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J. VILELLA, «Biografía crítica de Orosio», Jahrbuch für Antike und Christentum 43 (2000), pp. 94-121.


BIOGRAFÍA CRÍTICA DE OROSIO



    En la actualidad es incuestionable la origo galaica1 de O.2 (cuyo praenomen podría ser
Paulo3), probablemente un bracarense4. A principios del siglo V, en la Gallaecia había una
considerable actividad doctrinal, la derivada, sobre todo, de las controversias entre priscilia-
nistas y no priscilianistas. De hecho, la situación teológica que existe cuando tiene lugar el
asentamiento suevo no debía ser muy distinta de la que atestigua el concilio I de Toledo,
del año 4005. Y estas discusiones doctrinales parecen haber incentivado la competencia
(incluso el radicalismo) entre los eclesiásticos galaicos, algunos de los cuales no dudan en
dirigirse al extranjero para formarse, relacionarse y poder influir así decisivamente en los
debates de su provincia y ocupar un lugar preeminente entre sus eclesiásticos.
    Es éste el caso de los dos Auiti (seguramente dos clérigos, a quienes nos referimos como
Avito 1 y Avito 2), conciudadanos de O.6, los cuales posiblemente7 se ponen de acuerdo
para emprender una acción doctrinal conjunta8, al parecer, básicamente, en relación a los
postulados priscilianistas acerca del alma9. Avito 1 se dirige a Jerusalén, donde consigue o

1 El propio O. dice que desde su patria va a Africa (ver
n. 29): Oros. common. 1 (CCL 49, 158, 22/4). Por su parte,
Agustín indica que O. llega a Hipona procedente de la
costa hispana del Océano más alejada: Aug. ep. 169, 13
(CSEL 44, 621, 13/5). Cf. id. ep. 166, 2 (ibid., 547, 10/1).
La origo galaica de O. está mencionada explícitamente
por Braulio, autor que incluye a O. entre los personajes
galaicos: Braul. ep. 44 (180, 290/3 Riesco). Cf. Aug. c.
Priscill.
4 (CCL 49, 168,96). Tanto las vicisitudes que O.
padece a causa de los bárbaros (ver n. 27/34) como su
conocimiento de las doctrinas priscilianistas (ver n. 22)
también sugieren que O. era de la Gallaecia, provincia de
la que tiene un buen conocimiento, cf.: Oros, hist. 1, 2, 71,
(30 Arnaud-Lindet). 1,2, 81, (32). 6, 21, 2, (230). 6, 21, 6,
(230). Al respecto debe tenerse asimismo presente que,
en el 417, O. no pueda dirigirse desde Menorca a su
tierra (ver n. 288 y 311): Seu. Minor. ep. de conu. Iud.
4, 1/2 (18,37/43 Amengual; BHL, 7859). En cambio, a
finales del 417, no parecen existir dificultades para rea-
lizar el trayecto entre Menorca y la zona oriental de la
Tarraconensis (controlada por Valia, ver n. 288), de cuya
capital se ha sostenido que podría ser originario O. úni-
camente a partir de la genérica referencia que hace a
Tarragona: Oros. hist. 7,22,8 (59 Arnaud-Lindet). Por
su parte, M.-P. Arnaud-Lindet, Orose. Histoires (Con-
tre les Païens) 1 (Paris 1990) XI/XIII ha defendido, con
escaso fundamento, que O. sea bretón de nacimiento.
2 "O." es la abreviatura que utilizamos para Orosio
(Orosius), excepto cuando, en las notas, es citado como
autor de una obra que se indica a continuación y en la
que se basa la información proporcionada. En estos ca-
sos (y al igual que los otros autores de textos que cita-
mos) su nombre aparece con una abreviatura más ex-
plícita.

3 Paulus no está atestiguado antes del siglo VI, siendo
Jordanes el primer testimonio conocido al respecto:
Iord. Get. 58 (27,3 Giunta/Grillone). Paulo podría ha-
berse originado a partir de la abreviatura de presbyter.
De todas maneras, este praenomen ya aparece en los
manuscritos de las obras de O. a partir del siglo VIII.
Al respecto, ver F. Fabbrini, Paolo Orosio. Uno storico
(Roma 1979) 49/50.
4 Cf. Auit. Brac. ep. ad Palc. 5 (188 Vanderlinden; BHL
7850), donde Avito 3 (un bracarense: Cons. Const., a.
415 [MG AA 9, Chronica minora 1,246]; su origo se des-
prende claramente de la carta que escribe a los braca-
renses, ver n. 233/4) dice que O. le ha devuelto la pre-
sencia de todos sus conciudadanos. Avito 3 entrega las
reliquias de San Esteban (acompañadas de una carta
suya y de la traducción latina del texto de Luciano) a
O. para que éste las llevara a Braga al volver a esta
ciudad (ver n. 232): Auit. Brac. ep. ad Palc. 8/9, (189
Vanderlinden).
5 Ver J. Vilella, Priscilianismo galaico y política anti-
priscilianista durante el siglo V: AnTard 5 (1997) 177/
85.
6 Oros. comm. 3 (CCL 49, 160, 75).
7 De O. se colige la simultaneidad en la ida de los dos
conciudadanos homónimos al extranjero y las dos ciu-
dades de destino pueden haberse escogido por su ido-
neidad y complementariedad para la obtención de las
obras que se deseaban.
8 Oros. comm. 3 (CCL 49, 160, 75/8).
9 Ver n.51. En relación a las doctrinas y prácticas pre-
suntamente priscilianistas, ver J. Vilella, Un obispo-
pastor de época teodosiana: Prisciliano: Studia Ephe-
meridis Augustinianum 58 (1997) 503/30.


Biografía crítica de Orosio                95


copia textos (no especificados10) de Orígenes y Avito 2 va a Roma, donde obtiene escritos
(tampoco mencionados11) de Victorino12. Los dos homónimos regresan (con sus respecti-
vos textos) a la Gallaecia13 después del 39914 y el primero da a conocer sus escritos al
segundo15, el cual se acaba adhiriendo a los postulados origenistas16. Entonces los dos ac-
túan conjuntamente, condenando las doctrinas priscilianistas17 y divulgando (al parecer,
sólo oralmente18) enseñanzas origenistas19.
    Al igual que sus dos conciudadanos, O. posee también una considerable formación20 y
tiene un buen conocimiento de las cuestiones doctrinales que se estaban enseñando y dis-
cutiendo en su tierra (discusiones en las cuales puede participar), particularmente (según
se colige de lo que expone a Agustín21) acerca del priscilianismo22 y del origenismo que
estaban difundiendo sus dos conciudadanos homónimos23. No sorprende que, en su tierra,
O. conozca la fama de Agustín24.

10 Lo indicado por O. (ver n. 12) pone de manifiesto
que, entre estos textos, necesariamente debía hallarse
(total o parcialmente) el De principiis, obra que, según
parece colegirse de su estancia en Jerusalén, Avito 1
probablemente utiliza en la versión latina realizada por
Jerónimo, traducción (de la cual sólo se han conser-
vado algunos extractos) que, enfatizando contenidos
heterodoxos de Orígenes, era una réplica a la efectua-
da por Rufino, quien había suprimido o corregido las
partes que no consideraba ortodoxas. En cualquier
caso, Avito 1 no puede tener acceso a estas traduccio-
nes antes del año 399. Al respecto, ver F. Cavallera,
Saint Jérôme. Sa vie et son oeuvre 1, 1 (Louvain/Paris
1922) 233/55 y 1, 2, 36/8. Por otra parte, no parece
que deba identificarse a Avito 1 con el destinatario de
la ep. 124 de Jerónimo. Al respecto, ver B. Altaner,
Avitus von Braga: ZKG 60 (1941) 456/68, 462/8.
11 La escueta indicación de O. no permite distinguir si
se trata de obras de Victorino de Poetovio (Ptuj) o de
Mario Victorino, puesto que la naturaleza que presenta
la producción conocida de ambos autores es apta para
los propósitos de Avito 2, ver Altaner, (n. 10) 46017.
12 Oros. comm. 3 (CCL 49, 160, 75/8).
13 Id. comm. 3 (ibid., 160,78); Aug. c. Priscill. 4 (ibid.,
168,88).
14 Ver n. 10. O. indica que Avito 2 asumió el orige-
nismo de Avito1 muypoco después de volver a la Ga-
llaecia
: Oros. comm. 3 (CCL 49, 160,80/1).
15 Aunque O. sólo indica que uno se pasó al otro, así lo
pone de manifiesto el hecho de que estos homónimos
se conocían, quienes, además, tenían unos mismos ob-
jetivos y más tarde actúan conjuntamente (ver n. 17/9).
16 Oros. comm. 3 (CCL 49, 160, 78/81).
17 Id. comm. 3 (ibid., 160,79/80).
18A.GarcíaConde, Los TractatusOrigenis y los orige-
nistas gallegos: Cuadernos de estudios gallegos 4
(1949), 27/56, 35/56, ha defendido que los dos homó-
nimos (a quienes atribuye, con escaso fundamento, la
autoría de estos Tratados) también divulgaron las con-
cepciones origenistas por escrito. Sin embargo, de O.
y Agustín sólo parece colegirse una difusión oral, ver
Altaner (n. 10) 461.

19 Ver n. 51.
20 El Commonitorium de errore Priscillianistarum et Orige-
nistarum
(ver n. 46/51) y el Liber apologeticus (ver n.
195/209) ponen de manifiesto el conocimiento que O.
tiene de las Escrituras y de la producción cristiana. Su
formación clásica queda evidenciada por los Historia-
rum aduersum paganos libri
(ver n. 284). En relación a
la educación literaria de O., cf. también: Oros. hist.
1, 18, 1 (68 Arnaud-Lindet). 1,17,2 (67). 2, 18, 5 (124);
id., apol. 29, 2 (CSEL 5, 652). Agustín se refiere al inge-
nio despierto y a la facilidad de palabra que tenía O.:
Aug. ep. 166,2 (CSEL 44, 547,5/7). Cf. Gennad. uir. ill.
40 (TU 14, 1a, 76,2). También a su afán por el estu-
dio: Aug. ep. 166,2 (CSEL 44, 547,7); id. ep. 169,13
(ibid., 621,13). Cf.: id. c. Priscill. 1 (CCL 49, 165,3). 11
(178,382/4). Ver n. 53 y 300. O. es calificado de hom-
bre de mérito y de honor por Jerónimo: Hier. ep.
134, 1 (CSEL 56, 261,5/6). No recogemos las descrip-
ciones tardías de O. vinculadas únicamente a la cele-
bridad de sus Historiarum aduersum paganos libri (ver n.
295). Por su parte, O. se refiere, en términos de mo-
destia, a él mismo como pobre y desconocido (Oros.
apol. 3,2 [CSEL 5, 606,16/7]. 8,3 [613,15]) y el más
insignificante de todos (Oros, apol. 1, 3 [CSEL 5,
603,9/10]); en el mismo sentido, dice de sí mismo
que es de espíritu lento (Oros. hist. 4,23,8, [74 Ar-
naud-Lindet]).
21 Ver n. 39 y 45/6.
22 Ver n. 39, 45 y 50. De aceptarse lo indicado por
Braulio, O. es adepto del priscilianismo en la Gallaecia:
Braul. ep. 44 (170,75/7 Riesco). Este autor también
afirma que O. fue después corregido por Agustín. El
testimonio de Braulio es el único existente al respecto
y, si bien puede ser cierto el priscilianismo de O.
(quien, de ser así, lo ocultaría a Agustín), éste parece
derivarse de una lectura errónea de la ep. 169 de Agus-
tín, cf. Aug. ep. 169,13 (CSEL 44, 621,12/20).
23 Ver n. 39, 45 y 51.
24 Ver n.29/31. Cf.: Ydat. chron.a. 412,45 (82/4 Bur-
guess); Aug. c. Priscill. 14 (CCL 49, 177, 369/70); id. gest.
Pelag
. 19 (CSEL 42, 72, 11/5).


Josep Vilella                96


    Después de haber sido ordenado presbítero25, el joven26 O. padece la presencia de bár-
baros (quienes se hallan en Hispania a partir del 40927). Él mismo indica que, ante unos
bárbaros desconocidos, actúa "evitando a los que eran hostiles, halagando a quienes tenían
el poder, tomando precauciones ante los infieles y esquivando a los que estaban al ace-
cho"28. La presencia de bárbaros en la Gallaecia parece ser el detonante de su salida de la
Península, episodio al que se refiere con intencionada ambigüedad y del que no quiere dar
detalles. Por más que en su Commonitorium diga que no tenía necesidad alguna de salir de su
tierra29 y de que indique a Agustín que se dirige hasta él debido únicamente a cuestiones
doctrinales30 y para aprender algunas cosas que deseaba conocer31, este memorándum de
O. dirigido al obispo de Hipona parece evidenciar que el galaico no preparó su ida a Africa
o, en todo caso, que sus preparativos al respecto quedaron malogrados. Es significativo que
O. explique a Agustín que ha redactado su opúsculo a partir de lo que ha podido recor-
dar32, hecho que pone de manifiesto que el presbítero galaico llegó indocumentado a Afri-
ca, indicio que puede evidenciar una repentina huida provocada por su relación con los
bárbaros y realizada sin la colaboración de éstos33. Si bien, respecto a su Commonitorium, en
sus Historiae son menos imprecisas y genéricas las referencias que hace a los bárbaros de su
tierra (obra en la que incluso hace alguna alusión a su propia coexistencia con ellos), la
indeterminación sigue siendo la constante en su composición histórica34.
    Ante esta falta de concreción, se ha formulado35 la hipótesis de que O. quisiera silenciar
los motivos de su huida ante Agustín, quien se mostraría contrario a que los clérigos aban-

25 O. ya es presbítero cuando llega a Hipona: Aug.
ep. 166,2 (CSEL 44, 547,5/6); id. ep. 169,13 (ibid.,
621, 12/5).
26 Oros. comm. 1 (CCL 49, 157,5): puer uester; Aug, c.
Priscill.
1 (ibid., 165,1); id. ep. 166,2 (CSEL 44, 547/8):
aetate filius; id. ep. 169,13 (ibid., 621,13); Auit. Brac. ep.
ad Palc.
5 (188 Vanderlinden). 8 (189).
27 Oros. hist. 7,40,3/10 (118/20 Arnaud-Lindet); Ydat.
chron. a. 409, 34 (80 Burguess); Soz. hist. eccl. 9,11/2
(GCS 50, 402/4); Isid. Vand. 71 (288 Rodríguez
Alonso). Cf.: Olymp. frg. 16, apud Phot. bibl. cod. 80
(1, 171/2 Henry); Zos (historicus), hist. noua 6,4/5, (7/9
Paschoud); Greg. Tur. hist. 2,9 (MG Scr. Rer. Mer. 1,1,
56,4/15; ex Frigireto).
28 Oros. hist. 3,20,6 (173 Arnaud-Lindet). Cf.: 3,20,9
(173/4). 7,38,3 (112). 7,40,10 (120). 7,41,1 (120/1).
29 Id. comm. 1 (CCL 49, 158,22/5). En este pasaje ase-
gura que sale de su patria sin haberlo decidido y sin
que tuviera ni intención ni necesidad de hacerlo,
siendo movido por cierta fuerza oculta hasta ser traído
a la costa africana, donde recobra la consciencia y se
da cuenta de que estaba llamado a ir hasta Agustín.
30 Aug. ep. 169,13 (CSEL 44, 621,14/5). Ver n. 24 y
49.
31 Id. ep. 166,2 (ibid., 547,11/2).
32Oros, comm. 4 (CCL 49,162,126). Tiene poca consis-
tencia el considerar que, para la redacción de su Com-
monitorium
(ver n. 50), O. se apoye en una fuente an-
tipriscilianista que sería seguramente la misma en la
que se ha basado el Indiculus de haeresibus en su parte
dedicada a los gnósticos (cf. PsHier. indic. de haer. 13/5
[PL 81, 638]). Así lo considera B. Vollmann, Art. Pris-
cillianus: PW Suppl. 14 (1974) 485/559, 531/4, quien

cree que tal fuente antipriscilianista podría ser el libro
apologético de Itacio Claro (cf. Isid. uir. ill. 2 [135 Co-
doñer]). En relación al Indiculus de haeresibus, ver tam-
bién H.-Ch. Puech, Histoire de l'ancienne église et pa-
tristique, AnnÉcHautesÉt Ve sect. 1960/1961, 112/6,
114.
33 La presencia germánica en la Península Ibérica ori-
gina diferentes idas de hispanos hacia Africa. O. ex
plica que, antes del 417/418, muchos hispanos abando-
naban la Península e incluso especifica que los mismos
bárbaros facilitaban, a cambio de poco dinero, la salida
a todo aquel que así lo deseara, siendo muchos los his-
panos que pagaban y huían de esta manera: Oros. hist.
7,41,4/5 (121/2 Arnaud-Lindet). Parecen ser fugitivos
los obispos hispanos que, en el 418, asisten al concilio
general de Cartago: Conc. Carthag. a. 418 (CCL 149,
69,7). Es posible que algunas de las estancias de hispa-
nos que se documentan en Africa durante los primeros
decenios del siglo V estén motivadas por los bárbaros,
ver ProsoChrétBasEmp 1, 360, Eucharius y 871/2, Petrus
4. Ver n. 34.
34 Ver n. 28. O. se refiere a su huida, pero no explicita
su causa: Oros. hist. 5,2,1 (86 Arnaud-Lindet). Cf.:
5,1,15 (85). 5,2,8 (87). Esta huida tiene lugar por vía
marítima y durante la misma O. es perseguido (según
él dice) con piedras y dardos. Siempre según su relato,
gracias a una repentina niebla consigue escapar de sus
perseguidores (quienes parecen ser bárbaros) cuando
ya estaba a punto de ser atrapado: Oros. hist. 3,20,7
(173 Arnaud-Lindet). Después de esta huida, O. llega
a Africa: Oros. hist. 5,2,1/2 (86 Arnaud-Lindet).
35 E. Corsini, Introduzione alle "Storie" di Orosio, (To-
rino 1968) 10/2.


Biografía crítica de Orosio                97


donaran sus Iglesias a causa de los bárbaros. Sea como sea, una huida de O. (hecho muy
probable) no implica que, en este momento, el galaico no tuviera ya más o menos decidida
su ida a Hipona para recabar información y documentación acerca de diferentes cuestiones
doctrinales defendidas y cuestionadas en su país, de las que era buen conocedor. En este
sentido, su ida a Africa sería parangonable con el viaje realizado por sus conciudadanos36,
sin que exista ningún indicio que permita suponer que (como se ha dicho) O. se dirige a
Hipona en cumplimiento de alguna misión encomendada por alguna autoridad eclesiástica
de su tierra. También se oponen a esta hipótesis la dilatada (como veremos) permanencia
y actividad de O. tanto en Africa como en Palestina.
    Antes del 41537, llega a Hipona donde (sin duda con el propósito de tener una res-
puesta escrita de Agustín38) inicialmente hace algunas sugerencias (al parecer, orales) a
éste acerca de las doctrinas priscilianistas y origenistas que se estaban dando en la Gallaecia
y, al respecto, se propone dirigirle, cuando le viera liberado de otros textos que debía
redactar, un informe escrito39. O. compone este memorándum cuando tiene conocimiento
de que Eutropio y Paulo (obispos católicos cuyas sedes no son mencionadas)40 han presen-
tado a Agustín un documento relativo a algunas doctrinas heréticas (aunque sin referirse a
todas)41. Este escrito de Eutropio y Paulo mencionado por O. parece corresponder, total o
parcialmente, al envío, realizado por estos obispos, de las Definitiones del presbítero Celestio
(condenado en el concilio de Cartago del 41142) a Agustín para que éste las refutara43. Así
puede colegirse del hecho de que tanto el hispano como Agustín mencionen la actuación
conjunta de estos dos obispos en sendos escritos que se hallan muy próximos en el
tiempo44. O. (quien, cuando redacta su Commonitorium, todavía no tendría una relación
asidua con el obispo de Hipona), si bien sabe que el escrito que Agustín acababa de recibir
de Eutropio y Paulo versaba sobre cuestiones que eran consideradas no ortodoxas por el
episcopado africano, no parece tener un conocimiento exacto de su contenido (o, por lo
menos, así lo da a entender), refiriéndose a este escrito sólo de una manera genérica e
imprecisa y diciendo que se trata de un memorándum acerca de algunas herejías. En este
momento, el galaico estaba básicamente interesado en entregar a Agustín su opúsculo y

36 Mediante su Commonitorium de errore Priscillianistarum
et
Origenistarum y la esperada respuesta de Agustín (ver
n. 38), O. parece seguir, en el fondo, el ejemplo de
Avito 1 y de Avito 2.
37 O. llega a Hipona después del 409 (así lo pone de
manifiesto su coexistencia con los bárbaros, ver n. 27/
34) y antes del 415. En efecto, cuando (durante la pri-
mavera del 415, ver n. 115) se dirige a Palestina, O. ya
llevaba tiempo en Africa: había entablado relación con
Agustín y había esperado el momento oportuno para
dirigirle su consulta (ver n. 39, 41 y 45); había com-
puesto su Commonitorium de errore Priscillianistarum et
Origenistarum (ver n. 41 y 45); había intensificado su
relación con Agustín, leyendo y aprendiendo diferentes
cuestiones de caracter teológico-doctrinal (ver n. 52/5
y 64/9); a instancia de Agustín, se había dedicado a
realizar un trabajo histórico (ver n. 56/63); había deci-
dido ir a Palestina siguiendo la indicación de Agustín
(ver n. 70/3); había recibido el Ad Orosium contra Pris-
cillianistas et Origenistas
(ver n. 75/6) de Agustín, quien,
por su parte, había desarrollado una considerable acti-
vidad ante el próximo viaje de O. a Oriente (ver n.
74).

38 Ver n. 45 y 49.
39 Oros. common. 1 (CCL 49, p. 157, 1/3).
40 Ver ProsopChrétBasEmp 1, 378, Eutropius y 843/4,
Paulus 7. No tiene ningún fundamento la postulada his-
panidad de estos obispos, siendo mucho más verosímil
su pertenencia al episcopado africano o italiano.
41 Oros, comm. 1 (CCL 49, 157,3/7).
42 Ver n. 169.
43 Aug. perf. iust. 1, 1 (CSEL 42, 3).
44 Aunque el biógrafo de Agustín (Possid. indic. 7, 3/4
[172 Wilmart]) cita el De perfectione iustitiae hominis
(obra que no aparece en las Retractationes) después del
De natura et gratia, la réplica a Celestio puede ser per-
fectamente anterior a la finalización de la refutación de
Pelagio (ver n. 127). A este respecto, no parece pro-
bable que Agustín contestara primero a O. que a los
obispos Eutropio y Paulo, quienes se habían dirigido
por escrito a Agustín antes que O. y a los cuales éste se
había referido en su opúsculo. En relación a esta obra
de Celestio, conservada gracias a estar reproducida ín-
tegramente en la réplica de Agustín (De perfectione iusti-
tiae hominis
), ver A. Bruckner, Quellen zur Geschichte
des pelagianischen Streites (Tübingen 1906) 70/8.


Josep Vilella                98


debió considerar que si lo relacionaba con el de Eutropio y Paulo tenía una buena oportu-
nidad para ello. La referencia a las doctrinas heréticas contenidas en las Definitiones de
Celestio (primer contacto conocido de O. con el pelagianismo) necesariamente debía agra-
dar a Agustín.
    Explica O. que es entonces "cuando (empujado, al igual que Eutropio y Paulo, por la
misma preocupación de salvación común) considera necesario apresurarse a dar a conocer
y reagrupar en un conjunto todos los árboles de perdición (con sus raíces y ramas) y
mostrarlos al espíritu ardiente de Agustín para que éste, después de haber visto lo añadido
(lo indicado por O.) y reconocida la gravedad de lo expuesto, considere qué disposición
debe adoptar"45. Y compone (en forma de carta) su Commonitorium de errore Priscillianista-
rum et
Origenistarum dirigido a Agustín46, a quien se refiere con encomio47. En este opúsculo,
después de haberse referido a su intención de entregarle el mencionado informe y al mo-
mento propicio para ello48, pide (utilizando un lenguaje metafórico) que "sea Agustín quien
arranque y corte los sembrados o los injertos malignos de los demás y siembre la verdadera
semilla entre los galaicos". O. insta abiertamente al obispo de Hipona a componer una obra
dirigida a la Gallaecia (la respuesta a su Commonitorium) a fin de que su tierra pueda ser
corregida mediante la acción de Agustín y la mediación del propio O.49. Una vez solicitada
esta actuación del obispo de Hipona (la cual O. justifica en función de las desviaciones
doctrinales existentes en la Gallaecia y a partir de su providencial ida a Hipona), pasa
a referirse al priscilianismo50 y al origenismo51 que había en su tierra.
    O. intensifica su relación con Agustín después de haberle dirigido su Commonitorium52.
Se introduce en el círculo de este obispo (quien se refiere a la inquietud de O. por saber53 y

45 Oros. comm. 1 (CCL 49, 157,5/11). Cf.: Aug. ep. 166, 2
(CSEL 44, 547,7/12); id. ep. 169,13 (ibid., 621,16/9).
46 Oros. comm. (CCL 49, 157/63).
47 Ver n. 45 y 49.
48 Ver n. 39, 41 y 45.
49 Oros. comm. 1 (CCL 49, 157/8,11/20). 1 (158, 20/
31). 4 (162/3). Cf.: Aug. ep. 166,2 (CSEL 44, 547,7/
12); id. ep. 169,13 (ibid., 621,16/9).
50 O. expone la doctrina de Prisciliano (a la que consi-
dera peor que el maniqueísmo) acerca del alma (refi-
riéndose a su origen, al proceso seguido hasta su ads-
cripción a los cuerpos y a la intervención de Cristo),
ilustrando su exposición con la cita (de memoria, ver
n. 32) de una carta de Prisciliano. O. indica asimismo
que Prisciliano, al defender la influencia de la astrolo-
gía, enseñó que los nombres de los patriarcas son
miembros del alma mientras que los miembros del
cuerpo corresponden a signos zodiacales y que, en base
al contenido del libro (apócrifo) titulado Memoria Apos-
tolorum
, intuía la eternidad de las tinieblas y que el
príncipe del mundo procedía de las mismas. Además,
O. dice que Prisciliano negaba la existencia separada
de las tres personas de la Trinidad y afirmaba que
Padre, Hijo y Espíritu Santo eran uno solo, Cristo:
Oros. comm. 2 (CCL 49, 158/60). Cf.: 1, (158,31/3);
Aug. ep. 166,2 (CSEL 44, 547,7/12); id. ep. 169,13
(ibid., 621, 16/9); id. retract. 2, 44 (CCL 57, 126). Ver Vi-
lella, Un obispo-pastor, (n.9) p. 511/2.

51 En cuanto al origenismo, O. da cuenta del viaje y
actividad doctrinal de los dos Auiti (ver n. 6/19) y ex
plica que, a partir de Orígenes, los dos homónimos ex-
pusieron una doctrina muy correcta sobre la Trinidad
que fue aceptada en seguida por los sabios aunque, al
respecto, seguía existiendo la dificultad planteada por
la creación del alma "de la nada". Dice también O.
que, además, sus dos conciudadanos divulgaron nume-
rosas cosas fabulosas, refiriéndose a la creación eterna,
al alma y al pecado que todos los espíritus comparten,
a la creación del mundo, a la naturaleza del fuego re-
parador y a la purificación de las almas pecadoras, a la
actividad y al cuerpo de Cristo y a una exégesis de
Rom. 8, 20 puesta en relación con los astros: Oros.
comm. 3 (CCL 49, 160/2). Cf.: 1 (158,31/3); Aug. ep.
166,2 (CSEL 44, 547,7/12); id. ep. 169,13 (ibid.,
621,16/9); id. retract. 2,44 (CCL 57, 126).
52 Cf.: Id. c. Priscill. 1 (CCL 49, 165,1/4 y 8/9); id. ep.
166,2 (CSEL 44, 548,8): ubi ergo istum iuuenem expertus
sum
. Ver n. 41. La respuesta escrita de Agustín a O. no
parece ser inmediata a la recepción, por el primero,
del Commonitorium del presbítero. En todo caso, cuando
Agustín compone su Ad Orosium contra Priscillianistas et
Origenistas
ya estaba decidida la ida de O. a Palestina
(ver n. 70 y 75).
53 Aug. c. Priscill. 4 (CCL 49, 168,101/4). 14 (178, 382/
9); id. ep. 166,2 (CSEL 44, 547,10/2); id. ep. 169, 13
(ibid., 621,12/5). Ver n. 20.


Biografía crítica de Orosio                99


a la estima y confianza que le merece54) y recibe enseñanzas y orientaciones de éste55.
Durante este tiempo56, el presbítero galaico recibe también de Agustín (quien entonces
estaba redactando los libros IV y V del De ciuitate Dei57) la indicación de que escribiera en
contra de aquellos que sostenían que la adopción del cristianismo había acarreado conse-
cuencias funestas58. El encargo que Agustín hace a O. (quizás a sugerencia de este último59)
obedece a la intención que tenía Agustín de disponer, en este momento, de una mayor
acervo documental en contra de las razones aducidas por los paganos (sobre todo después
del saqueo de Roma del 410, suceso que también había producido una gran convulsión
entre los cristianos, necesitados igualmente de explicaciones ante lo sucedido)60. A este
respecto y según su propio testimonio, O. es exhortado a exponer, en un volumen breve y
ordenado, todo lo que de los siglos pasados pudiera recabar, en cada uno de los registros
históricos y analíticos disponibles, acerca de las calamidades pretéritas61. O. indica que
acoge este cometido con obediencia y buena voluntad62, trabajando en el mismo63.
    Además, el hispano lee diferentes obras, particularmente de Agustín64, y adquiere un
buen conocimiento de la cuestión pelagiana y de la gran actividad que, al respecto, estaba
realizando Agustín, quien, durante la estancia de O. en Hipona, redacta, entre otros escri-
tos65, su respuesta a las cuestiones que le somete Hilario66 (un cristiano de Siracusa), refuta

54 Id. c. Priscill. 1 (CCL 49, 165, 1/4); id. ep. 166, 2,
(CSEL 44, 548, 5/9). Cf. Oros. hist. 5, 2, 2, (86 Arnaud-
Lindet).
55 Aug. ep. 166, 2 (CSEL 44, 547, 14/5).
56 El mandato que O. recibe de Agustín es anterior a
su ida a Palestina. Compárese Aug, ciu. D., 4, 2 (CCL 47,
99/100) (respecto a la cronología del libro IV del De
ciuitate Dei
, ver n. 65) con Oros. hist. 1 prol. 10 (8 Ar-
naud-Lindet). Son los libros del De ciuitate Dei publica-
dos antes del 415 los que O. conoce con seguridad (ver
n. 63). Ver asimismo n. 139, 259, 277 y 290. No adu-
cen argumentos firmes quienes se muestran contrarios
a que O. recibiera el encargo de Agustín antes de par-
tir a Palestina, caso de Corsini, (n. 35) p. 20/33.
57 Ver n. 65.
58 Oros hist. 1 prol. 9 (8 Arnaud-Lindet). 1 prol. 1/2
(6). 1 prol. 8 (7). 3 praef. 1 (134). 7,43,19/20 (131/2).
Cf. Gennad. uir. ill. 40 (TU 14,1a, 76). Ver n. 61.
59 Cf. Oros. hist. 1 prol. 2 (6 Arnaud-Lindet).
60 Agustín, quien ya había expuesto y rebatido los ar-
gumentos de los paganos en los tres primeros libros de
su De ciuitate Dei (publicados antes de septiembre del
413, ver ProsopChrétBasEmp 1, 671/88, Flauius Marcelli-
nus
2), dice que, al respecto, sólo ha proporcionado
unos pocos ejemplos y que, además, no se ha referido
al período imperial ni a los desastres naturales (Aug.
ciu. D.
4,2 [CCL 47, 99,14/9]), para cuya recopilación
no dispone de tiempo: Aug. ciu. D. 4,2 (CCL 47, 99/
100). Cf.: 2,17 (48,41/2). 3,18 (85,11/2). 3,21 (89,3/
4). Esta documentación adicional sería todavía más útil
en el caso de que los sectores paganos hicieran pública
su réplica (que ya tenían escrita, hecho que sabía Agus-
tín) a los tres primeros libros de Agustín, réplica que
finalmente no se publica: Aug. ciu. D. 5, 26 (CCL 47,

163,73/81), pasaje (probablemente escrito cuando O.
ya había emprendido viaje a Palestina) en el que Agus-
tín da por concluida la controversia.
61 Oros. hist. 1 prol. 10 (8 Arnaud-Lindet). Cf.: 3 praef.
1 (134). 3,4,6 (145). 6,1,12 (164). 7,43,19 (131/2);
Gennad. uir. ill. 40 (TU 14,1a, 76). Ver n. 58.
62 Cf.: Oros. hist. 1 prol. 1/6 (6/7 Arnaud-Lindet). 1
prol. 8 (7). 7,43,20 (132). Ver n. 300.
63 A este respecto, ver Arnaud-Lindet (n. 1) XXII/
XXIII. O. conoce los libros del De ciuitate Dei escritos
antes del 415, compárese: Oros. hist. 3,4,6 (145 Ar-
naud-Lindet) con Aug. ciu. D. 1,30/3 (CCL 47, 30/3);
Oros. hist. 6,1,11/2 (164 Arnaud-Lindet) con Aug. ciu.
D.
2,22 (CCL 47, 56,25/6) y 3,7 (70,46/7). Ver n.
282.
64 Id. c. Priscill. 1 (CCL 49, 165,4/6). Ver n. 63.
65 Cf. id. ep. 169,13 (CSEL 44, 620/1). En esta carta,
fechada en el 415, Agustín se refiere a los libros que ha
escrito recientemente: los libros IV y V del De ciuitate
Dei
(ver n. 56), la exposición de tres salmos, las cartas
166 y 167 (mencionadas como libros, hecho que evi-
dencia la intención de editarlas que tenía Agustín, ver
n. 95), el Ad Orosium contra Priscillianistas et Origenistas
(ver n. 75) y el De natura et gratia (ver n. 127). Agustín
no menciona ni el De bono uiduitatis ni el De perfectione
iustitiae hominis
, probablemente porque los consideraba
como cartas.
66 Aug. ep. 157 (CSEL 44, 449/88). Esta carta es la res-
puesta a Hil. Syrac. ep. 156*, apud Aug. Ep. (CSEL 44,
448/9). Cf.: Hier. adv. Pelag. 3,19 (CCL 80, 123, 10/1);
Oros. apol. 3,5 (CSEL 5, 607,8/11; Aug. gest. Pelag. 23
(CSEL 42, 77, 7/16); id. grat. Christi et pecc. orig. 2,12
(ibid., 174,13/20). En relación a la cronología de la ep.
157 (año 414), ver n. 173.


Josep Vilella                100


las Definitiones de Celestio67 y está replicando el De natura del monje Pelagio68, escrito al que
el joven presbítero también parece tener acceso69. Entonces (seguramente antes de que
Agustín contestara a su Commonitorium70), O. es exhortado por Agustín a ir (antes de volver
a su país71) a Belén para ampliar sus conocimientos con Jerónimo72, lo cual acoge de buen
grado y con docilidad73. Además, recibe otros cometidos (para realizar en Palestina) de
Agustín, quien despliega una considerable actividad ante este viaje74.
    Durante el invierno del 414/415 o a inicios de la primavera del 41575, O. es el destinatario
del Ad Orosium contra Priscillianistas et Origenistas76 de Agustín, donde éste responde y comenta
algunas de las cuestiones que le había expuesto el galaico en su Commonitorium de errore
Priscillianistarum et
Origenistarum. En relación a los postulados priscilianistas acerca del alma,
Agustín (para quien los priscilianistas están muy próximos a los maniqueos) indica a O. (a
quien califica de hijo muy querido) que el alma no es substancia de Dios y que ha sido creada
de la nada77. En cuanto a las enseñanzas de los dos Auiti expuestas por O., el obispo de
Hipona deplora que algunos hayan pasado del priscilianismo al origenismo aunque se mues-
tra satisfecho por el hecho de que, gracias a la actividad de los dos homónimos, los galaicos
hayan recibido considerables enseñanzas correctas acerca de la Trinidad78. Agustín se refiere
asimismo a otros asuntos que (directa o indirectamente) le había planteado el presbítero:
cuestiones escatológicas79, aspectos relativos a la creación80 y a los ángeles81, y si los astros
son seres animados82. Además, en la respuesta a su Commonitorium, Agustín le aconseja que
vaya a Palestina para aprender mejor la manera de combatir los errores origenistas83.

67 Ver n. 41/4.
68 El De natura de Pelagio sólo se ha conservado en la
refutación que Agustín hace de esta obra (Aug. nat. et
grat
. [CSEL 60,233/99]). Ver Bruckner (n.44) 60/4. El
conocimiento del De natura por Agustín provoca que éste
cambie su actitud ante Pelagio e intervenga en contra del
mismo. Además del De natura et gratia, cf.: Aug.ep. 169,13
CSEL 44,621,20/3); Timas.et Iacob. ep.168*, apud Aug.
Ep. (ibid., 610/1); Aug. serm. 348A,5/6 (55/6 DOLBEAU);
id. ep. 179, 2 (CSEL 44, 692). 10 (697); id. ep. 19*, 3 (CSEL
88, 92/3); Aur. et alii, ep. 177*, 6, apud Aug. Ep. (CSEL 44,
675); Aug. gest. Pelag. 22 (CSEL 42, 75/6). 41 (97, 12/16).
47 (101/2). 49 (103); Alyp. et Aug. ep., 186*, 1, apud Aug.
Ep. (CSEL 57, 45/6); Zos. ep. 3, 7: Coll. Auell. 46(CSEL, 35,1,
104/5; 330 Jaffé); Aug. c. Iulian. op. imperf. 4, 112 (PL 45,
1405); id. retract. 2, 42 (CCL 57, 123/4). En relación a la
cronología del De natura et gratia, ver n. 127.
69 Ver n. 195.
70 Cf.: Aug. c. Priscill. 4 (CCL 49, 168,101/4). 14
(178,382/9). Ver n. 83. De estos pasajes parece cole-
girse que, en este momento, Agustín ya sabía que O.
iría a Palestina. En relación a la cronología del Ad Oro-
sium contra Priscillianistas et Origenistas
, ver n. 75.
71 Ver n. 87.
72 Aug. c. Priscill. 4 (CCL 49, 168,101/4); id. ep., 166, 2
(CSEL 44, 547/8); id. ep. 169,13 (ibid., 621,15/6); Oros.
apol. 3,2 (CSEL 5, 606,19/21); Gennad, uir. ill. 40 (TU
14,1a, 76,13/4); Marcell. chron. a. 416 (MG AA 11, Chro-
nica minora
2, 73). Ver n. 83. Años antes, Agustín ya
había expuesto a Jerónimo que estaba considerando el
enviarle a algún joven para que se formara con él: Aug.
ep. 73,5 (CSEL 34, 2, 269, 6/9).

73 Id. ep. 166,2 (CSEL 44, 548).
74 Ver n. 91, 95/107 y 110/2.
75 Agustín (ver n. 70) escribe el Ad Orosium contra Pris-
cillianistas et Origenistas
poco tiempo antes de la partida
de O. hacia Oriente, donde llega antes de finales de
julio del 415 (ver n. 115). Es quizás también significa-
tivo a este respecto el hecho de que, en su ep. 166,
Agustín retome parte de lo escrito por O. Compárese
Aug. ep. 166, 2 (CSEL 44, 547, 7/10) con Oros. comm. 1
(CCL 49, 158).
76 Aug. c. Priscill. (ibid., 165/78); id. ep. 169,13 (CSEL
44, 621, 19/20); id. retract. 2, 44 (CC 57, 126). Cf. id.
ep. 166, 2 (CSEL 44, 547,14).
77 Id. c. Priscill. 1/3 (CCL 49, 165/7). Cf. id. ep. 166, 7
(CSEL 44, 556,9/11). Estos pasajes ponen de manifies-
to que Agustín no conocía las doctrinas priscilianistas
antes de la llegada de O.
78 Aug. c. Priscill. 4 (CCL 49, 167/8, 81/101).
79 Id. c. Priscill. 5/8 (ibid., 168/71).
80 Id. c. Priscill. 9/10 (ibid., 172/3).
81 Id. c. Priscill. 13 (ibid., 177).
82 Id. c. Priscill. 11/2 (ibid., 173/7). 14 (177/8).
83 Id. c. Priscill. 4 (ibid., 168, 101/4). Cf. 14, (178, 382/
9). Se trata de una referencia velada a la ida de O.
junto a Jerónimo. Es evidente que las consultas orige-
nistas que O. plantea a Agustín constituían una ex-
celente oportunidad para que Agustín reanudara y for-
taleciera sus relaciones con Jerónimo, ver n. 89. En este
momento Agustín también se muestra deseoso de
aprender de Jerónimo, cf.: Aug. ep. 166 (CSEL 44, 545/
85); id. ep. 167 (ibid., 586/609).


Biografía crítica de Orosio                101


    Siendo ya próximo el viaje de O. a Palestina84 y al aprovechar Agustín esta oportunidad
idónea, así como la confianza que O., habituado a viajar, le merecía85, el joven presbítero
recibe diferentes cometidos de Agustín (y posiblemente no sólo de este obispo86) y el ruego
de pasar por Hipona antes de regresar a su tierra87 (sin duda para que, a su regreso de
Palestina, el galaico diera cuenta a Agustín de las misiones que éste le había encargado),
hecho que O. le promete88. Después de estar varios años sin comunicarse con Jerónimo89,
ahora Agustín estaba interesado en fortalecer sus relaciones con éste (sobre todo frente a
Pelagio90) y da varios escritos a O. para que los haga llegar a Belén91. En uno de ellos, el
presbítero galaico es presentado ante Jerónimo en unos términos muy elogiosos: es alabado
por sus cualidades personales92 y "porque, deseando ser útil en la casa del Señor y movido
por la fama de Agustín, se había dirigido hasta Hipona para aprender de éste algunas
cuestiones que quería conocer (y, de este modo, refutar las doctrinas falsas y perniciosas
que asesinan las almas de los hispanos con mayor infortunio que el ocasionado a sus cuer-
pos por la espada bárbara)"93, refiriéndose también Agustín a que O. ha aceptado de buen
grado y dócilmente su exhortación de trasladarse a Belén94.

84 Para la cronología de la ida a Palestina de O., ver n.
115.
85 Aug. ep. 166,2 (CSEL 44, 548,4/9); id. ep. 169,13
(ibid., 621,12/5).
86 Ver n. 106.
87 Aug. ep. 166, 2 (CSEL 44, 548,2/3).
88 Id. ep. 166, 2 (ibid., 548,3).
89 Id. ep. 166,1 (ibid., 546/7). En los epistolarios de
Agustín y Jerónimo no se atestigua ninguna correspon-
dencia durante el período comprendido entre el año
404 ó 405 y el año 415 (ver Cavallera [n. 10] 1,2,
47/56), larga interrupción que también se desprende
del hecho de que, en el 416, Jerónimo diga a Agustín
que no se han podido realizar las copias que éste le
había pedido de la versión latina hexaplar de los Se-
tenta (ver n. 246), copias que Agustín le había solici-
tado en su ep. 82 (Aug. ep. 82, 34/5 [CSEL 34,2, 385/
7]). Ver, al respecto, D. De Bruyne, La correspondance
échangée entre Augustin et Jérôme: ZNW 31 (1932)
233/48, 244. Jerónimo no habría respondido la ep. 82
de Agustín, la cual parece concluir una tensa corres-
pondencia sobre controversias escriturarias. En cam-
bio, las acerbas discusiones entre Jerónimo y Agustín
han dejado ya de existir en el 415, así lo pone de ma-
nifiesto el talante halagador de la carta que Jerónimo
envía a Agustín mediante O. (ver n. 243). Para esta
entente fue fundamental el conflicto pelagiano.
90 Uno de los objetivos que persigue Agustín (precisa-
mente cuando adopta una posición abierta y activa en
contra de Pelagio, ver n. 68) a través de la mediación
de O. es asegurarse el pleno y actual consenso de Jeró-
nimo en relación a la refutación de los postulados pela-
gianos que estaba realizando y despejar cualquier po-
sible duda o contradicción entre ellos, sobre todo de-
bido a que, en el De natura, Pelagio había utilizado, por
lo menos, dos pasajes de Jerónimo en apoyo de sus te-
sis (Hier. comm. in Matth. 1,5,8 [CCL 77, 25]; id. adu.
Iouin
. 2,3 [PL 23, 286]), pasajes que, en el De natura et

gratia, Agustín defiende de la interpretación dada por
Pelagio: Aug. nat. et grat., 78 (CSEL 60, 292/3). Agustín
también se había apoyado, desde el mismo inicio de su
controversia escrita en contra del pelagianismo, en Je-
rónimo (concretamente en los Comentarii in Ionam y en
el Aduersus Iouinianum) para oponerse a los pelagianos.
Así se pone de manifiesto en su De peccatorum meritis et
remissione et de baptismo paruulorum
(obra que Agustín
seguramente hace llegar a Jerónimo a través de O., ver
n. 102): Aug. pecc. mer. 3,12/3 (CSEL 60, 138/9). Es,
pues, evidente que, en el 415, era fundamental para
Agustín que sus interpretaciones fueran totalmente
subscritas por Jerónimo, sobre todo dado que éste era
partidario del creacionismo de las almas, lo cual (como
pone de manifiesto la ep. 166) podía plantear discor-
dancias en relación a los razonamientos de Agustín so-
bre la transmisión del pecado original. En su ep. 166,
Agustín se refiere a los posicionamientos de Jerónimo
(Hier. adu. Iouin. 2,2 [PL 23, 284]; id. comm. in Ionam,
3,5 [SC 323, 266/8]) al preguntarle cómo el alma con-
trajo el pecado original y pone énfasis en que son dis-
tintos a los mantenidos por los pelagianos: Aug. ep.
166,6 (CSEL 44, 554/5). Cf. 21 (577). Al respecto, ver
Y.-M. Duval, Saint Augustin et le Commentaire sur Jo-
nas de saint Jérôme: RevÉtAug 12 (1966), 9/40, 14/5.
Agustín consiguió plenamente la anuencia de Jerónimo
en sus posiciones antipelagianas y en la teología defen-
dida por el episcopado africano respecto al pecado ori-
ginal: Hier. adu. Pelag. 3,17/9 (CCL 80, 120/4); id. ep.
134,1 (CSEL 56, 261/2); Aug. ep. 202A, 4/5 (CSEL 57,
304/5). 20 (314/5).
91 Algunos de los escritos dados por Agustín a O. son
mencionados explícitamente: Aug. ep. 166,2 (CSEL 44,
547/8); id. ep. 169,13 (ibid., 620/1); id. serm. 348A,6
(56,82/3 Dolbeau). Ver n. 95/107 y 110/2.
92 Ver n. 20.
93 Aug. ep. 166, 2 (CSEL 44, 547,7/12).
94 Id. ep. 166,2 (ibid., 547/8).


Josep Vilella                102


    Como portador, O. recibe de Agustín esta carta-tratado95 (ep. 16696, en la que éste
expone y consulta a Jerónimo cuestiones relativas a la naturaleza y al origen del alma
humana, refiriéndose, básicamente, a su encarnación, a su liberación del pecado original
mediante el bautismo y a qué ocurre en el caso de los niños muertos sin haber recibido este
sacramento), otro ensayo97 (ep. 16798, en la que el obispo de Hipona pregunta a Jerónimo
cómo debe interpretarse el pasaje de Iac., 2, 10, frase que Agustín comenta en este opúscu-
lo) y una copia de la carta99 que Agustín había enviado a Hilario (ep. 157100, en la que
Agustín contesta y comenta las cinco cuestiones que se defendían en los círculos pelagianos
sicilianos y que Hilario le había sometido a dictamen101: la posibilidad de la impecancia, la
no necesidad del bautismo para la salvación de los niños, el hecho de que los ricos sólo
puedan salvarse si venden sus bienes, la total prohibición de jurar y una exégesis de Eph.
5, 27).
    Asimismo, O. seguramente recibe (para llevarlos a Jerónimo) de Agustín un ejemplar
de los dos libros del De peccatorum meritis et remissione et de baptismo paruulorum102 (quizás con
inclusión de la carta privada que constituirá el tercer libro103), del De spiritu et littera104 y del
De perfectione iustitiae hominis105. El galaico puede llevar también a Palestina (no necesaria-
mente sólo por indicación del obispo de Hipona106) documentación relativa al concilio de

95 Id. ep. 166,2 (ibid., 547/8); id. ep. 169,13 (ibid., 620/
1); id. ep. 202A, 3 (CSEL 57, 303,5). Cf.:id. ep. 167,1
(CSEL 44, 586); Hier. ep. 134,1 (CSEL 56, 261,9/11);
Aug. serm. 348A,6 (56,83 Dolbeau); id. ep. 190,20
(CSEL 57, 156,5/8); id. ep. 202A, 1/6 (ibid., 302/5). 20,
(314/5); id. retract. 2,45 (CCL 57, 126/7,1/8). Ver n.
118. De la ep. 190, de la ep. 202A y de las Retractationes
se colige que Agustín tenía previsto publicar la ep. 166
y la ep. 167 como libros una vez hubiera tenido las es-
peradas respuestas de Jerónimo o bien éste ya no pu-
diera contestar (Aug. ep. 202A,6 [CSEL 57, 305,6/9]).
Esta publicación la llevará a cabo Agustín cuando tiene
conocimiento de la muerte de Jerónimo, hecho que de-
jaba definitivamente sus exposiciones sin respuesta. Cf.
Aug. ep. 180, 5 (CSEL 44, 700,9/11).
96 Id. ep. 166 (ibid., 545/85).
97 Id. ep. 169,13 (ibid., 621); id. ep. 202A,20 (CSEL 57,
314/5). Cf.: Hier. ep. 134,1 (CSEL 56, 261,9/11); Aug.
serm. 348A,6 (56,83 Dolbeau); id. retract. 2, 45 (CCL 57,
126/7,1/10). Ver n. 119.
98 Id. ep. 167 (CSEL 44, 586/609).
99 Ver n. 120. Cf. id. serm. 348A,6 (56,83 Dolbeau).
100 Id. ep. 157 (CSEL 44, 449/88).
101 Ver n. 66. Es posible que O. también llevara a Pa-
lestina esta carta, quizás adjuntada a la ep. 157.
102 Ver n. 121. Aug. pecc. mer. (CSEL 60, 3/151). En
esta obra Agustín había iniciado su controversia escrita
contra el pelagianismo.
103 Cf. Aug. retract. 2,33 (CCL 57, 117,15/7).
104 Ver n. 123. Id. spir. et litt. (CSEL 60, 155/229).
105 Ver n. 124. Id. perf. iust. (CSEL 42, 3/48).
106 Cuando escribe los dos primeros libros del De pecca-
torum meritis et remissione et de baptismo paruulorum
, Agus-
tín ya tiene información acerca de lo sucedido en el
concilio de Cartago del 411 (Aug. gest. Pelag. 46 [CSEL
42, 100]; id. retract. 2,33 [CCL 57, 117,21/3]), dispo-

niendo, desde el 412, del breve opúsculo defensivo re-
dactado por Celestio (Aug. pecc. mer. 1,63 [CSEL 60,
64,12/5]). Sin embargo, no hay constancia, por lo me-
nos de manera totalmente fehaciente, de que, con an-
terioridad a la partida de O. de Hipona, Agustín tu-
viese el texto completo de los otros dos escritos que,
conjuntamente con el libelo de Celestio (cf.: Conc. Car-
thag
. a. 416 ep., 175*,6, apud Aug. Ep. [CSEL 44,661,8/
10]; Zos. ep. 2,8: Coll. Auell. 45 [CSEL 35,1, 101/2; 329
Jaffé]);Aug. grat. Christ. et pecc. orig. 2,21 [CSEL 42
,181,16/9]), constituían las actas del concilio: el proceso
verbal de los debates y el libelo acusatorio presentado
por Paulino (Paul. Med. adu. Cael. 7: Coll. Auell. 47
[CSEL 35,1, 109,25/6]; Aug. grat. Christi et pecc. orig. 2,3
[CSEL 42, 168,18/21]. 2,8 [171, 8/9]; id. c. Pelag. 2, 6
[CSEL 60, 466,22/5]; Mar. Merc. comm. s. nom. Cael.:
Coll. Pal. 36 [ACO 1,5, 66]; Praedest. 1, 88 [PL 53, 617]).
Aunque la información obtenida por Agustín acerca
del concilio del 411 puede proceder de varios canales,
a este respecto Agustín sólo se refiere a las cuestiones
que Marcelino le había planteado (Aug. pecc. mer. 3, 12
[CSEL 60, 139,16/9]; id. gest. Pelag. 25 [CSEL 42,
78,27/8]; id. retract. 2,33 [CCL 57, 117,6/8]) y a la con-
sulta que, durante una estancia suya en Cartago, el
obispo de Hipona había realizado personalmente de es-
tas actas (Aug. gest. Pelag. 23 [CSEL 42, 77,2/5]), de las
cuales copia algunas partes (Aug. grat. Christ. et pecc.
orig.
2, 2 [CSEL 42, 168,4/5]). En lo que respecta al li-
belo de Paulino, antes del 417 Agustín sólo se refiere
expresamente a una de las seis tesis contenidas en el
mismo (Aug. pecc. mer. 1,2 [CSEL 60, 3,16/7]), en la
que depende de la información que le había dado Mar-
celino (Aug. pecc. mer. 3, 1 [CSEL 60, 128,15/8]). Agus-
tín no se refiere, de manera sistemática y completa, al
conjunto de las seis tesis de Celestio denunciadas por
Paulino (recogidas íntegramente en el libelo presen-


Biografía crítica de Orosio                103


Cartago del 411107 (concilio108 en el que se había excomulgado a Celestio a partir del libelo
presentado en contra de éste por el diácono de Milán Paulino al obispo de Cartago Aure-
lio109). Además, el joven presbítero recibe de Agustín una carta110 para Pelagio (en la que
no se le censura y se le exhorta a escuchar a O.) y el encargo de transmitirle un mensaje
oral de Agustín (no especificado)111. Además de otros posibles textos112, O. evidentemente
lleva también consigo su Commonitorium de errore Priscillianistarum et Origenistarum y el Ad

tado, en contra de Pelagio, a Eulogio en el 415, ver n.
212/3) hasta después de haber recibido las actas del
concilio de Dióspolis (Loudd) (ver n. 107; cf. Aug. ep.
157, 22 [CSEL 44, 471,7/20], en relación a lo que Agus-
tín indica de Celestio poco antes de partir O. de Hi-
pona). Este silencio inicial sugiere que Agustín no dis-
ponía del texto de Paulino incluido en las actas del con-
cilio del 411, actas de cuya redacción sólo se conserva
el extracto reproducido por Agustín: Aug. grat. Christ.
et pecc. orig
. 2,3 (CSEL 42,168/9). Cf.: Conc. Carthag. a.
416 ep. 175*, 1, apud Aug. Ep. (CSEL 44, 654); Aug. gest.
Pelag
. 23 (CSEL 42, 77,2/5); Mar. Merc. comm. s. nom.
Cael.
: Coll. Pal. 36 (ACO 1,5, 66). A partir de lo expues-
to, cabe la posibilidad de que, si, como parece (ver n.
107), el libelo de Paulino es llevado a Oriente por O.,
éste, al dirigirse a Palestina, hiciera escala en Cartago
(capital eclesiástica africana en la que se detiene con
seguridad durante su viaje de vuelta, ver n. 260/4),
donde, de ser así, O. puede haber completado tanto
sus instrucciones como su dossier africano en contra
del pelagianismo (ver n. 66/9 y 91). Teniendo presente
el gran contenido antipelagiano que revestía el viaje-
legación de O., cabe suponer que el mismo Agustín
quería tener informado de todo ello a Aurelio, primado
que había convocado y presidido el concilio del 411.
Este obispo, por su parte, también puede haber tenido
parte activa en la preparación-indicación de los cometi-
dos a realizar por O. en Oriente, donde se hallaban en-
tonces tanto Celestio como Pelagio. El mismo O. cali-
fica (en este orden) a Aurelio, Agustín y Jerónimo de
columnas y fundamentos de la Iglesia, mencionándolos
al referirse a los autores de escritos antipelagianos:
Oros. apol. 1,4 (CSEL 5, 604,9/13). Auit. Brac. ep. ad
Palc.
5 (188 Vanderlinden), dice que O. ha sido envia-
do a Palestina por los obispos africanos, afirmación que
parece depender de lo que el mismo O. diría a Avito 3
(ver n. 68).
107 En Palestina O. proporcionó información detallada
respecto a la condena de Celestio, refiriéndose a ella
tanto antes de la asamblea de Jerusalén (ver n. 126 y
146) como durante el decurso de esta reunión (ver n.
168/9 y 177), además de mencionarla en su Liber apo-
logeticus contra Pelagianos
en su intención de hacerla ex -
tensible a Pelagio (ver n. 212/3), hecho que parece in-
dicar que O. disponía de la pertinente documentación
escrita que apoyaba su posicionamiento: Oros. apol. 3,4
(CSEL 5, 607). 4,5 (608, 12/3). 19,4 (633,16/8). Por
otra parte, la mera transmisión oral difícilmente puede
explicar la plena coincidencia existente entre las pro-
posiciones de Celestio recogidas en el libelo acusatorio

de Paulino (ver n. 106) con las proposiciones de Celestio
incluidas en otro libelo acusatorio, el presentado, en
contra de Pelagio, por Eros y Lázaro (cuya estancia en
Africa antes de dirigirse a Palestina, aunque posible, en
absoluto está documentada) a Eulogio en el 415 (ver n.
213). A este respecto, compárese Mar. Merc. comm. s.
nom. Cael.
: Coll. Pal. 36 (ACO 1,5, 66,9/17) (cf. id.
comm. adu. haer. Pelag.: Coll. Pal. 3 [ibid., 6,14/24]) con
Aug. gest. Pelag. 23 (CSEL 42, 76,16/25). Cf.: id. gest.
Pelag
. 57 (ibid., 111/2). 65 (120,4/12); Alyp. et Aug. ep.
186*,32, apud Aug. Ep. (CSEL 57, 71); Aug. grat. Christ.
et pecc. orig
. 2,2/4 (CSEL 42, 167/9). 2,12, (174,5/13);
Praedest. 1, 88 (PL 53, 618). Por lo demás, algunas cues-
tiones contenidas en el libelo de Paulino eran semejan-
tes a las que Agustín contesta y comenta en su ep. 157
(cuestiones que son mencionadas unas después de
otras en el opúsculo presentado a Eulogio), carta
llevada por O. a Palestina (ver n. 99 y 120) y leída
tanto en la asamblea de Jerusalén como en el concilio
de Dióspolis. Ver n. 169 y 172/3.
108 En relación al concilio de Cartago del 411, ver n.
169.
109 Ver ProsopChrétBasEmp 1, 105/127, Aurelius 1.
110 Aug. serm. 348A, 6 (56,83/4 Dolbeau). Cabe la po-
sibilidad de que la carta de Agustín a Pelagio transmi-
tida por O. sea la ep. 146: Aug. ep. 146 (CSEL 44, 273/
4). Cf.: id. gest. Pelag. 45 (CSEL 42, 99,10/2). 51/3
(104/6). Ver F. Dolbeau, Le sermon 348A de saint
Augustin contre Pélage. Édition du texte intégral,
RechAug 28 (1995) 37/63, 45/6.
111 Aug serm. 348A, 6 (56,84/5 Dolbeau). Cf. id. gest.
Pelag
. 51 (CSEL 42, 104,21/5). Además de otras cosas,
O. seguramente debía comunicar a Pelagio que Agus-
tín estaba redactando la réplica al De natura.
112 Otro posible texto que O. podría haber llevado a
Palestina sería una carta de Agustín al obispo Juan de
Jerusalén (cf. Aug. ep. 179,1 [CSEL 44, 691,15/8]). Así
lo defiende O. Wermelinger, Rom und Pelagius: Die
theologische Position der römischen Bischöfe im pela-
gianischen Streit in den Jahren 411-432 (Stuttgart
1975) 9222. Ello, sin embargo, es muy hipotético, ha-
bida cuenta de que no es seguro que Agustín hubiera
escrito a Juan antes de dirigirle la ep. 179 (donde le
pide las actas de Dióspolis en nombre de muchos obis-
pos: Aug. ep. 179,7 [CSEL 44, 695,9/11]) y, por otra
parte, en caso de haber existido realmente esta carta
anterior no hay indicios sólidos en relación a su porta-
dor. A este respecto, ver Y.-M. Duval, Introduction à
la lettre 19*: AA. VV., Lettres 1*-29*, = Bibliothèque
Augustinienne 46B (Paris 1987) 507/16, 513/4.


Josep Vilella                104


Orosium contra Priscillianistas et Origenistas113, así como su recopilación de datos históri-
cos114.
    Es durante la primavera del 415115 cuando el presbítero hispano se dirige a Palestina116.
Una vez en Belén, O. explicaría a Jerónimo el principal objetivo de su ida hasta él a instan-
cias de Agustín y le mostraría su Commonitorium y la respuesta al mismo del obispo de
Hipona117. En cumplimiento del encargo de Agustín, el galaico entrega a Jerónimo la ep.
166118, la ep. 167119, la ep. 157120 y probablemente asimismo una copia de los dos libros del
De peccatorum meritis et remissione et de baptismo paruulorum121 (quizás con inclusión del tercer
libro122), del De spiritu et littera123 y del De perfectione iustitiae hominis124, así como posible-
mente también otros textos125. O. proporciona igualmente a Jerónimo información acerca
de la actividad antipelagiana llevada a cabo en Africa126, particularmente la realizada por
Agustín, exponiéndole que éste estaba componiendo un tratado antipelagiano y facilitán-
dole detalles de esta obra127. Por su parte, Jerónimo, después de haberse opuesto tenaz y

113 Ver n. 124.
114 Ver n. 62/3.
115 No es posible saber con precisión ni cuándo ni dón-
de O. emprende su viaje, así como tampoco su dura-
ción y recorrido (ver n. 106 y 259). En todo caso, O. se
halla en Palestina desde antes de celebrarse la asam-
blea de Jerusalén (ver n. 162), así lo pone de manifies-
to la actividad llevada a cabo por O. antes de que tu-
viera lugar dicha asamblea (ver n. 117/27, 132/47 y
153/6). Por otra parte, O. no puede llevar mucho
tiempo en Palestina a finales de julio del 415, sin que
su partida hacia Oriente pueda ser anterior a la finali-
zación del mare clausum, esto es, el 10 de marzo.
116 Aug. ep. 166,2 (CSEL 44, 547/8); id. ep. 169,13
(ibid., 620/1); id. serm. 348A,6 (56,82/3 Dolbeau). Cf.:
Oros. apol. 3,2 (CSEL 5, 606,17): aduena; Auit Brac. ep.
ad Palc
. 5 (188 Vanderlinden).
117 Ver n. 70/3. Cf. Oros. apol. 3,2 (CSEL 5, 606,19/
21). Ver n. 124.
118 Hier. ep. 134, 1 (CSEL 56, 261,9/11); Aug. retract.
2,45 (CCL 57, 127,10/2). Ver n. 96.
119 Hier. ep. 134,1 (CSEL 56, 261,9/11); Aug. retract.
2,45 (CCL 57, 127,10/2). Ver n. 98.
120 Cf.: Hier. Adu. Pelag. 3, 19 (CCL 80, 123,10/1); id. ep.
134,1 (CSEL 56, 262,6/7). Ver n. 100 y 172/3.
121 Cf.: id. adu. Pelag. 3,19 (CCL 80, 123,1/8); id. ep.
134,1 (CSEL 56, 262,6/7). Ver, al respecto, Duval, Saint
Augustin, (n. 90) 17/9. Además de la mención propor-
cionada en la parte final de los Dialogi contra Pelagianos
libri
, el probable envío, a través de O., del De peccatorum
meritis et remissione et de baptismo paruulorum
y del De
spiritu et
littera a Jerónimo también parece colegirse de la
referencia que, en la ep. 157 (enviada, con toda certeza,
a Jerónimo a través de O., ver n. 99), Agustín hace a sus
anteriores escritos antipelagianos, hecho que pone de
manifiesto que Agustín consideraba todos estos textos
como un conjunto homogéneo cuyas partes se comple-
mentaban: Aug. ep. 157,22 (CSEL 44, 470/1).
122 Ver n. 103.
123 Cf.: Hier. adu. Pelag. 3, 19 (CCL 80, 123,8/10); id. ep.
134,1 (CSEL 56, 262,6/7). Ver J. N. D. Kelly, Jerome.

His Life, Writings and Controversies (London 1975)
318.
124 O. utiliza el De perfectione iustitiae hominis en su Liber
apologeticus
, compuesto durante su estancia en Palestina
(ver n. 202). Compárese: Oros. apol. 18,6 (CSEL 5,
632) con Aug. perf. iust. 3 (CSEL 42,5); Oros. apol. 21/
2 (CSEL 5, 636/40) con Aug. perf. iust. 23/6 (CSEL 42,
24/5) y 38 (38); Oros. apol. 23 (CSEL 5, 640/1) con
Aug. perf. iust. 20 (CSEL 42, 19/20) y 38 (38/9). Otros
textos agustinianos utilizados con seguridad en el Liber
apologeticus
son la ep. 157 y el Ad Orosium contra Pris-
cillianistas et Origenistas
, compárese: Oros. apol. 3, 4
(CSEL 5, 607,3/6) con Aug. ep. 157,22 (CSEL 44,
471,7/20); Oros, apol. 32,10/1 (CSEL 5, 662) con Aug.
c.
Priscill. 10 (CCL 49, 173,233/8). Cf. Oros. apol. 31, 3
(CSEL 5, 658,1/4). Ver n. 200. En relación a la utiliza-
ción de los escritos de Agustín por O., ver Wermelin-
ger (n. 112) 65135/6. El hecho de que Jerónimo (ver n.
121) no se refiera al De perfectione iustitiae hominis se ex -
plica si se considera que esta obra no se dirigía directa-
mente en contra de Pelagio, sino de Celestio.
125 Ver n. 107.
126 Ver n. 168.
127 Ello se colige de que, en la asamblea de Jerusalén,
O. indique que Agustín estaba respondiendo al De na-
tura
de Pelagio (ver n. 170/1, 173 y 178) y de la alu-
sión que, en el mismo año 415 (ver n. 131), hace Jeró-
nimo al De natura et gratia que estaba redactando Agus-
tín (Hier. adu. Pelag. 3,19 [CCL 80, 123,12/3]). Tanto
las actas del concilio celebrado en la ciudad palestina
de Dióspolis entre el 19 y el 26 de diciembre del 415
(ver n. 216) como la ep. 169 de Agustín (fechada en el
415) ponen de manifiesto que Agustín compuso este
tratado durante el año 415 (cf. Aug. ep., 169,13 [CSEL
44, 621,20/3]), aunque lo concluyó con posterioridad a
la salida de O. hacia Palestina, habida cuenta de que ni
éste ni Jerónimo lo tenían todavía. Al respecto, ver: Du-
val, Saint Augustin, (n. 90) 19/2051; id. La date du 'De
natura' de Pélage. Les premières étapes de la contro-
verse sur la nature de la grâce, RevÉtAug 36 (1990),
257/83, 258/60.


Biografía crítica de Orosio                105


recientemente a los postulados de Pelagio (en su ep. 133128 y en los In Hieremiam prophetam
libri
129) y de estar enemistado con éste130, se hallaba entonces redactando sus Dialogi contra
Pelagianos libri
131. Al parecer, O. insiste ante Jerónimo para que éste responda las consultas
que le había dirigido Agustín132. Asimismo, se entrevista con Pelagio133, a quien entregaría
la carta que para éste le había dado Agustín134.
    El joven presbítero lleva una vida retirada en Belén, donde estudia135 y conoce136 tanto
los escritos antipelagianos de Jerónimo137 como varios escritos de Pelagio138. Además, pro-
bablemente aprovecha la estancia en Belén para su trabajo histórico139. O. entabla también

128 Hier. ep. 133 (CSEL 56, 241/60). Cf.: id. comm. in
Hier.
2,1,2 (CCL 74, 59,11/2). 4,1,3 (174,9/13); Oros.
apol. 4,6 (CSEL 5, 608,18/9).
129 Hier. comm. in Hier. prol. 2/5 (CCL 74, 1/2). 2,1
(59). 2,51,2 (86/7). 2,83,3 (100). 3,1,3/4 (119/20).
3, 60,3 (154,22/4). 3,70,4 (162). 4,1,1/3 (174). 4,41,4/
6 (211). 5,61,6 (273). Cf.: 4,53,2 (221). 5,5,3 (238).
5, 37,2 (254). 6,6,4 (293/4). 6,38,7 (337).
130 Ver n. 128/9. Cf.: Id. ep. 130,2 (CSEL 56, 176). 7,
(185,10/6); id. comm. in Ezech. 6 prol. (CCL 75, 225); id.
adu. Pelag. prol. 2 (CCL 80, 4,1/4). 1, 27, (34/5). 3,14/6
(116/20). Quizás sea Pelagio el monje a quien Jeróni-
mo se refiere en su ep. 50. Al respecto, ver G. De Plin-
val, Pélage, ses écrits, sa vie et sa réforme (Lausanne
1943) 51/5 y Wermelinger (n. 112) 46/8.
131 Hier. adu. Pelag. (CCL 80). Jerónimo, quien ya
estaba trabajando en esta composición cuando O. llega
a Belén (cf.: Hier. ep. 133,13 [CSEL 56, 259/60]; id.,
comm. in Hier.
2,1,2 [CCL 74, 59,11/2]. 4,1,7 [175,20/
1]), la terminó durante la estancia de O. en Palestina:
Oros. apol. 4,6 (CSEL 5, 608/9); Hier. ep. 134, 1 (CSEL
56, 262, 6/7). Ver n. 267.
132 Cf. Oros. apol. 4,6 (CSEL 5, 608,16/7). O. utiliza la
misma metáfora del rocío al pedir la respuesta de
Agustín a su Commonitorium: Oros. comm. 4 (CCL 49,
163,133/4). El hecho de que, al regresar a Hipona, O.
pudiera traer a Agustín las respuestas de Jerónimo im-
plicaba para O. el haber realizado exitosamente la me-
diación que le había confiado Agustín.
133 O. y Pelagio conversaron antes de la asamblea de
Jerusalén (ver n. 111): Oros. apol. 4,4 (CSEL 5, 608, 9/
12). Cf.: 6,3 (610,12/3). 11,3 (618,8/10). Ver n. 176 y
189.
134 Ver n. 110.
135 Oros. apol. 3,2 (CSEL 5, 606,16/21); Hier. ep. 134,1
(CSEL 56, 261, 5/6).
136 Si recoge con fidelidad sus intervenciones en la
asamblea (ver n. 182), O. ya conoce textos antipelagia-
nos de Jerónimo antes de tener lugar la reunión de Je-
rusalén, sin que sea posible pormenorizar más respecto
a su progresión en el conocimiento de los escritos de
Jerónimo y Pelagio (ver n. 137/8) durante su estancia
en Palestina.
137 Cf.: Oros. apol. 4,6 (CSEL 5, 608/9). 11,5, (619, 1/4).
Al igual que había hecho Jerónimo (cf.: Hier. ep. 133,3
[CSEL 56, 244/7]; id. adu. Pelag. prol. 1 [CCL 80, 3/
4,10/20]. prol. 2,15 [73,11/2]. 3,1 [98,7/8]. 3,6
[105,19/21]), O. también pone en relación las doctri-

nas de Pelagio con las de diferentes herejes: Oros. apol.
1,5 (CSEL 5, 604). 25,1 (643,21). Compárese además:
Oros. apol. 11,3 (CSEL 5, 618, 9/10) con Hier. adu. Pe-
lag.
1,1 (CCL 80, 7,26/8); Oros. apol. 13,1 (CSEL 5,
621,4/6) con Hier. adu. Pelag. 2,24 (CCL 80, 88,17/8);
Oros. apol. 16/8, (CSEL 5, 625/33) con Hier. adu. Pelag.
2,14/7 (CCL 80, 71/8) e id. ep. 133, 1/2 (CSEL 56, 241/
4); Oros. apol. 11,5 (CSEL 5, 619, 1/4) y 16, 9 (627,14/
6) con Hier. ep. 133,8 (CSEL 56, 253,2/5). O. sabe que
ni Agustín ni Jerónimo se habían referido a Pelagio por
su nombre: Oros. apol. 1, 4 (CSEL 5, 604). Ver n. 200.
Respecto a las relaciones entre Jerónimo y Pelagio
hasta el 415, ver Y.-M. Duval, Pélage est-il le censeur
inconnu de l'Aduersus Iouinianum à Rome en 393? ou
du 'portrait-robot' de l'hérétique chez S. Jérôme: Rev-
HistEccl 75 (1980) 525/57.
138 En su Liber apologeticus (ver n. 195/209), O. men-
ciona y utiliza el Liber testimoniarum y la Ep. ad Demetria-
dem
de Pelagio. Liber testimoniarum: Oros. apol. 11,2
(CSEL 5, 618,4/7). Cf.: 11,5 (618/9). 16, 7/10 (627).
17,2 (628,9/10). 19,4 (633,16/9). Del Liber testimonio-
rum
de Pelagio sólo se ha conservado lo recogido por
Jerónimo (Hier. adu. Pelag. 1,25/33 [CCL 80, 32/41]) y
Agustín (Aug. gest. Pelag. 2 [CSEL 42, 52/3]. 9 [60,3/
5]. 13 [64]; cf.: 2/16 [52/68]. 19 [72]. 31 [85/6]. 54
[107]. 62 [117]), ver Bruckner (n. 44) 59/60. El Liber
testimoniarum (título que, según O., Pelagio dió a esta
obra: Oros. apol. 11, 2 [CSEL 5, 618,4/5]; cf.: Aug. c.
Pelag
. 4,21 [CSEL 60, 543,9]; id. c. Iulian. op. imperf.
4,123 [PL 45, 1420]) es denominado también Capitulo-
rum liber
(Aug. gest. Pelag. 7 [CSEL 42, 58, 1/2]. 54
[107,15/6]. 55 [108,20]; id. c. Iulian. op. imperf. 4,123
[PL 45, 1420]) y Eclogarum ex diuinis scripturis liber
(Gennad. uir. ill. 43 [TU 14, 1a, 77,19). Ep. ad Deme-
triadem
: Oros. apol. 29, 1 (CSEL 5, 652). 30,2 (655). Cf.:
9, 4 (615,14). 29,3 (652,19). En estos pasajes, O. repro-
duce párrafos de Pelag. ep. ad Demetr. (PL 30, 15/45).
139 No parece que antes de viajar a Palestina O. hu-
biese leído toda la obra histórica de Eusebio y de Jeró-
nimo (ver Arnaud-Lindet [n. 1] XXII/XXIII) que uti-
liza en su relato histórico (ver n. 284). Sea como sea,
durante su prolongada estancia en Belén, probable-
mente mantuvo conversaciones acerca de su composi-
ción histórica con Jerónimo, de quien puede haber re-
cibido diferentes indicaciones e influencias. Además, el
Liber apologeticus (ver n. 195/209) contiene conceptos
que son básicos en sus Historiarum aduersum paganos
libri
, caso del beneficio de la gracia divina por parte de


Josep Vilella                106


relación y amistad140 con un presbítero de Braga denominado Avito (a quien nos referimos
como Avito 3) que entonces se hallaba en Palestina141, con los presbíteros Vital142 y Pase-
rio143 y con el exgeneral Domno144. Estos personajes probablemente pertenecían al círculo
de Jerónimo145 y O. parece proporcionarles asimismo información relativa a la cuestión
pelagiana146 y (particularmente a Avito 3) a la situación existente en Hispania147. Sabemos
también que, durante su estancia en Belén, O. oye cómo un narbonense148 (que había
militado gloriosamente bajo el emperador Teodosio I [379-395]149 y que había sido muy
amigo del rey visigodo Ataúlfo [410-415]150) cuenta a Jerónimo lo que había escuchado
decir al monarca germano respecto a su política hacia el Imperio romano151.
    Según se desprende de lo que él mismo expone en su Liber apologeticus152, a raíz de su
actividad antipelagiana (la cual avivaría las controversias que, sobre todo entre los lati-
nos, ya existían en Palestina153), O. es requerido para que vaya a Jerusalén, a donde se

los no cristianos. A este respecto compárese Oros. apol.
19,3 (CSEL 5, 633) y 21,1 (636) con algunos de los
pasajes mencionados en la n. 292. En otro orden de
cosas, es evidente que el conocimiento de Eusebio que
tiene O. no implica una estancia de éste en Cesarea de
Palestina, como quiere H. Inglebert, Les romains
chrétiens face à l'histoire de Rome. Histoire, christia-
nisme et romanités en Occident dans l'Antiquité tar-
dive (IIIe-Ve siècles) (Paris 1996) 509 y 514.
140 O. dice que en la asamblea toma asiento junto a sus
allegados (fratres mei) (ver n. 166), refiriéndose a que
estaba con Avito 3 (ver n. 141), Vital (ver n. 142), Pa-
serio (ver n. 143), Domno (ver n. 144) y un intérprete
(ver n. 188) cuyo nombre no indica y a quien (a dife-
rencia de lo que sucede con los cuatro personajes men-
cionados por su nombre) O. dice no conocer. De ello se
infiere que antes de celebrarse la asamblea O. ya cono-
cía a estos cuatro personajes: Oros. apol. 6, 1 (CSEL 5,
610, 2/5). 7, 6/7 (612). Respecto a Avito 3, cf. también:
Auit. Brac. ep. ad Palc. 5 (88 Vanderlinden). Ver n.
233.
141 Ver n. 140, 145/7, 153/6, 160, 163, 166/7 y 188.
142 Ver n. 140, 145/6, 153/6, 160 y 166/7.
143 Ver n. 140, 145/6, 153/6, 160, 163, 166/7 y 188.
En su ep. 19*, dirigida a Jerónimo, Agustín indica, en el
416, que ha escrito una carta (no conservada) a Pase-
rio (Aug. ep. 19*,4 [CSEL 88, 93,7/8]), hecho del que
parece desprenderse que Paserio formaba parte del cír-
culo de Jerónimo. En todo caso, Jerónimo conoce a Pa-
serio.
144 Ver n. 140, 145/6, 148, 153, 163, 166/7 y 188. Ver
PLRE, 2, 375, Domnus 1. En ningún momento indica O.
que el antiguo dux fuera un eclesiástico en el 415. El
hecho de que Domno esté en una asamblea de presbí-
teros (ver n. 160) es debido a su integridad y a su com-
petencia en el conocimiento del latín y del griego (ver
n. 163). Excepción hecha de Domno, de Pelagio (cf.
Oros. apol. 4,1 [CSEL 5, 607, 22/3]) y quizás también
del intérprete cuyo nombre O. desconoce (ver n. 188),
serían eclesiásticos los restantes personajes presentes
en la asamblea de Jerusalén.
145 Ver n. 140/4. Los fratres que apoyaban a O. (ver n.
166) pueden identificarse, en términos generales, con
los fratres que estaban pidiendo a Jerónimo que termi-

nara sus Dialogi contra Pelagianos libri: Hier. adu. Pelag.
prol
. 1 (CCL 80, 3,2/4).
146 Ver n. 126/7 y 153.
147 Así parece colegirse del hecho de que Avito 3 se
refiera (en su carta dirigida, a través de O., a Balconio
y a todo el clero y pueblo de Braga, ver n. 234) a las
tribulaciones de los hispanorromanos que coexistían
con los bárbaros (ver n. 241), las cuales debían reme-
diarse mediante las reliquias que Avito 3 entrega a O.
(ver n. 232), y a su temor de no poder llegar, en caso
de intentarlo, hasta Braga (ver n. 241). Quizás O. con-
taría a Avito 3 su propia experiencia al respecto, cf.:
Oros. hist. 3,20,6/7 (173 Arnaud-Lindet). 5,2,1 (86).
148 Si bien el nombre de este narbonense no es mencio-
nado, podría tratarse de Domno (ver n. 144). Así lo
sugiere el hecho de contrastar lo que O. dice en el Liber
apologeticus
acerca del antiguo dux con las indicaciones
que en sus Historiarum aduersum paganos libri facilita del
militar narbonense (ver n. 151).
149 Ver PLRE 1, 904/5, Flauius Theodosius 4.
150 Ver PLRE 2, 176/8, Athaulfus.
151 Oros. hist. 7,43,4/6 (128/9 Arnaud-Lindet). Ver n.
285.
152 O. escribe esta obra para defenderse de la acusa-
ción que, probablemente el 14 de septiembre del 415
(ver n. 192), le había hecho el obispo Juan de Jerusalén
(ver n. 194).
153 Cf.: Oros. apol. 3,1 (CSEL 5, 606,14/6); Hier. ep.
134,1 (CSEL 56, 261,6/9); Aug. serm. 348A,6 (56,85/6
Dolbeau); Conc. Mileu. a. 416 ep. 176*,4, apud Aug. Ep.
(CSEL 44, 667, 9/15). O. sin duda habría propagado
(probablemente auspiciado por Jerónimo) entre los
miembros de la colonia latina de Belén (particular-
mente entre el círculo de los allegados a Jerónimo,
quienes tenían conocimiento de los postulados pelagia-
nos y de la actividad de Jerónimo en su contra, ver n.
145) el decurso y la situación actual en Occidente de la
controversia pelagiana, de la cual, además, tenía testi-
monios escritos (ver n. 118/27). En la asamblea de Je-
rusalén, los asistentes piden a O. que explique lo que
había sucedido en Africa en relación a Pelagio y Celes-
tio (ver n. 168), hecho que pone de manifiesto que,
con anterioridad a la reunión, en Palestina ya estaba
circulando información al respecto, la cual origina la


Biografía crítica de Orosio                107


dirige154. Esta petición procedería, básicamente, de presbíteros latinos155 (entre los cuales
hay adversarios y simpatizantes de Pelagio156). Poco después, el obispo Juan de Jerusalén
(el cual mantenía malas relaciones con Jerónimo157 y, en cambio, según parece, congeniaba
con Pelagio158) prepara una asamblea (informal159) de estos presbíteros bajo su presiden-
cia160. Por mandato de Juan, O. asiste a esta asamblea161, celebrada en Jerusalén probable-
mente el 29 de julio del 415162 y llevada a cabo con presencia de intérpretes163 (Juan no
sabía latín164 y el galaico, a diferencia de Pelagio, desconocía el griego165). En la reunión, O.

celebración de la asamblea. Además, O. puede haberse
aprovechado de las mediaciones que le había encomen-
dado Agustín (especialmente ante Pelagio, ver n. 133/
4) para atribuirse protagonismo y actuar activamente
en contra de Pelagio y su grupo. Por otra parte, a dife-
rencia de lo que sucede entre los latinos, no existe nin-
gún indicio de que los postulados pelagianos infundie-
ran recelo a los eclesiásticos autóctonos de Palestina.
154 Oros. apol. 3, 2 (CSEL 5, 606, 21/2). Lo dicho por O.
parece indicar que en Jerusalén tuvo lugar una reunión
o conversaciones con anterioridad a la convocatoria
por Juan de una asamblea, ante la que debía compare-
cer Pelagio.
155 El relato de O. pone de manifiesto que se trata, to-
tal o parcialmente, de los mismos presbíteros (ver n.
160) que toman parte en la asamblea de Jerusalén:
Oros. apol. 3,2 (CSEL 5, 606,21/3). Son igualmente
estos mismos presbíteros los destinatarios del Liber apo-
logeticus
de O., opúsculo escrito en latín. El hecho de
que estos presbíteros sean latinos (por lo menos mayo-
ritariamente, sin que se atestigue la presencia de autóc-
tonos) resulta de varias indicaciones proporcionadas
por O.: el Liber apologeticus va dirigido a ellos (ver n.
197); entienden lo que O. dice en la reunión (Oros.
apol. 8, 5 [CSEL 5, 614,2/4]); no son originarios de la
Iglesia de Jerusalén (Oros. apol. 5,1 [CSEL 5, 609,8/9]);
después de oír de O. lo acaecido en Africa están dis-
puestos a refutar a Pelagio (ver n. 174/5); en la asam-
blea, dicen que son latinos y que la herejía ha de ser
juzgada por jueces latinos (ver n. 190); todos se remi-
ten a lo que, en contra de los postulados pelagianos,
establecieron sus patres (ver n. 183); la actitud de Pela-
gio hacia Agustín provoca una irritación general (ver n.
175). Al respecto, ver Wermelinger (n. 112) 57/60.
En relación a la actuación de los traductores, ver n.
188.
156 Oros. apol. 7, 8 (CSEL 5, 613,1/3). Cf. 7,6 (612,13/
4). Ver n. 166.
157 No es definitiva la reconciliación que en el 397
tiene lugar entre Juan y Jerónimo después de los acer-
bos enfrentamientos acaecidos entre ambos en el
marco de la controversia origenista (ver Cavallera [n.
10] 1, 1, 193/227 y 1, 2, 31/6). La presencia de Pelagio
en Palestina atiza de nuevo sus hostilidades. Al res-
pecto, ver Y.-M. Duval, Sur les insinuations de Jérôme
contre Jean de Jérusalem: de l'arianisme à l'origénis-
me: RevHistEccl 65 (1970) 353/74, 370/4.

158 Así se desprende de lo expuesto por O. (quien
estaba enfrentado a Juan cuando escribe el Liber apolo-
geticus
, ver n. 194/6): Oros. apol. 4/6 (CSEL 5, 607/11).
Cf.: 2,5/6, (605/6). 7,3 (611/2). 7,8 (612/3). 9,1 (614).
24,3 (642,13). 28,11 (651). 29,3 (652/3). 31,6 (658/9);
Aug. ep. 179,1 (CSEL 44, 691/2). 5 (693,30); id. gest.
Pelag
. 50 (CSEL 42, 104,6/11). 53 (106,15/9). Al res-
pecto, ver Wermelinger (n. 112) 61/2. También el su-
cesor de Juan, Prailio, intercede a favor de Pelagio: Zos.
ep. 3,2: Coll. Auell. 46 (CSEL 35,1, 103,10/2); Mar.
Merc. comm. s. nom. Cael.: Coll. Pal. 36 (ACO 1,5, 69,3/
5). En el círculo de Pelagio hay laicos poderosos y ri-
cos: Oros. apol. 31,6 (CSEL 5, 658/9). Cf.: Hier. ep.
133, 13 (CSEL 56, 260,16/8); Oros. apol. 9, 1 (CSEL 5,
614, 9/11).
159 En esta asamblea ni siquiera se levanta un acta de
la discusión, cf. Aug. gest. Pelag. 39 (CSEL 42, 95, 14/7).
160 Cf. Oros. apol. 3, 2 (CSEL 5, 606, 22/3). Se trata de
una reunión constituida por presbíteros: Oros. apol. 4,1
(CSEL 5, 607,23): in consessu presbyterorum. Menos explí-
cito es el vocablo sacerdotes: Oros. apol. 1, 1 (CSEL 5,
603, 1/2). 3,1 (606,13). 7, 3 (611,19). 8, 4 (613,20). 33,6
(664, 1). Las menciones concretas de la asamblea son:
Oros. apol. 3,2 (CSEL 5, 606,22). 3, 4 (607,2). 4,1
(607, 21). 7,6 (612,14/5). 7,7 (612,19/20). 8,4
(613,21). Aunque estos eclesiásticos latinos se halla-
ban, por lo menos teóricamente, bajo la autoridad del
obispo de Jerusalén, tenían una considerable autono-
mía teológica y litúrgica.
161 Oros. apol. 3,2 (CSEL 5, 606,22/3). Ver n. 160.
162 La reunión de Jerusalén tiene lugar cuarenta y siete
días antes del inicio de las Encenias (ver n. 192): Oros.
apol. 7,1 (CSEL 5, 611,9/10).
163 En la asamblea de Jerusalén había un intérprete
(cuyo nombre desconoce O.) que es corregido por
Avito 3, Paserio y Domno (ver n. 188). Estos dos últi-
mos acudieron a la reunión a instancias de los asisten-
tes y con el beneplácito de Juan. En relación a la actua-
ción de los intérpretes: Oros. apol. 6,1 (CSEL 5, 610,1/
6). 6,4 (610,14). 7, 6/7 (612,16/20). 8,1 (613, 5/6). Cf.
Aug. gest. Pelag. 39 (CSEL 42, 95, 12/4).
164 Oros. apol. 7,4 (CSEL 5, 612,4); Aug. ep., 179,5
(CSEL 44, 693,29/30); id. gest. Pelag. 39 (CSEL 42,
95,12/4).
165 Pelagio habló griego en Dióspolis: Aug. gest. Pelag. 4
(CSEL 42, 56,2/6). Cf. id. nat. et grat. 76 (CSEL 60,
291). Evidentemente, O. no sabe griego (ver n. 188).


Josep Vilella                108


está junto a sus allegados166 (entre quienes se hallaban Avito 3, Vital, Paserio y Domno) y a
un intérprete que no conoce167.
    Según dice él mismo, en esta asamblea O. recibe, por parte de todos, la petición de
indicar fielmente y con claridad si conocía lo que se había hecho en Africa respecto a la
herejía que propagaron Pelagio y Celestio168. Entonces, expone, tan brevemente como
puede, que Celestio (después de haberse introducido furtivamente en el honor del presbi-
terado, de ser juzgado en Cartago por muchos obispos, de ser denunciado, de ser oído, de
ser declarado convicto, de ser confeso y de ser detestado por la Iglesia) había huido de
Africa169.
    Siempre según su propio testimonio, el galaico informa asimismo de que Agustín
estaba contestando plenamente al libro de Pelagio (el De natura) que los discípulos de éste
le habían enviado pidiéndole su respuesta170 (el De natura et gratia171) y muestra una copia
de una carta (ep. 157172) de Agustín enviada recientemente a Sicilia. Además, indica que en
ella se refutaban bastantes cuestiones de estos herejes y recibe entonces el mandato de leer
dicha carta, cosa que hace173.
    Después de haber solicitado Juan la presencia de Pelagio y de que los asistentes hubie-
sen permitido su entrada en la asamblea174, todos le preguntan si reconocía enseñar lo que
había refutado Agustín. Entonces Pelagio replica inquiriendo "¿y quién es Agustín para
mí?" y, debido al talante de su respuesta, provoca una irritación general entre los asisten-
tes, quienes, al decir de O., le querían expulsar no sólo de la asamblea, sino de toda la
Iglesia. Siempre según el presbítero hispano, Juan, sin embargo, manda que Pelagio tome
asiento entre los presbíteros y el obispo dice "Agustín soy yo" (según O. para investirse con
la autoridad de Agustín y tener así más libertad para perdonar la desfachatez de Pelagio y
calmar los ánimos de quienes estaban dolidos). A raíz de ello, O. (al parecer, junto con
otros) dice a Juan: "si asumes la persona de Agustín, sigue también el parecer de Agus-
tín"175.
    Entonces, al exponer Juan a los reunidos que lo leído se había dicho en contra de otros y
que, si consideraban que realmente se refería a Pelagio, expusieran lo que tuvieran que

166 Oros. apol. 7, 6 (CSEL 5, 612, 13/4). Cf. Aug., gest.
Pelag.
39 (CSEL 42, 95,8): siue de aliis. O. indica que los
falsos hermanos (falsi fratres) (el grupo de Pelagio) se
hallaban en otro lado de la asamblea. Ver n. 145.
167 Oros. apol. 7, 6 (CSEL 5, 612, 14/8). Ver n. 145. Res-
pecto al intérprete que O. no conocía, ver también n.
188.
168 Oros. apol. 3, 3 (CSEL 5, 606/7). Esta petición pone
de manifiesto que los asistentes a la asamblea ya tenían
alguna noticia acerca de lo que había sucedido a Celes-
tio en Africa (ver n. 126 y 146).
169 Oros. apol. 3, 4 (CSEL 5, 607). Cf.: 4, 5 (608, 12/3).
19, 4 (633, 16/8); Aug. ep. 157, 22 (CSEL 44, 471, 7/20);
Conc. Carthag. a. 416 ep. 175*, 1, apud Aug. Ep. (ibid.,
654). 6 (661, 8/10); Conc. Mileu. a. 416 ep. 176*, 4 (ibid.
667, 7/9); Zos. ep. 2, 4: Coll. Auell. 45 (CSEL 35,1, 100, 14/
5); Aug. gest. Pelag. 23 (CSEL 42, 76/7). 46 (100, 22/3).
57 (111/2) 62 (116, 19/21). 65 (121, 5-9); Zos. ep. 12, 4:
Coll. Auell. 50 (CSEL 35, 1, 116,10/1; 342 Jaffé); Aug.
grat. Christ. et pecc. orig
. 2, 2/4 (CSEL 42, 167/9). 2, 12/3
(174/5). 2, 21 (181, 16/9); id. C. Pelag., 2, 6 (CSEL 60,

466, 22/5); id., c. Iulian. 3, 4 (PL 44, 703). 3, 9 (706); id.
retract. 2, 33 (CCL 57, 117, 21/3); Mar. Merc. comm. s.
nom. Cael.
: Coll. Pal. 36 (ACO 1, 5, 66); Praedest. 1, 88 (PL
53, 617/8); Facund. defens. 7, 3, 6 (CC 90A, 199, 40/1).
El concilio de Cartago que condenó a Celestio se celebró
a finales del 411, ver F. Refoulé, Datation du premier
concile de Carthage contre les Pélagiens et du Libellus
fidei
de Rufin: RevÉtAug 9 (1963), 41/9. Ver ProsopChrét -
BasEmp
1, 105/27, Aurelius 1. Ver n. 106.
170 Ver n. 68. Ver ProsopChrétBasEmp 1, 1112, Timasius
2 y 576/7, Iacobus 2.
171 De lo dicho por O. se colige que, cuando éste se
dirige a Oriente, Agustín todavía no había acabado la
redacción del De natura et gratia, cuya naturaleza O. co-
nocía (ver n. 127).
172 Ver n. 100 y 120.
173 Oros. apol. 3, 5 (CSEL 5, 607). La ep. 157 de Agustín
será también leída en el concilio de Dióspolis: Aug., gest.
Pelag
. 23 (CSEL 42, 77).
174 Oros. apol. 3, 6 (CSEL 5, 607).
175 Id., apol. 4, 1/3 (ibid., 607/8).


Biografía crítica de Orosio                109


decir al respecto, O. indica que Pelagio le había dicho que enseñaba que el hombre, si
quiere, puede estar sin pecado y guardar fácilmente los mandatos de Dios, siendo respon-
dido por Pelagio, quien dice que no puede negar lo dicho y que lo sigue afirmando176.
Además, O. expone que fue esto lo que el concilio africano imputó a Celestio177; lo que
(como se ha oído en la asamblea) el obispo Agustín abominó en sus escritos; lo que ahora,
en su respuesta, Agustín refuta en los escritos del mismo Pelagio178; lo que Jerónimo ha
condenado en una carta suya enviada recientemente a Ctesifonte (ep. 133179); y lo que
igualmente rechaza en un libro que está escribiendo y que consta de una controversia
dispuesta a modo de diálogo180 (Dialogi contra Pelagianos libri181).
    Siempre según O. (quien da un relato incompleto y tendencioso182), después de inten-
tar reiteradamente el obispo que algunos de los reunidos (y concretamente el presbítero
galaico) se proclamaran, ante él, acusadores de Pelagio y de decírsele que sólo se indicaba
lo que había sido detectado y determinado en relación a su doctrina para que ésta no
perturbara a la Iglesia de Juan, O. (al parecer, actuando como portavoz) le responde: "no-
sotros somos hijos de la Iglesia católica, no nos exijas, padre, que nos atrevamos a ser
maestros de nuestros maestros o jueces de los jueces. Los padres (a quienes, por todo el
mundo, la Iglesia aprueba y en cuya comunión os alegráis de estar adherido) determinaron
que estas doctrinas son condenables. Es digno que obedezcamos sus juicios. ¿Por qué pre-
guntas el parecer de los hijos cuando oyes lo que establecen los padres?"183.
    Como se colige del De gestis Pelagii de Agustín184, al explicarse (a petición de Juan)
Pelagio en relación a su afirmación y decir que el hombre, si bien no es impecable por
naturaleza, recibe de Dios la facultad de no pecar185, O., conjuntamente con su grupo,
queda debilitado en su argumentación. Según parece desprenderse asimismo de Agustín, el
presbítero hispano, al igual que otros, acusaría entonces a Pelagio de sostener que el hom-
bre es capaz de estar sin pecado sin la gracia de Dios, tesis (reprobada y refutada por Juan)
que no acaba aceptando Pelagio, quien declara condenar a los que sostienen tal afirma-
ción186, pronunciamento que debió repercutir también negativamente en los propósitos del
grupo de O., quien en su narración silencia la actuación de Juan hacia Pelagio y las posi-
ciones doctrinales finales que éste mantuvo en la asamblea.
    De acuerdo con la versión de O., después de haber cuestionado Juan (quien, al decir
del galaico, realiza una justificación origenista de pasajes escriturarios para apoyar a Pela-
gio187) mucho tiempo las imputaciones del grupo de O. (las cuales, según éste, habían sido

176 Id. apol. 4, 3/4 (ibid., 608); Aug. gest. Pelag. 37, (CSEL
42, 93/4). 54 (108, 5/6). Ver n. 133 y 189.
177 Ver n. 169. No hay constancia de que en el concilio
de Cartago del 411 se discutiera la aseveración de que
el hombre, si quiere, puede estar sin pecado y guardar
fácilmente los mandatos de Dios.
178 Ver n. 127.
179 Ver n. 128.
180 Oros. apol. 4, 5/6 (CSEL 5, 608/9). Cf.: 11, 5 (619, l /
4). 12, 1 (620). 19, 4 (633, 16/8).
181 Ver n. 131.
182 O. omite el diálogo mantenido entre Juan y Pelagio
a propósito de la relación entre gracia e impecancia.
Ver n. 185/6.
183 Oros. apol. 5 (CSEL 5, 609). Cf.: 1, 4 (604). 2, 1
(604/5).

184 En el concilio de Dióspolis (ver n. 216/25), Juan es
requerido para que explicara lo que había sucedido en
la asamblea de Jerusalén (Aug. gest. Pelag. 37 [CSEL 42,
93, 20/2]), información que se recoge en las actas de
este concilio, actualmente conocidas a través de las re -
ferencias que a ellas hace Agustín en su De gestis Pelagii.
Cf.: Aug. gest. Pelag. 37/9 (CSEL 42, 93/5). 40 (96, 5/7).
54 (108). 55 (109); Alyp. et Aug. ep. 186*, 36, apud
Aug. Ep. (CSEL 57, 75, 8/19); Aug. ep. 4*, 2 (CSEL 88,
26); id.. c. Iulian. 1, 19 (PL 44, 653).
185 Id. gest. Pelag. 54 (CSEL 42, 108, 4/11). 55 (109, 1/3).
186 Id.. gest. Pelag. 37 (ibid., 93/4). 54 (108, 11/7). 39
(94/5). 55 (109, 16/8); Alyp. et Aug. ep. 186*, 36, apud
Aug. Ep. (CSEL 57, 75, 8/19).
187 Oros. apol. 5, 2 (CSEL 5, 609). Cf.: 1, 5 (604); Aug.
gest. Pelag
. 37 (CSEL 42, 94, 8/10). Ver n. 157.


Josep Vilella                110


casi siempre distorsionadas o silenciadas debido a la incompetencia de un intérprete al que
Paserio, Avito 3 y Domno habían aturdido a menudo, bien a causa de una traducción
deficiente, bien porque suprimía muchas cosas o bien al substituir unas cosas por otras)188,
al decir el obispo "si dijera (Pelagio) que el hombre puede esto sin la ayuda de Dios, sería
grave y condenable, pero si ahora añade que el hombre puede estar sin pecado, aunque no
sin la ayuda de Dios, ¿qué teneis que decir?, ¿acaso negáis la ayuda de Dios?", O. le res-
ponde: "digo ante vosotros, y, además, os pongo por testigos (al igual que los varones antes
mencionados), que sea excomulgado quien niegue la ayuda de Dios. Yo ciertamente no la
niego, sobre todo porque lo he replicado a los herejes"189.
    Al decir de O., evidenciado el propósito del juez y puesta de manifiesto la actuación del
intérprete, O., junto con otros, pide a gritos que la herejía sea juzgada por jueces latinos,
habida cuenta de que era más conocida en las regiones latinas y de que tanto el hereje
como ellos eran latinos. Al seguir persiguiendo Juan (quien, siempre según el galaico, ac-
tuaba de manera unilateral, sospechosa y un tanto desvergonzadamente) juzgar la cuestión
sin que ninguno de los presentes fuera acusador, y, debido a ello, ser recriminado por
muchos, O. (junto con aquellos que estaban de acuerdo con él) acaba imponiendo su peti-
ción y posición cuando Juan, después de muchas y repetidas consideraciones, profiere su
última resolución, esto es, que algunos hermanos provistos de cartas se dirijan a Roma para
que sea Inocencio I quien disponga al respecto, decisión que es acordada por todos, aunque
con la condición de que Pelagio (a quien en el ínterin se impone el silencio) calle y de que
el grupo de O. cese de insultar a Juan (según O. considerado convicto y confeso), resolu-
ción que es aceptada y, tras la cual, alcanzada la paz, se celebra una acción de gracias con
la que concluye la asamblea190. O. regresaría entonces a Belén191.
    Probablemente el 14 de septiembre del 415 (el primer día de las fiestas que conmemo-
raban la dedicación del templo)192, O., según él mismo indica, acude a presentar sus respe-

188 Oros. apol. 6, 1 (CSEL 5, 610). 6, 4 (610, 14). Cf. Aug.
gest. Pelag
. 39 (CSEL 42, 95, 12/4). Ver n. 140, 144, 163,
167 y 190.
189 Oros. apol. 6, 2/3 (CSEL 5, 610). Cf.: 7, 2 (611). 9, 2
(614); Aug. ep. 179, 5 (CSEL 44, 694, 1/7). Ver n. 176 y
194.
190 Oros. apol. 6, 4/5 (CSEL 5, 610/1). No hay constan-
cia de que se realizara este recurso a Inocencio I. Al
parecer, Celestio ya había apelado a Roma después de
haber sido condenado en el concilio de Cartago del 411
(ver n. 169): Paul. Med. adu. Cael. 11: Coll. Auell. 47
(CSEL 35, 7, 110/1); Mar. Merc. comm. s. nom. Cael.:
Coll. Pal. 36 (ACO 1, 5, 66); Facund. defens. 7, 3, 6 (CCL
90A, 199, 41/2).
191 Ver n. 135.
192 La consagración de las basílicas del conjunto del
Santo Sepulcro tuvo lugar durante la celebración de los
tricennalia de Constantino (año 335), commemoración
de la cual constituye la gran efeméride: Euseb. Caes.
Vit. Const. 4, 40/1 (GCS 7, 135/6). 4, 43/7 (138/140); Soz.
hist. eccl. 2, 26 (GCS 50, 87/8). Cf. Soc. hist. eccl.1,33 (PG
67, 163). En época de O. se commemoraba anual-
mente la dedicación del Martyrium y de la Anástasis
con una celebración que duraba ocho días y que empe-
zaba el mismo día en el que había tenido lugar la dedi-
cación del 335: Eger. itin., 48/9 (CCL 175, 89/90); Soz.
hist. eccl. 2, 26 (GCS 50, 87/8). Cf.: Alex. mon. crucis

inuen. (PG 87, 3, 4072); Theod. sit. terr. sanct. 31 (CSEL
39, 149). Además, se había hecho coincidir la fecha de
la dedicación del 335 con la del descubrimiento de la
vera cruz: Eger. itin. 48 (CCL 175, 89); Alex. mon. crucis
inuen
. (PG 87, 3, 4072); Chron. Pasch. a. 334 (PG 92,
713). En el pasaje citado de Alejandro se indica que la
dedicación y la invención se celebraban el 14 de sep-
tiembre (cf. también Niceph. Xanthop. eccl. hist. 8, 50
[PG 146, 199]). En Exc. Barb. 219 (MGH AA 9, Chronica
minora
1, 292) se fecha en el 14 de septiembre la inven-
ción. Ver H. Vincent - F.-M. Abel, Jérusalem. Recher-
ches de topographie, d'archéologie et d'histoire 2 (Pa-
ris 1914) 2042. Por su parte, Theod. sit. terr. sanct. 31
(CSEL 39, 149) proporciona la fecha del 15 de septiem-
bre para la celebración del descubrimiento de la cruz y
el Chron. Pasch. a. 334 (PG 92, 713) da el día 17 de
septiembre, sin duda al identificar thoth con septiembre
(cf. Exc. Barb. 219 [MG AA 9, Chronica minora 1, 292]).
Al respecto, ver: Vincent/Abel 203/5; A. Frolow, La
relique de la vraie croix. Recherches sur le développe-
ment d'un culte (Paris 1961) 161/5. Por otra parte, al-
gunos manuscritos del leccionario armenio de Jerusa-
lén ubican en el 13 de septiembre la commemoración
de la dedicación y en el 14 la celebración del descubri-
miento de la vera cruz, ver A. Renoux, Le codex armé-
nien Jérusalem 121. 2. Édition comparée du texte et de
deux autres manuscrits=PO 36, 2 (Turnhout 1971)


Biografía crítica de Orosio                111


tos al obispo de Jerusalén y, entonces, el obispo le pregunta: "¿por qué, hombre que
has blasfemado, vienes a mi presencia?". A raíz de ello, el galaico le interpela diciéndole
"¿cuándo, o quién lo ha oído, o de qué modo se ha dicho tal cosa que puede tomarse por
una blasfemia?". Al responderle entonces Juan que él le oyó decir (en la asamblea193) que
ni siquiera con la ayuda de Dios puede el hombre estar sin pecado, O. le dice que da
testimonio de que tal afirmación nunca había salido antes de su boca194.
    Ante esta acusación de que es objeto por parte de Juan, O. compone (sin duda en
Belén, estando con Jerónimo195) el Liber apologeticus contra Pelagianos196, dirigido, en primera
instancia, a quienes habían asistido a la asamblea de Jerusalén, esto es, a los presbíteros197,
a Juan198 y a Pelagio199. Apoyándose (además de en las Escrituras) en posicionamientos de
autoridades eclesiásticas latinas (sobre todo de Agustín y Jerónimo, a quienes se refiere con
admiración y elogio)200 y en el testimonio de los presbíteros201, en este opúsculo (publicado
antes del 19 de diciembre del 415202) O. realiza (exponiendo y comentando lo sucedido en
la asamblea203) una autodefensa204 a fin de demostrar su inocencia en relación a lo que
Juan le imputaba haber afirmado en esta reunión205 y refuta tanto la afirmación pelagiana
de la impecancia206 como la acusación que Pelagio había hecho a sus adversarios al recri-

222/5. La celebración de la dedicación en el día 13 (y
el consiguiente inicio en este día de las Encenias) ha
sido defendido por algunos autores. Así, A. Baum-
stark, Liturgie comparée. Principes et méthodes pour
l'étude historique des liturgies chrétiennes3 (Paris
1953) 203, ha afirmado que Constantino celebró la de -
dicación del conjunto arquitectónico del Santo Sepul-
cro el mismo día en el que se celebraba el dies natalis
del templo de Júpiter Capitolino, hipótesis que ha sido
aceptada por diferentes estudiosos.
193 Oros. apol. 8, 4 (CSEL 5, 613/4). Ver n. 189.
194 Id. apol. 7, 1/3 (ibid. 611). Cf. 6, 3 (610). Wermelin -
ger (n. 112) 64/5 considera (a partir de Oros. apol. 2, 6
[CSEL 5, 606, 3/5]) que, a consecuencia del incidente,
O. quizás no permanezca en comunión con Juan.
195 Ni el Liber testimoniarum ni la carta a Demetríade,
que O. había leído (ver n. 138), se conocían en Africa,
donde, en cambio, O. probablemente habría leído el De
natura
de Pelagio (respecto al conocimiento que de
esta última obra de Pelagio parece tener O., ver Wer -
melinger [n. 112] 67148). Por otra parte, no consta que
Jerónimo conociera el De natura antes de que, en el
416, se lo enviara Agustín: Aug. ep. 19*, 3 (CSEL 88,
92, 17/8). Agustín también enviará el De natura a Ino-
cencio I (Aur. et alii, ep. 177*, 6, apud Aug. Ep. [CSEL
44, 675]; Innoc. I ep. 183*, 5, [ibid.,729,6/11; 323 Jaf-
fé]) y a Juan (Aug. ep. 179, 5 [CSEL 44, 694, 4/5]. 9
[696, 17/8]).
196 Oros. apol. (CSEL 5, 603/64).
197 Id. apol. 1, 1/3 (ibid., 603/4). Ver n. 160.
198 Ver n. 205. Cf. id. apol. 33, 6 (ibid., 664).
199 La oposición a Pelagio es una constante en el Liber
apologeticus
, primer ataque escrito directo en contra de
Pelagio. Ver n. 203 y 206/7. Cf. Oros. apol. 33, 6 (CSEL
5, 664).
200 Id. apol. 1, 4 (ibid., 604). 2, 1 (604/5). 3, 5 (607). 4
(607/9). 11, 5 (619, 1/4). 12, 1 (620, 1/4). 31, 3 (658, 3/
4). Cf. 3, 2 (606, 19/20). En relación a la impronta de

los escritos agustinianos y jeronimianos en el Liber apo -
logeticus
de O. (cuyos posicionamientos doctrinales se
hallan en la línea de Agustín y Jerónimo), ver n. 124 y
137. Respecto a las referencias a Agustín y a Jerónimo
en la asamblea, ver n. 173, 175, 180 y 183. Es evidente
que O. quiere emular a Agustín y a Jerónimo al conver-
tirse en detractor del pelagianismo.
201 Oros. apol. 7, 3 (CSEL 5, 611, 19). 8, 4 (613, 20/1).
9, 1 (614, 12). 11, 4 (618,16/8). Wermelinger (n.112)
60/1 dice que O. estaba enemistado con casi todos
estos presbíteros después de la asamblea de Jerusalén,
afirmación que no encuentra suficiente fundamento en
las fuentes. O. también aduce el testimonio del clero
palestino (en tanto que testigo del incidente entre Juan
y O. acaecido el 14 de septiembre del 415) para dar
plena credibilidad a la defensa que de su inocencia hizo
ante Juan (ver n. 205): Oros. apol. 7, 3 (CSEL 5, 611, 18/
21).
202 La publicación del Liber apologeticus no puede ser
posterior (ver n. 212/3) a la celebración del concilio de
Dióspolis, fechado entre el 19 y el 26 de diciembre del
415 (ver n. 216).
203 Oros. apol. 3/8 (CSEL 5, 606/14). Ver n. 157/90.
204 Id. apol. 1 (ibid. 603/4). 2, 6/7 (606). 7/13 (611/
22). 19 (633/34). 24, 3 (642). 25, 1/3 (643/4). 28, 11
(651). 33, 6 (664). Ver n. 188.
205 Ver n. 189 y 194. Id. apol. 1, 1/3 (ibid., 5, 603/4).
2, 6 (606). 7, 5 (612). 8 (613/4). 9, 1/2 (614/5). 11, 4
(618). 12, 1 (620, 5/6). 21, 4 (637). 24, 3 (642, 13/4).
25, 3 (644). 28, 11 (651). En relación a la responsabili-
dad que, según O., puede tener el intérprete al res-
pecto, ver n. 188. O. incluso se refiere a la posibilidad
(que dice no contemplar) de apelar a otros obispos en
contra de Juan: Oros. apol. 8, 3 (CSEL 5, 613, 15/7).
Para el apoyo que, al decir de O., Juan da a Pelagio,
ver n. 158.
206 Oros. apol. 11/28 (CSEL 5, 617/52). Cf. 33, 6/7
(664).


Josep Vilella                112


minarles que sostenían que la naturaleza del hombre era mala207. En su razonamiento, el
presbítero galaico pone énfasis en la omnipotencia de Dios208 y en su gracia209.
    No es posible saber con seguridad si (como probablemente también Jerónimo) O. co-
labora, con Eros y Lázaro (quienes habían sido obispos, respectivamente, de Arlés y de
Aix210 y que entonces se hallaban en Palestina), en la composición latina211 que éstos reali-
zan (quizás sólo nominalmente) de un opúsculo en contra de Pelagio212, escrito (cuyo pro-
pósito es hacer extensible a Pelagio la condena de Celestio)213que los dos obispos galos
entregan a Eulogio, obispo de Cesarea214, al acusar formalmente a Pelagio ante el metro-
politano de Palestina215. Celebrado (entre el 19 y el 26 de diciembre del 415216) un concilio

207 Id. apol. 29/33 (ibid., p. 652/64).
208 Id. apol. 8, 3 (ibid. 613). 9/18 (614/33). 28, 8 (650).
28, 11/2 (651).
209 Id. apol. 9, 4, ibid. (615). 10/1 (616/9). 13, 2 (621).
16, 6 (626/7). 17, 5/7 (628/9). 18, 1/5 (630/2). 19/33
(633/64).
210 Ver L. Duchesne, Fastes épiscopaux de l'ancienne
Gaule 12 (Paris 1907), 255 y 279/80.
211 Aug. gest. Pelag. 2 (CSEL 42, 53, 4/8). Cf.: id. serm.
348A, 15 (63, 261 Dolbeau); id. gest. Pelag. 3 (CSEL 42,
54, 12/6). 4 (56, 2/6).
212 Id. ep. 19*, 2 (CSEL 88, 92, 5/6); id. gest. Pelag. 9
(CSEL 42, 60, 18/9). 29 (82, 18). 45 (99, 22). 62
(116, 24/5); id. retract. 2, 47 (CCL 57, 128). Cf.: Zos. ep.
3, 4: Coll. Auell. 46 (CSEL 35, 1, 103/4). 6 (104, 20/4). 14
(107); Aug. gest. Pelag. 2 (CSEL 42, 52, 15/6). 3 (54, 15/
6). 17 (69). 53 (106, 12/4). 54 (107, 17). 58 (113, 1); id.
ep., 4*, 2 (CSEL 88, 26); Mar. Merc. comm. s. nom. Cael.:
Coll. Pal. 36 (ACO 1, 5, 68, 35/7. 42). La redacción de
este libelo es coetánea (o muy poco posterior) de otras
dos composiciones antipelagianas que se realizan en
Palestina, los Dialogi contra Pelagianos libri de Jerónimo y
el Liber apologeticus de O. Por otra parte, las menciones
proporcionadas por Agustín (ver n. 213) evidencian
que el escrito presentado a Eulogio se basa (además de
en otros textos) en los Dialogi contra Pelagianos libri y
probablemente también en la apología de O., hecho
del que cabe concluir que, como mínimo, el libelo fue
compuesto en el círculo de Jerónimo (en el que se ha-
llaba entonces O. y sin duda también Eros y Lázaro,
con quienes el galaico estaría en contacto), al cual O.
había traído algunos de los escritos relativos a la cues-
tión pelagiana que quedan reflejados en el libelo acusa-
torio (ver n. 213). Cf. Conc. Mileu. a. 416 ep., 176*, 4,
apud Aug. Ep. (CSEL 44, 667, 11/5). Respecto a los pa -
ralelismos que se detectan entre el libelo y otras obras
antipelaginas, ver Wermelinger (n. 112) 295/9. De lo
expuesto cabe incluso la posibilidad de que exista una
misma estrategia común detrás de la composición del
Liber apologeticus de O. y del opúsculo presentado a Eu-
logio (en el que también se mencionaría lo acaecido en
la asamblea de Jerusalén, ver n. 213 y 223/4), cuyo
idéntico objetivo sería conseguir la condena de Pelagio
y la desacreditación de Juan.
213 Este escrito (conocido únicamente a través de las
referencias facilitadas por el De gestis Pelagii de Agustín)
reproduce extractos, no siempre literales, del Liber testi-

moniorum (Aug. gest. Pelag. 2 [CSEL 42, 52,20/1]. 5
[56, 9]. 9 [60, 3/5]. 12 [63, 11]. 13 [64, 13]. 16 [68, 9]) y
de dos escritos ascéticos de Pelagio (Aug. gest. Pelag. 16
[CSEL 42, 68, 10/24]), del libelo de acusación (ver n.
107) presentado por Paulino a Aurelio (Aug. gest. Pelag.
23 [CSEL 42, 76, 16/25]. 57 [111/2]. 65 [120, 4/12]; id.
C. Iulian. opus imperf. 6, 25 [PL 45, 1559/60]), de la ep.
157 de Agustín (Aug. gest. Pelag. 23 [CSEL 42, 77, 12/
6]. 27 [80, 17/8]) y de un escrito, desconocido, de Ce-
lestio (Aug. gest. Pelag. 29 [CSEL 42, 82, 20/1]. 30
[84, 3/13]. 32 [86, 14/6]. 42 [97/8]; id. c. Pelag. 2, 10
[CSEL 60, 470, 6/8]). Cf. Mar. Merc. comm. s. nom.
Cael.
: Coll. Pal. 36 (ACO 1, 5, 68, 35/7). Su objetivo fun -
damental es poner de manifiesto que las tesis de Pela-
gio eran coincidentes con las de Celestio y que, en con -
secuencia, la condena que había recaído sobre este úl-
timo también debía hacerse extensiva al primero, tal
como había sido defendido por O. y su grupo (ver n.
168/9, 173, 176/7 y 180) en la asamblea de Jerusalén
(asamblea a la cual parece hacerse referencia en el li-
belo, cf. Aug. gest. Pelag. 39 [CSEL 42, 95, 6//21], ver n.
184). Al respecto, ver Wermelinger (n. 112) 68/77 y
295/9. Ver n. 214.
214 Aug. gest. Pelag. 9 (CSEL 42, 60, 18/9). Cf.: id. ep.
19*, 2 (CSEL 88, 92, 5/6). 4 (93, 7); id. gest. Pelag. 2
(CSEL 42, 52, 15/6). 3 (54, 15/6). 17 (69). 29 (82, 18).
45 (99, 22). 53 (106, 12/4). 54 (107, 17). 58 (113, 1). 62
(116, 24/5); id. retract. 2, 47 (CCL 57, 128).
215 Cf. id. retract. 2, 47 (ibid., 128). Ver n. 214.
216 La versión latina A de la invención de las reliquias
de San Esteban (ver n. 235) señala que la primera apa-
rición de Gamaliel a Luciano fue a las nueve de la no-
che del 3 de diciembre (viernes) del décimo consulado
de Honorio (ver PLRE 1, 442, Fl. Honorius 3) y sexto de
Teodosio II (ver PLRE 2, 1100, Theodosius 6): Lucian.
presb. (et Auit. Brac.) ep. de inuen. 3 (192 Vanderlin-
den: BHL 7851). A partir de esta indicación, resulta
que su segunda conversación con el rabino acontece
una semana después de la primera, esto es, el 10 de
diciembre (Lucian. presb. [et Auit. Brac.] ep. de inuen.
17/8 [200/2 Vanderlinden]) y la tercera después de
transcurrir otra semana, el 17 de diciembre (Lucian.
presb. [et Auit. Brac.] ep. de inuen. 25 [206 Vanderlin -
den]). Al día siguiente, el 18 de diciembre, Luciano
narra sus visiones al obispo Juan de Jerusalén: Lucian.
presb. (et Auit. Brac.) ep. de inuen. 25/35 (206/10 Van -
derlinden). Siempre según la versión latina A, el ha-


Biografía crítica de Orosio                113


provincial217en Dióspolis (Loudd)218 (presidido por Eulogio219 y al que asisten catorce obis-
pos220), en el que comparece Pelagio221 y no, en cambio, los dos obispos acusadores222, O.
(quien tampoco se halla presente)223 es probablemente mencionado por Juan cuando, en el
concilio, este último es interrogado acerca de lo que había ocurrido en la asamblea de
Jerusalén224. Este concilio acaba exculpando a Pelagio de las imputaciones contenidas en el
libelo acusatorio225.
    A raíz de haberse descubierto el cuerpo de San Esteban226 (cuya tumba se encuentra
el 19 de diciembre del 415227) y de haber entregado Luciano (el presbítero de Cafarga-

llazgo de las sepulturas de Esteban, Nicodemo, Gama-
liel y Abibas tiene lugar finalmente el día 19 de diciem-
bre (un día después de que Luciano hubiera puesto en
conocimiento de Juan sus apariciones): Lucian. presb.
(et Auit. Brac.) ep. de inuen. 25/43 (206/14 Vanderlin -
den). Cuando Luciano da noticia a su obispo del des -
cubrimiento, Juan ya estaba en Dióspolis, a donde se
había dirigido para la celebración del concilio: Lucian.
presb. (et Auit. Brac.) ep. de inuen. 44 (214 Vanderlin -
den). Al tener conocimiento de lo sucedido, Juan se
dirige, con otros dos obispos que se hallaban en el con-
cilio, al lugar del hallazgo y las reliquias de San Esteban
acaban siendo trasladadas a Jerusalén el 26 de diciem-
bre: Lucian. presb. (et Auit. Brac.) ep. de inuen. 44/8
(214 Vanderlinden). Cf. Basil. Seleuc. serm. 41 (PG 85,
468/9). Dependen del relato de Luciano las indicacio-
nes cronológicas proporcionadas por los Consularia Cons-
tantinopolitana
y por Genadio en relación al descubri-
miento de los restos de San Esteban: Cons. Const. a. 415
(MG AA 9, Chronica minora 1, 246) (donde se confunde
la fecha del hallazgo con la de la primera aparición de
Gamaliel a Luciano); Gennad. uir. ill. 47 (TU 14, 1a,
78). El hallazgo, en Jerusalén, de las reliquias del pro-
feta Zacarías es casi contemporáneo de la invención de
la tumba del protomártir: Soz. hist. eccl. 9, 16/7 (GCS 50,
407/8).
217 Aug. gest. Pelag. 1 (CSEL 42, 51, 4/5). 62 (116, 27);
Alyp. et Aug. ep. 186*, 2, apud Aug. Ep. (CSEL 57, 47, 4/
5); Aug. ep. 4*, 2 (CSEL 88, 26, 13). Cf.: Alyp. et Aug.
ep. 186*, 27, apud Aug. Ep. (CSEL 57, 67, 5/6); Aug. c.
Pelag
. 1, 8 (CSEL 60, 429, 14/5). 1, 37 (453, 18). 2, 10
(470, 5/6); id. c. Iulian. 1, 19 (PL 44, 652). 2, 36 (699).
4, 40 (758); id. c. Iulian. op. imperf. 1, 67 (CSEL 85, 1,
72, 173). 1, 96 (111, 26/7). 2, 66 (211, 9/10). 2, 93
(226, 6/7). 2, 103 (235, 41). 3, 57 (397/398, 44/7). 6, 16
(PL 45, 1536). 6, 25 (1560); id. retract. 2, 47 (CCL 57,
128, 2/3); id. haer. 88, 4 (CCL 46, 341, 39); Facund. de-
fens.
7, 3, 5 (CCL 90A, 199, 33). 7, 3, 7 (199, 47/8).
218 Lucian. presb. (et Auit. Brac.) ep. de inuen. 44 (214
Vanderlinden); Hier. ep. 143, 2 (CSEL 56, 293, 15/6).
Cf. Aug. retract. 2, 47 (CCL 57, 128).
219 Ver n. 214. Cf. Id. ep. 19*, 4 (CSEL 88, 93, 7).
220 Id. gest. Pelag. 1 (CSEL 42, 51, 4/5). 25 (79, 9/10). 55
(108/9). 58 (113/4). 5 (114/5). 62 (116, 27); Pelag.
ep. ad quemd. amic. presb., apud Aug. gest. Pelag. 54 (ibid,
107, 6); Aug. c. Iulian. 1, 19 (PL 44, 652). 1, 32 (663); id.
C.. Iulian. op. imperf. 4, 43 (PL 45, 1362/3); id. retract.
2, 47 (CCL 57, 128, 5/6).
221 Ver n. 225.

222 Aug. gest. Pelag. 2 (CSEL 42, 52, 15/8). 3 (54, 13/6).
9 (60, 18/9). 17 (69, 16). 39 (95, 7/8). 45 (99, 21/2). 62
(116, 25/6); id. ep. 4*, 2 (CSEL 88, 26, 16/7); id. c. Iulian.
1, 19 (PL 44, 653); id. retract. 2, 47 (CCL 57, 128, 4/5).
Cf.: Zos. ep. 3, 14: Coll. Auell. 46 (CSEL 35, 1, 107); Aug.
gest. Pelag
. 17 (CSEL 42, 69, 16). Excepción hecha de
Pelagio, en Dióspolis no parece estar presente ningún
latino (ver n. 211).
223 Aug. gest. Pelag. 39 (CSEL 42, 95, 6/8). Cf. 17
(69, 16). Los obispos reunidos en Dióspolis no se pro-
nuncian acerca de lo que, según Juan, había sucedido
en la asamblea de Jerusalén: Aug. gest. Pelag. 39 (CSEL
42, 95, 19/21).
224 Ver n. 184/6.
225 Conc. Carthag. (416), ep. 175*, 4, apud Aug. Ep.
(CSEL 44, 658, 6/8); Aug. serm. 348A, 6 (56, 76/8 Dol -
beau). 15 (63, 258/61); id. ep. 179, 7 (CSEL 44, 695, 9/
10); Aur. et alii, ep. 177*, 2, apud Aug. Ep. (ibid. 670
/1); Innoc. I ep. 183*, 3/4 (ibid., 727/8); Aug. gest. Pelag.
1 (CSEL 42, 51, 3/5). 2 (52/3). 22 (76, 10/2). 25 (79, 9/
15). 44 (99). 45 (99/100). 59 (114/5). 60 (115). 62
(116/7). 65 (121, 12/6); Alyp. et Aug. ep. 186*, 2, apud
Aug. Ep. (CSEL 57, 47, 4/6). 31 (70, 16/9); Aug. ep.
4*, 2/3 (CSEL 88, 26/7); id. grat. Christ. et pecc. orig. 2, 10
(CSEL 42, 172/3); id. c. Iulian. 1, 19 (PL 44, 653). 1, 32
(663). 2, 36 (699); id. retract. 2, 47 (CCL 57, 128); Fa-
cund. defens. 7, 3, 5 (CCL 90A, 199, 33/6). Cf.: Hier. ep.
143, 2 (CSEL 56, 293, 15/6); Aug. c. Pelag. 1, 8 (CSEL 60,
429, 14/7). 1, 37 (453, 18). 2, 10 (470). 2, 18 (479, 26/7).
4, 15 (536/7); id. c. Iulian. 3, 4 (PL 44, 703); 3, 25 (715).
3, 48 (727). 4, 40 (758); id. c. Iulian. op. imperf. 1, 67
(CSEL 85, 1, 72, 173); 1, 96 (111/2). 2, 66 (211/2). 2, 93
(226, 5/8). 2, 103 (235, 40/3). 2, 107 (241, 23/4). 2, 166
(287, 20/1). 3, 57 (397/8). 4, 43 (PL 45, 1362/3). 6, 16
(1536); id. haer. 88, 4 (CCL 46, 341, 38/40); Mar. Merc.
comm. s. nom. Cael.: Coll. Pal. 36 (ACO 1, 5, 68, 41/4).
226 Auit. Brac. ep. ad Palc. 5 (188/9 Vanderlinden).
Cf.: Lucian. presb. (et Auit. Brac.) ep. de inuen. 42/5
(ibid., 212/4); Aug. in euang. Ioh. 122, 4 (CCL 36,
662, 14/5); Seu. Minor. ep. de conu. Iud. 4, 2 (18, 41
Amengual). 20, 4 (50, 384/5); Aug. serm. 318, 1 (PL 38,
1438); id. serm. 319, 6 (ibid., 1441); Cons. Const. a. 415
(MG AA 9, Chronica minora 1, 246); Soz. hist. eccl. 9, 16
(GCS 50, 407, 5/8); Basil. Seleuc. serm. 41 (PG 85, 468/9;
BHG 1652/3); Ydat. chron. a. 415, 50 (84 Burgess);
Gennad. uir. ill. 40 (TU 14, 1a, 76). 47 (78); Marcell.
chron. a. 415 (MG AA 11, Chronica minora 2, 72). a. 416
(73).
227 Ver n. 216.


Josep Vilella                114


mala que había tenido las apariciones que conducen al descubrimiento de la sepul-
tura228), reliquias del protomártir a Avito 3 (quien se las había pedido a Luciano para que
ayudaran a sus compatriotas)229, O., cuando ya estaba preparando su partida de Pales-
tina230, recibe secretamente de Avito 3 polvo de carne y de nervios y huesos enteros pig-
mentados y perfumados231 para que lleve dichas reliquias a Balconio, obispo de Braga232.
Juntamente con las reliquias, O. recibe del presbítero bracarense una carta233 suya, diri-
gida a Balconio y a todo el clero y el pueblo de Braga234, y la traducción latina235 que
Avito 3 había realizado del relato en el que, a petición de este último236, Luciano

228 Lucian. presb. (et Auit. Brac.) ep. de inuen.(190/
216 Vanderlinden). En relación a la mediación-actua-
ción de Luciano en la revelación de la tumba de San
Esteban, cf. también: Auit. Brac. ep. ad Palc. 7 (189
Vanderlinden). 9 (189); Aug. in Euang. Ioh. 122, 4 (CCL
36, 662, 14/5); id. serm. 318, 1 (PL 38, 1438); id. serm.
319, 6 (ibid., 1441); Cons. Const. a. 415 (MG AA 9, Chro-
nica minora
1, 246); Basil. Seleuc. serm. 41 (PG 85, 468);
Gennad. uir. ill. 47 (TU 14, 1a, 78); Marcell. chron. a.
415 (MG AA 11, Chronica minora 2, 72).Paradójicamen-
te, es al monje Migetio a quien finalmente Gamaliel
indica el paraje concreto donde estaba enterrado el
protomártir: Lucian. presb. (et Auit. Brac.) ep. de inuen.
36/43, (210/4 Vanderlinden).
229 Auit. Brac. ep. ad Palc. 6/7 (ibid., 189).
230 Id. ep. ad Palc. 5 (ibid., 188).
231 Id. ep. ad Palc. 8 (ibid., 189). Cf. Aug. serm. 318, 1
(PL 38, 1438). En relación a estos perfumes y pigmen-
tos, cf.: Lucian. presb. (et Auit. Brac.) ep. de inuen. 22/3
(202/4 Vanderlinden). 45 (214).
232 Auit. Brac. ep. ad Palc. 6/8 (ibid., 189). Cf.: Gennad.
uir. ill
. 40 (TU 14, 1a, 76); Marcell. chron. a. 416 (MG AA
11, Chronica minora 2, 73). Dice Avito 3 que, al conver-
tirse en protector de los bracarenses, San Esteban les
permitirá vivir seguros y en paz: Auit. Brac. ep. ad Palc.
6 (189 Vanderlinden). 10 (189). El obispo de Jerusa-
lén había mandado a Luciano que, en caso de encon-
trar las reliquias, las custodiara, hecho que evidencia
que Juan no estaba dispuesto a que se repartieran (ver
n. 231): Lucian. presb. (et Auit. Brac.) ep. de inuen. 35
(208/10 Vanderlinden). En algunas redacciones de la
reuelatio se indica que unas pequeñas partes del cuerpo
de San Esteban no fueron trasladadas a la iglesia de la
Santa Sión de Jerusalén (ver n. 216), permaneciendo
en poder de Luciano. Por otra parte, la referencia al
carácter secreto de la entrega de reliquias que Avito 3
recibe de Luciano podría evidenciar asimismo las ma-
las relaciones que tanto Avito 3 como O. mantendrían
con Juan, ver n. 145, 157 y 166.
233 Auit. Brac. ep. ad Palc. (188/9 Vanderlinden).
234 Id. ep. ad Palc. 1 (ibid., 188). Cf. Gennad. uir. ill. 48
(TU 14, 1a, 78). La expresión pro salute mundi periclitan-
tis se manifestare
que escribe Avito 3 en su carta a los
bracarenses tiene paralelismos en su traducción-adap-
tación de la reuelatio, cf.: Lucian. presb. (et Auit. Brac.)

ep. de inuen. 8 (194 Vanderlinden). 50 (216). Ello pone
de manifiesto la impronta dejada por Avito 3 en la ver-
sión latina del relato de Luciano, ver n. 235.
235 Auit. Brac. ep. ad Palc. 9 (189 Vanderlinden); Cons.
Const
. a. 415 (MG AA 9, Chronica minora 1, 246); Gen-
nad. uir. ill. 48 (TU 14, 1a, 78). La versión de Avito 3 es
Lucian. presb. (et Auit. Brac.) ep. de inuen. (190/216
Vanderlinden). El texto de Avito 3 (quien también
puede haber participado en la composición griega de
Luciano, no conservada, ver n. 234) constituye el docu -
mento más antiguo y puro acerca de la invención de
las reliquias del protomártir (junto con las de Nico-
demo, Gamaliel y Abibas), acontecimiento que gozó de
una gran popularidad (cf. Decret. Gelas. 5, 5 [TU 38,
53, 295]) y del cual existen otras redacciones (que pro-
porcionan unos textos muy desnaturalizados) en
griego, latín, siríaco, armenio, georgiano y etíope (ver
ClavisPL 575). La versión entregada por Avito 3 a O., la
denominada A de las latinas (BHL 7851) (ver: H. Le-
clerq, Art. Étienne [martyre et sépulture de saint]:
DACL 5, 1 [1922] 624/71, 632/9; E. Vanderlinden,
Reuelatio Sancti Stephani: RevÉtByz 4 [1946] 178-217,
180/7), presenta partes que no se hallan en las restan-
tes y que coinciden (ver n. 234) con el texto de su
carta a Balconio (ubicada antes de A en la tradición
manuscrita), hecho que parece poner de manifiesto
que el bracarense adaptó el relato griego e introdujo
algunos detalles que le convenían para narrar (y pro-
bar) lo sucedido a sus compatriotas. Así se pone, por
ejemplo, de manifiesto cuando se refiere a su ascen-
dencia ante Luciano, siendo la redacción A la única que
alude a la gestión realizada por Avito 3 (ver n. 236).
Debido a la naturaleza que presenta esta traducción-
adaptación, resultado final de la actividad de ambos
presbíteros, incluimos también a Avito 3 como coautor
(entre paréntesis) de esta relación, la única que (de-
bido al escaso valor histórico que poseen las otras
recensiones de la reuelatio) utilizamos. Ver: P. Peeters,
Le sanctuaire de la lapidation de S. Étienne. A pro-
pos d'une controverse, AnBoll 27 (1908), 359/68,
364/7; id., Le tréfonds oriental de l'hagiographie by-
zantine = Subsidia Hagiographica 26 (Bruxelles 1950)
55/8.
236 Lucian. presb. (et Auit. Brac.) ep. de inuen. 2 (190/2
Vanderlinden); Auit. Brac. ep. ad Palc. 9 (ibid., 189).


Biografía crítica de Orosio                115


explicaba (probablemente en griego237 y después del 26 de diciembre del 415238) lo
sucedido239.
    Avito 3 había llevado a cabo esta traducción para dar mayor credibilidad tanto a la
autenticidad de las reliquias como al contenido de su carta240, en la que el bracarense
expone estos hechos a sus conciudadanos y hace hincapié en que, acordándose de ellos y
compadeciéndose de sus tribulaciones (sobre todo de las provocadas por los bárbaros, cuya
presencia en Hispania le ha hecho desistir, con frecuencia, de ir a Braga), se ha dado cuenta
de la providencial oportunidad que, para ayudarles, constituía el reciente y verídico hallaz-
go del cuerpo de San Esteban precisamente cuando O. ya se disponía a partir241.
    Además, al abandonar Palestina, O. recibe de Jerónimo una carta dirigida a Agustín242
(ep. 134243), en la que le indica que ha recibido sus escritos244, que le merecen grandes
elogios, y que ha acogido al joven presbítero galaico. En esta carta, Jerónimo dice también
a Agustín lo siguiente: que no ha podido responder a las cuestiones que le planteaba y que
está plenamente de acuerdo con él respecto a los pelagianos; que lo ha recordado en sus
Dialogi contra Pelagianos libri; que le hace llegar su saludo y el de su comunidad (así como el
de Eustoquio y el de Paula, de las cuales le facilita noticias); que ha enviado una carta al
presbítero Firmo245; y que no se han podido realizar las copias que le había pedido246.
    Asimismo, el galaico probablemente recibe (para que lo lleve a Agustín) de Jerónimo
un ejemplar de los Dialogi contra Pelagianos libri247. Lleva también consigo una copia de un
libro, no especificado (que versa sobre la resurrección de la carne)248, de Jerónimo, al pa-
recer entregada por éste para que el galaico la hiciera llegar a Agustín249. Recibe además

237 Avito 3 indica que Luciano escribió un relato del
hallazgo de las reliquias de San Esteban, relato que,
después, el presbítero de Cafargamala le dicta en
griego y que es traducido al latín por el bracarense (ver
n. 235 y 240). Por su parte, Genadio y el comes Marce-
lino (quienes dependen de Avito 3) señalan que Lucia-
no redactó su texto en griego: Gennad. uir. ill. 47 (TU
14, 1a, 78); Marcell. chron. a. 415 (MG AA 11, Chronica
minora
2, 72); cf. Cons. Const. a. 415 (MG AA 9, Chronica
minora
1, 246). Si bien de lo dicho por Avito 3 parece
inferirse que Luciano redactó su texto en griego, la len-
gua inicial del texto de Luciano no es mencionada ex -
plícitamente, habida cuenta de que Avito 3 sólo indica
que Luciano le dictó su texto en griego. A partir de ello
(y considerando que en Cafargamala se hablaba ara-
meo), Peeters ha cuestionado que el relato original de
Luciano (el cual da origen a muchas otras redacciones
en diferentes lenguas, ver n. 235) fuera escrito real-
mente en griego. Ver Peeters, Le tréfonds... (n. 235) 55/
8. En relación a las lenguas utilizadas por los eclesiásti-
cos de Palestina, ver G. Bardy, Grecs et latins dans les
premières controverses pélagiennes: BullLittEccl 49
(1948) 3/20, 616. Tanto Avito 3 como los Consularia
Constantinopolitana
denominan carta al texto de Lucia-
no: Auit. Brac. ep. ad Palc. 9 (189 Vanderlinden); Cons.
Const
. a. 415 (MG AA 9, Chronica minora 1, 246). Ver J.
Martin, Die revelatio S. Stephani und Verwandtes:
HistJb 77 (1958) 419/33, 423.
238 La versión latina A de la inuentio, redactada por
Avito 3 y entregada por éste a O. (ver n. 235 y 240),
indica que dichas reliquias fueron trasladadas a Jerusa-
lén el día 26 de diciembre (ver n. 216).

239 Auit. Brac. ep. ad Palc. 9 (189 Vanderlinden); Gen -
nad. uir. ill. 48 (TU 14, 1a, 78). Cf.: Lucian presb. (et
Auit. Brac.) ep. de inuen. 2 (190/2 Vanderlinden);
Cons. Const. a. 415 (MG AA 9, Chronica minora 1, 246);
Gennad. uir. ill. 47 (TU 14, 1a, 78); Marcell. chron. a.
415 (MG AA 11, Chronica minora 2, 72). Ver n. 235.
240 Auit. Brac. ep. ad Palc. 9 (189 Vanderlinden); Gen-
nad. uir. ill. 48 (TU 14, 1a, 78). Cf. Cons. Const. a. 415
(MG AA 9, Chronica minora 1, 246).
241 Auit. Brac. ep. ad Palc. (188/9Vanderlinden).
242 Ver n. 266.
243 Hier. ep. 134 (CSEL 56, 261/3). Cf. Aug. ep. 202A, 3
(CSEL 57, 303/4).
244 Se trata de la ep. 166 y de la ep. 167 de Agustín. Ver
n. 118/9.
245 Ver ProsopChrétBasEmp 1, 458/9, Firmus 2. De lo di-
cho por Agustín no parece inferirse que sea O. el por-
tador de esta carta a Firmo puesto que Jerónimo dice
a Agustín que la entregue a Firmo en el caso de que
dicha carta llegue a sus manos: Hier. ep. 134, 2 (CSEL
56, 262, 18/9).
246 Ver n. 89.
247 Ver n. 267.
248 Quizás se trate de la ep. 119 ó 108 (cf.: Hier. ep. 119
[CSEL 55, 446/69]; id. ep. 108, 23/5 [ibid., 339/44]). Al
respecto, ver Cavallera (n. 10) 1, 2, 94/6.
249 Cf. Aug. ep. 180, 5 (CSEL 44, 700, 13/9), donde
Agustín solicita a Oceáno que le entregue esta obra, la
cual éste había recibido de O. para que sacara una co-
pia (ver n. 264). Es posible que la indicación de darla a
copiar a Oceáno partiera del mismo Jerónimo, habida
cuenta de la amistad y relación existente entre ellos.


Josep Vilella                116


una carta (de la que O. puede llevar más de un ejemplar250) de Eros y Lázaro dirigida (sin
duda después de haberse celebrado el concilio de Dióspolis251) al episcopado africano252,
carta (no conservada) que contenía el libelo acusatorio en contra de Pelagio presentado a
Eulogio253. O. puede llevar también a Africa una copia de la ep. 133 de Jerónimo254. Eviden-
temente, el presbítero hispano tiene también consigo (entre sus escritos255) el Liber apologe-
ticus contra Pelagianos256.
    O. sale de Palestina257 después del 26 de diciembre del 415258. Es probablemente enton-
ces cuando realiza una estancia en Alejandría, donde, según indica él mismo, visita templos
con armarios de libros vacíos259. Poco antes de que tuviera lugar un concilio ordinario de la
Proconsularis 260(celebrado antes de julio del 416261), O. llega a Cartago y entrega (al pare-
cer al obispo Aurelio262) la carta de Eros y Lázaro, carta que es leída en este concilio y
posteriormente adjuntada a la enviada por el mismo a Inocencio I263. Probablemente en
Cartago, el galaico entrega la obra de Jerónimo sobre la resurrección a Oceáno para que
éste la copie264.

250 Ver n. 263 y 268. También es posible que se reali-
zara una copia de este texto durante el viaje de vuelta
de O., quizás por indicación suya o de Aurelio.
251 Cf. Conc. Carthag. a. 416 ep. 175*, 4, apud Aug. Ep.
(CSEL 44, 658,. 6/8). La absolución de Pelagio en Diós-
polis sería indicada a los africanos tanto por el escrito
de Eros y Lázaro como por el propio O.
252 Ver n. 263 y 268.
253 Cf.: Conc. Carthag. a. 416 ep. 175*, 1/2, apud Aug. Ep.
(CSEL 44, 653/6); Conc. Mileu. a. 416 ep. 176*, 4 (ibid.,
667, 9/15); Zos. ep. 2, 4: Coll. Auell. 45 (CSEL 35, 1,
100, 15/6); Mar. Merc. comm. s. nom. Cael.: Coll. Pal. 36
(ACO 1, 5, 68, 35/8).
254 Ver n. 270.
255 Ver n. 113/4, 139 y 282.
256 Ver n. 269.
257 Ver n. 230/5 y 241/56. Cf.: Aug. serm. 348A, 6
(56, 82/3 Dolbeau); Seu. Minor. ep. de conu. Iud. 4, 1
(18, 38/9 Amengual); Gennad. uir. ill. 40 (TU 14, 1a,
76, 13/5); Marcell. chron. a. 416 (MG AA 11, Chronica
minora
2, 73).
258 Ver n. 238.
259 Oros. hist. 6, 15, 32 (211 Arnaud-Lindet). Si bien no
es posible saber con seguridad si O. estuvo en Alejan-
dría durante su viaje de ida o de vuelta (o en ambos),
parece más probable su estancia en esta ciudad du-
rante el invierno del 415/416, habida cuenta de que O.
sale de Palestina durante el mare clausum. En este mo-
mento O. puede haber estado asimismo en el Mar Rojo
(cf. Oros. hist. 1, 10, 17 [57 Arnaud-Lindet]). O. deja
Palestina poco después de haber finalizado el concilio
de Dióspolis (ver n. 216) y antes de que tuviera lugar el
incendio de los dos monasterios de Belén (Aug. serm.
348A, 7 [57, 103/5 Dolbeau]; id. gest. Pelag. 66 [CSEL
42, 121/2]); en todo caso, este incidente (anterior al
regreso de O. a Hipona, ver n. 265) no es indicado por
Jerónimo en su ep. 134 (ver n. 243/6). Por otra parte,

la presencia de O., durante la primavera del 416, en
Cartago (ver n. 260/3) cuando regresaba de Oriente
también podría apuntar que realiza, total o parcial-
mente, su desplazamiento por tierra y, además, pro-
porciona un dilatado período de tiempo para su viaje
de regreso. En Alejandría O. puede haber consultado
algún tipo de documentación, quizás para sus Historia-
rum aduersum paganos libri
(ver n. 114, 139 y 282).
260 Conc. Carthag. a. 416 ep. 175*, 1, apud Aug. Ep. (CSEL
44, 653/4). El hecho de que, al volver de Oriente, O.
esté antes en Cartago que en Hipona se deduce de la
ubicación geográfica de estas ciudades y de que O. se
halle en Hipona cuando Agustín predica el sermón
348A (ver n. 276).
261 En relación a la cronología de este concilio, ver O.
Perler / J. Maier, Les voyages de saint Augustin (Paris
1969) 332. El concilio de Cartago es anterior al celebra-
do en Milevi (Conc. Mileu. a. 416 ep. 176*, 4/5, apud
Aug. Ep. [CSEL 44, 667/8]) y a la carta enviada por
Agustín, Aurelio, Alipio, Evodio y Posidio a Inocencio I
(Aur. et alii, ep., 177*, 1, apud Aug. Ep. [CSEL 44, 669, 5/
7]).
262 Ver ProsopChrétBasEmp 1, 105/27, Aurelius 1. La
carta sinodal dirigida a Inocencio I y firmada por se-
senta y ocho obispos (único documento conservado de
este concilio) sólo indica que O. les entregó la carta de
los dos obispos galos.
263 Conc. Carthag. a. 416 ep. 175*, 1, apud Aug. Ep. (CSEL
44, 653/4). Cf.: Zos. ep. 3, 14: Coll. Auell. 46, (CSEL 35, 1,
107); Mar. Merc. comm. s. nom. Cael.: Coll. Pal. 36 (ACO
1, 5, 68, 35/7). Ver n. 268.
264 Ver n. 249. La estancia de Oceáno en Cartago per-
mite explicar que O. le entregara el escrito de Jeróni-
mo antes de que lo viera Agustín, quien parece ser el
destinatario de este texto. Además, nada permite afir-
mar que Oceáno esté en Roma o en Italia durante el
año 416.


Biografía crítica de Orosio                117


    Después de su estancia en Cartago, O. se dirige a Hipona265 y, en cumplimiento del
encargo de Jerónimo, entrega a Agustín la ep. 134266 y probablemente un ejemplar de los
Dialogi contra Pelagianos libri267. Da igualmente a Agustín la carta de Eros y Lázaro dirigida al
episcopado africano268. O. da o enseña también (probablemente no sólo a Agustín) su Liber
apologeticus
contra Pelagianos269. El galaico parece llevar asimismo (por lo menos a Agustín)
un ejemplar de la ep. 133 de Jerónimo270. Además, O. informa a Agustín acerca de muchas co-
sas271, particularmente acerca del desarrollo de la cuestión pelagiana en Oriente, lo cual
(con la exculpación de Pelagio en Dióspolis) provoca una gran reacción entre el episcopado
africano272. Al parecer, O. da asimismo a conocer los textos que le había entregado Avito
3273, aunque sin dejar en Africa ninguna porción de las reliquias que había recibido para
llevar a Braga274.

265 Cf.: Aug. serm. 348A, 6 (56, 82/3Dolbeau); id. ep.
202A, 3 (CSEL 57, 303, 5/7). Al respecto, ver Dolbeau
(n. 110) 48/50. O. había prometido a Agustín que, a su
vuelta de Palestina, volvería a Hipona, ver n. 88.
266 Aug. serm. 348A, 6 (56, 87/8 Dolbeau); id. ep. 19*, 1
(CSEL 88, 91, 6/8); id. ep. 202A, 3 (CSEL 57, 303/4). 20
(314/5); id. retract. 2, 45 (CCL 57, 127, 10/2). Ver n.
243. Agustín enviará la ep. 134 de Jerónimo a Optato
(ver ProsopChrétBasEmp 1, 803/5, Optatus 7): Aug. ep.
202A, 20 (CSEL 57, 314/5).
267 De la ep. 134 de Jerónimo parece desprenderse que
éste envía a Agustín los Dialogi contra Pelagianos libri a
través de O. En esta carta, Jerónimo dice a Agustín que
se ha acordado de él en su obra antipelagiana: Hier. ep.
134, 1 (CSEL 56, 262, 6/7). Cf., además: Aug. ep. 19*, 2
(CSEL 88, 91, 17/8); id. ep. 202A, 3 (CSEL 57, 303, 22/
4). Por otra parte, el sermón 348A de Agustín eviden-
cia (a pesar de la laguna que presenta su texto) que,
cuando lo predica (ver n. 276), éste ya poseía los Dia-
logi contra Pelagianos libri
: Aug. serm. 348A, 6 (56, 88/90
Dolbeau). En el mismo año 416, Agustín ya ha leído
esta obra de Jerónimo: Aug. ep. 180, 5 (CSEL 44, 700, 3/
6). Cf.: id. c. Iulian. 2, 36 (PL 44, 699/700); id., c. Iulian.
op. imperf.
4, 88 (PL 45, 1389).
268 Alyp. et Aug. ep. 186*, 2, apud Aug. Ep. (CSEL 57,
46, 21/2). Cf.: Aug. ep. 19*, 2 (CSEL 88, 92, 4/7); id. gest.
Pelag
. 54 (CSEL 42, 107, 17/9); Zos. ep., 3, 14: Coll. Auell.
46 (CSEL 35, 1, 107); Mar. Merc. comm. s. nom. Cael.:
Coll. Pal. 36 (ACO 1, 5, 68, 35/7). Ver n. 263. Puede ha-
ber sido Agustín quien presente el texto de Eros y Lá-
zaro al concilio de Milevi: Conc. Mileu. a. 416 ep. 176*, 4,
apud Aug. Ep. (CSEL 44, 667, 9/15).
269 Si bien O. daría explicaciones a los africanos (y so-
bre todo a Agustín) acerca de lo sucedido en Palestina,
este último (siempre interesado en la cuestión pelagia-
na) probablemente habría ojeado la apología antipela-
giana, cuyo texto necesariamente O. debía llevar con-
sigo. Ver n. 271.
270 Los Dialogi contra Pelagianos libri (ver n. 267) y la ep.
133 de Jerónimo eran las dos principales obras antipe -
lagianas de Jerónimo (ver n. 128/31). En relación al
conocimiento que Agustín parece tener del texto de
esta carta, ver Duval, Saint Augustin (n. 90) 2052.

271 Aug. ep. 19*, 1 (CSEL 88, 91, 8). Cf.: id. ep. 179, 1
(CSEL 44, 691, 21/2); id. gest. Pelag. 2 (CSEL 42, 52, 17).
39 (95, 10/4). Ver n. 158. O. facilitaría detalladamente
a Agustín su versión acerca de lo sucedido en Palestina.
272 Ver Wermelinger (n. 112) 88/ 218.
273 Agustín parece conocer la documentación relativa
a las reliquias de San Esteban que tenía O. Compárese
Aug. in euang. Ioh. 122, 4 (CCL 36, 662, 12/5) con Lu-
cian. presb. (et Auit. Brac.) ep. de inuen. 12 (198 Van -
derlinden). Cf.: Aug. serm. 318, 7 (PL 38, 1438); Mirac.
s. Steph.
1, 1 (PL 41, 834; BHL, 7860).
274 Si bien suele ponerse en relación a O. con la llegada
a Uzalis de reliquias de San Esteban, no hay ninguna
evidencia que apoye tal suposición y, en cambio, exis-
ten indicios de lo contrario. Estas reliquias de Uzalis
consistían en partículas de huesos contenidos en una
ampulla de vidrio salpicada de sangre en su interior
(Mirac. s. Steph. 1, 1 [PL 41, 834]) y parecen ser distin-
tas de las entregadas por Avito 3 a O. (ver n. 231/2),
hecho que también confirmaría el carácter de su reci-
piente. El mismo Agustín indica que en Africa había
habido diversas llegadas de reliquias de San Esteban
(Aug. serm. 318, 1 [PL 38, 1438]; cf. id. serm. 317, 1
[ibid., 1435]), sin duda como consecuencia de la difu-
sión de su hallazgo (ver n. 273). En relación a las llega-
das a Occidente de reliquias de San Esteban con poste-
rioridad a las traídas por O., cf. también: Gennad. uir.
ill. 40 (TU 14, 1a, 76, 15); Marcell. chron. a. 416 (MG AA
11, Chronica minora 2, 73). Es Uzalis la primera ciudad
africana en disponer de estas reliquias (Aug. ciu. D.
22, 8 [CCL 48, 824, 360/2]), las cuales, muy abundantes
en el norte de Africa durante los años veinte del siglo
V, no se hallan en Hipona hasta el invierno del 424/
425 (cf. Aug. ciu. D. 22, 8 [CCL 48, 824, 353/4]), ciudad,
esta última, cuyas reliquias del protomártir parecen te-
ner una naturaleza distinta de las de Uzalis (cf. Aug.
serm. 317, 1 [PL 38, 1435]). Incluso considerando la
amigable y vieja relación existente entre Evodio (ver
ProsopChrétBasEmp 1, 366/73, Euodius 1) y Agustín y la
poca simpatía que este último muestra hacia los mila-
gros durante el segundo decenio del siglo V (ver J. De
Vooght, Les miracles dans la vie de saint Augustin:
RechTh 11 [1939] 5/16), resulta sorprendente que, en


Josep Vilella                118


    O. permanece en Hipona cuando Agustín predica su sermón 348A275 en el 416, proba-
blemente en mayo o junio de este año276. Al parecer, sigue estando en Hipona277 cuando,
en el 417, Agustín escribe el De gestis Pelagii (obra en la que el galaico es mencionado)278 y el
libro XI del De ciuitate Dei, de cuya redacción tiene noticia el presbítero hispano279. Al ser
instado por el monje Juliano de Cartago a realizar su composición histórica280, O. elabora
entonces sus Historiarum aduersum paganos libri281 a partir del trabajo efectuado previa-
mente282.
    En esta obra, adaptándose a la cronología del Chronicon de Eusebio de Cesarea y de
Jerónimo (aunque no de manera exacta)283 y utilizando diferentes fuentes284, así como testi-
monios personales285, O. escribe un relato histórico universal articulado en siete libros286

caso de que O. hubiera entregado una parte de las re-
liquias en Africa, no lo hiciera en Hipona y sí en Uzalis.
Además, las reliquias de San Esteban no se documen-
tan en Uzalis antes del 418. En efecto, las reliquias del
santo llegaron a esta ciudad unos cuarenta días antes
de ser trasladadas a su iglesia, efeméride en la que es
leída la carta de Severo de Menorca (Mirac. s. Steph. 1, 2
[PL 41, 835]), fechada el 2 de febrero del 418 (ver n.
308). Por otra parte, estas reliquias de Uzalis tampoco
parecen haber viajado a Menorca con O. (ver n. 307/
12) ya que del relato de Severo (escrito después de que
O. hubiera partido de la isla) se deduce que el galaico
acabó dejando en una iglesia de Mahón la totalidad de
las reliquias que le había dado Avito 3 (ver n. 311). A
este respecto resultaría de difícil explicación y acepta-
ción el hecho de que O. no dejara reliquias en Africa
antes de ir a Menorca (en su intención de volver a su
tierra con ellas) y sí después de ver frustrado su viaje
hacia la Península.
275 Aug. serm. 348A, 6 (56, 82 Dolbeau).
276 En relación a la cronología de este sermón, ver
Dolbeau (n. 110) 50.
277 Así parece evidenciarse del conocimiento que O.
tiene de la actividad literaria de Agustín (ver n. 279).
Por otra parte, parece estar o vivir en Hipona y ser
conocido de Agustín (sanctus filius tuus) el monje carta -
ginés que pide a O. que termine su obra histórica (ver
n. 280). De todas maneras, la escueta indicación pro-
porcionada por O. acerca de este monje (único lugar
donde éste se documenta) no es suficiente para defen-
der una hipotética redacción de los Historiarum aduer-
sum paganos libri
en Cartago, máxime si se tiene en
cuenta que en este momento O. ya parece disponer de
la práctica totalidad de la documentación pertinente,
recabada con anterioridad, básicamente en Hipona
(ver n. 62/3) y en Belén (ver n. 139). O. únicamente se
documenta con seguridad en Cartago al regresar de
Palestina (ver n. 260/4), siendo asimismo probable una
estancia suya en esta capital justo antes de dirigirse a
Oriente, cuando ya había salido de Hipona (ver n.
106). En el caso de que entonces O. hubiera conocido
realmente a Juliano en Cartago, su relación con este
monje es posterior al encargo que recibe de Agustín
(ver n. 58/61), hecho que situaría antes del 415 la ta-
rea histórica encomendada por Agustín a O.

278 Cf. Aug. gest. Pelag. 39 (CSEL 42, 95, 17/9). En rela-
ción a la cronología del De gestis Pelagii, ver R. Braun /
Y.- M. Duval, Introduction à la lettre 4*: AA. VV., Let-
tres 1*-29* (n. 112) 430/42, 432.
279 Oros. hist. 1 prol. 11 (8 Arnaud-Lindet).
280 Id. hist. 1 prol. 12 (ibid., 9).Ver ProsopChrétBasEmp 1,
616, Iulianus 10. Ver n. 277 y 301.
281 Oros. hist. 1/7.
282 Ver n. 61/3 y 139. O. quiso redactar esta obra an-
tes de emprender su regreso a Hispania.
283 Respecto al uso que hace O. de la cronología de
Eusebio y de Jerónimo, ver Arnaud-Lindet (n. 1) 261/6.
284 En relación a las fuentes utilizadas por O. (con pre-
dominio de las clásicas, hecho que facilitaba su réplica
a los paganos), ver Arnaud-Lindet (n. 1) XXV/XXIX
y 268/99.
285 Respecto a los relatos recogidos por O. que proce-
den de su propia experiencia o del relato de contempo-
ráneos suyos, cf.: Oros. hist. 1, 2, 71 (30 Arnaud-Lin-
det). 1, 10, 17 (57). 3, 20, 6/7 (173) (ver n. 28 y 34).
5, 2, 1/2 (86) (ver n. 34). 6, 15, 32 (211) (ver n. 259).
7, 22, 8 (59). 7, 35, 12 (99). 7, 36, 2/3 (102/3). 7, 38, 1
(112). 7, 39, 3/9 (114/5). 7, 41, 1 (120/1). 7, 42, 13 (126).
7, 43, 4/6 (128/9) (ver n. 151). 7, 43, 8 (129). 7, 43, 15
(130/1).
286 En relación a la conceptualización que Agustín y O.,
recogiendo una larga tradición bíblica, tenían del nú-
mero siete, cf.: Aug. ciu. D. 11, 31 (CCL 48, 350/1);
Oros. hist. 7, 2, 9 (18 Arnaud-Lindet). Estos siete libros
(cf.: Gennad. uir. ill. 40 [TU 14, 1a, 76]; Marcell. chron.
416 [MG AA 11, Chronica minora 2, 73]), iniciados con
un prefacio y terminados con una conclusión, com-
prenden los tres grandes períodos (elegidos en función
de su tesis, ver n. 291/3) a que O. se refiere (Oros. hist.
1, 1, 14 [12 Arnaud-Lindet]; cf. 1, 21, 20/1 [77/8]):
desde la creación del mundo hasta la fundación de
Roma; desde la fundación de Roma hasta el inicio del
principado (coincidente con el nacimiento de Cristo);
desde el inicio del principado hasta el presente de O. El
primer segmento cronológico comprende la parte del
libro I posterior a la introducción general constituida
por el prólogo y los tres capítulos iniciales, el segundo
abarca los libros II/VI y el tercero el VII, el libro más
extenso. Se opone a la idealización pagana del período
romano-republicano la amplia información relativa a


Biografía crítica de Orosio                119


que abarcan desde la creación de Adán287 hasta mediados del 417288. En estos libros, redac-
tados unilateralmente289 y sin limitarse a lo estipulado por Agustín290, recoge los infortunios
pretéritos (presentados como consecuencia del pecado original291) con la intención de po-
ner de manifiesto que las desgracias de la humanidad empezaron a disminuir, en frecuen-
cia y en gravedad, a partir de la Encarnación (cuando empieza la intervención de la gracia
divina salvífica en el decurso humano)292, hecho que, al coincidir con el inicio del Imperio
romano, pone, según O., de manifiesto que éste ha sido predestinado por Dios para ser el
marco de su Revelación293. El joven presbítero hispano finaliza su composición diciendo a
Agustín que, puesto que le hizo el encargo294, debe ser éste quien juzgue la calidad de sus
opúsculos y quien decida publicarlos o destruirlos295.

esta época y su valoración negativa, cf.: Oros. hist.
1, 21, 21 (78 Arnaud-Lindet). 2, 13, 11 (112). 2, 18, 5
(124). 2, 19, 4 (125). 2, 19, 12 (126/7). 3, 8, 3 (148).
4, 5, 10/3 (19/20). 4, 12, 5/13 (40/2). 4, 16, 18/20 (52/3).
4, 23, 8/11 (74/5). 5, 1/2 (82/6). 5, 5, 14/6 (96). 5, 19, 20/
2 (136). 5, 22, 2/14 (141/3). 5, 24, 9/20 (150/3).
287 Id. hist. 1, 1, 4/5 (ibid., 10). 1, 1, 10/4 (11/2). 1, 3, 1/2
(42). 1, 3, 5 (43). 1, 21, 20/1 (77/8).
288 Id. hist. 7, 43, 10/5 (ibid. p. 129/31), se refiere a que
en Hispania los visigodos estaban luchando con los
otros pueblos bárbaros en virtud del foedus establecido
entre Valia y Constancio en la primavera del 416 (ver
PLRE 2, 1147/8, Vallia y 321/5 Fl. Constantius 17). Res-
pecto a la actuación de Valia en Hispania en el 417, cf.:
Ydat. chron. a. 417, 55 (84 Burgess). a. 418, 59/61
(86); Isid. Goth. 22 (206 Rodríguez Alonso). Ello pone
de manifiesto que O. escribió esta noticia, ubicada al
final de su obra, antes de principios del 418, cuando
tiene lugar el asentamiento de los visigodos en Aquita-
nia (inicio del reino de Tolosa). O. debió terminar su
composición histórica antes de que comenzara definiti -
vamente el mare clausum (esto es, el 11 de noviembre),
puesto que durante el 417 se dirige a Menorca (ver n.
307/12), donde llegaría antes del invierno en su inten-
ción de continuar el viaje hasta la Gallaecia (ver n. 311)
y desde donde vuelve a ir a Africa (ver n. 313). La
situación bélica existente en Hispania explica asimismo
el hecho de que O. no pudiera volver a la Gallaecia (ver
n. 311). Por lo demás, en relación a la fecha de la fina -
lización de los Historiarum aduersum paganos libri carece
de valor la indicación proporcionada por el Chronicon
de Marcelino, debido a que ubica todas las referencias
de O. en el 416, año del regreso de éste a Occidente
con las reliquias (ver n. 257/8), hecho que este cronista
quiere poner particularmente de manifiesto: Marcell.
chron. a. 416 (MG AA 11, Chronica minora 2, 73).
289 Cf.: Oros. hist. 1 prol. 11/2 (7/8 Arnaud-Lindet).
7, 43, 20 (132). Ver n. 295 y 300. En los años 416/417,
Agustín probablemente ya no tenía mucho interés en
la lista de catástrofes que anteriormente había enco-
mendado a O. (ver n. 58/61), quien tendría conoci-
miento de ello al regresar a Hipona. Este estado de co-
sas no hace desistir a O. de querer emular, una vez más
(ver n. 200), a Agustín con la composición de otra obra
polémica, en este caso antipagana.

290 La conceptualización y estructuración final (ver n.
291/3) que O. da a su trabajo histórico (la causa de su
gran éxito en época medieval) únicamente se adapta
de modo muy parcial a la indicación recibida de Agus-
tín (ver n. 58/61). La diferencia existente entre el re-
sultado final y el encargo inicial redunda a favor de
que haya transcurrido tiempo entre ambos momentos
(ver n. 56, 58, 139 y 280).
291 En la obra de O. (la primera historia universal cris-
tiana) todas las desgracias son consecuencia del pecado
original: Oros. hist. 1, 1, 4 (10 Arnaud-Lindet). 1, 1, 9/12
(11/2). 1, 3, 1/2 (42). 1, 3, 5 (43). 2, 1, 1 (84). 6, 1, 5
(163). 6, 22, 11 (237). 7, 1, 3/4 (14/5). Evidentemente,
O. continua su actividad antipelagiana.
292 Oros. hist. 6, 1, 27 (167 Arnaud-Lindet). 7, 1, 3/4
(14/5). 7, 3, 1 (20). 7, 3, 3 (21). 7, 5, 11 (28). 7, 6, 6 (29).
7, 8, 4/5 (35/6). 7, 43, 19 (131/2). Este es el fundamento
del optimismo orosiano.
293 Esta concepción de O. (emparentada con la de Eu-
sebio) justifica la predestinación de Roma con la teoría
de los cuatro imperios, derivada de su interpretación de
la primera visión de Daniel, probablemente influenciada
por Jerónimo (ver n. 139). Según el sistema orosiano,
del cual resulta una escatología milenarista, únicamente
hay dos imperios universales, el de Babilonia (el pri-
mero) y el de Roma (el último y prefigurado por el
primero, al que substituye). Entre estos dos, O. sitúa dos
imperios intermedios y no universales, uno al norte (Ma-
cedonia) y otro al sur (Cartago). En apoyo de sus tesis,
O. establece diferentes paralelismos entre los imperios
de Babilonia y Roma, de idéntica duración: Oros. hist.
2, 1, 4/6 (84/5 Arnaud-Lindet). 2, 3, 1/7 (88/9). 2, 6, 13/4
(98). 7, 2, 1/15 (17-20). En relación a la sincronía entre
el inicio del Imperio romano y el nacimiento de Cristo y
las señales o prodigios que evidencian este diseño divino,
cf.: Oros. hist. 1, 1, 6 (10/1 Arnaud-Lindet). 1, 1, 14 (12).
3, 8, 5/8 (149/50). 5, 1, 12 (84). 5, 2, 5 (86). 6, 1, 7/8 (163/
4). 6, 1, 16/7 (165). 6, 17, 9/10 (215/6). 6, 18, 34 (222).
6, 20 (226/9). 6, 22, 1/9 (234/7). 7, 1, 1 (14). 7, 1, 11 (17).
7, 2, 10 (18). 7, 2, 14/6 (19/20). 7, 3, 4 (21).
294 Ver n. 58/61.
295 Oros. hist. 7, 43, 20 (132 Arnaud-Lindet). Los Histo-
riarum aduersum paganos libri
serán leídos por Agustín. Al
respecto ver Inglebert (n. 139) 486/94, autor que, al
igual que otros estudiosos, hace hincapié en el hecho de


Josep Vilella                120


    En el 417296, después de haber concluido esta obra297, O. le antepone un prólogo diri-
gido (a modo de dedicación298) a Agustín299, donde indica que ha obedecido los preceptos
de éste y que espera haberlo hecho con tanta eficacia como buena voluntad, aunque está
poco preocupado por saber si lo ha hecho bien o mal debido a que Agustín ya ha conside-
rado su capacidad para ello y que tiene bastante con dar testimonio de su obediencia,
embellecida con su disposición y esfuerzo300.
    Además, en este prólogo, O. expone que realizó su obra histórica al considerar tanto la
petición de Juliano como que no era conveniente que Agustín se entretuviera en una obra
nimia (sobre todo habida cuenta de que estaba ocupado en redactar, contra estos mismos
paganos, el libro XI del De ciuitate Dei)301. Explica que, contrariamente a lo que pensaba
antes, ha podido constatar que los días pretéritos fueron todavía más desgraciados que el
presente, y tanto más cuanto más alejados estaban del remedio de la verdadera religión302.
O. hace hincapié en que su análisis ha puesto de manifiesto que la religión ha paralizado la
muerte, a la cual ha recluido desde que prevaleció y que, cuando la religión reinará sola, la
muerte estará aniquilada, excepción hecha de los males que acompañarán el final de los
tiempos303.
    Con el propósito de volver a su tierra304, el galaico parte de Africa llevando consigo las
reliquias de San Esteban305 y varios textos306. Entonces O. viaja a Mahón (sin que sea po-
sible conocer la motivación de su estancia en Menorca307), donde, antes del 2 de febrero
del 418308, permanece poco tiempo309 y, al parecer, tiene relación con eclesiásticos insula-
res310. Ante la imposibilidad de trasladarse a su país, deja en una iglesia de Mahón las

que la composición de O. desagradó a Agustín debido a
que no se ajustaba a sus indicaciones. De todas mane-
ras, Agustín no parece haberse opuesto a la difusión de
la obra orosiana, la cual adquirirá pronto divulgación y
renombre, ver J. N. Hillgarth, The Historiae of Orosius
in the Early Middle Ages: De Tertullien aux mozarabes.
Antiquité Tardive et christianisme ancien (VIe-IXe sièc-
les). Mélanges J. Fontaine 2 (Paris 1992) 157/70.
296 Ver n. 288.
297 Así resulta del contenido del prólogo (ver n. 300/
3), cf.: Oros. hist. 1 prol. 1 (6 Arnaud-Lindet). 1 prol. 8
(7). 1 prol. 13/4 (9).
298 Cf. id. hist.1 prol. 8 (ibid., 7).
299 Id. hist. 1 prol. (ibid., 6/9).
300 Id. hist.1 prol. 1/2 (ibid., 6). Ver n. 20, 58 y 289.
Además, estableciendo un simil entre él y los perros,
O. reitera su obediencia, fidelidad y estima a Agustín e
insiste en que ha cumplido su encargo gustosamente:
Oros. hist. 1 prol. 3/8 (7 Arnaud-Lindet). Ver n. 47 y
200. O. se refiere también a la naturaleza de este co-
metido (esto es, que escribiera en contra de los paga-
nos que culpaban a los cristianos de los males de la
época, ver n. 58) y al cariz de la documentación que
debía recoger, así como su exposición (ver n. 61).
301 Oros. hist.1 prol. 11/3 (8/9 Arnaud-Lindet). En re -
lación a la actitud de no querer molestar a Agustín, ver
n. 39.

302 Oros. hist. 1 prol. 13/4 (9 Arnaud-Lindet).
303 Id. hist. 1 prol. 14/6 (ibid., 9).
304 Ver n. 311.
305 Ver n. 231/2 y 274.
306 Ver n. 312. Es evidente que, en su viaje de vuelta a
Hispania, O. necesariamente debía llevar consigo mu-
chos escritos. Entre estos textos habría los resultantes
de su relación con Agustín, con Avito 3 y los derivados
del conflicto pelagiano.
307 El paso de O. por Menorca puede ser debido a múl-
tiples factores. Quizás lo hacía aconsejable la situación
político-militar existente (ver n. 288). Es asimismo po-
sible que O. quisiera entrevistarse con Consencio (acti-
vista antiherético y corresponsal de Agustín), a quien
incluso pudo haber conocido personalmente en Hi-
pona.
308 Esta es la fecha de la carta de Severo de Menorca,
escrita cuando O. ya había salido de la isla: Seu. Minor.
ep. de conu. Iud. 4, 1 (18, 39/40 Amengual). Ver n.
288.
309 Id. ep. de conu. Iud. 4, 1 (ibid., 18, 38/9).
310 Así puede colegirse del hecho de que O. deje en
Mahón (ver n. 311) las reliquias que estaban destina-
das al obispo Balconio de Braga. Además, esta ubica-
ción de las reliquias en Mahón parece contar con la
colaboración y asentimiento del obispo Severo de Me-
norca.


Biografía crítica de Orosio                121


reliquias que le había entregado Avito 3311. Al parecer, también deja en Menorca algunos de
los escritos que llevaba consigo312. Desde esta isla, O. regresa a Africa313, sin que se atesti-
gue posteriormente ninguna otra actividad suya314.

       

UNIVERSITAT DE BARCELONA                                                   JOSEP VILELLA

311 Seu. Minor. ep. de conu. Iud. 4, 1 (18, 39/43 Amen -
gual). Severo indica que, cuando escribe su circular,
las reliquias se hallaban en una iglesia situada en las
afueras de Mahón: Seu. Minor. ep. de conu. Iud. 20, 4
(50, 384/5 Amengual). Esta iglesia suburbana puede
ser o no el lugar donde O. había dejado las reliquias,
las cuales después pueden haber sido objeto de una so-
lemne deposición por Severo, quizás cuando O. ya ha-
bía salido de Menorca. Por otra parte, no es posible
saber si O. consideró temporal o definitiva su ubicación
de las reliquias en Mahón y hasta qué punto ello puede
indicar que entonces había decidido firmemente no
volver a su tierra.

312 Es probable que O. también deje en Menorca los
escritos que acompañaban a las reliquias, esto es, la
carta de Avito 3 a Balconio y la traducción latina del
relato de Luciano (ver n. 233 y 235). Es asimismo po-
sible que O. dejara otros textos en la isla. A este res-
pecto, cf. Cons. ep. 12*, 16, apud Aug. Ep. (CSEL 88,
80, 2/4).
313 Seu. Minor. ep. de conu. Iud. 4, 1 (18, 40 Amen-
gual).
314 Gennad. uir. ill. 40 (TU 14, 1a, 76, 16) dice única-
mente que O. brilló hacia finales del reinado de Hono-
rio (ver PLRE 1, 442, Fl. Honorius 3), indicación que no
permite precisar ninguna cronología de la vida de O.

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Última actualització: 4 de juny de 2007.