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| CAMBIOS EN LA
ENSEÑANZA Más de cien años de planes de
estudios
LA VANGUARDIA - 05.10 horas -
17/03/2002

 P. FERNÁNDEZ
ESTEVE 1880 COLEGIO DE
VILLANUEVA DE LA JARA
(CUENCA)
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 ALFREDO
ESPERÓN 1888 COLEGIO DE
NIÑAS EN MADRID
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 ALFREDO
ESPERÓN 1888 COLEGIO DE
NIÑOS EN MADRID
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 J.
LACOSTE 1905 ESCUELA DE
NIÑAS
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 ANÓNIMO 1921 ESCUELA DE DON TOMÁS LEÓN EN
VILLALGORDO DE JÚCAR
(ALBACETE)
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 SOLER 1922. Escuela nacional de niñas de
Casasimarro (Cuenca)
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 AVILÉS 1940. Escuela nacional de niñas de Baza
(Granada)
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 ALFREDO
JUAN 1954. Escuela privada
de diversos niveles para niños y
niñas
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 | Joaquim
Prats
La organización de la educación en tres etapas diferenciadas la
establece, por primera vez en España, el duque de Rivas: en un real
decreto de 1836 se instauraba la primera, segunda y tercera enseñanza.
Desde aquel momento, se inició una secular polémica entre las diversas
fuerzas políticas sobre el carácter que se debía dar a la educación
secundaria, y en concreto al bachillerato: para unos, el bachillerato
debía ser una enseñanza educadora para todos, a modo de una prolongación
de la enseñanza primaria, impartida en una red escolar pública, los
institutos, y con una orientación laica. Para otros, debía ser enseñanza
dirigida a los que debían ocupar los puestos clave de la sociedad, por lo
tanto, un estudio previo a la universidad, y admitían el papel de la
iniciativa privada, especialmente de carácter confesional, con la religión
obligatoria.
Estas y otras cuestiones ocuparon los temas de
discusión de los políticos españoles durante más de una centuria. Es
significativo que, a diferencia de otros países europeos, la formación
profesional nunca ha estado presente en la preocupación de los políticos
españoles y siempre ha sido una parte casi marginal del sistema educativo.
Desde 1875 hasta 1936 el debate toma cuerpo a través de una
abundante labor legislativa. Se publicaron en la Gaceta (BOE) quince
reformas de planes de estudio y se propusieron y discutieron en el
Parlamento trece proyectos más, incluyendo aquí el de la ley de Bases del
conde de Toreno y el decreto de creación del Instituto-Escuela. Se cuenta
la anécdota de que, en cierta ocasión en la que Amos Salvador, a la sazón
ministro de Instrucción Pública, fue interpelado en el Parlamento acerca
de cuál era la legislación vigente sobre un tema de estudios en el
bachillerato, respondió de manera concluyente: "Cualquiera sabe". La
respuesta, quizá provocadora, ponía de relieve que lo que para un ministro
era aceptable, para su predecesor era materia de derogación, incluso
dentro de un mismo partido político.
De todos los planes de
estudio, los más duraderos han sido el plan de 1903 y el de 1970. En la
práctica, todas las reformas han afectado sobre todo al bachillerato,
manteniendo más estable la enseñanza primaria y desconociendo, en la
práctica, la existencia y la potenciación de la formación profesional.
Durante el franquismo, España no se escapó de la fiebre
legislativa que históricamente ha tenido al sistema educativo en constante
cambio. En 1953 se hizo una importante reforma del bachillerato muy
influida por los acuerdos del Estado con la Santa Sede: se establecía la
Religión en todos los cursos y se acordaba la imposibilidad real de
inspeccionar los centros religiosos. Este plan dividía el bachillerato en
dos etapas, una elemental de cuatro años con una reválida final, y un
bachillerato superior de dos años, bifurcado en ciencias y letras, con
otra reválida después del bienio. Después del bachillerato, había un curso
preuniversitario con un examen que constituía la prueba de ingreso en la
universidad. En los últimos años de la dictadura, el ministro Villar
Palasí realizó una reforma radical del sistema: la ley general de
Educación (LGE) de 1970. Los principales cambios fueron: la extensión de
la educación primaria hasta los catorce años, sustituyendo el nombre de
educación primaria por el de educación general básica (EGB); la creación
de un bachillerato de tres años unificado (BUP); la reordenación del curso
preuniversitario, que ahora se llamaría curso de orientación universitaria
(COU); y, lo más importante, la inclusión en el sistema educativo de la
formación profesional, con un primer ciclo de dos años (para los alumnos
de 15 y 16 años) y un ciclo superior. La LGE suprimió, por primera vez en
el sistema educativo, los exámenes finales de ciclo o etapa (las
reválidas), estableciendo un sistema de evaluación continua. Esta ley, con
pequeños cambios en los planes de estudio de la EGB, tuvo una larga vida,
ya que ha estado vigente hasta la promulgación de la Logse en 1990.
La Logse ha sido la norma que la democracia española ha promulgado
para ordenar el sistema educativo. En esta nueva ley, la educación
secundaria comprende: en primer lugar, una etapa obligatoria (ESO) para
alumnos de 12 a 16 años, de cuatro años de duración; esta etapa completa
la enseñanza básica con enseñanzas comunes para todos los estudiantes y
otorga, a su finalización, un título de graduado. En segundo lugar, dos
cursos de bachillerato, a partir de los 16 años, con cuatro modalidades
diferentes, y suprime el COU. Y, en tercer lugar, una formación
profesional específica de grado medio para aquellos alumnos que hayan
superado la ESO, y una formación profesional superior para aquellos
alumnos que hubiesen superado el bachillerato. La Logse se inspira en
muchos aspectos técnicos en la LGE. En la etapa de la ESO se suprimen las
exigencias para pasar de un curso a otro, creando en la práctica un
sistema de promoción automática.
En marzo del 2002, después de la
reforma de los contenidos de algunas asignaturas, se anuncia una nueva ley
que afecta a la ordenación y a los planes de estudio: la ley de calidad.
Como puede verse, ¡sigue la tradición!
Joaquim Prats, catedrático de la UB |