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Scripta Nova
REVISTA ELECTRÓNICA DE GEOGRAFÍA Y CIENCIAS SOCIALES
Universidad de Barcelona. ISSN: 1138-9788. Depósito Legal: B. 21.741-98
Vol. XI, núm. 244, 15 de julio de 2007
[Nueva serie de Geo Crítica. Cuadernos Críticos de Geografía Humana]


diferencias regionales en EL TERRITORIO BRASILEÑO: perspectiva diacrÓnica y sincrÓnica

María Laura Silveira
Departamento de Geografia, Universidade de São Paulo
laurasil@usp.br

Recibido: 18 de diciembre de 2006. Aceptado: 26 de febrero de 2007

Diferencias regionales en el territorio brasileño: perspectiva diacrónica y sincrónica (Resumen)

Cuatro largos períodos pueden explicar la historia del uso del territorio brasileño. Primero, la presencia humana, indígena y europea se adaptaba a los sistemas naturales con escasas técnicas. Desde el siglo XVIII la mecanización selectiva de la producción, a partir del nordeste, da origen a un Brasil archipiélago. En un tercer momento, la mecanización de la circulación permite la integración del territorio y del mercado, con un significativo proceso de industrialización de hegemonía paulista durante la primera mitad del siglo XX. A partir de las últimas décadas del siglo, con la revolución de las telecomunicaciones, de la ciencia, de la información y de las finanzas aumentan las diferencias regionales, la urbanización y la metropolización. Crece la importancia de las regiones sudeste y sur, así como de las regiones periféricas con producciones modernas. A partir de esas bases esbozamos una propuesta de nueva división regional, buscando comprender las actuales diferenciaciones regionales.

Palabras-clave: uso del territorio, Brasil, regiones, globalización, urbanización.

Regional differences in the Brazilian territory: diachronic and synchronous perspective (Abstract)

Four long periods can synthesize the history of the use of the Brazilian territory. First, the human presence, native and European, adapted to the natural systems with few techniques. From 18th century the selective mechanization of the production, from the northeast, organizes a Brazil archipelago. At a third moment, the mechanization of the circulation allows the integration of territory and market, with a significant process of industrialization by paulista hegemony towards the middle of 20th.century. In the last decades of this century, with the revolution of the telecommunications, science, information and finances increase the regional differences, urbanization and metropolization. The importance of Southeastern and South grow, as well as peripheral regions with modern productions. From those bases we outlined a proposal of new regional division to understand the present regional differentiations.

Key words: use of territory, Brazil, regions, globalization, urbanization.

La historia del uso del territorio es un camino de etapas, desde el medio natural al medio técnico y al medio técnico-científico-informacional (Santos, 1988; 1996). El uso del territorio se define por la implantación de infraestructuras o sistemas de ingeniería, pero también por el dinamismo de la economía y de la sociedad. Son los movimientos de la población, la distribución de la agricultura, de la industria y de los servicios, la estructura normativa, incluyendo la legislación civil, fiscal y financiera que, junto con el alcance y la extensión de la ciudadanía, configuran las funciones del nuevo medio geográfico.

Es un proceso de implantación de sucesivas y superpuestas divisiones territoriales del trabajo que producen una jerarquía entre regiones y redefinen la capacidad de actuar de las personas, de las firmas y de las instituciones. Actualmente, un nuevo conjunto de técnicas se vuelve hegemónico y constituye la base material de la vida de la sociedad. La ciencia, la técnica de información y las finanzas se revelan como un complejo de variables que comanda el desarrollo del presente período.

La regionalización de un país es un proceso de división, cuya definición depende de las variables escogidas en el abordaje de la cuestión. En el texto que a continuación ofrecemos y que retoma las ideas expuestas en el libro O Brasil. Território e Sociedade no início do século XXI, escrito con Milton Santos y publicado en 2001, consideramos los diversos estratos técnicos superpuestos al medio natural original desde el inicio del siglo XVI. Esas herencias, asociadas a las formas actuales de presencia del medio técnico-científico-informacional, nos servirán como parámetro para definir las diferenciaciones y compartimentaciones del territorio brasileño. Son los cuatro “brasiles” de la globalización: una Región Concentrada, formada por el Sudeste y por el Sur, el Brasil del Nordeste, el Centro-Oeste y la Amazonia. En esta ocasión, explicitamos con mayor detenimiento nuestro criterio de regionalización y la naturaleza de la urbanización asociada a los procesos contemporáneos.

Medio natural, medio pre-técnico

En los primeros siglos después del descubrimiento de Brasil en el año 1500, los tiempos lentos de la naturaleza comandaron las acciones humanas de diversos grupos indígenas esparcidos por el territorio así como también el asentamiento de los europeos en las zonas litorales o próximas. La precariedad o la pobreza de las técnicas disponibles hacían del cuerpo humano el principal instrumento de desafío a las condiciones naturales, a la producción y al enfrentamiento de las distancias. Además de las restricciones impuestas por los ritmos de las estaciones, la escasez de instrumentos técnicos impedía el dominio más efectivo y duradero de ese mundo natural.

Hombres, plantas y animales de tres continentes, bajo el imperio de los europeos, se encontraron en puntos privilegiados de la tierra brasileña y, en su convivencia obligatoria por el trabajo, crearon una nueva geografía en esta porción del planeta. La primera ocupación del territorio se realiza con el cultivo de la caña de azúcar e inmediatamente del tabaco, de algunos productos alimenticios y después del algodón en los campos del nordeste.

La cultura de la caña de azúcar, basada en el desmonte de la floresta, permitió la creación de las primeras plantations y el florecimiento de una serie de pequeños centros en el Recôncavo da Bahia y en la Zona da Mata (Azevedo, 1955; Brandão, 1988; Vasconcelos, 1997). La circulación se beneficiaba con la presencia de innúmeros cursos de agua que también eran alcanzados por las mareas. En el interior de las tierras, animales trasladados por los europeos aliviaban el esfuerzo de los colonizadores y permitían un dominio más fácil de las distancias. Las localidades así establecidas estaban separadas por distancias que se efectuaban en un día de marcha. Se crearon, de ese modo, rugosidades que van a tener un peso en la evolución histórica local y en el actual presente. Localidades próximas de los cursos de agua, aunque preservadas de las inundaciones, presidían el comercio y al abastecimiento de las áreas productoras. El enrejado de ríos tuvo un papel en el poblamiento regional. La Baía de Todos os Santos, lugar de conexión entre el mundo exterior y el naciente hinterland de Salvador, es un ejemplo de esa intimidad entre la ocupación económica y las virtualidades de la naturaleza.

Responsables por la esclavitud de africanos en esas tierras, los ingenios azucareros constituyeron una manifestación precoz de la mecanización. Fue la principal razón de la importancia de Salvador y Recife en el inicio de la época colonial (Castro, 1957; Freyre, 1988). Esos ingenios, explica Holanda (1995: 80), eran organismos completos, proporcionando alimentos, enseñanza y religión a los habitantes. Pero, en el Nordeste semiárido, señala Correia de Andrade (1995: 47), se formó “una sociedad pecuaria dominada por grandes latifundios cuyos detentadores casi siempre vivían en Olinda o Salvador”.

Según sus exigencias en el proceso de producción, los diversos productos condujeron a una cierta organización del territorio, vinculada a un calendario agrícola, a la demanda de mano de obra y a las necesidades de transformación. Es el caso de la caña de azúcar que precisaba ser rápidamente transportada a los ingenios (Furtado, 1959). En cuanto al tabaco, su procesamiento se realizaba en las aglomeraciones urbanas. De este modo, la naturaleza del producto inducía a una determinada organización del territorio, sobre todo cuando era un producto de exportación.

Las condiciones naturales eran, pues, un cuadro limitante. No obstante, algunos cultivos desbordaron su área originaria, como el algodón que, en otros lugares del Nordeste, invadió el área de la caña de azúcar al aumentar su precio en virtud de la guerra de secesión en Estados Unidos. En las zonas de contacto nacían, entonces, algunas aglomeraciones, beneficiándose del intercambio entre productos. Aquí, también, podría decirse que lo natural contenía lo social.

Sin embargo, el Gobierno General instalado en Salvador en 1549, después en Río de Janeiro, el virreinato, la transferencia de la sede del Imperio portugués en 1808, la Independencia en 1822 fueron, para la historia del país, hechos determinantes pero incapaces de crear, en el dominio de la economía, flujos verdaderamente nacionales. La máquina del estado servía para preservar y ampliar las fronteras, mantener el régimen y el orden, asegurar la recaudación de impuestos y, con la ayuda de la Iglesia, unificar la lengua. La unidad política y lingüística se daba al mismo tiempo en que las diversas regiones, produciendo para el mercado externo, se ligaban a éste prácticamente sin intermediario y, así, su evolución espacial y económica era impuesta por relaciones casi directas. De allí la noción del vasto archipiélago, formado, en verdad, por un conjunto de “penínsulas” de Europa.

La interiorización del poblamiento se debió, por un lado, a la minería y, por otro, a la cría de ganado en las estancias. La pecuaria estaba dispersa por el territorio interior (sertões), mientras que la explotación de los diamantes y del oro fue responsable por el surgimiento de innúmeros núcleos de vida urbana en el interior de los Estados de Minas Gerais, Bahia, Goiás y Mato Grosso. Tres áreas principales de cría de ganado florecían en los albores del siglo XIX: el interior del Norte y Nordeste – los sertões – que abastecían la zona agrícola costera, la región de minería – Minas Gerais – que contaba con mejores condiciones técnicas, y los campos del Sur que suministraban la producción de cuero y tasajo (xarque) (Prado Jr., 1945: 185, 192, 198).

El Brasil archipiélago: la mecanización incompleta

Más tarde, la invención y difusión de las máquinas y la elaboración de formas de organización más complejas permitieron otros usos del territorio. Nuevas geografías se diseñan, sobre todo, a partir de la utilización de nuevos recursos, prolongaciones no solamente del cuerpo del hombre, sino del propio territorio, verdaderas prótesis. El período técnico testimonia la emergencia del espacio mecanizado. Son las lógicas y los tiempos humanos imponiéndose a la naturaleza con la emergencia de sucesivos medios técnicos, todos incompletamente realizados, todos incompletamente difundidos.

A partir de la segunda mitad del siglo XIX se mecaniza la producción, mediante la instalación de usinas azucareras y, más tarde, con la navegación a vapor y las vías férreas. A las técnicas de la máquina circunscriptas a la producción suceden las técnicas de la máquina incluidas en el territorio.

Solidaridades entre los navíos y sus rutas de navegación, los puertos, las vías férreas, las primeras rutas de tránsito automotor y las primeras usinas de electricidad permitieron la constitución de los primeros sistemas de ingeniería en el territorio brasileño. No obstante, en enormes porciones del territorio reinaba aún el medio natural imponiendo, como en la Amazonia, significativos obstáculos a la exploración y a la posesión de los europeos.

La producción y el comercio del caucho, basados en la posibilidad de la inversión pública, permitieron el crecimiento de Belém y Manaus. Al café deben San Pablo y Santos su fortuna. El cacao creó una red de ciudades, capitaneadas por el puerto de Ilheus.

Así, las primeras industrias brasileñas no fueron obligatoriamente urbanas. Algunas dependían de la proximidad de las materias primas – como el algodón cultivado en áreas de Bahía, Río de Janeiro, Pernambuco y Maranhão – o de fuentes de energía directamente utilizables, que se encontraban fuera de las ciudades. Todavía se combinaban progreso técnico y sujeción a la naturaleza.

El crecimiento de las ciudades fue, entre tanto, desigual, debido a las oscilaciones de las economías regionales o de su papel político. Las aglomeraciones urbanas vivían sobre todo del comercio, que era principalmente orientado para el extranjero. Lograron formar verdaderos circuitos interiores y cada uno de éstos dominaba una vasta extensión del territorio brasileño. Las regiones se organizaban con los medios muy limitados de que disponían las ciudades y sus relaciones con el exterior eran jerárquicas. La inexistencia de transportes interiores rápidos era responsable del aislamiento, quebrado solamente por los transportes marítimos. Aún en la primera fase de los transportes mecánicos, con la creación de la red ferroviaria, no se modificó mucho la situación, pues la vinculación se circunscribía a las zonas de producción y a los puertos. No había una integración.

El equipamiento de los puertos, la construcción de vías férreas y las nuevas formas de participación del país en la fase industrial del modo de producción capitalista permitieron a las ciudades beneficiadas aumentar su comando sobre el espacio regional, mientras que la navegación, mucho más importante hacia el exterior, daba oportunidad a un mínimo de contactos entre las diversas capitales regionales, pero también entre los puertos de importancia. Se consolidaban las áreas de monocultivo de exportación. Paralelamente, el proceso de urbanización aumentaba las demandas de electricidad, con la difusión de los tranvías eléctricos, de la iluminación pública y de las primeras industrias. Se rompía, de ese modo, la regencia del tiempo “natural” para ceder lugar a un nuevo mosaico: un tiempo lento hacia el interior del territorio que se asociaba con un tiempo relativamente rápido hacia el exterior.

La economía estaba fundada en técnicas poco intensivas y, por eso mismo, con el aumento del volumen producido, se creaban más empleos. Y el salario fabril servía, juntamente con el estipendio rural, a impulsar el nacimiento de otras fábricas. La expansión del consumo en un área donde los transportes eran viables – ya que los trenes llegaban cargados de café para San Pablo y el litoral y retornaban vacíos – facilitó la expansión de la industria.

La inmigración, cuyo proceso adquirió ímpetu a fin del siglo XIX, beneficia las regiones hacia donde se dirigía, porque esos grupos afluían como portadores de una tecnología industrial y constituían una mano de obra calificada, deseosa de reproducir en Brasil un modelo de consumo que conocían o ambicionaban obtener en los países de origen. En los Estados de Río Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná, la política oficial de inmigración y colonización determinó la forma del poblamiento y del trabajo. El Estado de San Pablo fue el gran beneficiado de ese movimiento.

La población brasileña aumentó continuamente con el correr de los últimos decenios. La lucha contra la muerte, conducida paralelamente al combate menos eficaz contra el analfabetismo y a favor de la educación, dio como resultado una enorme elevación de los efectivos demográficos. El aumento de la población tuvo como consecuencia no sólo el aumento de los residentes en cada región, sino también la redistribución de la población. Esta redistribución se manifestó por un nuevo equilibrio demográfico regional, y un abandono del campo, con un aumento del número de las ciudades y de su población. Una gran parte de los brasileños del Norte y del Nordeste abandonaron estas regiones hacia las ciudades del Sur.

Se crearon, entonces, las condiciones de formación de lo que hoy es la región polarizada del país. Fue un momento preliminar de la integración territorial, dado por una integración regional del Sudeste y Sur en la primera mitad del siglo XX.

Se consolida el proceso de industrialización del país. San Pablo se tornó una gran metrópoli industrial, donde estaban presentes todos los tipos de fabricación. Convocado a acompañar este despertar industrial, el país entero conoció una cantidad de demandas y, especialmente, fue impregnado por la necesidad de concretar la integración nacional.

La segunda guerra mundial revela la fragilidad de la construcción nacional, comenzando por las carencias del sistema de transportes, y señala la necesidad y la urgencia de un planeamiento nacional que contemplase el equipamiento del territorio.

La integración nacional

En el extenso período del Brasil archipiélago, las mayores ciudades se situaban en el litoral o en áreas próximas. Es el ejemplo de la ciudad de San Pablo en el momento del auge del café con su desdoblamiento del puerto de Santos e, inclusive, el caso de Manaus hasta donde la navegación marítima podía llegar. Recién cuando los transportes, las comunicaciones y las necesidades oriundas de la industrialización y del mercado interno integran el país nacen importantes ciudades en el interior. Éstas derivan del crecimiento poblacional, de la elevación de los niveles de vida, de la expansión del consumo y de la demanda de servicios en número y frecuencia mayores que anteriormente.    

Nuevas formas de relación entre metrópoli económica y centros regionales se establecen por intermedio de los vehículos automotores. Sin duda, el trazado de las carreteras obedecía a las nuevas exigencias de la industria y del comercio y, de ese modo, terminó por reforzar la posición de San Pablo como centro productor y, al mismo tiempo, centro de distribución primaria. La creación de una industria automotriz y la construcción de Brasilia confluyeron, también, para favorecer a San Pablo y ampliar, cuantitativamente y cualitativamente, las diferencias regionales (Fernandes, 1981).

A la revolución de los transportes, que tuvo lugar en las décadas de 1950 y de 1960 en Brasil, sucede en los años 1970 una revolución de las telecomunicaciones. Dias (1989: 36-37) propone una periodización, a partir de la instalación y complementación de los sistemas técnicos: ondas cortas y cables submarinos, red hertziana y desarrollo del sistema de satélites brasileños.

Las antiguas metrópolis costeras fueron, de ese modo, volviéndose relativamente menos polarizadoras de las respectivas poblaciones regionales. Entre otras razones, los nuevos sistemas de transporte inducían los traslados hacia San Pablo y Río de Janeiro y, por otra parte, aquellas antiguas metrópolis litorales se tornaron incapaces de abastecer de los nuevos bienes y servicios a sus tradicionales áreas de influencia. Por esa razón, los núcleos urbanos recientemente creados o desarrollados se conectaban directamente a San Pablo, para obtener las respuestas económicas y técnicas que necesitaban. No obstante, las relaciones entre la metrópoli económica y las áreas agrícolas más tecnificadas y dinámicas eran mucho más significativas que con el resto del país y ello constituyó una especificidad de la nueva división territorial del trabajo.

El fin de la guerra marca el inicio de una nueva era, dentro del itinerario capitalista, con las perspectivas abiertas por la revolución científico-técnica. La ideología de racionalidad y modernización a cualquier precio supera el dominio industrial, se impone al sector público e invade áreas hasta entonces no afectadas o alcanzadas sólo indirectamente, como, por ejemplo, la manipulación de los medios de comunicación de masa, la organización y el contenido de la enseñanza en todos sus grados, la vida religiosa, la profesionalización, las relaciones del trabajo, etc.

Una nueva división territorial del trabajo se esboza en Brasil a partir de la necesidad de transformar los minerales y producir derivados del petróleo. Es el momento de la implantación de complejos y polos industriales en Bahía (petroquímico), Maranhão (siderúrgico), Carajás (minas de hierro), Alagoas (cloro) y Tucuruí (electrometalúrgico). Paralelamente, existía la necesidad de sustituir el petróleo en algunos sectores de la circulación. De allí la institucionalización, en 1975, del Programa Nacional do Álcool (Proálcool) que, con el ingreso masivo de la cultura de la caña de azúcar, cambia la geografía del interior paulista.

Los intercambios aumentan y, en consecuencia, también aumenta y se diversifica el sector terciario de la economía, pues existe mayor necesidad de organización, de servicios públicos y privados, de transportes y de bancos. Se gesta, a un solo tiempo, una gran especialización territorial, con tendencia a la concentración de la producción de bienes y servicios más sofisticados en algunos puntos del Sudeste y del Sur. País subdesarrollado industrializado (Santos, 1972-1973, 1975), Brasil conserva una serie de características del subdesarrollo que, muchas veces, son agravadas por el crecimiento económico, es decir, disparidades regionales pronunciadas, enormes desigualdades del ingreso y una tendencia creciente hacia el empobrecimiento de los menos favorecidos, a pesar del aumento del Producto Nacional Bruto y, también, del Producto Nacional per cápita.

La construcción de Brasilia acarrea, directa o indirectamente, junto con la ascensión industrial de San Pablo, la emergencia de una nueva arquitectura territorial y de nuevas centralidades. Brasilia va retirando, poco a poco, de Río de Janeiro la centralidad del poder, es decir, de las órdenes de naturaleza pública con las cuales el territorio debería ser regulado. San Pablo, a su vez, va sustrayendo a Río de Janeiro el comando de la economía, atribuyéndose, a través de una industria capaz de abastecer y equipar un Brasil relativamente unificado por los transportes, la producción de las órdenes económicas, de la regulación económica del territorio. El desequilibrio entre la estructura industrial de Río y la de San Pablo se consolida realmente cuando la industria paulista conoce una diversificación y la de Río de Janeiro deja de seguir ese camino. La formación de capital en la región de San Pablo es uno de los factores de esa diversificación. Brasilia tiende rápidamente a instalarse como metrópoli política y San Pablo se afirma aún más como metrópoli económica, al tiempo que ambas funciones van decreciendo en la antigua capital imperial y republicana, Río de Janeiro.

La globalización y la difusión del medio técnico-científico-informacional

La unión entre ciencia y técnica que, a partir de los años 1970, venía transformando el territorio brasileño, se revigoriza durante el período de la globalización bajo la impronta del mercado, que se vuelve un mercado global.

El territorio adquiere nuevos contenidos e impone nuevos comportamientos, en virtud de las enormes posibilidades de la producción y, sobre todo, de la circulación de insumos, productos, dinero, ideas e informaciones, órdenes y personas. Es la irradiación del medio técnico-científico-informacional, constituido sobre todo en las regiones Sur y Sudeste, pero también en puntos y manchas de otros Estados (Santos, 1985, 1996).

Esos espacios globalizados son tanto áreas agrícolas como industriales y de servicios, y se caracterizan por su inserción en una cadena productiva global, por el predominio de relaciones distantes y, frecuentemente, extranjeras y por su lógica extrovertida. El país es surcado por carreteras modernas de interés nacional e internacional, más que regional y local. La pavimentación de los principales ejes viarios y la construcción de carreteras hacia los países vecinos encauzan una mayor integración comercial.

Además de la participación de préstamos y créditos de organismos financieros internacionales en la construcción de infraestructuras, el propio Estado brasileño invierte para dotar ciertas partes del país de las condiciones de circulación indicadas como indispensables a la llamada “apertura” del país al comercio externo. Aquellas regiones orientadas a producir para la exportación y para un comercio a distancia tienen prioridad en este equipamiento y, así, se crean en el territorio áreas con mayor densidad viaria e infoviaria al servicio de uno de los aspectos de la economía nacional. Tales densidades no tienen, pues, relación directa con el tamaño y la densidad de la población, ni con la antigüedad del poblamiento, ni con las urgencias de las sociedades locales, sino con nexos económicos, particularmente de la economía internacional.

Desde ese punto de vista, es necesario ahora distinguir, en el territorio nacional, áreas donde la información y las finanzas tienen más o menos influencia, de la misma manera que antes lo era en relación a los productos y la mano de obra.

La implantación del sistema básico de telecomunicaciones permitió no solamente la transmisión de datos, sino también unificar el sistema de televisión. Es la instalación de las redes lo que permite la difusión de la información general y del consumo, así como la financierización del territorio. Más tarde, la incorporación de fibra óptica en los sistemas técnicos nacionales, a partir de los proyectos de intercomunicación del planeta, amplió la participación del país en la globalización de las telecomunicaciones.

Es una división territorial nueva y ampliada en Brasil que permite, por un lado, la posibilidad de ocupar áreas hasta entonces periféricas y, por otro, remodelar las áreas ya ocupadas (Santos y Silveira, 2001). Hoy, un cierto número de datos motores, como el consumo y el crédito, encuentran las bases materiales para su instalación en casi todo el territorio. Se vuelven prácticamente ubicuos. Hay una unificación del territorio gracias al mercado, a los transportes y a la información.

Se superpone, al viejo tejido, un tejido nuevo de urbanización. El número de grandes ciudades aumenta considerablemente, existían 7 ciudades entre 400 mil y un millón de habitantes en 1980; eran 19 en 1996. En cuanto las ciudades millonarias, que sumaban 10 en 1980, eran 14 en 2000 (figura 1). Asistimos a fenómenos aparentemente contradictorios pero en realidad complementarios, esto es, el refuerzo de la metropolización juntamente con una especie de desmetropolización. Las aglomeraciones con más de 500 mil habitantes eran 15 en 1980, 24 en 1996 y 30 en 2000.

 

Figura 1. Difusion del fenómeno ciudades millonarias, inclusive regiones metropolitanas - 2000.

 

Podemos admitir que, en las áreas más desarrolladas del país, el tamaño de las ciudades medias era, en un pasado reciente, de 20 a 50 mil habitantes, en tanto que hoy es de 50 a 100 mil habitantes. Estas ciudades abrigaban en 1996 cerca del 55 por ciento de la población urbana del país, reunida en 211 aglomeraciones. Con la modernización agrícola y los progresos en la red ferroviaria y en los transportes, la población agrícola conoce una evolución diferente. El número de personas que trabaja en el sector agrícola y habita en las ciudades aumenta, lo que lleva a la población rural a reducirse, descendiendo de 41 millones a 34 millones entre 1970 y 1996.

Las ciudades medias organizan los aspectos técnicos básicos de la producción regional, delegando lo esencial de los aspectos políticos para aglomeraciones mayores, en el país o en el extranjero, en virtud del papel de esas metrópolis en la conducción directa o indirecta del mercado. El control técnico de las producciones crea una demanda de población letrada y, paralelamente, contribuye a difundir e interiorizar en esas ciudades la enseñanza superior. Entre 1970 y 1980 se crean 300 instituciones de enseñanza superior y la relación de personas en edad universitaria por alumno pasa de 28,6 en 1970 a 12,2 en 1980. Entre 1960 y 1980 el número de matrículas universitarias aumentó aproximadamente 15 veces en el país. Una desaceleración del crecimiento de matrículas caracteriza el intervalo 1980-1996 (el aumento alcanza solamente 40 por ciento) y, en esos dieciséis años, la relación entre personas en edad universitaria y el número de alumnos en ese mismo nivel de enseñanza permanece prácticamente estancada (12,2 en 1980 y 11 en 1996). En 1996 existían 916 instituciones de enseñanza superior, 77,18 por ciento de ellas eran particulares. Una “frontera educacional” en expansión se desarrolla en las Regiones Centro-Oeste y Sur. Es en esas áreas nuevas que el sector privado participa de la interiorización de la enseñanza superior. En la primera de esas regiones, 67,7 por ciento de las instituciones son particulares (Santos y Silveira, 2000).

La cuestión de la fluidez del espacio se aplica ahora en otros términos. Como la información y las finanzas pasan a ser datos importantes, si no fundamentales, en la arquitectura de la vida social, el espacio total de un país, esto es, su territorio en tanto que soporte de la producción en todas sus instancias, equivale al mercado. Se definen, así, densidades diferentes y nuevos usos del territorio.

Los cuatro regiones, hoy

En este punto de la historia del territorio brasileño parece lícito proponer, a partir de las premisas señaladas, una división regional basada, al mismo tiempo, en una actualidad marcada por la difusión diferencial del medio técnico-científico-informacional y en las herencias del pasado.

Podríamos, así, reconocer grosso modo la existencia de cuatro “brasiles”: una región concentrada formada por el Sudeste y por el Sur, el Brasil del Nordeste, el Centro-Oeste y la Amazonia (figura 2).

 

Figura 2. Regiones brasileñas en el periodo de la globalización.

 

La Región Concentrada, englobando San Pablo, Rio de Janeiro, Minas Gerais, Espírito Santo, Paraná, Santa Catarina y Rio Grande do Sul, se caracteriza por la implantación más consolidada de los datos de la ciencia, de la técnica y de la información.

En esa región concentrada del país, el medio técnico-científico-informacional se implantó sobre un medio mecanizado, ya portador de un espeso sistema de relaciones, debido, en parte, a una urbanización importante, al patrón de consumo de las empresas y de las familias, a una vida comercial más intensa. En consecuencia, la distribución de la población y del trabajo en muchos núcleos es otro trazo regional.

Reuniendo el más completo equipamiento en subestaciones y la mayor densidad de líneas de alta tensión, la región concentrada comanda las interconexiones y participa activamente de la unificación del sistema técnico. Por ello es, quizás, la región donde las técnicas actuales revelan con más claridad su indiferencia en relación al medio en que se instalan.

Considerando el país como un todo, el dato motor deja de ser la industria y pasa a ser la información, pero la ciudad de San Pablo continúa siendo, en este nuevo período, el polo nacional. Sin embargo, mientras ascienden las actividades terciarias y de servicio, la industria continúa creciendo en tierra paulista, aunque su velocidad sea menor.

Actividades propias de la globalización, que producen novísimas formas específicas del terciario superior, un cuaternario y un “quinquenario” ligados a las finanzas, a la asistencia técnica y política y a la información en sus diferentes modalidades, se superponen a las formas anteriores del terciario y testimonian las nuevas especializaciones del trabajo en esa región (Bernardes, 2001). Ese nuevo sector de servicios sustenta las nuevas clases medias que trabajan en los diversos sectores financieros, en las múltiples ocupaciones técnicas, en las diversas formas de intermediación, publicidad, etc. Una ciudad como San Pablo, donde en 1971 había 204 mil personas vinculadas a actividades técnicas, científicas y artísticas, cuenta, en 1986 con 508 mil trabajadores en esas actividades, número que asciende a un millón en 1997.

San Pablo mantiene su posición de comando sobre la vida económica nacional. Pierde relativamente su poder industrial pero aumenta su vigor a través de la concentración de la información, de los servicios y de la toma de decisiones. Es la conjugación de esos tres datos que permite a la metrópoli paulista renovar su fuerza en todo el territorio brasileño. De ese modo, omnipresente en el espacio nacional, por medio de una capacidad  instantánea y directora, la metrópoli está en todas partes. Puede hablarse de una verdadera “disolución” de la metrópoli (Santos, 1993).

No obstante, como las variables del período se difunden en el territorio, la región crece más que la metrópoli y eso podría ser denominado “involución metropolitana” (Santos, 1993). Fenómeno general, esa involución se manifiesta en la aglomeración paulista por la emigración de actividades industriales, fenómeno del cual la zona fabril del ABCD (municipios de Santo André, São Bernardo, São Caetano y Diadema) es emblemática, con la fuga de las industrias hacia otros puntos de la región metropolitana, hacia el interior del Estado de San Pablo y hacia otros Estados. El Sur despunta como la región ganadora de esa reorganización del trabajo industrial en Brasil, pues aumenta, entre 1970 y 1990, el número de establecimientos, el personal ocupado y el valor de la transformación industrial. En 1970, mientras esa región albergaba solamente el 14,79 por ciento del personal ocupado del país, el Estado de San Pablo concentraba el 50,97 por ciento. Veinte años después, San Pablo reunía 35,35 por ciento del empleo industrial y la Región Sur, que ya había superado ese umbral, exhibía el 36,49 por ciento del total nacional. La ciudad de San Pablo ve engrosar la cuantía de pobres y ahora, en pleno proceso de globalización, el desempleo alcanza a legiones, reuniendo cerca del 20 por ciento de la población económicamente activa. Se consolidan, asimismo, belts modernos destinados a la producción de naranjas y caña de azúcar en el Estado de San Pablo, vinculados, sobre todo, al abastecimiento para la producción de jugo para exportación y a la fabricación de alcohol. Pero, también, se consolidan como modernos los cinturones de soja, trigo, algodón, maíz, arroz, tabaco y uva en los Estados sureños. Numerosas empresas de aviación agrícola complementan esa agricultura moderna, permitiendo el control y la aplicación de fertilizantes y pesticidas por vía aérea. Eran 43 empresas en Brasil en 1975 y, veinte años más tarde, eran 238, de las cuales 162 se localizaban en la Región concentrada y 71 en la Región Centro-Oeste. Se trata de una reorganización del trabajo dentro de la región polarizada del país.

Gracias a los contenidos de ciencia, técnica e información, mayores volúmenes de productos se obtienen en áreas más reducidas y en tiempos más cortos. Se rompen, entonces, los equilibrios preexistentes y se imponen otros en relación a las cantidades y cualidades de la población, de los capitales, de las formas de organización, de las relaciones sociales.

Al mismo tiempo en que aumenta la importancia de los capitales fijos (carreteras, puertos, silos, etc.) y de los capitales constantes (maquinarias, vehículos, simientes, abonos, etc.) aumenta también la necesidad de movimiento. Crece, así, el número y la importancia de los flujos, sobre todo la circulación de dinero. No obstante, esos flujos se multiplican, con más intensidad, dentro de la región concentrada, donde la división del trabajo es extrema y la vida de relaciones adquiere especial relevo. El flujo aéreo, en 1995, entre San Pablo y Río de Janeiro fue de 1.276.633 pasajeros, 1,7 veces superior al flujo de San Pablo con la Región Nordeste, 1,9 veces más que con la Región Centro-Oeste, 8,8 veces superior a los flujos entre San Pablo y la Amazonia y 3,4 veces más que con la capital federal. El número de pasajeros que viajan desde Belo Horizonte hacia otras ciudades de la Región Concentrada (576.901) es 9,3 veces mayor que sus vinculaciones con el Nordeste y 150,6 veces superior que entre la capital minera y la Amazonia. Las proporciones se mantienen en los días actuales.

Como hoy aumenta la repartición del trabajo en el territorio, al sabor de las vocaciones técnicas y normativas de las regiones, crece también la necesidad de unir el trabajo segmentado. Es la cooperación que une las etapas del trabajo y, así, entreteje círculos en el territorio. Esa es otra fuerza nueva de la Región Concentrada, mostrando la densidad que en ella adquieren las redes de abastecimiento (silos, depósitos, frigoríficos, mercados concentradores), y también redes de otra naturaleza (supermercados, shopping-centers, transportes, finanzas, proveedores de Internet, equipamientos y actividades vinculadas a la salud, a la enseñanza y a la cultura).

La Región Centro-Oeste, constituida por los Estados de Mato Grosso, Mato Grosso do Sul, Goiás y Tocantins, es un área de “ocupación periférica” reciente. El medio técnico-científico-informacional se establece sobre un territorio prácticamente “natural”, o mejor, “pre-técnico”, donde la vida de relaciones era exigua y precaria. Sobre esa herencia de enrarecimiento, los nuevos datos constitutivos del territorio son los del mundo de la información, de la televisión, de una red de ciudades distanciadas unas de las otras y asentadas sobre una producción agrícola moderna y sus necesidades relacionales.

Los productos de una agricultura globalizada – soja, maíz, algodón e inclusive arroz en sus nuevas variedades – son cultivados en un área que abriga las mayores densidades de mecanización agrícola (un tractor para cada 8,8 habitantes agrícolas, una máquina para cosecha cada 54,7 habitantes agrícolas), el mayor consumo de fertilizantes y pesticidas agrícolas y la utilización de tecnología de punta, como la agricultura de precisión (Castillo, 1999). Beneficiada por el valor relativamente bajo de la tierra, tal agricultura consigue, también, disminuir sus costos de trabajo con altos grados de capitalización en fijos y flujos. No obstante, el Estado participa generosamente del financiamiento necesario a la creación de nuevos sistemas de ingeniería y de nuevos sistemas de movimiento. Es una producción de alimentos que se da en modernas estancias dispersas a grandes distancias hoy fácilmente franqueables, bajo la demanda de las firmas globales con sede en la Región Concentrada, aún cuando los mecanismos de dominio sean poco visibles. Es el ejemplo de los cerrados que, diseñando una geografía de nuevos fronts, agrupan cerca de 20 por ciento del área total cultivada en el país, 25 por ciento de la producción de granos y 43 por ciento de ganado bovino brasileño. No habiendo rugosidades materiales y organizacionales, los nuevos objetos y las nuevas acciones crean un espacio totalmente nuevo y con gran participación en la globalización.

El Nordeste, incluyendo Maranhão, Piauí, Ceará, Río Grande do Norte, Paraíba, Pernambuco, Alagoas, Sergipe y Bahia, es un área de poblamiento antiguo, donde la constitución del medio mecanizado se dio de forma puntual y poco densa y la respectiva circulación de personas, productos, información, órdenes y dinero era precaria, tanto en razón del tipo y de la naturaleza de las actividades (sobre todo una agricultura poco intensiva), como en virtud de la estructura de la propiedad. Cimentada sobre todo en el trabajo, esa agricultura evidencia bajos índices de mecanización (un tractor para cada 148 habitantes agrícolas y una máquina para cosecha para 1373 habitantes agrícolas) al compararla con la Región Concentrada y con la Región Centro-Oeste.

Herencia de la antigüedad de la ocupación económica, realizada en el período pre-mecánico, el número de núcleos urbanos es grande, en virtud de la baja mecanización del territorio, su densidad relativamente importante, pero la tasa regional de urbanización es baja. Si las aglomeraciones son numerosas, la urbanización es, de modo general, raquítica. Son causas y consecuencias de la debilidad de la vida de relaciones, un círculo vicioso.

La influencia del fenómeno de globalización y la instalación del medio técnico-científico-informacional en ciertas manchas del territorio regional, como en las áreas irrigadas (el caso del Valle de San Francisco), van a darse sobre un cuadro socio-espacial prácticamente enyesado. Esa situación abre la perspectiva de importantes fracturas en la historia social, con cambios brutales de los papeles económicos y políticos de grupos y personas y, también, de lugares.

La Amazonia, que puede ser definida por los Estados de Pará, Amapá, Roraima, Amazonas, Acre y Rondônia, es una región de vacíos heredados y de bajas densidades técnicas. Se desarrolló un poblamiento que conducía a la concentración, pues no había agricultura.

Esa región fue la última en ampliar su mecanización, tanto en la producción como en el propio territorio. La vastedad de éste y la necesidad de intercomunicar sus lugares principales lleva, primero, a un aumento del número de puntos de servicio de la aviación, que tienden a ser los mismos puntos nucleares de las vías de circulación fluvial o terrestre. Su participación en el total de cargas transportadas por vía aérea en Brasil (19,4 por ciento) la sitúa en segundo lugar después de la Región Concentrada.

Las nuevas vías navegables, como Madeira-Amazonas, responden a la necesidad de transportar la soja producida en los fronts de Mato Grosso y Rondônia. Esos puntos, servidos por los transportes y comunicaciones, ejercen un débil papel de centralidad sobre parcelas limitadas del espacio, cuyo control depende, en mayor parte, de la navegación en los ríos. Las excepciones son las áreas donde se instalan estancias modernas, ávidas de fluidez y exigentes de relaciones, conduciendo a un rápido crecimiento de núcleos urbanos que se vuelven multifuncionales y ejercen un dominio sobre vastas áreas. Esas áreas agrícolas y esas ciudades-hongo ya constituyen un indicio de la penetración en la región de los nexos de la globalización. Bajo su amparo se aseguran las conexiones con las áreas más dinámicas del país, mediante la difusión de los recursos de las telecomunicaciones modernas.

En un arreglo diferente al resto del país, su ocupación deriva de un conocimiento fundado en modernos satélites y radares, al tiempo en que el inventario de los reinos vegetal y animal aún no fue concluido. Las solidaridades entre un conocimiento relativamente estático del territorio, fundado en la teledetección, y un conocimiento más dinámico, basado en las telecomunicaciones, descubren las posibilidades y limitaciones de la navegación y permiten custodiar el itinerario de las embarcaciones.

Como una intrusión, Manaus consolida su vocación como polo industrial bajo el amparo de la regulación especial de la zona franca. Lado a lado, funcionan sistemas de movimiento modernos y rápidos y sistemas de movimiento lento, éstos al servicio de actividades tradicionales. Las ciudades más importantes acaban siendo el lugar de la confluencia entre esos sistemas locales y el trazo de unión con el mundo y con los centros dinámicos del país. Desarrollan relaciones divididas, tardías y lentas con su hinterland.

Evidenciando el papel concentrador de algunas ciudades, las densidades financieras también son bajas, considerando que existe, en el Estado de Amazonas, una agencia bancaria cada 13.516 Km2, mientras que en Río de Janeiro hay una agencia cada 33 Km2.

Como ya vimos, la centralidad política se fortalece, de algún modo, en Brasilia y la centralidad económica se afirma en San Pablo. No obstante, con la globalización, ambas ciudades tienen ampliamente comprometido su papel de regulación, volviéndose, desde ese punto de vista, menos “centrales”. La llamada apertura de la economía, en muchos casos, solamente permite que San Pablo y Brasilia ejerzan una “regulación delegada”, es decir, una regulación cuyas “órdenes” se sitúan fuera de su competencia y dejan un pequeño margen a la elección de caminos susceptibles de atribuir, desde dentro, un destino al territorio nacional.

Diferenciaciones regionales de la urbanización

Recientemente todas las áreas del país experimentaron un robustecimiento de su proceso de urbanización, aunque en niveles y formas diferentes, gracias a las diversas modalidades del impacto de la modernización sobre el territorio. La situación anterior de cada región pesa sobre los procesos recientes.

El simple examen de los números de la urbanización en las diversas regiones puede dar la impresión de una evolución contradictoria. No se trata de eso. A partir del momento en que el territorio brasileño se vuelve efectivamente integrado y se constituye como mercado único, lo que a primera vista aparece como evolución divergente es, en verdad, un movimiento convergente. Existe una lógica común a los diversos subespacios. Esa lógica está dada por la división territorial del trabajo en escala nacional, que privilegia diferentemente cada fracción en un momento dado de su evolución.

En las áreas poco pobladas de la Región Amazónica y de la Región Centro-Oeste, la modernidad contemporánea se implanta sobre un relativo vacío y, de ese modo, no encuentra el obstáculo de las herencias. Esas áreas aún se mantenían prácticamente pre-mecánicas hace treinta o cuarenta años.

Por ello, han sido regiones extremadamente receptivas a los nuevos fenómenos de la urbanización, ya que eran prácticamente vírgenes, al no poseer infraestructura de monta ni otras inversiones fijas heredadas que pudiesen dificultar la implantación de innovaciones. Especialmente la Región Centro-Oeste ha podido, así, recibir una infraestructura nueva, totalmente al servicio de una economía moderna, ya que eran prácticamente ausentes las marcas de los precedentes sistemas técnicos. De ese modo, allí, lo nuevo va a darse con mayor velocidad y rentabilidad. Y es por esa razón que el Centro-Oeste conoce una tasa extremadamente alta de urbanización, pudiendo instalarse, de una única vez, toda la materialidad contemporánea indispensable a una economía exigente de movimiento. 

En la Amazonia Legal, el índice de urbanización pasa del 28,3 por ciento en 1950 al 52,4 por ciento en 1980 y el número de núcleos urbanos se duplica en ese mismo período, ascendiendo de 169 a 340 (Machado, 1984).

La Región Centro-Oeste – y, particularmente, Mato Grosso do Sul y Goiás – se distingue de la Amazonia por el hecho de la continuidad espacial de la ocupación, realizada a partir de capitales más intensivos, con la evidencia de una mayor composición orgánica y en un subespacio donde la fluidez es mayor. Y en  la Amazonia hubo, desde el siglo pasado, condiciones para la concentración de la población en pocos núcleos, exactamente en función de la discontinuidad y de la raridad de la población.

El caso de Goiás es emblemático. Durante prácticamente cuatro siglos ha sido, desde el punto de vista de la producción, un verdadero espacio natural, donde una agricultura y una ganadería extensivas fueron practicadas, junto a una actividad elemental de minería. De la construcción de Goiânia, inaugurada en los años 1930, no se conocen sistemáticamente los efectos dinámicos. El nuevo urbanismo llega antes de la modernización rural, de la modernización de los transportes, del consumo y, de modo más general, de la modernización del país. Con el redescubrimiento del cerrado en virtud de la revolución científico-técnica, se crean las condiciones locales para una agricultura moderna, un consumo diversificado y, paralelamente, una nueva etapa de la urbanización, gracias, también, al equipamiento moderno del país y a la construcción de Brasilia, que pueden ser enunciados entre las condiciones generales del fenómeno. En función de las nuevas relaciones espacio/tiempo, ciudades intermedias relativamente espaciadas – en contraste con áreas de vieja urbanización como el Nordeste – se desarrollan rápidamente y, reforzada, Goiânia puede pretender la condición metropolitana, a pesar de su proximidad a Brasilia.

Otra es la realidad del Nordeste, donde una estructura de propiedad de la tierra hostil dificultó, tempranamente, una mejor distribución del ingreso, un mayor consumo y una mayor terciarización, contribuyendo a mantener en la pobreza a millones de personas e impidiendo una urbanización más expresiva. Por ello, la introducción de innovaciones materiales y sociales iría a encontrar la gran resistencia de un pasado cristalizado en la sociedad y en el espacio, atrasando el proceso de desarrollo. Un antiguo poblamiento, asentado sobre estructuras sociales arcaicas, actúa como freno a los cambios sociales y económicos, acarrea el retardo de la evolución técnica y material y desacelera el proceso de urbanización. Ésta es recientemente menos dinámica en el Nordeste, comparada a otras áreas del país.

Ya el Sudeste, más “nuevo” que el Nordeste y más “viejo” que el Centro-Oeste, procura, a partir del primer momento de mecanización del territorio, una adaptación progresiva, eficiente a los intereses del capital dominante. Cada vez que hay una modernización, ésta es vivida por la región. La ciudad de San Pablo es un buen ejemplo, pues constantemente abandona el pasado, le vuelve permanentemente las espaldas y, en contraposición, reconstruye su presente a imagen del presente hegemónico, lo que le ha permitido, en los períodos recientes, un desempeño económico superior, acompañado por tasas de crecimiento urbano muy elevadas.

Existe, en el Sudeste, la mencionada y significativa mecanización del espacio, desde la segunda mitad del siglo pasado, al servicio de la expansión económica, lo que desde entonces contribuye para una división del trabajo más acentuada y genera una tendencia a la urbanización. Los grupos de inmigrantes europeos que ahí desembarcaban ya traían consigo, mediante sus aspiraciones de consumo, una estimulación a una mayor división del trabajo en esa área, cuya incorporación económica tardía, en relación a las demandas de los países industriales, acaba por ser una ventaja. El hecho de que la mecanización del espacio se diera sobre un casi “vacío”, creando la novedad técnica al lado de la novedad económica, fue otro acelerador de la división del trabajo. Eso ocurre sobre todo en el Estado de San Pablo donde, a lo largo del siglo y todavía recientemente, fue posible prácticamente sin trauma acoger las nuevas y sucesivas modernizaciones. Esa permanente renovación técnica sirve como base material para una permanente renovación de la economía y del contexto social, propiciando una división del trabajo cada vez más ampliada y la aceleración correlativa del proceso de urbanización, cuyos índices actuales en el Sudeste son comparables, sino superiores, a los de la mayoría de los países de Europa Occidental.

En cuanto a la gran Región Sur, ésta reúne áreas de poblamiento más antiguas, incorporadas a la civilización mecánica desde fines del siglo pasado, a otras cuya incorporación tardía a la civilización técnica les permitió un desarrollo urbano más rápido. Compárese, por ejemplo, la marcha de la urbanización en un Estado como Paraná con lo ocurrido en Río Grande do Sul. El ejemplo, en realidad, nos demuestra el peligro de atenernos únicamente a grandes unidades territoriales. Por ejemplo, en el caso de las áreas “vacías”, cuya incorporación a la materialidad moderna es más reciente, no hay como confundir situaciones como la de Mato Grosso do Sul con la que se verifica en la Amazonia. En ésta, la colonización es más discontinua, y moviliza relativamente menos capitales y más trabajo, mientras que en Mato Grosso do Sul la densidad mayor de la ocupación está acompañada de mayor densidad capitalista y técnica. Eso ayudaría a explicar el mayor desarrollo urbano en Mato Grosso do Sul – y también en Mato Grosso y Goiás – donde también la presencia de una clase media urbana es más notable. Lo que existe en común a esos espacios es la aparición de un proceso vigoroso de urbanización, paralelamente a las nuevas oleadas de poblamiento, al contrario de lo que acontece en el resto del país, donde el poblamiento precedía a la urbanización.

A partir de esas bases esbozamos una propuesta de una nueva división regional, que contribuiría a la comprensión de las actuales desigualdades territoriales, zonas de densidad y enrarecimiento, espacios de rapidez y lentitud, espacios que mandan y que obedecen. Resultado también de las nuevas divisiones del trabajo que las grandes empresas plasman en el territorio nacional, esas regiones muestran, al mismo tiempo, la difusión de las variables que comandan el período y el uso corporativo del territorio, con instabilidades, desarticulaciones, desvalorizaciones y revalorizaciones de nueva naturaleza.

 

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© Copyright María Laura Silveira, 2007.
© Copyright Scripta Nova, 2007.

Ficha bibliográfica:
SILVEIRA, M. L. Diferencias regionales en el territorio brasileño: perspectiva diacrónica y sincrónica. Scripta Nova. Revista Electrónica de Geografía y Ciencias sociales. Barcelona: Universidad de Barcelona, 15 de julio de 2007, vol. XI, núm. 244 <http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-244.htm>. [ISSN: 1138-9788].

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