Hace un año tres espeleólogos descubrieron una pequeña cueva colgada en un acantilado cerca de Ferreries, en Menorca (Islas Baleares). Se adentraron por un estrecho pasadizo y llegaron a una estancia de poco más de cuatro metros cuadrados, donde hallaron restos de madera, cabellos y huesos humanos intactos. Respetuosos con el patrimonio, informaron inmediatamente al Consejo Insular de Menorca, el cual se puso en contacto con las universidades de las Islas Baleares y de Barcelona a fin de poner en marcha un proyecto de investigación que ha resultado absolutamente excepcional.
La pequeña cueva contenía los restos de un centenar de individuos, de todas las edades y de ambos sexos, setenta de los cuales se han conservado prácticamente enteros. Sin embargo, lo que ha desatado el interés de los científicos ha sido el estado de conservación de la materia orgánica: tejidos musculares, intratorácicos e intracraneales, cabellos y cuero cabelludo. Salvo los casos de momificación, donde había voluntad expresa de preservar los restos orgánicos, en Europa nunca se había hallado un yacimiento de tanta antigüedad en el que se hubiera mantenido de forma tan natural este tipo de restos.
Después de seis meses de intensa excavación, financiada por la Fundació Caixa Catalunya y el Consejo Insular, esta fase del proyecto ha concluido y el equipo de trabajo, formado por los prehistoriadores del Seminario de Estudios e Investigaciones Prehistóricas de la UB (SERP), Josep M. Fullola y Maria A. Petit; de la UIB, Víctor Guerrero y Manuel Calvo; y de la UAB, Assumpció Malgosa, presentó a principios de mayo en el Museo de Arqueología de Cataluña los primeros resultados de su trabajo.
Según las dataciones radiocarbónicas, los restos datan de entre el 1100 y el 700 aC, y pertenecen, seguramente, a una familia extensa que durante cuatrocientos años celebró sus entierros en esta cueva. Los cadáveres fueron enterrados en posición fetal, muy flexionada y de lado y, sorprendentemente, tan sólo algunos junto con ornamentos personales y otros elementos de carácter simbólico. Los investigadores sostienen la hipótesis de que una parte importante del ritual se debía de realizar fuera de la cueva, reservada sólo para la deposición de los cadáveres. Los restos hallados permiten afirmar que los envolvían con piel de vacuno, los ataban con cuerdas y los subían en literas de madera desmontables.
Una vez concluida esta fase, todavía está pendiente la parte central de la investigación: el análisis de los datos obtenidos. Se trata de un laborioso y meticuloso trabajo de laboratorio que deberán realizar diversos equipos con la colaboración de numerosos especialistas en sedimentología, arqueozoología, palinología (reconstrucción ambiental), fitolitos, antracología, metalurgia, antropología física, etc. Entre todos ellos esperan poder responder la gran pregunta que ha suscitado este yacimiento: ¿Por qué se ha conservado la materia orgánica en la Cova des Pas? Se trata, como dice Josep M. Fullola «de un trabajo que combina el CSI con mucha paciencia. Pero estamos convencidos de que vale la pena, porque se trata de un yacimiento único en Europa». Actualmente, este proyecto se puede ver comprometido por falta de recursos, ya que el presupuesto necesario para llevar a cabo este trabajo alcanza los 200.000 euros. «Una cantidad nada exagerada, ya que el proyecto de investigación puede llegar a durar tres años más. Hemos establecido contactos con varias universidades y esperamos obtener una respuesta positiva, pero es evidente que sin financiación la excavación habrá servido de muy poco», afirma la profesora Maria A. Petit.
La parte final del proyecto consistirá en la publicación de los datos y la musealización del espacio. Fullola y Petit esperan poder reconstruir el mundo simbólico y la ideología del grupo que celebraba estos entierros, pero aventuran ya algunas hipótesis: «se trataba de labradores de cultura pretalayótica y descendientes de los primeros habitantes de la isla». En este aspecto, reconocen que el poblamiento de las Baleares es uno de los enigmas más debatidos de la historiografía.
El levante ibérico fue poblado hacia el 6000 aC y, en cambio, las islas lo fueron entre el 4000 y el 5000 aC, mucho más tarde que el resto de islas del Mediterráneo (Córcega, Cerdeña, Sicilia). «Una cosa es descubrir un lugar y otra muy distinta, establecerse en él y colonizarlo», afirma Fullola.
Quizás la Cova des Pas no aclarará el misterio, pero sí que nos hará muy presentes la vida y la muerte de unas personas que vivieron en Menorca hace más de 3000 años. |