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Índice de Scripta Nova

Scripta Nova
REVISTA ELECTRÓNICA DE GEOGRAFÍA Y CIENCIAS SOCIALES
Universidad de Barcelona. ISSN: 1138-9788. Depósito Legal: B. 21.741-98
Vol. XVI, núm. 396, 20 de marzo de 2012
[Nueva serie de Geo Crítica. Cuadernos Críticos de Geografía Humana]

 

EL SISTEMA URBANO EN ESPAÑA

Josep Roca Cladera
Centro de Política de Suelo y Valoraciones – Universidad Politécnica de Cataluña
josep.roca@upc.edu

Montserrat Moix Bergadà
Centro de Política de Suelo y Valoraciones – Universidad Politécnica de Cataluña
montserrat.moix@upc.edu

Blanca Arellano Ramos
Centro de Política de Suelo y Valoraciones – Universidad Politécnica de Cataluña
blanca.arellano-ramos@upc.edu

Recibido: 12 de abril de 2011. Devuelto para revisión: 13 de septiembre de 2011. Aceptado: 24 de noviembre de 2011.

El sistema urbano en España (Resumen)

La literatura especializada ha planteado distintas aproximaciones para la delimitación de los sistemas urbanos y metropolitanos. Aspectos administrativos (las unidades administrativas históricamente heredadas), morfológicos (el continuo urbano), vinculados a la existencia de economías de aglomeración (densidades de población y empleo, actividades económicas urbanas…), o a la interacción funcional (commuting residencia-trabajo) han sido utilizadas para la definición del hecho metropolitano. A su vez se ha desarrollado, en los últimos años, una amplia literatura que ha venido a revelar la progresiva tendencia de las estructuras urbanas hacia el policentrismo. Se ha roto, sin duda, el paradigma de las ciudades monocéntricas, estructuradas en torno a un único CBD. Frente al downtown tradicional, las metrópolis contemporáneas han visto emerger el fenómeno de los subcentros. Sin embargo pocos esfuerzos se han dirigido a abordar de forma integrada los dos aspectos mencionados: a) la delimitación urbano-metropolitana, y b) el análisis de la estructura interna de los sistemas urbano-metropolitanos.

Este trabajo aborda el reto de delimitar tanto los sistemas urbanos como su composición interior, estructurada en subsistemas articulados en torno a distintos subcentros. La metodología desarrollada a partir del Valor de Interacción permite delimitar simultáneamente esos dos niveles de estructuración urbana: el sistema urbano-metropolitano en su conjunto y los subsistemas articulados alrededor de los subcentros, “emergentes” o “maduros”, mediante las relaciones funcionales que se establecen entre el mercado de trabajo y el de residencia. A su vez, el concepto de valor de interacción permite evaluar el grado de policentrismo de las ciudades, más allá de la simple identificación de subcentros desarrollada en la literatura especializada.

En este sentido, y a partir de la matriz de movilidad residencia-trabajo ofrecida por el Censo de 2001, el presente estudio delimita los sistemas urbanos y metropolitanos de toda España, a la vez que ofrece datos novedosos en relación a la estructura interna de dichos sistemas.

Palabras clave: sistemas urbanos, valor de interacción, policentrismo, subcentros.

The Urban System in Spain (Abstract)

The specialized literature has proposed various approaches to the delimitation of urban and metropolitan systems. Administrative aspects (administrative units historically inherited), morphological (urban continuum), some linked to the economies of agglomeration (population and employment density, urban economic activities, ...) or functional interaction (home-work commuting) have been used for the definition of a metropolitan area. At the same time it has developed in recent years, an extensive literature that has come to reveal the progressive trend of the metropolitan areas to the polycentrism. There is no doubt that the monocentric city paradigm, structured around a single CBD, is broken. The contemporary metropolises have seen the emergence of the phenomenon of the sub centers. However, few efforts have been directed to address the two aspects together: a) the urban-metropolitan delimitation and b) the analysis of its internal structure.

This paper addresses the challenge of defining both the metropolitan systems and their internal composition, structured or not around different sub centers. The methodology developed of the Interaction Value simultaneously allows delimiting these two levels of urban structure: the metropolitan system as a whole and the subsystems articulated around the emerging or consolidated sub centers, by measuring the functional relationships between housing and workplaces. At the same time, the Interaction Value assesses the degree of polycentrism beyond the simple identification of sub centers developed in the literature.

In this sense, and using the mobility matrix supplied by the Census of 2001, this paper delimitates the urban and metropolitan systems in Spain, and presents new results concerning the internal structure of such systems.

Key words: urban systems, interaction value, polycentrism, sub centers.


La definición de esas formaciones históricas que son las metrópolis ha concentrado, especialmente desde mediados del siglo pasado, una importante atención en la literatura especializada[1].

En apenas un siglo se ha producido una transformación radical de la ciudad. La ciudad amurallada, cerrada al exterior, reducto de acusada actividad económica y densidad demográfica en el marco del espacio rural, ha dado paso a la difusión del fenómeno urbano y de las redes de urbanización en la práctica totalidad del territorio. Se ha producido una “inversión topológica del paisaje[2], lo “urbano” ha pasado de ser una isla en la inmensidad del océano rural, a representar la globalidad del espacio en el que se insertan “sistemas” naturales o agrarios más o menos aislados.

El desbordamiento de los límites administrativos por parte de la urbanización ha conducido a la superación del viejo concepto de ciudad[3] y a su sustitución por otros con los que se ha intentado comprender los nuevos fenómenos territoriales. Áreas metropolitanas y micropolitanas, aglomeraciones, conurbaciones, sistemas urbanos diarios (daily urban systems), mercados de trabajo locales (local labour markets), regiones urbanas funcionales (functional urban regions), megalópolis, megaciudades regionales (mega-city regions), han sido, entre otros, conceptos con los que se ha intentado sustituir la “caduca” noción de ciudad.

Desde que en 1910 la Oficina del Censo de los USA regulase los distritos metropolitanos, se han sucedido los esfuerzos para definir y delimitar los nuevos artefactos que han venido a sustituir a nuestras antiguas y queridas ciudades. A criterios físicos[4], basados en la morfología de la urbanización y muy especialmente el continuo urbano, le sucedieron criterios de orden demográfico[5] y económico[6] para la definición de las metrópolis. Pero han sido sin duda las delimitaciones funcionales[7], especialmente de aquéllas basadas en la relación residencia/trabajo, las más difundidas y utilizadas a lo largo de los últimos decenios (la figura 1 presenta un resumen de las principales aportaciones).

 

Figura 1. Evolución de los criterios de delimitación de Áreas Metropolitanas.
Fuente: Elaboración propia.

 

El desarrollo ulterior de los procesos de urbanización a escala planetaria, particularmente la difusión del sprawl[8] a partir de la década de los 70 de la pasada centuria, ha llevado a poner en duda la validez de esas estructuras, las metrópolis, con las que se había venido a sustituir el viejo concepto de ciudad.

La literatura geográfica se ha esforzado en comprender esos nuevos procesos urbanos, más allá muchas veces del simple hecho metropolitano. De este modo se han elaborado nuevos términos para describir los fenómenos de fin de siglo: a los de contraurbanización, desurbanización y rururbanización[9], acuñados en la década de los 70 y los 80, se les han añadido más recientemente los de ciudad difusa, periurbanización, edge cities, ciudad reticular, ciudad sin centro o periferia sin centro o metápolis[10], entre otros muchos. Conceptos, todos ellos, que pivotan en torno a una idea central: la caída del paradigma christalleriano[11], es decir del sistema jerárquico del territorio basado en la centralidad, esto es, en el poder de atracción ejercido por los lugares centrales.

Esa literatura de fin de siglo ha llevado a diversos autores a cuestionar[12] si en la era del sprawl, en la época de la difusión de la telaraña de la urbanización en la práctica totalidad del territorio, es posible poner límites a la ciudad sin confines que caracteriza el actual proceso urbanizador. Proceso que ha convertido en borrosas las tradicionales distinciones entre campo y ciudad, centro y suburbio, metrópolis y espacios no metropolitanos. En este sentido, cualquier esfuerzo dirigido a redefinir las metrópolis o, más allá, cualquier tipo de estructura urbana que las viniese a sustituir, estaría abocado al fracaso.

Por su parte, la literatura económica no ha llegado a conclusiones semejantes en relación a la necesidad de dejación del concepto de ciudad, o de su equivalente moderno, la metrópoli. Si bien es cierto que dicha literatura ha puesto de manifiesto que el desarrollo urbano contemporáneo ha ido alejando de forma progresiva la estructura urbana de las áreas metropolitanas del modelo estándar de la economía locacional[13] y que ha constatado, a escala regional, la progresiva complejificación de las estructuras territoriales desveladas por Christaller, también lo es que no ha puesto en discusión el concepto último en el que dichos modelos (de escala intraurbana y regional) descansan, esto es, las economías de aglomeración, es decir el papel atractor de los centros frente a la ausencia de externalidades positivas del vacío que representan los entornos rurales. De esta manera, las metrópolis han continuado siendo, por lo general, el objeto de análisis hacia el que han prestado atención los economistas urbanos y regionales[14].

El análisis de la realidad del desarrollo urbano a partir de la década de los 80 ha constatado cambios sustanciales en la estructura de las áreas metropolitanas[15]: cambios que no pueden ser explicados por el modelo estándar de la economía locacional. Particularmente el policentrismo creciente de las mismas, concentrando el empleo en diversos subcentros, además del CBD, así como la creciente dispersión de la actividad económica en la práctica totalidad del tejido urbano, han planteado cambios estructurales en las relaciones económicas que requieren de nuevos desarrollos teóricos, más allá del modelo monocéntrico tradicional. A fin de adaptar dicho modelo a la realidad de los hechos, la literatura teórica[16] ha situado en la congestión de los lugares centrales el principal elemento explicativo de la caída relativa de los CBD, de forma tal que las estructuras urbanas contemporáneas serían el resultado inestable de un conjunto de fuerzas centrípetas y centrífugas, en las que el efecto descentralizador provocado por la congestión (y el recurso estructuralmente escaso que es el suelo) sería sólo parcialmente compensado por las economías de aglomeración. En este contexto dialéctico el predominio de estas últimas conduciría a la concentración descentralizada del empleo en uno a varios subcentros además del CBD, así como, en el caso de dominio de las economías de desaglomeración, a la dispersión del empleo en el conjunto de la región.

Numerosos estudios empíricos han dado fe de esos cambios en la estructura urbana. La inmensa mayor parte de ellos dirigidos al reconocimiento de subcentros y, por tanto, a la tesis “neo”-clásica encaminada a la primacía de las fuerzas de aglomeración en un contexto descentralizado. Muy pocos[17], en cambio, dirigidos a evidenciar el progresivo protagonismo de las fuerzas disgregadoras sobre el empleo y, por tanto, a discutir la vigencia de la tesis del policentrismo.

La literatura sobre la identificación de subcentros ha evolucionado en las últimas décadas, ganando progresivamente rigor estadístico y objetividad. A los trabajos de la década de los 80, en los que la delimitación de los subcentros venía determinada por criterios históricos, institucionales o administrativos[18], le siguió una literatura renovada[19] que ha venido a revolucionar el trabajo empírico dirigido al análisis de la estructura del empleo urbano.

Las anteriores aproximaciones han permitido avanzar de forma significativa en el análisis de la estructura policéntrica de las aglomeraciones urbanas contemporáneas. Sin embargo la mayor parte de la literatura empírica recientemente desarrollada adolece de una limitación fundamental: define los subcentros exclusivamente en virtud de la estructura de la densidad de empleo, minusvalorando lo que a nuestro juicio es el elemento esencial del policentrismo: la generación de estructura urbana. No basta con constatar la existencia de irregularidades en el patrón de densidades de empleo. Ni siquiera que esas irregularidades manifiesten interdependencias estadísticas con la distribución espacial de las densidades residenciales. Es necesario, además, que dichos nodos representen auténticos elementos vertebradores de subsistemas urbanos dentro de la estructura general de la metrópolis. Es decir, que los subcentros constituyan verdaderos polos de influencia y referencia del territorio que les rodea en los aspectos culturales, sociales y económicos; y que por tanto establezcan una dialéctica con él capaz de ser reflejada en flujos de interacción de energía, materia e información[20].

Desde una doble perspectiva geográfica-económica, el presente artículo parte de la hipótesis de que es posible simultáneamente definir y delimitar la “metrópoli”, a la vez que revelar su estructura interna (monocéntrica-policéntrica). Este es el objeto del presente trabajo, cuya finalidad última no es sino proponer un procedimiento general para la comprensión de los sistemas territoriales y urbanos en la sociedad contemporánea.

Desde la primera de esas perspectivas, la delimitación de la “metrópoli” (o, más en general, de la “ciudad”), si bien es un hecho cierto y constatado la no existencia de fronteras en los actuales fenómenos de urbanización[21], se parte de la hipótesis de que dichos conceptos pueden ser re-definidos en función de la teoría de sistemas. La Teoría General de Sistemas, desarrollada en el curso de los últimos decenios, nos ha enseñado como abordar el análisis de sistemas complejos como los ecosistemas urbanos. En particular nos ha mostrado que la definición y delimitación del sistema, con relación a su entorno, es un elemento intrínsecamente arbitrario, dependiente tan sólo de la escala de resolución del análisis, en tanto en cuanto “sistema” y “entorno” forman parte de una única realidad. La clave, por tanto, se encuentra en determinar el grado de definición, la escala, del análisis propuesto. En este sentido nuestro grupo de investigación ha propuesto distinguir tres escalas diferenciadas:

En el campo de la literatura económica, el presente artículo busca avanzar en una línea alternativa a la hasta ahora mayoritariamente desarrollada. Parte de una noción de policentrismo, en el que los nodos de empleo representan no sólo concentraciones singulares de trabajo sino también auténticos elementos vertebradores del sistema urbano[22]. Expresiones de la complejidad y la diversidad de la ciudad, frente a la banalización y simplicidad de la mayor parte de las periferias. Se parte de la hipótesis, por tanto, que los centros y subcentros configuran la metrópoli como una ciudad de ciudades[23]. Un área metropolitana compuesta por subsistemas urbanos -los sistemas locales definidos en la pequeña escala- caracterizados por un mayor o menor monocentrismo, policentrismo o dispersión.

Este artículo tiene, en consecuencia de lo anterior, el objetivo central de aplicar para el conjunto del territorio español una nueva metodología de delimitación y análisis de la estructura de las ciudades y áreas metropolitanas. Una metodología que, a diferencia de las aproximaciones al uso, permita la delimitación simultánea de los “artefactos” a analizar, los sistemas urbanos y metropolitanos, así como de los subsistemas que los estructuran. Subsistemas articulados en torno a “cabeceras”, esto es, a máximos locales de densidad y de empleo y, por tanto, a verdaderos subcentros. La metodología desarrollada permite no sólo identificar los subcentros, así como las unidades funcionales a ellos asociados, sino a su vez entender la diferente estructura urbana de las entidades identificadas. En este sentido irrumpe una lectura de los territorios que creemos trasciende la perspectiva ofrecida por la mayor parte de los trabajos especializados.


La delimitación de las metrópolis en España

Desde que a mediados del siglo pasado se definiesen las zonas de influencia de las grandes ciudades españolas (Gran Madrid 1944; Gran Bilbao, 1946; Gran Valencia, 1949; y Gran Barcelona, 1953), a efectos de planeamiento urbano, se han sucedido los esfuerzos de delimitación de las metrópolis. Los trabajos pioneros de la Dirección General de Urbanismo (1965), condujeron a la definición de nuevos ámbitos de planeación metropolitana en Madrid (1964) y Barcelona (1966). El primero con 24 municipios y 1.739,44 km2, el segundo con 164 municipios y 3.271,51 km2. La figura 2 reproduce los ámbitos de planeamiento metropolitano de Madrid y Barcelona adoptados en los 60[24].

 

Figura 2. Ámbitos de planeamiento Metropolitano de Madrid y Barcelona de la década de los 60.
Fuente: Elaboración propia.

 

A partir de estos trabajos iniciales se han sucedido los esfuerzos para proceder a una definición metropolitana rigurosa, lo que ha generado una muy rica literatura especializada, aunque normalmente limitada a la escala local[25]. Mucho más escasos han sido los trabajos que se han planteado el análisis global del sistema urbano español. Entre los más destacados cabe mencionar:

 

Imagen1

Figura 3. Continuos Urbanizados (más de 100.000 habitantes).
Fuente: NUREC (1994).

 

 

Imagen1

Figura 6. Áreas Metropolitanas de España.
Fuente: CPSV (2005).

 

Cuadro 1.
Principales Áreas Metropolitanas Españolas

Fuente: CPSV (2001).

 

A pesar de los esfuerzos desarrollados en 60 años de debate metropolitano en España, es difícil encontrar un mínimo consenso técnico acerca de la validez de los ámbitos urbanos delimitados conforme a las anteriores metodologías, sean del signo que sean.


Hacia una metodología alternativa para la definición de los sistemas urbano-metropolitanos y de los subsistemas que los conforman

La metodología aquí propuesta pretende construir el sistema urbano-metropolitano de forma alternativa. Se sugiere un procedimiento dirigido a la comprensión de las áreas metropolitanas como verdaderas ciudades de ciudades, superando el entendimiento de las mismas como simples sistemas de atracción de uno (o varios) centro(s) hacia hinterlands más o menos extensos. En este sentido el procedimiento propuesto puede caracterizarse como una metodología down-up, esto es, que parte de las relaciones intensas en las cortas distancias, los sistemas urbanos, para agregarse en estructuras progresivamente más amplias, las áreas metropolitanas, hasta llegar incluso a la escala regional[43].

Dicha metodología puede ser resumida por medio de los siguientes elementos fundamentales:

La significación de la metodología del valor de interacción es que por medio de la misma se pueden reconocer de forma simultánea las “semillas” de la estructura territorial (los protosistemas), las “piezas básicas” de la misma (los sistemas urbanos), su articulación en estructuras más complejas (las áreas metropolitanas), la composición interna de las mismas (los subsistemas que las componen), así como la propia estructura regional. En este sentido, y a diferencia de la mayor parte de las metodologías convencionales, la identificación de los subcentros en las estructuras urbanas policéntricas aparece no tanto del análisis del patrón espacial de densidades de lugares de trabajo, sino como reconocimiento de los mismos en cuanto piezas fundamentales en la articulación de los mercados de vivienda (lugar de origen de los flujos en la matriz de commuting residencia-empleo) y trabajo (lugar de destino en dicha matriz de flujos) dentro del sistema urbano-metropolitano. Una metodología down-up, minimalista si se quiere, en la comprensión de las estructuras territoriales.


El sistema urbano español

La aplicación de la anterior metodología permite la delimitación, a partir de los 8.106 municipios españoles (según el Censo de 2001), de 1.531 protosistemas, de los cuales 218 no cumplen la condición de autocontención mínima (fijada en un 50%), lo que conduce a una delimitación definitiva de 1.314 protosistemas consolidados, que a los efectos del presente trabajo, serán considerados como sistemas urbanos reales. La figura 7 presenta los resultados de delimitación a escala de toda España.

 

Figura 7. Sistemas urbanos españoles delimitados por medio del valor de interacción.
Fuente: Elaboración propia.

 

Cuadro 2.
Sistemas Urbanos según tamaño

Tamaño

N. Sistemas

N. Protosistemas

N. Municipios

LTL

Población 2001

>= 1.000.000

3

25

124

3.659.762

8.488.058

500.000-1.000.000

7

15

134

1.777.138

4.935.623

250.000-500.000

15

35

269

2.107.728

5.473.122

100.000-250.000

45

83

677

2.658.540

6.873.705

50.000-100.000

66

95

677

1.702.890

4.737.295

20.000-50.000

168

215

1.264

1.815.871

5.388.085

10.000-20.000

166

181

1.022

723.990

2.340.224

5.000-10.000

211

234

1.299

457.749

1.524.589

2.000-5.000

260

270

1.328

232.177

856.287

< 2.000

377

377

1.309

87.365

355.371

 

Tal como muestra el cuadro 2, tres sistemas urbanos consolidados destacan sobre los demás superando el millón de habitantes: Madrid, Barcelona y, sorprendentemente, Sevilla. Por su parte, otros 7 tienen una población entre 500.000 y 1.000.000 de habitantes: Valencia, Bilbao, Zaragoza, Bahía de Cádiz, Málaga, Gijón-Oviedo y Las Palmas de Gran Canaria-Telde. La metodología permite delimitar, asimismo, sistemas urbanos de menor dimensión, sin limitación alguna por lo que respecta al tamaño mínimo, permitiendo, de este modo, entender la estructura urbana española en su conjunto. La figura 8 nos sugiere una clara distribución logística, en “S”, del logaritmo de la población de los sistemas urbanos españoles en función a su rango.

 

Figura 8. Relación rango/tamaño de los sistemas urbanos españoles.

 

Dicha distribución parece confirmar, frente a la asunción de la ley de Zipf generalmente aceptada[48], la distribución log-normal de los sistemas urbanos españoles. La figura 9, confirma dicha estructura básicamente log-normal, como así lo hacen los tests estadísticos más significativos. La citada normalidad de la distribución del logaritmo de la población de los sistemas urbanos consolidados, claramente más acusada que la relativa a la de los municipios[49], es una prueba, a nuestro juicio, del buen comportamiento de la metodología empleada en su delimitación. Las ciudades (los sistemas urbanos), como tantos otros fenómenos naturales, seguirían una ley de distribución log-normal.

 

Figura 9. Histograma del logaritmo de la población de los sistemas urbanos españoles.

 

Cabe añadir que una buena parte de los sistemas urbanos delimitados de acuerdo a la metodología anterior tienen un carácter marcadamente plurimunicipal. Así un 36,5% de los sistemas urbanos españoles tiene más de cinco municipios, según se desprende del cuadro 3. Junto a grandes atractores metropolitanos como Madrid (que agrupa 12 municipios de más de 50.000 habitantes) y Barcelona (que agrupa 6)[50], aparecen como sistemas metropolitanos de grandes dimensiones Bilbao y Sevilla (con 4 y 3 ciudades, respectivamente, de más de 50.000 habitantes)[51]. A su vez aparecen sistemas complejos como Bahía de Cádiz (con Jerez de la Frontera, Cádiz, San Fernando, Puerto de Santa María y Chiclana de la Frontera), así como sistemas bipolares como Gijón – Oviedo, Las Palmas de Gran Canaria – Telde, Santa Cruz de Tenerife – La Laguna, Sabadell – Cerdanyola, Alcalá de Henares – Torrejón de Ardoz, Tarragona – Reus, Sant Boi – Viladecans o Sant Cugat – Rubí.

 

Cuadro 3.
Distribución de los Sistemas Urbanos por población y número de municipios

 

Cuadro 4.
Principales Sistemas Urbanos Españoles

Sistema Urbano

Población 01

LTL

Área

N. Municipios

N. Protosistemas

Madrid

4.851.250

2.198.392

3.803

75

17

Barcelona

2.450.517

1.064.543

269

18

4

Sevilla

1.186.291

396.827

2.375

31

4

Valencia

977.929

373.225

408

16

3

Bilbao

903.634

318.592

502

35

6

Zaragoza

656.052

278.609

2.369

30

2

Bahía de Cádiz

622.389

185.462

2.196

9

1

Málaga

609.618

206.423

977

11

1

Gijón

601.690

219.477

2.526

20

1

Las Palmas GC

564.311

195.350

726

13

1

 

El cuadro 4 permite comparar algunos de los principales sistemas urbanos españoles. Destaca, en primer lugar, la gran diferencia de tamaño entre los sistemas urbanos de Madrid y Barcelona (figura 10), con aproximadamente el doble de población y lugares de trabajo la capital de España sobre la capital catalana. Diferencia que se hace aún más evidente si se tiene en cuenta el número de municipios (75 frente a 18) y, sobre todo, la superficie (3.803 km2 Madrid, más de diez veces superior a la de Barcelona[52]). Mientras que en el caso de la Ciudad Condal, la delimitación se ajusta en líneas generales a lo que suele denominarse la “Barcelona de las Rondas” (ámbito comúnmente reconocido por el conocimiento local como la ciudad real de Barcelona), en el caso de Madrid desborda ampliamente incluso a las delimitaciones metropolitanas de carácter institucional al uso. La razón de esa diferencia fundamental se debe al manifiesto carácter macrocéfalo de Madrid, respecto al mayor policentrismo de Barcelona[53]. Macrocefalia que tiene en la dependencia funcional al centro, y por tanto en la escasa autocontención de los protosistemas, el elemento determinante. Así mientras que en Barcelona tan sólo se agregan 3 protosistemas al central (Cornellá, San Feliu de Llobregat y el Masnou) por no alcanzar el 50% de autocontención, en Madrid lo hacen 16 protosistemas (destacando entre estos, Fuenlabrada, Alcobendas, Pinto y Coslada, con más de 100.000 habitantes, así como Tres Cantos, Collado Villalba y Torrelodones, con más de 50.000).

 

Figura 10. Los Sistemas Urbanos de Madrid y Barcelona.
Fuente: Elaboración propia.

 

A diferencia de Madrid, el sistema urbano de Barcelona se cierra con tan sólo 269 km2, lo que sugiere la existencia de verdaderas ciudades metropolitanas, más allá de la capital. Menor dimensión es, desde esta perspectiva, evidencia de mayor policentrismo metropolitano. Pequeña escala, la de la ciudad real de Barcelona, que viene confirmada por su comparación no sólo con Madrid, sino también con el resto de sistemas urbanos de mayor rango (población superior a 500.000 habitantes): el sistema de Barcelona es el de menor superficie de todos ellos. Por debajo incluso de los de Valencia o Bilbao, los cuales observan también ámbitos territoriales relativamente compactos. Mientras que en sentido opuesto destacan, junto a Madrid, los extensos sistemas urbanos de Gijón-Oviedo, Sevilla, Zaragoza y Bahía de Cádiz, con más de 2.000 km2.

La comparación entre Valencia y Sevilla revela también aspectos de interés. La figura 11 nos muestra ambos sistemas urbanos. Valencia sorprende por no alcanzar la cota del millón de habitantes, como la mayor parte de los trabajos de delimitación metropolitana analizados en el epígrafe 2 sugieren. La razón es, como en el caso de Barcelona, su mayor policentrismo tendencial en relación a otros sistemas, como el sevillano. El protosistema central de Valencia se conforma con tan sólo 10 municipios, ninguno de los cuales mayor a 50.000 habitantes[54]. Frente al mismo el protosistema de Sevilla agrupa 21 municipios, dos de ellos tan destacados como Dos Hermanas (100.871 en 2001) o Alcalá de Guadaira (57.830). Por su parte el sistema urbano consolidado de Valencia integra tan sólo 16 municipios, por 31 el de Sevilla. Cabe concluir, por tanto, que la mayor dimensión denotada por Sevilla obedece a su significativo monocentrismo: buena parte de los municipios cercanos a la capital sevillana no son capaces de retener una parte significativa de su población ocupada residente, dependiendo de la ciudad central como suministradora de trabajo. Situación que no se produce en Valencia, cuyo mayor policentrismo tendremos ocasión de evidenciar en el análisis a escala metropolitana.

 

Figura 11. Los Sistemas Urbanos de Sevilla y Valencia.
Fuente: Elaboración propia.

 

El sistema metropolitano de España

Una vez obtenidos los sistemas urbanos consolidados a un 50% de autocontención se puede afrontar la tarea de delimitar el sistema metropolitano, mediante la agregación de los sistemas en función al valor de interacción. Como se ha indicado en la exposición de la metodología, se escoge el umbral del 1 por mil, como criterio de identificación. La figura 12 muestra el proceso jerárquico de agregación (582 iteraciones) de sistemas urbanos hasta llegar al 1 por mil. Resultan 732 sistemas urbano-metropolitanos, que se representan en función de su población en la figura 13, así como en el cuadro 5.

 

Figura 12. Agrupación jerárquica en virtud al valor de interacción.

 

Cuadro 5.
Sistemas Metropolitanos según su tamaño

Tamaño

N. Sist. Metr.

N. Sist. Urb.

N. Proto.

N. Municipios

LTL

Población 2001

>= 1.000.000

7

93

160

752

6.642.492

16.466.164

500.000-1.000.000

13

98

122

714

3.367.827

9.280.567

250.000-500.000

14

140

182

1.087

1.851.821

5.031.381

100.000-250.000

24

121

157

1.103

1.381.070

3.772.014

50.000-100.000

29

73

85

568

700.235

1.973.226

 

Según la metodología del valor de interacción, en 2001 había en España un total de 87 sistemas metropolitanos con una población superior a 50.000 habitantes. Junto a esos 87 sistemas metropolitanos, aparecían un total de 130 áreas micropolitanas (con una población superior a 10.000 habitantes), así como otros 515 sistemas urbanos equivalentes al 1 por mil de valor de interacción.

Entre los sistemas metropolitanos cabe destacar los 7 que superaban el millón de habitantes (por este orden: Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Bilbao, A A Coruña-Santiago-Ferrol y Málaga-Marbella), así como otros 13 que se situaban entre 500.000 y 1.000.000 de habitantes (Gijón-Oviedo-Avilés, Alicante-Elche, Bahía de Cádiz, Murcia-Cartagena, Vigo-Pontevedra, Las Palmas de Gran Canaria-San Bartolomé de Tirajana, Santa Cruz de Tenerife-Puerto de la Cruz, Zaragoza, San Sebastián-Irún, Palma de Mallorca, Valladolid-Palencia, Almería y Granada). En total, 20 grandes áreas metropolitanas compuestas por 191 subsistemas urbanos (consolidados al 50% de autocontención), 282 protosistemas, y 1.466 municipios. Dichas 20 top áreas metropolitanas, agrupaban en 2001 más de 25,5 millones de habitantes, un 63% del total de España, así como unos 10 millones de puestos de trabajo, un 66% del conjunto del país (véase el cuadro 6).

 

Imagen1

Figura 13. Sistemas Metropolitanos españoles.
Fuente: Elaboración propia.

 

Cuadro 6.
Principales Sistemas Metropolitanos Españoles

Sist. Metropolitano

Población 01

LTL

Área

N. Sist. Urbanos

N. Protosistemas

N. Municipios

Madrid

5.439.588

2.428.364

7.198,29

8

32

180

Barcelona

4.530.254

1.903.795

3.744,25

24

44

184

Valencia

1.801.463

686.219

3.068,48

18

26

104

Sevilla

1.382.892

444.759

4.995,37

6

9

47

Bilbao

1.242.494

445.661

3.151,61

15

23

123

Coruña (A)

1.058.311

367.501

6.759,28

17

20

82

Málaga

1.011.162

366.193

2.670,73

5

6

32

Gijón

927.743

305.530

4.595,93

6

7

39

Alicante

854.683

315.814

1.819,86

7

8

36

Jerez de la Frontera

851.020

239.658

5.301,03

4

4

24

Murcia

821.013

302.247

2.725,05

7

7

22

Vigo

812.422

288.379

2.960,24

10

11

49

Las Palmas de G.C.

755.489

274.265

1.566,40

3

3

21

Sta. Cruz de Tenerife

744.076

266.604

2.041,21

6

7

31

Zaragoza

719.200

301.836

6.872,42

8

11

88

San Sebastián

631.103

251.903

1.895,35

10

15

86

Palma de Mallorca

588.921

241.095

2.286,03

7

7

38

Valladolid

563.224

213.414

5.237,90

10

15

135

Almería

507.081

207.933

6.484,35

17

21

84

Granada

504.592

159.149

2.982,96

3

6

61

 

El análisis de las áreas metropolitanas top-20 incorpora interesantes novedades respecto a la visión anterior basada en los sistemas urbanos consolidados:

Más allá de la aproximación anterior, de carácter principalmente descriptivo, se ha desarrollado un análisis integrado del grado de complejidad de las estructuras urbano-metropolitanas españolas por medio de la construcción de un indicador sintético de policentrismo, basado en la noción de entropía de Shanon, a partir de la población (o de los lugares de trabajo) de los subsistemas que las conforman. Dicho indicador puede ser expresado de la forma que sigue:

Complejidad Metropolitana (Entropía) = ∑ pi x Ln (pi)

Siendo pi la probabilidad de cada subsistema urbano dentro del sistema metropolitano (calculada como proporción de población, o de LTL) y Ln (pi) el logaritmo de esa probabilidad. De forma que una entropía alta representa una mayor complejidad urbana, lo que implica una mayor tendencia al policentrismo, mientras que una menor entropía va vinculada, por lo general, a una mayor macrocefalia central, es decir al monocentrismo.

La figura 17 se concentra en las 20 principales áreas metropolitanas, contrastando la entropía versus la población (en base logarítmica) de las mismas. El primer cuadrante (las líneas de puntos representan la media de la población y de la entropía), principalmente Barcelona, A Coruña y Valencia, muestra a las grandes áreas metropolitanas caracterizadas por un elevado grado de policentrismo. Por su parte, el segundo cuadrante, con Almería, San Sebastián y Vigo-Pontevedra, representa a las AM menores, caracterizadas también por una elevada complejidad. Frente a las anteriores el tercer y cuarto cuadrante presenta las áreas metropolitanas más monocéntricas, Granada, Zaragoza, Palma de Mallorca y Las Palmas de Gran Canaria, entre las menores, y Sevilla y Madrid entre las grandes. El análisis de la entropía confirma, por tanto, una imagen claramente sesgada en cuanto a la complejidad de los sistemas metropolitanos españoles, representando Barcelona y Madrid los ejemplos paradigmáticos del policentrismo y monocentrismo.

 

Figura 17. Complejidad de los grandes sistemas metropolitanos españoles.

 

Por su parte, la figura 18 presenta la entropía de la población de los sistemas urbanos y metropolitanos al 1 por mil de valor de interacción para el conjunto de España. En líneas generales puede observarse una mayor tendencia hacia el policentrismo en la costa frente al interior de la península. En la costa se encuentran Barcelona, Valencia, Almería, Huelva, Girona, San Sebastián, A Coruña y Vigo-Pontevedra como grandes áreas urbanas caracterizadas por elevadas dosis de policentrismo. También muestran un nivel significativo Bilbao, Vinaroz, Castellón, Gandía, Xátiva y Alicante, todos ellos localizados en la costa. En el interior tan sólo Ourense, Ponferrada, León, Lleida, Segovia y Jaén, muestran cotas de complejidad dignas de mención.

 

Figura 18. Entropía de los Sistemas Urbanos y Metropolitanos.

 

Por el contrario la mayoría de los grandes sistemas metropolitanos del interior muestran un monocentrismo más acentuado. Es el caso de Granada, Madrid y Zaragoza, principalmente, pero también de Cuenca, Cáceres, Burgos, Aranda de Duero, Salamanca y muchos otros sistemas urbanos de consideración.

La lectura metropolitana de España sugiere, por tanto, una segmentación relativa de la estructura territorial, más monocéntrica y simple en el interior peninsular, más policéntrica y compleja en la periferia.


Conclusiones

El presente trabajo ha tenido un doble objetivo. Por una parte, el desarrollo de una metodología capaz de definir de forma rigurosa el entorno metropolitano, en la época de la difusión de las redes de urbanización por la práctica totalidad del territorio. Por otra, el análisis, de forma simultánea e integrada, de la estructura interna de los sistemas urbanos y metropolitanos, mediante la identificación y caracterización de los subsistemas que los integran.

Dicha metodología, basada en la noción de valor de interacción, permite, a nuestro juicio, la identificación de esos artefactos que son las áreas metropolitanas así como el conjunto del sistema urbano, de forma más sólida y estable que otras aproximaciones al uso. La inestabilidad de esas delimitaciones, resultante de los distintos patrones de urbanización (delimitaciones de orden morfológico, a partir del análisis de la continuidad de la urbanización), de los diferentes modelos de intensidad en la ocupación del territorio (delimitaciones de tipo económico basadas en la densidad), así como de los grados de commuting residencia-empleo (delimitaciones funcionales como la adoptada por el Censo Norteamericano), puede ser subsanada a partir del análisis del grado de relación existente entre las diferentes unidades de base (los municipios), realizado por medio del valor de interacción.

En este sentido, parece confirmarse que las delimitaciones obtenidas mediante esta última metodología se adecuan mejor a la realidad de los hechos, en la medida en que aparecen menos contaminadas por los distintos patrones de urbanización, de intensidad en la ocupación del suelo así como de la ratio de atracción funcional ejercida por los centros. En la era de la ciudad sin confines, en la época del sprawl, el valor de interacción aparece como un instrumento capital para la delimitación del sistema territorial. En este sentido el trabajo aquí presentado creemos representa el primer ejercicio de análisis integral del conjunto del sistema urbano español contemporáneo.

En relación al segundo objetivo del estudio, el desarrollo de una metodología capaz de abordar el análisis del grado de monocentrismo-policentrismo de las metrópolis, se constata la relativa insuficiencia de las aproximaciones clásicas al limitarse al análisis de la distribución espacial de la densidad de empleo, minusvalorando el papel real de las concentraciones de fuerza de trabajo en la generación de estructura urbana. El artículo sugiere que no es suficiente constatar la existencia de rugosidades en el patrón de densidades. Es necesario, además, que dichos nodos representen auténticos elementos vertebradores de subsistemas urbanos dentro de la estructura general de la metrópoli. Es decir, que los subcentros constituyan verdaderos polos de influencia y referencia del territorio que les rodea en los aspectos culturales, sociales y económicos; y que por tanto establezcan una dialéctica con él capaz de ser reflejada en flujos de interacción funcional. Unos subcentros capaces de configurar ciudades dentro de la ciudad metropolitana, entendida ésta como una verdadera ciudad de ciudades.

Esa es la línea que se ha intentado profundizar en el presente trabajo por medio de la metodología del valor de interacción. Se demuestra que dicha metodología permite de forma simultánea delimitar de manera robusta los límites de los propios artefactos a analizar, las áreas metropolitanas, así como identificar los subsistemas metropolitanos articulados en torno a los subcentros. La metodología alternativa así desarrollada ha permitido no sólo identificar los subcentros, así como las unidades funcionales a ellos asociadas, sino a su vez entender la diferente estructura de los sistemas territoriales españoles. La identificación de las semillas de la estructura territorial urbana, los protosistemas, de las piezas básicas de la misma, los sistemas urbanos reales consolidados al 50% de autocontención, así como de los sistemas urbano-metropolitanos al 1 por mil de valor de interacción, permite la comparación entre los diferentes sistemas territoriales, más allá del tamaño o características de las mismos.

En suma, el trabajo aquí presentado creemos permite dar un paso adelante en la comprensión del sistema urbano español. La metodología del valor de interacción aparece como un instrumento útil no sólo para la delimitación de las metrópolis, sino para la identificación de la estructura interna de las mismas. Emerge, por tanto, una imagen alternativa basada en el grado de monocentrismo-policentrismo de los sistemas urbanos y territoriales que conforman el conjunto del territorio español.

 

Notas

[1] Véase una exposición sintética en Nel·lo 1998, así como en Roca 2003.

[2] Conferencia inaugural de Ramón Margalef en la primera edición del Master sobre Medio Ambiente Urbano y Sostenibilidad (1999) de la Universidad Politécnica de Cataluña.

[3] Definición del concepto ciudad en la RAE: “espacio geográfico cuya población, generalmente numerosa, se dedica en su mayor parte a actividades no agrícolas”.

[4] Los primeros criterios que se desarrollaron para la definición de la ciudad en la época del crecimiento metropolitano vinieron estrechamente marcados por el signo de un acusado componente morfológico. Las aglomeraciones urbanas, una vez desbordados los límites administrativos de la ciudad central, vinieron a definirse en una primera instancia en virtud a criterios estrictamente físicos. La contigüidad del crecimiento urbano se presentó, así, como el elemento determinante para la distinción entre la ciudad y su entorno rural. Los distritos metropolitanos definidos en los USA en 1910, y las conurbaciones británicas, en su concepción oficial establecida en 1951, son ejemplos suficientemente conocidos de este tipo de delimitación. En el mismo sentido cabe citar las recomendaciones de las Naciones Unidas que establecieron el concepto de aglomerado urbano en cuanto continuo construido sin discontinuidades superiores a 200 metros, que a su vez se basaba en criterios de carácter oficial establecidos en distintos países, especialmente Francia.

[5] Constatada la incapacidad de los criterios estrictamente morfológicos para la definición de ciudad en la época de la suburbanización la mirada se posó, casi de inmediato, en las magnitudes demográficas. Si la urbanización se caracterizaba, respecto al entorno rural, por la concentración de la población, entonces la densidad demográfica podría representar un eficaz mecanismo de evaluación del fenómeno urbano. La densidad ha sido, sin duda, el concepto que ha tenido un uso más fecundo en el ámbito de las delimitaciones urbanas de carácter demográfico. La redefinición de los Distritos Metropolitanos en los USA, en 1940, representó un primer paso en esta dirección. Así éstos se definieron como la ciudad central (de más de 50.000 habitantes) junto a las divisiones administrativas menores contiguas a aquélla que tuviesen una densidad de población superior a 150 habitantes por milla cuadrada (Bureau of the Census, 1942). Criterio que más adelante, en 1950, daría lugar al concepto (norteamericano) de área urbanizada (“urbanizad area”), que aún hoy se conserva.

[6] Un tercer tipo de criterios relativos a la delimitación de áreas metropolitanas ha consistido en el reconocimiento del carácter urbano de éstas en función a la estructura económica y, en su caso, las formas de vida de la población. En este contexto se ha acostumbrado a identificar la forma de vida rural con una estructura productiva básicamente agraria (sector primario), mientras la industria, el terciario y los servicios serían característicos de las formas de vida urbana. Más en el fondo podría afirmarse que la ciudad, o la metrópoli, generaría unas economías de aglomeración que la harían más productiva que el entorno rural. La concentración de externalidades en aquel tipo de áreas sería el elemento determinante de la diferenciación territorial resultante de lo rural y lo urbano. Una de las primeras referencias a la estructura económica como elemento determinante del carácter metropolitano del territorio la encontramos, de nuevo, en la regulación de área metropolitana (SMA) establecida por el Censo de los Estados Unidos de 1950. En dicha definición se produjo una profunda remodelación de la noción de metrópolis que vino a superar los anteriores criterios de orden morfológico y demográfico, y situó en la composición del empleo el reconocimiento básico del carácter urbano y metropolitano de la población.

[7] La introducción de dichos criterios en la definición de área metropolitana en 1950 por la Oficina del Censo estadounidense representó un hito en este sentido. Asimismo la introducción de las Standard Metropolitan Statistical Areas (SMSA) en 1960 vino a ratificar el papel absolutamente central de los flujos funcionales en la definición moderna de metrópolis (Bureau of the Budget, 1964).

[8] Para un análisis detallado del fenómeno del sprawl y de su impacto a escala planetaria véase Arellano et al. 2010.

[9] Véanse los trabajos de Berry (1976), Berg (1982) y Bauer et al. (1976), respectivamente.

[10] Véanse los trabajos de Indovina et al. (1990), Dezert et al. (1991), Garreau (1991), Dematteis (1991) o Ascher (1995), respectivamente.

[11] Véase Portas et al. (1998).

[12] Así Harvey (1996) ha indicado: “El proceso de urbanización ha de ser entendido no en términos de una unidad socio-organizativa llamada «la ciudad» (el objeto teórico que tantos geógrafos, demógrafos y sociólogos erróneamente suponen) sino como la producción de formaciones espacio-temporales específicas y muy heterogéneas imbricadas dentro de los distintos tipos de acción social (...). Pienso que es importante reconceptualizar la cuestión urbana no como un problema de estudiar unas entidades casi naturales, llámense ciudades, suburbios, zonas rurales o lo que sea, sino como (...) el estudio de procesos que producen y reproducen espacio temporalidades que son a menudo de tipo radicalmente nuevo y distinto.”. Véase también Nel·lo (1998).

[13] Nos referimos aquí al modelo monocéntrico desarrollado a partir de la aproximación de Von Thunen. Dicho modelo, en la forma dada por Alonso (1964), Muth (1969) y otros, ha sido un instrumento extremadamente fértil tanto por su simplicidad, rigor y elegancia conceptual, como por su capacidad para ser contrastado empíricamente. Uno de sus logros más notables ha consistido en explicar el proceso de descentralización residencial producido en la mayor parte de los sistemas urbanos a partir de los primeros decenios de siglo XX.

[14] La economía regional contemporánea no parece haber sido capaz de dar cuenta de lo que podríamos denominar la lógica económica y locacional de la era del sprawl. Estaría sucediendo en la actualidad algo parecido a lo que aconteció en los años 30 del siglo XX. Entonces sociólogos y geógrafos daban fe de los nuevos fenómenos de la suburbanización y de la “ghettificación” de los centros, vinculados a la generalización del sueño americano “una casa, un coche”; fenómenos inexplicados desde la perspectiva económica hasta que la irrupción de Alonso, ya en la década de los 60, permitiese un cambio de paradigma en la economía urbana. El desarrollo actual de la economía regional no permite explicar de forma completa la complejidad de los fenómenos cartografiados por los geógrafos de fin de siglo. Aún no parece haber emergido, en suma, una economía del sprawl, limitándose la economía locacional al logro de avances parciales, a la espera de una nueva síntesis, que, como la de Alonso, permita dar un paso cualitativo en la ciencia regional.

[15] Véase el excelente resumen de Anas, Arnott y Small (1998).

[16] Desarrollada por Hartwick y Hartwick (1974), White (1976), Odland (1978), von Boventer (1976), Ogawa y Fujita (1980), Fujita y Ogawa (1982), Fujita (1988), Henderson y Mitra (1996), Anas y Kim (1996), Krugman (1996), Fujita y Mori (1997)…

[17] Por ejemplo Gordon y Richardson (1996).

[18] Véanse los trabajos de Greene (1980), Grifftith (1981a y 1981b), Erickson y Gentry (1985), Heikila et al. (1989), entre otros.

[19] Desde los trabajos seminales de McDonald (1987) y Giuliano y Small (1991), siguieron trabajos como los de Bogart y Ferry (1999), Cervero (1989), Cervero y Wu (1997), Craig y Ng (2001), Giuliano et al. (2007), Gordon y Richardson (1996), Gordon et al. (1989), McDonald y McMillen (1990), McDonald y Prather (1994), McMillen (1996, 2001, 2003, 2004), McMillen y Lester (2003), McMillen y McDonald (1997, 1998), Muñiz et al. (2003) o Redfearn (2007).

[20] Véase Roca et al. (2009).

[21] Desde la perspectiva de la ciencia de la ecología parece evidente que los ecosistemas urbanos contemporáneos intercambian materia, energía e información con su “entorno”. La ciudad, la metrópolis, es un sistema abierto en todos sus componentes, con la característica, propia de todos (o prácticamente todos) los ecosistemas, de que carece de frontera. La ciudad “amurallada”, opuesta a su entorno rural, ha pasado a la historia: las redes de urbanización se extienden por todo el territorio.

[22] Véase Roca et al. (2009).

[23] Concepto debido a Nel·lo (2002).

[24] Cabe destacar que con el advenimiento de la democracia se abandonó de forma progresiva el planeamiento metropolitano, y con ello los ámbitos de referencia del mismo. No obstante, y para el caso concreto de Barcelona, la Ley del Pla Territorial de Catalunya (1995) recuperó el ámbito delimitado en los 60, el cual comprendía 164 municipios distribuidos en 7 comarcas históricas (Barcelonés, Baix Llobregat, Vallés Occidental, Vallés Oriental, Maresme, Alt Penedés y Garraf), ordenando la redacción en el mismo del Pla Territorial Metropolità de Barcelona, recientemente aprobado (2010). Ese ámbito de planeamiento territorial, comúnmente llamado Región Metropolitana de Barcelona (RMB), adquirió carta administrativa de naturaleza con el nuevo Estatuto de Autonomía, que divide Cataluña en vegueries, una de las cuales es la RMB.

[25] Véase Roca et al. (1997) para una exposición detallada de los ejercicios realizados para la definición metropolitana de Barcelona.

[26] Actualizado por Carreras et al. (2009).

[27] El Urban Audit, en su primera versión (1997-1999), definió las aglomeraciones urbanas europeas como los ámbitos con una densidad superior a 500 habitantes por km2 (medida el área como superficie administrativa de las entidades locales) y una población superior a 500.000 habitantes. En versiones posteriores, Urban Audit ha modificado el criterio de densidad inicial y se ha dirigido hacia un concepto funcional de aglomeración urbana.

[28] GEMACA definió la aglomeración morfológica de una región urbana funcional (FUR) como el conjunto de entidades administrativas adyacentes con una densidad superior a 700 hab/ km2.

[29] Las áreas urbanas de más de 50.000 habitantes han pasado de 68 (con los datos del Padrón de 1996) a 82 (Padrón de 2003), 83 (Padrón de 2006), hasta llegar a 85 (Padrón de 2009).

[30] Así, por tanto, el conjunto de “pequeñas áreas urbanas” es carácter uni-municipal. El trabajo del Ministerio de Fomento no ha delimitado propiamente sistemas urbanos, sino tan sólo ha identificado municipios de carácter claramente urbano.

[31] Véase Roca et al. (1997).

[32] Concretamente la desarrollada para New England, basada en las cities-towns, y no en los counties, como en el resto de USA. La adopción de la metodología New England se basó por la mayor semejanza de su estructura administrativa con la existente en Europa continental.

[33] Véase CPSV (2001).

[34] Véase Roca et al. (2005).

[35] La aproximación utilizada para la delimitación de las AM españolas, extendida ahora a Madrid a los simples efectos de comparación, utiliza un criterio iterativo de agregación municipal basado en los flujos residencia/trabajo:

[36] Boix (2007), partiendo de los datos del Censo de 2001, identifica 67 unidades metropolitanas: 5 de población superior a 1.000.000 de habitantes (Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y Bilbao), 10 entre 500.000 y 1.000.000 (Oviedo, Málaga, Zaragoza, Las Palmas, Alicante, Murcia, Vigo, Santa Cruz de Tenerife, Granada y Palma de Mallorca), 14 entre 250.000 y 500.000, 24 entre 100.000 y 250.000, así como 14 entre 50.000 y 100.000 habitantes.

[37] Feria (2010), partiendo de la matriz origen/destino del Censo de 2001 y de los municipios de más de 100.000 habitantes (50.000 en el caso de capitales de provincia), delimita 46 áreas metropolitanas. 5 de población superior a 1.000.000 de habitantes (Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y Bilbao), 7 entre 500.000 y 1.000.000 (Oviedo-Gijón-Avilés, Málaga, Las Palmas, Zaragoza, Bahía de Cádiz-Jerez de la Frontera, Vigo y Murcia), 18 entre 250.000 y 500.000, y el resto entre 100.000 y 250.000.

[38] A pesar de que en un inicio (1997-1999) Urban Audit partió de un criterio de densidad para delimitar las aglomeraciones urbanas, Eurostat sugirió una nueva redefinición de las mismas en 2006, las llamadas LUZ a partir de criterios de carácter funcional: “The larger urban zone (LUZ) allows a comparison between the city and its surroundings. The goal was to have an area from a significant share of the resident commute into the city, a concept known as the “functional urban region”. To ensure a good data availability, the Urban Audit works with administrative boundaries that approximate the functional urban region”. Urban Audit delimita en la actualidad 24 LUZ en España de más de 500.000 habitantes.

[39] La afirmación acerca de la incapacidad de las aproximaciones morfológica y de densidad para alcanzar una delimitación eficiente de los sistemas urbanos debe ser tomada con la mayor de las prudencias. Trabajos como el de Salom et alt. (2010), que desarrolla la noción de densidad la red viaria, permiten pensar que tal vez una aproximación más inteligente que la simple contigüidad de la urbanización y la densidad (administrativa) pueda alcanzar logros significativos.

[40] La posibilidad, en España, de desgravar en el impuesto de la renta de las personas físicas la financiación de la primera residencia condujo en el Censo de 2001 a que no pocos hogares declarasen como primera residencia lo que en realidad se trataba de segundas viviendas. Dicha ocultación de la realidad, por lo general poco significativa en el caso de núcleos poblados, deviene crítica en el supuesto de municipios pequeños, en los que unas pocas personas pueden decantar el carácter “metropolitano” de los mismos.

[41] Véase Roca (2003).

[42] Véase Marmolejo et al. (2010).

[43] La metodología propuesta se basa en el “valor de interacción” definido en Roca y Moix (2005), siguiendo a Coombes y Openshaw (1982).

[44] La condición crítica para el “cierre” del protosistema es que todas las entidades, incluida la “cabecera” (la de mayor masa o densidad en lugares de trabajo), tengan su máximo valor de interacción con otra entidad del mismo protosistema. En caso contrario, la agregación va ampliándose hasta que el sistema “cierre” del modo indicado. Los protosistemas, por tanto, garantizan una máxima interacción “interna” de todos sus componentes.

[45] Se entiende por autocontención el porcentaje de población ocupada residente (POR) que trabaja en el propio municipio (o protosistema).

[46] Ese 50% es la única condición impuesta a los sistemas urbanos. Por tanto no se impone ninguna condición administrativa del tipo de umbral mínimo de población o de número de empleos.

[47] La adopción del umbral del 1 por mil es una decisión ciertamente arbitraria. En realidad se produce una reducción monótona decreciente en el valor de interacción resultante de las uniones de los sistemas urbanos consolidados. El 1 por mil se adopta porque es el umbral en el que mejor se identifica el área metropolitana de Barcelona, según conocimiento local. Pero ese valor no tendría porque ser el mismo en distintas metrópolis, de la misma manera que el umbral del 15% o 25% de atracción, en la metodología del censo americano, tampoco reproduce la plural realidad urbana de las distintas áreas metro y micropolitanas. Su adopción es, por tanto, a los simples efectos de comparación. Sin embargo, dada la noción sistémica y a la condición de no frontera discutida en el epígrafe 1 de este trabajo, no parece que la arbitrariedad del 1 por mil en el VI represente un obstáculo epistemológico fundamental.

[48] Véase, por poner sólo algún ejemplo de la muy amplia bibliografía, Berry y Horton (1970) o Krugman (1996).

[49] Véase Roca y Arellano (2010).

[50] Madrid integra Alcobendas, San Sebastián de los Reyes, Coslada, Fuenlabrada, Alcorcón, Getafe, Leganés, Móstoles, Pozuelo de Alarcón, Rozas de Madrid (Las) y Parla. Por su parte Barcelona hace lo propio con Badalona, Hospitalet de Llobregat (l'), Prat de Llobregat (el), Santa Coloma de Gramenet y Cornellà de Llobregat.

[51] Bilbao integra a Barakaldo, Getxo y Portugalete, por su parte Sevilla integra a Dos Hermanas y a Alcalá de Guadaira.

[52] Puede ser interesante, por tal de apreciar la escala de la ciudad “real” madrileña, compararla con Greater London (1.600 km2).

[53] Véase Roca, Arellano y Moix (2011).

[54] El mayor, Paterna, alcanzaba tan sólo los 47.687 residentes en 2001.

[55] Sorprende el mayor rango económico de Madrid sobre Barcelona, en comparación a la población. El hecho de que la capital de España sea proporcionalmente más significada en actividad económica que en población, respecto a la capital catalana, confirma el hecho de que en las últimas décadas el fiel de la balanza económica ha girado hacia el centro de España, invirtiendo el protagonismo que históricamente había adquirido Barcelona, en cuanto capital económica del país.

[56] Zaragoza, con poco más de 700.000 habitantes, ocupa el lugar n. 15 del ranking metropolitano español. Sorprende ese lugar poco destacado, ocupando como ocupa el 5º lugar en el ranking de municipios más poblados. La razón cabe encontrarla en la dificultad de Zaragoza de generar sinergias a su alrededor, debido en buena medida a su acusado monocentrismo.

[57] Sorprende el bajo nivel de policentrismo obtenido por el sistema metropolitano de la Bahía de Cádiz, debido, probablemente, al escaso número de municipios que integra, así como a la elevada envergadura del sistema urbano central.

 

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© Copyright Josep Roca Cladera, Montserrat Moix Bergadà y Blanca Arellano Ramos, 2012.
© Copyright Scripta Nova, 2012.

 

Edición electrónica del texto realizada por Jenniffer Thiers.

 

Ficha bibliográfica:

ROCA CLADERA, Josep; Montserrat MOIX BERGADÀ y Blanca ARELLANO RAMOSEl sistema urbano en EspañaScripta Nova. Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales. [En línea]. Barcelona: Universidad de Barcelona, 20 de marzo de 2012, vol. XVI, nº 395. <http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-395.htm>. [ISSN: 1138-9788].

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