El martes 30 de mayo, a las 19.30 h, en el auditorio del Museo de Historia de Cataluña (Palau de Mar, plaza de Pau Vila, 3), tubo lugar la presentación del libro El sueño de una generación. El crucero universitario por el Mediterráneo de 1933 (Edicions de la UB, 2006), del catedrático de Prehistoria, Josep M. Fullola Pericot y del profesor y director del Departamento de Prehistoria, Historia Antigua y Arqueología Francisco Gracia Alonso. Presentó la obra el consejero de Política Territorial y Obras Públicas, y portavoz del Gobierno, Joaquim Nadal, e intervino el vicerrector de Relaciones Institucionales, Política Lingüística y Comunicación, Jordi Matas, y el director del Museo, Jaume Sobrequés.
En cierto modo, reconocen los autores, este libro es una continuación «ideológica» del que publicaron hace cuatro años, 58 anys i 7 dies. Correspondència de Pere Bosch Gimpera a Lluís Pericot (1919-1974) (Edicions de la UB, 2002). En el empeño de reconstruir la historia de la arqueología catalana y española, Fullola y Gracia toparon con la figura destacada y poliédrica del ex rector de la UB, Pere Bosch Gimpera, intelectual y político de primera línea que desarrolló su trabajo en Cataluña desde el 1915 hasta el 1939. Entre los papeles de su principal discípulo, Lluís Pericot, había una serie de documentos referentes al crucero, hecho que incitó la investigación desarrollada durante dos años en dos frentes: el minucioso análisis archivístico y la recuperación de la voz y del testimonio de los migrantes supervivientes.
El crucero de 1933 es un episodio poco conocido de la intelectualidad y cultura republicanas, una percepción que los autores se proponen cambiar mediante la publicación del libro. «Todo es increíblemente metafórico en este viaje. Desde la misma historia del barco, hasta las biografías de los personajes», señala Gracia. En efecto, los ocho años de vida del Ciudad de Cádiz fueron convulsos: botado durante la monarquía como Infanta Cristina, en el 1933 hospedó el viaje universitario, mientras Lluís Companys era ministro de Marina, y un año más tarde se convirtió en barco prisión en Barcelona. Una vez iniciada la guerra, actuó como transporte de tropas republicanas para la fracasada expedición a Mallorca, y acabó hundido en los Dardanelos, torpedeado por un submarino alemán.
El viaje del Ciudad de Cádiz se debe inscribir en la política educativa del bienio azañista, con el ministro de Instrucción Pública Fernando de los Ríos intentando modernizar la universidad española, atrasada y anacrónica. Es en este marco que se debe entender, por un lado, la dotación de nuevos estatutos a la Universidad Central de Madrid y Universidad de Barcelona, y por el otro, la potenciación de estancias en el extranjero de los estudiantes. Así pues, el crucero fue concebido como un viaje de estudios por los escenarios fundamentales de la cultura clásica: Tunicia, Malta, Egipto, el Próximo Oriente, Creta, Rodas, Turquía, Grecia, Italia y Mallorca. Un total de 180 pasajeros, entre los cuales había tanto estudiantes de clases acomodadas, como menestrales y trabajadores; tanto viejos catedráticos, como por ejemplo Gómez Moreno, Obermayer o Garcia Morente, como jóvenes profesores, como por ejemplo Garcia Bellido o el propio Pericot. Un puente interclasista entre la antigüedad y la modernidad.
La calidad y el efecto crisol de este crucero se percibe echando un vistazo a la nómina de los participantes, por aquel entonces jóvenes estudiantes: el arquitecto Chueca Goitia, el filólogo Antonio Tovar, los arqueólogos Jordi Maluquer de Motes y Mercè Montañola (esposa del recientemente desaparecido Pere de Palol), el historiador Jaume Vicens Vives, los escritores Guillem Díaz-Plaja y Salvador Espriu (que acababa de ganar una beca para completar su formación como egiptólogo), el poeta Bartomeu Rosselló-Pòrcel, el filósofo Julián Marías…
Las anécdotas y vicisitudes del viaje (entre junio y agosto de 1933) «dan para una película», en palabras de Fullola. «El episodio de Nápoles parece extraído del Rick’s Cafe de Casablanca, con los expedicionarios acallando los cánticos fascistas con el himno de Riego; o la visita clandestina que hicieron algunos a Trotsky, desterrado en una isla frente a Estambul; o la berlanguiana visita a Beirut, con el cónsul y las autoridades españolas expectantes en el puerto mientras el Ciudad de Cádiz, debido a problemas logísticos, estaba atracando... ¡en El Cairo!».
Pero no todo fueron aventuras. A pesar de que el sentimiento mayoritario entre los expedicionarios era republicano, Fullola y Gracia van descubriendo a lo largo del libro a los personajes que en esta época ya sintonizaban con las actitudes ideológicas y políticas que causarían la guerra tres años después. En este sentido, se hace referencia a la traición de la que fue objeto Julián Marías después de la guerra por parte de su mejor amigo y de un profesor de arqueología, ambos compañeros de crucero, hecho que le costó una pena de muerte y años de prisión, y que, mucho tiempo después, fue utilizado por su hijo Javier en la novela Fiebre y lanza (2002).
El libro incluye, para finalizar, los diarios de viaje inéditos de Gregorio Marañón Moya, de Jaume Vicens Vives y de Esmeralda Gijón Zapata. El diario de Marañón es un relato meramente descriptivo de los lugares y hechos; pero, en cambio, el de Vicens se inscribe en la corriente novecentista, en busca de los orígenes clásicos griegos de Cataluña, y el de Gijón —que con los años se convirtió en un arabista eminente, desaparecido trágicamente en Teherán en los años sesenta— prioriza la descripción embelesada de todo lo que visita.
El crucero de 1933, concluyen Fullola y Gracia, es «el origen de lo que pudo haber sido y no fue, y de lo que, desgraciadamente, acabó siendo».
Adjuntamos un pdf con la portada del libro y las primeras 28 páginas. |