La exposición documental «Joan Hernández Pijuan. Art i Docència» situaba los perfiles docente, institucional y artístico de quien fue catedrático y pintor mediante fotografías, documentos de prensa, catálogos, material audiovisual, cuadernos de notas y galardones. Las personas interesadas en conocer más de cerca su obra, pudieron visitar la sala Ramón y Cajal el día del homenaje, donde está situado el plafón mural del techo que le encargó la UB en el año 1993.
Joan Hernández Pijuan (1931-2005) cursó estudios artísticos en la Escuela Superior de Diseño y de Arte Llotja, entre 1945 y 1947, y más tarde estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes de Sant Jordi, de 1952 a 1956. Se trasladó a París en 1957 para perfeccionar su formación, donde cursó grabado y litografía en la École de Beaux-Arts. En 1976 fue contratado como docente en la Escuela Superior de Bellas Artes de Sant Jordi para impulsar la transición de la institución hacia facultad de la UB. En 1989 obtuvo la plaza de catedrático de Pintura de la Facultad Bellas Artes de la Universidad de Barcelona, en la que fue nombrado decano en 1992, cargo que ejerció hasta el mes de mayo de 1998. Desde este puesto, Joan Hernández Pijuan contribuyó a modernizar y normalizar el estudio de las artes en el seno de la institución universitaria, y abrió la Facultad al mundo cultural organizando actos y seminarios con teóricos y artistas de renombre. Como docente, introdujo nuevos modelos pedagógicos basados en la exigencia respecto a la profesionalización del alumnado y en la importancia del trabajo en equipos docentes. Su trabajo dejó huella en las aulas taller de la Facultad y, como consecuencia, ejerció una gran influencia en las nuevas generaciones de artistas catalanes.
Su obra pictórica ha sido reconocida en numerosas ocasiones en el ámbito estatal e internacional. Entre los reconocimientos más importantes destacan el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1981, la Cruz de San Jorge de la Generalitat de Cataluña en 1985, el Premio Ciudad de Barcelona de Artes Plásticas y el Premio Nacional de Arte Gráfico por su trabajo como grabador, ambos otorgados en el año 2004, además de otros galardones en París, Cracovia o Zagreb. Joan Hernández Pijuan expuso en museos e instituciones artísticas de todo el mundo y, en el año 2003, el MACBA acogió su última retrospectiva bajo el título «Tornant a un lloc conegut, 1972-2002».
La pintura de Pijuan se caracteriza en todo momento por una rigurosa unidad espacial del cuadro; una pintura en la que el propio espacio pictórico se convirtió durante cincuenta años en el tema esencial. Sus espacios tensados monocromos sobrios, compactos y exultantes de luz-color se ofrecen al espectador como pinturas de plena significación naturalista que han encontrado una forma radical para ser traducidos a la abstracción, con un sentimiento de tinta plana y de superficies de color superpuestas que el artista reconocía haber extraído de su experiencia como grabador.
El artista comentaba, refiriéndose a sus experiencias espaciales en la Noguera leridana que a menudo frecuentaba, que «cuando el paisaje se te ha vuelto familiar te das cuenta de cosas importantes: el cambio de color de una flor insignificante, la curva de un vuelo de pájaro que nos ayuda a describir el espacio, el árbol que un día es una mancha, una simple mancha verde, y otro, una acotación visual... Así consigues ver el color dentro de los colores o los colores dentro del color». Pijuan no confiaba en una pintura de ideas y de razón, sino en una pintura surgida de una atenta observación sensorial tamizada después por las horas de taller, como él decía, «hasta que el cuadro acaba convirtiéndose de nuevo en paisaje».
Coincidiendo con este acto, se publicó el número 11 de la colección de Les Arts i els Artistes, dedicado al artista (que fue el iniciador de esta línea editorial durante su etapa como decano). El libro Joan Hernández Pijuan. Homenatge, coordinado por el Vicedecanato de Cultura de la Facultad de Bellas Artes y que será editado por el Servicio de Publicaciones de la UB, recopila textos dedicados a glosar su figura —institucional y artística— y reúne varios textos escritos por él, como el discurso de la lección inaugural del curso académico 1994-95, que pronunció en el Paraninfo de la UB, en octubre de 1994, además de textos sobre otros artistas y pensadores, y sobre el arte en general, que dejan constancia de su ideario personal.
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