupaban en el centro comercial Illa Diagonal-.

17 HERNANDEZ; TATJER; VIDAL (1991)

18 Archivo Administrativo Ayuntamiento de Barcelona Registro nº 17/20 bis Serie Fomento RG nº 4.051

19 Archivo Administrativo Ayuntamiento de Barcelona Expediente nº 32.174. Reforma.

20 Archivo Administrativo Ayuntamiento de Barcelona Serie Fomento Expediente nº 1.799. Ampliación y reforma.

21 GARCIA VAZQUEZ (1998)

22 Explicadas más a fondo en un apartado posterior dedicado a los sistemas de venta.

23 GARCIA VAZQUEZ (1998)

24 Diari de Barcelona. Barcelona: Marzo de 1935, pp. 22

25 Los sistemas de electricidad estaban conectados a alta tensión, y los transformadores y cuadros generales en baja, con alimentación y cuadros independientes para iluminación y fuerza.

26 Se trataba de dos grupos de electrógenos accionados por un motor diesel de dos tiempos. Fuente: Archivo Administrativo Ayuntamiento de Barcelona Registro nº 1/20 bis Sección de Fomento RG nº 4.051.

27 Utilizaban el aire acondicionado para el verano, invierno y media estación en las áreas de venta y de oficina, también en la planta primera, segunda, quinta y baja. Existía también ventilación en la zona de los aparcamientos, recepción, despacho de mercancías, en los aseos y en el snack-bar.

28 Archivo Administrativo Ayuntamiento de Barcelona nº 691.454, año 1969.

29 Archivo Administrativo Ayuntamiento de Barcelona nº 691.454, año 1969.

30 El edificio reunía otras condiciones de seguridad: los pisos iban cubiertos por losetas de saipolán –material resistente al fuego-, moqueta de lana y fibra artificial que no mantenían la combustión, se instalaron falsos techos metálicos y desmontables, dos escaleras de incendios, rociadores automáticos, etc. Junto a dos amplías salidas a la calle de siete metros de ancha cada una, tres de cuatro metros, y dos de dos metros de ancho.

31 Archivo Administrativo Ayuntamiento de Barcelona nº 691.545, año 1969.

32 La ley obliga a un mínimo de 72 plazas.

33 Archivo Administrativo Ayuntamiento de Barcelona Unitat Operativa de Llicència d’Obres i Activitats Industrials nº 861.802, año 1986.

34 Archivo Administrativo Ayuntamiento de Barcelona nº 691.454, año 1969.

35 Diario del comercio. Barcelona: Marzo de 1935

36 La Vanguardia. Barcelona: Diciembre 1932

37 El Corte Inglés dispone de página web (www.elcorteingles.es), a través de la cual pueden realizarse compras en cualquiera de sus secciones: deporte, hogar, informática, etc. Pero sin duda, el servicio on-line más utilizado es el del supermercado ya que permite el acceso a todos los productos sin necesidad de moverse de casa.

38 BORÓ i GARDÓ (1935)

39 SATUÉ (1988)

40 Diario de la Publicidad. Barcelona: Marzo de 1935

41 CABANA i VANCELLS (1978)

42 CABANA I VANCELLS (1998)

43 VVAA (1992-96)

44 SEMPRONIO (1983)

45 Extraído de la página: www.elcorteingles.es

46 GARCIA VAZQUEZ (1998)

47 FACIABÉN LACORTE (2000)

48 MITJANS I MIRÓ, F. (1985) Este arquitecto diseñó las fachadas de Sant Vicenç de Sarrià, de la basílica de la Mercé, de unas reformas de la iglesia de Arenys de Mar y de las sobrias fachadas del palacio episcopal.

49 A este mismo arquitecto pertenecen proyectos tan notables como: el Camp Nou (1909), Clínica Soler Roig (1952), Hotel Llorell de Tossa (1958), Camping La Ballena Alegre (1960), Banco Atlántico (1965), Edificio de Telefónica de Via Augusta (1971), entre muchos otros.

50 XALABARDER AULET (1999)

 

Bibliografía

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© Copyright Patrícia Faciabén Lacorte, 2003
© Copyright Scripta Nova, 2003

Ficha bibliográfica:
FACIABÉN, P. Los grandes almacenes en Barcelona. Scripta Nova. Revista electrónica de geografía y ciencias sociales. Barcelona: Universidad de Barcelona, 1 de mayode 2003, vol. VII, núm. 140, . <http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-140.htm> [ISSN: 1138-9788]


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