Lo que aquí se presenta no es sino un pálido reflejo del discurso que desarrolló la cartografía "occidental" en el momento crucial en que la sociedad europea dice descubrir el resto del mundo.
Por supuesto en esta exposición se mostrarán algunos de los ejemplos más espectaculares, pero no por ello únicos, y que además entroncan con el discurso textual de cronistas, conquistadores, viajeros, y, de modo evidente o solapado, con el discurso oficial de las monarquías europeas en sus intereses coloniales particulares.
La concepción del mapa como resumen veraz de la realidad geográfica constituye habitualmente uno de los prejuicios incuestionables que sostenemos la mayoría de las personas de modo inconsciente. En el mejor de los casos, para esos documentos, se suele aducir el componente artístico, como decoración embellecedora, que ensalza el mapa al nivel del arte, y algunos realistas pueden llegar a alegar el imaginario del periodo, o las ficciones supuestamente reales de la época, la aceptación del mito como real.
Me considero en condiciones de aducir que existe un firme discurso político legitimador en cualquier mapa, dejando la lectura de otros periodos para quien quiera o posteriores investigaciones; discurso impresionante y claramente intencional que, pienso, alcanza su paroxismo en el periodo renacentista y los entornos americano y africano, donde los nacientes estados modernos europeos disputan por el dominio de cada espacio, muchas veces simplemente como coto privado o posesión nominal que ya se encargarán en el futuro de explotar.
Y la expresión "explotar" no constituye una simple expresión alegórica si no que se me presenta, a la luz de los documentos que utilizo, como el único objetivo perseguido, y ya prefigurado en la imagen del espacio y las personas que divulgan aún antes del contacto, no ya ni del pretendido "descubrimiento" ni del intento de conquista.
Esa es mi opinión, digan lo que digan los apologetas hispanistas, que aún hoy dominan el discurso más extendido por su control de los medios de difusión y el soporte que les brindan "lo aprendido de niños" y las necesidades de legitimación en el pasado de estados, instituciones o muchos otros elementos que gracias a ese discurso se ahorran elaborar dificultosas justificaciones cuando no dar compensaciones, ni que sea morales, a aquellas víctimas que dicen lo fueron por su propio bien (para darles lengua y religión, cosas que hoy todavía retumban aunque parezca inverosimil) o ignorancia supina, que les llevó a no entender lo bueno de los cambios que se les proponían y a algunos aún proponen en la actualidad; discurso éste que se podría aplicar también al común de europeos del XIX o el 1er. tercio del XX.
Pero dejemos mis observaciones y pasemos a contemplar los mapas que es en lo que estamos, en mostrárselos, y ustedes mismos opinen, y si les place participen en el debate que al final les planteamos.
Por otra parte pueden encontrar información y documentación adicional en el artículo que existe en este entorno, y pronto espero depositar otros artículos ya publicados en papel, que refuercen las teorías que aquí, por no ser el espacio adecuado, no se argumentan lo suficiente.
A la "Reconquista" del "Nuevo Mundo".
Así podríamos definir un cierto discurso que sostendría la apostasía y renuncia consciente a Cristo, que tampoco me parece gran pecado, (en cualquier caso, si existe, él debe ser el juez, no sus creyentes), de los "nativos". Hecho que justificaría su "civilización", como necesidad pedagógica. Y, no nos engañemos, la civilización no es más que un burdo trasunto afinado de la evangelización de entonces, casi no se diferencian en nada si miramos el fondo: hoy decimos dar cultura y antes se añadía dios al potage al que convidaba Europa.
Indios barbados.
Resulta sorprendente el conocimiento que del aborigen americano se establece desde tempranísimos contactos, a veces incluso antes, como son capaces de demostrarnos los cartógrafos con su omnipresencia. Se entenderá su idioma, y en eso lo mismo da Colón que Cartier o cualquier otro; se entenderán sus costumbres, sobre todo las peores, porque ya se sabe como son en todos los planos. Aquí entroncan estas grafías cartográficas, tan espectaculares como venenosas .
Otros caníbales.
El discurso del canibal se masificará en la zona brasileña y el interior de "Venezuela". Aunque aparecerá como elemento aplicable a grupos concretos resistentes en otras zonas que hoy no veremos, ya simplemente como antropófagos (Asia, Africa, "Norte" de México).
Lo impactante de esas afirmaciones es que, como ya hemos visto en el apartado anterior, se fraguan en un conocimiento nulo de cualquier tipo, y de forma absolutamente temprana.
Monstruos semihumanos.
Los monstruos semihumanos, al igual que otras representaciones de pueblos bárbaros, bien sea a través de mitos como las Amazonas, de representaciones gráficas vinculadas a la iconografía medieval, de toponimias o de descripciones textuales en las cartas... no dejan de ser todo un discurso diferenciador, los más de los casos demonizador y en cualquier caso desacreditador, que pretende justificar la acción europea en aras a evangelizar y "dar cultura" a gentes que según el conquistador no la tienen, no la pueden tener para que su acción sea "legítima" y no un crimen contra un pueblo... Por supuesto la no aceptación de la dominación implicará poder esclavizar o eliminar al resistente que se empecina en persistir en prácticas "horrendas".
Esos discursos, muy vinculados a la legislación medieval sobre "Guerra justa" y al debate entre conquista o evangelización pacífica, serán imprescindibles dadas las primeras noticias de Colón y determinados mensajes pontificios... Pero de un uso global pasarán a formar parte de las cartografías de las monarquías sin tierras para evadir conflictos directos con "España" y "Portugal". Eso permite sostener que no se lucha contra europeos sino que se intenta llevar la labor "evangelizadora" a lugares donde los imperios no han llegado. Así se podrá poner en práctica una combinación de "guerra justa" y "cruzada" en tierras que podrían reclamar "españoles" o "portugueses" de otro modo.
La falacia urbana
La simple denigración del nativo en todo el mundo no implicaba sino la potencialidad de una conquista más o menos legitimada de cara a poderes similares a los que emitían esos discursos. Sin embargo esa realidad inicial debía desaparecer o reducirse a pequeños y demoníacos reductos si de lo que se trataba era de afirmar ya una presencia física. Por supuesto esa presencia debía ser eliminada si el espacio ya había sido efectivamente ocupado, y así, para "España" y "Portugal" no tardó en minimizarse pues ya eran buenos súbditos aquellos nativos... El discurso pasaba así a las monarquías sin colonias.
A partir de ahí el aborigen empieza a invisibilizarse, poco a poco hasta el siglo XVIII, en que prácticamente desaparece, y la ocupación de la tierra empieza a acreditarse. Como los estandartes no son suficiente se recurre a una especie de retícula urbana, absolutamente ficticia, que pretende demostrar la realidad de la ocupación a costa de omitir, de forma nominal o aún peor, por destrucción, de toda realidad autóctona. El segundo caso sería espectacular en Tenochtitlan, donde se destruye todo para reconstruirlo sobre la misma estructura urbana: absolutamente idéntica en los edificios simbólicos.
La nueva red urbana pergueña grandes ciudades donde hay "cuatro barracas" y omite o renombra cualquier otra realidad. Ya dimos un enlace a un comentario más amplio que aquí repetimos. El espacio más espectacular durante el siglo XVI fue todo el espacio africano a manos portuguesas, pero no el único.
Estandartes de soberanía ficticia
El recurso primario, ya habitual en los portulanos medievales, para afirmar una soberanía en un territorio pasaba por la heráldica. Así los estandartes y escudos proliferaqn en los mapas en los lugares más inverosímiles, incluso como reclamación de un derecho aún no puesto en práctica. El despliegue es tan brutal que, como decíamos hace unas imágenes, empezó a perder fuerza. Los escudos, orlando mapas no parecían acreditar mucho más, pero no por ello fueron sustituidos sino reforzados con otros elementos.
La espectacularidad llegó a tales extremos que China o Japón estaban supuestamente ocupados por europeos, pero esa misma ficción es la que rige la supuesta construcción territorial de los Estados Unidos. Pero volviendo al tema central veamos algunos ejemplos espectaculares.
Por supuesto, hemos ido viendo en otros mapas esta misma situación y la continuaremos viendo, pues los elementos no se dan aislados en cada mapa, sino que se combinan en un auténtico discurso multimedial.
Hasta la naturaleza está corrupta en el sur y el "extremo occidente"
El discurso cartográfico, alejado de la supuesta fiabilidad científica, llegó en sus recreaciones fantásticas a demonizar la Naturaleza, ese medio que desconocía y temía el europeo en su hambriento asalto cuando no le daba beneficio inmediato.
Ya hemos visto cabras con colmillos, en el Piri Reis, ratas del tamaño de osos, y no me vengan con chigüires, en las obras de Treschel y Waldseemüller, y ahora veremos algún otro ejemplo, en absoluto aislado, de lo mismo. No puedo afirmar si la rivalidad de la élite occidental con la Naturaleza estaba ya constituida discursivamente, pero con certeza parece que quien viviese en esos ambientes no podía de ningún modo sustraerse a su infame influjo.
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