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Miquel Izard
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El culpable de las definiciones de este primer esbozo de léxico, está desasosegado por la realidad cotidiana de este fin de milenio, para él prueba fehaciente de que el sistema ya se ha desenmascarado del todo, de que la utopía liberal ha evidenciado sus enteras limitaciones, de que como dicen en mi tierra el mundo no voltea redondo.
Podría y quiero pormenorizar algún caso de una ristra que, por desgracia, es interminable: Mario García Aldonate (...Y resultaron humanos. Fin de las culturas nativas en territorio argentino, Madrid, 1994, Cia. Literaria, 216) denuncia que soldados que tomaron parte, a principios del siglo 20 en la solución de la cuestión india en Argentina, los asesinaban y vendían sus pieles en Buenos Aires para encuadernar libros; más de una biblioteca tenía muchos volúmenes de este tipo.
De la masacre de Qana (18/04/96), un campo de refugiados de la ONU donde murieron 102 civiles palestinos, los responsables de Israel dijeron que se debió a un error de sus mapas militares.
Rosa Montero ("Elemental", El País, 22/04/97) mentaba soldados belgas del Batallón de la Esperanza torturando chiquillos somalíes, canadienses martirizando hasta la muerte un adolescente e italianos violando niñas en Mozambique. Y uno puede preguntarse qué hicieron los soldados de la conquista de América.
"Cinco millones de niños [y otros tantos adultos] mueren al año por escasez o insalubridad del agua. Cada español consume 300 litros al día y los países pobres menos de cinco". O "35.000 niños mueren cada día por causas evitables, según Unicef". O ciento veinte millones, de 5 a 14 años, trabajan largas jornadas en condiciones arriesgadas, insalubres e infrahumanas, según OIT (El País, 1 y 17/12/97 y 9/01/98).
Y en una jornada, el vocero del gobierno armó, como acostumbra, una de sus cotidianas algarabías, mientras el fiscal mayor del reino decía, hablando de las dictaduras argentina y chilena tras reconocer que hubo "aniquilamiento sistemático de sectores de población", mediante asesinatos, secuestros, torturas y desapariciones ordenados por sus Juntas, creer que estos hechos no pueden ser considerados ni genocidio ni terrorismo, pues "Es discutible que las Fuerzas Armadas Argentinas o Chilenas en un todo puedan ser consideradas como una banda armada; y en cuanto a que la finalidad del exterminio de la disidencia política fuera la subversión del orden constitucional, no cabe olvidar que las Juntas Militares no pretendían sino la sustitución temporal del orden constitucional establecido, mediante acta institucional que tenía por objeto, precisamente, subsanar las insuficiencias de que ese orden constitucional adolecía para mantener la paz pública" (El País, 11/12/97).
Exabrupto que podría contrastarse con alguna obra de creación, Andamios de Mario Benedetti, por citar sólo una, que sin acritud ni ensañamiento, recuerda violaciones y atrocidades perpetradas por los milicos uruguayos.
En otra sola fecha dos nuevas noticias bien emblemáticas, "Grupos paramilitares asesinan a 45 indígenas en una aldea de Chiapas", para mayor ignominia el grupo asesino se autoproclama "Paz y Justicia" y "La esperanza de vida de los indios de EE UU es 55 años [debido al alcohol]" (El País, 24/12/97).
* * *
Quiero dejar constancia de que mis aportaciones son discutibles, en todas las acepciones del término; si algo tengo claro es que puedo andar errado y agradeceré puntualizaciones o discrepancias de lectores que, sin duda alguna, ayudarán a clarificarme. Para decirlo con menos palabras, estas notas, como casi todo en esta vida, son aproximadas, efímeras, provisionales, relativas y transitorias.
Joan Fuster, siempre tan cáustico, citaba (Serra d'Or, juliol 1973) una frase lapidaria del matemático, astrónomo y filósofo de la ciencia francés Henri Poincaré (1854-1912), "La géometrie n'est pas vraie: elle est avantageuse"; lo que, mutatis mutandi, también puede aplicarse a la historia, pero deberíamos preguntarnos a quién aventaja y me temo que sé la respuesta, al sistema o al poder, que es lo mismo.
Sobresalientes, notables, aprobados y no presentados
Porque la historia sirve a quien sirve sólo se ocupa de dirigentes, reyes y gobernantes, caudillos y generales, popes y papas o banqueros, fabricantes y otros explotadores, son los sobresalientes; por supuesto, y así mismo, de sus correveidiles, mayordomos o lacayos, ministros, oficiales, burócratas, intelectuales, más o menos orgánicos, capataces, son los notables y de las masas que les siguen, acompañan, obedecen, apoyan y aclaman, son los aprobados.
No figuran en el elenco mujeres, niños o ancianos; nativos, negros o cimarrones en crónicas de América; llaneros de la contienda federal venezolana; ácratas de la guerra, mal llamada civil, española y un tan largo etcétera que sería el cuento de nunca acabar.
Todavía otro apercibimiento antes de hilvanar. Diría que podemos exigir un empleo propio del léxico. Propongo algún caso más allá pero, desde ya, quiero enfatizar que me desasosiega y me parece arbitrario e improcedente llamar anarquía al caos o desorden, cultas a concretas personas, lo que implicaría que los demás son incultos, o sea no tienen cultura, cuando ésta es peculiaridad que posee toda la gente; a aquéllos se les suele también tildar de clase alta, suponiendo que los otros son de clase baja y este adjetivo tiene sabidas connotaciones (pasiones o barrios); no es infrecuente designarles también acomodados y entonces los opuestos serían incómodos (ya me parecería cabal) o, para mí peor aún, se les puede bautizar de élite (en mi diccionario Salvat, "Minoría social que se distingue por sus altas capacidades en sus respectivos campos o que ocupa lugares de poder"), y digo peor por ser denominados así los cuerpos de policía o del ejército que mejor masacran.
Un caso más para acabar; a raíz del centenario se bombardeará al público mentando la pérdida de las colonias, cuando la inmensa mayoría de los españoles no perdieron nada en 1898 y, al contrario, ganaron la posibilidad de dejar de morir, absurdamente, en una guerra o por unas colonias de las que ningún beneficio o ventaja habían conseguido o iban a obtener.
Diccionario
Agresión occidental
Colón, buscando llegar a la India, dio con unas islas que confundió con el Edén. Pero ya al día siguiente la codicia, que no disimulaban, y su afán, desmesurado, por conseguir la mayor cantidad posible de tesoros supuso recurrir a pillaje, tortura, asesinato y estupro. En la primera fase, ansiaban hallar la vía que permitiera seguir viaje hacia poniente, pero precisaban siervos que sacaran oro de los placeres (debían amortizar el costo de nuevas expediciones) y realizaran tareas agropecuarias para avituallar naves y alimentar los conquistadores. Por ello veían el Caribe y sus alrededores como mera etapa y no se inquietaron ante la evidente mengua de aborígenes. Dilapidados éstos en muy poco tiempo, organizaron razzias en la costa de Tierra Firme para secuestrar nativos y llevarlos al archipiélago, es la que yo llamo fase de esclavización y despilfarro, a poco, vaciada la región, debieron recurrir a la trata y traer africanos. Magnus Morner ha recordado que los primeros esclavos en cruzar el Atlántico fueron indios enviados por Colón a España en 1495.
Encuentros, 1519, con el mundo azteca y, 1530, con el Tawantisuyu, implicaron cambio radical en la empresa. Los castellanos intuyeron importantes yacimientos de plata (dado el valor de los tesoros acumulados) en el interior o vecindad de estados con una densidad muy notable y dejaron de explorar para dar con un paso marítimo y hacer fortuna en Asia, habían encontrado sus Indias en el Nuevo Mundo. Usarían súbditos de los reinos conquistados como mano de obra forzada en la minería de la plata, actividad no primordial pero central (todas las demás girarían a su alrededor) y el afán de conseguir el mayor lucro posible implicó intentos de incrementar compulsivamente productividad y consumo, mediante los corregidores, pongo por caso, que obligaban a los nativos a adquirir lo que no necesitaban o a participar, contra su voluntad, en el reparto de hilazas.
La colonización desarraigó a la vez millones de africanos, para que los pocos sobrevivientes trabajasen como esclavos en plantaciones o minas, y supuso el exterminio, por fortuna a largo plazo, de gentes de las naciones autosuficientes, pues habían mostrado su total rechazo a devenir siervos. El cariz de la agresión implicó incluso que más de un conquistador decidiera refugiarse o quedarse entre los indígenas, es conocido que en el Yucatán, Jerónimo de Aguilar trató de convencer a Guerrero para que regresase con él, pero este hombre de armas había hallado su lugar en el mundo entre los mayas.
La segunda fase, iniciada en 1519, implicó controlar los pocos estados excedentarios y sus periferias y asentamientos, castellanos o no, sobre algunas costas, en total poco más del 10% del Continente. Los Estados Unidos de América del Norte ocupaban, en 1776, apenas un 14% de su territorio actual.
La tercera fase, la de la segunda conquista y la apropiación de los territorios que los blancos llamaban desiertos, poniendo en evidencia hasta dónde llegaba su menosprecio por los indígenas a los que tenían por inexistentes, se inició hacia 1849, consecuencia del hallazgo de oro en California y culminó hacia 1890 con la conquista del sur del sur, el territorio Mapuche, actual Chile austral y Pampa y la del Oeste de los actuales Estados Unidos. La cuarta etapa, inmolación de los últimos paraísos, se inició hacia 1890, con el saqueo de la Amazonia y está concluyendo, en la actualidad, de forma dramática para todos.
Castilla, con experiencia acumulada tras conquistar al Andalus, Canarias o Magreb, convirtió las Indias en campo de concentración, en laboratorio para ensayar incrementos compulsivos de productividad y consumo, perfeccionando un complejo aparato represivo basado en violencia sexual, física, ideológica o cultural, racismo embrutecedor (perjudicaba a las víctimas pero, a la vez, degradaba a los ejecutores), mitificación del pasado, menosprecio por la cultura de los otros y total incapacidad para entender el funcionamiento de sociedades distintas.
Cualquier estado conquistador engendra una ideología justificando y sacralizando su actuación, lo que denomino Leyenda apologética y legitimadora (¬> Lal)
Canallada
Uso y abuso de canes, mastines en concreto, como fieras bélicas, verdugos y torturadores fue peculiaridad dantesca y aberrante de la conquista o agresión castellana a las Indias. Cfr. Rafael Sánchez Ferlosio, Esas Yndias equivocadas y malditas, Barcelona, 1994, Destino, 70-75.
Capitalismo
Sistema social basado, en esencia, en convertir a la gente en productores de excedentes y consumidores de sopotocientos bártulos totalmente prescindibles. Es característica primordial del mismo el colosal abismo entre aquéllo de lo que alardea y la realidad: se jacta de libertad y jamás, en el pasado, hubo una época tan despótica y alienada; presume de igualdad y es enorme y sin cesar creciente la desproporción entre quienes acumulan riquezas y poder y desvalidos y desamparados; presume de fraternidad y ha erigido un mundo basado en el egoismo, la mezquindad y la insolidaridad; se llena la boca mentando el progreso y se retrocede en todos los terrenos; se propasa hablando de paz y la violencia domina las relaciones entre la gente o los estados y señorea los medios de comunicación de masas; se vanagloria de seguridad y se ha creado un ámbito cada vez más vulnerable, incapaz de parar el derroche suicida del entorno, inerme ante nuevas enfermedades, inepto para prevenir demoledores temblores financieros.
Cimarrón
Quien escapaba de la pequeña parte de América controlada por los occidentales. En la primera etapa de la agresión predominaron nativos, pero pronto fueron más los africanos negándose a ser esclavos, también fue notable la huida de mestizos y mulatos, así como la de blancos.
Creación
Gerald Brenan rechazando la oferta de Oxford, para escribir la voz España en uno de sus manuales, enfatizó "No se puede llegar a la verdad escribiendo historia; sólo los novelistas lo consiguen". García Márquez no es por supuesto historiador pero la lectura de sus obras proporciona un útil bagaje que facilitará captar un pasado, una realidad y unos ambientes que a los europeos se nos escapan por habernos divorciado ya en exceso de la vida y la naturaleza. Lo mismo se puede decir de Alejo Carpentier que, lejos del academicismo, brinda claves para comprender y entender el mundo caribeño de finales del siglo 18 o del 19. Para ello no sirve la HO (¬>), pues es total la discordancia entre ella y pretérito, así como entre HO y la memoria que la gente conserva de lo ocurrido, lo que ayudaría a entender su desprestigio pues es visualizada como uno de los rostros, conocidos, de la represión.
Desde hace tres décadas, desde que me dejé cautivar por América, a raíz de mi primer viaje a Venezuela, no deja de crecer mi perplejidad ante el abismal desencuentro entre realidad y engendro académico: me atrevo a sostener que una considerable cantidad de las publicaciones vendidas como históricas nada tienen que ver con lo ocurrido. Caso emblemático es la mayoría de lo impreso sobre el período llamado de la independencia; en 1963 Chaunu señalando que en diez años más del 30% de la producción bibliográfica latinoamericana estaba consagrada a este corto período, añadía, "Cuando una historiografía presenta tal exceso, que ninguna razón documental justifica, el hecho deja de ser pintoresco para convertirse en significativo", ("Interprétation de l'indépendance de l'Amérique Latine", Bulletin de la Faculté des Lettres de Strassbourg, III[1963], 5-23. Cito por traducción castellana, VVAA, La independencia de América Latina, Buenos Aires, 1973, Nueva Visión, 11). También es paradigmática buena parte de la obra de americanistas hispánicos; no cesa su perseverancia, digna de mejor causa, intentando justificar agresión y conquista, abusando de los mismos panfletos que se pergeñaron para escamotear, precisamente, homicidio y etnocidio.
Al contrario también me sorprenden veracidad y utilidad de varias obras de creación; no pretenden pasar por ensayos descriptivos pero dan cantidad de datos sobre el nuevo continente y con pocas pinceladas, nos pueden brindar una imagen de un ámbito y una realidad, mágicos, difíciles de aprehender.
Sería prolijo extenderse sobre el tema y, por encima de todo, en absoluto soy persona idónea, pero quiero aludir a algunos casos bien ejemplares. En primer lugar debería recordarse la producción aborigen; de quienes ya estaban allí en 1492; de la inmensa mayoría de naciones autosuficientes, vinculadas a una literatura oral, no quedó ni el menor rastro, sólo algunos especímenes, bien raros, recogidos recientemente por antropólogos o similares. Al contrario, en estados excedentarios fue considerable lo que se conservaba, a través de escrituras distintas, pero o no se quisieron descifrar en el momento de la invasión, habría sido bien fácil o, peor, misioneros y militares se dedicaron de forma sistemática, como el cardenal Cisneros había perpetrado en Granada, a destruir archivos y bibliotecas. Ya hace años León Portilla inició loable y meritoria labor de rescatar relatos de los vencidos. Podría mentar luego algunas, contadas, crónicas de los conquistadores, quizás, las de Cabeza de Vaca y alguno de los tratados de misioneros, Bernardino de Sahagún, las Casas y no gran cosa más. A finales del período llamado colonial el Nuevo Continente fue surcado por viajeros o burócratas ilustrados que dejaron notable cantidad de informes, diarios y notas.
Hay excepciones que, cómo no, confirmarían la regla, pero hasta mediado nuestro siglo no aparecerá esta literatura latinoamericana, por calidad y cantidad impactante y sorprendente en un ámbito en el que contadas personas estaban vinculadas a la galaxia Gutenberg, de la que más tarde incluso se mencionó un boom. Quiero insistir, no tengo Cien años de soledad por una historia de Colombia, pero tras su lectura y la de otras obras de García Márquez, uno está mucho más capacitado para atrapar la realidad de aquel país y las claves de su pasado, lo que jamás ocurrirá tras leer tanto mamotreto indigesto, la tan farragosa historia extensa de la Academia de la Historia, para citar una. Colombia tiene, por supuesto, excelentes historiadores, citar alguno es arriesgado, por los olvidos, pero no quiero continuar sin mencionar de forma expresa al malogrado Germán Colmenares o a Jorge Orlando Melo.
Un listado completo sería una pesadilla y, porfío, ni puedo ni debo hacerlo, pero deseo clarificar mi opinión con algún caso, La vorágine, de José Estasio Rivera, deja entender el funcionamiento de las economías atroces, en este caso la del caucho; Hijo del hombre, de Roa Bastos, y otras obras suyas facilitan el acercamiento al pasado del Paraguay; y novelas de José León Tapia son piezas claves e ineludibles para asir y entender la realidad de la compleja sociedad llanera.
El pakistaní Tariq Alí bosqueja de forma soberbia la conquista del reino nazarí en A la sombra del granado, así como felonías y engaños de los cristianos. Asimismo, al finalizar la obra, urde que sea Hernán Cortés el oficial que detiene a la erudita familia protagonista de la obra. Abel Pose, Los perros del Paraíso, detalla en clave de humor infamias y absurdidades de la conquista, Marcos Aguinis, La gesta del marrano, reseña el papel de judíos e inquisición en el Perú. El chileno Alejandro Jodorowsky, Donde mejor canta un pájaro, informa, de paso, sobre los reyes, bien llamados, católicos, la expulsión de sefardís, el trato recibido por inmigrantes en Chile o Argentina, las condiciones de vida y trabajo en minas y salitreras de aquél o la masacre de Santa María de Iquique.
José María Arguedas, Los ríos profundos o El zorro de arriba y el zorro de abajo, describe la realidad peruana coetánea, Asturias, la centroamericana, Icaza, Huasipungo, la ecuatoriana, Iberbengoitia la mexicana, mientras Carlos Fuentes, Gringo viejo, realiza diáfano retablo de su revolución; Martin Fierro de Hernández, Don Segundo Sombra de Güiraldes o Caballo en el salitral de Antonio di Benedetto, brindan páginas entrañables sobre el ámbito gauchesco, los cuentos de José Luis González son imprescindibles para entender la vida puertorriqueña en New York, Isabel Allende ha escrito páginas esclarecedoras sobre los militares chilenos y David Viñas, Hombres de a caballo, sobre los argentinos, el malogrado Scorza, Redoble por Rancas y muchas más, entendió y ayudó a descifrar el complejo ámbito de la nueva insurgencia peruana, Sepúlveda, Mundo del fin del mundo o Patagonia Express, ha tenido coraje suficiente para denunciar ecocidio, etnocidio y otras atrocidades del sistema y last but not least el amigo Galeano, ha zanjado el dilema de tantos creadores en nuestra época, confusa e incoherente, deviniendo memoria de los que tienen voz pero no son escuchados.
En párrafos anteriores sólo he mencionado escritores y el abanico es, por supuesto, mucho mayor de incluir creadores de otros sectores. Quisiera empezar evocando, expresamente, una película, La historia oficial de Luis Puenzo, que con pocas imágenes explica y denuncia la dictadura argentina y su trama civil. La Patagonia rebelde de Hector Olivera, basada en el ensayo de Bayer resume condiciones de vida y trabajo de inmigrantes europeos en el sur argentino, dando una visión antagónica del encomio oficial sobre la emigración contemporánea al Nuevo Continente, presentándola como resultado de la voluntariedad de unas personas que decidieron, sin que se vieran forzadas a ello, cruzar el charco pues deseaban triunfar y prosperar y lo conseguían todos los que trabajaban bien duro y ahorraban sus ganancias. Tendría La última cena, de Gutiérrez Alea, por soberbia descripción del ámbito de las plantaciones esclavistas y este director nos maravilló con películas más recientes criticando sin acritud la situación en Cuba ahora; Viva Zapata de Kazan, por reportaje veraz y esencial para entender la revolución mexicana, lo que logró así mismo una película, para mí injustamente valorada, Antonieta, de Carlos Saura. La cantata de Santa María de Iquique, de los Quilapayún, cuenta, deleitando, espeluznantes sucesos ocurridos en el Norte Grande, en la extracción de salitre, al inicio de este siglo, que no mentan, o apenas lo hacen, historiadores, lo que también es comprensible gracias a otra película, Las actas de Marusia de Littin. La lista debería incluir también cientos de poesías, para recitar o cantar, que han denunciado lo que los académicos callan, rebosando sabia prudencia, así como miles de tonadas populares, más que centenarias muchas de ellas, recogidas por etnólogos, que informan sobre moral y costumbres, juegos y actividades, luchas y creencias.
A otro nivel deberían mencionarse los pintores; murales de Diego Rivera muy informativos, al contrario de lo que ocurre con la pintura histórica venezolana.
Cultura
Hago mía la definición del amigo y profesor Mariano Herrera: "Todo lo que los pueblos o naciones han imaginado, creado, aprendido o construido para adaptarse y vivir en un medio natural concreto (bajo unas circunstancias históricas determinadas) y para relacionarse entre ellos" ("Le savoir, la culture et I'éducatif: Les llaneros du Venezuela", tesis doctoral leída en la Université de Paris VIII en diciembre de 1984). O, para decirlo con menos palabras, cultura es todo lo que la gente hace para vivir y relacionarse.
Democracia
Antiquísimo medio para solventar problemas comunes entre las naciones autosuficientes. En asamblea englobando a todos los miembros de la comunidad (los críos tenían voz y voto de no dormirse) se tomaban acuerdos que, necesariamente, debían adoptarse por unanimidad.
Descubrimiento
¬>Tropiezo
Esclavización
La cuestión ha sido estudiada por Silvio Zavala, en obra aplastante, mencionándola en los primeros cincuenta años de conquista, así como el incumplimiento de leyes devolviéndoles la libertad y el cautiverio de gentes de naciones de la frontera norte. Aporta cantidad impactante de información, imposible de sintetizar aquí, pero menciona que Nuño de Guzmán, unos de los más connotados cazadores, fue acusado "de haber hecho esclavos en guerra y fuera de ella, mandando herrar hasta a los niños de pecho, y haber sacado de Pánuco más de 4 000 esclavos sin orden de su majestad" ( Los esclavos indios en Nueva España, México, 1968, El Colegio Nacional).
Hace años Jara pormenorizó el caso chileno, la organización por sistema de malocas, captura, incluso por parte de religiosos, de nativos pacíficos o belicosos, en especial mujeres y niños, para venderlos, en Perú; abuso que provocó impactante revuelta, 1599, utilizada como justificante para nuevos atropellos y su legalización (Guerra y sociedad en Chile, Santiago, 21981 [1ª edic. francesa, 1961], Editorial Universitaria) . Hasta Kirkpatrick, agente de la Lal, menciona el tema, Colón habría prometido a Santángel desde las Azores al volver del primer viaje "oro cuanto overen menester" y "esclavos cuantos mandaran cargar" ( Los conquistadores españoles, Madrid, 7 1960, Espasa-Calpe, 23).
JacquesLafaye es nítido recordando que la mayoría de los nativos se opuso a la conquista y a la evangelización, provocando el engendro de la excusa de la guerra justa y añade, "Es fácil imaginar los abusos a los que habría de dar lugar. A fin de procurarse esclavos, los conquistadores provocaban la resistencia de sus víctimas indígenas, para vencerlos y sojuzgarlos «justamente»" ( Los conquistadores, México, 1970, Siglo XXI, 85). Alejandro García, por su parte, cita la caza de nativos para las minas norteñas de Nueva España y asalto a misiones y reducciones, "hasta tal punto que para la mayor parte de las tribus indias recibir el cristianismo se convirtió en sinónimo de verse reducidos a la esclavitud" ( Civilización y salvajismo en la colonización del «Nuevo Mundo», Murcia, 1986, Universidad, 154).
Estado
Dispositivo gubernamental con el que la clase explotadora, en las sociedades excedentarias, perpetúa una situación injusta recurriendo a la represión encomendada a policías, militares, sacerdotes o maestros.
Evangelización
Romano es tajante, "elle a été à l'égard des Indiens d'Amérique: une forme complémentaire d'agression" ( Les mécanismes de la conquête coloniale: les conquistadores, Paris, 1972, Flammarion, 25).
Excedentarismo
¬> Capitalismo
Historia
Qué és, para qué y a quién aprovecha una ciencia, son preguntas que no suelen hacerse otras disciplinas, ni todos los historiadores. De las respuestas, algunas antagónicas, propongo una primera taxonomía.
Académico-eufóricas. Decía Tucídides que encontrarían útil y de provecho su obra quienes querían saber la verdad de las cosas pasadas y para juzgar y conocer otras que podrán suceder en el futuro; para Carr "la función del historiador no es amar el pasado ni emanciparse de él, sino dominarlo y comprenderlo, como clave para la comprensión del presente".
Contestatario-incrédulas. En ensayo demoledor sobre ambigüedad de la historia, intento de construir comunidades imaginarias e inventar tradiciones o la divergencia entre realidad y discurso canonizante, un instrumento del poder, Michel de Certeau sostiene que aquél, "apela a los antepasados, las genealogías, las figuras «patricias» (usualmente masculinas), los «hechos» seminales, los actos fundacionales y los procesos germinales, en un esfuerzo por generar identidades fuertes, ancladas en lo primigenio". Para Plumb, "historia y pasado no son una misma cosa; el pasado es siempre una ideología forjada con un fin preciso para dominar a otros hombres, para orientar la evolución de una sociedad o para inspirar a una clase. [...] Todos los gobernantes necesitaban una interpretación del pasado en que asentar la legitimidad de su gobierno. [...] El pasado ha sido siempre «la criada para todo» de la autoridad". Más lapidario es Ivan Gaskell: "Por historia entiendo el discurso elaborado por los historiadores y no el «pasado»" y, añadiría, que el cariz del discurso dependerá del quehacer de cada historiador. Luis González es más incisivo "las cuatro maneras de abordar el pasado que hemos visto son un poco ilusorias; las cuatro prometen más de lo que cumplen [...] y la científica, por lo que parece, no va a ser la lámpara de mano que nos permita caminar en la noche del futuro sin mayores tropiezos". También lo son algunos creadores, para Carlos Fuentes, "el comercio de la historia consiste en venderle a la gente un porvenir a cambio del pasado" y para Eduardo Galeano, "a los muertos de hambre, el sistema les niega hasta el alimento de su memoria. Para que no tengan futuro, les roba el pasado". Y decía el obispo de San Salvador Gregorio Rosa Chávez, denunciando otra masacre, "uno no puede aceptar que al mal se le llame bien, que a la mentira se le llame verdad, que a la injusticia se le llame justicia." Ronald Wright encabeza el prólogo de su demoledor ensayo con una cita del escritor inglés Samuel Butler, "Dios no puede alterar el pasado, los historiadores sí." Por supuesto no podemos olvidar el parecer popular, según refrán africano transmitido por el mismo Galeano, "Mientras los leones no escriban historia, los relatos de cacería seguirán narrando, sólo, proezas de los cazadores".
Hay opiniones cínicas, Alvarez Rubiano fue capaz de opinar de Pedrarias, uno de los más sádicos conquistadores castellanos, sobre lo que el mismo aporta mucha información en los apéndices de su tesis, "inició la política [...] de implantar en el Istmo el punto de arranque de la acción de España en América [...]. Dos repúblicas americanas, Panamá y Nicaragua, le reconocen por fundador, venerando aún hoy su nombre como el de un bienhechor a quien deben el haber salido de la oscuridad y barbarie indígenas, para recibir por vez primera la espléndida luz de la civilización española".
Y por último la HO progresista, Alfred Crosby sostiene, "pero la verdad sigue siendo que la biota [fauna y flora] autóctona del Nuevo Mundo ha sido en tiempos históricos inferior a la del Viejo Mundo en cuanto a grandes cuadrúpedos", dicho de otra manera sabe que el toro es superior al bisonte o la oveja a la llama. Mientras el político venezolano José V. Rangel escribió a raíz de la guerra del Golfo,"Soy pacifista [le duele se] recurra a la más vieja práctica de la humanidad: la de la destrucción", lo que es indemostrable pues nadie sabe cómo actuaba la gente hace miles de años; parecer con curiosas concomitancias, el cura Jaime Suriá decía de notarios de la Roma cristiana, "Lástima grande que tales narraciones se hayan perdido en máxima parte por las persecuciones, el tiempo, aedax rerum y la perturbación constante en que vive la humanidad desde la rebeldía del Paraíso".
Bibliografía para el término
Historiador,
Para Hartog, "son funcionarios del olvido", yo añadiría además que, son la voz de su amo o pontífices clónicos.
HO
Iniciales de Historia Oficial ¬> Historia.
Historia postmoderna
Ultimo y mayor mito para legitimar la hegemonía occidental. Otro discurso falso y gastado fomentando colonialismo, etnocentrismo, nacionalismo, racismo o sexismo.
Leyenda apologética y legitimadora (Lal)
Es la superchería perpetrada sobre la conquista de las Indias y tiene algunas peculiaridades: pionera, fue modelo para las que más adelante pergeñarían Gran Bretaña, Francia o Estados Unidos; una sutil variante fue componente primordial del discurso nacionalista de las repúblicas surgidas de la mal llamada independencia latinoamericana, las oligarquías beneficiarias del proceso debían improvisar supuestos antagonismos irreversibles con la Metrópoli, pero precisaban dejar bien sentado que descendían de los colonizadores y no de indios o africanos. Los gobiernos españoles recuperaron la Lal en su intento de neutralizar la crisis interna, más o menos derivada del fiasco del 98, y también el desprestigio internacional, vinculado a las noticias sobre aberraciones de los militares en Cuba (era fácil cotejarlas con lo que se recordaba de la conquista) o a campañas y manifestaciones protestando por el asesinato legal de Ferrer y Guàrdia. Algo después la Lal devino uno de los pilares de la ideología franquista y ha vuelto a eclosionar a raíz del Quinto Centenario. Hace ya años Julio C. Salas decía en la introducción de su documentado trabajo, tras recordar las canalladas consumadas en las Indias, "Por esto nos resultan irrazonables no sólo los apologistas de la conquista española de América, sino también cuantos en el mundo han defendido la conquista armada hecha por cualquier raza y a nombre de cualquier civilización" ( Los indios caribes. Estudio sobre el origen del mito de la antropofagia, Madrid, 1920, Editorial América, 13).
Reiterar el embeleco sin tener en cuenta trabajos denunciando el cariz de la agresión es otra característica de la Lal, bien poco original por cierto. No es éste el lugar para realizar un inventario de aquellas críticas, pero quisiera mencionar algunas. Decía del Perú Cieza de León, "no es pequeño dolor contemplar, que siendo aquellos Incas gentiles e idólatras, tuviesen tan buen orden para gobernar [...] y nosotros, siendo chripsque siendo aquellos Incas gentiles e idólatras, tuviesen tan buen orden para gobernar [...] y nosotros, siendo chripstianos, hayamos destruído tantos reinos; porque, por donde quiera que han pasado chripstianos conquistando y descubríendo, otra cosa no parece sino que con fuego se va todo gastando" ( Del señorío de los Incas, cap XXII, cfr. Alejandro Lipschutz, El problema racial en la conquista de América, México, 3 1975, Siglo XXI, 85). Excesos y atrocidades de la conquista impactaron a Vitoria, quien en carta al Superior Provincial de su Orden, Miguel de Arcos, decía "se me hiela la sangre en el cuerpo en mentándomelas"; líneas después, sobre consultas que le hacían peruleros: "ni digo más sino que no lo entiendo, y que no veo la seguridad y justicia que hay en ello; que lo consulten con otros que mejor lo entiendan"; se refería a la batalla de Cajamarca y a la ejecución de Atahualpa [...] y añadía "nunca Tabalipa ni los suyos habían hecho ningún agravio a los cristianos ni cosa por donde les debiesen hacer la guerra" (de 8/11/1534. Cfr. Carlos Baciero, "La ética en la conquista de América y los primeros jesuitas del Perú", en VVAA, América (1492-1992). Contribuciones a un centenario, Madrid, 1988, Universidad Pontificia Comillas, 129-164, cita en 140-141).
Corneille de Pauw daba otra visión, sarcástica en lo fundamental, de la conquista y de la evangelización españolas que consideraba como empresas absurdas, crueles, innecesarias y consecuencia del fanatismo y de la religión hipócrita de los españoles y añadía "Il est certain qu'on n'aurait pas dû massacrer [los indios] en leur prêchant un Dieu de paix, ni les brûler pour n'avoir pas pu croire des mystères incompréhensibles [...]. Le sang Indien que les Espagnols ont versé avec profusion, crie encore vengance"( Recherches philosophiques sur les Americains, I, XII, 35 ss, 208, II, 203 y 208, cfr. Manfred Tietz, "La visión de América y de la conquista en la España del siglo XVIII", en Reyes Mate y Friedrich Niewöhner (Eds.), El precio de la "invención" de América, Barcelona, 1992, Anthropos, 227 y ss.). Y Raynal criticaba desde el punto de vista humanitario y mercantilista, con perspectiva filosófica, los sistemas coloniales para mejorarlos, su Histoire philosophique también era la historia del colonialismo europeo y de tantos asesinatos cometidos. Así tachaba a Cortés de "criminal de derecho común".
Liberalismo
¬> Capitalismo
Mestizaje
Rafael Sánchez Ferlosio es diáfano, "El mestizaje americano se atuvo a una relación rigurosamente asimétrica [...] el mestizaje no puede recibir, étnicamente hablando, otro nombre que el de violación de los conquistados por los conquistadores, de los siervos por sus amos" (Esas Yndias equivocadas y malditas, Barcelona, 1994, Destino, 38)
Memoria popular
Frente al escamoteo y camuflaje de los académicos, nos quedan las aportaciones de creadores que, de una u otra manera, ideologizando más o menos su interpretación, han sido capaces de describir una sociedad, tan distinta de la occidental que, en la práctica, sólo ellos pueden apreciar. Pero en primer lugar es una fuente extraordinaria la impresionante literatura oral, aunque, por supuesto, los resultados de nuestras pesquisas son siempre limitados. Todas las sociedades autosuficientes invierten mucho tiempo en ocio y producen cantidades ingentes de cuentos, leyendas, poemas, canciones, acertijos o refranes, de los que sólo nos llegan, por distintos caminos, porcentaje mínimo, pero suficiente para encontrar más huellas de su moral o sus creencias. En el caso concreto de la sociedad cimarrona llanera, que conozco un poco, quiero extenderme sobre una obra excepcional en todos los sentidos de la palabra. Antonio José Torrealba Osto (Cunaviche, 1883 -1949), nieto de otomaca pura, quedó huérfano de madre a los seis meses y fue alimentado con leche de yegua. Utilizaba, de forma indistinta castellano, yaruro y otomaco y era capaz de entenderse no sólo con caballos, sino también con perros y aves. Poseía extraordinaria información literaria y general, de astronomía, mitología clásica o filosofía. También componía música y era excelente bailarín a pesar de su notable cojera (Diario de un Llanero, edición y estudio por E. Colmenares del Valle, Caracas, 1987, UCV y Gobernación del Estado Apure, 6 vols.).
Propietario de un hato, que le robó en 1922, el general Pérez Soto, presidente del estado Apure, devino peón y luego caporal. Era sabido que, como baquiano, acompañó en 1927 a Rómulo Gallegos por el hato La Candelaria y como informante le suministró datos para escribir Doña Bárbara y Cantaclaro y que venía a ser el Antonio Sandoval de aquélla.
Pero ya no era tan del conocimiento público que había dictado unas memorias, una antología poética y una novela. A finales de 1949 cuando el profesor Angel Rosemblat buscaba algún indígena otomaco supo de Torrealba, fallecido meses antes, y recibió del sobrino sus papeles, que anduvieron perdidos más de treinta años por el Instituto de Filología Andrés Bello. Hace poco fueron rescatados y editados por el profesor Edgar Colmenares, de la misma dependencia de la Universidad Central de Venezuela.
Es grotesco y emblemático el aplastante silencio que ha postergado a Torrealba y el ostracismo al que ha sido condenado el editor; tiene que ver con el modelo de HO imperante en Venezuela que sacraliza no sólo a los libertadores de principios del 19 sino también a personajes del 20 como Gallegos, no por novelista, sino por ser uno de los fundadores del partido Acción Democrática. Así se permiten ditirambos, panegíricos o aleluyas, pero su vida y su obra son intocables y sacralizadas. Torrealba fue un impactante conocedor, recopilador y transmisor de la cultura llanera (como los hay en todas las culturas orales), provisto de una portentosa memoria; pero que, atípicamente, intentó comunicar su saber, por escrito, a gentes de otras culturas. Quizás dos razones, entre otras, le movieron, en primer lugar afán de notoriedad, deslumbrado por la que Doña Bárbara dio a su autor y, en segundo, una cuestión ética: como señala Colmenares al final de la introducción, Torrealba quería "expresar el descontento del hombre con su realidad y [...] clamar por un modelo humano, el llanero auténtico, que ahora sólo existe como un recuerdo" y remacha, "Personalmente, tengo la convicción de que Torrealba intuía que todo escritor genuino es, por naturaleza, un descontento y, por lo tanto, a pesar de su arte rudo y primitivo, sabía por qué y para qué se escribe. El y sus escritos son la voz y conciencia de un pueblo que aún sufre y espera". Este llamado de alerta por una cultura que, de forma premonitoria, él veía en vías de extinción es reiterativo a lo largo de la obra (así, 2, 530 o 4, 192 y 323).
Hacia finales del cuarto tomo, Agamenón, o Torrealba padre, harto de vivir se despide de su hijo, y hace algo así como una testamentaría "Hijo, no olvides que a nuestro llano le han pasado los siglos y los años y siempre ha pasado desapercibido del mundo; nadie ha escrito una página para referir y escribir sus bellezas. Todo pasa como si nuestros oficios fueran las costumbres más absurdas, como si al decir un llanero fuera una evocación a Plutón, dios de los infiernos, nadie lo aprecia sino nosotros nada más, porque nacimos en él y en él vivimos; pero los demás nos consideran como seres aborrecibles, nos desprecian diciéndonos: "¿quién es fulano?, un llanero, un ser irracional, un ser embrutecido como los animales con quien anda todos los días, sin tomar en cuenta que en un hombre llanero es donde está depositada la lealtad, la pureza del hombre, buen amigo, el hombre sincero que muere al lado de su amigo como es nuestra ley. Nuestras costumbres pasan desapercibidas, toda la belleza del llano queda sin conocerla nadie. [...] Tú te encargarás de eso, de no dejar perder del todo lo que nosotros fuimos y lo que ya no volveremos a serlo más ni que quisiéramos serlo, los tiempos han cambiado y ya no volverán más a ser lo que fueron" (4, 381-382).
Nación
Según el Diccionari del Institut d'Estudis Catalans, "Conjunt de persones que tenen una comunitat d'història, de costums, d'institucions, d'estructura econòmica, de cultura i sovint de llengua, un sentit d'homogeneitat i de diferència respecte la resta de comunitats humanes, i una voluntat d'organització i de participació en un projecte polític que pretén arribar a l'autogovern i a la independència política". Por lo que pienso que conforman una nación comunidades autosuficientes pero no súbditos de estados modernos enfrentados y divididos por diferencias más o menos irreversibles de clase, intereses o proyectos.
Gilly es taxativo: tan pronto aparecen las clases, "La historia se convierte [...] en un instrumento privilegiado para la legitimación y la conservación de la comunidad ilusoria entre los de arriba y los de abajo. Es la historia del Estado, la historia de todos, narrada por los ideólogos de la comunidad superior, que se apodera incluso de los héroes de los otros (cuando no puede suprimirlos del todo) y les expropia su historia". Lo que Monsiváis resume, "Tenemos Historia porque es nuestra la Nación y la prueba de que tenemos Nación es que ya es nuestra la Historia" (VVAA, Historia ¿Para qué?, México, 1985, 6 Siglo XXI, 211 y 174).
Nacionalismo
Artificio engendrado por la burguesía, desde finales del siglo 18, intentando convencer a todos los súbditos de un estado o región que están vinculados por lazos culturales, históricos o étnicos, esperando neutralizar las discrepancias de clase, materiales o ideológicas y escamotear que las masas populares contaban con proyectos antagónicos y alternativos.
Todo nacionalismo implica, por necesidad, un enemigo forastero.
Naciones autosuficientes
Algunos de quienes se ocupan de ellas coinciden al calificarlas, son armónicas, comunitarias, no conflictivas, hedonistas, lúdicas o naturales. Diría que tienen una característica cultural original y común, gozar es el eje generatriz alrededor del cual gira su vida y buscan la mayor satisfacción posible mediante placeres sensuales que, además, son gratuitos. Siendo, en principio, nómadas su creación es intelectual por necesidad - ello implica sorprendente agilidad especulativa - por lo que han dejado pocos restos materiales espectaculares; si bien puede asombrar la estética de su cestería o cerámica. La linde entre abastecimiento, moral o intercambios es imperceptible. Sorprendió, y sigue sorprendiendo, a los que con ellos contactaron la ausencia de religión, familia o estado. Conocen la agricultura pero se abastecen, en esencia, cazando o recolectando.
Es sabida la democrática organización de los iroqueses, Franklin dijo en 1751, "Resultaría bastante extraño que seis naciones de ignorantes salvajes fueran capaces de establecer un proyecto de unión de ese tipo, y capaces de ejecutarlo de manera tal que subsista desde hace siglos y parezca indisoluble; y que, sin embargo, una unión semejante sea impracticable para diez o doce colonias inglesas". Y Wright, que lo menciona, añade, "Los nuevos americanos otorgaron poco crédito a los «ignorantes salvajes» de quienes aprendieron. Ornamentaron Washing- ton, su centro ceremonial, con los iconos de Grecia y Roma e hicieron hablar latín - e pluribus unum - a su águila. Sus historiadores incluso han tratado de negar o disminuir el precedente iroqués, pero lo cierto es que la república de colonizadores se apropió de ideas indias tanto como de territorios indios. Y no sólo de la papa, el tomate o el frijol" ,
( Continentes robados, Madrid, 1994, Anaya & M. Muchnik, 145-146).
Quisiera citar aún, escogiendo al azar, otras muestras de la perplejidad de extraños ante culturas que no entendían y les sorprendieron; Bougainville, en su circunnavegación, visitó el sur de las Indias y mentó los patagones, "nada en ellos anuncia un carácter feroz", las boleadoras eran sus únicas armas y las utilizaban para cazar, "ninguno parecía tener superioridad sobre los otros", "se les contentaba con muy pocos gastos" (Viaje alrededor del mundo, Barcelona, 1982, Adiax, 39, 40 y 95-97); o Pigafetta, afirmaba, "los brasileros no son cristianos, pero tampoco son idólatras, porque no adoran nada: el instinto natural es su única ley. Viven tan largo tiempo, que es frecuente encontrar individuos que alcanzan hasta los 125 años"; en las islas cercanas al estrecho de Magallanes la gente "no conocían ley alguna, siguiendo sólo su propia voluntad; no hay entre ellos ni rey ni jefe; no adoran nada"; refiriéndose luego a isleños del Pacífico, aportaba datos de interés, una familia de diez personas podía mantenerse con dos cocoteros; para los europeos cafre era sinónimo de gentil y darse al placer se tachaba de ociosidad ( Primer viaje alrededor del globo, Barcelona, 1988, Orbis, 43, 64, 69, 72 y 88).
Neoliberalismo
Fase superior del liberalismo o capitalismo que al final de este milenio ha conseguido la total globalización, imperando sobre, en la práctica, todo el planeta, aniquilando alternativas y destruyendo todas las utopías.
Orejano
Dícese en muchos lugares de América de la fauna, en especial la europea, (porcino, vacuno y equino) que escapó de huestes y haciendas, recuperó su estado natural, la libertad, y proliferó. También se llamó montaraz o mesteño (palabra que los ingleses convirtieron en mustang).
Parlamentarismo
Sistema político, propio del liberalismo, por el que gobiernan personas que, supuestamente, han recibido el encargo del pueblo a través de elecciones más o menos adulteradas o descafeinadas.
Poder
Basilio Martín Patino fue tajante: "Matar es la suprema expresión del poder. El estado mata y aterroriza porque tiene poder para ello. Pero tiene poder porque mata, porque aterroriza" (El País, 21/09/86).
Precolombino o prehispánico
Voz que en Occidente se utiliza para adjetivar naciones o estados americanos que ya estaban allí antes de 1492. Dislate o desatino pues para aparecer en la historia debieron esperar a ser descubiertos por los europeos. ¬> Quienes ya estaban.
Rechazar la civilización
A finales del siglo 15 coincidieron, y no fue casual, el inicio de la implantación definitiva de la sociedad excedentaria y la expansión occidental atlántica que culminó con la agresión a América. Lo primero supuso impresionantes persecuciones y/o exclusiones étnicas, morales, sexuales e ideológicas: en Castilla, desde 1492 de judíos, antes y después de gitanos, homosexuales (una pragmática de Medina del Campo, 1497, mandaba a la inquisición acometerles, quemarlos en la hoguera y quedarse con sus bienes), moriscos (iniciada en 1499 por el mismo Cisneros) o heterodoxos (a partir de 1525). Por supuesto la legislación también servía para hostigar cualquier refractario; algunos acechados lograron pasar a las Indias y allí se esfumaron en el enorme espacio o recrearon sus sociedades.
Algo después, miles de personas fueron marginadas de Inglaterra por resultar incompatibles con la nueva ética y, calificadas de ladrones, prostitutas o cualquiera de las lindezas que el sistema endilga a quienes devienen de forma involuntaria forajidos, fueron desterrados a las costas atlánticas de la América septentrional; allí se perdieron, entre nativos o no, sin que sepamos gran cosa más de ellos.
En el nuevo continente, el rechazo al excedentarismo revistió distintas variantes y osaría sugerir una primera tipología, si algunos grupos sólo pudieron resistir la agresión acudiendo a diversas argucias, otros desdeñaron de forma total la civilización occidental negándose a aceptarla.
Entre aquéllos citaré en primer lugar a los pocos súbditos de estados excedentarios aborígenes que sobrevivieron a la conquista, y a sus descendientes, esclavizados en la práctica, aunque no legalmente, y forzados a aceptar la cultura, en el sentido más amplio de la palabra, de los agresores, de la que la religión era, por supuesto, pieza esencial. Se vieron obligados a la simulación y al fingimiento, a aparentar que toleraban lo que les imponían pero siguieron vinculados, de forma furtiva, a sus hábitos anteriores o a sus creencias ancestrales. También en Europa a demasiados se les coaccionó al disimulo y a la hipocresía, musulmanes y judíos apremiados a convertirse al catolicismo, homosexuales a disfrazar sus inclinaciones afectivas o mujeres sanadoras a actuar de manera clandestina.
A finales del período colonial, cuando se inició el segundo intento, dirigido por los ilustrados, para implantar en las Indias y en Europa, una sociedad del todo excedentaria, el proceso implicó también en ambos continentes, desalojar miles de gentes de las zonas rurales, donde residían desde tiempo inmemorial, que tras diáspora más o menos larga acabaron en las ciudades desarraigados, desaculturados y sin un trabajo y el debido salario para cubrir necesidades mínimas - lo que en las comarcas de origen podía solventarse por varios y diversos caminos - que en algunos lugares se llamó clases peligrosas, vinculadas para sobrevivir a actividades degradadas y degradantes que menospreciaban, del juego a la prostitución, del robo al pordioseo, y que elaboraron una nueva cultura, de los marginados, antagónica de la de quienes les habían ahuyentado o de la de quienes no les aceptaban en las urbes, y de la que, por supuesto, no sabemos nada en absoluto. Véase el excelente trabajo del malogrado Alberto Flores Galindo, Aristocracia y plebe. Lima, 1760-1830, Lima, 1984, Mosca Azul .
Y en contra de lo que dice la HO la mayoría de europeos o asiáticos que desde mediados del siglo 19 cruzaron el océano lo hicieron obligados, arrancados o barridos de sus propias comarcas.
Entre los que rehusaron plena, total y razonadamente la propuesta occidental destacan miembros de las naciones autosuficientes, algunos alejándose de la zona ocupada por aquéllos, otros, o los mismos después, viéndose obligados a defender su cultura y su territorio con las armas, a pesar de ser, los más, pacíficos de natural; la epopeya mapuche devino emblemática. E insisto, a lo largo del período colonial y en la práctica hasta finales del siglo 19, los europeos controlaron parte bien pequeña del Nuevo Mundo - no gran cosa más que una franja costera de unos 60 kilómetos de ancho - lo que supuso notables facilidades para ocultarse o perderse en el interior, en escondrijos de los que nunca sabremos gran cosa pues en buena parte las posibilidades de supervivencia se debían a esto mismo, al hecho de que no fuesen conocidos.
La esclavitud de los africanos pudo sólo mantenerse en las plantaciones generando los patronos una cultura del sometimiento capaz de aniquilar las peculiaridades humanas de las víctimas, pero alcanzando tal nivel de violencia que fue muy considerable el porcentaje de rebeldes dispuestos a lo que fuese para recuperar su calidad primigenia. Algunos se escabulleron en solitario, siéndoles bien difícil subsistir, dados los sofisticados mecanismos de recaptura sin los que el sistema no habría podido funcionar, otros consiguieron encontrar acogida entre naciones nativas, pero devinieron mucho menos vulnerables cuando pudieron agruparse unos cuantos, organizando comunidades más o menos trabadas y duraderas, si bien me malicio que la opción estable y permanente de forma indescutible se dio al juntarse escurridizos de plantaciones con pielesrojas, blancos, mestizos o mulatos y sugiero que a todas estas sociedades, con mayor o menor porcentaje de africanos, se las llame cimarronas ¬>
Reyes Católicos
Diría que en la Península Ibérica, acabando la Edad Media, hubo un ensayo de implantar la sociedad excedentaria; los reyes, bien llamados, católicos (en adelante RRCC) patrocinaron un sistema, antagónico del previo, que entre otras muchas características destacó por ser injusto con desmesura, podrían testimoniar gitanos o tanto nativo americano, excluyente hasta lo esperpéntico, afligiendo a judíos o erasmistas, pero en realidad a todos, pues cualquiera podía ser tachado de homosexual o bruja y por ello hostigado hasta morir en la hoguera, y represor alcanzando cotas dantescas, ya que con la inquisición se creó una atmósfera irrespirable de horror, desconfianza, pánico y delaciones que duraría trescientos años.
El intento fracasó debido, en parte, a la perturbadora llegada de plata americana, la desbarajustadora política imperialista que con ella se puso en marcha y al desgaste humano y material de una desmedida empresa colonial. Pero, cuando mucho más tarde, principios del siglo 19, se levantó, sobre el mismo solar, el actual estado español, se aprovechó la vieja trama de falacias, rituales y sacralizaciones perpetrados en la primera etapa, divinizando al poder, a sus administradores, funcionarios o represores, magnificando la monarquía católica militante y a Cisneros y armando un panegírico del nuevo plan. Por descontado ello suponía satanizar a los oponentes, en mayor medida cuanto más trabado era su rechazo, execrar la organización social que defendían de forma denodada o denigrar moral y cultura de la mayoría de naciones aborígenes americanas pues eran opuestas a la agresora occidental. Estimo que el nacionalismo español decidió que el preceptivo orto o engendro del estado/nación coincidiera con el reinado de los RRCC, pero existían, por supuesto, otras posibilidades y se habrían podido remitir a Recaredo y casi doblar su pedigree.
A finales del siglo 19, al desplomarse la entelequia o fraude de la restauración y replantearse intelectuales y políticos el prototipo de su estado, se inició una nueva etapa de mayor exaltación y encumbramiento de la época engendradora de los RRCC, a la vez que atribuían su quiebra y descomposición a la ilustración y al liberalismo, embaucamiento en el que sobresalieron tradicionalistas y reaccionarios así Vázquez de Mella, Menéndez Pelayo o Maeztu. Peculiar interpretación que, era de temer, adoptó, algo más tarde y enfervorizadamente el fascismo español, ha perdurado en el último ciclo parlamentario y ha reverdecido, con estruendo, tras llegar los conservadores al gobierno; bastaría tener presente la marimonera organizada por la ministra de educación en su intento de unificar las humanidades y más concretamente la historia.
Asimismo, analizar la producción textual y académica del período, como el de casi todos, tiene valor heurístico, la mayoría de manuales dicen y repiten las mismas fastuosas generalizaciones, vulgaridades y banalidades. Y la razón me temo es bien simple, los más se limitaron a copiar a cronistas que pergeñaron, aclamaciones, elogios y embustes por encargo de la real pareja pues esperaban que historiadores futuros los reproducirían, olvidando lo negativo del reinado, así como aberraciones, abusos y despotismos.
Pero existen opiniones opuestas, para el historiador chileno José Bengoa los RRCC fueron, "La máquina de guerra más poderosa de la época, la monarquía menos cuestionada y más aferrada a su derecho divino, la religión más fanatizada, producto del entusiasmo de la contrarreforma"; añade de forma tajante "La fundación de nuestras sociedades sobre la violencia no puede ser vista por nadie como un valor"; enfatiza que los RRCC estaban "guiados por una suerte de integrismo ibero-católico"; luego precisa, "La religión era la cultura. No sólo era parte de la cultura española, sino que era toda la cultura. Es por ello que llama la atención el «ateismo» de los conquistados, esto es, la falta de religión como algo específico, separado de la vida misma. Los conquistadores eran tan católicos como españoles, tan religiosos como buscadores de riquezas, vasallos del rey y, por ende, de Dios". Porfía en la responsabilidad real, "Sin el rey que aprobara la empresa, toda la conquista de América habría sido sólo un mero acto de barbarismo, una cruel masacre, un robo despiadado, un asesinar en vano, un acto inicuo. Habría destrozado moralmente a los propios conquistadores. La búsqueda de riquezas y honores adquiría sentido en la conciencia de ser parte de una empresa real y, por tanto religiosa; daba contenido y sentido al conjunto". Más allá recuerda la denuncia de dominicos inculpando al monarca de lo que concluye, "No cabe duda de que la tesis de la responsabilidad personal del rey es fuerte. Hoy por hoy se ha tratado de establecer la tesis de que la Casa Real, a través de sus ordenanzas, trató de proteger al indígena y que fueron los malos encomenderos quienes, desobedeciendo las órdenes, cometieron las atrocidades denunciadas" ( Conquista y barbarie. Ensayo crítico acerca de la conquista de Chile, Santiago, 1992, Sur).
Quienes ya estaban
En 1492 la estructura social y la distribución espacial de las colectividades americanas eran antagónicas de las de Europa, cuatro o cinco estados se habían adueñado de poco más del 10% del continente, mientras multitud de naciones autosuficientes (¬>) señoreaban el resto, casi el noventa por ciento.
Sociedad cimarrona
Entre quienes desdeñaban o rechazaban la colonización hubo casos aislados, personas solas esfumándose individualmente o en grupos minúsculos, podrían llamarse, apartados, desligados o separados. Otros en su huida hallaron cobijo entre naciones aborígenes, se les suele llamar renegados, desertores o tránsfugas. Dada la cantidad de viajes marítimos, riesgos materiales o naturales, motines o revueltas, algunos náufragos o alzados pudieron alcanzar islas o Tierra Firme. Acosos con coartada religiosa no cesaron desde el inicio de la modernidad trayendo la retirada al otro lado del Atlántico de comunidades enteras intentando rehacer su vida más o menos recluidos, fueran valdenses o menonistas.
Africanos que no querían ser esclavos, nativos negándose a ser bestias de carga, mestizos o mulatos hartos de racismo y crueldades o muchos blancos refractarios al averno que estaban perpetrando gentes de su misma etnia se unieron formando otros ámbitos. Sus características vitales eran similares, ser nuevas, tanto como cualquiera pero de éstas sabemos con seguridad la época de surgimiento; resistentes, sus gentes tenían en común oponerse al proyecto occidental; antagónicas, a nivel ético o del abastecimiento, de lo que gestaban los explotadores blancos; abiertas, crecían más que vegetativamente por la recepción de nuevos tránsfugas llegados con ofertas de costumbres y usos distintos que podían aceptarse; y alternativas, pues recreaban sin cesar nuevas y diferentes culturas autosuficientes.
Estos escurridizos podían emboscarse en el interior de alguna isla, en especial las que los castellanos llamaron, de forma estúpida, inútiles, así san Vicente, donde se escabulleron aborígenes que se mezclaron con africanos, dando lugar a los caribes negros o garifonas, uno de los grupos que más tarde constituirían la población de la Costa Atlántica; o Puerto Rico, donde los fugitivos no eran molestados por haber llegado a una especie de acuerdo tácito con los españoles; algo parecido ocurrió en Dominicana. Pero en otras antillas ello fue impensable, el sistema de plantación, basado en miles de esclavos, no podía tolerar, bajo ningún concepto, este mal ejemplo y los cazadores de evadidos se encargaban de capturarlos y castigarlos de forma ejemplar para aterrorizar al resto de siervos.
En el continente los recalcitrantes tenían más posibilidades y en colonias esclavistas, el caso del Brasil es emblemático, donde la cantidad de africanos era muy alta, la cuantía que conseguía huir era también considerable. Dadas las peculiaridades del paisaje americano, podemos hablar de dos clases diferentes de sociedades, de selva y de llano. En las primeras, la Amazonia pongo por caso, la frondosidad protegía de los occidentales pero, a la vez, aislaba de otras poblaciones, cimarronas o no, y las comunicaciones eran esencialmente fluviales y no siempre fáciles. En las que señorearon territorios que los castellanos apodaron llanos la naturaleza podía ser hostil para forasteros (perdedora, falta o exceso de agua, dificultades para sobrevivir si no se sabía recolectar o cazar) y por lo mismo un excelente santuario para evadidos. Las mismas características, extensos pastos, tierra abierta o aislamiento, supusieron que a la vez encontrase allí refugio mucho cuadrúpedo europeo también escapado de comarcas controladas por los occidentales, en esencia equinos y vacunos, suponiendo un incremento de la fauna comestible, aunque la endémica ya era considerable y abundante, y la posibilidad, para los forajidos, de serlo de caballería, lo que incrementó de forma impactante su movilidad y disminuyó, a la vez, su vulnerabilidad. Más tarde, este potencial pecuario trajo que los excedentarios pensasen en controlarlo y ensayasen acabar con cimarrones apodándolos, de forma abusiba, de cuatreros.
El número de cimarroneras fue considerable, de muchas no queda ni el recuerdo, pero puedo mentar las más conocidas, infinitas llanuras del oeste del Mississippí, a la vez cobijo septentrional para los que huían de la Nueva España; la Costa Atlántica de la América Central, de Belice a Panamá; el Llano entre los Andes y el Orinoco; toda la cuenca Amazónica y el extenso sur del sur, donde resistieron naciones aborígenes, los ranqueles por citar un caso, y varias sociedades cimarronas, huasos, morocuchos o gauchos.
Sociedades excedentarias
En las pocas americanas, se lllegó a producir muy por encima de las necesidades, gracias a una agricultura sofisticada, basada en el uso intensivo de agua y abonos, que implicó desigualdades, supuso religión, ejército o estado, éste manifestó su desmedido poder con ciclópeas construcciones, legándonos restos fulgurantes o espectaculares, Machu Pichu, Dzibilchaltún, Teotihuacan, Tenochtilán, Tikal, Palenque o Tiahuanacu.
Tropiezo
El 12 de octubre de 1492, navegando hacia poniente buscando dar con el Asia, Colón tropezó con unas islas y creyó haber dado con el Paraíso por la belleza del lugar y el carácter amable de sus gentes. ¬> Agresión occidental.
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